Descarga de responsabilidad: Ya lo sabrán pero Yuri! on Ice no es mío.

Advertencia: Yaoi. Salto de tiempo. Mpreg. Violencia. Omegaverse. Familia. No beteado.

Cronopios del autor: ¿Qué pensaron? ¿Qué iba a dejar esta belleza sin concluir? Pues nop. Les traigo el tercer capítulo. Espero que les agrade. Por cierto... ovo muchas gracias por los review, de verdad que se siente el amor, no hubo día en que no pensará en que hay personitas que esperan el fic, (al menos eso quiero creer :,) ) Lamento mucho haber tardado tanto tiempo pero tuve vacaciones en el trabajo y tuve un bajón por la temporada, como que mi sistema espera a no tener responsabilidades para deprimirse felizmente feliz. Hahaha, pero ya volví y regresamos a las actualizaciones regulares. Espero me sigan en el proyecto, y sino pues igual muchas gracias por abrir el fic. No sé qué más decirle. ¡Ah! ¡Cierto! Una pregunta frecuente fue: ¿De dónde sacaste lo de binario y el cannibal fairy? ¿Existe en el omegaverse? Bueno no existe ni uno ni otro, son "inventos" míos, así como existe el albinismo, el enanismo, y todas estas cosas de la genética pues se me ocurre que dentro del omegaverse también existen malformaciones genéticas o alteraciones por cuestión de evolución y bueno, ahí lo tienen, si lo quieren usar en sus historias o demás y desean saber más al respecto puede preguntarme o bien lo pueden usar, agradecería que me pasaran los links de donde colocan los términos para darles una hojeada ovo ya saben... morbo -slkdncdjc-, ahora sí, disfruten la lectura. Los amo y muchas muchas gracias por leer -les tira corazones.

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Ina Bauer

Por. St. Yukiona

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Yuri Plisetsky. Sin nomenclatura.

Yuri aún no había cumplido la edad para ir al médico, hacerse las pruebas y que le indicarán su condición ante el mundo, por el contrario, esperaba con la misma ansiedad que esperaba el inicio de temporada de competencias que esa fecha jamás llegara porque si por algún motivo era marcado como "omega" iba a tener que retirarse del circuito, era algo que definitivamente no estaba dispuesto a hacer. Ciertamente iba a ganar más dinero pero a costo de ser una puta incubadora, pensar en llevar los espermas de algún sujeto o tipa, le daba asco, no podía siquiera considerarlo una opción para su futuro. En Rusia, a aquellos deportistas sobresalientes que a temprana edad eran descubiertos como omegas y tenían un récord considerable de victoria se les obligaba a volverse la pareja de alfas para procrear.

La densidad de la población de omegas en el mundo era escasa, y aquellos que eran fértiles eran aún más escasos. Así que hablar de omegas de calidad, era hablar de oro molido que una potencia como el país eslavo no podía dejar de lado. Claro que se ante el mundo estos omegas tenían la "libertad" de no abandonar sus carreras y continuar, pero la realidad distaba de ello. Yuri Plisetsky recordaba con horror como su hermano Vladimir había tenido que dejar el patinaje de velocidad después de que fuera dado en resultado como "omega fértil". Abandonando su pasión, dedicado a buscar un prospecto que le satisficiera y fuera propicio para la reproducción de una casta de genios, había sido demasiado. ¿El resultado? Dos años donde la familia Plisetsky no había tenido que pasar penurias ni carencias, donde el pequeño Yuri podía asistir a sus clases de patinaje artístico en la costosa pista local, y un suicidio exitoso dejando la mancha de la vergüenza familiar.

"Debes esforzarte más que tu hermano, Yurashka" había dicho su abuelo mientras sostenía su pequeña mano enfundada en cálidos guantes. "Sin importar qué… tu hermano se esforzó mucho, no hizo nada malo". Yuri no comprendía sobre ese horrible mundo y sus horribles normas. Sólo comprendía que su hermano no estaba y ahora él iba a ser el sustento de la familia, él y el fruto de su esfuerzo.

