Capítulo 22: Je vois la vie en rose

"Le prix d'Amour, c'est seulement Amor. Il faut aimer si l'on veut être aimé."—Honoré d'Urfé

"El precio del amor es solamente amor. Uno debe amar si uno desea ser amado."—Honoré d'Urfé

Nuestra semana en París estaba rápidamente llegando a su fin, y yo me encontraba realmente sorprendido de decir que por primera vez disfruté mi estadía aquí, en vez de aborrecerla por razones relacionadas con el trabajo. Era raro que viniera a París por placer, así que podía decir que la última semana aquí con Eren fue definitivamente agradable, a pesar del hecho de que ambos estábamos trabajando.

—No puedo creer que esta sea nuestra última noche en París —Eren suspiró. Estaba desparramado sobre el pequeño sofá de mi suite.

—¿Qué? ¿Un total de siete días en París no fue suficiente para ti?

Eren se incorporó de su lugar, sentándose con un puchero en sus labios. La pequeña mierda estaba siendo adorable otra vez.

—¡Por supuesto que no! ¡Ni siquiera fui capaz de explorar las calles de la cuidad por mi cuenta, o ir en un tour, o visitar algún museo! —lloriqueó.

—Lograste ver bastante de París mientras estábamos trabajando. ¿Eso no es suficiente?

Eren resopló, poniendo los ojos en blanco.

—Sí, claro. Qué emocionante fue ver la Torre Eiffel desde el asiento trasero de un coche mientras mi jefe se quejaba de no querer caminar hasta el café más cercano porque hacía demasiado frío afuera.

—Tch, sabes que el frío y yo no nos llevamos bien.

—Ajá, y al parecer tampoco te llevas bien con la diversión.

Esta vez fue mi turno de rodar los ojos, apartándome de la pared para alejarme de Eren hacia la pequeña área de la cocina.

Bien, tal vez me estaba sintiendo un poco culpable por retener a Eren de hacer turismo, ya que él estaba visitando París por primera vez en su vida, pero no es como si pudiera evitarlo. Yo había estado en esta ciudad tantas veces que ya me encontraba harto de las vistas y luces bonitas y todos los otros clichés que París traía consigo. Sin embargo, no podía negarle a Eren el derecho de estar emocionado y querer ver todas esas cosas cuando era su primera vez aquí.

—¡Buenas noches, mis pequeños tortolitos! —el grito de Hanji resonó fuertemente por mi suite y me encogí ante el sonido.

—¿Cómo mierda haces eso? —pregunté, frotándome desesperadamente las sienes.

—¿Hacer qué? —preguntó Hanji, fingiendo inocencia.

—¿Cómo carajos ha-? ¿Sabes qué? Olvídalo. No quiero saber.

Hanji se carcajeó de esa manera que era demasiado odiosa para mi gusto. Honestamente, cómo he logrado no asesinarla todos estos años, nunca lo sabré. Era de lejos un milagro.

—Entonces, ¿qué están haciendo ustedes dos encerrados en esta habitación? ¡Es nuestra última noche en París! ¡Deberíamos estar fuera de un lado a otro, bebiendo, mezclándonos, celebrando! —cantó ella.

—O podríamos quedarnos en nuestras habitaciones del hotel y oh, no sé... no congelarnos el trasero.

Eren se rio entre dientes.

—Ves, hasta Hanji piensa que deberíamos estar en las calles de París disfrutando nuestra última noche aquí. Deja de ser un gruñón, Levi. Vive un poco.

Me quedé mirándolos a ambos. Hanji con un exagerado puchero en su rostro, Eren con sus enormes ojos turquesa y dorado de cachorro, y ahí caí.

Si hubiera sido solo Hanji rogando, definitivamente habría dicho que no y lo hubiera dejado ahí. Pero ya que tenía debilidad por cierto mocoso de ojos brillantes, me encontré suspirando pesadamente mientras contemplaba una noche en las calles de la ciudad con Eren (y Hanji).

—Levi, ¿por favor? —ella rogó y pronto Eren se le unió.

—Bien, como sea, pero estén listos en diez minutos. Sino cambiaré de opinión.

Eren se levantó de su lugar en el sofá con un pequeño chillido y luego salió como un rayo de mi suite para volver a la suya y cambiarse, asumí. Hanji me dio una sonrisita cómplice una vez que estuvimos solos y yo simplemente rodé los ojos ante la expresión engreída en su boba cara.

