Hola!
Les tengo una sorpresa! Pues al final me convencieron y la voy a continuar. Peroooo...siempre hay un pero, no será tan rápido como quisiera. La historia ya está en mi mente y la iré escribiendo en cuanto tenga tiempo, sólo no se desesperen.
Les traje regalo porque posiblemente me ausente unos días, voy a aprovechar para escribir aunque les aviso que este fin no habrá actualización.
Y bueno, ya saben que en este tipo de historias no pongo notas al final así que de una vez les digo que si no recuerdan quienes son Bill Clinton y Monica Lewinsky, estaban muy chiquitxs cuando él fue presidente o peor aún, no habían nacido pues sólo googleenlo. :-3
Ya para terminar solo les recuerdo las advertencias:
a)Esta es una historia trata de 2 chicas, así que si te consideras homofóbico, piensalo dos veces porque no estarías aquí si fuera verdad.
b)No la lean en lugares públicos y si lo hacen pasen el link pa' que los demás sepan porque se mueven tanto en el asiento y
c) Es para mayores de edad. Si, como dijo una de las chicas, "se pasan la adv por el arco del triunfo" pues es responsabilidad de sus papás por no checar lo que leen jajajaja (saludos JessTistark )
Así que las dejo para que se relajen, pongan música ad hoc, luces bajas, Lena gimiendo su nombre...
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Capítulo 2
La oficina
Los gemidos ahogados de Lena apenas eran audibles en el baño de mujeres del último piso del edificio de CatCo.
Había pasado una semana desde que Lena se había entregado y Kara no hacía más que ignorarla sutilmente. Lo cual, en lugar de desalentarla, le provocaba muchísimo más. Apretó sus dedos contra su clítoris una vez más y se vino en silencio, mientras trataba de contener su respiración muy marcada.
En esa semana había tenido que masturbarse en varias ocasiones durante la hora de la comida, que era cuando la oficina se quedaba vacía, pues era tanta su excitación que cualquier movimiento le hacía cerrar los ojos y fantasear con su jefa, cuya oficina estaba a unos cuantos pasos de su escritorio. Eso sin contar el peligro de caminar en tacones con ese grado de excitación entre sus piernas, amenazando con doblar sus rodillas en cualquier momento.
Ese día se sentía especialmente "indispuesta" por algún motivo. Quizá por el provocativo vestido que Kara llevaba ese día. No era nada del otro mundo en realidad, solo un vestido negro sin mangas y cuello redondo, que le llegaba a medio muslo. Pero se pegaba deliciosamente a su cuerpo, marcando cada curva, haciéndole recordar lo que había debajo de la tela. Además, no solo el vestido, sino la manera de portarlo. Esa femineidad, la forma de caminar y los gestos que hacía de manera inconsciente, como soltarse el cabello y peinarlo hacia un lado con sus dedos o cada vez que se cruzaba de piernas y la prenda ascendía hasta casi dejar sus muslos descubiertos provocando la imaginación de Lena, que la observaba desde su escritorio, más concentrada en lo que hacía su jefa que en lo que decía la nota que estaba corrigiendo.
Cuando terminó, subió su tanga y se acomodó la falda, lavó sus manos con esmero y se dirigió a su escritorio, donde estaba su bolsa y dentro un tupper con el almuerzo. Tenía más ganas de volver a tocarse que de comer pero le quedaba poco tiempo y necesitaba recuperar un poco de energía.
Entonces escuchó esa voz profunda que le provocaba pensamientos impuros.
-Hoy no puedo, tengo cosas que terminar antes de irme...sí, ya sé que es viernes pero esto es urgente...supongo que sólo yo, todos quieren irse cuanto antes y creo que es mejor porque así podré concentrarme y acabo más rápido...por supuesto que lo quisieras.-dijo en un tono coqueto que hizo hervir la sangre de Lena- Bien, termino con esto y los alcanzo en el bar…¡por supuesto que no! Hoy no me veo como una aburrida oficinista….vale, entonces nos vemos más tarde y ya platicaremos.
