De Acurrucos y sorpresas.

Ya llevaba sin subir capi más de una semana. Qué Vergüenza. (_ _)

Akaashi abre los ojos sobresaltado, un sonido agudo inunda la habitación taladrando sus oídos, se encoge bajo la cobija cubriendo su cara con la almohada, Un gemido adolorido sale de los labios de Akaashi al momento en el que despierta, resiente sobre sus músculos el ejercicio al que han sido expuestos los dos últimos días pronto los quejidos molestos de sus compañeros se unen al estruendoso pitido.

-¡Lo siento! ¡Lo siento, me están llamando!-. Se excusa apesadumbrado uno de sus compañeros desde el otro lado de la habitación, no sabe con exactitud quien, la pequeña parte de su mente que está lúcida se encuentra muy ocupada lidiando con las punzadas que recorren su cuerpo, quita la almohada de su cara y parpadea un par de veces, el cuarto está a oscuras y no puede ver más que las siluetas borrosas de sus compañeros que mascullan improperios contra el dueño del celular que busca con frenesí el aparato entre las cobijas del futón.

Akaashi vuelve a cerrar los ojos, el sonido se detiene unos segundos después, exhala aliviado e intenta darse la vuelta, se sorprende al darse cuenta de que no puede mover la parte inferior de su cuerpo, ¿acaso estoy tan adolorido que ni las piernas me responden? desorientado levanta la cabeza, suelta un respingo al escuchar muy cerca de su oído una voz aletargada que murmura un "¿qué pasa?" Akaashi está ahora completamente despierto, gira su cabeza hacia un lado y se queda sin respiración al caer en cuenta de que el rostro de Bokuto se encuentra a escasos centímetros del suyo.

Akaashi levanta con lentitud la cobija que cubre su cuerpo, ve un brazo que rodea su cintura y una pierna que descansa encima de la suya, Bokuto tiene medio cuerpo encima del suyo.

Estupefacto regresa la mirada al rostro de Bokuto, a esa corta distancia puede notar que los ojos del chico continúan cerrados mientras su cuerpo se revuelve bajo las cobijas intentando despertar, una mano palpa con languidez su cintura por encima de la ropa y un instante despues siente el cuerpo encima suyo tensarse.

-Bokuto-san-. Su voz es un susurro quebrado, olvida el dolor de sus músculos, lo único que su cerebro registras es como parece quemar la piel bajo la mano de Bokuto.

Bokuto hace un amago de moverse y las palabras se atoran en su garganta.

–Bokuto-san, está bien-. Su voz es apenas audible, mete la mano bajo la cobija y toma por la muñeca el brazo que comienza a alejarse de su cintura, mueve su cuerpo y pega su espalda al pecho de Bokuto que no mueve ni un músculo, Akaashi acomoda una de las piernas de Bokuto entre las suyas, la respiración tibia en la base de su cuello le provoca escalofríos.

–Es temprano todavía Bokuto-san, durmamos un poco más-. Coloca el brazo de Bokuto de nuevo alrededor de su cintura y cierra los ojos sin saber exactamente a cuál de los dos chicos pertenecen los latidos acelerados que retumban en sus oídos.

La segunda vez que Akaashi despierta es a causa del incesante pitido que sale de su celular, los lamentos de sus compañeros envuelven de nuevo la habitación. Coge el aparato y revisa la hora; es tiempo de levantarse, apaga la alarma y mira a su derecha descubriendo sorprendido el lugar donde duerme Bokuto vacío. Inquieto pasea la mirada sobre el cuarto, sus compañeros comenzaron a despertar . Su capitán no se ve por ningún lado.

Akaashi se pone de pie con dificultad, está doblando su cobija cuando la puerta se abre de golpe y aparece Bokuto, los chicos se quedan estáticos mirando anonadados a su capitán que se encuentra vestido, tiene una toalla alrededor de su cuello y su cabello peinado. Akaashi confundido mira la hora en su celular. No, su celular no está mal, tampoco cree tener alucinaciones, Kotaro Bokuto, Capitan y As del equipo está de pie frente a ellos, lavado, peinado, vestido y listo para empezar el día antes, incluso, de que empiece el día.

– ¡A levantarse todos! ¡Es el último día y no planeo perder ante esa pandilla de gatos! -. Grita a todo pulmón, y cruza el cuarto de dos zancadas hasta llegar a Akaashi que tiene la cobija a medio doblar entre sus manos y la mandíbula desencajada.

-Akaashi, vamos, el desayuno está listo-. Bokuto le quita la cobija con una mano sonriendo de oreja a oreja. Akaashi solo atina a asentir con la cabeza. Bokuto lo toma del antebrazo y le da un jalón suave.

-Los quiero a todos listos para desayunar en cinco minutos, la comida va a enfriarse-. Les ordena el chico dejando a sus compañeros aún más sorprendidos mientras arrastra a Akaashi fuera de la habitación.

