Disclaimer: Esta vez no poseo ninguno de los dos, Pokémon Special no me pertenece y el universo en el que este Fanfic está inspirado tampoco. Reyes y Vasallos es es propiedad de Dan G. Panterita, lo que me pertenece es la redacción de este Spin-off, para leer más de Reyes y Vasallos ir al perfil de Dany.


RyV
. . . . . . . . . . . . . . . Arcano II—La sacerdotisa . . . . . . . . . . . . . . .

Capítulo II
Atención molesta
—*—

—Oye Gold, ¿no será que te gusta Crystal?

El aludido, quién había estado dándole patadas a la máquina expendedora del parque alegando su bebida y el robo de su dinero, se detuvo. Miró a su amigo con cara de póker, como si hubiese dicho que acababa de matar a dos perros y los había disecado para tenerlos como peluches en su habitación.

—… ya, en serio, te dejaron caer de la cuna cuando eras bebé, ¿no? —le dijo entrecerrando los ojos como si buscara sacarle la verdad—. Porque si no, no entiendo cómo puedes ser tan idiota. Por tu propio bien, voy a fingir que no dijiste eso y eso solo porque me pasas la tarea de mates.

—Pero Blake[1] tiene un punto —comentó alguien más, consiguiendo que Gold frunciera por fin el ceño, Gladio casi nunca hablaba y ahora que lo hacía era para fastidiarlo—. No has parado de quejarte de ella.

—A ver, a ver, alto al fuego —dijo Gold levantando una mano sacudiendo la cabeza—. Quizás si me quejo, ¿no será porque (no sé, tal vez, quizás me equivoque), me cae como un grano en el trasero? —enfatizó sus últimas palabras como si le hablara a unos bebés—. ¡He estado diciendo eso…!

—Las dos últimas semanas, Gold. Las dos últimas malditas semanas sin descanso —dijo Gladio con una venita en la sien; Blake por su parte, con su imperturbable sonrisa, asintió con la cabeza dándole la razón a Gladio, antes de levantar su lata a Gold como haciendo un brindis y luego beber con mucha calma.

—Jódete, Lacktwo.

Los tres estaban en el parque, Blake (al que Gold llamaba Lacktwo) estaba sentado sobre el espaldar de una banca que estaba al lado de la máquina dispensadora de bebidas, con los pies en el asiento, Gladio estaba sentado correctamente con su soda en mano y Gold todavía no conseguía que la sucia máquina le diera su bebida.

Aunque Gold no entendía a qué se venía ese tema de conversación tan repentino en realidad era algo que el castaño y el rubio habían hablado con anterioridad, y es que Gold había estado insufrible los últimos días, más de lo normal. El chico normalmente era molesto por naturaleza, pero molesto de una forma graciosa que a la larga te sacaba una risa, esta clase de molesto era de la forma en la que querías amordazarlo y lanzarlo por un puente para que se callara. Y es que, a Gladio no le caía mal Crystal y a Rakutsu le parecía guapa, pero era un hecho de que estaban ya enfermos de hablar de ella cada vez que Gold estuviera cerca.

—Han dicho —dijo Blake como un comentario cualquiera—, que los niños tienden a molestar a la niña que le gustan solamente porque quieren ser cercanos a ella y no saben cómo aproximarse porque les parecen extraña. No tienes que avergonzarte Gold, es más, puedo darte un consejo si quieres ligar…

—Lacktwo.

—¿Sí?

—Estoy empezando a creer que la tarea de mates no vale tanto la pena como para mantenerte vivo —la cara de Gold era de fastidio puro, es que es más, ¡estaba fastidiado! Todavía no entendía cómo podían siquiera considerar que la matadita de Crystal podía gustarle—. Escuchen para que se les quede bien aquí dentro —se señaló la cabeza y se dio un par de palmaditas en la sien con el dedo índice—. Esa. Bruja. Me. Cae. Como. El. Cu…

—Eso ya lo has dicho demasiadas veces, Gold —interrumpió Gladio chasqueando la lengua—. Y es que ya lo sabemos, no somos estúpidos —se calló un momento, miró a Blake y luego se corrigió—, no soy estúpido. Te conozco lo suficiente como para saberlo, pero últimamente parece que te desvives por ella, si no estás hablando de Crystal, la estás siguiendo para molestarla cuando antes preferías tenerla lejos. Así que disculpa si creemos que repentinamente te has enamorado de ella y quieres estar más cerca suyo aunque sea fastidiándola.

