¡Muchas gracias a todos por seguir leyendo! Estoy a mitad de mis vacaciones de verano, y antes de vagar un poco más, decidí terminar el episodio. No sabía hasta dónde debía dejar este episodio, pero como me encanta picarles la curiosidad, creo que en donde acabó queda perfecto, muahahaha. Mil gracias a Lux, Rin okane, Moutre, Melgamonster, Suteishi Gami Blue Fire y H3dwiGg y a todos los demás que me leen pero no dejan review, ¡de verdad mil mil gracias!
22. Changes – David Bowie.
Para Yato, el tiempo se congeló en ese preciso momento.
-¿De qué favor estás hablando, maldita loca?
-Cierra el hocico. – Espetó Viina, caminando con paso firme hasta el balcón. Yato no sabía que más hacer, así que la siguió. Viina suspiró en cuanto lo sintió a su lado. - ¿En qué momento arruinamos todo, Yato?
Yato rascó la cabellera de su nuca, pensativo. – No lo sé. – Y añadió en voz más baja. – Un día decidiste que todo lo que yo hacía te exasperaba.
-No lo decidí por cuenta propia, imbécil.
-Y comenzaste a insultarme de la nada también.
-¿En verdad estás tan ciego? Te creía mejor que esto.
-Imagino que piensas que uno debe tenerte paciencia aunque no entienda lo que dices la mitad del tiempo, y simplemente sigues hablando y hablando sin que te importe lo que uno tiene que decir.
Viina volvió a fruncir el ceño. – Bueno, seguramente si pusieras más atención a tu alrededor en lugar de ponerte a trabajar como un poseso entenderías la otra mitad de las cosas que la gente trata de decirte.
-¿¡Me estás reclamando haber trabajado duro para llevarnos a donde estuvimos en aquél entonces!?
-¿¡Estás diciendo que yo simplemente me quedé cruzada de brazos esperando a que tú hicieras todo!?
-¡Pues ciertamente no estabas el mismo tiempo que yo dentro del estudio y sólo te dedicabas a quejarte de las letras y a cambiarlas a tu antojo!
-¡Pero si te daba la explicación todo el tiempo de lo que estaba pasando y simplemente te dabas la vuelta y me ignorabas!
-¡Se llama esforzarse! ¡Pregúntale a Kazuma, es lo que hace todo el día!
-¡NO METAS A…! – Viina se interrumpió y respiró profundo, mirando al suelo. – Muy bien, basta, hay que empezar de nuevo. Lo estamos haciendo todo mal.
Yato se dio la vuelta, soltando un bufido exasperado, con intención de entrar de nuevo al apartamento. Se detuvo justo en el umbral de la puerta corrediza.
-No sé qué intentas hacer, pero de lo que sea que hables, no es necesario pagarme nada. – Dio un paso al interior. – Yo no te hice ningún favor.
-¡DE NO SER POR TI SEGUIRÍA EN LA CALLE, PEDAZO DE MIERDA!
Congelado por sus palabras, Yato giró sobre sus talones. La rubia tenía la cara enrojecida de coraje.
-No has entendido aún que fuiste el parteaguas de lo que soy, en muchos sentidos. Pero te rehúsas a aceptar que gracias a tu lástima por mí fuiste capaz de recibirme y ponerme en pie más de una vez. Siempre te has creído mejor que yo, y eso me enferma.
-Vii…
-¡No me interrumpas! – se llevó ambas manos a la cara. – De no haberte conocido, jamás me hubiera atrevido a hacer lo que hice. Me enseñaste lo que era tener amigos, un equipo, una guarida y un objetivo. De no ser por ti y tu estúpido modo de ser – la voz de Viina se quebró por detrás de sus manos. – Seguiría deprimida en un agujero lleno de gente que no tiene la voluntad ni siquiera de moverse para no mojar sus pantalones o lavarse el vómito de la camisa. Llegaste con tu maldita actitud de caballero blanco y me sacaste de ahí.
No sabiendo qué hacer, Yato dudó antes de finalmente rodear los hombros de la rubia con los brazos y atraerla hacia sí.
