Descarga de responsabilidad: Ya lo sabrán pero Yuri! On Ice no es mío.

Advertencia: Yaoi. Salto del tiempo. Mpreg. Violencia. Omegaverse. Familia. No beteado.

Cronopios del autor: Tarde una semana más en subirlo, pero verán, había unas cosas que no sabía muy bien del omegaverse, y tuve que darme a la tarea de leer algunos textos de una autora que tiene unos trabajos serios muy bueno sobre el "m-preg" y los cambiaforma. En este caso nadie se va a convertir en lobo y eso, pero si me interesaba ver sus relaciones y lazos. En el siguiente capítulo van a comprender un poquito más por qué. El siguiente sí será en dos semanas, tengo otras actividades y aunque me la pasó escribiendo pues estoy en otros proyectitos. Sin contar que me tiré un clavado la semana pasada a un crossover de Haikyuu! y YoI Hahaha. Me iré al infierno (?. Diría disfruten la lectura pero... quizás no lo hagan. No sé, gracias por leer.

¡Por cierto!: Gracias por los favs y los follow, jamás había recibido tantos. Me hacen feliz. -v-

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Ina Bauer

Por. St. Yukiona

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Katsuki Yuuri. Binario.

Había cuestiones que ni siquiera él mismo podía controlar. Cómo el que su familia era peculiar dentro de un mundo extraño donde cierto grupo de hombres podían dar a luz a más hombres con las mismas cualidades. Otra de esas peculiaridades residía en un hecho por el cual todo Japón, sino es que el globo terráqueo por igual sabían de ellos, es que cada cierto tiempo nacía alguien con las características con las que él había nacido.

Cannibal fairy se llama a esa condición —dijo el médico mientras que revisaba las ecografías del vientre de su madre. Ahí donde se suponía debía haber dos bebés sólo había uno.

El más fuerte es el que sobrevive.

Y sobre esa premisa se podía decir que el extraño suceso en el vientre de su madre era sólo un ejemplo de lo que ocurría en general, en el mundo.

Omegas maltratados por sus alfas. Omegas violados por desconocidos. Omegas a los cuales les extirpaban a sus crías sin anestesias en rincones aislados y sombríos de la ciudad. Omegas asesinados por el simple hecho de haber nacido inferiores.

¿Habéis escuchado que la sangre de omega hace que seas más viril?

A Yuuri se le revolvía el estomago al escuchar tanta estupidez. Justo en ese momento el estomago lo tenía al final de su garganta a punto de devolverlo por completo. Le daba rabia que la gente en plena modernidad aún siguiera pensando de aquella forma. Se sentía realmente enfermo cuando alzaba la mirada y veía desde su sordera las marcas que orgullosas presumían las patinadoras que había delante suyo.

"Oh por dios, sí algo así me contaron"

"Pues yo espero quedar en cinta en mi siguiente celo"

"¿Y tu carrera?"

"Qué más da, si doy a luz otro omega pues adiós pobreza así que Demian y yo estamos viendo si conseguimos sangre de omega"

"¿Pero no se dejó de comerciar con ella desde el incidente del verano negro?"

Yuuri siguió con la elongación mientras cerraba sus ojos y se concentraba en el ruido sordo que los tapones para los oídos le producían. Despegaría por completo el susurro mudo de esas mujeres de su cabeza. A veces odiaba tener ese grado de concentración. Debía concentrarse más y pasar al nivel del casi nirvana absoluto, su propio oasis. Suficiente había tenido con tragar las tres docenas de pastillas que mitigaban la horrible particularidad que le hacían tan único y especial. Celestino se había negado a que participara estando a días de su celo, pero… si no participaba su lugar en el Grand Prix iba a peligrar. Había quedado tercer lugar en Canadá con suerte lograba un segundo o incluso un primer lugar, no, un segundo lugar, eran números suficientes como para colarse al Grand Prix. Estiró su cuerpo empujándolo hacia la pared y uno de los tapones cayó de su oído.

"El verano negro, hahá, es como el Holocausto, muchos dicen que ni siquiera existió, sólo un invento del gobierno para sacar excusar la falta de omegas"

El japonés recogió el tapón de su oído y lo guardó en su sudadera. Pronto sería turno del primer grupo masculino, así que debía apresurarse a la zona de espera. No sin hacer paso entre las mujeres, regalándoles una mirada fiera, dura, fría. Una mirada que definitivamente no era propia del tímido y amable hombre.