—No lo digas —refunfuñé, pasando a su lado para ir al dormitorio y cambiarme.

—No dije nada, ma manchot —dijo en un tono cantarín, que hizo que le sacara el dedo medio antes de alejarme de ella.


Y así es cómo terminé caminando por la Avenue Montaigne. Hanji y Eren se veían menos que entusiastas con el hecho de que los traje a uno de los distritos más caros para hacer compras y no fueron tímidos al hacérmelo saber.

—Levi, cuando dije que quería caminar por las calles de París y hacer turismo, no me refería a visitar la tienda de Gucci más cercana —Eren resopló mientras metía las manos en los bolsillos del entallado blazer que llevaba puesto.

—¿Entonces a dónde sugieres que vayamos, genio?

—¡Oh, oh! —Hanji comenzó a rebotar, alzando sus manos en el aire—. ¡Sé de un lugar al que podemos ir donde Levi puede hacer sus compras y Eren podrá ver la cuidad!

—No sugieras Rue de Rennes, hay mucha gente en las calles para mi gusto. Me recuerda demasiado a Manhattan —enfaticé hacia Hanji, quien muy probablemente me estaba ignorando.

—¡Vamos, Eren! ¡Dejemos al señor malhumorado en sus tiendas de diseñador! —Hanji parecía una demente con sus grandes ojos marrones, y la miré mal.

Ella me ignoró e inmediatamente comenzó a dar brincos en otra dirección.

—Tch, gafas de mierda. Mira a ver si me importa.

Crucé los brazos sobre mi pecho, temblando a pesar de la gabardina y guantes que llevaba encima.

Nunca fui de los que salía a explorar París cuando venía. Había estado aquí tantas veces a lo largo de los años que prácticamente conocía la mayoría de las calles y edificios de memoria, así que no sentía la necesidad de ver nada de eso.

Frunciendo el ceño, observé distraídamente a una joven pareja que caminaba tomados del brazo por las limpias aceras de la avenida, pero alguien aclarándose la garganta trajo mi atención de nuevo al hermoso castaño, quien seguía de pie a mi lado con una suave sonrisa en su rostro mientras me miraba fijamente.

—Vamos, Levi —Eren hizo un gesto a la derecha con su cabeza—. Creo que habla en serio acerca de dejarnos.

Ah, así que él me estaba esperando. Sentí que mi corazón comenzó a revolotear en mi pecho y no sería la primera ni última vez que lo haría, lo daba por sentado. Él pudo haber seguido detrás de esa loca de Hanji, pero en cambio se quedó conmigo y esperó.

Aún no me encontraba emocionado por recorrer la ciudad, pero si significaba pasar tiempo con Eren y verlo iluminarse como un maldito árbol de Navidad por cualquier pequeña cosa, entonces estaba dispuesto a hacerlo.

Con un suspiro resignado, descrucé los brazos de mi pecho y opté por meter las manos en los profundos bolsillos de mi abrigo para después avanzar un par de pasos delante de Eren. Cuando no oí otros pasos detrás de mí, me detuve y giré para ver a mi asistente, quien me miraba con una ceja levantada y una leve sonrisa engreída en su cara.

—Tch, date prisa antes de que cambie de opinión, mocoso.

Eren solo sacudió la cabeza y se rió un poco mientras daba largas zancadas para alcanzarme.

Caminamos lado a lado por las calles ligeramente húmedas de Avenue Montaigne. Las brillantes luces de París estaban por todas partes, incluso en los árboles. En la distancia, podíamos ver la Torre Eiffel iluminarse en todo su esplendor, pero mis ojos estaban exclusivamente en Eren mientras andábamos uno al lado del otro a paso regular.

Nuestros codos se rozaban ocasionalmente y cuando sucedía, Eren me lanzaba una pequeña sonrisa que hacía que mi corazón saltara en todas direcciones.

No pasó mucho antes de que nos encontráramos con una hiperactiva Hanji que felicitó a Eren por conseguir que yo me les uniera al "tour", como ella lo llamó.

