24. This mess we're in – PJ Harvey feat. Thom Yorke

Una mesera evidentemente extenuada ni siquiera se molestó en mirar su atuendo en extremo formal o darles la bienvenida al entregarles un menú desgastado con las opciones de café (3 tipos) y comida (pasta y sándwiches) que vendían en el establecimiento. Hiyori agradeció que tampoco se fijase en su cabello despeinado o el maquillaje corrido sobre su piel paliducha. Vaya par que hacía con su hermano, sentados cara a cara en un gabinete, pero sin realmente mirarse. Masaomi seguramente seguía molesto, y ella no podía dejar de sentirse culpable al ver el moretón inflamado de la mejilla de su hermano. Daikoku-san seguro sabía cómo mantener situaciones bajo control. El silencio total en la mesa terminaba de detallar una vista, para el extraño, de lo más cómica. Se pensaría que todo en la fiesta de donde habían venido había salido fatal.

Masaomi se aflojó (aún más) la corbata y encendió un cigarrillo para su segunda taza de café negro. Nunca había fumado frente a su hermana, y en realidad en este momento no le podía importar menos. Hiyori se frotó la cara recargada en los codos una vez que le trajeron su croissant y un café capuccino cuyo contenido había trastocado el vaso y manchado el platito donde le habían traído su taza. Su inmovilidad terminó por romper el silencio de su hermano.

-¿No vas a comer?

Luego de levantar la vista, un tanto cautelosamente, le dio una tímida mordida a su tentempié y volvió a dejarlo sobre la mesa.

-Sobre lo de hace rato, gracias. – Musitó, con mucho trabajo.

-Ni lo digas. Lo rompes, lo pagas, ¿no?

Hiyori miró por la ventana de su lado derecho. El café estaba en un segundo piso y podía ver bien la calle desierta. No sabía si ésa frase encajaba bien en la situación, pero Masaomi finalmente había irrumpido en el baño al escuchar la discusión entre Yukine, ella y los quejidos de Yato, para curarlo él mismo lo mejor posible.

-Me sorprende que fumes frente a mí sin inhibiciones. – Comentó cuando descubrió que su hermano también había perdido su mirada en la calle de abajo.

-Creo que guardarnos secretos tiene resultados bastante desastrosos. – luego de sacudirle la ceniza al cigarro en el contenedor de vidrio que había traído la mesera, prosiguió. – Quien me sorprende eres tú, creí que ibas a encontrarlo muy extraño.

Hiyori rió entre dientes tras su taza de café.

-Mamá piensa que oculta que fuma, pero en realidad llevo mucho tiempo sabiéndolo.

-¿Y no has hecho nada para detenerla? ¡Qué fría!

-Sé que se molestaría mucho por no ser una "madre ejemplar", así que la dejo que crea que no sé nada.

Luego de otro silencio largo entre ambos, y de que dos amantes pasaran calle abajo, mostrando una conducta bastante inapropiada, Masaomi volvió a hablar.

-¿Qué harás a partir de ahora?

Las orejas de Hiyori enrojecieron al malinterpretar la pregunta.

-¿Q-qu-qué quieres decir?

-No seas tonta. – Bufó Masaomi, después de darle un golpe a su cigarrillo, expulsando una gran cantidad de humo. – Mis papás aún no saben nada de tu "nueva carrera". ¿Piensas mantenerlo en secreto todavía, aun cuando puede que cada vez sea más difícil ocultarlo?

Su hermana pellizcó la suave piel exterior del croissant a medio comer. En realidad, no tenía nada que decir al respecto, y dejó que interpretase su silencio.

-… en realidad no has avanzado en nada. – dudó él.

-Creía que las cosas estaban bien en donde estaban. – Titubeó Hiyori, llevándose el pedazo diminuto de pan a la boca. – Cuando evidentemente no era así. Y de hecho las cosas comienzan a moverse, aunque yo no lo quiera.

-¿Y simplemente vas a dejar que todo avance contigo en el epicentro y dejar que te explote en la cara?