—Lo siento… —masculló volviendo a andar.

—No-o no hay problema, Yuuri.

—¿Era Yuuri Katsuki?

—Tonta… y tú gritando.

Sí, era Yuuri Katsuki, Katsuki Yuuri dicho en el modo más tradicional de la sintaxis de su idioma. Era un patinador y tenía veintitrés años. Desde hacía varios años había evitado regresar a su casa por un motivo. Un motivo que tenía que ver con todo y con nada con él. No quería pensar en la conversación de las chicas, en el verano negro, en los omegas, en los alfas, en nada. Sólo quería poder deslizarse y en el proceso olvidarse de quién era.

Desde pequeño había decido que cuando cumpliera la edad suficiente se iba a ir de casa, iba a huir para no volver. Sin embargo, el mundo en el que vivía estaba diseñado de tal manera que quedaba claro desde que eras un inocente niño que si te separabas mucho de tus padres podías correr la peor de la suertes a manos del cruel destino.

¿Qué la sangre de omega era bueno para la fertilidad? No de cualquier omega, de los hombres omegas. Las mujeres desde hacía dos generaciones por algún motivo habían dejado de lograr embarazarse de alfas o betas, muchos especialistas habían sostenido la teoría que fue gracias a ciertas pastillas inhibidoras famosas entre las mujeres por además de inhibir el celo eran capaces de controlar los cólicos menstruales. Como consecuencia habían logrado dejar de producir bebés, y la desgracia se volvió un efecto domino al dolor.

Cannibal fairy.

—Es cuando hay un mellizos pero… —no sabía cómo explicarlo el doctor observando a al pareja—. Bueno, uno de los bebés, absorbe a su hermano y deja la bolsa vacía.

En realidad, uno de los fetos no se lograba desarrollar debidamente como consecuencia a la misma marca famosa de inhibidores, pero, a los médicos les gustaba más la idea de que un feto sin dedos ni parpados cometía parricidio devorándose a su hermano aún en el vientre de su madre, consumiéndole no solo la vida, sino todos los nutrientes.

—Aquí, debería haber dos bebés pero… sólo nacerá uno.

Cannibal fairy, el más fuerte sobrevive.

¿Por qué eran así las cosas? Bueno, su hermano no había nacido, él se lo había tragado, pues viviría por los dos. Si es lo que el mundo médico quería pensar pues genial. A darles gusto.

El patinaje era quizás lo único que le causaba esa clase de placer de estar avanzando. De estar en el lugar correcto y en la ruta correcta, pues el camino lo ibas marcando con tus propios logros, mismos que no dependían de nadie más que de ti. Ser sublime o ser una porquería sería el resultado de cuánto esfuerzos colocaras en cada hora invertida en los entrenamientos. Se había ido de casa para no pensar en que era un omega, uno de los llamados Cannibal fairy. Sus padres lo veían con recelo, sus hermanos menores, sus clientes, todos. ¿Por qué los Katsuki tenían que ser tan conocidos? ¿Por qué no simplemente no había podido nacer en la humilde casa de betas siendo también uno de ellos?

—Le pedimos a las competidoras de la rama femenil que abandonen la pista. En dos minutos será accesible para los competidores de la rama varonil—anunció la voz autómata de la presentadora.

—Haz toda la rutina con calma, cuidado con los otros competidores —dijo Celestino mientras que el aludido se impulsaba hacia el centro. A la vista de todo.

El entrenador pudo respirar nuevamente,

había tenido que contener la respiración.

—Ah… ¿Y ese olor? —preguntó Viktor en voz alta mientras olfateaba en el aire. Fuerte y profundo, se iba quedar en su nariz un buen rato, quizás para siempre, como el sabor de la carne en la boca de un pordiosero o como en el pecado en el cuerpo del mundo.

—¿Ese? Es Katsuki Yuuri —dijo Chris sin mucho interés siguió moviéndose, el pequeño escozor en el hombro por el encaje del traje le estaba molestando, quizás le pediría a Caro que le colocara un poco de algodón.

—¿Katsuki Yuuri? —cuestionó Viktor.

—Sí, es uno de "esos".

—¿Uno de esos?