Me gustaba la idea de caminar por las frías y húmedas calles de París con Eren, pero Hanji estaba haciendo que quisiera reconsiderar todo. Sin embargo, sabía que no podía echarme atrás ahora, y no quería perder la oportunidad de pasar tiempo con Eren fuera del trabajo solo por la fastidiosa que estaba de más, conocida como Huracán Hanji. Ciertamente no la necesitaba burlándose y molestándome delante del chico que me traía como pendejo.

La última cosa que alguien necesitaba era terminar en una prisión de Francia por homicidio.

Hanji terminó llevándonos a una calle más pequeña y estrecha conocida como Rue de Passy. Estaba llena de boutiques de todo tipo, pero había demasiada gente para mi gusto.

Tenía un problema con el espacio personal, y en este momento, mi espacio personal estaba siendo invadido por un alto hombre con espalda ancha que estaba parado frente a una brasserie. Me quedé de pie allí por un momento detrás del hombre mientras él bloqueaba mi camino, golpeando la punta de mi botín impacientemente contra el suelo húmedo. El tipo se estaba tomando su tiempo, mirando fijamente la demostración que había en la ventana frontal del restaurante con los diversos platos.

Cuando el fornido hombre no dio señales de moverse, solté un suspiro exasperado.

Tch, Allez! —gruñí en voz alta, captando la atención del hombre.

Se volvió hacia mí con una ceja alzada y el ceño fruncido.

Puis-je vous aider?

Abrí la boca para empezar a maldecir al hombre en francés, pero no tuve la oportunidad de soltar ninguna palabra cuando sentí una mano deslizarse en la mía, y a pesar de que llevaba guantes de cuero, todavía pude sentir su calor.

Giré a un costado para ver a Eren dándome una mirada ligeramente seria mientras sacudía la cabeza y rodaba los ojos. Luego se volvió hacia el corpulento hombre y le sonrió educadamente. Tch.

Je suis désolé, Monsieur.

La actitud del hombre hizo de inmediato un giro de ciento ochenta grados después de que Eren se disculpó, su ceño fruncido transformándose en una gran sonrisa que arrugó sus ojos marrones.

Ah, Ça n'est pas grave! —agitó una de sus grandes manos en el aire, restándole importancia, y luego inclinó el sombrero que llevaba antes de desearnos una buena noche en francés.

Cuando el hombre despareció, levanté una ceja y miré a Eren, quien parecía estar inquieto en su lugar. Sus ojos dispares sin querer encontrarse con los míos mientras se movía nerviosamente de un pie a otro.

Recordando que nuestras manos aún estaban conectadas, agarré la suya un poco más fuerte, ganándome finalmente su atención.

—Entonces, ¿cuándo empezaste a hablar francés, Jaeger? —pregunté con el indicio de una sonrisita en mis labios.

El rostro de Eren se puso de un hermoso color escarlata y él de inmediato bajó la mirada al suelo, pareciendo encontrar muy interesante un charco de repente. Con una mano, acomodó la bufanda negra que tenía alrededor de su cuello y enterró la nariz en ella antes de contestar.

—P-puede que haya practicado unas frases comunes antes de venir aquí —murmuró en la bufanda.

Esta vez me permití sonreír mientras me inclinaba para susurrar algo en francés en su oído. Apartándome y viendo la cara ligeramente sonrojada de Eren solo hizo que esa sonrisa se volviera en una burlona cuando el chico tartamudeó para soltar sus palabras.

—¿Q-qué dijiste? —preguntó con un puchero, viéndose como un niño petulante. Sus mejillas seguían de un hermoso carmesí y saber que yo era la causa de ese sonrojo me llenó de satisfacción.

Me encogí de hombros con indiferencia y empecé a caminar lejos de él mientras murmuraba:

—¿Quién sabe?

Detrás de mí pude escuchar a Eren dar un suspiro insatisfecho y unos segundos después me alcanzó y comenzamos a caminar uno al lado del otro de nuevo. Me mostró una pequeña sonrisa antes de sacudir la cabeza, dejando que unos mechones de su cabello caigan fuera de lugar, cubriendo su rostro.

Sin pensarlo, extendí una mano y aparté algunos cabellos de sus hermosos ojos, y pude escuchar a Eren soltar un pequeño sonido de sorpresa por mi acción.

No sabía por qué de repente estaba siendo tan atrevido con todos estos gestos. Susurrándole cosas sugerentes en francés y luego molestándolo al respecto, ahora estaba quitando mechones de su cara, actuando como si fuéramos más de lo que en verdad éramos.

