Cuando desperté, Sasuke y yo estábamos acostados uno al lado del otro, de lado y enfrentados. Noté que se había duchado, probablemente la noche anterior después de que yo me durmiera. Sasuke ya estaba despierto y estaba mirando fijamente mis labios, por lo que no se dio cuenta de que yo ya había abierto los ojos. Carraspeé, incómoda, y torcí la boca sin saber muy bien qué hacer. Sasuke subió la mirada inmediatamente, y al encontrarse con mis ojos desvió los suyos rápidamente de nuevo, se levantó y se fue de la habitación sin decir una palabra. El portazo me hizo estremecer y suspiré, cerrando los ojos de nuevo.
Unos minutos después decidí que no podía retrasar más mi descenso al piso de abajo y seguí los pasos del chico con cautela. Me sorprendió que todos los hombres se encontraran ya en la sala de estar. Habían pasado la noche en la misma casa que nosotros?
::::::::::::::::::::::::::::
Interrumpí los deberes cuando Karin, una de las empleadas del Centro de Acogida de Menores de Tampa, vino a informarme de que alguien había venido a verme y me esperaba en secretaría. Extrañada, dejé mis libros abiertos sobre la mesa junto a Suigetsu, una amistad recientemente adquirida, y abandoné la sala de estudio. Al llegar al lugar que Karin me había indicado y ver quien me esperaba allí, la sangre me hirvió de ira.
- Qué quieres? - Demandé con impaciencia.
El pelinegro me dedicó una mirada larga. Habían pasado casi tres semanas desde que había ingresado en el Centro, y había ganado algo de peso de nuevo.
- Parece que te va bien. - Dijo, tratando de demostrar que su decisión había sido la correcta. Aquello me hizo enfadar aun más; lo mínimo que podía hacer era disculparse.
- Pues no. Me han quitado el móvil, me han prohibido salir a la calle a menos que sea para ir a la escuela, y éste sitio está lleno de chicos que no dejan de pelearse entre sí. Oh, y comparto habitación con tres chicas más, cosa que detesto.
- Pero no has ido a una casa de acogida, que era lo que temías.
- Resulta que soy demasiado mayor para que alguien quiera adoptarme. - Respondí sarcásticamente.
Sasuke me miró detenidamente por unos instantes y después volvió a hablar.
- ¿De verdad crees que estabas mejor antes? ¿Qué habrías hecho cuando tus vecinos hubieran vuelto del viaje? No tenías ninguna posibilidad de salir adelante, Sakura, lo mejor era que el estado cuidara de ti cuanto antes.
- No puedes tomar decisiones por mí! No me conoces! - Protesté. - Véte.
- Estaría infringiendo la ley si no te hubiera entregado. - Se defendió, pinzándose la nariz con los dedos en un gesto de exasperación.
- No te importó las primeras veces que nos vimos. Véte ya!
- Obviamente no estaba pensando con claridad. - Explicó en voz baja, mirando al recepcionista de reojo para asegurarse de que no nos había oído. - Pensé que querrías que te sacara un rato de aquí, podría llevarte a tomar un helado.
- Por qué harías eso? No quiero tu lástima.
La tentación era grande, respirar solo una bocanada de aire fresco valdría la pena, pero no estaba dispuesta a dar mi brazo a torcer.
- Sakura… - El pelinegro iba a decir algo más, pero algo o alguien detrás de mí hizo que callara.
Sentí que rodeaban mi cuello con un brazo y tiraban de mí hacia atrás para chocar con un cuerpo de chico. Miré hacia arriba y me encontré con la mirada de Suigetsu.
- Sakura, vamos a los futbolines con los demás, te vienes?
Teníamos una sala de descanso en el Centro donde había máquinas expendedoras y un par de juegos de mesa. Me fijé en que Suigetsu traía nuestras mochilas colgadas del hombro, y después miré a Sasuke, que observaba al albino con cautela.
- Vale. Adiós, Sasuke.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
- Hay alguien fuera. - Dijo uno de los hombres al vernos bajar del piso superior. - Podría ser un metálico.
Sasuke maldijo en voz baja y me echó una mirada.
- Tienes tu arma?
Asentí y le mostré que llevaba el cinturón de pernera y el arma que me había dado hace unos días, después de asegurarse de que no causaría problemas. Bueno, técnicamente me había devuelto mi arma.
- Quédate aquí. - Instruyó mientras se ponía la chaqueta. Iba a protestar, pero una mirada bastó para darme cuenta de que los demás también me querían fuera del camino. Me sentía humillada, disparaba igual o mejor que cualquiera de ellos.- Shikamaru, quédate con ella.