Lena se fue sin hacer ruido para que Kara no supiera que la había escuchado, pero pensando que esa misma tarde Kara tenía una cita, aunque antes de eso se quedaría sola en la oficina.
Por la tarde cuando Kara les dijo a todos que se podían ir, Lena se despidió como de costumbre, tomó el elevador, bajó tan solo un par de pisos y salió. Sabía que ahí había una oficina desocupada, así que entró sigilosamente y se sentó a esperar a que el edificio se vaciara. Observó por la venta como la gente salía, se veían como pequeñas hormigas, dispersandose en todas direcciones. Estaba ansiosa por regresar. Se dedicó a retocar su maquillaje y justo antes de salir, quitó su tanga y la guardó en su bolsa. Estaba muy mojada y pudo oler su propia excitación. Dio un último vistazo y comprobó que nadie más salía. Se roció un poco de perfume y se dirigió de nuevo al último piso.
Tomó las escaleras, solo por si acaso y llegó al piso donde trabajaba. Lo encontró ya vació. El único indicio de la presencia de Kara era la música proveniente de su oficina y la rubia tarareando distraidamente.
Se desabrochó un botón y acomodó sus pechos para resaltarlos, caminó decidida.
Al entrar a la oficina encontró a la editora muy concentrada en documento, así que se acercó a ella y se recargó en el escritorio.
-¡Luthor! ¿Qué haces aquí?- preguntó al descubrir su presencia.
-Vengo por ti.
Kara la ignoró
-No deberías estar aquí, desde hace rato avisé que podían retirarse.
-¿Y perderme el tenerte a solas? Jamás. Llevo toda la semana con ganas de ti y quiero repetir lo que hicimos.
-Eso no debió pasar. Tenemos que olvidarlo.
A pesar de que la estaba rechazando, Lena reconoció ese brillo especial en sus ojos. Lujuria. Era lo único que necesitaba para convencerla.
-Pues pasó, ambas lo quisimos y lo disfrutamos. No puedo olvidar mi primera vez y lo sabes.- chantaje, siempre le había resultado.
-De haber sabido que eras virgen jamás habría sucedido, yo...lo siento, Lena.- Kara trató de volver a leer el papel que tenía enfrente.
-Pues yo no, desde ese día sólo quiero volver a tenerte entre mis piernas. Despertaste algo en mi, Kara.- vio la mirada asesina de la rubia- ¡Ups! Lo siento, estamos en la oficina. Necesito tenerla dentro otra vez, señorita Danvers.
-No, Luthor. No debió pasar y no volverá a suceder. Búscate alguien más, una novia o una amiga, yo que sé
Tomó la mano de Kara y la colocó sobre su muslo.
-Te quiero a ti.
Kara quería alejarse pero su mano no respondía.
-Vamos jefa, no es tan difícil. Para como me tienes solo serán unos minutos.
Lena llevó la mano más arriba, hasta su entrepierna y ambas gimieron. Lena al sentir el roce que le provocó una descarga eléctrica y Kara al notar la ausencia de ropa interior y lo húmeda que estaba. Lena empujó un poco su cadera y volvió a gemir.
Kara se mordía el labio, aspiró profundo y se maldijo ía que se iba a arrepentir pero su fuerza de voluntad flaqueaba con esa niña. Acomodó su mano e introdujo un dedo, sintiendo la estrechez de la morena, a su mente vino el recuerdo de la primera vezq ue la había tocado.
-Esto está muy mal, Lena. Estamos en la oficina.
-Pero quiero que me lo hagas sobre tu escritorio.- Le dijo, poniendo su carita más inocente. Movió su cadera nuevamente y el dedo resbaló, abriéndose paso.
