- Sakura.
Oí como me llamaban insistentemente, y apreté los ojos con fuerza queriendo seguir dormida. Bufé cuando me tocaron la cara y me la tapé con ambos brazos para que nada pudiera alcanzarla de nuevo. Gemí con sorpresa y malestar cuando un brazo se deslizó por detrás de mi espalda y me impulsó hacia arriba para que quedara sentada. Mareada, abrí los ojos y me encontré con los enojados de Sasuke mirándome fijamente.
- Tienes la piel muy caliente y la cara roja. Tienes fiebre.
Apoyé una mano en el suelo para poder aguantarme sola y le aparté con la otra mano, molesta.
- Déjame en paz. - Mascullé.
Lo oí resoplar exasperado y acto seguido me alzó en brazos. Grité.
- Llevo días diciéndote que duermas junto a mi, maldita sea, ahora vas a ser una carga hasta que te cures.
- Nadie te ha pedido que cuides de mí, simplemente déjame irme y no me volverás a ver. - Contesté con resentimiento.
- Eso no te lo crees ni tú. - Dijo por lo bajo mientras afianzaba el agarre a mi alrededor. - Se puede saber como te has mantenido con vida hasta ahora? Han pasado al menos tres años desde que todo fue de mal en peor.
- No gracias a ti, eso seguro. - Respondí sarcásticamente.
- Cállate. ¿Con quien has estado todo este tiempo, Sakura? Estoy seguro de que no ibas sola. ¿Estás con un grupo?
- Cállate tú, y no te importa. - Murmuré sintiendo un retortijón en el estómago.
Notando como los ojos se me llenaban de lágrimas y la ira refulgía en mi interior, me zarandeé hasta que el chico me soltó. Luego me erguí y me dispuse a andar con pisadas fuertes lejos del campamento, pero Sasuke me tomó del brazo y me giró de golpe.
- Eh, - me advirtió - no te alejes.
Al menos parecía dispuesto a darme un poco de libertad. Sonrojada, medio azorada y medio cabreada, me liberé de su agarre de nuevo y me fui a sentar a un lugar más apartado mientras los demás empezaban a recoger sus cosas y salían en busca de algo rápido para desayunar.
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Pasaron dos o tres minutos hasta que el hombre volvió a hablar.
- Está bien, ha sido una confusión. Niña, no vuelvas a meterte en habitaciones que no conozcas, entendido? Te vas a acabar metiendo en un lío. - Me advirtió con el ceño fruncido, a lo que yo asentí rápidamente.
- Perdón, Agente.
Después de aquello se fue y yo me quedé quieta donde estaba hasta que le vi doblar la esquina y desaparecer de mi vista. Entonces suspiré, más relajada, y me giré para mirar al desconocido.
- Muchas gracias, no esperaba que me ayudaras. Tengo que irme. - Anuncié, esperando a que soltara el agarre a mi alrededor.
El chico no cedió, en lugar de eso me tomó la barbilla de manera impertinente con una mano y me obligó a mirarle. Acarició con el pulgar unos raspones que tenía en la mejilla derecha y me sonrojé.
- Oye, que estás...? - Empecé a preguntar, incómoda.
- Me llamo Sasuke, quién eres tú? - Demandó.
Lo miré cautelosa antes de contestar.
- S-sakura.
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- Toma.
Alcé la mirada y miré lo que uno de los hombres de Sasuke me estaba ofreciendo: unas pocas bayas que parecían bastante apetecibles por el color rojizo. Las tomé sin pensarlo dos veces.
- Gracias. - Susurré de vuelta.
Él me miró, dudoso, y finalmente se dio la vuelta y se fue con sus compañeros. Tomé una de las bayas y me la puse en la boca para probarla. La mastiqué y comprobé que no estaba tan buena como parecía, pero era mejor que comer un puñado de nieve. Levanté la vista y me encontré con la mirada de Sasuke, que me estaba mirando discretamente unos metros más allá del resto del grupo.
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- Sasuke, crees que puedas sacarnos a Pain y a mi del centro para tener una cita? Por favor! - Le supliqué con ojos de cachorro y los labios fruncidos.
Estábamos en la calle, de camino al centro porque se acercaba la hora de queda, y el moreno se detuvo en seco al oírme. Bien, quizás debería haber sacado el tema hace rato, pero no me había atrevido.
- Qué? No. - Masculló antes de volver a ponerse en marcha.
Un aire de indignación me recorrió entera. Es que ni siquiera iba a escucharme? No podía ser tan obstinado.
- Qué? Por qué no? Vamos, no puedo tener mi primera cita en el centro, es como una prisión! No quiero que nos estén vigilando.