—Ah… ¿Cómo es que tienes tantas admiradoras siendo así de distraído, Viktor? —el suizo tomó una larga bocanada de aire mientras guiaba sus ojos hacia la figura negra que recorría de extremo a extremo de la pista. Se habituaba a ella. La volvía de su propiedad al tiempo que desperdigaba sin desearlo aquel fuerte aroma—. Yuuri es japonés, pertenece a una familia de binarios, así que ni lo voltees a ver —advirtió Giacometti con una sonrisa suave después giró su mirada hacia Viktor pero éste ya se encontraba patinando hacia donde el nipón se encontraba.

—¡Oe! ¡Yuuri-kun!

El aludido escuchó la voz que le llamaba, pero al identificar de quien se trataba sólo aceleró el ritmo de su recorrido a uno que bien pudo hacer palidecer a un competidor de velocidad cero. Pero Viktor no cesó, sus patines se deslizaron con la misma destreza mientras cerraba los ojos dejándose guiar por ese delicioso aroma.

"Estás alucinando, estás alucinando, estás alucinando"

Era una de sus alucionaciones-fantasías más recurrentes. En sus sueños más violentos. Era él patinando y de pronto aparecía Viktor agitando alegremente su mano y llamándolo por su nombre: "Oye Yuuri, hay que unirnos y tengamos diez hijos", ¿algo así? No. Lo amaba tanto que dolía, pero no del modo sexual, lo deseaba, ser como Viktor Nikiforov, era quien sin saberlo lo había llevado hasta el lugar hoy estaba.

—Yuuri-kun —canturreó el ruso a lo que Yuuri más aceleraba el paso.

Ya que si el japonés volteaba y se daba cuenta que no le hablaba a él, que sólo era una alegre coincidencia que ambos estuvieran patinando en la misma dirección de un modo tan veloz, pero que en realidad no le hablaba a él, se iba a deprimir. Demasiado. Quizás todo era parte de su imaginación. Todo debía ser parte de su imaginación. Todo hasta el haber chocado contra un hombre que fácilmente podía medir dos metros y pesar alrededor de unos 150 kilogramos.

—Lo siento… —murmuró Yuuri mientras se alejaba con lentitud. Viktor frenó a unos metros observando de hecho también al sujeto que se había aparecido casi de la nada en plena pista de patinaje.

Algunos competidores como el ruso y el japonés detuvieron su entrenamiento, pues aquel hombre no era nadie conocido del circuito.

—¿Qué hace Thomas ahí? —preguntó un hombre de mantenimiento a otro compañero.

—Ni idea… estaba arreglando una de las sillas de los jueces… se supone que debía estar ahí… ¡Hey Thomas! —gritó el empleado desde la barra de contención donde terminaban de pegar los últimos anuncios de los patrocinadores—. Estorbas a los competidores…

Pero el hombre no se movió.

—Yuuri —murmuró Viktor mientras se acercaba lentamente. Con la lentitud de un cirujano que estudia la delicada piel de su paciente para ser la incisión correcta, para no ocasionar daños irreversibles y lograr la operación exitosa.

Pero Yuuri no reaccionó, se quedó petrificado con el corazón bloqueando el oxígeno pues lo tenía atorado en su garganta. La ira que sintiera segundos atrás parecía que se había esfumado dejando en su lugar un horrible escalofrío que abrazaba el cuerpo esbelto del japonés. Tragó saliva y sus manos comenzaron a temblar antes de girarse violentamente buscando huir. Había visto esa mirada antes, no una, sino miles de veces, siempre había sido lo mismo. Siempre le había ocurrido a él.

Aquel sujeto sólo le bastó estirar una de sus largas extremidades para coger al patinador de la capucha de su sudadera y tirarse al piso junto con él, dejándolo atrapado entre el hielo y su pesado cuerpo. Yuuri chilló del dolor al haber recibido de llenó el golpe en su rostro sin oportunidad de meter las manos.

—¡Quítate! —exigió alterado con el cuerpo enfriándose gracias a la pista debajo de él—. Quí… —se empezó a ahogar al tiempo en que el sujeto empujaba con fuerza la ropa de Yuri buscando liberar la nuca de la tela que la cubría. El japonés podía sentir el miembro caliente y tibio contra su espalda baja, el animal de dos metros se había sentado sobre él. El cuerpo lo estaba resintiendo y sus ojos se empañaron—… alguien… —suplicó.

Porque claro, el omega tenía la culpa si iba por ahí expidiendo un aroma tan fuerte y demandante como el que sin desearlo Yuuri había soltado tras se repentino ataque de ira contra aquellas pequeñas perras ignorantes.