—Porque no vas a conseguir su atención de otra forma —dijo Blake aguantando la risa—. ¿Es por eso que has estado de tan mal humor últimamente?

La conversación terminó con Gold maldiciéndolos a ellos, sus antepasados, la máquina expendedora y, claro, como no, a la chica con la que había saturado a sus amigos. El chico de ojos ámbar se fue de allí a su casa, donde el panorama no mejoró, su madre lo esperaba con la cena, hora a la que para su desgracia, le señaló también su repentino cambio de humor.

—¿Está todo bien en la escuela? ¿Hay algo que no me hayas contado? —le preguntó, entrecerrando los ojos, el mismo gesto que él hacía cuando quería sonsacarle la verdad a alguien.

—Hmmm… ayer hubo un accidente en el aula de clases, por eso no tuvimos escuela hoy, una rama entró por la ventana, casi muero —comentó con exageración mientras se llevaba a la boca la hamburguesa.

—Eso ya me lo contaste —dijo su madre de forma recriminatoria, antes de cambiar su rostro de "cuéntamelo todo" a uno de preocupación—. Gold, ¿está todo bien? Te noto… diferente.

—¿Diferente cómo? —preguntó desinteresadamente llenándose nuevamente la boca de comida, hablando con la boca llena y tragando de lleno.

—No has dicho nada sobre que preparé hamburguesa para la cena, adoras la hamburguesa —le dijo suavemente, sabiendo lo grave que era que Gold no estuviese fascinado con la comida—, te ves más enojado últimamente y más serio, además, hace rato que no te veo sonreír.

Gold se detuvo en mitad de la comida, no se llevó otro bocado a la boca y tragó lo que había estado masticando, se quedó un momento en silencio, a diferencia de Blake y Gladio, él no podía gritarle ni enojarse con su madre, menos cuando las observaciones que hacía eran de lo más bien intencionadas, pero eso no quitaba que sentía amargo que hasta ella estuviese notando ese tipo de cosas.

—Lo siento, la escuela está bien, es solo que hay una chica que me molesta —explicó con la verdad, evitando decir palabrotas frente a su mamá. La vio por un instante inflarse en interés, oh no, sabía qué significaba esa mirada—. Es Crystal.

—Oh. —La emoción de la señora Emas se desinfló, sabiendo que cuando Gold decía "me molesta" y "Crystal" iba muy en serio. Gold notó eso y le hizo sentirse bien, amaba a su madre, ella lo conocía, no sacaba conclusiones estúpidas como sus dos buenos para nada amigos— Entonces, ¿qué pasa con Crys? Pensé que era una chica bien portada.

El menor rodó los ojos con claro fastidio, era obvio, su madre tenía un buen concepto de Crystal, todos los adultos tenían un buen concepto de Crystal.

—No pasa nada con ella, es simplemente que me molesta verla y últimamente está más irritante que antes —explicó volviendo a comer—. ¡La muy bruja me mandó a callar ayer! "Ya déjame en paz" —imitó su voz con burla—. ¿Quién se cree que es la princesita?

Ahora volvió a enfocar sus ojos en la comida, furioso, comiendo como si la carne le debiese dinero. La madre de Gold se mantuvo en silencio mirándolo atenta. Ella no era tonta, no, claro que no, conocía a Gold mejor que a nadie, ¡era su madre! Y sabía que tras todo eso había algo muy importante.

—¿Y tú que hiciste?

—¿HMM? —ese sonido fue lo más cercano a un "¿Qué?" que podía pronunciar con la boca llena.

—Ya sabes, luego de que te gritó.

