Capítulo 17: Let's have a sexy Party

"La moda debería ser una forma de escapismo, no de aprisionamiento." —Alexander McQueen

No estaba exactamente seguro de lo que esperaba cuando entré a la oficina de Erwin y no vi a nadie ahí. El puto gigante necesitaba firmar un papel para mí y ya que mi asistente fue robado por el resto del día por el mismo cejón y Jean estaba siendo un pedazo de mierda inútil al tratar de reemplazarlo, me vi obligado a llevarle los papeles a Erwin yo mismo. Fan-tástico. Como si ya no tuviera suficiente mierda por hacer. Yo era el maldito Editor en Jefe de la revista de moda más exclusiva de Nueva York y en cambio tenía que parar lo que estaba haciendo para entregarle unos malditos papeles a Erwin. Para eso tenía un asistente, pero a Erwin le gusta ser un jodido imbécil.

Por supuesto, nada pudo haberme preparado para lo que oí cuando irrumpí en la oficina de Erwin. Como dije antes, estaba vacía. Ni una sola ceja poblada a la vista y ciertamente ningún familiar y hermoso mocoso sentado en la recepción. Era extraño. El almuerzo había terminado hace más de dos horas, así que dudaba mucho que Erwin y Eren hayan salido a comer juntos.

Pero creo que hubiera preferido que los dos estuvieran fuera almorzando que lo que en realidad les oí hacer. Al principio, solo iba a salir de la oficina de Erwin después de dejarle una nota bastante desagradable en su escritorio (tal vez robada de su lujosa cinta adhesiva solo para joderlo), pero terminé quedándome mucho más tiempo de lo que originalmente había planeado cuando oí una familiar voz gimiendo en la pequeña habitación al lado. La puerta estaba entreabierta. Dejé que la curiosidad me venciera y desearía no haberlo hecho.

¡Uhnng! P-por favor, Erwin… ¡M-más rápido!

Era la voz de Eren. No había error. Podía reconocer su voz en cualquier parte y justo ahora desearía no haberlo hecho. Desearía nunca haber subido a la maldita oficina de Erwin. ¿Por qué carajo tuve que venir aquí? ¿Por qué mierda Erwin estaba follándose a mi asistente? De todas las personas que Erwin podría tener, ¿por qué Eren? Mientras estaba de pie junto a la puerta de la pequeña oficina, me sentí enfermo y no quería nada más que entrar ahí y golpear a Erwin en sus malditas pelotas y tal vez desfigurar su cara un poco. Pero solo me quedé allí; congelado y enfermo y con ganas de gritar.

Lo único que podía oír eran los sonidos de mi propio corazón retumbando en mis tímpanos y los gemidos de Eren, aunque sonaban lejanos, a pesar del hecho de que estaba parado justo enfrente de la puerta abierta. Podía oír a Erwin gruñendo y gimiendo y sentí que mis manos temblorosas se apretaban en puños, mis uñas clavándose dolorosamente en la piel de mis palmas.

Ni siquiera me di cuenta de que había dejado caer los papeles que llevaba y se esparcieron por todo el piso de la oficina de Erwin. Quería correr, necesitaba escapar de ahí antes de que matara a Erwin o hiciera algo de lo que pudiera arrepentirme. Me tomó una gran cantidad de esfuerzo el moverme de ese lugar cuando no quería nada más que ir y llevarme a Eren, pero eso era imposible. Finalmente, mis piernas se movieron y estaba casi corriendo fuera de la oficina de Erwin. No me importó ni me molesté en recoger los papeles que había tirado dentro.

Presioné mi pulgar en el botón para llamar al ascensor y esperé impacientemente a que las brillantes puertas de cromo se abrieran. Mi mente estaba hecha un lío confuso y me sentía cada vez más y más enojado cuanto más tiempo esperaba. Después de lo que parecieron malditas horas, las puertas dobles del elevador se abrieron y rápidamente entré, golpeando repetidamente el botón para cerrar las puertas hasta que estas lo hicieron y bloquearon mi vista de esas familiares puertas dobles de cristal. Ahora solo mirarlas me hacía sentir náuseas.