Mucho tiempo después descubrió la terrible realidad tras la drástica decisión de su hermano mayor. Descubrimiento que se había vuelto el producto de su pánico más profundo por ser señalado omega, más allá de abandonar el deporte que amaba y su forma de vida, era el miedo de abandonarse a él mismo y caer en el temible celo, junto con la pesadilla que iba con ella. Misma pesadilla que parecía regresó con fuerza tras leer sobre la noticia al ataque a Yuuri Katsuki en la pista de hielo durante el entrenamiento público en Japón. Las redes sociales no se guardaban nada y hasta un vídeo circulaba sobre el acontecimiento.

Lo que más impresionaba al rubio no era el acto en sí, sino la persona que lo había sufrido.

A Yuri se le hacía gracioso que un patinador tuviera su nombre, había hasta investigado como es que se escribía en japonés el nombre del otro y había comparado ambos en escritura romanji occidental, en su propia caligrafía y en la japonesa, incluso su obsesión llegó al grado de memorizar el modo en que debía de escribir tanto su nombre como el del otro Yuuri. Pero ahí no estaba ni cerca de acabar por su obsesión por aquel nipón, pues sus ojos estuvieron sobre él durante mucho tiempo antes. De ahí el horror de ver como Yuuri Katsuki se removía cual gusano debajo del tipo aquel y Viktor saltando a defender al omega que parecía no tener fuerza. El rostro lloroso y la voz suplicante. Lo que más le dio rabia al ruso fue ver que había más personas y nadie se había atrevido a ayudar al japonés, como si existiera una extraña barrera que impidiera acercarse al sitio donde un alfa estaba por volver suyo a un omega.

Volver suyo a un omega.

Yuuri Katsuki podía ser un fracasado, mediocre, llorón… pero tenía cierta magia que te empujaba a seguirlo de la mano por sobre la fría superficie, podías escuchar perfectamente las historias que otros hacían para él de la voz de sus patines que raspaban la realidad disipando cualquier tipo de pensamiento ajeno a él sobre la pista. Sus gestos, sus manos, su cuerpo haciendo temblar tu existencia por el modo en que se mecía de un lado a otro con gracias y fuerza mientras que uno sólo podía mirarle sin tocarle. Justo así debía ser: mirarle sin tocarle. Era el modo más adecuado para tratar una existencia tan frágil como lo era Yuuri.

La primera vez que habían coincidido, él tendría alrededor de trece años, su primera vez en una copa lejos de Europa, en Canadá; recordaba con bastante nitidez como Yakov lo había sentado en la sección de gradas para participantes mientras el mayor iba a ver que Otabek, otro de sus protegidos que entrenaba bajo su tutela, se preparara para su participación.

Yuri no iba a olvidar jamás lo fastidiado que estaba, odiaba en su mayoría a los competidores de la categoría senior, aunque secretamente admiraba a cada uno de ellos, pero no fue hasta que Katsuki entró tímidamente a la pista para recorrerla que supo lo que realmente quería hacer él mismo en la pista de patinaje: Dejar embelesado a todos tal como ese mediocre patinador de media categoría. Fallando elemento técnico tras elemento, pero cautivando con las secuencias de pasos.

Era arte en su más puro estado y Yuuri Katsuki parecía adorar hacer lo que hacía.

Tal como Yuri adoraba hacer lo propio sobre la pista.

Entre los grandes héroes del patinaje que consideraba el rubio de ojos color bosque, Viktor Nikiforov y Yuuri Katsuki compartían merito, pero no por el mismo grado de excelencia sino por la combinación que nacería de ellos: Mientras que uno llevaba a la perfección cada uno de sus programas, el otro entregaba el alma y una pasión desbordante en cada movimiento. Unirlos…

—Sería crear divinidad —murmuró Yuri al tanto observaba como Viktor giraba sobre la pista. Había estado distraído desde su regreso a China pero no había querido interrumpirlo puesto que los propios medios de comunicación se habían encargado del acoso al patinador tras el atentado del alfa a Yuuri y la intervención del ruso en ello.