Ésta vez quien experimentó la pinchazón despiadada y ansiosa de los dedos de Hiyori fue el jamón.

-No hagas eso. – Le advirtió su hermano.

-¿Te crees mi madre? Da igual, aquí a nadie le importa que juegue con mi comida.

-¡No hablo de eso, torpe! – La corrigió, fastidiado, por segunda vez. – No dejes que las cosas giren a tu alrededor sólo porque no quieres tomar decisiones. – Y añadió luego de una pausa. – No seas como yo. Cuando quieras hacer algo al respecto ya será demasiado tarde.

-No sé… - dudó la chica, con voz diminuta y la mirada ensombrecida. – No sé cómo hablar con mis padres. No sé decirles acerca de SHRINE… ni mucho menos… - se sintió enrojecer de pies a cabeza – acerca de Yato.

Azorado, su hermano se rascó la coronilla. – Soy la peor persona para ayudarte con eso. Yo jamás lo hice. Decidí irme lejos para no tener qué hacerlo.

-Eres el peor ejemplo a seguir. – murmuró ella, dejando que la sonrisa le regresara al rostro.

-Precisamente por eso te aconsejo. Porque soy un trozo de mierda. Pero… - Dijo, y esperó a que su hermana lo mirara a los ojos. – Si hay algo que sí sé, es ser útil. Si necesitas ayuda con lo que sea, pídemelo.

Hiyori sonrió, y terminó su croissant en pocos bocados.

La abuela los recibió, un rato después, con los brazos abiertos. Ofreció a Masaomi quedarse y lo guió hacia su habitación usual, luego de que Hiyori se despidiese besándola en la mejilla.

-Eres la mejor, abuela.

-Oh. – La anciana la empujó cariñosamente con el hombro, hinchando la sonrisa. – Vete a dormir.

Hiyori se deslizó en el futon minutos más tarde, y encendió la pantalla de su Smartphone. No había mensajes nuevos. Tal como había pactado con Yato antes del evento, no debía mandarle absolutamente nada de distracciones hasta que ella iniciase la conversación. Se preguntó si estaba ya dormido.

"Llegamos a casa. Todo está en orden, tuve una conversación con Masaomi…" sus dedos se detuvieron justo ahí, ponderando sus palabras, "…y creo que todo quedó aclarado. Siento mucho lo de hoy. Espero no despertarte…" con dedos temblorosos titubeó antes de escribir una última parte y presionó el botón de enviar.

Varios largos y aterradores segundos después, llegó la respuesta, y la chica la abrió sintiendo la ansiedad alzándose por su nuca antes de leerla.

"No es algo tan terrible, a decir verdad me han puesto golpizas peores. Me alegro que esté todo bien con tu hermano. Yo estaré bien con él hasta que pueda hablar con normalidad." Yato había agregado un emoji disgustado al final de la frase, pero Hiyori sabía que no era completamente en serio. "Mañana hay ensayo como de costumbre, así que duerme mucho. Buenas noches."

Hiyori observó el pequeño emoji que imitaba el que ella había puesto al final de su propio mensaje. Era gracioso como era posible que en ése pequeño gráfico de corazón hecho con pixeles se pudieran transmitir tanto. La chica cerró los ojos tratando de ignorar la aceleración de sus latidos.


Tratar de regresar a una rutina normal con la banda después de lo ocurrido la noche anterior se sintió como entrar en una tina demasiado caliente. No tanto por el hecho de que Hiyori y él se sentían ligeramente incómodos en cercanía del otro, sino porque los demás también parecían estar observando cada pequeño movimiento. Los silencios incómodos duraban el doble, y ninguno de los dos se encontraba a gusto en un cuarto lleno de gente que parecía estar evadiendo el tema. Sin embargo, ninguno de los dos se sentía listo siquiera para mirarse a los ojos, y aunque la mayor parte del ensayo gravitaban alrededor el uno del otro, parecían determinados a mantener su distancia en medida de lo posible.