Me sentí como si estuviera en piloto automático mientras mi cuerpo se movía rígidamente para presionar el botón del piso veintiséis y simplemente apoyé un hombro contra una de las paredes a la vez que me perdía en mis propios pensamientos. Naturalmente, el viaje de regreso a mi piso fue muy corto para mi gusto y pronto las puertas se abrieron para revelar un familiar escritorio de recepcionista donde una alegre Krista y un cabreado Jean estaban sentados, tomando llamadas.

Jean se encontró con mi mirada y luego frunció el ceño, antes de girar en su silla para darme la espalda. Bien. De igual manera no tenía ganas de lidiar con su mierda ahora mismo. No tenía ganas de lidiar con la basura de nadie en este momento. Simplemente quería irme rápido a mi oficina y ahogarme en mis propios pensamientos. Avancé velozmente por el resto de la planta hacia mi oficina, con la esperanza de entrar y encerrarme hasta el final del día antes de que alguien pudiera detenerme y me pregunte sobre estúpida mierda que no me importaba en este momento. Doblé una esquina y pude ver la puerta de mi oficina a unos pocos metros delante de mí. "Fuera de peligro", pensé justo cuando estaba a punto de llegar a mi refugio seguro, pero al parecer a la vida le gusta joderme.

—¿Levi? —escuché la dulce voz de Eren llamarme y eso hizo que mi cuerpo se congelara en el lugar. ¿Por qué Eren estaba aquí? ¿Acaso no estaba en la oficina de Erwin siendo follado hasta quedar inconsciente?

Me di la vuelta sin siquiera pensar y una vez más, deseé no haberlo hecho. Desearía solo haberlo ignorado y seguido de frente a mi oficina porque entonces no habría visto el claro sonrojo todavía muy evidente en su rostro o las pequeñas gotas de sudor en su frente o la manera en la que estaba respirando un poco irregular, sus ojos algo desenfocados y vidriosos. Se veía completamente exhausto, pero prácticamente estaba brillando también. Mi expresión debe haber sido mortal porque vi que sus ojos se agrandaron ligeramente cuando me volví para mirarlo y luego parecía un niño nervioso.

—Um, ¿está todo bien? —preguntó, su voz baja e insegura y no estaba viendo mis ojos directamente.

¿Estaba todo bien? ¿De verdad me estaba preguntando si todo estaba bien? Por supuesto que todo no estaba bien. Nada estaba bien, nada estaba siquiera okay. Todo era una mierda y quería levantarle la voz, gritarle, algo. Pero sabía que eso no sería justo. Porque Eren no sabía que lo había escuchado con Erwin. No tenía derecho a sentirme celoso y enojado cuando Eren y yo solo compartíamos una relación profesional. Jefe y asistente. Nada más y eso dolía ahora que me daba cuenta.

Noté que me estaba demorando mucho para responder, pero no podía abrir la boca y decirle: "Todo está bien", solo para no tener que quedarme ahí y ver su estado desaliñado por más tiempo. Mis ojos lo estudiaron por un momento y fue entonces cuando me di cuenta de algo horrible. Eren no llevaba las gafas Versace que le habían conseguido como un reemplazo por las anteriores. Eren siempre las usaba cuando estaba en la oficina y estaba muy seguro de que las había estado usando cuando lo vi esta mañana y hoy en la tarde.

—¿Dónde mierda están tus gafas? —me oí preguntar en algo similar a un gruñido. No podía ocular el ligero enojo en mi voz aunque quisiera.

La pequeña mierda tuvo el descaro de ponerse de un hermoso rojo mientras sus deslumbrantes ojos se movían con nerviosismo, evitando mi cara a toda costa y me sentí cada vez más agitado ante la vista. "Mírame. Mírame, mocoso", repetí en mi cabeza mientras esos ojos verde azulado y dorado se posaban en sus zapatos finalmente. Pude ver la forma en que su cuerpo se inquietaba bajo mi escrutinio.

—Oh, um, se ensuciaron… durante mi hora del almuerzo.