-¡No me toques, desgraciado! – Luchó ella, pero finalmente apretó ambos puños sobre la sudadera de Yato y se dejó abrazar, sollozando. – No he podido estar en paz sabiendo que te debo todo lo que soy…
-Cállate. – Yato la estrechó con más fuerza, y arrugó el entrecejo. Estaba enfurecido. – No me debes nada. Jamás te he pedido nada a cambio, y me ofende que pienses que hice lo que hice por sentirme mejor que tú. No has madurado en absoluto.
-No puedes decirme eso. Tú tampoco lo has hecho.
-Lo sé. – Yato trató de ocultar el tremor de su voz. Sin éxito. – Sigo siendo la misma escoria de siempre. Pero, Viina, - la llamó y la tomó de los hombros para alejarse de ella y mirarla a los ojos. Ambos rostros reflejaban lo mismo. Estaban molestos. Sin embargo, era obvio que no estaban molestos con el otro. En ese punto, ambos entendieron lo mucho que se despreciaban a sí mismos – nada de lo que has logrado hasta ahora ha sido gracias a mí. Yo sólo te ayudé a ponerte en pie, y fuiste lo suficientemente fuerte para salir caminando de ahí por tu propia cuenta. En este punto – dijo Yato, recargando la frente en el hombro de su antigua camarada, - me has dejado muy atrás. Y eso me irrita. Pero me irrita más el hecho de que precisamente avanzaste por no estar con nosotros. Éramos tu lastre.
Viina lo tomó por los hombros con fuerza, enterrando las yemas de los dedos en su sudadera. Lo entendieron como un abrazo.
-Estamos arruinados sin remedio, ¿cierto?
-Empiezo a creer que es mejor así. – Rió Yato.
Ambos dieron un paso atrás. Viina le tomó de la mano y depositó las llaves en ella.
-Me ayudaste a levantarme cuando no tenía nada. En ése entonces me ofreciste el techo que podías darme. Te estoy pagando de vuelta con lo que puedo. – La rubia abandonó el balcón. Yato la siguió, boqueando, perplejo. – Puedes vivir aquí con tranquilidad durante los próximos seis meses. – Avanzó hasta la puerta y se agachó en el desnivel de la entrada a calarse las botas. – Los números de teléfono de la compañía de gas e internet están en la cocina. Llámales en caso de que decidas quedarte. Si no, - Se incorporó, lista para irse. – deja las llaves en la recepción del primer piso y olvídate de todo esto. Es decisión tuya.
Yato miró consecutivamente a Viina y a las llaves.
-Piénsalo. – Dijo ella, y al final añadió: - Ya va siendo hora de que uses ese par que tienes colgando por una vez en tu vida.
Viina salió, y Yato se quedó solo en el departamento.
-¿De verdad te sientes bien, Hiyori?
-¡Por favor no te preocupes, Yukine-kun! Sólo estoy un poco cansada – respondió Hiyori, poniendo la mejor sonrisa que pudo elaborar.
Detrás del rostro inconforme de Yukine, Kazuma respingó llamando a Viina, haciendo que Hiyori se pusiese de pie de golpe.
-¿Cómo fue todo? – Preguntó el joven, ofreciéndole la chaqueta a la cantante.
-Pudo haber salido mejor. Pero creo que todo está bien ahora. – Viina suspiró, y luego miró directamente a donde estaban los dos menores. – Ustedes tendrán que encargarse del resto.
-¡Gracias! – dijo Yukine, hizo una inclinación y se dirigió al departamento de inmediato. Hiyori hizo lo mismo, dubitativa, a menor velocidad. Cuando pasó a su lado, Viina aún la miraba, con ojos de halcón.
-Cuídalo.
Hiyori sólo alcanzó a decir "eh" antes de que ambos se pusieran en movimiento. ¿Qué había pasado entonces? Con paso inseguro, se aproximó al departamento.
512.
-¡No seas ridículo, Yato! ¡Déjame entrar, viejo!
-¿Yukine-kun? – llamó Hiyori, con suavidad.
-¡Llevo cinco minutos llamando a la puerta y el bestia de Yato no quiere abrir!