- Yo creo que es precisamente lo que tienen que hacer. No voy a darle carta blanca a ese chico para que te manosee.
Sentí como mi cara se coloraba, tanto o más de lo que estaba mi pelo, y le cogí de la mano. Sasuke se volteó y miré su expresión molesta.
- Sasuke! No vamos a hacer nada! - Protesté. - Por qué no?
- Te he dicho que no! - Me levantó la voz y solté su mano de golpe, amedrentada. Él nunca me había levantado la voz. Vi en sus ojos la culpabilidad de inmediato, antes de que apartara la mirada. - Por esto existen Centros de Menores, Sakura, para que personas como tú no se metan en líos. Sé que crees que nadie puede decirte qué hacer, porque nadie es tu madre y tu crees que ya eres mayor, pero de verdad necesitas que alguien regule lo que haces.
Sentí ganas de llorar, y no sabía si era porque había mencionado a mi madre o porque había dejado claro que me veía como a una cría. Decidí no decir nada más, puesto que no me sentía con fuerzas, y caminé a su lado en silencio. Al llegar al centro Sasuke me detuvo antes de entrar.
- Sakura, puedo sacaros si me dejas ir con vosotros. - Esa, realmente, era una muy mala idea.
- No te molestes.
- Escucha…
- De verdad, no importa. Solo no vengas el jueves, estaré ocupada. Nos vemos.
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- ¿Cómo te encuentras?
Antes de que le diera una respuesta Sasuke ya estaba sujetándome de la barbilla y tomándome la temperatura con los labios. Me sonrojé por su cercanía y bajé la mirada intentando evitar que notara la expresión de mi cara.
- Te ha bajado la fiebre, pero aun tienes un poco.
- Me encuentro mejor. - Murmuré.
Había pasado dos días muy malos en los que había sido incapaz de dar tres pasos seguidos y todos se habían turnado para cargarme en su espalda. El hecho de haberme puesto enferma por no hacerle caso a Sasuke, y además siendo la razón mi orgullo, era humillante. Seguramente el resto del grupo no veía la hora de librarse de mí. Su grupo se dirigía hacia el oeste, esperando encontrar un pueblo en el que se suponía que vivía gente civilizada a día de hoy. Yo me mantenía escéptica al respecto porque venía del oeste y no había visto nada, pero los demás me dejaron claro que no les importaba mi opinión.
- Oye chica.
Alcé la mirada hasta encarar el hombre que se había puesto a caminar a mi lado. Por lo general siempre me quedaba a unos cincuenta metros por detrás del grupo por el simple hecho de que ellos mantenían un ritmo muy alto, y el hecho de que hubiese alguien a mi lado significaba que se había retrasado a propósito para hablar conmigo. Apostaba lo que fuera a que Sasuke, siendo él el que tomaba la delantera en el grupo, no se había dado cuenta de que había alguien hablándome. Por lo general era bastante reacio a que nadie además de él hiciera algún contacto conmigo. Arqueé una ceja en signo de interrogación y sus ojos azules me miraron con burla.
- Relájate, eres muy arisca, lo sabías?
- Es lo que sucede cuando retienes a alguien en contra de su voluntad. - Contesté mordaz.
- Aun no te he visto tratar de salir corriendo. Sabes que morirías en poco tiempo si te separaras de nosotros.
Bufé. Aquello no acababa de importante tanto como debería. Con suerte podría encontrar a mi anterior grupo, del cual me separé por circunstancias desafortunadas, y librarme de ellos entonces.
- De qué conoces a Sasuke?
Me puse rígida ante esa pregunta y lo ignoré. La única razón por la que me podía estar preguntando eso era para averiguar si era una debilidad para Sasuke y así usarme en su contra. Era algo muy común en grupos pequeños; todos los miembros creían ser mejores líderes que el que estaba al mando. Bien, no iba a formar parte de un motín.
- Vamos, se que os conocéis de antes. Erais amigos? - Me miró de arriba a abajo y vi ese brillo en su mirada. No me sorprendió, pero me tensé. Hoy en día todos tenían ese brillo en la mirada. - Te ves muy joven.
Seguí callada, sabiendo que por mucho que me molestara su impertinencia debía permanecer callada.
- No me imagino a Sasuke con alguien tan joven; siempre fue un tío demasiado serio.
También él conocía a Sasuke de antes? Le miré fijamente y traté de recordar si había visto alguna fotografía de él o lo había conocido en algún momento, pero no me sonaba de nada. Su comentario me había dolido, pero no contesté. Apreté el paso para dejarlo atrás e hice un esfuerzo para olvidar todo lo que acababa de pasar. No debía involucrarme de nuevo.
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