La rubia no resistió más, se puso en pie y tiró los documentos que tenía sobre el escritorio, que cayeron con un ruido seco sobre el piso alfombrado. Separó las piernas de Lena y se acomodó entre ellas, mientras atrapaba su labio inferior con sus dientes. Hundió su dedo hasta el fondo y le arrancó un pequeño grito a la morena, que se tensó por la repentina invasión. La besó con pasión y empezó un suave mete y saca, apenas perceptible pero que le aceleró la respiración a la chica. Siguió bajando con su boca hasta llegar al cuello de Lena y lo atacó con besos y suaves mordidas, acelerando las suaves embestidas.
La joven desabrochó un par de botones más, dejando a la vista sus pechos. Bajó su sostén y Kara se lamió los labios al ver lo apetecible que estaba Lena. Los acarició con su mano libre, recreándose con la piel blanca, coronada por sus pezones erectos apenas más oscuros que el resto de su piel, acariciandolos con su pulgar y bajando su boca para lamerlos.
Pasó su lengua, humedeciéndolos y provocándole una deliciosa sensación al sentir el aire sobre su piel mojada.
Dentro de su delirio por volver a tocar la suave piel de Lena, recordó dónde estaban.
-¿Te aseguraste de que estuviéramos solas?
-No hay nadie en los dos pisos inferiores.- le contestó entre gemidos.
Lena tenía razón, pues no aguanto mucho y en una embestida un poco más fuerte, no pudo más y se corrió sobre la mano de Kara, su cuerpo se sacudió con fuerza y tuvo que sostenerse de la otra mujer para no caer cuando sus rodillas se doblaron.
Toda una semana de deseo contenido hizo que su orgasmo fuera demoledor. Tardó un par de minutos para controlar su respiración y hasta entonces la rubia pudo retirar sus dedos haciéndole sentir un poco de incomodidad al sentir la ausencia. Aunque eso no era suficiente.
-No tienes idea de cuantas veces me he tocado desde que regresamos y ninguna se iguala a lo que acabas de hacerme sentir. Pero aún me siento muy caliente.
Kara sonrió y la besó nuevamente. Apretando su cuerpo contra el escritorio.
Lena se zafó en un rápido movimiento y se colocó detrás de ella. Kara exclamó con sorpresa al sentir como era empujada donde segundos antes había estado Lena.
-¿Sabes lo antojable que te ves en ese vestido? Casi me desmayo cuando te soltaste el cabello y luego con esos lentes que te hacen ver tan intelectual.-suspiró- Llevo todo el día pensando en ti y todo lo que me gustaría hacerte justo sobre este escritorio. Quiero meterme entre sus piernas y no salir en un buen rato.
La tenía doblada sobre el escritorio y recorría su espalda, desde su nuca hasta la espalda baja. Encontró un pequeño broche en la parte alta del vestido y lo soltó, para después bajar el cierre muy despacio, dejando su piel expuesta. Clavó sus uñas entre sus omóplatos y rasguño hacia abajo, dejando marcas rojas. Lena se sujetó del borde del escritorio y gruñó por el dolor que para nada había sido desagradable.
-Tengo una duda.
Lena le ayudó a sacar sus brazos del vestido y acarició sus pechos, apretándolos antes de que se acomodara de nuevo contra el escritorio.
-¿Cuál?
-Si se suponía que eras virgen ¿Cómo hiciste para saber que debías hacer para complacerme?
Lena soltó una carcajada.
-Leo mucho.- Kara inmediatamente detectó el sarcasmo y quiso reír por el cinismo de su respuesta pero una mordida en su hombro la detuvo.
-Me vas a dejar marcas.- se quejó. Lena la ignoró.
-He tenido amigas pero no quería que cualquier tonta tuviera algo tan preciado. No fue por sentido romántico, si es lo que estás pensando. Pero quería alguien que me diera algo digno de recordar. Dicen que la primera vez nunca se olvida y sí es así quería alguien que supiera lo que estaba haciendo.
