Observé como Sasuke guardaba el pendrive con el virus en el bolsillo interior de su chaqueta, asegurándose de que estuviera protegido de golpes cuando llegáramos a la fábrica. Estábamos a media hora a pie de allí, y repasé el plan mentalmente. Sus hombres y yo debíamos distraer a los, como máximo, cinco metálicos haciendo guardia, y mientras Sasuke debía escabullirse hasta el centro de control. Según Naruto, les había costado mucho crear un virus tan potente como para afectar a una central entera en cuestión de segundos. Necesitaban que fuera de aquella manera para tener el máximo tiempo posible para huir si el caso lo requería, ya que no podían simplemente dejar los pendrives atrás. De momento solo tenían los justos.
- Sakura-chan, voy a ir a hablar con Sasuke un rato.
Asentí y vi cómo el rubio se acercaba al otro chico, unos diez metros más adelante. Le saludó dándole una palmada en el hombro, sacándole de sus pensamientos, y Sasuke me buscó fugazmente con la mirada al ver que no estaba con él. Se había vuelto una costumbre que siempre estuviera alrededor de Naruto. Al encontrarme cerca de Kakashi volvió la vista hacia adelante.
El hombre de pelo cano empezó a contarme sobre otras bases que habían conseguido destruir juntos, y aunque yo iba contestándole y seguía la conversación, fijé mi mirada en las espaldas de los dos chicos que tenía delante. Por la rigidez de Sasuke sabía que fuera lo que fuese que Naruto le estaba diciendo le estaba molestando. Entonces él dijo algo que también pareció molestar al rubio, ya que éste alzó un poco la voz aun sin que yo pudiera llegar a entenderlo. Aprecié que Naruto siempre se tomaba muchas libertades con el otro chico, y no tenía claro si era porque eran amigos desde de la infancia o porque tenía problemas reconociendo la autoridad. Seguramente era una mezcla de las dos cosas.
Siguieron en lo que parecía una discusión durante un rato, antes de que los pies del moreno se pararan de golpe, probablemente porque le había disgustado de sobre manera algo que había dicho el rubio. Naruto se paró también tras unos pocos pasos, al ver que no le seguía. Entonces siguieron caminando como si no hubiera pasado nada, volviendo a la discusión. Sasuke parecía muy enfadado.
- A este paso van a golpearse. - Murmuró Kakashi a mi lado.
Aquello me alarmó; no necesitábamos que rodaran por el suelo en aquel momento para demostrar quién tenía la razón. Parecía que Kakashi sabía el motivo por el que estaban discutiendo.
- Voy a ir a decirle a Naruto que vuelva con nosotros. - Le dije antes de alejarme.
Solo me tomó un par de minutos llegar hasta ellos. Estaba a punto de tomar la mano de Naruto para llamar su atención cuando oí lo que Sasuke le estaba diciendo.
- … no albergo por ella los mismos sentimientos que antes y va a seguir así. Tengo cosas más importantes que hacer que estar jugando a las casitas con ella.
No había que ser muy lista para saber quién era "ella", después de todo era la única mujer en el grupo. Sentí algo removiéndose dolorosamente dentro de mí, sin pedir permiso, y noté como mis ojos se volvían brillantes al sentirme herida y furiosa. No podía entender porque me importaba tanto lo que había dicho.
- Eres imbécil. - Solté bruscamente.
Sasuke giró el cuello tan rápido que quizás se había hecho daño, y me miró con ligera sorpresa. No esperaba que los estuviera escuchando, aunque en aquel momento yo no me sentía culpable. Le taladré con la mirada y pude ver que se preguntaba cuánto había oído. Definitivamente había oído lo suficiente.
- Quién te ha dicho que yo quiera jugar a las casitas contigo? Véte a la mierda.
Me alejé furiosa hasta la parte trasera del grupo, notando que me quedaba poco para derramar las primeras lágrimas. Naruto vino tras de mí prácticamente enseguida, pero Sasuke no hizo amago de explicarse y supuse que se había quedado en su sitio.
- Sakura-chan. - Me llamó suavemente el rubio, a la vez que rodeaba mis hombros con un brazo.
. Déjame, no me mires. - Contesté con la voz temblorosa, tapándome los ojos con las manos mientras andábamos, ocultando las pocas lágrimas que amenazaban con salir.
Solté aire lentamente, intentando tranquilizarme, y el chico me frotó la espalda para reconfortarme. Lo conseguí tras unos minutos, y para mi mala suerte noté que la mayoría de los hombres nos miraban de reojo. Cotillas.
- Perdóname, he provocado al teme para que me contara lo que había pasado entre vosotros. No pretendía que salieras herida.
