- Y bien? Qué tal fue tu cita con Pain? - Preguntó Sasuke tan pronto como nos sentamos en una mesa de nuestra cafetería habitual. No nos sentamos en lados opuestos, sino que nos sentamos con una esquina de la mesa entre nosotros.
- Bien. Es un buen chico. - Mentí mientras miraba la carta de pasteles.
Sasuke me miró, pero no dijo nada ya que la camarera llegó para tomar nuestro pedido.
- Me gustaría un pastel de queso y mermelada y un zumo de naranja, por favor.
- Yo un café solo con hielo.
- Enseguida.
Una vez la chica se fue Sasuke volvió a escudriñarme con la mirada. Parecía molesto.
- Sigues creyendo que hice mal al no sacaros del recinto?
- Tal vez. - Murmuré. La verdad era que no estaba segura, en la calle no había habitaciones pero tal vez eso a Pain no le importara. - Me besó, nunca me habían besado.
- Te gustó? - Preguntó acercándose. Empezaba a sentirme incómoda.
- Sí. - Mentí de nuevo porque se suponía que el beso iba a gustarme e iba a ayudarme a olvidarme del chico que tenía delante. - Tiene una perforación en la lengua, dicen que es mejor.
Vi como el músculo de su barbilla se tensaba y me pregunté si era porque no le había dicho antes que Pain tenía piercings. Parecía estar mordiéndose la lengua.
- No quiero ser una buena persona. - Dijo finalmente. - Me gustas más allá de tu apariencia y me molesta que te haya besado otra persona. Sé que yo te gusto.
No dije nada porque me había quedado muda. Sabía que le gustaba y yo le gustaba a él? Por qué diablos no había dicho nada?
- No estoy haciendo lo correcto. - admitió con frustración. - No quiero que te sientas obligada a nada, - calló un momento - pero quiero besarte.
Se inclinó sobre mí sin esperar mi respuesta, lo suficientemente lento como para dejar que me apartara si no era lo que quería. Después su boca estuvo con la mía y sentí mi pulso acelerándose.
Lo quería más cerca, así que llevé mis manos a su cuello y entrelacé mis dedos con sus hebras oscuras, tirando de él hacia mí. Él acarició mi cabello suavemente en respuesta. Cuando mordió mi labio inferior tuve un retortijón y abrí la boca para dejarle paso. Su lengua solo lo hizo mejor, jugó con la mía y un gemido escapó de mi garganta. Ese sonido pareció indicarle que era suficiente porque se apartó. Cuando lo miré se veía agitado, igual que suponía que me veía yo.
- Qué tal? - Preguntó mientras miraba mi boca y pasaba uno de sus pulgares por mi labio superior.
- Mucho mejor que Pain. - Jadeé, pero había algo que me carcomía. - Qué va a pasar ahora?
El pelinegro me miró a los ojos con duda. Sentí mis ojos humedecerse ante el inminente rechazo y me mordí el labio inferior para evitar que cayeran las lágrimas.
- Eh. - Pasó los dedos por las comisuras de mis ojos, retirando el agua, y me besó suavemente en los labios. - No llores. Haremos lo que tú quieras. Dios, no volveré a ser una buena persona nunca más.
- De verdad? Y que pasa si alguien nos ve?
- No lo harán. - Y nunca lo hicieron.
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- Si Sakura consigue darte un golpe en el pecho gana. - Advirtió Kakashi.
Un golpe en el pecho? Bien, no podía ser muy difícil. Sasuke y yo nos posicionaros a varios metros y observé como él separaba las piernas y las doblaba levemente, así que hice lo mismo. Sentí como mi cuerpo temblaba de nerviosismo y me obligué a mantener la calma y concentrarme. Cuando Kakashi indicó que podíamos empezar Sasuke no perdió ni un segundo y se lanzó hacia mí, queriendo acabar rápido. Me sorprendió y me aparté por los pelos con el corazón latiendo a toda prisa, liberando mi brazo del agarre que había intentado al llegar a mi lado. Girándome para enfrentarlo, lo esquivé tres veces más mientras andaba hacia atrás y salté cuando intentó tirarme al suelo barriéndome con una de sus piernas.
