*** La historia no es más que una adaptación al final, el nombre del autor y el nombre original de la historia ****
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****
Capitulo 16
Edward
Desperté antes que Bella y ordené huevos, panqueques, salchichas, tocino, tostadas, papas fritas, jugo y café. Cuando llegó, la besé hasta que se despertó.
Abrió sus ojos. —Huelo café.
Le serví una taza. Tomó un trago y suspiró. —Oh, está bueno.
Comimos el desayuno en la cama y luego Bella se dio una ducha. Me quedé cerca del teléfono en caso de que mi papá llamara. Tan pronto como ella terminó su ducha, cambiamos lugares. Cuando salí, secándome con una toalla, me miró fijamente.
—Te afeitaste.
Frotó el dorso de su mano contra mi piel.
Me reí. —Me dijiste que si alguna vez éramos rescatados tendría que hacerlo yo mismo.
—No lo dije en serio.
El teléfono sonó a las 11. Mi papá había alquilado un avión y dijo que teníamos que estar en el aeropuerto en una hora.
—Aparte de reabastecer combustible, vas a volar completamente directo. Vamos a estar esperándote en O'Hare.
—Papá, Bella ha estado tratando de contactarse con su hermana. ¿Has hablado con ella?
—Lo intenté dos veces. Su línea ha estado ocupada, pero la nuestra también lo ha estado, Edward La noticia se extendió rápido. El aeropuerto hizo arreglos especiales, y nos están permitiendo estar en la puerta cuando aterrices, pero los medios de comunicación también estarán allí. Haré lo que pueda para mantenerlos a una distancia razonable.
—De acuerdo. Mejor me voy para que podamos llegar al aeropuerto.
—Te amo, Edward.
—También te amo, papá.
Me vestí con la camiseta y los pantalones cortos que compramos en la tienda de regalos. Bella llevaba el vestido azul. Saqué la tarjeta de visita de la carta de hidroaviones del bolsillo de mis pantalones y tiré nuestra vieja ropa sucia a la basura. Metimos todo lo demás en dos bolsas de plástico que encontramos en la habitación.
Después de pagar la cuenta e irnos, tomamos el transporte del hotel al aeropuerto. Bella casi no podía quedarse quieta. Me reí y envolví mis brazos a su alrededor.
—Estás nerviosa.
—Lo sé. Estoy emocionada y tomé un montón de café.
El servicio de transporte desaceleró a una parada en la entrada del aeropuerto, y Bella y yo nos pusimos de pie.
—¿Estás lista para salir de aquí? —le pregunté, tomando su mano.
Sonrió y dijo—: Absolutamente.
La tripulación del vuelo —piloto, copiloto y un auxiliar de vuelo— vitorearon y aplaudieron cuando Bella y yo agachamos nuestras cabezas y caminamos hacia la puerta del avión. Estrecharon nuestras manos y nosotros sonreímos y nos presentamos.
Revisé la cabina. Había siete asientos; cinco individuales separados por un pasillo estrecho y dos asientos unidos. Un angosto sofá se extendía a lo largo de la pared. No podía imaginarme lo que esto le debió haber costado a mi papá.
—¿Qué tipo de avión es éste? —pregunté.
—Es un Lear 55 —dijo el piloto—. Es un jet de tamaño mediano. Tendremos que detenernos varias veces para reabastecernos, pero estaremos en Chicago en unas dieciocho horas.
Bella y yo pusimos nuestras bolsas de plástico en el compartimiento superior y nos instalamos en los asientos reclinables de cuero lado-a-lado. Una larga mesa montada en el piso estaba colocada frente a nosotros.
La azafata se acercó tan pronto como nos abrochamos el cinturón de seguridad.
—Hola. Mi nombre es Susan. ¿Qué les gustaría para beber? Tengo refrescos, cerveza, vino, cocteles, agua embotellada, jugo y champán.
—Adelante, Bella.
—Tomaré agua, champán y jugo, por favor —dijo.
