Estaba encerrada en mi cuarto, tumbada en la cama boca arriba y con los auriculares puestos, cuando Suigetsu abrió la puerta de golpe y me hizo saltar del susto. Bajé el volumen de los auriculares para poder escucharle.

- Sakura, tienes que ver esto, ven a ver la tele!

Fastidiada por la intrusión, me giré y le di la espalda.

- No me apetece ver nada.

No le oí avanzar hacia mí, pero de pronto me estaba zarandeando para que le prestara atención.

- Las noticias!

Extrañada, ya que al albino nunca le habían interesado las noticias, me senté y fruncí el ceño. Pensando que el chico no sabría responder mis preguntas rápida y satisfactoriamente, decidí seguirle y ver de lo que se trataba por mi misma. Al llegar a la sala de estar vi que casi todos los niños y supervisores de la residencia estaban allí en silencio, así que me acerqué todo lo que pude al televisor, que tenía el volumen subido al máximo.

En las noticias pasaban videos de diferentes partes del mundo, incluyendo América, donde unos monstruos metálicos habían salido a la luz y asesinaban a las personas a una velocidad alarmante. Me fijé en que no se parecían necesariamente los unos a los otros, sino que a pesar de la obvia forma humana, todos tenían prótesis que recordaban a animales. Eran como nosotros pero mejorados para ser máquinas de matar.

Han llegado a South Carolina, Tennessee y Mississippi, sin que las fuerzas militares hayan podido hacer nada al respecto. Se calcula que en máximo cinco días llegaran a Florida; el estado recomienda que se queden en sus casas llenos de provisiones, cierren puertas y ventanas y bajen las cortinas.

No podía creer lo que estaba viendo u escuchando. Según los reporteros estos monstruos habían aparecido apenas hace media hora, y llegarían a todos los rincones del mundo en el plazo de uno o dos meses. Vi las calles llenas de muertos en la pantalla y gritos de gente desesperada y no pude reprimir las lágrimas que amontonaron en mis ojos. Temblando, llevé las manos a mi vientre y sentí miedo.

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Un mes más tarde en mi brazo solo quedaba una línea rosa, aunque aun me dolía considerablemente. Sasuke había delegado a uno de los hombres que se asegurara de que me cambiaba el vendaje durante las primeras semanas. Era el más mayor, Kakashi, que rondaba los cincuenta años y había cogido la costumbre de tratarme como si fuera una niña. Más tarde supe que su hija y mujer reales habían muerto a causa de un metálico cuando todo empezó.

Sasuke no había vuelto a dormir junto a mí, ya que no creía que fuera a escapar estando aun herida, y su lugar lo fueron ocupando poco a poco Kakashi y Naruto. Él no dijo nunca nada al respecto, pero aquella mañana, cuando desperté y el rubio había pasado un brazo alrededor de mi cintura, me topé con los ojos del moreno a través del campamento. Sintiéndome incómoda, me levanté y decidí ir a buscar algo de leña.

Poco después oí unos pasos detrás de mí y me giré alarmada. Era él. Traté de ignorarlo y seguí agachándome para recoger trozos de madera. Sin embargo, unos instantes después, el moreno tomó la madera de mis brazos y la dejó sobre el suelo.

- Qué pasa? - Pregunté disgustada por la interrupción.

- No es que nada de eso importe ahora pero… cuando te conocí había pedido un año de permiso en la marina, ya no estaba seguro de si había escogido bien mi futuro. Cuando te dije que te adoptaría lo decía en serio, planeaba dejarlo del todo y empezar algo nuevo, contigo.

- Y por qué no lo hiciste? Por qué me dices esto ahora?

- Porque en Jacksonville me contaron lo de los metálicos. Sé que no salió en la tele hasta un par de meses después, pero nosotros ya estábamos al tanto y sabía que si no colaboraba quizás no estarías a salvo.

- No estuve a salvo. - Le eché en cara, cómo si hubiera sido su responsabilidad que no estuviéramos en un lugar seguro. - Ni siquiera llamaste.

Sasuke negó con la cabeza y sonrió levemente.

- No me habrías creído. En cualquier caso, cuando volví tu ya no estabas. Pensé que habías muerto como los demás.

Durante unos momentos no dije nada, digiriendo que probablemente su familia ahora estaba tan muerta como la mía. Y además, que no me había maltratado como siempre había pensado. Pensé si debía contarle sobre Sarada, pero algo gritaba dentro de mí que era solo mía.