Lentamente retraje mi mano, agradeciéndoles en silencio a todos los dioses posibles por mi naturalmente estoica cara, porque pude actuar como si lo que acabara de hacer no fuera la gran cosa, aunque internamente mi corazón estaba hecho un completo desastre y todo era culpa de Eren.

Él en verdad no tenía idea de lo que solo estar cerca de él me hacía, y la cínica parte de mí me dijo que probablemente nunca lo haría, pero había también este pequeño rayo de esperanza que le gustaba golpearme en la parte de atrás de la cabeza, diciéndome que Eren y yo habíamos progresado, aunque haya sido lento. Aún así, tomaría un progreso lento sobre nada en lo absoluto.

—¡Ah! —la voz de Eren me sacó de mis pensamientos cuando él de repente dejó de caminar y se volvió hacia la ventana de una boutique—. ¿No es ese un pañuelo como los que usas?

Levanté una ceja curiosa hacia él mientras me acercaba al escaparate de la tienda, mis ojos grises y azules siguiendo su línea de visión hasta ver un diminuto pañuelo blanco alrededor de un maniquí en forma de gato.

Eren me dio un suave codazo en la cintura.

—Oye, ¿y si compras uno para Ravioli? Así ella podría hacer juego con su papi —se burló.

No dije nada mientras giraba a la derecha e ingresaba a la tienda. Pude escuchar la confusión de Eren cuando me llamó por mi nombre y luego finalmente me siguió hasta la pequeña boutique de mascotas.

Había una joven con largo cabello oscuro y gafas de pie detrás del mostrador de vidrio, y me acerqué rápidamente a ella. Capté su atención al golpear uno de mis dedos enguantados en la mesa y sus grandes ojos marrones se alzaron para verme. La mujer pareció sobresaltarse por mi apariencia, pero luego soltó un torpe:

O-oui, Monsieur?

Señalé el maniquí de gato en el escaparate con el pañuelo.

Combien coûte-t-il?

Mientras hablaba con la mujer en el mostrador, Eren vino y se puso a mi lado simplemente escuchando nuestra conversación de la que probablemente no entendía ninguna palabra. Noté que miraba a su alrededor y ocasionalmente en mi dirección, pero rápidamente apartaba la vista cuando atrapaba sus ojos. Era un juego divertido de gato y ratón que estábamos jugando mientras compraba lo que quería para Ravioli.

Cuando terminé de hacer la compra, Eren por fin abrió la boca mientras recorríamos el resto de la tienda. Estaba decidido a comprarle a Ravioli muchos regalos de París al menos.

—Um, ¿cuántos de esos pañuelos compraste? —preguntó lentamente.

—Compré tres.

—¿Y cuánto costaron?

—Como unos sesenta dólares cada uno. ¿Por qué?

Eren me miró boquiabierto mientras hacía los cálculos en su cabeza.

—¡¿Gastaste ciento ochenta dólares en tu gato solo por unos pañuelos?!

—¿Cuál es tu punto? He gastado miles en sus collares personalizados. Ciento ochenta dólares por unos pañuelos no es nada.

—¿Por qué no solo le compras una maldita boina mientras estás en eso? Completará el look francés —refunfuñó Eren sarcásticamente.

—¿Venden esos para gatos? —pensé en voz alta.

Estaba a punto de ir y preguntarle a la chica en el mostrador si vendían boinas para gatos, pero Eren me detuvo.

—No. No, no, no. No vas a comprar nada más en esta tienda. Nos vamos, ven. Hanji probablemente se está preguntando a dónde nos fuimos de todos modos.

Antes de que pudiera protestar, Eren me tomó de la mano y comenzó a arrastrarme con él fuera de la boutique.

Sintiendo ese calor de nuestras manos entrelazadas tan fuerte otra vez, cualquier protesta que tenía, murió en mis labios mientras simplemente cedía y dejaba que Eren me llevara de regreso a la calle un poco abarrotada. No me importaba dónde me llevara Eren, siempre y cuando me sostuviera de la mano.

Una vez fuera de la boutique, Eren comenzó a buscar señales de Hanji, pero no encontró ninguna. Yo, por otro lado, estaba perfectamente contento con no recordarle que todavía me estaba agarrando de la mano cuando nos paramos frente a Passy Plaza.