—¿Desea que convierta eso en una mimosa? Tengo zumo de naranja natural.
Bella le sonrió a Susan. —Me encantaría una mimosa. Muchas gracias.
—Tomaré agua, cerveza y una coca cola —dije—. Gracias.
—Por supuesto. Enseguida estaré de regreso.
Tuvimos cero tolerancia con el alcohol, y nos pusimos un poco mareados. Bella bebió dos mimosas y yo cuatro cervezas. Ella no podía dejar de reír, y yo no podía dejar de besarla; éramos ruidosos, también, y Susan hizo un asombroso trabajo fingiendo no darse cuenta. Trajo un enorme plato de queso, galletas saladas y fruta, probablemente esperando que eso nos subiera la sobriedad. Acabamos con eso, pero no antes de que yo insistiera en tratar de lanzar varias uvas hacia la boca abierta de Bella. Fallé todo el tiempo, lo cual hizo que nos riéramos mucho.
Cuando se hizo de noche, Susan trajo mantas y almohadas.
—Oh, genial —dijo Bella, hipando—. Estoy un poco somnolienta.
Extendí las mantas sobre nosotros y deslicé mis manos por debajo del vestido de Bella.
—Detén eso —dijo ella, tratando de desviar mis manos—. Susan está justo ahí.
—A Susan no le importa —dije, tirando de la manta por sobre nuestras cabezas para que pudiéramos tener algo de privacidad. Sin embargo, fue sólo una charla, porque cinco minutos más tarde, me desmayé.
Me desperté con un dolor de cabeza. Bella seguía dormida, su cabeza descansando en mi hombro. Cuando se despertó, nos turnamos para asearnos y cepillar nuestros dientes en el baño. Susan puso un plato de sándwiches de pavo y carne asada en la mesa, junto con papas fritas y Coca-Colas. También me tendió dos paquetes individuales de Tylenol y dos botellas de agua.
—Gracias.
—De nada —dijo, dándome una palmada en el hombro
Abrimos el Tylenol y nos tomamos las pastillas con un vaso de agua.
—¿Qué día es, Bella?
Lo pensó un minuto antes de responder. —¿28 de diciembre?
—Quiero pasar juntos la víspera de Año Nuevo —dije—. Voy a extrañarte mucho para entonces.
Bella me dio un beso rápido. —Es una cita.
Comimos nuestros sándwiches y papas y pasamos el resto del tiempo hablando.
—He pensado en este día durante tanto tiempo, Edward Puedo imaginarme a mi mamá y papá, Alice, Jasper y los niños, todos juntos de pie mientras corro hacia ellos con los brazos abiertos.
—También he pensado en este día. Me preocupaba que no pudiera llegar nunca.
—Pero llegó —dijo Bella, sonriéndome.
El cielo se iluminó y miré por la ventana a los campos congelados de Midwestern. Cuando descendimos para nuestro aterrizaje en Chicago, Bella señaló y dijo—: Mira la nieve, Edward.
Tocamos tierra en O'Hare un poco antes de las 6.00 am. Bella se desabrochó el cinturón de seguridad y se levantó antes de que el avión se detuviera por completo.
Tomamos nuestras bolsas de plástico del compartimiento superior y nos apresuramos por el pasillo a la parte delantera del avión. El piloto y el copiloto salieron.
—Ha sido un placer traerlos a casa —dijo el piloto—. Buena suerte a los dos.
Nos dirigimos a Susan. —Gracias por todo —dijo Bella.
—De nada —dijo, dándonos un abrazo.
Alguien abrió la puerta del avión.
—Es todo, Edward —dijo Bella—. Vamos.
Bella
Edward y yo bajamos del avión de la mano. Cuando salimos al otro lado, la multitud rugió. Los flashes de cientos de cámaras me cegaron, y parpadeé, intentando concentrarme. Los reporteros comenzaron a gritarnos preguntas inmediatamente. Alice se abalanzó de forma borrosa y me abrazó, llorando.