Observé como le indicaba al resto de hombres, que eran siete, que se repartieran entre la puerta trasera y la puerta delantera y salieran sigilosamente de la casa. Shikamaru me agarró del brazo y me indicó que me sentara en el sofá a esperar, mientras él se quedaba de pie y vigilaba por una de las ventanas. No se oyó nada durante cinco minutos, algo que me estaba poniendo nerviosa, y de pronto empecé a oír disparos. Me levanté enseguida, corriendo hacia la puerta, pero Shikamaru me detuvo antes de que alcanzara el pomo.
- Ya has oído al jefe, tienes que quedarte aquí conmigo.
Le miré molesta al instante.
- Quieres quedarte aquí sin hacer nada? Eso a mí no se me da bien, quiero ayudar. - Él negó con la cabeza tozudamente.
- Solo les entorpecerías. Ninguno de ellos es un hombre cualquiera, chica, son marines entrenados de toda la vida.
Sentí como la sangre se drenaba de mi cara y me quedaba blanca como un papel. Sasuke no era marine, él siempre me había dicho que era contable y que odiaba la violencia.
- Eso no es…
Me vi interrumpida porque la ventana se rompió en pedazos y entró un metálico con una cola de dos metros zarandeándose de un lado a otro. Nos vio enseguida y trepó por la pared con rapidez mientras yo me recuperaba del susto. Saqué mi arma enseguida, a pesar de que Shikamaru me tenía aplastada entre la puerta y su cuerpo mientras disparaba, y traté de apartarme de él para tener mejor visibilidad. Me costó, ya que el hombre me apretaba fuertemente y era el doble que yo, pero en un momento de despiste de su parte aproveché para hacerme a un lado y evaluar al monstruo.
Localicé su punto débil debajo del cuello, una esfera de luz turquesa, y tras apuntar como me habían enseñado disparé. Erré por apenas un centímetro, pero el metálico fijó su mirada rojiza en mí enseguida, cambiando de presa, y se abalanzó hacia donde estábamos con más agresividad que anteriormente. Shikamaru maldijo a mi lado y cada uno corrió hacia el lado opuesto. Fui a esconderme tras el sofá mientras el metálico corría hacia mí, y sin ser lo suficientemente rápida recibí un coletazo que me mandó a través de la ventana fuera de la casa.
Aterricé sobre un montón de nieve blanca con el brazo ardiendo, gritando de dolor mientras la sangre salpicaba el suelo, sin poder abrir los ojos por miedo a derramar lágrimas y rendirme al sufrimiento. Los abrí cuando oí como el metálico se posaba sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cuerpo, y dándome cuenta al apretar los puños de la tensión que aun tenía la pistola, la levanté y apunté. Si fallaba era posible que la bala rebotara y me matara a mí.
Estaba a punto de apretar el gatillo, y el metálico estaba a punto de despedazarme con sus garras, cuando llovieron disparos sobre el cuerpo plateado y me protegí la cabeza con los brazos. El metálico se detuvo en seco, y me percaté al echar un vistazo que varios hombres nos rodeaban. Estaba evaluando sus opciones. Al comprender que no tenía ninguna, volvió su mirada hacia mi y chilló antes de tratar de despedazarme de nuevo. Disparé sin pensarlo dos veces y ante mi asombro acerté, provocando que se desplomara sobre mí.
Gemí al notar que me hundía en la nieve bajo su peso y dejaba de respirar, pero pronto me sacaron de allí entre unos cuantos y alguien me tomó del brazo bueno para ayudarme a levantarme.
- Buen tiro. - Me encontré con la cara sonriente de Naruto y asentí. - Aunque esa es una herida fea, mejor vamos adentro.
Busqué con la mirada a Sasuke antes de seguir al rubio, y le vi unos metros más allá, observándome con una expresión indescifrable. Una vez dentro de la casa uno de los hombres trajo un botiquín de primeros auxilios y se lo tendió a otro.
- Si no os importa me coseré yo misma, no quiero que me quede una gran cicatriz. - Dije sin esperar respuesta, alcanzando el desinfectante y vertiéndolo sobre la herida.
Ahogué un lamento y volví a echar un poco de nuevo. Poco después empecé a coser en silencio.
- Había dos metálicos, por eso uno ha podido colarse en la casa. - Explicó uno de los chicos en tono de disculpa. - Sabes primeros auxilios?
Aprendí de una médica con la que me junté poco después de que todo pasara. Me enseñó algo más que primeros auxilios, pero dudo que pueda ponerlo en práctica algún día. Al acabar de coser, cosa en la que tardé por lo incómoda que me sentía al estar siendo observada por todos y cada uno de los hombres, empecé a vendarme el brazo. Me fijé en que incluso Sasuke, que se encontraba un poco más allá para vigilar el exterior, me miraba de reojo fijamente. Al acabar alguien me tendió mi chaqueta, cosa que fue bien para mitigar el frío que entraba desde fuera.
- Es hora de irnos. - Anunció el moreno.
Todos se pusieron de pie de inmediato, sin rechistar, y recordé lo que me había dicho Shikamaru.