-¿Y por qué a mi me dejaste hacerlo?
Se acercó a su oído y le susurró.
-Porque usted, señorita Danvers, me pone como nadie lo ha hecho jamás.
Se enderezó sin soltar el cuerpo de la rubia y la recorrió hasta llegar al borde inferior de su vestido, lo subió mientras acariciaba sus muslos descaradamente y lo enrrolló hasta su cintura, dejando su trasero expuesto, tal como había fantaseado tantas veces. Acarició la suave piel, mientras hacía presión con su pelvis. Metió un par de dedos entre la piel y la tanga, recorriendo la tela. Provocando que presionara contra el centro de Kara.
-¿Te gusta mucho el negro?
-Es mi color. Es elegante, es discreto. Y provoca respeto.
-¿Respeto?
-Soy una domina, me gusta imponer respeto.
-¿Con que una domina, eh?- sintió el tono burlón.
-Me excita que una mocosa malcriada, como tú, intente jugar así conmigo.Sólo por eso te dejo hacer esto.
-No soy una mocosa, soy una Luthor.
-Perdone usted, señorita Luthor, corrijo entonces. Una mocosa malcriada de familia adinerada, que se cree dueña del mundo y que no usa ropa interior, trate de...aaaagghh.
No esperaba la fuerte nalgada que recibió.
-Pues seré una mocosa y aún así en este momento estás a mi disposición..
Le dio otra palmada.
-Lo que tu digas.
Un golpe más.
-No es que me moleste pero se supone que debes tener un patrón de castigo.- dijo Kara conteniendo el aire, pues esta última le había dolido
-No te estoy castigando, me gusta el color que adquiere tu piel, tiene la forma de mi mano y me gusta como te arqueas cuando te duele. Aunque ahora que lo pienso, llevas toda la semana ignorándome.- Una nueva nalgada.- Robaste mi virginidad y luego trataste de huir.
-Yo no la robé- dijo Kara con la respiración agitada.- Tú me la entregaste y de haber sabido hubiera sido muy diferente.
-No soy romántica.
-No hablo de romanticismo, sino de atención. Noté cómo te removías en el avión. Mmmmmmmm.-La nalgada de Lena había tocado un punto sensible, además movía sus caderas contra la rubia y le estaba provocando un roce muy rico.
-Bueno, me gustó tu gesto de sorpresa, así que valió cada- maldito- segundo- de- dolor.
Acompañaba cada palabra de una nueva palmada, es verdad que iba a dejar marcas.
Pudo percibir cómo el vello de Kara se erizaba.
-Te excita.- No era una pregunta. La mujer contestó con una risa muy sensual.
-No estabas preparada, por eso te dolió y sí, me excita saberlo.
-¿Algo así?
Kara gritó al sentir como Lena entraba en ella de golpe y arqueó su espalda. Fue más sorpresa que dolor, pues estaba terriblemente mojada y le gustaba ser penetrada así. Sentir como sus músculos se abrían bruscamente ante la repentina invasión, era una sensación única y deliciosa.
Lena no esperó respuesta y empezó a moverse con fuerza dentro de ella, con su cadera empujaba su mano para hacerlas más profundas. Le excitaba ver sus dedos desaparecer en su interior.
-Eres mía, Kara Danvers, desde que te ví fuiste mía.
Kara gruñó, el placer no la dejaba pensar con claridad.
Lena sintió como Kara empujaba sus caderas para aumentar la velocidad. Su mano empezaba a doler por la fuerza. Movió sus dedos hacia abajo y con un solo movimiento tomó el cabello de la rubia, enredándolo en su mano, provocando que su espalda se arqueara.
Los gemidos de Kara, que al principio eran muy leves se descontrolaron y empezó a sentir como sus paredes se apretaban alrededor de sus dedos.
-Estoy muy cerca, ni se te ocurra detenerte.
Kara había detenido el movimiento de sus caderas y dejó que Lena la llevara hasta el orgasmo. Finalmente se corrió con un grito ahogado por su mano.