Esme Cullen estaba casi histérica cuando envolvió a Edward, a Carslie Cullen y a dos niñas —asumí que las hermanas de Edward— en un abrazo familiar.
Jasper estaba junto a Alice, y se acercó a abrazarme. Le abracé fuerte y luego me alejé, buscando a mis padres entre la multitud.
Riley estaba allí.
Se apresuró hacia delante y le abracé automáticamente. Di un paso atrás, queriendo que saliese de mi camino. Confundido, mi corazón empezó a latir. Mis ojos se posaron en el resto de las personas de pie dentro del área acordonada, pero no vi a mamá.
Ni a papá.
Busqué de nuevo, frenéticamente, y entonces comprendí por qué su teléfono había estado desconectado. Se me doblaron las rodillas. Alice y Jasper me sostuvieron.
—¿Ambos?
Alice asintió con la cabeza, las lágrimas corrían por su rostro.
—No —grité—. ¿Por qué no me lo contaste?
—Lo siento —dijo—. Tu llamada me pilló con la guardia baja, y sonabas tan feliz. No pude hacerlo, Bella.
Me llevaron a una silla. Antes de que pudiera sentarme, Edward apareció a mi lado. Se sentó y me tomó en sus brazos, balanceándome suavemente mientras yo lloraba. Levanté mi cabeza de su pecho.
—Ambos están muertos.
—Lo sé. Mi madre me lo acaba de decir.
Me besó en la frente y me enjuagó las lágrimas mientras las cámaras lo capturaban todo. No lo sabía entonces, pero menos de veinticuatro horas más tarde, las fotos de Edward sujetándome y besándome aparecerían en las portadas de los periódicos de todo el país.
Apoyé la cabeza en su pecho y cerré los ojos, Alice me frotó la espalda. Finalmente, respiré hondo y me senté.
—Lo siento mucho —dijo Edward, retirándome el pelo de la cara.
Asentí con la cabeza. —Lo sé.
Estábamos en silencio, excepto por los clics y los flashes de las cámaras. Me giré hacia Alice y dije—: Quiero ir a casa.
Alice escribió su número de teléfono para que pudiese dárselo a Edward y lo guardó en el bolsillo de sus pantalones cortos.
—Te llamaré dentro de un rato. —Envolvió sus brazos a mi alrededor y me susurró al oído—. Te amo.
—También te amo —respondí susurrando.
Nos pusimos de pie mientras Carslie y Esme Cullen se acercaron a nosotros, con las hermanas de T.J. a la zara.
—Lo siento, Bella —dijo Esme—. Alice nos contó lo de tus padres. Me sentí horrible sabiéndolo mientras estabas viniendo a casa. —Me abrazó y cuando se alejó me sostuvo las manos durante un rato—. Te llamaremos dentro de poco. Tenemos algunas cosas que discutir. —Me sonrió y me dio un rápido beso en la mejilla.
Carslie Cullen sonrió y me apretó el hombro.
—Gracias por alquilar el avión —dije.
—No hay de qué, Bella.
Alice mandó a Jasper a decir a los medios de comunicación que yo no daría un comunicado. Riley vino y se puso a mi lado. Empezó a tomarme la mano, pero luego cambió de idea.
—Siento lo de tus padres, Bella.
—Gracias.
Nos quedamos allí con torpeza, como extraños, y finalmente dijo—: Estaba muy feliz cuando Alice me llamó. No podía creer lo que me estaba contando.
Respiré hondo y dije—: Riley…
—No digas nada. Solo tómate tu tiempo y cuando estés lista, hablaremos. Sé que probablemente quieres salir de aquí. —Miró a Edward, que estaba con su familia—. Le di a Alice tus cosas hace aproximadamente un año. No fui capaz de hacerlo hasta entonces. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Estoy muy contento de que llegases a casa, Bella.
Me abrazó y se alejó. Y entonces Alice y Jasper me llevaron a la puerta.
Edward
Mi familia me rodeó. Jane y Kate sostuvieron cada una de mis manos y mamá no podía decidir si reír o llorar, así que hizo ambas cosas.