-¿Cómo? – se alarmó la chica, y se abrió paso al frente para llamar a la puerta. – ¿Qué ocurre, Yato? Déjanos pasar.
-EN. UN. MOMENTO. – Respondió desde el interior la voz sorda de Yato, puntuando entre palabras para enfatizar que había escuchado.
Hiyori y Yukine intercambiaron miradas extrañadas. Un golpe seco se escuchó desde adentro, y varios sonidos de puertas corredizas siendo abiertas y cerradas varias veces. Confundidos, finalmente oyeron pasos pesados corriendo hacia la puerta y la cara de Yato se asomó por la puerta entreabierta. Tenía las mejillas rojas.
-Yato, ¿qué…? – Comenzó Yukine, pero el otro lo interrumpió.
-¿Pueden volver a llamar al timbre?
-¡¿QUÉ?! – escupió el más joven, abalanzándose a la puerta, tratando de empujarla para entrar. -¿QUÉ DIABLOS TE PASA?
Yato forcejeó desde adentro, por su cuenta, impidiendo que el chico abriera. -¡Por favor… Sólo… vuelve a sonar el timbre! ¡Yukine, maldita sea…!
-¿ACASO TE VOLVISTE LOCO?
-Yukine-kun, - dijo con suavidad Hiyori, jalándolo de un hombro. Yukine retrocedió y Yato cerró de nuevo la puerta. Hiyori escuchó el pasador siendo puesto.
-¡¿PERO QU…?!
-Hagamos lo que dice. – Lo tranquilizó la joven.
-No puedo creer que estés de acuerdo con esta tontería, Hiyori.
-Creo que entiendo lo que pretende. – Contestó ella, y sonó el timbre una vez.
Yato abrió la puerta, aún más rojo que antes.
-E-es estrecho, pero por favor…* - dijo, e hizo una señal con el brazo para que entraran. Yukine miró a Hiyori completamente confundido, y Hiyori le guiñó un ojo, completando una pequeñísima sonrisa.
-Perdón por irrumpir. ** -Respondió la chica, con talante alegre, y entró, removiéndose los zapatos de inmediato. Yukine entró justo detrás de ella, y observó perplejo a Yato alineando dos pares de pantuflas frente a ellos.
Luego de un rato se hallaron sentados enfrente de una pequeña mesa baja en mitad de la habitación del fondo. No tenían cojines para sentarse y las paredes estaban vacías. Las ventanas no tenían cortinas y dejaban entrar un poco del frío del exterior a través del vidrio, pero la vista desde el cuarto era bonita, las luces de la ciudad titilaban de fondo al río. Yato se movía de un lado al otro de la cocina.
-Hiyori… ¿qué diablos…? – Le susurró Yukine.
-¿No te has dado cuenta? – Le respondió ella en voz igual de baja, y ambos miraron a Yato, abriendo y cerrando puertas en la alacena a toda velocidad. – Está siendo un buen anfitrión.
Yukine se enderezó sin dejar de mirar a su amigo, y sonrió.
Yato terminó sirviéndoles agua en dos tazas. No tenía té, tampoco tenía calentador de agua, de la cocina no salía agua caliente y no había vasos de cristal. Hiyori y Yukine bebieron un trago de su agua simple, mientras Yato los observaba sentado en posición de loto, expectante, con las mejillas un poco rojas y los ojos muy abiertos, como un gato. Lanzó la pregunta cuando ambos posaron sus tazas de vuelta en la mesita.
-¿Q…qué opinan?
Tras un breve silencio, Yukine habló.
-Es la peor agua simple que he tomado en mi vida.
Hiyori ahogó una carcajada, Yato los miró alternativamente y los tres echaron a reír al mismo tiempo. Yukine fue víctima de los nudillos de su amigo en la coronilla, mientras ambos se gritaban insultos que, por supuesto, Hiyori sabía que no iban en serio.
-Supongo que es mejor que vaya a comprar algo para ofrecerles – dijo Yato, tratando de contener la risa después de que Yukine tratara de hacerle una quemadura india, sin éxito.
