Había llegado a hurtadillas hasta su habitación, vigilando rigurosamente el ir por pasillos o bien desiertos o con gente hablando distraída entre si. El guardia había salido a buscar un café, lo había visto con mis propios ojos, y calculaba que disponía de apenas diez minutos para verla y cerciorarme de su estado. Cerré la puerta detrás de mí sin hacer ruido y me acerqué rápidamente hasta la cama.

- Mamá...

Se me llenaron los ojos de lágrimas al verla toda entubada y maldije silenciosamente que no hubiera dejado el tabaco a pesar de la cantidad de veces que se lo había advertido. Toqué una de sus manos, fría y de un color apagado, y un escalofrío recorrió mi columna vertebral. No podía morirse, si lo hacía me quedaría completamente sola.

- Por favor... recupérate.

Apoyé la frente contra su tripa, encorvándome y cerrando los ojos con fuerza a sabiendas de que lo que pedía era imposible. Tampoco sabía cuanto tiempo le quedaba, ya que un par de semanas atrás el médico había dicho que alrededor de unos pocos meses pero hoy la veía con mucho peor aspecto.

De repente oí como la puerta se abría y salté del susto. Me giré rápidamente y miré anonadada el guardia, que también me miró perplejo. Antes de que pudiera reaccionar, me lancé contra él y lo empujé a un lado para poder salir por la puerta. Salí corriendo tomando el pasillo a la derecha y miré mi reloj de muñeca alarmada. Ocho minutos. Mierda, ¿tanto tiempo había estado allí?

- ¡Eh, tu!

¿Había visto bien mi cara? Mi pelo aun estaba cubierto por la capucha, de eso estaba segura. ¿Así que hasta que punto me había reconocido? Lo oí hablando por el walkie talkie, probablemente avisando a los guardias de la entrada, y me puse a temblar al saber que no tendría escapatoria. Debía pensar algo rápido.

Estaba a punto de alcanzar las escaleras de emergencia cuando un chico salió sorpresivamente de una de las habitaciones y choqué brutalmente contra él. De milagro no nos fuimos al suelo, bueno, en realidad él era muy alto y el impacto de mi peso ni lo despeinó, pero lo manejó para sujetarme de la cintura y mantenerme derecha a mi también. Empujé su pecho con los brazos para separarme de él y pasarlo de largo para seguir corriendo, pero el chico me agarró bien y me obligó a mantenerme a su lado.

- ¡Eh, espera, tranquila! - El tono de su voz era preocupado, no parecía enojado, pero yo no tenía tiempo para eso.

- ¡Suéltame! - Chillé desesperada al ver la velocidad con la que se acercaba el guardia.

Él pareció verlo también, porque me cogió con más fuerza y me acercó más a él mientras esperaba a que llegara. Cuando el hombre llegó a nuestra altura frenó un poco al ver al otro chico y lo miró desconcertado. Finalmente frunció el ceño y me tomó fuertemente del brazo, sacándome un ahogado gemido de dolor.

- Gracias por pararla. Tú te vienes conmigo, chiquilla. - Tiró de mi para que lo siguiera, pero el otro chico tampoco me soltó.

- Le estás haciendo daño a mi hermana. - Soltó repentinamente con un tono enfadado.

Le miré por primera vez, sorprendida, a la cara, y no pude hacer menos que sonrojarme. Era un chico de tez pálida pero con los ojos y el pelo, por cierto muy alborotado, exageradamente oscuros. Su cuerpo estaba ya desarrollado y definido. En resumen, era muy atractivo, pero podía ver con una simple mirada que me llevaba bastantes años. ¿Por qué me ayudaba?

- ¿Qué es lo que ha hecho ésta vez? Acaban de operar a nuestro abuelo y se escabulló de la habitación, supongo que para ir a investigar. - Esta vez me miró a mi, con una expresión completamente severa. - ¿No es así?

Asentí quedamente, mirándolo estupefacta.

- ¿Es tu hermana? - Replicó el guardia sin creérselo por un momento, y empleó otro tono para que el chico se lo pensara mejor y colaborara con él. - Estaba en la habitación de otra paciente. Precisamente la estamos vigilando porque su hija es menor de edad y está desaparecida.

El moreno no se inmutó y lo siguió mirando fijamente, esperando que cediera y me soltara. Entonces el guardia hizo algo que no me esperaba, y me congelé. Tiró de mi capucha hacia abajo sin pedir permiso y dejó la cabellera de mi peluca rubia al descubierto. Aquella peluca era buena para pasar desapercibida en la distancia, pero temía que se notara mucho lo que era a tan escaso espacio.

- ¿Rubia? - Oí susurrar por lo bajo al guardia.