—No puedo creer lo alto que estás —dijo papá.
Todo el mundo se asustó cuando vio mi cola de cabello. —No tenía tijeras —expliqué.
Noté a un tipo alto y rubio por la esquina de mi ojo. Caminó hacia Bella. No le hables. Ella ya no te ama. Los observé hasta que mamá tiró de mi brazo.
—Vámonos a casa Edward.
Observé a Bella una vez más. Riley la abrazó y se alejaron. Exhalé y dije—: Estoy listo, mamá.
Antes de que saliéramos, mamá me dio un abrigo, junto con calcetines y un par de tenis. Me deshice de los zapatos que tenía y los puse en la bosa de plástico con el resto de mis cosas y seguí a mi familia al auto.
Cuando llegamos a casa, tomé una ducha, envolví una toalla alrededor de mi cintura y caminé dentro de mi antigua habitación. Se veía exactamente igual. La cama doble seguía teniendo la misma ropa de cama color azul marino en ella, mi equipo de sonido y mi colección de CD'S permanecían en la misma esquina de mi escritorio. Una pila de ropa yacía doblada en el armario. Mamá hizo un buen trabajo adivinando mi talla considerando lo mucho que había crecido.
Cuando salí de mi habitación, mamá seguía en la cocina preparando el desayuno. Me dio un plato de panqueques y tocino y, cuando terminé de comer, me senté en la sala a hablar con mi familia. Kate, ahora de catorce años, quería sentarse junto a mí. Jane, quien acababa de cumplir los doce, se sentó a mis pies.
Les conté todo; Harry, el accidente, el agua contaminada, la sed, el hambre, el tiburón, cuando enfermé, y el tsunami y respondí todas sus preguntas. Mamá empezó a llorar de nuevo cuando oyó cuán enfermo había estado.
Más tarde, mis hermanas se fueron a la cama y solo éramos mis padres y yo.
—No puedes imaginarte Edward —dijo mamá—. Pensar que tu hijo está muerto y luego él te llama por teléfono. Si eso no es un milagro no sé lo que es.
—Tampoco yo —estuve de acuerdo—. Bella soñó con el día en que nosotros haríamos esas llamadas. No podía esperar a que todos descubrieran que estábamos vivos.
El silencio llenó la habitación por primera vez desde que empezamos a hablar.
Mamá aclaró su garganta. —¿Qué tipo de relación tuvieron Bella y tú? —preguntó.
—Exactamente del tipo que piensas.
—¿Cuántos años tenías?
—Casi diecinueve —dije—. Y, ¿mamá?
—¿Si?
—Definitivamente fue mi idea.
Bella
Nos detuvimos en el baño porque necesitaba desesperadamente sonarme la nariz y limpiarme los ojos. Alice me dio un poco de Kleenex.
—Debería haber sabido que algo iba mal cuando su número telefónico no funcionó. Habías dicho que vendieron la casa.
—Dije que la casa fue vendida. Jasper y yo la pusimos en el mercado tan pronto como los bienes estuvieron legalizados y claros.
Me incliné hacia delante, apoyándome en el mostrador del baño.
—¿Qué paso con ellos?
—Papá tuvo otro ataque al corazón.
—¿Cuándo?
Dudó. —Dos semanas después de que tu avión se estrelló.
Comencé a llorar otra vez. —¿Qué hay sobre mamá?
—Cáncer de ovario. Murió hace un año.
Jasper gritó en el baño. Alice asomó su cabeza por un segundo, luego volvió y dijo—: Los reporteros se están dirigiendo para acá. Vamos a salir de aquí, a menos que quieras hablar con ellos.
Negué con la cabeza. Alice me había traído un abrigo y unas botas forradas en lana. Me las puse y caminamos hasta el estacionamiento, los medios no muy lejos. Aspiré el olor a nieve y gases de escape.
—¿Dónde están los niños? —pregunté cuando llegamos al departamento de Alice y Jasper. En realidad, quería sostener a Joe y Chloe en mis brazos.