Esa fue su excusa y una muy pobre. Sentí que mi corazón se hundía y ni siquiera sabía por qué. Eran solo un par de putas gafas, pero una parte de mí tenía la esperanza de que significara algo que Eren llevara los lentes que yo compré para él todos los días. Al parecer, no podría haber estado más equivocado y me sentí estúpido por pensar eso en primer lugar. Rodé los ojos y rápidamente me di la vuelta para ir a mi oficina otra vez.

—Tch. Como sea.

Cuando entré a mi oficina, puede que haya azotado la puerta un poco más fuerte de lo que tenía pensado, pero no me importaba. Me acerqué a mi escritorio y me desplomé en mi gran silla giratoria de cuero antes de soltar un pesado suspiro mientras masajeaba mis sienes. ¿Qué pensaba que iba a pasar entre Eren y yo? Ha sido mi asistente por solo un poco más de dos meses y me había encariñado con él, no había duda sobre eso. No era solo porque era un mocoso atractivo y descarado, pero era malditamente bueno en su trabajo. Este día me había demostrado lo bueno que era. Tuve que hacer que Jean llenara el puesto de Eren mientras él sustituía a Armin y hoy había sido un infierno.

Jean jodió casi todo y no podía hacer nada bien. Fue mi gran puta llamada de atención al hecho de que hace dos meses intenté de todo para conseguir que Eren renunciara y que Jean pudiera ser mi asistente, y estaba contento de que mi plan nunca haya funcionado porque entonces me habría quedado con el pedazo de mierda incompetente de Kirstein como mi asistente. Me sorprendió lo malo que era en todo esto. Ni siquiera Eren era así al principio.

Suspiré una vez más mientras me recostaba en mi silla y miraba con hastío los papeles dispersos sobre mi escritorio que aún tenía que revisar, pero no tenía motivación para ello. En cambio, opté por girar mi silla y darle la espalda a la pared de vidrio de mi oficina para así no tener que mirar a Eren mientras dejaba que mis pensamientos me tragaran.

Hice todo lo posible para evitar mirar en la dirección de Eren el resto de la hora antes de que pudiera salir de este agujero infernal. Mi mente había estado nadando en pensamientos negativos a montones y estaba jodidamente agotado de solo pensar sobre esa mierda. Sobre Eren. Sobre Erwin. Sobre lo jodido e injusto que era el mundo. Mi humor no se había sentido tan bajo desde hace años y sabía que solo había una manera de arreglar eso.

Cuando finalmente quedaban diez minutos, empecé a empacar mis cosas sin importarme una mierda que ni siquiera haya terminado la mitad de trabajo que normalmente habría hecho a esta hora del día mientras me ponía mi abrigo y rebuscaba en mis bolsillos por mis guantes de cuero. Oí una voz asquerosamente familia llamar el nombre de Eren y mis ojos se alzaron para ver a Erwin acercándose a mi asistente con prisa. Eren estaba sonriéndole tímidamente a Erwin mientras este le entregaba un pequeño estuche negro y observé el intercambio en silencio.

—Solo te regreso tus gafas antes de que te vayas por el fin de semana —dijo Erwin con una maldita sonrisa que salió directamente de un comercial de pasta dental de Colgate. Que se joda.

—Oh, uh. Gracias. Perdón por las molestias —Eren le agradeció torpemente antes de intentar sonreír con más confianza, pero pude ver el leve tinte rojo en sus mejillas. Tch.

—Disparates —Erwin rio—. No fue ninguna molestia. En lo absoluto —el tono seductor en su voz era evidente e interrumpí sin pensar.

—Eren —dije fríamente. Incluso yo podía oír el veneno en mis palabras, pero no podía importarme menos en este momento. Entrecerré mis ojos y continúe—. Si ya terminaste de guardar tu mierda, ve a casa.

Seguí poniéndome los guantes de cuero sobre mis delgados dedos y ahí fue cuando Erwin tuvo que abrir su puta boca y dirigirse a mí. Supongo que era demasiado pedir el salir de este jodido lugar sin cometer un homicidio.

—¿Terminaste por hoy, Levi? No me lo esperaba —dijo Erwin en un tono ligero y casual que a menudo usaba conmigo, pero hoy no iba a soportar nada de eso.