Aflojó el agarre de mi brazo y me pegué al chico moreno, nerviosa, mientras el hombre me inspeccionaba minuciosamente con la mirada.

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- Espera! - Gritó el chico a mis espaldas. No contesté. - Espera!

Un par de segundos más tarde sentí un placaje contra mi espalda y ambos caímos dando vueltas sobre la nieve, con las extremidades enredadas. Él me agarró a medio camino, sin embargo, y me abrazó para que no sufriera ninguna contusión si nos golpeábamos contra alguna una piedra. Le oí tomar bocanadas en busca de aire cuando aterrizamos sobre su espalda, y nos dio la vuelta para quedar él sobre mí. Me revolví como loca y le grité que me soltara.

- Estáte quieta! - Me gritó ansioso.

Me cogió la cara con una mano y me obligó a mirarle fijamente. Al final, al ver que no conseguía nada intentando moverme, me dediqué a recuperar la respiración mientras miraba su cara cubierta por un buff, unas gafas de sol y una capucha. Él había ganado, me tenía acorralada como a un conejo y yo no podía hacer nada.

- Eres tú. - Dijo en una voz más baja. Me reconocía? Parecía realmente sorprendido y todo mi cuerpo se tensó en respuesta. Me sentía en desventaja al ser yo la única que no sabía con quien estaba tratando.

Él dejó todo su peso sobre mi cuerpo para que no me pudiera mover y lentamente se quitó las gafas de sol y el resto de las cosas que tapaban su rostro. Mis pupilas se dilataron al reconocerlo y me quedé sin habla. ¿Cómo no había reconocido su voz? Hacía demasiado tiempo que no la escuchaba o el pedazo de tela que cubría su boca la había distorsionado para mis oídos?

- Sakura. - Susurró con ojos sorprendidos. Me pareció entrever un atisbo de dolor, pero fue tan fugaz que podría haberlo imaginado.

Saliendo del shock, y recordando en un instante el pasado, me saqué un guante para poder darle una buena bofetada en la cara, que dudaba que le doliera mucho, en cualquier caso, a causa del frío.

- Quítate de encima de mí. - Espeté furiosa.

El chico me miró confundido, pero se negó a soltarme al dudar si volviera a huir. Sus ojos se estrecharon y detallaron mi cara seguramente abultada por los golpes que había recibido. Lo sentí tensarse, como antaño hacía cuando se enfadaba por algo, y decidí que los gestos eran algo de lo que nunca podíamos desprendernos. Siempre había creído que le conocía como a la palma de mi mano, pero ahora ya no estaba tan segura, así que me negué a creer que su expresión se debía a mi estado magullado.

- Joe tenía los pantalones bajados. Hay algo que deba saber? - Preguntó con un tono de voz completamente amenazador. Su mirada me dejó claro que más valía que contestara claramente en aquél momento si no quería arrepentirme, así que fruncí los labios y contesté.

- No, aunque no es que tuviera precisamente buenas intenciones.

- Pagará por esto. - Dijo más para sí mismo que para informarme. - Te vienes conmigo.

Le miré con incredulidad y negué efusivamente.

- Me niego, y menos con ese gilipollas ahí. Él me agarró de la muñeca para que no escapara y nos puso de pie.

- De él me encargo yo, no será una amenaza. Ahora haz lo que te digo y sígueme.

- Te he dicho que no. No voy a estar en un grupo de ocho hombres, no soy estúpida y me niego a ponerme en peligro a mi misma.

- Tú no estás en peligro! - Me gritó iracundo en la cara y traté de no amedrantarme ante su tono. - Soy el líder de ese grupo y nadie se atreverá a ponerte una mano encima, me oyes?

Me pregunté si me estaba diciendo la verdad, aunque supongo que era lógico que fuera el que mandara con su capacidad mental y su altura imponente de metro noventa apoyándole.

- No quiero ir, Sasuke. - Declaré tranquilamente una vez más.

Él resopló exasperado y contuve un gemido cuando dejé de estar sobre mis pies y me vi sobre su hombro, cargada como un saco de patatas.

- Suéltame, maldita sea! El hecho de que sea más pequeña que tú no te da derecho a hacer lo que te venga en gana conmigo! Eres un maldito hombre de las cavernas! - Grité.

Noté un temblor en su cuerpo y le oí reír por lo bajo.

- Lo sé, ya me lo habías dejado claro con anterioridad. Ahora, si no te importa, deja de moverte. Ya va a ser lo suficientemente duro desandar lo andado contigo a cuestas.