-No, - dijo el segundo. – Si vas tú tardarás tres horas y no tengo tanta paciencia. – Antes de que pudiera replicar, Yukine ya había corrido a la puerta y había salido. Yato infló las mejillas.
-¿Qué diablos le pasa?
-Creo que Yukine no quiere dejar que te vean solo por la calle. – Comentó Hiyori, posando su mejilla en la mano, recargando el codo en la mesita. – Te está protegiendo.
Hiyori, inadvertidamente, le dirigió una sonrisa soñadora. Yato se sonrojó y miró hacia sus tobillos, cruzados frente a él.
-¿Y tú… qué piensas, Hiyori? – preguntó a media voz.
-¿Qué pienso… de qué, exactamente?
El joven extendió los brazos y miró a su alrededor.
-De todo esto. – Bajó aún más la voz antes de añadir: - …de mí.
-Bueno… - comenzó algo abruptamente la chica, antes de detenerse a pensar un poco. Yato debía estar verdaderamente loco al pedirle su opinión precisamente a ella, que no tenía idea de nada. – Es mejor que el sótano.
Yato clavó la frente en la mesa cómicamente. - ¡Lo sé! – dejó que uno de los lados de su cabeza reposara en la superficie, y miró a su compañera desde ahí, fijamente, a los ojos. – Dime algo que no sepa.
-Las arañas no son insectos.
-Muy graciosa. – Bufó Yato.
Hiyori soltó una risa suave y se acomodó para reposar su barbilla sobre el dorso de ambas manos, posando las palmas en la mesa. Yato y ella quedaron al mismo nivel.
-Todo depende de lo que quieras hacer en realidad, Yato.
-No sé qué quiero hacer.
-Hummm… - musitó la chica, pensativa. – Comienza por lo que no quieres hacer.
"No quiero hacer que te vayas igual que Viina", fue su primer pensamiento. Por la mente de Yato pasaron miles y miles de ideas acerca de cosas que no quería que sucedieran. Al verlo tan indeciso, Hiyori volvió a hablar.
-Si de algo sirve, creo que el lugar te queda bien.
-¿Tú crees? – Murmuró Yato, de pronto terriblemente consciente de la poca distancia separándolos.
-No tienes por qué decidir de inmediato.
La puerta se abrió. Yukine entró con el crujir de bolsas de plástico y su voz repiqueteó en las paredes mientras se removía los zapatos, diciendo "¡Ya llegué!". Yato observó a Hiyori incorporándose para responderle "¡Bienvenido!" y recibir algunas bolsas de plástico, para luego comenzar a desempaquetar todo. El olor de los platos de comida recién calentados en el horno de microondas de la tienda de conveniencia llenó el cuarto junto con el sonido alegre de la plática ligera que Yukine y Hiyori estaban teniendo. Analizó sus hebras de cabello castaño y el incitante destello blanco del borde de sus dientes que apenas alcanzaba a asomarse por detrás de sus labios al hablar. Lo supo con tanta certeza como si se lo hubiesen clavado en la espalda: donde quiera que ellos estuviesen, ahí estaba su hogar. Al darse cuenta de que la observaba, Hiyori lo miró, extrañada. Trató de reprimir el espasmo en el estómago antes de preguntarle, riendo: - ¿Qué te pasa? Tienes cara de que acabas de descubrir el fuego.
Yato se percató de la expresión estúpida que tenía en el rostro y cerró la boca con suavidad.
-¿De verdad las arañas no son insectos?
Con la constante visita de Hiyori y Yukine después de los ensayos o la escuela, aquello comenzó a parecerse un poco más a una casa. Yato obtenía cosas gratis por aquí y por allá, mucho de lo cual había salido del almacén de la familia de Kofuku, con quien iban regularmente también. Daikoku siempre hacía que Yato se llevara algo para comer, aunque tratara de disimular que en realidad le estaba preparando su ración diciéndole que se estaba llevando las sobras.
Cada que Hiyori lo observaba, sonreía al ver que la mirada que antes asestaba a sus ojos constantemente, llena de incertidumbre y algo de pánico lentamente se iba desvaneciendo. Esto se reflejaba en la cantidad de trabajo que Yato efectuaba tanto en el estudio como en casa, evidentemente mostrando resultados también en la calidad de las tres composiciones preliminares en las que estaba trabajando a pasos agigantados. El mismo Yato lo confirmó una noche, mientras la acompañaba a la estación.