- Lo siento, todos hemos perdido a alguien. - Dije en voz baja.

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- Aquí es, es el piso que queda encima del nuestro. - Dije refiriéndome al lugar donde habíamos vivido mi madre y yo durante los últimos años. - Los vecinos están de vacaciones y no vuelven hasta la semana que viene.

Abrí la puerta con las llaves de repuesto y Sasuke miró el interior indeciso. Técnicamente era allanamiento de morada.

- No tenía donde ir. Nos habían pedido que regáramos las plantas y trato de que todo siga igual de limpio mientras me quedo aquí. La semana que viene tendré que buscar otro lugar. Ingresamos en el interior del apartamento y cerré la puerta detrás de nosotros para que no nos viera ningún vecino.

- Intenta hablar en voz baja, nos podría oír alguien. Lo ves? No estoy durmiendo en la calle, no tenías por qué preocuparte.

Puse cara de paciencia, haciéndole saber que había sido innecesario que insistiera tanto en ver el sitio donde vivía, y le aguanté la mirada a sus ojos negros como el carbón. Me miraba de una manera que no podía descifrar, y eso me ponía nerviosa.

- Qué harás la semana que viene?

- No lo sé.

Le observé resoplar y me di cuenta de que era él el que intentaba no exasperarse. Después de unos minutos de silencio bajó la mirada y tomó mi mano con suavidad. Procuré no sonrojarme cuando acarició la palma de mi mano con su pulgar y de nuevo volvió a mirarme. Ahí iba de nuevo.

- Sé que no quieres oírlo… - Empezó.

- Sasuke, pues no lo digas!

- No estás bien sola, no estarás bien; deberías ir a servicios sociales. Ellos cuidarían bien de ti.

- Eso no es cierto. - Protesté.

- Podría visitarte.

Negué con la cabeza. Sinceramente, dudaba que me fueran a dejar ver a Sasuke muy seguido o durante mucho rato, y ahora era el único amigo que tenía.

- Me prometiste que no volverías a sacar el tema, Sasuke, si no tienes nada mejor que decirme mejor véte.

Le miré enfadada, porque lo que me había dicho me había molestado, y esperé su respuesta. Él me miró con la mandíbula apretada, obviamente frustrado a su vez, pero terminó por calmarse y tragarse las palabras que tenía preparadas.

- Voy al baño, cuando vuelva podríamos jugar un rato a cartas como habíamos quedado.

Sasuke masculló un "vale" y fue a sentarse a una silla de la cocina-comedor mientras me esperaba. Yo me escabullí al baño, hice lo que tenía que hacer, y al acabar de lavarme las manos miré mi reflejo. Llevaba la peluca rubia que siempre me ponía antes de salir a la calle. La odiaba, me recordaba a una chica de la escuela que me había hecho la puñeta durante un tiempo.

Me la saqué, me deshice el moño y me sacudí el pelo aliviando el picor. El pelo rosado cayó hasta ligeramente por debajo de mis hombros, y el flequillo a un lado me dio un aire aun más infantil. Observé la piel pálida salpicada por seis diminutas pecas en la nariz y deseé poder borrarlas. Suspire ante mi imagen y tiré la peluca sobre la tapa del wáter antes de salir del baño. En la cocina Sasuke estaba despidiéndose de alguien por el móvil, y cuando no me oyó llegar pero me vio allí parada de pronto me miró con cautela. Le sonreí y me senté enfrente de él.

- Tu pelo.

Sentí su mirada recorrerme e hice una mueca mientras tomaba la baraja de cartas.

- Lo siento, no soy rubia natural. - Dije ácidamente.

- Lo sé, pero por las fotos en blanco y negro repartidas por la ciudad tampoco esperaba que tuvieras el pelo rosa.

Sentí su mano acariciar mi cabello y me maldije por no haberlo cepillado rápidamente antes de venir. Levanté la mirada y me topé con sus ojos negros y profundos, estudiándome.

- Me gusta.

Me sonrojé sin poder evitarlo y repartí las cartas en silencio. Jugamos un par de partidas y no paraba de intentar entablar conversación con el moreno, pero él estaba demasiado serio. Probablemente por la discusión que habíamos tenido más temprano.

A mitad de la tercera partida, el timbre sonó y yo di un pequeño salto de sorpresa. Me puse el dedo índice delante de la boca para indicarle a Sasuke que no hablara y traté de mantenerme lo más quieta posible. Sasuke, sin embargo, se levantó sacándome una mirada de pánico.

- Qué haces?