Golpeé su espalda con los puños, algo que no creí que fuera muy efectivo dado el acolchado anorak que llevaba, y después de un rato acabé por quedarme dormida. No desperté hasta que oí de nuevo otras voces y Sasuke decidió bajarme al suelo aun adormilada. Me mantuve detrás de él, temerosa.

Vi al tal Joe mirarme con enfado, y al resto mirar expectantes a Sasuke. Estaba claro que le temían y respetaban lo suficiente como para no abrir la boca antes de saber de que iba la cosa.

- Joe, creo que te advertí la última vez de que te guardaras la polla en los pantalones o tendríamos un desacuerdo. - Gruñó Sasuke a mi lado. - Deja de mirarla!

Yo me encogí ante el grosero vocabulario y me pregunté a donde quería llegar Sasuke. Me sentía un poco nerviosa por el tono peligroso que estaba usando. El pelinegro dio un paso adelante y le cogí el brazo, temiendo que empezara una pelea.

- Eh, Sasuke… - Murmuré preocupada, intentando llamar su atención.

Realmente no quería ganarme más enemigos en aquél escuadrón si tenía que quedarme, y aunque sabía que el chico podía hacer picadillo a ese pedazo de mierda, no quería que creara enemigos por mi culpa tampoco.

- La conoces? - Preguntó uno de los hombres, con incredulidad, al oírme decir su nombre.

Sasuke lo ignoró, se libró de mi mano de un suave tirón y me ordenó que me quedara atrás, y dejó claro que si alguien intervenía en lo que iba a hacer lo pagaría caro. Joe lo miró con rabia y miedo. Al parecer se enfrentaban a menudo, y pronto se abalanzaron el uno sobre el otro para decidir quien tenía la razón. Contuve un gemido al ver lo fácil que Sasuke derribó al otro hombre y los golpes que empezó a descargar con furia contra su cuerpo. Lo golpeó una y otra vez con los puños cerrados, y me obligué a mantener la vista en ellos, estremeciéndome con cada golpe.

Empecé a sentirme nauseosa y me cubrí la boca con una mano temblorosa, viendo la masa sangrienta en la que se había convertido la cara de Joe. Finalmente, Sasuke se levantó del suelo y pateó su cuerpo una última vez con rabia. Estaba más que claro que el hombre estaba muerto ahora, y yo no me podía creer que el pelinegro hubiese sido capaz de acabar con su vida de aquella manera tan cruda. Tanto había cambiado? Sasuke encaró a los demás, respirando pesadamente mientras intentaba recuperar el aliento, y los retó con la mirada.

- Alguien más va a intentar joderla? - Exclamó furioso, respirando pesadamente y señalándome con un dedo.

Los demás negaron inmediatamente con la cabeza y bajaron la mirada, y entonces Sasuke se giró hacia mí. Di un paso hacia atrás de manera involuntaria, al ver aun la furia homicida en su mirada, y entonces él intentó suavizar el gesto y se acercó a mí.

- Tienes hambre?. - Le mié de hito en hito.

¿Era necesario matar a ese hombre a golpes y asustarme hasta la muerte? Contuve el temblor de mi cuerpo y rehuí su mirada al notar que se me humedecían los ojos.

- Vamos a buscar un lugar en el que pasar la noche y te daré algo de comer. - Dijo al ver que no le contestaba.

Yo no tenía nada de apetito. Encontramos una cueva relativamente cerca, y entonces Sasuke encendió una hoguera y sacó un pedazo de lo que parecía ser un conejo de su morral, lo cortó a trozos y lo pinchó en un palo para cocinarlo. Al acabar me lo tendió, ofreciéndomelo, y lo tomé dudosa.

- Tú no comes?

- He comido hace poco.

Después restamos todos en silencio y yo devoré la carne mientras los demás hombres, a excepción de uno al que supuse que le tocaba hacer guardia, se preparaban para ir a dormir. Dos de ellos tenían un saco de dormir, un privilegio del que yo no gozaba desde que hacía tiempo, y me pregunté que tan dura sería la noche o si pegaría ojo antes del amanecer. Finalmente me acosté y me hice un ovillo para tratar de retener el calor, y oí como alguien se movía cerca de mí. Me volteé y me encontré la mirada intensa pero distante de Sasuke.

- Si tienes frío puedes dormir junto a mí. - Me informó. - No te tocaré.

Fruncí el ceño, dolida por muchas cosas a la vez, y le di la espalda silenciosamente. Cuarenta y cinco minutos de frío insoportable después, sin embargo, me pareció que mi cabreo con él podría matarme a causa del clima. Aun así ya no confiaba en él y prefería que mi salud se viese afectada antes que caer de nuevo a sus pies. Aquél era un lujo que no me podía permitir, así que tan rápido como se me diese la oportunidad huiría de su lado.