Sintió la lengua caliente y asquerosa contra su piel, su cuerpo se estremeció cerrando los ojos al tanto cada uno de sus músculos se tensaba esperando. No sería la primera vez que ocurría eso, sería la primera vez que ocurría delante de tantos ojos.

¿Y aún se preguntaban porque no confiaba en nadie?

—Yakov… —murmuró su pupilo más talentoso con ese tono de voz que bien reconocía, era el mismo que podía cada vez que algo le iba mal. Por lo cual, debía ser serio. Viktor manejaba dos tonos: el de depresión berrinche y el de depresión circunstancial. Cualquiera de las dos era molesta, quizás una más que la otra. Pues con la depresión por berrinche sólo hacía falta cumplirle el capricho, mientras que la otra… requería en ocasiones medidas más extremas y especificas.

—¿Hmp? —tendría que escuchar cuidadosamente las palabras ajenas antes de tomar medidas. Que si bien, iban en racha con victorias, como siempre, le preocupaba en sobre manera el modo en que el albino se había expresado frente a la prensa: "¿Es el retiro de la leyenda viviente?", el ruso sólo pudo reír y alzar los hombros. Viktor no era un hombre planes, pero tampoco era del tipo improvisado que se tiraba al vacío sin un salvavidas, cuerda o mínimo un paraguas. Ahora en cambio, parecía que estaba dando tumbos como un maldito ciervo recién parido. Asustado y deslumbrado por el mundo. Lo veía en su expresión ida que seguía las sombras de los árboles que iban dejando atrás durante el recorrido del auto que los trasladaba de un punto a otro.

Además…

"¡Viktor!", los gritos de terror de los patinadores cuando el ruso se había lanzado sobre aquel gorila que había atacado a Yuuri Katsuki horas antes. Tan irresponsable de su parte. No lo había querido regañar pues todos habían acabado con la horrorosa impresión de que algo muy malo había pasado ahí, algo lo suficiente incomodo como para que ni a él le quedarran ganas de reprender la irresponsabilidad de Nikiforov al irse sobre aquel hombre exponiéndose a salir lastimado.

—¿Qué es un "binario"?

—¿A qué te refieres, Vitya?

—Katsuki Yuri, Chris dijo antes: "Yuri es un binario".

—Hmp, claro… es normal que no lo sepas, ahora son más extraños de encontrar, es algo de lo que ya se dejó de hablar —reflexionó el mayor con los brazos cruzados sobre su pecho—. Los alfas cómo sabes… son los únicos que poseen la semilla para dar prole, los omega son aquellos que tienen la capacidad de recibir esa semilla, sin embargo, un omega binario… normalmente viene con un alfa binario, gemelos —externo mirándolo de reojo—. Mientras que el alfa binario es capaz de poseer hasta dos omegas con lazos, es decir, dejar su marca en dos omegas diferente —en el entendido que aquella marca era el seguro que prometía hacer entender al mundo que el omega le pertenecía a un solo indiscutible alfa—, un omega binario… es sumamente diferente a un omega cotidiano, sí un omega binario no desea al alfa que lo marca… la marca que le hagan desaparecerá, inclusive, su cuerpo es capaz de rechazar la semilla, interrumpiendo la gestación, asesinando a las crías que haya en él, expulsándola de su cuerpo como si de una bacteria indeseable se tratara… —contó mirándolo a los ojos.

A los oídos de un hombre que era naturalmente alfa, que quizás no había sido criado con el estereotipo de dominante y tradicional del proveedor y semental dispuesto a dejar mucha descendencia pero que si había crecido con la idea de un día formar una familia, aquello sonó a una aberración.

—Pero… —quiso hablar pero las palabras no las encontraba, al menos no en su propio idioma. Viktor se encogió en su asiento pensativo.

—Durante un tiempo, Rusia estuvo llena de binarios.

—¿Con qué propósito?