Gold volvió a tragar y chasqueó con la lengua.

—Me fui. Estaba lloviendo y no iba a perder mi tiempo siguiendo a esa nerd.

—Qué extraño —susurró la mujer, llevándose la atención de su hijo, claramente ella no encontraba nada "extraño", simplemente estaba hablando como cuando intentaba hacerle caer en cuenta de algo—. Normalmente no la habrías dejado callarte. Quizás por eso has estado hablando tanto de ella últimamente, estás desfogando tu enojo de aquella vez, tal vez deberían hablar… pero… has estado así incluso algunos días antes de eso. Hmmm… que extraño…

Eso dejó frío a Gold. Su madre, la sangre de su sangre, la mujer que lo alimentaba, despertaba, lavaba su ropa y lo vio crecer, la misma que lo parió… estaba… especulando que…

—¡Que no me gusta! —dijo molesto golpeando la mesa en un acto de escándalo, pero su mamá no se inmutó, parecía que ya lo había esperado— ¡Jamás me gustaría una estirada como ella!

—Yo no dije nada de que te gustara o no —comentó la adulta, pero Gold no era tonto, sabía perfectamente a lo que se refería—. Además, si no te gusta. ¿Por qué estás tan pendiente de ella? Sabes que si tienes problemas de ese tipo puedes hablarme, Gold, puedo darte consejos si quieres…

No. No. Y NO. Su mamá no podía estar hablando como Blake en ese momento, no lo soportaba más. Se levantó de la mesa como un resorte, cubriéndose los oídos y protegiéndose de esa forma de lo que ella quisiera decirle.

—¡No escucho! ¡Tengo tarea, me voy a mi habitación!

—¡Gold! ¡Vuelve aquí, no terminaste tu hamburguesa!

La respuesta de Gold fue volver corriendo, tomando el plato y correr a su habitación, escondiéndose de esa forma de las pretensiones de su progenitora. La madre de Gold solamente suspiró mientras se recostaba en su lugar. Jóvenes. Se volvían locos cuando llegaban a la pubertad, pero todo estaría bien, sabía que Gold iba a volver a ella tarde o temprano, siempre lo hacía.

.-

Gold estaba harto de las especulaciones de los demás, porque él definitivamente, rotundamente y todos los sinónimos de "totalmente" no estaba enamorado de Crystal Beira. ¡Jamás! ¡Ni siquiera en sus pesadillas más espantosas! Se sentía ofendido ante la siquiera mención de aquello, era molesto que te dijeran que tenías sentimientos encontrados por una persona a la que llevas detestando por mucho tiempo, era la clase de cosa que no podías dejar pasar. Así de mucho le disgustaba.

Pero, al mismo tiempo, parte de su frustración se debía a que todos estaban viendo conductas en él que los llevaban a pensar eso, lo peor de todo es que él mismo no lo había notado hasta que lo habían dicho. Una cosa era que lo dijera Blake, todo lo que dijera Blake era fácil de ignorar, pero otra era que lo dijera Gladio, algunos de sus compañeros no tan importantes, la enfermera y luego su madre. Su propia madre. Eso se le estaba saliendo de las manos y quizás era lo que más lo fastidiaba.

Gold detestaba a Crystal, eso era un hecho, odiaba cada vez que pasaba por su lado y parecía mirarlo por encima del hombro, como si fuera una especie de criminal o algo así, como si creyera que era superior a él. ¡Y es que no era el único! Varias personas no terminaban de encajar a Crystal por su actitud soberbia, porque siempre creía tener la razón (y sí, podía que tuviese la razón la mayoría de veces, pero eso no hacía que su forma de actuar fuera menos molesta), así que no era solo cosa suya, era cosa de esa chica de cabellos azules también, creyendo que podía sermonear a los otros y mandarles cuales lacayos. En serio que la odiaba y si la odiaba era natural que quisiera tenerla lejos y eso quería… pero había algo, un algo que hacía a Crystal más notable, imposible de ignorar. Al menos para él.