Respiraba con fuerza y en cuanto su ritmo disminuyó un poco se separó de Lena. Dejándose caer con cuidado en la silla ejecutiva.
-Bien hecho, Luthor. -la felicitó como si hubiera conseguido una buena entrevista.
-Lo sé- contestó la joven. Sentándose con las piernas cruzadas sobre el escritorio.
-Tan arrogante como siempre.
-No es arrogancia. Sólo sé reconocer mis triunfos.
Kara acercó la silla hasta donde estaba y terminó de desabotonarle la blusa, se la quitó y desabrochó el brassiere de encaje para liberar sus pechos. La besó desde la clavícula, bajando por en medio, evitando sus pezones, haciendo que la respiración de Lena se agitara de nuevo. Deslizó el cierre, a un costado de su falda y Lena levantó un poco sus caderas para ayudarle a sacarla.
-Es inmoral venir sin ropa interior al trabajo, señorita Luthor. ¿Es que su madre no la educó?
-La traía pero en cuanto te ví se mojó y tuve que quitármela. Está en mi bolsa si la quieres.
Kara sonrió.
-Levanta tus piernas y ponlas sobre mis hombros.
Lena se recargó sobre sus codos y obedeció. Kara beso su abdomen y siguió bajando hasta hundirse entre las piernas de la chica.
Era una imagen demasiado sexy. Kara, sentada sobre su silla, las piernas cruzadas mientras se comía a Lena Luthor, su prohibida becaria recién desvirgada, sobre su escritorio.
La beso como si se tratara de su boca y con la lengua recorrió primero la parte externa de sus labios, mientras con sus manos acariciaba sus muslos y le ayudaba a mantenerse abierta.
Hizo más presión con su lengua y separó los pliegues de Lena, ahora la tenía totalmente a su disposición. Dejó de besar y la recorrió con la lengua desde su entrada hasta el clítoris, arrancándole un gemido desde lo más profundo.
La agarró por debajo de las rodillas y le separó las piernas aún más, dejando su abertura bien expuesta. La miró directo a los ojos, atrapando su mirada. Quería que supiera quien dominaba en ese momento y que la estaba haciendo suya antes de hundirse nuevamente, para penetrarla con su lengua, arrancado un ronco gemido de su garganta.
Lena estaba muy excitada al saber que Kara la tenía a su entera disposición, era vulnerable al deseo de la mujer y una corriente recorrió todo su cuerpo al sentir como la punta de esa lengua rosada trataba de perforar su entrepierna con cada embestida.
La rubia la recorría entera, rodeando su clítoris con sus labios y acariciando con su nariz mientras se adentraba en el interior de la morena. Provocando suspiros y gemidos sin control.
Lena quería sujetar la cabeza de Kara y hundirla aún más pero la posición no le permitiría moverse.
Kara soltó una de sus piernas y con su pulgar acarició la entrada de Lena, dando pequeños golpecitos a su clítoris con su lengua. Los gemidos se convirtieron en gritos, ansiaba ser penetrada nuevamente, ansiaba sentir esa pequeña punzada de dolor cada vez que tenía a la rubia en su interior pero Kara solo se quedó en su entrada mientras chupaba sus labios y lamía su pequeño botón. El segundo orgasmo llegó con fuerza, haciéndola perder su soporte y dejándose caer sobre el escritorio, llevó sus manos hasta la cabeza de la rubia y la apretó contra su centro mientras decía su nombre en un grito.
Cuando se separó, la rubia la vio a los ojos con malicia, limpió su rostro con su índice y se lo llevó a la boca, cerrando los ojos mientras lamía su propio dedo y disfrutaba el sabor de Lena, era delicioso y le encantaba la forma en que la morena no podía contenerse mientras se corría.