Para ella, el terreno estaba tan atropellado como un camino en el campo lleno de espinas en el que habías terminado sin querer mientras llevabas sandalias. No podía negar que le entristecía esta actitud gélida que ambos, sin previo consenso, habían tomado en reciprocidad, pero el asfixiante ambiente no la dejaba pensar en ninguna otra manera de reaccionar.

-¡Me están poniendo los nervios de punta! – Estalló de repente Yukine, ya adentrados en el ensayo. - ¿Podrían comportarse con naturalidad? ¡Lo que pase entre ustedes está bien, pero están matando mi buen humor!

Hiyori y Yato se encogieron de pronto, casi imitándose, y se miraron durante un breve instante, sonrojándose y volviendo a mirar al suelo. Daikoku prorrumpió en carcadajas.

-¡Mírate! ¡La joven promesa del rock japonés sonrojado como una niña de secundaria!

-¡Ohh, Kokki! ¡Déjalos en paz! – Chilló canturreando Kofuku, asegurándose de que en sus palabras también hubiese un tono molesto que no pasara desapercibido por nadie.

La puerta del estudio se abrió de golpe, sacándoles un salto a todos. El vozarrón de Ookuninushi no hizo nada por ayudarles. Entró dejando un par de cosas sobre una bocina cercana a la puerta.

-Espero que se encuentren listos para lo siguiente. – Exclamó, y a grandes pasos, llegó al centro de la sala, donde les indicó que se acercaran. En sus manos portaba un sujetapapeles de madera con varias hojas que volteaba continuamente, haciendo marcas con una pluma. Tenuemente le dio entender a Yato lo terrible que se veía, y siguió hablando. – Llegaron "órdenes". La próxima semana entran a estudio. Necesitaremos más material para poder pensar siquiera en un álbum.

-¡¿Álbum?! – Soltó Yato.

-¡Y no solo eso! – Ookuninushi lo apuntó con el bolígrafo. – Vienen con todo el paquete; durante la grabación se tendrán que talquear y arreglar para los fotógrafos, comenzaremos los promocionales y se presentarán en algunos programas de televisión. Una vez que generemos la expectativa adecuada arrojaremos un par de presentaciones sorpresa por aquí y por allá y venderán cual patatas. – El hombre le entregó el sujetapapeles a Kofuku, que lo hojeó pertinazmente. – Es su horario de estudio de la próxima semana y el horario de sesiones fotográficas. Estúdialo con cuidado, chica.

-¡No me lo tienes que decir dos veces!

Ookuninushi hizo amago de retirarse, pero se detuvo al oír a Yukine.

-¿Y qué se supone que presentaremos en una semana para grabar?

-Chico, ése no es mi problema. Tendrán que sentarse ahí a sangrarlo si es necesario. -Alcanzó uno de los objetos que había dejado sobre la bocina al entrar, y se lo arrojó al joven. – No están en posición de dudar qué hacer. Necesitan superar esto.

-¿¡Esta es…!?

-Vino hace un rato a dejarnos varias copias como regalo. ¡Que lo disfruten! -Riendo a carcajadas, el encargado se retiró del cuarto.

-¿¡Es en serio!? – Exclamó Yato al ver la portada - ¡No creí que terminarían tan rápido!

Hiyori se asomó por detrás del hombro de Yukine. Viina reposaba una mano enguantada en el respaldo de una sencilla silla de madera, vacía. El fondo de la fotografía era negro y la rubia parecía emerger de las sombras. Una desagradable sensación comenzó a formarse en la boca de su estómago. Al retroceder ligeramente, sintió uno de sus hombros topar con una superficie suave, pero firme, y cálida. Yato se encorvaba un poco sobre ella, y su hombro había chocado contra la parte externa de su pecho. Sin mirarla, acercó los labios a su oído.

-Yo creo en ti, Hiyori. Podemos hacerlo.

El sonido cálido de su voz resonó hasta el último de sus nervios, y se dio cuenta de lo mucho que comenzó a desear estar cerca de él. La adrenalina le aceleró el corazón mientras, con toda alevosía, cerró la distancia un poco más inclinando su cabeza ligeramente en su dirección, ruborizándose de inmediato, sintiendo un leve pinchazo de culpa al dejarse llevar tan deliberadamente por su instinto.