Me molestó que fuera tan agresivo y lancé una serie de golpes que bloqueó con facilidad, a la vez que intentaba agarrarme de los antebrazos. Al final consiguió agarrarme con una mano y tiré de mi brazo con fuerza para que me soltara. Al ver que no podía e empezaba a dolerme el roce le lancé una patada a la entrepierna, medianamente fuerte, sin cuestionarme si estaba bien que lo hiciera o no. Nadie había especificado las reglas. El moreno no me soltó, pero aflojó el agarre y aproveché en apartarme mientras se encogía de dolor.
Pensé que aquél era mi momento, así que me lancé con todo mi cuerpo a sus piernas e intenté hacerle un placaje. Sé tambaleó, pero al no caer me erguí, le rodeé y le empujé desde arriba, dejando caer todo mi peso muerto sobre su espalda. Cayó de rodillas y me balanceé sobre él, intentando que cayera del todo. Lo que no me esperaba es que se recuperara tan rápido y volviera a levantarse conmigo sobre él. Oh, oh. Desde aquella posición ni yo podía golpearle ni él podía inmovilizarme.
Antes de pensar que hacer a continuación Sasuke me agarró por detrás de una de mis rodillas y tiró de mi hasta que me deslicé a la parte delantera de su cuerpo, donde me quedé medio colgando por el peso. Traté de golpearlo entonces, a la vez que intentaba no caer al suelo, pero no lo conseguí y mi culo y espalda acabaron sobre el suelo cuando el chico me empujó fuertemente lejos de él. Intenté arrastrarme hacia atrás para poner algo de distancia entre nosotros y poder levantarme, pero el moreno me tomó del pie y me arrastró de vuelta hacia él, a la vez que se agachaba.
Esta vez lancé una patada a su pecho para intentar evitar que se pusiera sobre mi, pero fue muy previsible y él la agarró al vuelo. Plantó las rodillas sobre mis piernas, sujetándolas, y después agarró mis muñecas con las manos, algo que traté de evitar en vano. Las puso sobre mi cabeza y después dejó caer su peso sobre mi cuerpo, prácticamente aplastándome. Me zarandeé, gruñí, me puse colorada del esfuerzo e intenté morderle, pero nada fue eficaz, así que después de luchar durante cinco minutos me rendí y le miré furiosa con lágrimas en los ojos. Odiaba su culo militar con todo mi ser.
- Has jugado sucio. - Dijo visiblemente molesto.
- No juego limpio con los metálicos o con alguien que quiera hacerme daño, y tampoco cuando no estoy en igualdad de condiciones. - Expliqué con impotencia.
- Valoro eso. - Sonrió a medias.
Fue entonces cuando me di cuenta de lo cerca que estábamos y de lo cómoda que estaba al respecto, como si los años no hubieran pasado. Aun peor, creí notar que Sasuke tenía una erección que se presionaba sobre mi bajo vientre, y dejé de respirar. Me puse colorada y pude ver que Sasuke se daba cuenta del cambio. Fue entonces cuando Kakashi se acercó y habló.
- Lo siento, Sakura, has perdido. Sasuke se apartó de mí entonces y una vez de pie me dio la mano para ayudarme a levantarme. Le envié una mirada llena de rencor y él me devolvió una pensativa.
Lo has hecho bien, puedes venir. - Dijo finalmente, no muy convencido.
Nadie hizo ningún comentario, y supuse que era porque era la decisión de su líder. Le miré confundida.
- Por qué? Has ganado.
- Sigues queriendo ir no? - Asentí y vi como dejaba escapar un suspiro contenido, claramente en desacuerdo. - Entonces ve, solo intenta no alejarte de nosotros.