—Los llevamos con los padres de Jasper. Los iré a buscar mañana. Están muy emocionados por verte.
—¿Qué quieres comer? —preguntó Jasper.
Mi estómago estaba revuelto. Había estado esperando ordenar un festín, pero ahora no creía que pudiera comer.
Jasper debió haberlo sentido porque dijo—: ¿Qué tal si voy a comprar algunos bagels y tú comes cuando estés lista?
—Eso suena genial, Jasper. Gracias.
Me quité el abrigo y las botas.
—Tus ropas están aquí —dijo Alice—. Las puse en el armario extra del dormitorio después de que Riley las trajo. Tu joyería, calzado y algunas otras cosas están ahí, también. Nunca fui capaz de deshacerme de nada de eso.
Seguí a Alice por el pasillo hasta la habitación de invitados. Abrió el armario y me quedé mirando mis ropas. La mayoría de ellas estaban en perchas y el resto estaba apilado cuidadosamente en el estante superior. Un suéter cachemira azul claro me llamó la atención, extendí la mano y toqué la manga, sorprendida de lo suave que se sentía bajo mis dedos.
—¿Quieres tomar una ducha primero? —preguntó Alice.
—Sí —dije, tomando un par de pantalones de yoga grises y una camiseta blanca de manga larga.
También saqué el suéter azul de la estantería. Una cómoda en la esquina tenía mis calcetines, sostenes y ropa interior. Me dirigí hacia el baño y me puse bajo la ducha por largo tiempo.
La ropa nadaba en mí, pero era familiar y cálida.
—Angela llegará en cualquier momento —dijo Alice, dándome una taza de café una vez que me senté en el sofá de la sala de estar.
Sonreí ante la mención de mi mejor amiga. —No puedo esperar para verla. —Tomé un sorbo de mi café. Alice le había echado licor—. ¿Crema irlandesa Bailey?
—Pensé que podrías tomar un trago.
—Está bien, pero sólo uno. Estoy un poco baja de peso estos días. —Sostuve la taza caliente en mis manos—. ¿Cómo lo hizo mamá después de la muerte de papá? —pregunté.
—Bien. Se negó a vender la casa, entonces Jasper se hizo cargo del trabajo del jardín y contratamos a alguien para que sacara la nieve en la entrada y las aceras. Nos aseguramos de que no estuviera sola.
—¿Qué tan malo fue el cáncer?
—No fue bueno. Luchó duramente, todo el camino hasta el final.
—¿Fue al hospital?
—No. Murió en casa, de la forma en que quería.
Terminamos nuestro café. Jasper vino con los bagels y Alice me obligó a comer.
—Estás tan delgada —dijo, esparciendo queso crema en un bagel y dándomelo.
Volvimos al sofá después de terminar de comer. Alice se volvió a la radio y encontró una estación de rock clásico. Ella me dio una taza de café recién preparado, sin Bailey esta vez. Jasper se unió a nosotras, y él y Alice me preguntaron sobre la isla.
Les conté todo. Alice lloró cuando conté cómo Edward y yo casi morimos por deshidratación. Escuchar que dos aviones habían sobrevolado realmente la hizo pedazos. Se sorprendieron cuando les conté sobre el tiburón, Bones y el tsunami.
—Que horrible experiencia —dijo Alice.
—Bueno, nos adaptamos. Sin embargo, fue malo al final. No estoy segura de cuánto tiempo más hubiésemos durado. —Alice me pasó un afghan y cubrí mis piernas con él—. Fue una sorpresa ver a Riley en el aeropuerto —dije.
—Lo llamé. Estaba devastado cuando tu avión se estrelló y estuvo realmente feliz cuando le conté que estabas viva.
—Pensé que se había trasladado. Tal vez se casó con alguien a estas alturas.
—No. Estuvo saliendo con alguien por un tiempo, pero hasta lo que sé sigue estando soltero
—Oh.
—¿Qué decidiste sobre él?