No lo suelta hasta que atraviesan las puertas de la cafetería donde se encuentran a Yukie y a Kaori acomodando bandejas de comida, palillos y servilletas. –Akaashi ¿esa es tu ropa de dormir?-. Pregunta Yukie observando las ropas del chico.

Akaashi baja la mirada hacia la camisa grande y los pantalones desgastados que viste, con toda la confusión provocada por Bokuto olvidó por completo cambiarse de ropa. Ligeramente avergonzado se da la media vuelta para regresar a su habitación, no da ni dos pasos cuando Bokuto lo toma por lo hombros impidiéndole caminar.

–No importa Akaashi, ya estás aquí de todas formas-. El chico lo empuja hasta una mesa donde hay una bandeja de comida esperando –siéntate y come, te serví lo que más te gusta tengo que ir a por los del Nekoma-. Bokuto sale de la cafetería corriendo antes de que Akaashi pudiera siquiera darle las gracias o preguntarle qué le sucede.

-Se despertó muy temprano y vino a ayudarnos a preparar la comida-. Le informa Kaori tomando asiento a su lado.

–Aunque estorbó más que ayudo, los vegetales que veas cortados en formas extrañas son de su autoría-. Dice divertida Yukie sentándose igualmente en la mesa. -Uno pensaría que después de dos días no le quedarían muchas energías, pero como siempre es una caja de sorpresa. ¿Sabes que le pasa Akaashi? es la primera vez que se despierta por su propia cuenta- inquiere la chica metiéndose un trozo de zanahoria a la boca.

Akaashi que ha permanecido en silencio desde que fue arrastrado por medio edificio no puede hacer otra cosa que encogerse de hombros.

A los pocos minutos sus compañeros entran al gimnasio seguidos por los jugadores del Nekoma, es un desfile de ojos somnolientos, cabellos revueltos, bocas que se abren grandes para dejar salir un bostezo y de vez en cuando algún quejido al hacer algún tipo de esfuerzo físico. Ni siquiera se escucha el habitual barullo; risas estridentes y gritos que resuenan en la sala. Están todos muy cansados para eso. Al final del grupo va Bokuto acompañado de Kuroo que tiene el cabello mas desordenado que nunca.

Los chicos uno a uno toman una bandeja y se sirven el desayuno. Akaashi Observa a Bokuto que se encuentra muy ocupado intentando apilar la comida en su bandeja de una forma en la que no caiga, es toda una proeza arquitectónica. Los chicos del Fukurodani se acercan a la mesa y saludan al vice-capitan con un movimiento de cabeza o mascullan un "buenos días".

-No es que no me guste el volleyball- explica Komi llevándose una cuchara de sopa de miso a la boca–pero desearía estar en mi casa ahora mismo, en mi cama, durmiendo-. Muchos de sus compañeros asienten con la cabeza. –digo, los domingos se hicieron para descansar-. Termina el chico, parece que hasta masticar le duele.

-o viendo la televisión y comiendo frituras-. Comenta Washio jugando con un trozo de pescado a la parrilla. Otra ronda de asentimientos con la cabeza.

-El único que parece resignado es Akaashi-. dice divertido Sarukui, con su eterna sonrisa en el rostro.

-Por que ya se acostumbró, estoy seguro de que Bokuto no lo deja tranquilo ni los fines de semana "Akaashi, vamos al parque a jugar"-. Konoha hace una muy acertada imitación de su capitán, levantando los brazos y abriendo grandes los ojos que hace que todos sus compañeros se echen a reír.

Akaashi que sabe que el comentario de su compañero no es malintencionado sonríe –Si bien es cierto que Bokuto-san me pide que juegue con él los domingos Konoha-san, le aseguro que no tengo problemas con jugar con él ni estoy resignado, de hecho, es muy divertido-. Explica Akaashi al mismo momento en el que Bokuto llega a la mesa.

El contraste entre Bokuto y los demás chicos es más que evidente, parece que Bokuto no estuvo jugando los dos últimos días, no se queja ni hace muecas al moverse, tampoco parece como si fuera a caer dormido de cara en su bandeja de comida como lo hace uno de los chicos del Nekoma en ese momento, incluso la carcajada burlona de Kuroo suena apagada. Todo lo contario, es como un pajarito (un pajarito muy grande) que no se queda quieto, se revuelve en la silla y habla hasta por los codos, al finalizar el desayuno Akaashi se encuentra mareado y sus compañeros se miran unos a los otros confundidos.

-A veces me pregunto si Bokuto-san es humano-. Dice Onaga con un dejo de envidia en la voz.

-Onaga-kun se refiere a que está más energizado que de costumbre Bokuto-san-. Explica Akaashi al ver la expresión confusa de su capitán.

-Pase una muy buena noche, dormí sin ningún Bokuto mirando a Akaashi a los ojos.

El colocador siente un calorcillo que recorre su cuerpo hasta llegar a la punta de sus orejas.