-¿Cómo te sientes? -Preguntó en un susurro tembloroso. Yato aún llevaba las curaciones que su hermano le había hecho.

-Como carne molida. Pero estaré bien.

Hiyori lo miró con gesto compungido, y Yato, incómodo, aprovechó su cercanía para chasquearle la punta de la nariz.

-No te atrevas a disculparte. Estoy bien. – El chico puntualizó la última frase, para dejarle bien en claro sus palabras. Hiyori se quedó muda, y Yato dijo en voz alta a los demás: -¿Qué esperamos? Pongan ésa porquería, quiero escuchar.

Treinta minutos más tarde, sentados en el sillón de la sala de ensayo frente a una bocina conectada a un reproductor de música, Hiyori observó a Yato abrir su celular y tipear una sola palabra.

"Bastardo".

Luego buscó el contacto de Kazuma y presionó "Enviar".

Viina casi escupe su sorbo de té al escuchar la repentina carcajada de Kazuma, sentado frente a ella en su silenciosa sala.


Una de las cosas favoritas de Hiyori al respecto de éste lado de la moneda con respecto a Yato era que, a pesar de no poder dejar de lado la ansiedad de no haber definido muy bien qué clase de relación tenían, parecía no haber cambiado en nada, a menos que realmente te detuvieses a mirar.

Conforme se iban ocupando en componer y grabar la parte de los instrumentos, los períodos de tiempo en que podían verse se extendían al grado en el que era raro cuando no pasaban la tarde juntos. Más de tres veces por semana Hiyori salía de su instituto y se encaminaba directamente al estudio de grabación. El saludo poco variable de todos los demás dejaba que la forma tan sutil que Yato tenía de mirarla al saludarse resultara aún más evidente. Era una mirada difícil de descifrar, pero Hiyori tenía la sensación de que el joven se hallaba casi incrédulo de verla ahí, una vez más. En ocasiones cenaban todos juntos, y otras veces terminaba en la sala del departamento de Yato, demasiado consciente incluso de la forma de mover sus brazos. Las pocas ocasiones en las que Yukine no los acompañaba, o se retiraba temprano, era el momento en el que ambos exploraban los nuevos límites de lo que sea que hubiera entre ellos.

Yato estaba completamente seguro de que a pesar de lo irremediablemente atraído que se sentía por Hiyori, gran parte de las cosas que su instinto pedía (rogaba) por que hiciera, estaban más allá de cualquier límite marcado por la decencia y sería mejor que murieran en las profundidades de su cerebro. Estaba determinado a obedecer cualquier límite y atenerse a cualquier condición que la chica le pusiera. El problema parecía ser que ella ni siquiera sabía dónde poner los límites. E incluso (y ésta revelación le puso los cabellos de punta) también parecía como si Hiyori quisiera llevarlo todo demasiado lejos, demasiado pronto.

Lo notó cierta ocasión en la que se habían quedado solos en la sala de su casa, y a pesar de ser capaces de hablar como antes, Yato percibió el cambio de ambiente ya adentrados en la conversación. Ambos se hallaban sentados cerca, pero la chica hacía un gran esfuerzo por atraer su mirada y mantener el contacto visual lo suficiente como para comenzar un beso. La ansiedad lo hizo sugerir acompañarla a la estación más pronto de lo normal, y la actitud desconcertada de Hiyori le hizo darle más vueltas al asunto de lo necesario. Estaba perfectamente consciente de que el hecho de estar en su casa lo dejaba en una terrible situación; no acceder a lo que Hiyori quería resonaba en contra de todo lo que él mismo deseaba, y sin embargo hacer lo que en realidad deseaba podía ser visto como un acto abusivo y vil.

No se percató que habían llegado a la estación hasta que la chica se detuvo y giró sobre sus talones, encarándolo para despedirse. La expresión de su rostro era devastadora: aún sin haberlo querido, era evidente que la joven se sentía muy herida.

