No pude ir al hospital durante los siguientes tres días. Me daba miedo. Había estado muy cerca de que la policía me cogiera y estaba determinada a no ir a una casa de acogida. Tampoco sabía lo que haría una vez los vecinos volvieran de su viaje. Se habían ido de vacaciones un mes, aprovechando el verano, y nos habían dado una llave de repuesto para que regáramos las plantas. Ese mismo día nos dieron la noticia de que mi madre estaba terminal, y una semana después la tuvieron que ingresar y se quedó en coma.
Todo había ido muy rápido, había sido cosa de apenas tres meses, y aun no me hacía a la idea de perder a la única persona estable de mi vida. Después del incidente con el guardia del hospital había querido canviar la peluca rubia por una morena, pero no tenía suficiente dinero, y volver a ir era mucho más riesgoso que antes.
Aun así, decidí que no podía retrasar más mi visita al hospital y me dirigí hacia allí, dispuesta a afrontar las consecuencias. Al llegar fui directamente a ver a mi madre, y tras unos escasos diez minutos me vi obligada a retirarme para evitar al guardia de la puerta. De nuevo, la vi en peor estado. Estaba bajando las escaleras cuando me topé de frente con el chico de la otra vez y la que parecía ser su madre. Me puse toda roja y maldije mis hormonas, ¿es que no entendían que ahora mismo mis preocupaciones debían ser otras? Iba a pasar de largo pero el chico me cogió del brazo y me obligó a pararme. Maldije por dentro. La última vez que lo había visto había salido corriendo para evitar sus preguntas y él no hizo ningún amago de seguirme.
- Adelántate mamá, yo iré dentro de un rato, de acuerdo?
Ambos intercambiaron la mirada, él una insistente y ella una confundida, pero al cabo de pocos segundos parecieron ponerse de acuerdo porque la mujer siguió su camino y nos dejó atrás. Entonces el chico me miró.
- Te invito a comer.
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Estamos llegando al pueblo. - Indicó Sasuke a los demás cuando dicho pueblo entró en nuestro campo de visión.
Los hombres suspiraron contentos y con ganas de llegar y descansar. Por otro lado yo me cercioré de tener mis armas a mano y me puse alerta para poder afrontar lo que fuese que se nos venía encima. Empezamos a avanzar más juntos, sin dejar espacio los unos con los otros, y poco a poco llegamos a un camino y después a la entrada del pueblo. Antes de entrar Sasuke se puso a mi lado y me cogió de un brazo.
- No te separes de mi. - Murmuró.
Observamos las casas que parecían vacías antes de avanzar más. Desde luego no era un buen comienzo si se suponía que aquél pueblo estaba habitado.
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Mi estómago rugió con fuerza al ver la enorme pizza que me había traído la camarera y empecé a comérmela sin esperar un segundo. Miré a Sasuke, con quien había decidido comer por dos razones: la primera porque estaba muerta de hambre y la segunda porque él no me hubiera dejado marchar de otra manera.
- Está buena? - Preguntó el chico mientras se comía su plato de fideuá.
Asentí y le di unos sorbos a mi CocaCola.
- Y lo tuyo?
- También. Cómo está tu madre?
Tragué el trozo que me estaba masticando y lo miré con desconfianza.
- Mal.
- Cómo de mal? - Insistió.
- Terminal, no le queda mucho. El médico dice que un par de meses pero creo que va más rápido de lo que él pensaba.
- Por qué te perseguía el guardia el otro día? He oído algo, pero quiero saber oírlo de ti.
- No tengo familiares vivos que se quieran ocupar de mí, así que me quieren mandar a una casa de acogida. No quiero ir, puedo valerme por mi misma, he oído que esos lugares no son muy… agradables. - Me removí incómoda.
- Y tu padre?
- Mm… - Me comí otro trozo de pizza. - No sé quien es. La única que lo sabe es mi madre y está en coma. Tampoco es que quiera nada de él.