Estaba frustrado, porque definitivamente no quería darle una importancia que ella no se merecía, no quería matarse pensando en ella y lo mucho que la detestaba pero no podía parar, cada vez que cerraba los ojos no podía evitar pensar en ella y no, no estaba enamorado, pensaba en cualquier idiotez que se le venía a la cabeza sobre qué le caía mal de ella, desde su tono de voz hasta sus ridículas coletas, en serio, ¿quién se peinaba así en estos días para ir a la escuela? ¿Acaso tenía ocho años?

… Y ahí estaba de nuevo. Se golpeó la cabeza contra su escritorio lanzando un gruñido de cansancio, no podía pensar en nada porque inmediatamente lo relacionaba con ella y era odioso por mucho.

¿Qué le estaba pasando?

.-

Era un nuevo día, habían cambiado diligentemente el cristal de la ventana y podían volver a clase, esa mañana todos los chicos del aula estaban hablando muy emocionados sobre los sucesos de hacía dos días: la rama en la ventana. Gold entró al aula de clase sosteniendo su mochila con la mano y dejándola colgar de su hombro, todos se quedaron en silencio un instante y a pesar de que era el centro de atención y era difícil ignorar que todos lo estaban mirando, lo primero que Gold notó en el aula fue que Crystal no estaba ahí. Después de notar eso, espabiló y enfrentó al grupo de chicos que estaban pendientes de él.

—¿Qué? —preguntó confundido— ¿Me esperaban? Lo sé, lo sé, es imposible no extrañarme.

Sus palabras que eran una clara broma fueron ignoradas por todos, entonces, sus compañeros más curiosos se aproximaron a él.

—¡Gold! Cuéntanos, ¿es cierto que te apuñaló una rama?

—Xauna dijo que te vio lanzarte sobre Crystal para evitar que la rama la matara.

—¡Hey, yo no dije eso, Chano!

Ante tanta atención, Gold simplemente levantó las manos con su mochila en una de ellas, una sonrisa arrogante cruzaba sus labios. Claro, nadie habló de lo ocurrido el día del accidente y con un día libre para asimilar la situación y perderle el miedo al suceso, ahora todos querían hablar de ello y los rumores falsos empezaban a esparcirse.

—¡Tranquilo, pueblo! Yo les contaré todo —dijo con arrogancia—. Empezando porque no, nada me apuñaló, pero estuve a nada de…

—Muy bien, hablan en el descanso de sus traumáticas experiencias, ahora mismo tienen clase.

La voz del maestro detrás de Gold hizo que todos se dirigieran a sus asientos, incluyendo, claro, al chico que había gozado de la fama por pocos segundos. Se sentó en su lugar, dejó su mochila e hizo silencio dejando al maestro hablar, mientras decía algo sobre una colecta para un viaje o algo así, los ojos dorados de Gold se entornaron a su izquierda, ahí en el asiento vacío que estaba al lado de la ventana, el que debería ser ocupado por Crystal.

Supuso que se le hizo tarde, pero después de que pasaron lista y ella no estuvo ahí para responder al llamado supo que a lo mejor había faltado ese día.

Pero claro, eso no era algo que a él debería importarle, es más, estaba muy aliviado de no tener que soportarla ese día; era cierto, ya le había dado demasiada atención y era momento de volver a la normalidad, tomó eso como una señal y con una sonrisa tranquila en los labios, se recostó en su asiento.

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Lo que creyó que sería un día agradable terminó siendo todo lo contrario, se sentía limitado de cierta forma, aprovechando que Crystal no estaba decidió que iba a demostrarle a los tontos de sus amigos que él estaba perfectamente bien, así que no habló de ella en todo el día, cuando siquiera su nombre amenazaba con salir de su boca se mordía la lengua, pero era claro que estaba conteniéndose, se sentía ofuscado, pesado y eso no estaba para nada bien.

¿Qué era esa necesidad imperiosa de hablar de ella? No, también se encontró a sí mismo alzando la cabeza entre la multitud de los pasillos en busca de la cabellera azul, era como si su mente estuviese dividida, por un lado no deseaba verla y por otro la estaba buscando disimuladamente.