-Lamento haberte incomodado, Yato. ¡Nos vemos pronto! -Dijo Hiyori, y de nuevo se dio la vuelta para pasar por el torniquete.

El joven la detuvo por la muñeca y la atrajo hacia sí, prácticamente hundiéndole los labios sobre la boca.

Hiyori se olvidó de todo decoro y le arrojó los brazos al cuello, dejando que las manos de Yato la envolvieran por la cintura mientras succionaba con cuidado su labio inferior. Al sentir ambos cuerpos juntos ella no pudo evitar suspirar, ante lo que el joven reaccionó besándola con vigor, acercándola más con la otra mano puesta en su nuca. Esos segundos de deliciosa presión la instaron a buscar más, rozando con la lengua un tanto de la curvatura de sus labios, y acabó demasiado pronto cuando Yato comenzó a responder para después empujarla suavemente por el torniquete. El joven se despidió, con una sonrisa devastadoramente culpable, dejándola con los ojos vidriosos y el aliento entrecortado.

No dejó de torturarse todo el camino de vuelta a su departamento. La palabra "idiota" resonó un millón y medio de veces en su mente, repasando una y otra vez la acción -el rostro de Hiyori a punto de romperse, y sus palabras; y la reacción -él, perdiendo por completo el poder de reprimirse. Le repugnaba, y al mismo tiempo le preocupaba, lo simple que era para él perder el control al tratarse de ella. El silencio mental al que la chica lo inducía resultaba el ambiente propicio para simplemente desconectar su parte pensante y convertirse en un cerdo en cuestión de segundos. Observó el río que destellaba tímidamente reflejando la ciudad, y encendió un cigarrillo de frustración. Una vez más recordó su rostro, su propia mano impulsada por ésa alarma encendida en su cabeza tomando la delicada muñeca y atrayéndola hacia sí, sus labios pequeños tratando de responder torpemente a sus embistes, la curva de su cintura y el calor de sus formas al presionarse contra él, qué sencillo hubiese sido despojarle de todo ahí mismo, tan pequeña, tan indefensa, y olvidar la lista de actos ilegales en público…

El mensaje de texto hizo vibrar su celular en el bolsillo, haciéndolo saltar, tirando la larga tira de ceniza consumida de su cigarro y quemándose la mano. Mascando un insulto, buscó el aparato en su pantalón y leyó el nombre de Hiyori en la pantalla.

"Ya estoy en casa. Gracias por todo hoy. También por lo de hace rato, aunque definitivamente me tomó por sorpresa."

El mensaje terminaba con un emoji apenado, y a Yato las vísceras le dieron un vuelco al percatarse de lo valiente que había sido ella al contactarlo primero. Estaba a punto de responderle cuando cayó un segundo mensaje.

"Siento haber tratado de forzar las cosas. Me da mucha vergüenza comportarme así contigo y hacerte pensar que quizás tengo más experiencia de la que aparento, jaja. No es nada por el estilo. De nuevo te pido una disculpa." Esta vez el emoji apenado le hizo perder los estribos, y presionó el botón de llamada tan rápido que cuando escuchó su voz, volvió a maldecir su completa falta de control.

-¿Yato? ¿…Qué pasa? – preguntó ella en voz entrecortada por la preocupación.

-¡No tienes nada de qué disculparte! -disparó él. Trató de detener su raudal de ideas, pero estaba hablando antes de pensar. -¿Piensas que acaso por ser una chica está mal que inicies las cosas? ¡Tienes poder de decisión! ¡Especialmente si es sobre tu propio cuerpo! ¡Yo sólo quiero tomar las cosas con calma porque soy un maldito animal y no quiero hacerte daño! ¡Tú decides hasta dónde llegan las cosas y no por eso nadie tiene derecho de juzgarte de ningún modo! ¡Ni siquiera yo! ¡Y de todas maneras si lo pensara de ése modo ni siquiera habría dejado que te me acercaras en primer lugar! ¿Entiendes?

