Misaka esperó unos minutos y luego fue a la habitación a acompañarlo. Lloraba al verlo así, pero no le decía nada. Accelerator sollozaba como un niño pequeño. Misaka le hacía cariño y de repente, lo abrazaba con dulzura, pero no le decía nada, quería que desahogara todo lo que tenía en el pecho acumulado por años. Él había vivido engañado y casi odiando a sus padres y así mismo, por el daño que les había provocado. Eso sumado al abandono. Pero ahora se daba cuenta de que todo era mentira. Había sido utilizado y engañado. Sus padres habían sido asesinados por su causa. Ellos lo habían querido, aún lo querían. Habían muerto por ese amor. Ellos nunca lo habían abandonado, lo habían ido a buscar y él nunca lo supo. Se sentía un imbécil por creer lo que le habían dicho. Más que había creído sin dudar, todo lo que le habían dicho unos extraños….

El lloró hasta quedarse dormido. Misaka se acostó a su lado e intentó dormir, pero a ratos él despertaba y las lágrimas volvían a brotar.

Pasaron algunos días y la actitud de Accelerator no dejaba de sorprender a Misaka. No tocaba el tema. Andaba por la vida como si nada, fingiendo que nada había pasado. Andaba frío y muy distante de Misaka, apenas le hablaba… en las noches la evadía y se dormía de inmediato se acostaban. No dejaba que lo abrazara y si podía, dormía solo en el living.

Misaka intentaba comprender, lo miraba y lo esperaba. Pero al ver que la cosa no mejoraba, reunió el coraje y le preguntó:

- ¿Qué pasa Accelerator? ¿Por qué no quieres hablar del tema?

- ¿Hablar de qué?- le ladró

- De lo que te sucede… de tus padres- le contestó ella con paciencia.

- ¿Por qué? ¿Para qué?

- No sé, creo que deberías hacerlo, deberíamos conversarlo… estás tan distante…

- Ya te dije que no- le respondió molesto - ¿Para qué? si ya sabes todo…

- ¡Quiero saber cómo te sientes tú al respecto!- le dijo angustiada

- ¡Cómo un imbécil!- ¿Feliz? ¿Eso querías escuchar?- pues bien, ahí lo tienes….

- ¿Por qué crees que querría escuchar eso?- le preguntó ella molesta

- ¿Por qué eso crees que soy? ¿Verdad? ¡Un imbécil que le hicieron creer lo que quisieron!- y que no hizo nada más que seguir las órdenes de unos malditos asesinos… quienes me convirtieron en lo que soy hoy, un sádico, sediento de sangre y de poder… alguien que asesinó por placer, por venganza de algo que nunca fue verdad…

- En ningún minuto he pensado eso- le dijo ella lastimada

- Pues deberías- le dijo- No me conoces… no sabes todo de mí…

- Se lo suficiente- le respondió ella con ojos llorosos

Él la miró y dudó, luego le dijo:

- Misaka… voy a irme por unos días…

- ¿Qué?- le preguntó ella

- Si, quiero tener paz y tranquilidad para pensar que voy a hacer de ahora en adelante…

- ¿Qué significa eso?- le preguntó ella con las mejillas empapadas de lágrimas, nada en el mundo la hubiera preparado para esas palabras.

- Qué me voy, ya puedes cuidarte sola. Además ya nadie te busca ni nada…

- ¿Pero cuándo volverás?- le gritó ella sin poder creer aún lo que él le decía

- No sé, dame un tiempo…

- ¿O sea que era mentira de que me amabas?- le escupió ella llorando a mares

- Sabes que eso no es así, sabes que te quiero…

- ¿Pero entonces? ¿qué pasa?

- Ya no te seré útil…

- ¿Pero cómo me dices eso?- le dijo cayendo al suelo y sollozando sin poder creer lo que sucedía.

- Quiero paz, quiero poder pensar y contigo encima todo el tiempo no podré hacerlo. - ¡Mira cómo te pusiste ahora!- no quiero este tipo de escenas….

- ¡Qué cruel eres!- le dijo ella - Me puedes decir ¿Cómo quieres que me ponga?

- ¿Recién te das cuenta que soy un hombre cruel?- ¡Ja! - y yo que te hacía más inteligente….