—Vete al carajo, Erwin —respondí bruscamente y sentí una ligera sensación de satisfacción por cómo Eren reaccionó ante mis palabras. Casi se encogió, como si mis palabras hubieran sido arrojadas físicamente hacia él en forma de pequeñas dagas. Bien. Quería que ambos supieran lo cabreado que estaba.

Después de echarle seguro a mi oficina y mandar a la mierda a mi jefe frente a mi asistente, caminé rápidamente hacia los ascensores, sin molestarme en esperar y ver lo que Eren y Erwin iban a hacer. Ese astuto bastardo probablemente invitaría a Eren a su departamento en algún momento del fin de semana y follarían como conejos y ese puto cabrón tendría la oportunidad de despertarse y ver el rostro durmiente de Eren en la mañana.

Ya me encontraba de pie en los ascensores que, afortunadamente, estaban vacíos de cualquier otro pasajero. Me apoyé en una de las paredes y solté una exhalación áspera y temblorosa. El verdadero peso de los acontecimientos anteriores me golpeó como una tonelada de ladrillos y sentí como si todo el aire dentro de mí me hubiera dejado mientras simplemente me desplomaba en el ascensor. Había sido estúpido por pensar que Eren y yo teníamos algo más que una simple relación de trabajo, pero después de lo que oí hoy, era obvio que nunca había tenido una oportunidad con Eren y probablemente siempre sería así.

Yo me aboqué a que me rompieran el corazón. Es lo que obtengo por permitirme sentir algo por ese maldito chico en primer lugar, pero había estado fuera de mi control desde el principio. Me había enamorado de Eren Jaeger me gustara o no. Suspirando y pasando una mano por mi rostro con brusquedad, busqué en el bolsillo de mi abrigo y saqué mi teléfono, desbloqueando la pantalla y revisando mis contactos hasta que llegué a un nombre en particular.

Sostuve el aparato contra mi oreja y lo escuché sonar tres veces, justo antes de que la línea fuera atendida y una voz demasiado familiar me saludara con sueño.

—¿Aló?

—Farlan —respondí, mi tono serio y cortante—. Nos vemos en Club Sina esta noche.


(X) El parpadeo de las coloridas luces estroboscópicas y el fuerte bajo vibrando en mi pecho era una sensación con la que estaba muy familiarizado. Ya había estado aquí varias veces antes, demasiadas para contarlas. Farlan había invitado a unas de sus bobas modelos a sentarse con nosotros en el rincón más oscuro de Club Sina, pero yo no estaba allí con el propósito de echar un polvo. Simplemente quería beber hasta poder olvidar.

En el momento en que entré al club, me fui directamente al bar y ordené tres shots de Bacardi antes de bajármelos todos de una vez. Estaba desesperado por la familiar bruma de estar borracho hasta el punto de desmayarme. La necesitaba. Nada detendría el dolor en mi pecho aparte de ese dichoso vacío de beber y tragar pastillas de X hasta estar inconsciente y justo como había asumido, Farlan todavía tenía sus conexiones.

Después de una hora de llegar al club, estaba ligeramente mareado, pero me sentía incluso mejor con las pastillas de éxtasis que acababa de tomar con mi última ronda de shots. Fiel a su naturaleza fiestera, Farlan hizo que los tragos siguieran viniendo sin parar, así que en todo momento tenía una bebida en la mano. Había pasado un tiempo desde que celebré en grande como ahora y había planeado nunca volver a tomar éxtasis o incluso cualquiera de las otras mierdas más duras como LSD o Meta, pero al ritmo que iba, sabía que solo sería cuestión de tiempo. Aunque no me importaba, estaba demasiado ocupado metiendo mi lengua en la boca de una de las modelos ebrias para preocuparme por recaer y volver a mi antigua vida de fiestas y drogas.

Cuando estaba en éxtasis, me sentía como una persona completamente diferente. Me sentía bien y como si estuviera en las putas nubes. Nada se sentía real y aun así todo se sentía demasiado real. El mareo del alcohol desvaneciéndose mientras un par de modelos me arrastraban al centro de la pista de baile donde seguí haciendo algo que nunca hubiera hecho si estuviera jodidamente sobrio; estaba bailando. Frotándome directamente con extraños y siendo mecido por una multitud de fiesteros semidesnudos y sudorosos.