—¿Quieres preguntarle, verdad? —apareció Mila detrás de él, la pudo adivinar gracias a su fuerte esencia que parecía acentuarse más cada vez que entrenaba al grado de transpirar. De hecho no era un olor desagradable pero tampoco le fascinaba como a otros, por ejemplo, quizás era por su condición aún indefinida que una alfa como ella no presentaba ningún tipo de atracción hacia él. A Yuri le gustaba pensar que esa falta de gusto por la esencia de la chica se debía a que él también era un alfa y entre alfas no existía el lazo necesitado que se presentaba entre alfas y omegas, le gustaba pensar eso o en que sería una rareza en el mundo mismo.

Una rareza como Yuuri.

—Hmp… sólo es morbo —mentira, quería saber qué le había dicho Yuuri Katsuki, cómo eran sus lágrimas de cerca, qué tan profunda había sido la mordida. Quería saber si ahora que había sido mordido por ese donnadie iba a convertirse en su pareja. Quería preguntarle a Viktor cómo se había sentido cargar al japonés y consolarle mientras que el aroma de su sangre se impregnaba en él. Yuri se relamió los labios.

—Morboso es ver el vídeo una y otra vez… menos mal que es en YouTube y no en un DVD sino lo hubieras rayado ya —argumentó la pelirroja y Yuri sólo le fulminó con la mirada, instintivamente guardó su celular en el bolsillo de su sudadera antes de sacarse los protectores de las cuchillas y salir a la pista, no iba a entrenar piruetas, iba a calentar un poco las pantorrillas y en cuanto Yakov llegara empezaría a luchar contra el entrenador para que le dejase holgazanear, aunque todo eso también era una mentira.

Mila lo sabía, y lo confirmó cuando notó como el rubio "sin querer" chocaba con Viktor. El mayor le regaló una mirada al de catorce años que se removió confundido por el repentino golpe.

—Lo siento… no vi por donde iba…

—Está bien… —Viktor palmeó la cabeza rubia, su apacible sonrisa y su mirada amable. El menor torció los labios.

—¿Tú… estás bien? —ladeó el rostro el menor.

—Sí… sólo fue un pequeño accidente ¿no?

—Me refiero a lo del japonés —háblame sobre Yuuri.

—¿Yuuri?

—¿Se llama así? —Sí, sobre él.

—Creo que en el vídeo se ve bien lo que pasa…

—Hmp… sí… —El vídeo me lo sé de memoria… ¿qué pasó? ¿cómo está? ¿se fue a Japón?

—Deberías concentrarte en el patinaje, Yuri —dijo amablemente Nikiforov volviendo a palmear la cabeza del menor, sin embargo, detuvo el movimiento para coger con más firmeza la coronilla ajena—. Deberías, concentrarte más en el patinaje…

No sigas averiguando más sobre Yuuri Katsuki.

Eso creyó Yuri que Viktor había querido decir con la mirada penetrante, seria y fija, una amenaza nacida desde la naturaleza propia del mayor. La advertencia de alfa. Odiaba cuando Viktor le miraba hacía, le recordaba su posición inferior, pues el rey del hielo si lo deseaba lograba intimidar hasta a los más bravos alfas. Se preguntaba si había intenciones ocultas tras esa mirada de advertencia. Yuri no quiso pensar mucho en ello y siguió su práctica habitual. No obstante, se llevó a la cama los ojos peligrosos de su compañero de pista, las filosas palabras no dichas pero aludidas implícitamente en su lenguaje corporal, de algún modo le calentaba pensar en que él podía llegar a ser un alfa como Viktor, le calentaba pensar que el que saltaba a defender a Yuri del otro alfa en medio de la pista a los ojos de todo y frente a muchos teléfonos celulares grabando el momento no era Nikiforov, sino él. Le excitaba pensar que era él quien recibía en brazos a Yuri para consolarle tras aquella experiencia traumática y que de pronto descubriera que Yuri era su pareja destinado.

Hmp, pobre e iluso Yuri.