Era una especie de tortura de doble filo, no solo porque su ausencia le hacía efecto… No, en realidad, todo se reducía a eso. ¡¿POR QUÉ DEMONIOS SU AUSENCIA LE HACÍA EFECTO?! ¡No debería importarle! Y aun así, en cuanto sonó el timbre de salida, salió disparado como si tuviese afán, sus pies se dirigieron automáticamente por un sendero que definitivamente no era el que lo llevaría a su casa.

Terminó frente a una casa grande, no lo suficiente como para ser considerada una mansión pero si para denotar que no era una casa común, estaba pintada de un alegre color amarillo, los marcos de las ventanas eran de un azul brillante y la cerca blanca le daba todo el aspecto de una casa sacada de Disney. Un cartel frente a la entrada que decía "Orfanato Caritas Felices del señor Earl", un nombre soso perfecto para un orfanato de niñitos. El orfanato tenía un amplio patio delantero y otro trasero un poco más grande donde jugaban los niños, pero Gold no necesitó rodear la casa para encontrar lo que buscaba.

Ahí estaba ella en la entrada, con una camisa roja, una falda amarilla, un delantal rosa, su cabello recogido en las ya comunes coletas de siempre y una escoba en las manos barriendo la tierra del pórtico. Sintió calma al verla, una calma realmente alarmante. De repente la ansiedad y el peso que había sentido en toda la mañana se esfumó con solamente verla ahí trabajar, silenciosa, concentrada y si se fijaba bien… ¿un poco pálida y ojerosa?

Esa calma que lo inundó le hizo dejar de pensar, sencillamente se quedó callado mirándola barrer concentrada, él supo que ella estaría ahí porque era el lugar al cual se dirigía la mayoría de veces cuando no iba a su casa. ¿Cómo lo sabía? Los maestros la habían puesto como ejemplo por tener actividades altruistas como esa, Blake hizo la tarea de seguirla para ver si era verdad y bingo, Crystal pasaba su tiempo libre ayudando en el orfanato de la vecindad.

Había demasiado silencio, una paz relativamente extraña puesto que Gold era de esas personas que siempre estaban rodeadas de ruido, pero lo único que escuchaba era el sonido de los autos a la lejanía y la escoba de Crystal. Fue como si su mente se desconectaba por unos segundos, puesto que bajó la defensa y no tuvo tiempo a reaccionar cuando ella se detuvo repentinamente y levantó la cabeza, fijando sus ojos en él.

Ella frunció el ceño y eso fue suficiente para traerlo a tierra.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó ella a la defensiva, sosteniendo la escoba con una mano y llevándose la otra mano a la cintura.

Y Gold no iba a decir ni aceptar que estaba ahí buscándola.

—¿Qué? ¿Algún problema? La vía pública es libre —respondió mirando su escoba—. ¿Y eso? ¿Vas a despegar vuelo?

Crystal no captó inmediatamente su insulto, pero el tono de Gold le dejaba claro que sus palabras iban con intenciones de fastidiarla. Ella suspiró masajeando el puente de su nariz.

—Escucha, idiota —empezó agresiva, señal de que barrer y atender niños no estaba mejorando su humor—. Si vienes a molestarme puedes ir yéndote, este es un orfanato y lo último que quiero es que tengas contacto con los niños —luego, como si se diera que la forma en la que había hablado no era muy propia de ella, agregó—. Sea lo que sea que quieras decirme mejor espera a que me vaya, ¿sí?

¿Ven? Esa chica era bipolar y no solo eso, estaba más que claro que buscaba empezar un pleito. ¿Y luego decían que él gustaba de ella? Por favor, él tenía mejor es gustos y entre ellos estaban chicas que no fueran unas patanas con él.

—¿Y quién dijo que venía a hablar contigo? —le dijo de forma casi despectiva— Solamente pasaba por aquí, no te creas tanto.