- No es nada, no sé porqué me he molestado tanto. Lo nuestro está en el pasado, y yo tampoco quiero nada de él. - Sabía que me estaba mintiendo a mi misma y a él, pero no podía evitarlo. Realmente quería que fuera así.
Tal y como Sasuke había dicho, él no quería asentarse conmigo y probablemente nunca había querido. Adoptarme para vivir y acostarse conmigo quizás, pero definitivamente nada más. Estaba claro que ahora ni siquiera se planteaba eso, aunque yo tampoco querría. Si volvía a despertar un interés en mí acabaría sabiendo sobre Sarada tarde o temprano, y no quería que se enterara de nada ya que se notaba que le importaba una mierda. De nuevo, había estado haciéndome ilusiones a escondidas y había sobrevalorando sus sentimientos hacia mí. Deseaba rehacer mi vida con alguien, pero Sasuke no podía darme lo que yo quería.
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Mitsuki, el chico con el que compartía escondite en el sótano de aquél colegio, me rodeó la muñeca con una de sus manos y me la apretó fuertemente. En otro momento hubiese luchado contra él o me habría quejado porque me estaba haciendo daño, pero eso podría haber alertado al metálico que acaba de entrar. Miré a Suigetsu, que se encontraba unos metros más allá en frente de nosotros, presa del pánico. Él me devolvió la mirada visiblemente alterado y se llevó un dedo a los labios, pidiendo que mantuviera el silencio.
Traté de mantener la respiración baja y constante y escuché expectante hasta que el metálico fue visible para mí. La luz era escasa y estaba segura de que aquellos bichos no tenían visión infrarroja, ya que de ser así ya nos habría matado. Le observé, ya que aún no había podido ver a ninguno de cerca, y recordé que en las noticias habían dicho que cada uno era distinto a los demás. Aquél tenía garras y colmillos afilados, y todo su cuerpo estaba adornado de pinchos afilados que relucían cuando se movía. Andaba sobre sus patas traseras y sus ojos refulgían de color azul eléctrico, buscándonos.
Sintiendo como la tensión se acrecentaba dentro de mí, traté de liberar mi mano de los dedos del chico. No podría escapar si el metálico nos atacaba y él me mantenía agarrada. Mitsuki me miró con miedo en los ojos y negó con la cabeza, lo que me hizo clavarle las uñas de la otra mano para obligarle a hacerlo. "Por favor", moví los labios en silencio y puse una mano sobre mi estómago para hacerle entender. Mitsuki me miró sin comprender y retuve un gemido de frustración. Entonces oímos como el metálico se movía rápido y volvimos las cabezas justo para ver cómo sacaba a uno de los chicos de su escondite y lo despedazaba de un solo golpe.
La sangre nos salpicó la cara y, a la vez que la adrenalina empezaba a recorrer mi cuerpo y me desproveía de sentir emociones, sentí como mis rodillas se empapaban de un líquido caliente y noté que Mitsuki se había meado en los pantalones. También noté que abría la boca para gritar de terror y tiré fuertemente de mi mano, soltándome de su agarre. Aquél fue el detonante. Gateé hacia atrás para salir de debajo del escritorio por el otro lado mientras le oía gritar, y corrí hacia la puerta sin mirar atrás. Sorprendentemente, Suigetsu se apresuró detrás de mí en lugar de quedarse en la seguridad de aquél sótano ahora que yo había llamado la atención del metálico.
Sabía que salir a la calle sería como firmar nuestra sentencia de muerte si es que no lo habíamos hecho ya, y corrimos escaleras arriba. El metálico corría más que nosotros en un terreno llano, pero en las escaleras fue otra historia. Al ser tan grande chocaba continuamente con las paredes y se resbalaba.
- No te pares. - Me urgió Suigetsu al ver que empezaba a perder el ritmo.
Una vez en la azotea, que estaba por lo menos a una altura de veinte pisos, corrimos hasta una caseta en la que entramos a través de una ventana que rompimos y buscamos armas para protegernos. Yo tomé una barra de hierro de unos sesenta centímetros y Suigetsu una pistola que estaba escondida en un cajón. Entonces tratamos de ocultarnos, pero el lugar estaba prácticamente vacío y el metálico ya estaba saliendo por la puerta. Se lanzó a por nosotros al instante y tratamos de apartarnos cada uno a un lado. No sabía si Suigetsu lo había conseguido, pero a mí había conseguido rozarme con sus pinchos y caí al suelo estrepitosamente con el brazo arañado.