Misaka se puso tan furiosa, que sus ojos se pusieron azules brillantes…

- ¿Qué? ¿Me vas a atacar?- le preguntó él un poco amedrentado

- Si paz es lo que quieres, no es necesario que te vayas, me puedo ir yo- Me puedo ir con Sensei…

- No, yo me iré…

- Este es tú departamento- le dijo ella

- No me importa, quédate aquí… cuando vuelva veremos qué hacer….

- Puede que cuando vuelvas, no esté más aquí- dijo ella levantándose del suelo y secándose las lágrimas

- ¿Estás terminando conmigo acaso?- le preguntó él incrédulo

- El que se está yendo eres tú, no yo… tú eres el que piensa que te creo un imbécil y poco útil…

- Cómo quieras mocosa- le dijo él yéndose y encerrándose en su pieza, para comenzar a arreglar una mochila con sus cosas.

Accelerator se encontraba listo para salir, cuando Misaka se fijó en la mano derecha de él. Le sorprendió ver que se había quitado la argolla de matrimonio.

- ¿Acaso no vas a usar tu argolla?

- A dónde voy no es sensato que la use- le respondió mirando hacia el suelo

- ¿A dónde irás?- le preguntó ella temiendo lo peor

- No te lo diré- le respondió él

- Si tú no la usas, yo tampoco lo haré- le dijo Misaka sacándose su argolla de la mano y dejándola a un lado.

- Cómo quieras- dijo él haciendo caso omiso. Pero no podía negar que eso le había dolido.

Luego avanzó por la habitación, cruzó el departamento y tomó la chapa de la puerta para salir de aquel lugar el cual había su hogar por muchos años.

- Hasta algún día entonces- le dijo Misaka

- Si, ya veremos- dijo él cerrando la puerta y dejando a Misaka en un estado de completa agonía y desesperación.

Misaka tenía la esperanza que él volviera. Tuvieron que pasar largos días, eternas semanas y un par de meses para que ella se diera cuenta de que él no, probablemente no volvería.

Tuvieron que pasar tres días para que ella pudiera tomar el teléfono para llamar a Sensei y contarle. Las palabras fueron escuálidas:

- Sensei, se fue, él me abandonó- para luego cortar tras no poder aguantar el llanto.

Al llegar, Sensei encontró a una Misaka completamente destruida y desmoralizada. La niña, pasó varios días enferma. Lloraba mucho y estaba en muy mal estado. No podía comer absolutamente nada. Todo lo que comía lo devolvía de inmediato. Se afiebraba fácilmente. Llegó a estar tan mal, que Sensei había pensado en hospitalizarla. Misaka que tenía el poder de sanar a quien fuera, parecía haber perdido las ganas de vivir.

Sensei había optado por llevarse a Misaka a su casa, aún en contra de su voluntad, ya que ella tenía la esperanza que él se arrepintiera y volviera, pero ya habían pasado varios días, y no sabían nada de él.

- No te preocupes – le había dicho Sensei- Cuando vuelva, al primer lugar que irá será mi casa – le dijo a fin de convencerla.

- No quiero ser una carga para ti, siempre lo he sido- le dijo Misaka, pero Sensei no le hizo caso y se la llevó consigo. Si Sensei hubiera tenido frente a ella a Accelerator, le hubiera sacado los ojos con sus propias manos….

Una noche estaba tan mal, que fue visitada por el Arcángel Miguel. El Arcángel se había apiadado dada la angustia de la pequeña Sensei. Al llegar, toda la casa se iluminó con su luz celestial. Él con sólo tocar su frente, hizo desaparecer los síntomas físicos que la atormentaban. Su sola presencia le daba una increíble paz a su alma. Esa noche, fue la primera vez que logró dormir en forma profunda.

Misaka apenas alcanzó a decirle un tímido: "gracias". Mientras que Sensei se deshacía en agradecimientos. Gracias a él, la fiebre había bajado y su aspecto había mejorado notoriamente.

El tiempo comenzó a pasar y Misaka comenzó a acompañar a Sensei a dar clases. Logró obtener un permiso especial, con el cual se le autorizó a ser la asistente de Sensei.