Hundiendo sus dedos húmedos por su propio preseminal en fantasías que no contenían la mínima sensatez de la realidad, pero por algo sólo eran fantasías, combustible para que él gimiera gutural y ronco contra la almohada mientras su caderas se movían contra su mano que apretaban su hombría y la presión ejercida por esta pensaba, entonces, que no era el agarre de sus dedos sino el interior tibio y húmedo del ano del japonés. Lo podía escuchar claramente mientras la voz se le deshacía y el cuerpo se calentaba más y más. Mierda. Deseaba tanto a Yuuri, lo deseaba escuchando decir su nombre. ¿Qué clase de voz sería esa? ¿Más gente la habría escuchado? No… imposible. Sintió un calambre que le sacudió haciendo que los dedos de sus pies se apretaran y las piernas se tensaran mientras su cadera se hacía más y más contra su mano. Gruñó tan fuerte que el aire se le fue del todo.

Después todo su cuerpo fue laxa materia que sólo sabía que debía conocer a Yuuri Katsuki.

APENDICE: Katsuki, verano negro.

Katsuki Yuuri, 8 años.

¿Se podía encontrar a la pareja destinada con tan solo ocho años de edad?

Debe de ser. No encuentran otra explicación y les da terror a sus padres pues sería la primera vez en tres décadas que le ocurre a un binario. La adoración con que su pequeño hijo ve las fotografías es obsesiva. Te llena y te contagia y te hace desear que ellos sean felices. Es un amor sofocante y dulzón. Dulce como el mazapán. Dulce como el chocolate. Dulce como la natilla. Dulce como lo dulce puede ser. No te empalaga y el pequeño Yuuri se retuerce en la manta donde trata de conservar su calor mientras el corazón le late rápido. Viktor ha impuesto una nueva marca y él sólo quiere ir a abrazar la pantalla.

—Madre… ¿Crees que Viktor también entrena a las tres de la tarde? —cuestionó el pequeño Yuuri mientras se dejaba caer al tatami girando envuelto en sabanas y el pequeño Vicchan saltando a su alrededor, ladrando emocionado por el movimiento de su amo.

—Sí, amor… seguro que Viktor también entrena a las tres de la tarde… —respondió la mujer mientras que doblaba la ropa la ropa sentada en el otro extremo de la mesa.

El menor se incorporó para ver las escenas en la televisión que seguían al casi adolescente Viktor Nikiforov de doce años que iba directo a los vestidores, saludando a la cámara sonriente. Regalando un beso hacia la cámara, pero para Yuuri ese beso iba dirigido hacia él, su cuerpo se estremeció y sólo supo desvanecerse otra vez, Viktor era perfecto, Viktor era todo lo que podía satisfacer las fantasías ilusas y densas que el menor tiene sobre su futuro, uno donde Viktor y él son felices, donde adoptan a cincuenta perros como Maccachin y Vicchan, donde patinan juntos y a Viktor parece encantarle los saltos que el menor realiza, los mismos que realiza el propio Viktor pero que son preciosos porque los realiza Yuuri. Con tan solo ocho años sabe que se quiere entregar a él, vivir para complacerlo.

—Mamá… —llamó una voz suave desde la puerta de la estancia y la mujer alzó la mirada.

Yuuri sólo siguió revolcándose en el piso ahora abrazando a Vicchan, Yuuri estaba seguro que cuando Viktor conociera a Vicchan le iba a fascinar que llevaran el mismo nombre, entonces Yuuri le explicaría que Vicchan era el diminutivo cariñoso que se le daba a los "Viktor" en Japón, y era cariñoso porque él quería mucho a Viktor. Viktor. Viktor. Viktor. Le gustaba decir su nombre, pensar su nombre, escribir su nombre. Aprendería ruso, porque mamá había dicho que Viktor hablaba ruso, y aunque aún era niño, cuando creciera iba a ir un día a tomar clases de ruso y aprendería, para decirle que Vicchan era el diminutivo cariñoso de Viktor.