- Dónde estás durmiendo? - Observé sus cejas fruncidas y tras un minuto de silencio esquivé su pregunta.
- No estoy durmiendo en la calle si eso es lo que te preocupa.
Mi respuesta pareció aliviarlo un poco, pero no parecía satisfecho. Aun así, no tocó más el tema.
- Comes bien?
- Te he dejado invitarme a comer.
Su mirada se estrechó y me miró con preocupación.
- Cuánto pesas? Cincuenta quilos? Ya estás demasiado delgada como para alimentarte mal.
- Es que eres médico? - Pregunté algo molesta.
Me molestaba que resaltara lo obvio a sabiendas de que yo no podía hacer nada al respecto.
- Mi hermano lo es. - Dijo, después miró la hora en su reloj de muñeca y pude ver que tenía prisa por irse. - Déjame volver a verte, te invitaré a comer tantas veces como quieras.
No me acababa de fiar de él, y no me gustaba mucho la idea de aprovecharme de su dinero, pero tampoco tenía nada mejor que hacer cuando no estaba en el hospital o buscando trabajo.
- Está bien, cuando vaya al hospital iré a la habitación de tu abuelo para ver si estás. Vengo casi cada día a la misma hora.
- Bien. - Contestó, y entonces se fijó en algo más. - Te has manchado la comisura de la boca.
Antes de que pudiera pensar en coger una servilleta el pelinegro alargó una mano y pasó el pulgar por el lado de mi boca, y después se lo llevo a la suya para limpiarlo. Me sonrojé hasta la raíz del pelo ante aquél gesto y comí el resto de mi comida prácticamente en silencio.
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Resultó que, tal y como había predicho, no había ni un alma en el pueblo. Ni siquiera uno de aquellos seres. Los hombres estaban desanimados, pero Sasuke no les permitió estar de bajón. Les mandó buscar los suministros anotados en una lista y me obligó a acompañarlo a él a hacer lo mismo. Entramos en varias casa, y mientras el moreno rebuscaba en la cocina de una, yo contemplé mis opciones. Realmente, si había un momento para escapar, era ese. Miré con suspicacia al hombre que ya no conocía en lo más mínimo, y vi como vigilaba mis movimientos de reojo. Era testarudo, y estaba decidido a no dejarme ir.
- Voy al piso de arriba. - Le informé, y no esperé a oír una respuesta.
Una vez arriba revisé las ventanas, pero las pocas que aun se podían abrir no tenían en el exterior ningún alféizar o algo a lo que me pudiera agarrar para bajar al suelo y escapar. Entré a una dormitorio doble y enseguida abrí el armario para ver qué podía encontrar en él. La ropa que llevaba puesta estaba echa un asco: la blusa que era originalmente azul claro ahora era verdosa y con muchas manchas negras, y los pantalones estaban rotos en algunas partes y no eran para nada calientes en un clima bajo cero.
Afortunadamente encontré ropa en ese armario que parecía ser casi de mi talla. Tomé prestada una camiseta negra y unos pantalones de chandal forrados por dentro de color caqui. También encontré braguitas nuevas. Con los zapatos y la chaqueta no hubo suerte, pero yo estaba más que satisfecha. Fue momento de dirigirse al baño entonces, para mirar si las cañerías de alguna manera habían logrado sobrevivir, y asombrada descubrí que sí. No sabía cuando volvería a tener ese lujo, así que decidí que Sasuke podía esperar a que me diera una ducha fría y rápida.
Una vez vestida y con la piel limpia salí y me encontré a Sasuke tumbado en la cama, con las piernas colgando del borde a partir de las rodillas, y con los ojos cerrados. Estaba dormido? Probablemente se había sentado a esperarme y el agotamiento lo había vencido. Decidí caminar sigilosamente hacia la puerta; mi oportunidad era ahora o nunca. Mi estómago se contrajo, como si en mi interior supiera que estaba haciendo mal, pero decidí ignorarlo y seguí adelante.