El silencio sepulcral del otro lado de la línea le heló la sangre, hasta que escuchó una corta y tenue risa.

-Gracias, Yato. Eso me hace sentir mucho mejor. –El muchacho soltó un suspiro que no sabía que estaba aguantando, y ella volvió a reír.

-Hay demasiadas emociones en mi estómago en este momento. – Masculló Yato.

-Dímelo a mí. -Respondió Hiyori, sentada en la mesa baja de su habitación, tratando de completar la tarea del día siguiente. – Te escribí porque no podía concentrarme.

-¡Qué pareja!

-¿Pareja quiere decir que me tomas en cuenta como…?

-¿…Mi novia? Pensé que era un tanto evidente.

-Es decir… nunca lo hablamos en realidad.

Yato volvió a suspirar. ¿Qué carajo le hacía?

-Decir que lo eres en realidad me suena demasiado… simple.

-¿Qué debería decir que somos?

-¿Piensas decírselo a alguien?

-Bueno… -dudó unos instantes. Era una idea con la que vacilaba todavía. -No creo poder mantenerlo escondido de mis padres mucho tiempo.

-¿Hablas de la banda? -Yato encendió un nuevo cigarrillo.

-No, hablo de ti.

-Eso es muy sencillo, -dijo, expulsando lentamente una bocanada de humo, que se perdió en el cielo encapuchado. -diles que te amo.

En un corto instante, que para ella duró una eternidad, Hiyori se derritió sobre sus libros de texto con un suspiro que hizo que Yato sonriera del otro lado de la línea. Dejó que cada fibra de su cuerpo se retorciera en la dulzura inesperada de sus palabras y se reconstruyó a sí misma, sintiéndose poco a poco recobrar las fuerzas lo suficiente para abrir los ojos y darse cuenta de la pieza faltante.

-Quiero estar contigo.

-Falta muy poco para mañana – Rió él, recargándose en el parapeto del balcón, sintiendo el pecho demasiado pesado.

-Lo sé. Yato… – lo llamó, y nunca su nombre había sonado tan encantador, - gracias por lo del principio. No tenía idea de que pensaras así.

-Eres una persona fuerte, Hiyori. Se nota detrás de la capa de mentiras que te ha hecho creer el mundo en el que vives. Necesito que tú lo veas también.

-Gracias.

-No lo agradezcas.

-Te amo.

Hiyori cortó la llamada de inmediato. Yato terminó de fumar su cigarrillo mientras se normalizaban sus latidos, y luego entró en su habitación. Comenzaba a nevar. En su ensoñación, las motas de nieve se convirtieron en pétalos de cerezo.


Ése maldito pasillo de nuevo. La frialdad de la casa se empeñaba por apoderarse de sus brazos que se movían de habitación en habitación, buscando algo con impaciencia. Su cuerpo ardía y finalmente encontró su recámara en la que la bestia se desangraba, perdiendo calor con cada segundo que pasaba. Nora estaba ahí, mirando el charco de sangre formarse, diciéndole lo disgustado que estaba su padre. Él debía estar parado del otro lado, de espaldas a la ventana, pero ahora estaba detrás de ella, y la diferencia de estatura era evidente. La apartó de un brusco empujón y desapareció en la negrura del cuarto. Tomó el pelaje blanco, moribundo, y en sus brazos sintió la transformación a piel tersa y desnuda que le alborotó los sentidos. El olor mutó también, y su garganta profirió un gemido de intenso placer al ver el rostro abandonado a la lujuria de Hiyori. La besó como quiso, donde quiso, y su piel se erizó al escucharla gritando su nombre, con el aliento cada vez más acelerado. Se hundió en ella, hambriento, acariciando con violencia sus pechos de suavidad enloquecedora, sintiéndose al borde del colapso cuando con angustia se dio cuenta de que sus gritos eran de terror, de dolor, y que la cara de la persona frente a él evocaba a alguien completamente distinto.

-¡Sakura!