-Mmmmm, si me hubieras dicho que era tu primera vez te hubiera comido tal como acabo de hubiera acostado en la cama, tal como estás en este momento sobre mi escritorio y hubiera tomado una de tus piernas,- iba haciendo lo que narraba,- te hubiera besado desde el tobillo hasta el vientre y al terminar la hubiera dejado sobre la cama, justo así.
Acomodó la extremidad, apoyando su pie al borde del escritorio, casi tocando su trasero.
-Y hubiera bajado hasta tu otro tobillo para darle la misma atención.- Volvió a besar nuevamente desde el tobillo, subiendo por la pantorrilla, pasando detrás de la rodilla y siguiendo por el suave muslo de Lena, aspirando el aroma de su ingle y dejando un casto beso sobre su monte - pero esta iría sobre mi hombro. ¿Sientes lo abierta que estás para mi?
Lena no había notado cuánta razón tenía Kara, entre sus caricias no se había dado cuenta de que estaba totalmente expuesta y se ruborizó al sentirse tan vulnerable.
-En lugar de permitir que un estúpido juguete tomara algo tan preciado lo hubiera hecho con mis dedos.- Sintió como Kara acariciaba su entrada y como la penetraba suavemente, apenas con la punta, haciendo círculos en su interior. Se sentía delicioso, pero ella quería más. Se dió cuenta de que la pierna apoyada en el escritorio le permitía controlar mejor sus movimientos. - Poco a poco hubiera entrado en ti.
El dedo de Kara se deslizó con facilidad al estar tan bien lubricada. Gimió al sentir los demás dedos chocar contra sus labios. Kara seguía moviéndose en círculos dentro de ella, sintiendo como sus paredes se separaban.
-Cuando estuvieras lista hubiera añadido otro dedo.- Kara sacó el primero y volvió a entrar esta vez con dos.- ¿Duele?- Lena notó la diferencia de tener los dos dedos de Kara pero no dolía aunque sentía como la llenaba por dentro.
Lena negó con la cabeza, Kara empezó a moverse y la joven podía sentir cada embestida abrirse pasó de una forma mucho menos invasiva que el dildo y más placentera. La rubia entró y salió unas cuantas veces, permitiendo que se acostumbrara al tamaño de sus dedos.
La morena empezó a sentir como la necesidad crecía en su vientre y con cuidado se movió contra Kara, lastimándose un poco al inicio al provocar que la rubia entrara más fuerte en ella, pero encontrando un ritmo placentero poco despué ía esos dedos cada vez más profundo, arrancándole gemidos. Cuando Lena empezó a empujar más fuerte, Kar arqueó sus dedos para alcanzar su punto G y jaló con fuerza. En apariencia era un movimiento muy brusco pero Lena tan sólo sintió el placer invadir todo su cuerpo. Sus pezones se endurecieron aún más y sus caderas se movían más y más rápido. Gritaba el nombre de Kara y algunas palabras obscenas que apenas lograba entender. La chica sujetó sus propios pechos con fuerza, apretándolos, jalando.
Sus músculos se tensaron, estaba cada vez más cerca de su tercer orgasmo, le faltaba la respiración. Justo en ese momento Kara hubiera podido hacerle cualquier cosa y Lena hubiera aceptado gustosa.
Sus paredes se contrajeron y con el nombre de la rubia en los labios se corrió. Sus espasmos empujaron los dedos de Kara hacia afuera y esta solo los dejó en su entrada, haciendo pequeños círculos, mientras su pulgar acariciaba alrededor de su clítoris.
Su cuerpo se movía sin control mientras los fuertes gemidos escapaban de su garganta, cuando creyó que su orgasmo estaba terminando los dedos de Kara la penetraron inesperadamente, entrando y saliendo rápidamente, llevándola a un cuarto orgasmo, mucho más intenso que los anteriores. Kara se acomodó sobre ella, haciendo presión sobre su vientre, intensificando la sensación, mientras Lena se aferró a su espalda, clavándole las uñas y mordiendo su cuello y hombros. Cada vez que pensaba que iba a terminar, Kara arremetía nuevamente, manteniéndola en un orgasmo interminable o muchos pequeños, no estaba segura. Su cuerpo temblaba por completo y se sentía muy cansada pero Kara seguía provocándole esa sensación maravillosa.