Eso último había sido una mentira, pero eso no tenía por qué saberlo. Como si aquella interacción lo hubiese dejado satisfecho, se fue del lugar a paso relajado dejando a una muy estresada Crystal.

Cuando perdió a Gold de vista soltó otro suspiro, uno más cansado, se pasó la palma de la mano por la frente tratando de apartar algunos mechones de pelo de sus ojos, entonces, su cuerpo se tensó, se aferró a la escoba como si fuera su único soporte y se quedó con los ojos muy abiertos mirando a la nada. Se mantuvo en ese estado por unos segundos antes de parpadear varias veces, desorientada.

—¡Crys! ¡Crys! —llamó uno de los niños del orfanato, saliendo apresurado mientras saltaba, buscando la atención de la chica— No podemos encontrar a Emerald, el señor Earl me dijo que te dijera que si sabes dónde puede estar.

—Ah… sí… —dijo empezando a espabilar, antes de dejar la escoba y rápidamente entrar— se quedó atrapado en el ático, posiblemente.

El niño siguió a Crystal corriendo, mirándola impresionado.

—¿Cómo sabes eso?

Pero la respuesta solo fue una sonrisa cansada.

.-

Gold, quién nunca se esforzaba para pensar ni siquiera en las clases, estaba buscando una explicación a sus actitudes alrededor de Crystal. Después de inventar muchas excusas sin fundamento, se decantó por creer que en realidad, no era tan extraño.

Vamos, la chica súper seria había sido una constante en su vida, ella siempre estaba ahí fastidiándolo con su presencia y él, claro, por costumbre la molestaba todo el tiempo. Así que seguro su molestia al no tenerla cerca se debía a que ya se había acostumbrado a tenerla ahí, siempre a su lado hinchando las pelotas.

Así que Gold pensó que quizás él no era el del problema, era que los demás no estaban acostumbrados a la forma en la que él trataba a Crystal, y como todos parecían tenerla al menos un poquito en gracia encontraban aún más raro que él la detestara tanto. ¿Su madre? Seguro estaba empezando a pasar por esa fase de casamentera. Aunque quizás si tenían algo de razón y es que debía madurar su relación con ella.

Estaba orgulloso de sí mismo por encontrar la respuesta al misterio y a la vez ser lo suficientemente maduro como para aceptar que debía cambiar. No podía continuar tratando a esa chica como lo hacía cuando tenía siete años, ¡no! Debía ser más listo, menos atento. Era sencillo: iba a ignorarla.

Sí, porque la gente madura ignoraba sus problemas y las personas que le molestaban. Y si iban a haber pleitos, serían solo cuando cruzarán sus caminos y ella empezara con su icónica forma de joder la vida.

El plan perfecto.

O lo habría sido si tan solo la muy maldita no le hubiese robado la idea.

Gold ansioso por demostrar su nueva y repentina madurez, esperó a que Crystal se acercara o lo viera esperando a que la molestara, solo para que él tuviese la satisfacción de darse la vuelta e ignorarla. Pero empezando que la desgraciada faltó tres días, las ansias pronto volvieron a él. ¡Pero no arruinó el plan! No, no fue a buscarla y cuando Blake o Gladio se acercaban para molestarlo, simplemente tenía que lucir desinteresado, como si ya la hubiese superado.

Tres días después, Crystal estaba de nuevo en la escuela, sentada en su asiento de siempre puntual como un reloj. Ese día empezó de una forma tan extraña que fue una pista para saber que así serían el resto de los días. Cuando Gold entró al aula lo primero que buscaron y encontraron sus ojos fue a Crystal, ella, a diferencia de otras veces en las que estaba leyendo algo o hablando con alguien, le devolvió automáticamente la mirada como si ya lo hubiese estado esperando. Sí, sonaba estúpido pero es que ninguno de los dos buscaba los ojos del otro en las mañanas, jamás lo habían hecho, se dieron cuenta en ese momento.