Estaba tan ido que ni siquiera me importaba que estuviera intercambiando saliva con completos extraños, lo que obviamente no habría hecho si estuviera sobrio y no drogado como la mierda, pero porque no estaba sobrio y, de hecho, drogado como mierda, estaba demasiado ocupado ahogándome en la maravillosa euforia que la droga que había tomado me proporcionaba y simplemente me perdí en la pista de baile. Manos me agarraban, me toqueteaban y empujaban y tiraban de mí. Era como estar en una orgía masiva excepto que todos tenían su ropa puesta y básicamente nos restregábamos unos contra otros sin importar quién viera.

Me estaba divirtiendo como nunca, pero en el fondo de mi mente algo me estaba fastidiando. Sabía que lo estaba haciendo ahora no iba a arreglar lo ya hecho. Erwin Smith, mi mejor amigo, se había tirado al chico del cual estaba enamorado y no había ni una puta cosa que pudiera hacer al respecto. ¿Por qué le dejé llevarse a Eren? ¿Por qué no protesté hasta que dejara de molestar? Básicamente le había entregado a Eren envuelto en papel de regalo con un puto lazo y por la manera en que había sorprendido a todos al aparecer en la pasarela durante el show de Sasha, también pudo haber tenido un enorme letrero con luces en su frente que decía: "Fóllame", porque estoy más que seguro de que no era el único que lo pensaba. Diablos, vi la forma en que Erwin lo había mirado en ese escenario, casi cogiéndoselo de todas las maneras posibles.

Mi fin de semana continuó así. Viernes, sábado e incluso el domingo. Llevé a cabo la misma maldita rutina todas las noches: beber, fiesta, fajes, drogas, baile, beber un poco más, desmayarse. La cosa de ir de fiesta hasta desmayarse era que se volvía adictivo. Un minuto estás bailando, bebiendo y disfrutando de la puta vida hasta olvidar por completo todas tus preocupaciones y al minuto siguiente, nada. Oscuridad hasta que finalmente vuelves a estar consciente de nuevo después de no sé cuántas horas de perder el conocimiento. Luego simplemente te levantas y haces la misma mierda otra vez.

Esta rutina continuó incluso durante mi semana de trabajo, pero nadie realmente se molestó en decirme algo al respecto, al menos, así es cómo fue por los primeros cuatro días de la semana. Cuando el viernes llegó, estaba sentado en mi oficina una tarde aún soportando una resaca bastante desagradable. En realidad, creo que todavía estaba un poco ebrio de la noche anterior. Farlan y yo habíamos terminado yendo de club en club como lo hacíamos en nuestros días más jóvenes.

Estaba muy consciente de que llegué a trabajar arrastrando el culo esa mañana, diablos, estoy bastante seguro de que me veía como una completa mierda. Bajo el refugio de la noche y las luces estroboscópicas de los clubes nocturnos, mis ojeras más pronunciadas de lo usual eran apenas perceptibles, pero lo mismo no podía decirse de la luz del sol que claramente mostraba mis ojos vidriosos y cansados, mi atuendo puesto al azar (¿una arrugada camisa blanca y jeans negros rasgados? ¿En serio?) y por supuesto, estoy seguro de que pasar una mano por mi cabello para peinarlo rápidamente no lo haría parecer más ordenado.

En definitiva, había recibido algunas miradas extrañadas cuando llegué a la oficina el viernes, pero las ignoré con rapidez, demasiado cansado y exhausto para lidiar con la mierda de nadie, pero claro, a la vida le gusta joderme y antes de que pudiera hacer mi gran escape del trabajo esta tarde para pasar otro salvaje fin de semana yendo de club en club, fui devuelto a la realidad cuando un tabloide corriente fue azotado sobre mi escritorio por nadie menos que Eren Jaeger y se veía cabreado.

—¿Qué mierda es esto, Levi? —Eren señaló con un dedo enojado la portada de dicho tabloide y le fruncí el ceño, parpadeando unas cuantas veces para enfocar mi visión antes de fulminar con la mirada a lo que estaba señalando. Oh.