—¿Crees que tal vez ella se fue sin nosotros? —me preguntó mientras sus brillantes ojos seguían buscando entre la multitud.

Tratando de ignorar la forma en que mi corazón estaba retumbando en mi pecho, intenté mantener mi voz lo más firme posible para responder.

—¿A quién le importa?

A mí ciertamente no me importaba si Hanji nos había dejado. Eso significaba más tiempo a solas con Eren.

Como si fuera una señal, mi teléfono sonó en el bolsillo de mi gabardina. Como no quería romper nuestras manos juntas, metí torpemente mi mano izquierda en el bolsillo derecho para sacar mi celular.

Eren me observó con curiosidad mientras yo revisaba mis nuevos mensajes, ignorando las varias llamadas de mis antiguos amantes y revolcones de una noche en favor de buscar el nuevo mensaje de Hanji. Hablando del diablo.

—Hanji acaba de enviarme un mensaje —le informé a Eren.

—Bueno, ¿qué dice? ¿Nos dejó atrás? —dijo con un escalofrío.

Abrí el mensaje y lo leí rápidamente, casi teniendo que contenerme para no tirar mi teléfono al suelo después de leer el texto de esa idiota.

Cuatro Ojos: Pensé que podrías estar un tiempo a solas con tu amado :p Te veo en el avión mañana! No se queden fuera muy tarde!

—Puta Hanji —refunfuñé por lo bajo mientras guardaba mi teléfono. Eran tan ella hacer algo estúpido como esto.

—¿Bien? —preguntó Eren con ojos expectantes.

—Tch. Nos abandonó.

—Oh.

—Sí. "Oh". Es tan típico de ella escaparse a algún lado como siempre. Vamos, mocoso.

Tiré a Eren junto a mí mientras comenzaba a caminar hacia la calle principal. Era mejor para nosotros mantener nuestros cuerpos calientes en vez de simplemente quedarnos de pie en el aire helado congelándonos el culo.

Supongo que no podía estar realmente enojado con Hanji. Básicamente había perdido al mal tercio y sin siquiera tener que inventar una excusa o decirle alguna mierda. Creo que esa era una de las buenas cosas de tener una amiga como Hanji que me conocía tan bien después de todos estos años. Aunque nunca lo admitiría en voz alta, ella era una de las únicas personas que realmente me entendía.

—¿Qué hacemos ahora? ¿Quieres volver al hotel? —escuché a Eren preguntar.

Él no decía nada sobre el hecho de que todavía estaba sosteniendo su mano; de hecho, él agarraba la mía igualmente y no mostraba señales de querer soltarla, así que lo tomé como algo bueno y afiancé mi agarre mientras continuaba caminando delante de él. El aire frío de invierno golpeaba la piel de mi rostro, pero lo único en lo que podía concentrarme era en la calidez de su mano en la mía. Ojalá no hubiera usado guantes para sentir la piel de Eren, pero ya era demasiado tarde para eso. Lo importante era que no me soltaba la mano. Aún no.

Después de un breve silencio, decidí responder la pregunta de Eren.

—Dijiste que querías conocer París. Así que te llevaré a conocer París.

En realidad, no quería llevar a Eren a todas las atracciones típicas de la ciudad como la Torre Eiffel o Notre Dame, pero sí quería llevarlo a un lugar muy especial que sabía que nunca olvidaría.

Nuestro paso se convirtió en un pequeño trote mientras nos apresurábamos entre la multitud de turistas y lugareños por igual. Las luces brillantes de París pasándonos y las muchas vistas y olores eran embriagadores, incluso para alguien como yo que había estado aquí más veces de las que podía contar. Había algo mágico en la ciudad por la noche e incluso yo podía apreciar eso.

—¿A dónde vamos? —Eren se rio mientras trataba de seguirme el ritmo.

—Île Saint-Louis.

Por más cliché que sonara, sentí como si Eren y yo estuviéramos en una película cursi ambientada en París. Prácticamente estábamos corriendo por las calles de la cuidad en la noche tomamos de la mano, podía oír la risa entrecortada de Eren mientras trataba de seguirme y yo no pude evitar sonreír levemente ante la situación.