Cada vez que Bokuto le dirige la palabra se inclina hacia él un poquito más en cada ocasión (Akaashi cree que en algún punto terminará con el capitán sobre sus piernas) y para cuando llegan al gimnasio Bokuto ya le ha sonreído diez veces, cada sonrisa más grande y brillante que la anterior (Akaashi no sabe cómo puede ser eso posible), cruza la puerta sonrojado, atontado y con el cerebro licuado.

Poco antes de colocarse cada equipo en su lado de la cancha Akaashi se acerca a Bokuto que no para de dar brincos y de picar al capitán del Nekoma con comentarios sobre cómo van a destrozarlos, le recuerda al chiquillo de cabello anaranjado del Karasuno, -Bokuto-san-. Akaashi lo llama y el chico se da la vuelta ignorando a Kuroo que responde divertido a sus provocaciones.

-Bokuto-san, intente no perder la concentración, temo que tanta energía pueda abrumarlo-. Dice Akaashi y Bokuto levanta un pulgar.

-¡Lo tengo todo controlado Akaashi!-. Vocifera confiado y le da un balón al chico –Ahora !a jugar!- exclama y trota hasta su lugar en la cancha. Akaashi da un respiro profundo intentando tranquilizarse, el también tiene que concentrarse en el juego.

La práctica comienza bien, Bokuto fiel a su palabra no pierde de vista el balón, hace remates y bloquea siempre que es necesario, terminan el primer set con una buena ventaja en puntos.

Para cuando el segundo set inicia los chicos del Nekoma redoblan sus esfuerzos y logran empatar en puntos en poco tiempo, eso provoca que los gritos de Bokuto aumenten de intensidad hasta tal punto que el entrenador lo amenaza con sentarlo en la banca si no se calma.

Pierden el segundo set cuando Kuroo logra bloquear un remate particularmente poderoso de Bokuto.

Los chicos hacen un circulo antes de inicar el último set, Akaashi no es el único al que se le está dificultando seguir el paso, sus compañeros respiran con dificultad y se masajean las piernas y los brazos.

-Chicos, se que están cansados, ha sido un fin de semana muy largo, pero confío en todos ustedes y en sus habilidades ¡si trabajamos juntos podemos llevarnos el tercer set y terminar el juego!- los ánima Bokuto mirando a cada uno de sus compañeros –¡Hora de volver a la cancha!-. les da unas palmadas en los hombros y el juego se reanuda.

El último set es implacable, nadie quiere perder, y ninguno de los dos equipos se da por vencido, atacan y defienden cada uno su cancha, cada apunto perdido es recuperado en la siguiente jugada. No hay grandes cambios en el marcador. Las palabras de Bokuto hacen efecto en sus cansados compañeros, se mueven con fluidez y sus miradas están llenas de determinación.

Al llegar a los treinta puntos Akaashi sabe que no podrán mantener mucho más ese ritmo, seca con el dorso de la mano el sudor que se acumula en su frente. Observa la pelota que viaja por los aires desde la cancha del Nekoma. Es ahora o nunca. Mira por el rabillo del ojo a Bokuto, este tiene la mirada fija en él. Akaashi hace una señal con su mano y el otro chico asiente con la cabeza.

El balón toca las llemas de los dedos de Akaashi y la envía alto hacía Bokuto, ve a cámara lenta como el chico da un poderoso salto, estira el brazo y al momento de tocar el balón lo remata contra el bloqueo que hacen Lev y Kuroo, por un segundo Akaashi no cree que el balón atraviese el bloqueo, pero entonces las manos de Lev se despegan, apenas unos centímetros y el balón termina golpeando el suelo de la cancha contraria.

-¡HEY HEY HEY! El grito de Bokuto resuena en todo el gimnasio. Akaashi se deja caer al suelo, sus piernas no dan para más.

-¡¿Akaashi! viste eso?!-. Akaashi asiente con los ojos cerrados –Fue increíble Bokuto-san, no esperaba menos del As-. Escucha unos pasos que se acercan a él. Abre los ojos, frente a él se encuentra Bokuto que está casi vibrando por la felicidad. Bokuto le extiende una mano, Akaashi estira su brazo y acepta la ayuda, se endereza y antes de poder siquiera ponerse de pie Bokuto corta la distancia que los separa y estampa sus labios contra los suyos.

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NOTAS

Gracias a tod s aquellas personitas que siguen mi fic.

Me encantó que vari s de ustedes me comentaran de qué color les parece que son los ojos de Akaashi, como sospechaba hubo muchas opiniones distintas ()

Me alegra que les divirtiera el plan que montó Kuroo con todos sus compañeros del Nekoma.

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Este fue un capi muy corto, lo lamento, el próximo será más largo, promesa de meñique.

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Si les gustó espero recibir un comentario y si no también.

Las críticas constructivas son bien recibidas.

Si ven cualquier error topográfico o una oración que no tiene sentido díganme también, a veces me distrigo y paso por alto unas cuantas cosas.

Me disculpo de antemano si tardo en contestar sus comentarios, soy un desastre.

Que pasen un bonito Año Nuevo y espero que el 2017 l s trate mejor que el 2016. Al menos en mi caso eso espero, si no creo que lloraré.

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