Por supuesto que la verdadera identidad de Misaka, estaba oculta. Nadie sabía quien era ella en verdad. Salvo el Director y Sensei.

Pronto las habilidades de Misaka comenzaron a ser notorias en la escuela y era muy querida y apreciada por los alumnos. Si bien, la querían y apreciaban mucho, la habían apodado "la Sensei de los ojos tristes"

El poder estar en la escuela de ciudad academia, y al poder pasearse libremente por ella, pudo conocer las distintas clases que ahí se impartían. Tanto prácticas como teóricas. Sensei daba las clases teóricas, pero a Misaka le gustaban más las clases prácticas. Ella recordaba claramente cómo había sido su proceso de enseñanza y lo difícil que había sido para ella poder canalizar sus poderes, pero al final había podido dominarlos, y creía poder ser capaz de enseñar a otros el cómo hacerlo.

Los demás profesores, gustaban de su compañía, y la dejaban ser participe de sus clases. A Misaka le gustaba verlos enseñar. Le gustaba aprender cómo hacían las cosas y a parte de aprender siempre pensaba la forma de cómo mejorar las clases o qué haría ella distinto.

Eso la despejaba de su profunda tristeza. La hacía feliz estar en la escuela, viendo a todos los niños y jóvenes que ahí aprendían. Odiaba el momento de dejar la escuela. Odiaba llegar a casa de Sensei a recordar que había sido abandonada por el hombre que amaba y al cual amó desde el día que lo había conocido. No había noche que ella no llorara por él.

(*******)

Habían pasado dos meses desde su partida, cuando Misaka miró al cielo de su habitación y preguntó en voz alta:

- Miguel ¿Estás por ahí?

- Siempre- le contestó él

- ¿Sabes de él? ¿Está bien?

- Sí Mikaela sé de él… sabes que puedo verlo todo….

- ¿Está bien?- le volvió a preguntar

- Sí- le respondió

- Me alegro- dijo ella sin poder evitar controlar el llanto - Por favor cuídalo, no dejes que nada malo le pase…

- Está siendo protegido por Uriel, él está a su cargo…

- ¿Qué dices? ¿Por Uriel dices?- preguntó ella preocupada y sorprendida

- Si, bueno, esa es una de sus penitencias- le dijo el Arcángel sonriendo- Aunque te diré que no le agradó mucho la idea…

- ¿En qué está? ¿Dónde está?

Miguel miró la desconsolada mirada de Mikaela, y le dijo:

- Ahora en Rusia….

- ¿Qué hace allá?- le preguntó

Miguel dudó en contestarle. La verdad podría ser demasiado dura de escuchar en estos momentos para ella…

- Se está buscando así mismo- optó por responder

- ¿Cómo? – le preguntó ella

- Por ahora no te diré más, se supone que no debo intervenir. Él no quiere que tú sepas y los humanos tienen derecho a vivir sus propias decisiones….

- Miguel… - susurró sollozando más fuerte aún

- No me gusta verte así Mikaela- le dijo él poniendo su mano delicadamente en su cabello a modo de consuelo, contacto que le transmitió a ella mucha paz.

- Gracias por venir- le dijo ella

- Cuando gustes, siempre contarás conmigo- le dijo colocando su mano nuevamente en su frente para hacerla caer dormida de inmediato.

Luego de esto, el Arcángel la miró detenidamente por unos momentos, la acomodó delicadamente en su cama y acto seguido desapareció.

- ¡Uyyyyyy- parece que un Arcángel está enamorado!- bromearon los demás Arcángeles Gabriel y Rafael molestando a Miguel una vez reunido nuevamente con ellos.

- ¿Pero qué tonteras dicen?- los reprendió él molesto. -Sólo que no me gusta verla así. Ella debería estar acá con nosotros y no sufriendo dolores terrenales.

- Eso es verdad- le contestó Gabriel mirando a Mikaela desde el cielo - Pero ella quería eso….además que es la guardiana designada por Dios…

- Mikaela es muy inocente y buena, sólo sabe amar- dijo Rafael. - Démosle un tiempo más y si las cosas no mejoran, la traemos con nosotros… de seguro, Dios no se opondrá…