Pude ver el puente que conectaba con Île Saint-Louis y la ribera justo delante de nosotros, así que bajamos el ritmo a un ligero trote. Ambos estábamos respirando con dificultad, tratando de recuperar el aliento, pero cada inhalación se sentía como tragar agujas de hielo.

Sin soltar la mano de Eren, conduje al chico al centro del Pont Louis-Philippe. No había muchos turistas o lugareños y podía escuchar música provenir de algún lugar cercano.

Eren se apoyó con cansancio contra el borde de piedra mientras sus grandes ojos captaban todas las cosas a su alrededor. Las luces iluminando el puente y las farolas reflejadas en el agua, y a pesar de ser de noche, los ojos de Eren parecían brillar aún más bajo la iluminación fluorescente de París.

—Es precioso... —susurró Eren. Yo solo asentí en respuesta ya que estaba demasiado distraído con la hermosa criatura de pie junto a mí—. ¿Escuchas música... y alguien cantando?

Eren se volvió para mirarme con una sonrisa en su rostro. Su cabello que había sido peinado hacia atrás fuera de su rostro más temprano en el día, había vuelto a su estado desordenado usual, cayendo sobre sus ojos. Ojos que parecían centellear como gemas en la luz de la luna mientras me miraba expectante.

—Probablemente. No es raro en las calles de París después de todo. Al igual que en Nueva York, tienen sus artistas callejeros y otras formas de entretenimiento prácticamente en cada esquina —le expliqué antes de apartar la mirada hacia mi reflejo distorsionado en el agua bajo nosotros.

—Escucha —Eren me empujó en el hombro con una gran sonrisa—. Siento que he escuchado esta canción antes.

Forcé a mis oídos a captar la melodía y no fue difícil reconocer la canción una vez que la oí un poco más claro.

—Es La Vie En Rose. Una canción de amor. La oirás en cualquier lugar, pero a diferencia de la versión que podrías haber escuchado, esta es la original de Edith Piaf.

Eren guardó silencio mientras trataba de escuchar la suave e inolvidable voz de una mujer que cantaba La Vie En Rose en algún lugar cercano. Sus cejas se juntaron en frustración y observé con diversión cuando Eren se giró hacia mí con un puchero y ojos suplicantes.

—Suena tan hermoso, pero no entiendo nada de lo que está cantando —lloriqueó—. ¡Tradúcelo para mí!

Le di una mirada incrédula.

—¿Estás bromeando?

—¡Levi, por favor! ¡Tú mismo me dijiste que hablas francés! Solo traduce unos versos para mí.

En este punto, ya caía fácilmente cuando Eren ponía esos grandes ojos de cachorro y prácticamente rogaba por algo. Esa mirada suplicante me dejaba total y completamente indefenso y en verdad estaba comenzado a preocuparme lo fácil que me manipulaba Eren y el chico probablemente ni se daba cuenta. O tal vez sí.

Solté un largo suspiro antes de ceder y rendirme.

—Está bien. Escucha con cuidado lo que está cantando, mocoso —ordené y Eren hizo lo que dije, cerrando sus ojos y escuchando atentamente las palabras de la canción.

Des yeux qui font baisser les miens
Un rire qui se perd sur sa bouche
Voilà le portrait sans retouche
De l'homme auquel j'appartiens

Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas
Je vois la vie en rose

Eren finalmente me miró expectante con ojos ansiosos y sentí que mi corazón daba saltos en mi pecho mientras me aclaraba la garganta y empezaba a traducir las palabras lo mejor que podía para él sin verme demasiado nervioso. No todos los días tenías que traducir una canción francesa de amor a la persona que amabas como si fuera nada.

"Ojos que tragan los míos
Una sonrisa que se pierde en sus labios
Aquí está la imagen inalterada
Del hombre al que pertenezco"

"Cuando él me toma en sus brazos
Y me habla en voz baja
Veo la vida como si fuera color rosa"

Me percaté cómo Eren ajustó la bufanda alrededor de su cuello, enterrando la nariz y boca en ella como para ocultar su cara sonrojada, pero aún podía ver un ligero rosa pintando sus mejillas mientras traducía los primeros versos para él.