No pudo más y trató de cerrar sus piernas, sintiendo una punzada de dolor. Kara la llevó a un último orgasmo antes de retirarse de su entrepierna. Con el peso de su cuerpo, provocaba nuevas olas de placer. Acarició su cabello hasta que Lena pudo respirar con relativa normalidad.
-¿Sabes?- dijo con una voz muy suave y apenas audible- Una vez corrí un maratón y no quedé tan cansada como me siento ahora. ¡Wooooow!
Kara se rió por el comentario, contagiando a Lena quien estaba realmente exhausta, trató de juntar sus piernas pero estaba demasiado sensible después de los orgasmos que había tenido.
La rubia se levantó y se sentó nuevamente en la silla. Lena se incorporó con dificultad y la observó.
-Eso se llama ser multiorgásmica. Es raro encontrar una y no porque no puedan sino porque no se lo permiten.
-Tú sólo te viniste una vez.
-No importa, tú tuviste suficientes orgasmos por las dos.- Lena se sonrojó por el comentario. Bajó del escritorio y caminó al sillón.
-Quiero que por lo menos tengas otro.
Por los ventanales de la oficina pudo ver el cielo, ya oscuro. Tomó un cojín y regresó a donde estaba Kara. Dejó caer el cojín a sus pies y se puso de rodillas frente a Kara.
-Lena, no es necesario.
-Estamos en la oficina, jefa. Aquí soy Luthor.
Kara sintió un escalofrio recorrer desde su pecho hasta su entrepierna. La mocosa sabía como prenderla.
-Señorita Danvers, separe sus piernas, por favor.
Pidió Lena de la manera más sensual que Kara había escuchado. Movió su cuerpo hasta la orilla de la silla y separó su piernas, sujetándose de los brazos de la silla.
-¿Podrías ponerte los lentes?- preguntó Lena un poco tímida, mientras se los extendía.
Kara no supo en qué momento se los había quitado, quizá se habían caido mientras Lena la tenía contra el escritorio. Se los acomodó y Lena empezó a bajar su tanga que aún traía puesta. Le agradó encontrarla tan mojada y sin más, se hundió entre las piernas de la rubia provocándole suaves gemidos.
Con su lengua trató de repetir lo que Kara le había hecho, puede que no fuera precisamente una novata pero nunca había estado con alguien así de experimentada y debía reconocer que Kara le hacía tocar el cielo. Siguió lamiendo y chupando el líquido que escurría hasta su boca. Le excitaba pensar que tenía a su jefa a su merced y se la estaba comiendo en la oficina. A pesar del cansancio era suficiente estímulo para continuar. Gradualmente los gemidos de Kara aumentaron, así como el movimiento de su cadera, prácticamente le estaba cabalgando la boca.
Cerró los ojos y se dejó guiar por la intuición, supo que estaba haciendo bien cuando Kara paró de moverse contra ella y le dejó hacer a su antojo. Pronto la rubia se vino con un gruñido y sus piernas se tensaron.
Cuando el cuerpo de Kara se relajó, Lena recargó su cabeza contra uno de sus muslos y tomó una de sus manos, acariciándola, mientras Kara respiraba muy agitada.
-¡Santo cielo! Era obvio que los millennials solo aprenderían a tener sexo en la oficina con los escándalos de Bill Clinton y Monica Lewinsky.
Cat Grant estaba en la entrada de la oficina apenas cubriendo su vista con una mano.
-Tienen dos minutos para estar presentables y las quiero en mi oficina.- Se dió la vuelta sin esperar respuesta y salió.
-¡Mierda!- dijo Kara.
