«El problema es que no quiero volver a casa»
—¡Nada de caras largas, Sora!
—Lo sé, pero...
—¡No hay peros que valgan.
Donald sintió un acceso de compasión hacia el chico.
De entre todas las fuentes de energía disponibles en la galaxia, los ingenieros de la Nave Gumi habían decidido abastecercerla con la mas impráctica de todas. Por no hablar que curvar el pico era de lo más incómodo para un pato.
Dicha elección estaba en perfecta sintonía con la sabiduría popular de su mundo de origen («Para una mente de espíritu sencillo, una montaña de problemas no es más que un amasijo de plumas», decía un dicho de Oswald el Conejo Afortunado). Pero Donald, escéptico por naturaleza y acostumbrado a codearse con las ramas más sofisticadas de la magia foránea, encontraba que la sonrisa era un combustible obsoleto y confuso en exceso. ¿Bastaba con una mueca forzada o el término hacía alusión a algo más profundo? Estas dudas lo habían llevado a quedarse varado en más de una ocasión. Por contra, amigos y compatriotas de mentes más simples que la suya no parecían tener problema en suministrar combustible a sus vehículos.
Le soprendió descubrir a Sora planteándose las mismas cuestiones.
—¿Funciona aunque no sonrías de corazón?
—Es una buena pregunta —terció Goofy.
—Sí, no es propio de ti. —Donald lo escudriñó con una mirada suspicaz—. Debes estar enfermo.
—¿Pensabas en tu hogar? —preguntó Goofy sin disimular su preocupación.
—No. Bueno, sí. Es solo que... —Tenía dificultades para encontrar las palabras adecuadas. Deseó ser Riku, que tenía un don especial para describir sensaciones complejas—. Pensaba en casa, pero no exactamente de esa forma.
Habían pasado muchas noches desde la tormenta que lo alejó de casa, y tal vez el problema radicaba en que ignoraba el número exacto. En algún momento dejó de contar. Ahora que tomaba conciencia de este hecho comprendía a su vez lo mucho que había cambiado. Se hallaba tan lejos de sí mismo como de la isla que lo había visto nacer.
Quería volver, pero también temía lo que pudiera encontrarse a su vuelta.
—Estoy confundido. He visitado tantos lugares que nunca pensé que vería y he conocido a tanta gente que... Cada despedida me confunde más.
Mientras hablaba la nave fue reduciendo su velocidad hasta quedar prácticamente varada en la inmensidad del espacio.
Vio que Goofy le sonreía. Era una de esas sonrisas amables que tienen por fin quitarle hierro a un asunto.
—Es normal —compartió una mirada cómplice con Donald—. Nos pasa mucho a los que vamos de un lugar para otro. Al final, allí donde tengas un amigo tendrás también un hogar.
—¡Por eso es tan importante nuestra misión! —intervino Donald, señalando con su báculo a la ventana de la cabina de mandos—. No debemos dejar que sus mundos acaben consumidos por la oscuridad.
—Tenéis razón —convino Sora—. Gracias, chicos.
Al comienzo de su aventura, cuando estuvo sumido en una densa negrura, la idea de volver a casa era lo único que arrojaba luz sobre su existencia. Ahora todo su mundo se había llenado de luces de todo tipo era difícil no verse deslumbrado por todas ellas.
La nave Gumi reanudó su marche y se abrió paso a través de la silenciosa penumbra del espacio.
Inspirado en Travelling.