—No es con el que se supone que debería estar, Alice. No sé que hubiera pasado si el avión no se hubiese estrellado, pero tuve un montón de tiempo para pensar en lo que quería. —Negué con la cabeza—. No es él.
—Tú y Edward están juntos, ¿no? —Alice preguntó.
—Sí. ¿Estás sorprendida?
—¿Con esas circunstancias? No. ¿Qué edad tiene?
—Veinte.
—¿Qué edad tenía cuando empezaron?
—Casi diecinueve.
—¿Lo amas?
—Sí.
—Vi la manera en que te miraba. Cómo te consoló en el aeropuerto. Él también te ama —dijo Alice.
Puse mi taza vacía en la mesa y asentí con la cabeza. —Sí. Lo hace.
El timbre sonó y Alice cruzó la habitación. La seguí y contuve la respiración cuando miraba por la rendija y abría la puerta. Angela se quedó allí, las lágrimas corrían por su rostro. La atraje a mis brazos, no existían palabras que expresaran cómo me sentía al verla de nuevo.
—Oh, Bella —dijo, sollozando, abrazándome con fuerza—. Llegaste a casa.
Edward
Más tarde esa noche me fui a mi habitación, y tendido en mi cama llamé a Bella. —Hey —le dije cuando contestó—. ¿Cómo estás?
—Agotada. Demasiado para procesar.
—Me gustaría poder ayudar.
—Sólo tomará algo de tiempo —dijo—. Estaré bien.
—Estoy acostado en mi cama. Mi mamá no podía deshacerse de nada.
—Tampoco lo hizo Alice. Pensé que la gente supuestamente debía dar tus cosas cuando mueres.
—Mi mamá sabe sobre nosotros.
—Oh, Dios. ¿Qué dijo?
—Me preguntó cuántos años tenía cuando empezó. Eso es todo.
—Podría revisarlo después.
—Tal vez. Así que, ¿ese era Riley en el aeropuerto?
—Sí.
—¿Qué le dijiste?
—Nada. Me interrumpió. Se supone que debo llamarlo.
—¿Lo harás?
—Eventualmente. No puedo lidiar con esto ahora mismo. Hace unos días estábamos caminando por la playa. Ahora estamos en casa. Es surrealista.
—Lo sé.
—¿Estás cansado? —preguntó.
—Exhausto.
—Duerme un poco.
—Te amo, Bella
—Te amo, también.
Bella
Alice abrió la puerta del dormitorio, sosteniendo una taza de café y el diario en su mano.
—¿Estás despierta?
Me senté y pestañeé. La luz del día se filtraba por las cortinas.
—¿Qué hora es?
—Casi las diez. —Alice me ofreció el café y puso el diario sobre la mesita de noche—. Los reporteros no tomarán un no por respuesta. Tuve que desconectar el timbre.
Tomé su teléfono de la mesita de noche y lo encendí. Lo apagué después de hablar con Edward La pantalla mostraba once llamadas perdidas.
—Están llamando a tu teléfono también. Conseguiré uno propio lo más pronto que pueda.
Alice sacudió su mano restándole importancia. —No te apresures. Quizás podamos enviar a Jasper a escoger uno.
Puse el café en la mesita y tomé el diario. Fotos de Edward y yo cubrían la portada. Eran las mismas que ya había visto en CNN y muchas del aeropuerto. La más grande mostraba a Edward besando mi frente rodeados de pequeñas fotos de nosotros corriendo de la mano, abrazados, y de él secando mis lágrimas y tomándome en sus brazos. Para aquellos que especulaban sobre la naturaleza de nuestra relación, un vistazo a la portada probablemente respondería a todas sus preguntas.
Le pasé el diario a Alice. —Si los reporteros pasan, diles que no estoy lista para hablar, ¿está bien? —Tomé taza y la ahuequé en mis manos. Pensamientos de mi mamá y papá llenaron mi cabeza y comencé a llorar. Alice se subió a la cama y me rodeó con sus brazos, alcanzándome una caja de pañuelos.