Gold esperó que ella le dijera algo sobre por qué estaba mirándola, pero Crystal abrió la boca y la cerró al instante, fijando sus ojos en la chica con la que había estado hablando antes de que él entrara, fingiendo como si no pasó nada. Y ese pequeño e insípido gesto hirió un poco el ego de Gold, porque no fue hasta que ella le quitó los ojos de encima que recordó que se suponía que sería él el que la ignorara a ella, no al revés.

—Entonces… ¿estás enferma? —inquirió Xauna, la chica morena con la que Crystal estaba hablando.

El chico de ojos dorados que estaba ubicándose en su asiento no pudo evitar escuchar la conversación, sus amigos no habían llegado todavía así que podía escuchar libremente.

—No es tanto eso, son simples chequeos, últimamente me he sentido… Cansada, eso es todo —explicó Crystal con calma, tratando de sonreír.

—Tsk. La ventana se rompe y ella lo somatiza, dramática —se le escapó ese comentario al aire.

Y por fin, Crystal fijó sus ojos en Gold, claramente molesta por su comentario.

—¿Cuándo dije yo que la razón fue el accidente del Lunes? —inquirió— Además, ¿qué sabes tú?

—Vamos, ¿esperas que me lo trague? "Son chequeos porque me he sentido cansada" —imitó su voz de forma exagerada—, ¡y un demonio! Además, te vi en esa casita de muñecas el miércoles, solamente quieres llamar la atención.

—¿Disculpa? —inquirió ella indignada— ¿Estás especulando que he faltado a clase y me inventé ir al hospital… buscando atención?

—Tu misma lo has dicho —le respondió Gold con mordacidad—. No me sorprende, te has dado cuenta de que no tienes amigos y ahora quieres comprártelos dando lástima.

Crystal estaba oficialmente ofendida, no solo por la mención de que no tenía amigos, sino porque Gold la creía capaz de fingir una enfermedad para manipular a otros a sentir compasión de ella.

—Escucha bien, porque no lo voy a repetir —le dijo Crystal lentamente, como madre que daba un sermón—. Yo no necesito ni quiero amigos que me compadezcan, si necesito engañar a personas para que se queden conmigo entonces prefiero estar sola.

—Y por eso estás sola —puntualizó Gold con desdén, Crystal abrió la boca para defender de pero él continuó—. Además, ¿qué clase de chequeo dura tres días? ¿Qué tienes? ¿Leufemia? ¿Cáncer?

—Se dice Leucemia y por Dios, eres un bruto —le dijo casi escandalizada por su poco tacto al nombrar dos enfermedades graves—. ¿Y qué si así fuera? No es de tu incumbencia.

Gold se quedó mudo al escucharla decir eso, mirándola sorprendido mientras Xauna por su parte, incómoda decidió no ser parte de la conversación. El ambiente cambió de un momento al otro, la hostilidad entre ambos se detuvo cuando el chico en lugar de responder con otro comentario mordaz, seriamente inquirió:

—¿En serio?

Crystal entonces se dio cuenta que Gold posiblemente la había malinterpretado.

—No, no —dijo bajando sus humos inmediatamente, incómoda—. No tengo nada de eso.

Y una extraña sensación de alivio se instaló en el pecho de Gold. Crystal no había esperado que Gold mostrara ese pequeño gesto de preocupación, principalmente porque pensó que diría algo como "si me incumbe, debo saber cuándo festejar tu funeral" o algo por el estilo; por otro lado, Xauna que estaba aún ahí apretó los labios y luego los miró confundida.

—No me había dado cuenta hasta ahora, pero, ¿desde cuándo son tan cercanos?

Esa extraña y temporal burbuja de paz se esfumó gracias al comentario de Xauna.

—¡No somos cercanos! —dijeron ambos al unísono.

La chica de piel morena levantó las manos, como pidiendo tregua, entonces se levantó de su lugar, puesto que el asiento que ocupaba no era suyo, se había hecho ahí solamente para hablar con Crystal.

—Ok, ok —dijo restándole importancia—. Como sea, me alegro que estés bien, Crys.