Justo en la portada central del tabloide había varias fotos que los paparazzi habían tomado de mí en varios clubes diferentes haciendo el completo ridículo. Obviamente no recuerdo haber hecho ninguna de estas cosas ya que estaba en su mayoría muy borracho o drogado hasta la madre para importarme lo que estaba haciendo la mayor parte del tiempo. Me quedé mirando la portada y luego le eché un vistazo a Eren, quien me observaba severamente con expectación.

—Tch —siseé en voz alta—. ¿Qué? Salí en la portada de otro puto tabloide, gran puta cosa —espeté perezosamente. Ni siquiera tenía la energía para defenderme de cualquier tipo de acusaciones que pudo haber tenido.

—¡Es una gran puta cosa, Levi! —Eren casi gritó. Era bueno que usualmente fuéramos los dos últimos en salir de la oficina. Podía decir que esto no iba a terminar bien—. Te estás dando una mala reputación. ¿Acaso no te importa?

—Es mi puta vida, Eren. Puedo hacer lo que quiera con ella y si la estoy jodiendo, entonces ese es mi problema —contesté, alzando ligeramente la voz. Me estaba poniendo más enfadado sentado aquí mirando a Eren y sabía que podía explotar en cualquier momento.

—Esa no es la cuestión aquí, Levi. ¡No estoy tratando de decirte cómo diablos debes vivir tu vida, pero estoy preocupado por ti! —ahora estaba gritando, su voz subiendo más que antes mientras sus rasgos se suavizaban levemente, pero todavía me tenía fijo con una seria mirada.

No pude evitar reírme sarcásticamente ante sus palabras.

—¿Preocupado por mí? Qué puta broma. Ni siquiera me conoces —escupí amargamente. Eren frunció el ceño ante esto.

—¡Tal vez no te conozca tan bien como Hanji o Erwin, pero al menos te conozco lo suficiente para saber que has trabajado demasiado para llegar a donde estás ahora como Editor en Jefe para simplemente tirarlo todo por una reputación de mierda! Eres mi maldito jefe, Levi, ¡y te tengo mucho respeto! Cualquiera que sea la razón por la estás haciendo esto, necesita parar antes de que hagas algo de lo que te arrepientas después —su voz se había vuelto sorprendentemente más calmada mientras hablaba y eventualmente no estaba frunciendo el ceño de ira, sino de tristeza.

No podía soportar que esos malditos ojos me miraran así. Como si yo fuera algo o alguien por lo que debería sentir lástima. ¿Por qué, por mucho que lo intentara, nunca podría conseguir que Eren me mirara con ojos de admiración o incluso algún tipo de afecto? ¿Por qué yo era el único que tenía que quedarse lidiando con estos sentimientos cuando era claro que Eren no sentía mierda por mí? Lo odiaba y odiaba a Eren más por hacerme sentir así por él.

—Eso es bueno, viniendo de una puta zorra.

Reconocí esa voz como la mía, pero las palabras que estaban saliendo de mi boca en ese momento como vómito verbal eran extrañas. ¿Realmente le estaba hablando así a Eren? Mi mente estaba confusa por los efectos secundarios de las drogas que tomé anoche.

—¿Qué? —preguntó Eren con incredulidad. Sus hermosos ojos verde azulado y dorado abriéndose en shock mientras me miraba con absoluta perplejidad.

—Me escuchaste —sonreí—. ¿Crees que no sé lo que tú y Erwin estaban haciendo en su oficina la semana pasada? Pues, adivina qué, Eren. Lo oí todo —bien, estaba mintiendo sobre escuchar todo, pero él no necesitaba saber eso. Aun así, no sabía por qué estaba diciendo toda esta mierda—. Escuché cómo gemías como una maldita puta mientras Erwin te cogía encima de su escritorio. ¿Te gustó, Eren? Apuesto a que te pusiste de rodillas y le rogaste a Erwin que te folle como la zorra que eres.

Ni siquiera me había dado cuenta de que me había levantado de mi silla y estaba caminando hacia Eren mientras él retrocedía varios pasos hasta que finalmente lo acorralé contra una pared. Podía verlo apretando los dientes, pero su labio inferior se sacudió ligeramente y sus puños temblaban, los nudillos blancos contra su piel.