—Porque nosotros queremos mucho a Viktor… —dijo Yuuri a Vicchan quien le ladró a su amo para lamerle el rostro antes de que pesadas pisadas entraran a la sala y recogieran al menor de forma brusca. No se había percatado del momento en que su madre había salido de la habitación cuando su hija Mari había aparecido con la ropa desgarrada y envuelta en un fuerte olor a semen y sangre. Cuando el pequeño reaccionó que era llevado por brazos que lastimaban y eran desconocidos ya le habían cubierto la boca, se removía y tenía miedo. Su última visión fue la de Viktor patinando hacia el pódium para recibir el oro en la Copa de Canadá. Eso significaba que pasaría al Grand Prix, pero quizás el pequeño Yuuri no sería capaz de verle.

El menor intentó gritar, lloraba desesperado y se removía pero no funcionaba, su débil fuerza no era rival para su agresor que con una sola mano lo sostenía y con otra le amarraba. Lloró aún más fuerte cuando vio como un hombre hacía gritar a su hermana, la estaba aplastando contra una mesa. Su papá estaba más allá tirado, encima de él su mamá, los dos parecían dormir. Había más personas. ¿Quiénes eran todas esas personas en su casa? El llanto cubrió la mano del sujeto que le cubría la boca que pronto se sustituyó por un trapo que sabía realmente mal. En su inocente pensamiento, al ver que su hermana también era atacada, que sus padres dormían y Vicchan era pateado contra una pared, sólo le quedó una persona a quien llamar.

Viktor.

Cualquiera menos él.

Abrió sus ojos y bufó mientras que aferró sus manos a las sábanas del futón donde descansaba y hundía su rostro contra la almohadilla para sofocar el intenso dolor. Se contorsionó antes de que el cuerpo se convulsionara. Un grito y jadeos que llegaban a continuación como parte de una producción que había tenido que superar varias veces. Halando ahora las cobijas de su mientras que la doctora buscaba inyectarle más sedante. No, mierda. Pateaba a la mujer buscando alejarla. Prefería que le cortaran un pie antes de permitir que le sedaran. El sudor escurriendo por su cuerpo y cada músculo de él hecho un nudo que tardaría dolor y más llanto que volviera a su forma original.

—Yuuri-san… debemos de ponerte el sedante —suplicó Himiko-sensei, su médico de cabecera.

—¡No! —gritó el moreno hundiendo su rostro en la almohada y sus manos ya desgarraban la tela que recubría la parte blanda de donde estaba acostado. De pronto el dolor aminoró casi al mismo tiempo que un orgasmo nacía y moría. Una pequeña pero deliciosa muerte que le hizo estremecerse para después relajarse en la superficie mullida—… Sí me pones esa anestesia… saldré positivo en el antidoping… —masculló al tanto cerraba los ojos y se relajaba. Aspiró el llanto—. ¿Va desapareciendo? —susurró mientras con esfuerzo tocaba su nuca, sintiendo aún de forma bastante tangible el hundimiento de los colmillos y los molares de aquel bastardo.

—Se ve menos hinchado… —respondió la doctora guardando la jeringa, tapándola, se desharía del contenido en la consulta. En su lugar sacó un recuadro de cerámica y varias baritas de incienso de una tonalidad negra, encendió las mismas cerca de la cabecera del futón y le sopló con un abanico, ante el aroma, el moreno se arrastró hasta quedar cerca de él y aspiró con fuerza.

La parte buena de Himiko-sensei era que si no tenía una solución con la medicina moderna siempre podía echarle mano a la medicina tradicional. Aquella composición de incienso constaba de madera de un árbol especial, azucenas y yerba gatera, durante años antes de la existencia de los inhibidores modernos aquella resina había asistido a los omegas a pasar por sus etapas más duras durante el celo cuando no había un alfa que le asistiera, o en su defecto, usado por los padres en búsqueda de ahuyentar a los alfas para que sus hijos omegas estuvieran seguros. Ahora era el único anestésico que no producía ningún tipo de efecto negativo en las pruebas de dopaje pues no podía bajo ninguna forma en riesgo la salud y estabilidad del individuo, salvo la de cortar los dolores. Dado su condición de producto natural muchas veces no ayudaba y sólo era la ilusión del mito alrededor de éste.