Se sentó en el futon, sudando. Miró desconcertado a su alrededor. Estaba en su departamento, solo. Revisó el reloj de su teléfono y pasaban de las cuatro de la mañana. Se levantó por un vaso con agua sin titubear, pero notando el incómodo bulto en su entrepierna y los restos de lágrimas de sus ojos.


Yukine se encontró con Hiyori en la conspicua entrada del estudio de grabación, camuflado por un edificio de oficinas como cualquier otro.

-¿Hablaste de algo con Yato anoche? -preguntó el adolescente, perspicaz, mientras presionaba el botón del ascensor. Pretendió no notar lo roja que Hiyori se tornó en segundo y medio.

-¡D-de nada en especial, Yukine-kun! ¿P-p-por qué preguntas?

-Llegó a las siete de la mañana y no ha dejado de trabajar. Tenemos canción nueva y la mitad de otra. -La miró directamente a los ojos, antes de que se abrieran las puertas en el piso correcto. -¿Discutieron o algo?

Ella no respondió, pero le respondió su mirada inquisitiva con otra completamente desconcertada.

Al entrar, Yato les pidió que no hablaran por un segundo levantando una mano, sin voltear a mirarlos. Tenía los audífonos calados sobre los oídos y la otra mano en la frente, recargado sobre una mesa de control de audio. En realidad, estaba haciendo tiempo para disipar el recuerdo recurrente de lo que había soñado esa misma mañana. Suspiró muy despacio y se giró a mirarlos, quitándose los audífonos.

-Ya revisaste el máster tres veces, maldito esquizoide. -Espetó Yukine. -Y me hiciste revisarla otras dos.

-Falta el visto bueno de quien la va a cantar. -Apuntó Yato, con un dejo de obviedad, poniéndole los audífonos a la chica, que lo miró preocupada.

-Deberíamos internarte por loco. -se cruzó de brazos el chico, tratando de ocultar el alivio de que todo estuviese bien entre los dos.

-¡Un consejo, Hiyori! -Le gritó Daikoku para que la oyera por encima de los audífonos. Llevaba una toalla empapada colgando del cuello. Parecía que acababa de correr un maratón. -¡La primera vez dile que todo está mal o te hará escucharla otras 20 veces hasta que se lo digas!

-¿Lista? -Le preguntó Yato, dirigiéndole una intensa mirada desde el control. Ella asintió vigorosamente.

Yato observó sus cambios de expresión con atención, y las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba cuando Hiyori entreabrió los labios, atónita. Se removió los audífonos una vez que terminó.

-¿Y bien? – presionó Yato, al verla dudar con las palabras.

-Es lo mejor que has hecho hasta el momento.

-No tiene letra.

Hiyori lo miró a los ojos y frunció el ceño, luchando por entender lo que implicaba. Yato se mordió el labio inferior, sonriendo culpable. Daikoku se acercó a Yato por detrás y le propinó un sonoro coscorrón.


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que posteé un episodio, pero no quería terminar el año haciéndolos pensar que no voy a volver nunca, así que me apuré a terminar.

Siento que después de llegar a uno de los puntos principales de la historia me relajo tanto que me cuesta retomar el ritmo de la trama. Eso sumado a que enfrentar a Hiyori y a Yato en una relación que nunca hemos visto ha sido sumamente difícil, me ha hecho pasar días y días releyendo lo que había escrito y borrando y escribiendo de nueva cuenta. Finalmente llegué a un punto en donde me gustaba el desarrollo de su relación, y decidí postergar un poco más el lemon que había estado planeando que cayera por estos capítulos. Sí subí un tanto de tono la temática de la trama ahora que estamos llevando el barco a aguas inexploradas, pero creo, CREO, que aún no califica como un M. Si desean que cambie la clasificación, o si les es molesto el lemon, déjenme un comentario. Estoy nerviosa al respecto ya que sería el primer lemon que publico en mi vida así que soy demasiado crítica con él aún, a pesar de que lo tengo escrito en su mayoría en trozos sueltos.

En fin, los dejo antes de extenderme más. ¡Felices fiestas a todos!