—Sólo los omegas binarios son capaces de dar gemelos binarios, los alfas no… los omegas binarios darán omegas fértiles y alfas fuertes… así que durante la Segunda Guerra mundial, Rusia desconocía cuánto tiempo iba a durar y Lenin envió un llamado a todas las familias que fueran binarias que se acercaran a apoyar la causa, la defensa de la nación —contó Yakov en su despliegue de conocimientos—. Muchas familias así lo hicieron… ofrecieron a sus hijos omegas, y todo aquel que sirviera… alfas para pelear en el frente, omegas para parir más soldados fuertes… sin embargo… Rusia no era el único país capaz de hacer esa misma estrategia, e incluso practicas más oscuras… tras el fin de la guerra el número de familias binarias se redujo drásticamente: omegas que ya no podían dar más hijos y decenas de alfas muertos… los ataques de Hitler se centraron en los albergues de estas castas en Europa continental que no había sido conquistada por él, y en cuanto el territorio que era conquistado, exterminaba a estas familias al desconocer la lealtad de las familias y no saber a qué se estaba enfrentando exactamente —tomó un poco más de aire y miró hacia el exterior.

Viktor desconocía toda aquella información, después de todo, la Segunda Guerra mundial no era un tema que en uno o dos cursos de historia se pudiera ver por completo, normalmente se limitaba la enseñanza al frente aliado y el eje central, punto, nada de detalles debeladores que promovieran el odio o la xenofobia hacia una etnia. Suficiente con la omefobia que existía. La imagen de Katsuki Yuri siendo mordido salvajemente, manchando el hielo y sus lágrimas mojando sus mejillas mientras apretaba los labios con rabia y su cuerpo dejaba de luchar, jamás se iba a borrar de su cabeza.

—En Japón ocurrió todo lo contrario, preservaron a las familias binarias, pero al finalizar la guerra y el imperio cayó, los omegas empezaron a ser comercializados como reces y los alfa enviados a los países afectados para trabajar en la reconstrucción de la infraestructura… los Katsuki fueron en su mejor momento una familia poderosa favoritos de una casa ninja y varias castas samurái por ser binarios pero por tener una particularidad bastante especial…

—¿Una particularidad especial?

¿Qué podía haber más de especial que el ser binario?

—Había veces en que el omega se devoraba al alfa en el vientre de la madre, un hombre o mujer con cuerpo de omega pero con instinto de alfa… ¿verdad qué es interesante? —Yakov se mostró ligeramente excitado—. Durante el verano negro fueron famosos por ese mismo detalle… tenían un hijo caníbal, Yuri… el único binario de la familia… después tuvo más hermano, pero se dijo durante mucho tiempo que Yuri había sido caníbal desde el vientre de su madre… desconozco los detalles pero se habló mucho sobre eso cuando entró al circuito, es por eso qué sé sobre él y su condición.

—Un caníbal… capaz de expulsar al hijo de un alfa si no quiere tenerlo… un monstruo —susurró Viktor viendo hacia el exterior, viendo hacia la nieve que danzaba suavemente, parecía suspendida. Hacer todo un lento vals antes de morir en el asfalto cenicienta.

Un monstruo con olor a rosas y frío.

Así debía de oler el invierno.

A lagrimas desbordantes, vaho tibio, jadeos y sangre roja. Cuerpo tembloroso y manos hechas puños. Mejillas moradas y mirada temerosa.

— ¿Estás bien? —preguntó Viktor mientras que se quitaba el abrigo para cubrir el cuerpo de Yuuri que se convulsionaba del llanto.

Su atacante había perdido la cabeza tras sentir el penetrante aroma del otro, un olor que a más de uno les pareció asqueroso, a aquel empleado de mantenimiento, y a Viktor Nikiforov, les había parecido lo más sublime del mundo.

Aún en el hotel, tras el incidente, la plática con Yakov y la metiación propia de un largo baño de agua caliente, podía sentir entre sus manos el cuerpo del japonés y las violentas vibraciones que lo atravesaban. Qué tanto habría tenido que haber pasado como para que sin muchos ánimos le contestara un:

"Estoy bien… estoy acostumbrado"

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Review: Muchas gracias a las personas que se tomaron la molestia de dejarme su comentario, en breve o mañana estaré respondiendo, lo juro.

Coco: Bueno, es el punto, dado el caso que el omegaverse suele ser súper dramático, me encanta por eso, decidí comenzar el fic con una escena ya en el futuro, pero bueno para alcanzar ese paraíso necesitaron pues... transcurrir muchas cosas que poco a poco iremos desmarañando. Espero te guste la continuación. Saludos y gracias por leer, de verdad que vuestros comentarios hacen feliz a una ficker perezosa que lucha contra su vida de adulto y su deseo de dormir 24/7. Hahaha. Otra vez gracias.

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Gracias a todos por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.