—¿No has pensado en que quizás sería tiempo de verdad buscar un alfa, Yuuri? —susurró Himiko aún soplando con lentitud aquella solución a lo que el moreno sólo aspiraba fuerte.

—Si me consiguiera un alfa tendría que parar en mi carrera… —repuso el moreno abrazándose a la almohada quedando en posición fetal.

La mujer se acercó para revisar la mordida, cierto es que seguía presente pero le sorprendía la forma en que el cuerpo la iba desapareciendo conforme los días pasaban. Como una esponja que absorvía agua. Pero el cuerpo de Yuuri no sólo absorbía la marca, sino el veneno con ella. Era un proceso doloroso y por más veces que hubiera acompañado al menor a cursar le seguía pareciendo fascinante. Acarició marca y sintió el cuerpo de Yuuri estremecerse, la primera vez que había atendido en el cuerpo de Yuuri una marca hecha un por un alfa había sido cuando el menor tenía alrededor de ocho años, de eso habían transcurrido quince años ya, en aquel entonces el menor lloraba mientras sin saber porque se masturbaba sin control, llamaba a "Ren", el alfa que lo había marcado. Un traficante de omega que durante las revueltas del verano negro había marcado a muchos niños omegas. Por suerte en aquel momento sólo había marcado al pequeño Katsuki obligándolo a estimularse a sí mismo para que el semen del niño fuera comercializado. En aquel entonces había sido verdadera suerte que la policía lograra dar con el paradero del pequeño Yuuri, el aroma tan fuerte y penetrante que expedía el pequeño cuerpo desesperado los había atraído.

Yuuri no volvería a ser el de antes después de eso.

Tardó alrededor de un año para que la marca desapareciera por completo, ella había seguido todo el proceso yéndolo a visitar diario en compañía de su hermana Minako que se hacía cargo de Yuuri, debido a que después del asalto a la casa de la familia Katsuki sus padres no quisieron que el pequeño siguiera viviendo con ellos. Los padres argumentaron que eran protección hacia Yuuri, tanto Minako como Himiko estaban seguros que tenían miedo que nuevamente ocurriera aquel episodio. Su hija Mari había sido violada al igual que la madre de éste y el padre había quedado en muy mal estado al recibir tortura física y así extraer de él sangre. La sangre de omega se comercializaba muy bien en esa época.

Siguió patinando pero la luz y alegría de sus movimientos, se había convertido en melancolía y nostalgia, bailaba odas a la tristeza que envolvía y contagiaba a cualquiera que le observara. Era un ángel manchado de rojo. Hielo escarpado. Estrella sin aliento. Pájaro de nieve volando sobre el sol eternamente.

La segunda vez que le atendió una mordida, Yuuri había llegado por sus propios medios, arrastrándose, lubricante que su propio cuerpo había producido escurriendo por sus piernas con el pantalón empapado en este, los ojos llorosos y las manos manchadas de carmín. Había apuñalado a su agresor después de que el olor atrajera a un depredador que rondaba la zona. No se levantaron cargos pues todo había sido en defensa propia, el sujeto no murió pero Yuuri no se arrepintió un solo minuto.

—¿Por qué no me esperaste? —había preguntado Minako a Yuuri una noche tiempo después del atentado, la profesora de ballet nunca se iba a perdonar ese acontecimiento.

—Quería llegar temprano a casa para ver la presentación de Viktor…

Otra vez Viktor.

La tercera, la cuarta… la quinta… una sexta.

Otra vez Viktor.

¿Por qué no era ninguno de esos animales Viktor?

Y en China, esa séptima vez… había estado Viktor.

"¿Estás bien?"

¿Enserio lo estás preguntando?

"Sí estoy bien… estoy acostumbrado"

¿No lo sientes, Viktor?

Sí… lo siento, Yuuri.