-¿Estás seguro de que esta opción es correcta, Yato? – Había preguntado Hiyori acerca del estilo general de la música. – Es muy diferente al sonido anterior de la banda.
-¿Es malo? – Preguntó Yato de repente, tratando de ocultar su preocupación.
-No… en realidad es bastante bueno, solo… - La chica vaciló durante unos momentos, buscando las palabras. – Me pregunto cómo es que puedes modificar tanto el sonido de lo que haces, y aún así sonar… a ti.
Yato soltó un resoplido cantarín.
-Pues no pienso mucho en eso, a decir verdad. – Al ver la cara confundida de Hiyori, agregó: - La realidad es que siento que puedo hacer lo que sea en este momento.
Caminaron unos instantes más entre el silencio de las calles desiertas alrededor del parque Shakujii. Yato siguió hablando, casi susurrando.
-Es la primera vez que siento que tengo algo estable desde hace muchos años.
Hiyori descubrió que estaba por pisar terreno peligroso si decidía preguntarle si la última vez que sintió eso había sido con Viina, así que decidió hacer a un lado sus celos (¿"celos"?) y preguntar algo más neutral.
-¿Desde cuándo?
-Francamente, desde que era niño. Desde que no me cuestionaba todo lo que sucedía a mi alrededor. – Yato la miró, y soltó una risita - ¿A qué viene ésa cara? – La golpeó cariñosamente en la punta de la nariz con un chasquido de dedos y la empujó del hombro para que se apresurara frente a él. - ¡Camina rápido o se nos irá el tren!
La chica se llevó una mano a la nariz y le soltó un manotazo que no acertó en ningún lado. Sonriendo, siguieron caminando.
Con el frío disminuyendo paulatinamente, terminó el mes de gracia que Ebisu les había dado, y por todo aviso, escucharon a Ookuninushi gritando desde el otro lado de la puerta de su sala de ensayo, gritando.
-¡ABRAN LA PUERTA Y BAJEN EL MALDITO VOLUMEN!
Kofuku se acercó brincoteando a abrir de inmediato, y Ookuninushi entró con dificultad llevando una caja de agua embotellada para guardar en el frigo bar. No se detuvo a hablar con ellos. Se acuclilló frente al mueblecito, viéndose dos veces más grande en su camisa hawaiiana y sus sandalias de pata de gallo. -Tengo noticias. Ebi y dos o tres peces gordos quieren observarlos mañana así que más vale que saquen sus mejores galas.
Yato dudó y comenzó a formular una pregunta: -¿Dices que será una audición en vi…?
-¿¡ACASO TARTAMUDEE!?
Hiyori sintió cómo sus hombros se tensaron de repente y sujetó la base del micrófono con mucha fuerza.
-Pero mañana todavía es muy pro… -Daikoku fue interrumpido de nuevo.
-HABLEN CON EBI DE ESO. – Luego de terminar de llenar el frigo bar con agua, se acercó a la puerta a zancadas. – LOS ESPERAN A LAS SEIS EN LA SALA GRANDE. ESPERO NO SE VEAN TAN ASUSTADOS COMO AHORA ¡JA JA JA!
El hombre salió, dando un portazo.
Transcurrieron dos segundos de silencio total silencio, que Yukine rompió arrojándole la plumilla a Yato en la cara.
-¡Bueno, di algo!
-¿Qué dirá cuando escuche las canciones sin terminar? – Lloriqueó Kofuku.
Hiyori clavó su frente en el micrófono y cerró los ojos con fuerza, muerta de miedo, mientras Daikoku ajustaba el pedal de piso con ansiedad.
-¡Muy bien, cálmense! – Estresó Yato. – Tengo un plan.
-Estoy segura que esta es la peor idea que has tenido en toda tu vida, Yato. – Le dijo Hiyori, petrificada en mitad del escenario de la "sala grande", un espacio acondicionado de manera que parecía un teatro en miniatura, mientras se alisaba la falda de tul rosa del vestido de fiesta que Yato le había pedido que llevara.