- Sakura.
Me congelé en mi sitio al oír como me llamaba con voz severa. Poco a poco fui girándome y lo encontré mirándome, aun estirado, con rabia en los ojos. Estaba claro que no le había gustado mi intento de huida.
- Ven aquí.
Sin saber porqué, obedecí, y caminé hasta estar frente a él. Reconozco que estaba un poco nerviosa y asustada. Luego él alargó su mano y me agarró fuerte del brazo, para después tirar repentinamente de mí hacia él. Caí sobre la cama torpemente y todas las alarmas sonaron en mi cabeza. Él volvió a tirar de mí hacia él hasta que nuestros rostros estuvieron a pocos centímetros. Estaba tan asustada que noté como la sangre huía de mi rostro.
- Duérmete, es tarde y a les he dicho a mis hombres que pasaríamos la noche aquí. - Ordenó tajante.
Le miré, incrédula y un poco aliviada, y estreché la mirada. El miedo se había atenuado.
- No pretenderás dormir aquí, conmigo? - Inquirí irritada.
- Eso, Sakura, es exactamente lo que pretendo. - Sentenció.
No dije nada más, porque su tono amenazador me amedrentó de nuevo, y la mirada de odio en sus ojos había crecido con cada palabra.
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Pain acarició una de mis piernas con una mano. Estábamos en la sala de descanso, tomando unos refrescos en un sofá. Había decidido ponerme una minifalda negra para estar guapa para él, pero quizás no había sido una buena idea. Siendo ya corta, la falda se me arremangaba un poco al estar sentada.
Miré la cara de Pain y las diferentes perforaciones que la adornaban. A pesar de su aspecto había pensado que era un chico decente, pero ahora veía que tenía las manos un poco largas. Había más personas en la sala, pero no parecía importarle. Le vi sonreír, que era lo que más me gustaba de él, y noté como se inclinaba hacia delante. Iba a besarme en nuestra primera cita? Apenas habían pasado veinte minutos desde que nos habíamos reunido.
Finalmente posó su boca sobre la mía y me besó. Con la mano que tenía libre me acercó más a él e inclinó mi cabeza para tener un mejor acceso. Sentí como lamía mi labio inferior, recorriéndolo también con la bolita que tenía en la lengua, y me obligué a abrir la boca. No se le daba mal besar, pero yo no paraba de pensar en otra persona mientras lo hacía. Me besó durante unos minutos más, y entonces se separó levemente de mí.
- Lo haces muy bien. - Sonrió. - Sabes que eres la chica más bonita del centro y la escuela, verdad? Me sonrojé ante sus palabras, pero no dije nada. Sentía que estaba haciendo algo malo.
- Quieres que vayamos a mi habitación? - Preguntó mientras se levantaba y tomaba mi mano.
- Está prohibido. - Le recordé, sintiéndome nerviosa.
- Eso no importa, vamos.
Tiró de mi mano para ponerme en pie y empezó a arrastrarme hacia el pasillo.
- Espera Pain, no…
- Pain, Sakura, a dónde vais? Ese pasillo va a los dormitorios de los chicos.
Karin apareció de la nada y nos miró con desaprobación, a lo que yo bajé la mirada avergonzada. Sin embargo Pain le devolvió la mirada molesto.
- Y a ti que te importa?
La pelirroja se enfadó al notar su tono y palabras y se acercó más a nosotros.
- Quieres una sanción? Quizás a ti debería prohibirte que salieras del recinto con ese chico. - Nos amenazó a ambos.
Al oír lo que decía el pánico sonó en mi cabeza. No quería tener que explicarle a Sasuke por qué me habían castigado. Hice acopio de fuerzas y liberé mi mano de la de Pain de un tirón para después escabullirme a mi habitación.