—Está bien, Bella. También lo hice, después de que murieron. Va a pasar un tiempo antes de que deje de doler tanto.
Asentí. —Lo sé.
—¿Estás hambrienta? Jasper salió a buscar el desayuno.
La confusión emocional había arruinado mi apetito, pero mi estómago se sentía vacío. —Un poquito.
—¿Qué quieres hacer hoy?
—Probablemente debería hacer unas citas. Doctor, dentista, peluquero.
Alice dejó la habitación y regresó con una guía telefónica. —Dime a quién llamar.
Edward
Emmett irrumpió en mi cuarto, sosteniendo el periódico en su mano.
—Una pregunta —dijo, caminando hacia mi cama, sosteniendo su dedo índice en el aire—. ¿Qué edad tenías cuando empezaste a tirártela? Porque estoy bastante seguro por estas imágenes que lo has hecho.
Si no hubiera estado mirando la foto de mí besando a Bella, podría haber visto mi puño antes de que conectara con su ojo izquierdo.
—¡Jesucristo! ¿Por qué hiciste eso? —preguntó, mirándome desde el suelo en donde estaba tendido, sosteniendo su ojo.
—¿Eso es lo primero que me dices después de tres años y medio?
Se sienta, su ojo derecho ya está empezando a hincharse.
—Joder, Cullen. Eso duele.
Me levanté de la cama y le ofrecí mi mano. La tomó y lo jalé del piso.
—No vuelvas a decir algo como eso de nuevo.
—¿ Edward? —Mi mamá estaba de pie en la puerta abierta. Se dio cuenta de Ben sosteniendo su ojo—. ¿Está todo bien?
—No pasa nada, mamá.
—Si, estamos genial, Esme —dijo Emmet.
Mi mamá nos miraba, pero no preguntó que había pasado. —¿Qué quieres para comer, Edward?
—Cualquier cosa, mamá.
Después de que mi mamá se fuera, Ben dijo—: Así que, ¿estás, como, enamorado?
—Si.
—¿Te ama?
—Dice que sí.
—¿Sabe tu mamá?
—Síp.
—¿Enloqueció?
—Aún no.
—Bueno, me alegro de que hayas vuelto, hombre. —Ben me dio un abrazo incómodo—. Tuve un real y duro momento cuando me dijeron que habías muerto. —Miró hacia el suelo—. Hablé en tu funeral.
—¿Lo hiciste?
Asintió.
Emmett muy apenas podía pararse delante de todos en nuestra clase de discurso en noveno grado. No podía imaginarlo dirigiéndose a la gente en mi funeral.
Tal vez no debí golpearlo. —Eso fue genial de tu parte, Emmett.
—Sí, bueno, hizo feliz a tu mamá. De todos modos, vas a cortarte el pelo, ¿no? Te ves como una maldita chica.
—Sí.
Mi mamá me hizo una hamburguesa con queso y papas fritas, y Emmet se sentó conmigo mientras comía. Mis padres me abrazaron un par de veces y mi mamá me dio un beso. Ben probablemente quería hacer un estúpido comentario, pero mantuvo un poco de hielo en su ojo y mantuvo la boca cerrada. Kate y Jane se sentaron en la mesa por un rato, hablándome sobre la escuela y sus amigos. Vacié lo último de mi Coca-Cola.
—No puedo conseguir que estés con el Dr. Sanderson hasta mañana. Pensé que tal vez pudieran meterte, pero al parecer están con exceso de reservas.
—Está bien, mamá. He esperado tanto tiempo. Un día más no importará.
Se secó las manos con una toalla y me sonrió. —¿Quieres algo más de comer?
—No. Estoy lleno, gracias.
—Voy a hacerte una cita para un corte de cabello y con el dentista. —Mi mamá apagó la estufa y se fue a hacer las llamadas.
—Entonces, ¿tienes trabajo o qué? —le pregunté a Emmett—. Es mediodía.
—Estoy en la universidad. Son vacaciones de invierno.
—¿Fuiste a la universidad? ¿Dónde?
