- Puedes picar la cebolla?

- Sí.

Cogí el bulbo, lo puse sobre la madera de cortar y empecé a cortarla con rapidez y algo de torpeza, cortándola primero a rodajas y después a trozos diminutos, presionando la punta del cuchillo hacia abajo con una mano y moviendo la parte inferior arriba y abajo con la otra.

- De dónde has sacado eso? - Rió el chico.

Le lancé una mala mirada, sabiendo que se estaba riendo de mí, y seguí cortando.

- De la tele, lo hago mejor que tú así que no te rías.

Él me miró divertido y echó algunas hortalizas en la sartén. Se nos había vuelto una costumbre cocinar algo nuevo en su casa cuando me sacaba del centro de acogida, así cenaba algo de mi agrado y volvía para el toque de queda, que eran la nueve. Hoy tocaban fajitas*.

- Sabes… - Empezó a decir dubitativo. - Nadie entiende porqué paso tanto tiempo contigo. Mi madre cree que es inapropiado.

Entendía lo que quería decir. Tampoco los chicos del centro lo entendían, decían que era muy raro que fuera amiga de alguien casi seis años mayor que yo. La verdad era que a mi me gustaba Sasuke, y mucho, pero sabía que era imposible que alguien como él se fijara en una niña como yo. Él era tan serio que me hacía sentir tonta a veces cuando le contaba cosas que me habían pasado en la escuela y que me habían molestado, y se mostraba protector conmigo cuando le contaba sobre otros chicos, lo que me daba a entender que no creía que estuviera preparada para tener una relación.

- Tú crees que es inapropiado? - Me atreví a preguntar. El moreno removió lo que contenía la sartén con una cuchara de madera antes de contestarme. Me miró a los ojos, algo que hizo que me sonrojara un poco.

- Creo que eres muy bonita, tanto que no estoy seguro de que sea normal considerando la edad que tienes. - Si antes estaba colorada ahora era un tomate andante. - Pero jamás de tocaría sin asegurarme antes de que lo quisieras. Perdón, te estoy asustando? Tienes mala cara.

- Estoy bien. Así que, te gusto físicamente? - Traté de quitarle importancia, notando el pinchazo en mi corazón. - Eso no es nada, supongo que todos nos sentimos atraídos por algún amigo de vez en cuando. Tú nunca has sido inapropiado conmigo, Sasuke, y no creo que vayas a serlo por una simple atracción. Eres una buena persona.

Él volvió la vista hacia lo que estaba cocinando y miró fijamente la cebolla pochada.

- Tienes razón.

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- Hola, como sigue tu brazo? - Naruto se sentó a mi lado a la hora de comer y me tendió un pinchito de zorro.

Me lo metí en la boca enseguida, noté como se deshacía y suspiré de placer. Estaba muy hambrienta.

- La verdad es que me duele mucho. - Admití al acabarme el primer trozo de carne. - Desearía tener calmantes.

Naruto me miró preocupado.

- Viviré. - Aclaré sin querer alarmarlo.

Entonces suavizó la mirada y miró hacia le suelo, incómodo.

- Lo lamento, no estamos acostumbrados a tener chicas alrededor y pareces realmente frágil. Eres muy bajita y delgada y te llevaste un buen golpe. En realidad todos te vimos volar por la ventana y creo que la mitad aun no se cree que estés viva. Todos estamos preocupados por ti.

Me di cuenta de que algunos de los hombres nos miraban, como si esperaran a que les llegara información nueva, y me sorprendí.

- Sakura. - Llamó mi atención de nuevo. - De verdad me gustaría saber de qué conoces a Sasuke. Cuando te encontramos mató a Joe porque te había agredido. No es que el tipo no se lo mereciera, pero jamás lo había visto tan furioso, ni siquiera cuando trató de agredir a otras chicas.

Procesé la información tratando que no me afectara, y de repente me acordé de algo. Miré a Naruto rápidamente y tomé una de sus manos entre las mías.

- De qué conoces tú a Sasuke?

- Yo…? - Noté el sonrojo en sus mejillas, pero seguí mirándolo insistentemente. - De la marina, íbamos al mismo instituto y nos inscribimos al acabarlo.

- Cuando teníais dieciocho años? - La respuesta era obvia, pero pregunté igualmente.

- Sí.

Oí unas pisadas llegar hasta nosotros y subí mi mirada desde las botas desgastadas marrones hasta la cara de Sasuke. Se veía muy molesto y observaba detalladamente al rubio con el ceño fruncido. Él otro chico se puso nervioso y retiró sus manos de las mías antes de ponerse de pie.

- Naruto, no tienes nada que hacer?

- Sí, claro. - Dijo antes de retirarse.