-He tenido peores. – Respondió el guitarrista con picardía, afinándose. Hiyori odiaba admitir que se veía demasiado bien con traje negro.
-…Lo dudo. – Replicó la chica, cáusticamente, observando a los cuatro hombres observándolos desde las butacas frontales. Yato sonrió y se le acercó lo suficiente para hacerla entender que quería hablarle en privado. Frunció el entrecejo al sentir su estómago contraerse por la cercanía de la nariz del muchacho con su mejilla.
-Cierta vez, trabajé en una clínica de lavado intestinal.
Hiyori arrugó la nariz, y se limitó a mirarlo. Yato se alejó riendo alegremente. Ella también rio un poco, al darse cuenta de lo ocurrido: ya no estaba nerviosa.
En cuanto comenzó la cuenta de batería de Daikoku y Yato rasgueó la guitarra, se olvidó por completo de que esta era su primera presentación ante un público que no fuera Kofuku. Abordó las letras con seguridad, aunque en realidad muchas partes estaban poco claras y le hacían falta muchísimos detalles. En verdad le sorprendió alcanzar a escuchar un poco del conjunto que hacían sonar por el monitor justo frente a ella; sonaban bastante bien trabajados. Al llegar al coro, se preguntó quién de los hombres sería Ebisu. Fuera quien fuese, al mirar fugazmente a Yato decidió que tenían que ganarse el lugar definitivo en esta disquera.
Después de pescar la mirada casi imperceptible de Hiyori, Yato entreabrió los labios, sorprendido de encontrar ferocidad en ésa chica que parecía no romper un plato. Sus ojos la siguieron por el frente del escenario, a donde fuera que se moviera (¡se movía!) y entró al solo con una potencia que él mismo dudaba poder encontrar de nuevo en su interior. Lo dudó por un instante más antes de que dejara que sus pasos también lo guiaran a todo lo largo del escenario, hasta encontrarse a la mitad con ella, que comenzaba su línea de verso. Lo miró sorprendida, Yato siguió haciendo gruñir a la guitarra, subiéndola hasta la altura de su pecho, y arrugó la nariz, mordiéndose el labio inferior mientras avanzaba un poco más hacia ella. Hiyori sonrió y sin pensarlo colocó la mano en su hombro, empujándolo después de unos segundos, retomando su lugar al centro del escenario. Uno de los hombres en las butacas se llevó la mano a la mejilla, frotándola pensativo.
La chica siempre se sorprendía de lo rápido que terminaban las cosas una vez que ponía un pie en el escenario. Aquella vez del concierto de navidad también había percibido como el tiempo se movía más aprisa de lo normal. Se dio cuenta de que estaban terminando la tercera canción cuando Yukine golpeó las cuerdas de su bajo en un solo con tintes de jazz, y Daikoku remató marcando la entrada para el último coro de la canción.
La adrenalina que no había notado correr por su cuerpo dejó su respiración entrecortada y su cuerpo aterido en medio del escenario, mientras bajaba lentamente el brazo con el micrófono. Antes de que pudiese desdoblarlo por completo, uno de los hombres trajeados se levantó y aplaudió, emitiendo un sonido sordo por las manos enguantadas. Los pómulos marcados le daban el aire de una persona sumamente refinada y seria.
-¡Magnífico! – Aplaudió Ebisu. El resto de los hombres se puso de pie lentamente, mientras él les dedicaba unas palabras desde las butacas. - ¡Muchas gracias por esta agradable demostración! Ahora, si me permiten…
Los hombres se retiraron, dejando tras de sí una sala silenciosa y un leve aroma a tabaco. Hiyori trató de sacudirse lo tieso de sus brazos y se dirigió a Kofuku, que los observaba desde una orilla.
-¿Ése era Ebisu-san?
Kofuku pareció reventar una burbuja de ensoñación antes de contestarle lo más lúcidamente posible.
-Así es Hiyorín, ¡pero no preocupes tu hermosa cabecita con eso! ¡Estuvieron magníficos!