El cuerpo le ardía y la sensación de repudió y asco era equiparable a la de deseo y lascivia que parecía recorrerle con cada gota de su sangre por sus venas, encendiendo en él un fuego que esperaba desesperadamente en apagar. La repulsión que sentía hacia sí mismo le había llevado a rascarse todo el cuerpo de tal forma que ahora habían grandes costras a lo largo de su vientre, tórax y costados, en sus brazos había plástico enrollado por la médico para evitar que corrieran con la misma suerte que el resto de la pálida piel. Eran marcas de la difícil vida del binario, eran las marcas que nadie merecía ver. Deseaba sólo quedarse ahí y no salir jamás, dentro de las sabanas de su futón se inmiscuía del mundo y de las miradas impertinentes. Aunque en ese momento él mismo era una existencia impertinente en la mira pública.

"¿Un omega debe andar por ahí solo y expuesto?"

"Katsuki Yuuri tiene 23. ¿A qué edad es correcto conseguir un alfa?"

"¿Qué no hay pocos omegas en el mundo?, ¿entonces porque este no consigue de una vez un buen alfa?"

"Los binarios dan un alfa y un omega en cada uno de sus embarazos, con dos binarios podríamos subir la tasa de omegas en el mundo"

"¿Hasta dónde puede llegar el egoísmo de un binario?"

Los encabezados eran cada vez peor, uno más ignorante que el anterior. Yuuri sólo es capaz de pasar de redes sociales y hundirse en sus propios deseos. Seguir patinando. Eso lo hace feliz, eso lo complementa. Con un amor que murió antes de florecer, que se marchito antes de crecer, en su corazón no existía nada más que veneno y enojo consigo mismo. Jamás había pensado en sí mismo como un desperdicio, era especial y había conseguido superar a muchos otros que por derecho natral debían ser excepcionales. Yuuri a sus 23 años probaba que ser omega, alfa o beta no era impedimento para lograr los objetivos; los obstáculos, en su mayoría, podían ser superados y los que no… sólo se asimilaban y se continuaba al frente.

—¿Estás seguro que quieres seguir esta temporada? —cuestionó Yuko-chan desde el barandal que delimitaba toda la circunferencia de la pista de hielo, sacando de ese modo de sus ensoñaciones al moreno que se giró sobre su eje y patinó hasta ella con una sonrisa suave.

—Sí… —contestó con simpleza cogiendo el pote con agua que la chica le ofrecía. Dio un trago largo y se recargó del borde mirándola con el rostro ladeado—. Si lo dejó ahora sólo será una muestra que ellos tienen razón, que debo buscar un alfa y asentarme… ellos son estúpidos… —agregó con gesto pensativo—. Quizás no lo logré en el GP pero… al menos quisiera terminar la temporada, después… quizás sí acceda a retirarme pero… —miró sus manos que usaban guantes oscuros—…será porque yo lo decida, no porque ellos me lo estén exigiendo… la presión quizás siempre pueda contra mi debilidad pero… no cederé a un chantaje

—Yuuri.

El moreno sonrió con la amabilidad y tranquilidad de siempre antes de dejar la botella de agua sobre la baranda y regresar a la pista, el único lugar donde sabía qué hacer y sus decisiones parecían ser las correctas.

El único lugar donde su existencia no era una molestia para nadie.

Ni siquiera para él mismo.

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Reviews:

Dayfer: Antes que nada, muchas gracias por tu review. De verdad que cada comentario sirven para alimentar mi autoestima, hahaha. Sé que a veces no es fácil dejar comentarios porque la plataforma como que se pone difícil así que agradezco de verdad el detalle -le manda amor-, pero entrando al tema. No quise hacer el típico fic donde comenzamos desde cero: él es Yuuri y él es Viktor, uno es omega y el otro es alfa, se van a enamorar y drama. Nah, creo que hay muchos fics muy buenos que siguen esa estructura, yo quise retarme a mí misma y ver si podía mantener enganchado al lector a pesar que ya se sabe el final (o al menos el aparente final, hehe). Pero sí, será un camino escarpado para llegar a la culminación, verás que sí. Muchas gracias otra vez por todo y lamento mucho la demora. Saludos, Yukiona.

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Gracias a todos por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.