Il me dit des mots d'amour
Des mots de tous les jours
Et ça me fait quelque chose

Il est entré dans mon coeur
Une part de bonheur
Dont je connais la cause

Atrapé la mirada de Eren cuando él trató de echarme un vistazo de reojo, pero yo ya lo había estado mirando mientras continuaba escuchando La Vie En Rose. No titubeé mientras sostenía su mirada y continué traduciendo los siguientes versos justo como él me había pedido.

"Él susurra palabras de amor
Palabras de todos los días
Y eso hace algo en mí"

"Él ha entrado en mi corazón
Una pizca de felicidad
La causa de la cual sé muy bien"

Intencionalmente bajé mi voz unas octavas para que fuera lo suficientemente alta y que solo los dos pudiéramos escucharla. Bajo, íntimo, solo para los oídos de Eren... Y hablando de las orejas de Eren, pude ver cómo se pusieron rojas cuando se ruborizó de un hermoso carmesí una vez más. Ya se había olvidado del hecho de que nuestras manos seguían unidas, con los dedos entrelazados.

C'est lui pour moi, moi pour lui dans la vie
Il me l'a dit, l'a juré pour la vie

Et dès que je l'aperçois
Alors je sens en moi
Mon coeur qui bat

Ojos de color turquesa y dorado se mezclaron con plata y azul cuando Eren finalmente dejó de evitarme. Agarré su mano un poco más fuerte, su mirada cayendo a mis labios mientras traducía lo último de la canción.

"Es él para mí, yo para él de por vida
Él me dijo eso, me juró para siempre"

"Y tan pronto como lo veo
Así siento en mí
Mi corazón que late"

Eren dejó escapar un suspiro tembloroso que se pudo ver dejando sus gruesos labios en una nube de humo antes de que se evaporara. Las comisuras de sus labios se movieron hacia arriba hasta que eventualmente sonrió y su mirada al fin se apartó de mi rostro, las puntas de sus orejas aún ardiendo y la punta de su nariz también rosada.

—Eso fue hermoso, Levi —murmuró en la tela de su bufanda suavemente. Tan suave que casi no capté la forma en que mi nombre fue acariciado por su lengua.

Probablemente nunca superaría la manera en que se veía en ese momento. Tímido pero encantador al mismo tiempo. Mantuvo su mirada baja en el agua debajo de nosotros, pero esa pequeña sonrisa permaneció en sus labios, al igual que el leve rubor que cubría sus mejillas.

No quería nada más que extender la mano y alzar su cabeza para poder mirar esos hermosos ojos que me recordaban a las brillantes estrellas llameantes en el cielo nocturno. Una del color de la cálida miel, la otra del color del vasto océano.

Tan contradictorio y, sin embargo, no podía imaginarme un par de ojos más hermosos en ningún otro lugar del mundo.

Pero me abstuve de hacer lo que mi cuerpo me gritaba que hiciera. Lo que quería hacer desde que empecé a darme cuenta de esos sentimientos por Eren, que era simplemente agarrar al idiota y besar su cara estúpidamente hermosa, pero eso definitivamente sería traspasar los límites y pedir otra bofetada en la cara. Ciertamente no quería otra de esas en un futuro cercano o nunca más si vamos al caso.

El hechizo se rompió cuando una ráfaga particularmente fría sopló a nuestro lado y Eren se estremeció violentamente contra ella. Era decepcionante que yo fuera tan gallina para iniciar algún movimiento con Eren, pero supuse que esto era suficiente, por ahora.

Esto era más que suficiente.

—Vamos, chico. Regresemos al hotel antes de morir congelados aquí.

A regañadientes, fui yo quien soltó la mano de Eren antes de meterla en el bolsillo más profundo de mi abrigo, con la esperanza de conservar la calidez que la mano de Eren dejó ahí el mayor tiempo posible. Silenciosamente me di la vuelta y comencé a ir en la dirección que habíamos venido, sabiendo que Eren me seguiría sin que yo tuviera que decírselo.

Escuché sus pasos siguiéndome lentamente, quedándose atrás de mí mientras yo guiaba el camino de regreso a la calle donde se encontraba nuestro hotel. No pasó mucho tiempo antes de que estuviéramos parados en el vestíbulo esperando coger el siguiente ascensor hasta nuestro piso.

Fue un silencioso viaje hacia arriba, ligeramente incómodo, pero yo no estaba dispuesto a romper el grueso silencio que nos había cubierto mientras caminábamos lado a lado hacia nuestras suites.