La chica miró a Yato inquisitivamente mientras él, silenciosamente, guardaba sus cosas con lentitud, preguntándose si en verdad todo estaría bien.
Podía ver sus zapatos plateados asomar por el frente de su vestido tipo cóctel. El apretado moño en la coronilla le pesaba más que los aretes, y finalmente había llegado a la conclusión de que quizá el tono púrpura del vestido no era tan propicio para una fiesta de éstas magnitudes, parada junto a su hermano en la recepción del pequeño salón de fiestas que había sido adornado con un gusto exquisito.
-¿Tenías que traer el traje gris? – Le reclamó en un susurro áspero a su hermano, que sacó las manos de los bolsillos para recibir a uno de los colaboradores de su padre y a su esposa. Hiyori también hizo una reverencia.
-¿Hasta de eso tienes queja? ¿Hubieras preferido uno de camuflaje, para que desapareciera?
-No tergiverses las cosas, hermano. – Replicó ella, haciendo otra reverencia para sus tíos segundos maternos. – Pero creo que destacamos demasiado.
-Bueno, es necesario venderles la idea de que dos excepcionales hijos organizaron un evento tan pomposo para el aniversario de boda de sus padres.
Hiyori trató de mantener el semblante amistoso y no reír, a pesar de que la inflexión de la voz de Masaomi pasó de normal, a burlón, a serio en el transcurso de la misma frase. Aprovechó un breve momento en el que no pasó ningún invitado para suspirar, y mirar hacia su derecha, al salón. Una cara amistosa le sonrió entre la gente, cercana a la mesa de los bocadillos, coordinando meseros en medida de lo posible. Su abuela le guiñó un ojo y se enderezó dentro de su kimono negro con los escudos de la familia Iki bordados en un pequeño círculo sobre ambas mangas y en el centro de la espalda. Masaomi pasó revista a los nombres tachados en la lista de invitados. Faltaban muy pocos nombres.
-¿Nos vamos?
-Seguro.
Hiyori tomó el brazo que le ofreció su hermano con un poco de extrañeza. A veces olvidaba que él también había sido educado en la misma familia. Se aproximaron a la mesa larga del centro, que tenía el arreglo floral más grande en el piso, dando cara a la gente, y en ese momento el maestro de ceremonia anunció la entrada de sus padres con mucha dignidad. Su madre se veía radiante, en un vestido corte sirena de satín color perla, y una delicada diadema que envolvía una buena parte del peinado. Su padre la llevaba orgulloso del brazo, y Hiyori sintió su corazón hincharse de cariño por los dos, aunque las condiciones actuales no fuesen del todo buenas. Seguro, había hablado con ellos por teléfono y algunas visitas para ajustar detalles eran inevitables, así que no estaban del todo incomunicados, pero saber que vivían en una casa diferente a ella no dejaba de ser… extraño. El salón porrumpió en aplausos y ambos tomaron asiento en el lugar honorario, tras lo cual el banquete dio comienzo.
Durante la primera mitad de la noche no hubo sobresaltos y luego del brindis Hiyori estaba saboreando el éxito total. Pidió un cóctel sin alcohol al mesero más cercano y se acercó a Masaomi y a sus padres, que charlaban cerca de una de las mesas de postres. Su madre habló primero.
-Qué fiesta tan magnífica, hija.
Hiyori sonrió profusamente, pero mostró humildad: - Muchas gracias, madre. No lo hubiera logrado sin mi hermano.
-Ella hizo la mayor parte del trabajo. – Replicó Masaomi, por su parte.
-Ambos hicieron un maravilloso trabajo, - su padre pasó ambos brazos por encima de los hombros de sus hijos, - los felicito.
-Y ahora que estás menos ocupada, -comenzó Sayuri, tocando levemente el antebrazo de la chica. – puedes contarnos quién es el joven afortunado.
* "Semai desukedo douzo" es una frase que se usa en Japonés para invitar a otra persona a entrar a tu casa, por cortesía y humildad.
** "Oujamashimasu" es lo que usualmente se contesta, quiere decir "perdón por interrumpir", o "con tu permiso".