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Los metálicos no tardaron cinco días, sino que tardaron seis. En los medios de comunicación dijeron que les tomaba tanto tiempo porque no dejaban supervivientes. El cuarto día, cuando pasaron imágenes de Jacksonville, mi corazón se hizo añicos. Sasuke me había mentido, humillado y maltratado, razón por la que tenía muchas ganas de darle un puñetazo en la cara y algo más, pero no deseaba que muriera. Y ahora, probablemente, estaba tirado en la calle sin vida.
Aseguré la mochila en mi hombro y fui a buscar a Suigetsu y cuatro amigos suyos unos sacos de dormir más allá. A los niños del centro nos habían trasladado a un polideportivo cerca de la costa, ya que en teoría el estado debía sacarnos por mar gradualmente. Allí encontramos más huérfanos y vagabundos, y pronto nos dimos cuenta de que estábamos en el sector que el presidente se molestaría menos en salvar; el sector que no llegaría a los barcos a tiempo.
- Tenemos que irnos ya. - Anuncié al estar a su lado.
Todos me miraron indecisos, pero aun así pusieron las mochilas en sus espaldas.
- No deberíamos esperar? Quizás nos rescatan.
Tragué saliva y les miré, quizás no tendrían las agallas de seguirme después de todo. Irme para mí no era una elección, ya no se trataba solo de salvar mi vida, y si debía irme sola lo haría.
- Mañana llegarán los metálicos, Sai, no les voy a esperar sentada. Tenemos que irnos hacia el norte, escondernos, y ir a las ciudades que ya han arrasado. No habrá tantos monstruos allí.
- Y qué haremos cuando nos crucemos con ellos? Seremos un blanco más fácil si no estamos rodeados de gente. - Inquirió Pain contrariado.
No tenía una repuesta para eso, de cualquier modo, no una que fuera agradable.
- Yo me voy, podéis seguirme si queréis, sino quedaos aquí.
Finalmente y contra todo pronóstico, decidieron seguirme. Con mucha perseverancia y tras doce horas caminando en silencio la mayor parte del tiempo, llegamos a Masaryktown. Por el camino pudimos comer lo que nos habían dado en el refugio improvisado, pero al día siguiente tendríamos que buscar agua y comida, y aquello me aterraba tanto como toparme con los metálicos. También me preocupaba viajar por la autopista, ya que era un camino obvio, así que tendríamos que encontrar y empezar a usar un mapa y una brújula. Traté de evitar pensar en Sasuke, pero todo lo que me venía a la cabeza era que él sabría que hacer.
Algo que me había atraído de él es que era mayor y se le daba bien cuidar de mí, claro que eso había sido hasta que decidió desaparecer sin decir adiós. Sabiendo los meses que me esperaban por delante lo que más deseaba era que alguien tomara las riendas por mí, pero parecía que el grupo de chicos que viajaba conmigo no estaba dispuesto a ello. De cualquier manera, debía hacer de tripas corazón y enfrentarme a lo que me viniera encima. No podía permitirme el lujo de hundirme por alguien que me había tratado tan mal y probablemente ya no estaba entre nosotros.
Al llegar a la ciudad vimos que el atasco no solo estaba en la autopista, sino que en la cuidad aun había gente pasando con el coche de camino al sud, donde estaban los barcos, o de camino al aeropuerto. Al ver el humo en el horizonte supimos que no podía pasar mucho tiempo hasta que los monstruos llegaran, y decidimos escondernos en el sótano de un colegio hasta que todo pasara.
Ya había anochecido, y cuando empezaron los estruendos y los gritos, nos encogimos a oscuras, en nuestros escondites, y aunque yo no creía en Dios recé varias oraciones. Lo había aprendido de mi madre, que sí era practicante, cuando era pequeña. Estaba temblando de miedo, saltando en mi sitio cada vez que oía un golpe, y después de unas cuantas horas oímos a uno de esos seres acercarse a la puerta y abrirla.