Oí el sonido de tres disparos y me puse de pie mientras la atención del bicho estaba sobre Suigetsu, y agarré la barra de hierro fuertemente. Suigetsu había tenido el coraje suficiente para no dejarme sola, y yo iba a hacer lo mismo por él, así que en lugar de correr hacia el interior del edificio me quedé. Fui hacia el chico, rodeando al steelien con precaución, y vi que estaba en el suelo desorientado y con un corte en la cabeza del cual salía sangre. La pistola apenas a un metro de él. Así que me lancé, cogí la pistola, y cuando el steelien estuvo sobre nosotros apunté y disparé. No esperé que funcionara, creí que moriríamos, y entonces sus ojos se apagaron y cayó.
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Cuando llegamos a la fábrica Sasuke nos separó en tres pequeños grupos y nos indicó que nos separáramos y mantuviéramos a raya a los steeliens que pudiéramos encontrar allí. Mientras, él iría al laboratorio para insertar el virus en el ordenador central. Quise decir que era una mala idea que fuese él solo, pero aun estaba molesta y me mordí la lengua. Saqué la pistola de mi cinturón y me puse en guardia como los demás mientras entrábamos en el edificio.
Una vez dentro, Sasuke subió por las escaleras que había a mano derecha, sabiendo perfectamente por dónde debía ir tras estudiarse el mapa. Uno de los grupos le siguió de cerca para ir a la primera planta y nosotros nos quedamos en la planta baja, listos para disparar en caso de que algún steelien subiera desde la planta inferior.
Todo fue bien durante cinco minutos. De hecho, llegué a creer que saldríamos allí sin luchar, y entonces sonó una alarma y tres steeliens llegaron reptando por la pared. Uno tenía prótesis de cocodrilo, otro de puma y el último de araña. Neji me ordenó que me mantuviera cerca de la entrada, lista para salir y mantenerme a salvo en caso de que fuera necesario, pero yo negué con la cabeza y abrí fuego junto a los otros chicos. Apuntar y disparar. Era más fácil decirlo que hacerlo dado a la velocidad en la que se movían.
Cuando el primero cayó, lo hizo porque se había tirado sobre uno de los hombres para asesinarlo y lo habíamos tenido a tiro. El hombre yacía desgarrado en el suelo, y los otros dos steeliens chillaron más furiosos. Sabía que las máquinas no estaban furiosas de verdad, pero esos sonidos habían estado diseñados definitivamente para amedrentar a los soldados durante una batalla.
Mientras los chicos se encargaban del steelien que se parecía a un puma, vi como el que tenía forma de araña se escabullía escaleras arriba y fui tras él a pesar de los gritos furiosos de Neji. Realmente los soldados llevaban mal que les desobedecieran. Pasé a través de los soldados del segundo piso, que apenas tuvieron tiempo de girarse para darse cuenta de que estaba allí, y disparé de nuevo.
- Sakura, deja de correr detrás de esa cosa! - Bramó Naruto antes de empezar a perseguirme mientras soltaba maldiciones.
Cuando estaba por llegar a donde suponía que se encontraba Sasuke el rubio me alcanzó y me retuvo por la cintura. Grité con rabia, tratando de liberarme y disparé de nuevo dos veces. Entonces el bicho arrancó la puerta y, cuando estaba por colarse dentro, emitió unas chispas y se desplomó.
- ¡¿Estás loca?! ¡¿Quieres que te maten?! - Me riñó el rubio.
- No! Solo me quería encargar de ése. Dejad de pensar que no sé cómo matarlos!
En ese momento Sasuke salió del laboratorio, saltando por encima del steelien inservible, y se acercó a nosotros. Me lanzó una mirada reprobatoria y suspiró.
- Sakura, nuestro escuadrón se hace cargo al menos de doscientos steeliens cada año. Cuántos has matado tú?
Le miré molesta, incapaz de contestar para no validar su argumento. En tres años tan solo había conseguido deshacerme de cinco de esos bichos, y me había costado en todas las ocasiones sudor y lágrimas. Me solté del agarre de Naruto y me fui aireada escaleras abajo. Neji me esperaba cerca de la puerta principal con cara de malas pulgas, y le pasé de largo para salir al exterior. Él me pisaba los talones.
- No puedes volver a involucrarte en una misión si no obedeces a tu superior. Podría haber perdido hombres por tu culpa. - Ladró.
Estaba iracunda. Me molestaba que me menospreciaran, y le ignoré mientras me sentaba sobre un tronco. Se paró frente a mí y usó un tono más duro, dándome a entender que era mejor que lo escuchara si no quería que me azotara el culo.
- En cuanto lleguemos a la base te quedarás allí. No volverás a salir de misión con nosotros si éste va a ser tu comportamiento. Queda claro? Y por supuesto, si es que en un futuro decides ser más obediente, tendrás que pedirle a Sasuke que te entrene.
- ¿Por qué? - Pregunté desafiante. Estaba claro que Neji era al menos el segundo al mando.
- Porque como jefe del escuadrón es su responsabilidad enseñar a los nuevos.