—Entonces supongo que te acuestas con cualquiera que muestre un poco de interés en ti, ¿eh, Jaeger? ¿Con quién más has dormido, tú zorra hambrienta de pollas? —ahora solo estaba diciendo lo que podía para lastimarlo. Quería lastimar a Eren de la manera en que él me había lastimado. Quería hacer que se sintiera pequeño después de haberme destrozado. Ya no estaba consciente de lo que estaba diciendo o haciendo y antes de que lo supiera, sentí un intenso ardor en mi mejilla derecha. Me dieron una bofetada. Eren me dio una bofetada.

Me tomó unos segundos registrar lo que acababa de pasar. Mi mejilla derecha estaba punzando con un millón de agujas diminutas y sentí como si estuviera en llamas. Eren me había abofeteado con tanta fuerza para que yo diera un paso hacia atrás y simplemente permaneciera congelado en el lugar en completo shock. Podía oír una respiración pesada y dificultosa, aunque un poco agitada también, y no necesité mirar a Eren para saber que probablemente estaba temblando de pura rabia ahora mismo.

Finalmente me recompuse lo suficiente para alzar la vista de manera lenta hacia Eren y lo que vi hizo que mi estómago se hundiera horriblemente. Eren tenía el rostro rojo, sus hombros se sacudían y las palmas de sus manos estaban sangrando levemente mientras las uñas de sus dedos se abrían paso en la piel, dejando pequeñas marcas rojas e irritadas en su ausencia. Pero fueron sus ojos, esos jodidos ojos los que me arruinaron. Se veía absolutamente herido. Completa y totalmente traicionado y pude ver cada remolino de emoción que estaba sintiendo en esos malditos expresivos ojos suyos. Estaban vidriosos y pude ver claras y gruesas lágrimas formándose y preparándose para derramarse por sus mejillas en cualquier momento.

—Hijo de perra —la voz de Eren se quebró mientras casi susurraba esas palabras.

Nunca antes había visto a Eren tan vulnerable. Estaba acostumbrado a ver a ese determinado, fuerte y terco chico moviéndose por toda mi oficina y lanzándome comentarios sarcásticos y burlones o su sonrisa descarada cuando sabía que me estaba fastidiando. Estaba acostumbrado al atento, amable y educado asistente que hacía su trabajo impecablemente y siempre se llevaba bien con casi cualquier persona que conocía. No me gustaba ver a este Eren, un chico herido que lucía como si su mundo se estuviera desmoronando y era todo por mi culpa. Por lo que había dicho.

—Eren… —comencé, mis dedos se crisparon y sin que me diera cuenta, estaba estirando una mano para agarrarlo, consolarlo tal vez y esperar que esas lágrimas no cayeran, pero antes de que siquiera pudiera acercarme a él, Eren se movió a un lado y luego salió corriendo de mi oficina. El sonido de sus botas repiqueteando ruidosamente contra los azulejos brillantes del piso y me quedé con mi mano extendida a medias hacia el lugar donde Eren había estado de pie. Ahora no había nada más que aire vacío en el espacio y me quedé solo en la habitación, mi mejilla aún escociendo como mierda, pero ese dolor no era nada comparado con el que actualmente estaba sintiendo en mi pecho.

Había herido a Eren. Eren estaba llorando por algo que yo dije. Tuve ganas de enroscarme en el suelo y esperar a morir porque nada en este mundo podía arreglar lo que acababa de hacer. Había perdido a Eren y no era por culpa de Erwin o Reiner o cualquier otra puta persona, fue por culpa mía. Lo empujé lejos de mí y ahora estaba seguro de que había destruido lo que sea que podría haber construido con él.

Mi cuerpo se movió por sí solo después de eso. Mi mente completamente en blanco y en modo automático mientras sacaba mi teléfono y marcaba el número de Farlan. Necesitaba salir de aquí. Necesitaba salir y ahogar mis problemas con alcohol. Para regresar a ese estado feliz de vacío que venía con desmayarse y simplemente olvidar mi propia existencia. Necesitaba escapar.


Aclaraciones:

(X) Canción del capítulo en mi perfil.


N/T: Me dolió :'c

Sus reviews me animan mucho, no se olviden de dejarme uno.