Con esas palabras Xauna volvió con su usual grupo de amigos. Gold esperó que Crystal agregara algo más a su conversación, pero no, en cuanto volteó a mirarla de nuevo estaba enfrascada en sus cuadernos, posiblemente, terminando de adelantarse de las clases a las que había faltado por su cuenta.

Fue en ese momento cuando cayó en cuenta de que había fallado en seguir su plan nada más empezar. ¡¿Qué había sido eso?! ¡Se suponía que debía ignorarla! No hablarle y menos… preocuparse. Maldición.

Bien, esa había sido la última vez, iba a seguir su plan desde ese preciso momento.

.-

Y como había dicho, Crystal le robó la idea. Para ser alguien que alardeaba mucho de ser inteligente, robarle sus ideas era un acto de falta de creatividad y un insulto, claramente.

Gold decidió empezar su plan de ignorar a Crystal después de eso, pero pronto se dio cuenta que ella era la que lo estaba ignorando a él. El chico no paraba de esperar a que ella le dirigiera la palabra para decirle cualquier cosa para que él pudiese disfrutar de voltear el rostro y fingir que era como el aire. En todo lo que quedó de día Crystal no le dirigió la palabra, no lo tuvo en cuenta, no obstante sí que de vez en cuando le miraba de reojo, él lo notó durante la clase de Política y Economía en el momento en que sus miradas se cruzaron por accidente. Justo como en la mañana, ella desvió la mirada y ambos fingieron que nada había pasado.

No sabía por qué sentía que estaban actuando como estúpidos.

—Hey, Gold —le llamó Blake a su lado, en un susurro aprovechando que el profesor estaba ocupado copiando en el pizarrón.

—¿Qué quieres? —le preguntó de igual modo sin quitarle los ojos de encima al maestro, cuidando de que no se diera la vuelta.

—¿Qué pasa ente tú y Crystal? Se la pasan lanzándose miraditas de vez en cuando.

Gold lentamente volteó a ver a Blake, éste tenía la misma estúpida sonrisa que fingía inocencia descaradamente, el chico de ojos dorados le regaló una sonrisa similar antes de darle un fuerte manotazo en la parte trasera de la cabeza.

—¡Sáquese! —le dijo molesto.

—Joven Emas —el maestro ahora lo miraba fijamente, con los brazos cruzados y expresión de reproche—. ¿Hay algo que quiera compartir con todos nosotros?

—Oh no, profe, no se preocupe, no es tan interesante como su clase —explicó sonriendo mientras sacudía la mano con la que le había pegado a Blake. El que ahora se quejaba de dolor—. Por favor, siga, no lo deje en la mejor parte.

Puso los codos encima de la mesa mientras miraba expectante al maestro, el que simplemente rodó los ojos y continuó con su trabajo, nadie quería lidiar con Gold y sus payasadas. El chico de cabellos azabaches suspiró aliviado de haber salido de esa, algunos de sus compañeros reían con disimulo ante sus extrañas ocurrencias. Una pequeña sonrisa egocéntrica se asomó por sus labios, por inercia volteó a mirar a su izquierda, ahí donde estaba Crystal con un lápiz en mano mirándolo fijamente, al verse descubierta, volvió a mirar al pizarrón, ese gesto hizo que la sonrisa de Gold desapareciera.


[1] Blake es el nombre en inglés de Lack-two, le puse así porque, vamos, Lack-two no es un nombre real (?. Aún así, lo dejé como apodo que le da Gold.


Respuestas a los comentarios.

BIackSword: ¡Hola! Es un placer poder leerte de nuevo. Me alegra de que te esté gustando la historia y personalmente, también creo que la historia de Dany es genial, ¡espero que te haya gustado el capítulo! Te agradezco por leer y por comentar. Nos leemos pronto~

Ambar Uchida: ¡Yuudy! ¡Que bueno leerte aquí nuevamente! ¡Que bueno que te esté gustando la historia! Y de verdad, espero que nos podamos seguir leyendo seguido. ¡Bendiciones! ¡Gracias por leer este fic y RyV también! (Ese fic necesita muchísimo amor). ¡Nos leemos!~