- Lo siento.

Le observé caminar hasta la entrada y abrirle la puerta a un hombre y una mujer de entre unos treinta y cuarenta años. La mujer, con el pelo de color azabache largo y los ojos grises, me dedicó una sonrisa. Miré a Sasuke, sin querer creer lo que estaba pasando, pero no me devolvió la mirada.

- Hola Sakura, soy Hinata, la prima de Sasuke. Soy asistente social y tengo entendido que el sistema lleva buscándote desde hace un par de semanas al menos. Quiero que vengas conmigo, puedo encontrar un hogar para ti, qué te parece?

- No. - Al principio no reconocí la voz como mía, porque era débil y estridente, pero cuando lo hice me removí inquieta. No veía como salir de aquella situación. No podía correr ni convencerles de que me dejaran marchar, y claramente Sasuke no iba a ayudarme.

Sasuke. Sentí el enojo crecer dentro de mí y lo miré con odio. Me había engañado; había confiado en él y me había traicionado.

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Un rato más tarde, acabando de recoger unos pocos trozos de madera, miré hacia el cielo gris y me pregunté cuando dejaríamos el invierno atrás. Hacía demasiados años que no veía flores o vegetación verde sobre el suelo, tan solo el blanco de la fría nieve y los árboles desnudos. Oyendo mi estómago rugir, decidí volver al campamento y desayunar algo. Al acercarme uno de los chicos me ayudó con las ramas y me acerqué al fuego para avivarlo un poco y hacer algo de desayuno. Los demás estaban mirando un mapa, decidiendo a donde ir a continuación.

- Deberíamos ir, la chica puede quedarse fuera. - Le oí decir a Neji. - Estamos preparados para hacerlo, es ahora o nunca. Si no lo hacemos los otros ataques serán en vano.

- De qué están hablando? - Le pregunté a Shikamaru, que se encontraba a mi lado. Ellos nunca me habían explicado cual era su objetivo a largo plazo, y había asumido que simplemente era encontrar un refugio seguro.

- Estamos cerca de la fábrica de metálicos de St. Louis y hemos estado pensando durante un tiempo como destruirla. Conseguimos los planos hace cerca de un año, pero es complicado desplazarse con esos monstruos acechando todo el rato. No es de dominio público, pero las fuerzas militares aun no nos hemos rendido, existen bastantes grupos como el nuestro como para vencerlos para siempre con una buena estrategia y un poco de suerte.

Aquella nueva información me sorprendió. Tres años más tarde y con la humanidad en vías de extinción planeaban ganar? Entonces yo no me iba a esconder, los metálicos me habían arrebatado lo suficiente como para que deseara con mucha fuerza hacerles pagar.

- Me apunto.

- Qué? Ni hablar. - Soltó Naruto de golpe.

Nadie dijo nada, pero todos parecieron apoyarle en silencio. Incluso los que habían creído que había actuado con destreza con el metálico de hacía un mes.

- Crees que no sé disparar?

- No se trata solo de disparar, qué harás si te quedas sin arma? - Intercedió ésta vez Kakashi.

- Se me da bastante bien el combate cuerpo a cuerpo. - Dije confiada.

- Si no lo haces igual que nosotros serás una carga. No tienes nuestra fuerza, por no decir que un golpe de uno de esos bichos te dejará seca.

Bufé exasperada, era como discutir con una pared. Era cierto que no había recibido ningún entrenamiento pero si no me habían visto luchar no deberían subestimarme por ser mujer.

- Hagamos un trato, que alguno de vosotros luche conmigo. A partir de ahí podéis evaluar si queréis que os ayude o no.

Todos se miraron dudosos entre si, sin atreverse a enzarzarse en una pelea conmigo por miedo a hacerme daño. Ninguno iba a dar un paso adelante?

- Voy a ofenderme si no me tomáis enserio. - Fruncí el ceño.

- Sakura, creo que no entiendes… - Empezó a decir Naruto.

- Yo lo haré, si te inmovilizo habrás perdido. Le devolví la mirada al chico de ojos negros, sorprendida. De todas las personas no esperaba que él fuera a participar en mi juego. Me mordí el labio inferior, nerviosa, y asentí.

Gracias por vuestros reviews! Siempre que los hagáis teniendo cuenta en la web podré contestaros personalmente. A los demás, os agradezco de corazón vuestros ánimos pero siempre me olvido de contestaros cuando subo un capítulo. Espero que os haya gustado el capítulo 7 y espero leer vuestros comentarios!