Cuando llegamos a nuestras puertas, Eren fue quien finalmente habló y rompió el silencio.

—Gracias por esta noche, Levi. Sé que realmente no querías salir a caminar, pero de todas maneras lo aprecio.

Le eché un vistazo a Eren por el rabillo del ojo mientras sacaba la llave de mi habitación y la deslizaba por la ranura de la puerta para abrirla. Cuando abrí la puerta, Eren hizo lo mismo, pero los dos nos quedamos parados donde estábamos.

Eventualmente suspiré suavemente por la nariz.

—De nada, Eren. Si soy sincero, no odié esta noche por completo tampoco.

Él se rio entre dientes antes de empujar la puerta de su suite.

—Buenas noches, Levi.

—Buenas noches, Eren —me quedé allí unos segundos más mientras lo veía desparecer detrás de la puerta y luego finalmente entré a la calidez de mi propia suite.

Fui recibido por la oscuridad y el silencio, pero no duró mucho. Como una escena de una película, Hanji encendió una de las lámparas en la sala, revelando su forma sentada en el sofá blanco de gamuza.

Gruñí ruidosamente mientras me quitaba el abrigo y los guantes, sacándome las botas en el proceso también.

—Por supuesto que estás aquí —me quejé cuando pasé al lado de Hanji para ir al minibar y servirme un trago.

Si Eren estuviera cerca, probablemente se me echaría encima por beber alcohol, pero solo necesitaba un poco de algo para el dolor de cabeza inminente que estaba seguro de que Hanji me daría con su interminable interrogatorio.

—¿Dónde está Eren? —preguntó ella inocentemente.

—En su habitación. ¿Dónde más estaría?

—Quieres decir que... ¡¿no trataste de tirártelo mientras estaban solos?!

—Tch, tu confianza en mí es tan alentadora. Por supuesto que no traté de seducir a Eren, pendeja. ¿En serio me esperaste en la habitación como una loca acosadora pensando que iba a traer a Eren aquí para follármelo?

—Sip —fue su respuesta simple y directa que me tuvo negando con la cabeza un buen rato.

Puse el vaso de whisky que me serví de vuelta sobre el minibar mientras usaba mi otra mano para frotarme las sienes. A veces lidiar con Hanji podía ser un verdadero dolor y este era uno de esos momentos en los que tenía que detenerme y preguntarme por qué era amigo de ella en primer lugar.

—Hanji —suspiré—. No me hagas hacer esto.

—¿Hacer qué? No te estoy obligando a hacer nada, mi pequeño pastelito —se rio.

—Solo... detente. Sé lo que estás tratando de que haga y no va a funcionar. Ahora, sal de mi habitación.

—Está bien, está bien. Me voy. He visto con mis propios ojos que no trajiste a tu lindo asistente para una noche de sexo caliente, así que eso me dice todo lo que necesito saber —canturreó mientras se levantaba de su lugar en el sofá y se dirigía a mi puerta.

—¿Y ese algo es qué? —pregunté, muy a mi pesar.

Mientras ella abría la puerta para salir, echó la cabeza a un lado y me sonrió ampliamente. Una mirada particularmente maliciosa en sus grandes ojos marrones, riéndose como una niñita con un secreto.

—Que estás completamente enamorado de Eren Jaeger y te mueres por él, enanín. Justo a tiempo, ya que Día de San Valentín es en dos semanas.

Hanji me dejó para arreglármelas solo y el silencio retumbó en mis oídos. Me quedé junto al minibar, pero ya no tenía ningún deseo de beber ahora que Hanji básicamente había dejado caer una bomba antes de irse.

Día de San Valentín era en dos semanas.

Rápidamente saqué mi teléfono y marqué el número de Hanji, sabiendo que la idiota probablemente estaba esperando a que la llamara. Me demostró que estuve en lo correcto cuando ella contestó al primer timbre.

—¿Sí, mi pingüino enamorado?

—Necesito que hagas algo por mí.

—Soy todo oídos.


N/T: Demoré mucho, lo sé, lo siento. :c

Y perdón por la confusión anterior, aún seguiré publicando el fic aquí para los que quieren leerlo en esta plataforma.

Espero que les haya gustado el capítulo. Sus comentarios me suben el ánimo como no tienen idea, gracias a todos por el apoyo.