Sasuke me miró entonces y le devolví una mirada molesta.

- Me gustaría ver tu herida.

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Sollocé con fuerza con a cara contra la almohada, acallando los quejidos que salían de mi interior. Me acababan de informar que mi madre había fallecido y que el funeral sería en dos días. Había asentido y me había retirado a mi habitación rápida y silenciosamente después de oírlo de la boca de Karin, y di gracias a que las chicas que compartían la habitación conmigo estuvieran en alguna otra parte de la instalación, sin saber lo que había sucedido.

Lloré durante una hora, hasta que tocaron las siete, y entonces llamaron a mi puerta y me comunicaron que alguien había venido a verme y debía dirigirme a la recepción. Me limpié las lágrimas con el dorso de las manos, odiando que me molestaran en aquél momento, y fui a donde se me había indicado.

Allí, quieto, estaba Sasuke, y me dedicó una mirada de comprensión al verme la cara. Habían pasado dos semanas desde que lo había echado, enfadada porque me había entregado a la policía, pero supongo que había oído la noticia y por eso estaba aquí. No tenía ganas de discutir con él, así que esperé a que dijera lo que tuviera que decir.

- Quieres ir a tomar un helado?

Mis ojos se inundaron de lágrimas otra vez por su amabilidad, y avancé hacia él para abrazarle y hundir la cara en su pecho mientras asentía. Por alguna razón, a pesar de su mentira, me sentía segura con él. Sentí como acariciaba mi cabello y me besaba la coronilla antes de indicarme que tenía que hablar con el recepcionista y debía esperar donde estaba, donde no podía oír lo que le decía. No me intrigó lo que le había dicho para obtener el permiso para sacarme a la calle debido a lo triste que me sentía, pero unas semanas más tarde me pregunté cómo sin ser familiar mío lo había conseguido. Después de todo, iba contra las normas.

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Me quité la venda del brazo a regañadientes y le mostré la herida a Sasuke, quien tomó la extremidad suavemente con sus manos. Pasó los dedos alrededor del corte, haciéndome cosquillas en la piel sana, y tomó una banda limpia de mi mochila al acabar la inspección. La vieja estaba manchada de sangre.

- Por ahora no está infectado, cómo te sientes?

- Bien. - Murmuré mientras veía como me vendaba. - Auch. Las vendas no duraran mucho si pretendes que me las cambie dos veces al día.

- No importa, conseguiré más.

Le miré a la cara, sorprendida por su respuesta, pero él estaba demasiado centrado en lo que estaba haciendo. No entendía su comportamiento. A ratos parecía no querer saber nada de mí, y a otros lo veía involucrado en asegurarse que estuviera bien.

- Por qué no me dijiste que eras marine? - La pregunta salió de mí sin más, y pude ver que le pillaba desprevenido.

- Sabía que te disgustaría; estás en contra de la milicia.

- Supongo que es una prueba de que realmente no ibas a volver a por mí. - Dije amargamente.

Sasuke hizo el nudo más fuerte de lo necesario y me miró. Esta era la primera vez que hablábamos sobre lo que había pasado, y se veía muy molesto.

- Eso es lo que crees? Que lo de adoptarte era un cuento para que te acostaras conmigo? No contesté, dudando por su tono, y él no ofreció más explicaciones. Se levantó y se fue tan rápido como había llegado.

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Abrí los ojos perezosamente y bostecé. Había dormido maravillosamente, pero ahora no sentía el calor de Sasuke en la cama. Me giré para ver si había rodado hacia el otro extremo, pero tampoco estaba allí. Me senté, extrañada, y la sábana cayó a mi cintura, mostrando mi desnudez. Me había dormido con Sasuke abrazándome, así que dónde estaba ahora?

- Sasuke? - Llamé, pero nadie contestó. Decidí levantarme de la cama y noté las manchas de sangre en ella. Preocupación recorría mi cuerpo, así que me vestí rápidamente y le busqué por el apartamento. Nada. Al final noté una nota en la mesita de noche.

"Perdóname por dejarte así, volveré en unos días. Mi jefe me ha llamado y me ha dicho que era urgente que me presentara en la central de Jacksonville. Te quiero." Suspiré, algo más tranquila, y al ver la hora decidí que lo mejor era que volviera al centro de acogida. No me gustaba que me hubiera dejado así, después de todo era mi primera vez, y esperaba que tuviera una buena excusa cuando lo viera de nuevo. Después de todo, qué clase de urgencias podía tener un contable? La sorpresa me la llevé cuando semanas más tarde aun no había aparecido y preocupada llamé a su abogado, quien me dijo que no sabía nada de él y que la adopción se había suspendido.