—Universidad de Iowa. Soy de segundo año. Tienes que venir a visitarme. ¿Y qué hay de ti? ¿Qué vas a hacer?
—Le prometí a Bella que conseguiría mi GED. Después de eso no tengo idea.
—¿Vas a seguir viéndola?
—Sí. Ya la hecho de menos. He estado despertando a su lado por tres años y medio.
—Amigo, si te hago otra pregunta, ¿podrías por favor no pegarme?
—Depende de lo que sea.
—¿Qué se siente estar con ella? ¿Es cierto lo que dicen sobre las chicas mayores?
—No es tan mayor.
—Uh, está bien. De todos modos, ¿cómo es?
—Es increíble.
—¿Qué hace?
—Hace todo, Emmet.
Bella
Mi peluquera, Joanne, entró en la sala de Alice.
—Hay reporteros allá abajo —dijo—. Creo que me tomaron fotografías. —Se quitó su abrigo y me abrazó—. Bienvenida a casa, Bella. Historias como las tuyas son por lo cual creo en los milagros.
—Yo también, Joanne.
—¿Dónde quieres que te corte el cabello? —preguntó Alice.
Ya había tomado una ducha y mi pelo estaba aún mojado, por lo que Joanne hizo que me sentara en un taburete en la cocina de Alice.
—¿Qué te ocurrió? —preguntó, examinando las puntas de mi cabello.
— Edward tenía que quemarlo cuando estaba demasiado largo.
—Estás bromeando.
—No. Le preocupaba quemarme toda la cabeza.
—¿Cuánto quieres que te lo corte?
Mi cabello me llegaba a media espalda. —Un par de centímetros. ¿Y quizás un flequillo largo?
—Claro.
Joanne me hizo preguntas sobre la isla. Le conté a ella y Alice sobre el murciélago que se enredó en mi cabello.
—¿Te mordió? —Alice parecía horrorizada—. ¿Y Edward lo mató?
—Sí. Todo salió bien. No tenía rabia.
Joanne secó mi cabello y lo alisó con una plancha. Levantó un espejo de mano y miré mi reflejo. Mi cabello se veía saludable ahora, con las puntas lisas.
—Guau. Esto es una gran mejora.
Alice trató de pagar, pero Joanne no aceptó el dinero. Le agradecí que viniera al apartamento.
—Es lo menos que podía hacer, Bella. —Me abrazó y besó.
Cuando se fue, le dije a Alice—: Si podemos salir de casa sin ser acosadas, hay un lugar donde me gustaría ir.
—Claro —dijo Alice—. Voy a llamar un taxi.
Los reporteros gritaron mi nombre tan pronto como Alice y yo abrimos la puerta. Estaban esperando en las escaleras, nos abrimos paso entre ellos y nos adentramos en el taxi que nos esperaba.
—Desearía que tu edificio tuviera una puerta trasera —dije.
—Probablemente esperarían por ahí, también. Malditos buitres —murmuró Alice.
Alice le dio al conductor una dirección y luego conducimos a través de la entrada del Cementerio Kateland.
—¿Puede por favor esperarnos? —le preguntó Alice al conductor.
Algunos copos de nieve se arremolinaban en el cielo gris. Me estremecí, pero Alice parecía ajena del frío, sin molestarse siquiera en abrochar su abrigo. Me condujo hacia la tumba de nuestros padres, Renee y Charlie Swan, yacían lado a lado.
Me arrodillé en frente de la lápida y tracé su nombre con el dedo.
—Regresé —susurré. Alice me dio un pañuelo y sequé las lágrimas que salían de mis ojos.
Imaginé a mi padre con su tonto sombrero cubierto con señuelos de pesca, enseñándome cómo limpiar el pescado. Recordé cómo amaba darles comida a los pájaros y observarlos mientras se acercaban. Pensé en mi madre, lo mucho que amaba su jardín, su hogar y sus nietos. Compartir mis aventuras de clases con ella los domingos ya no iba a suceder. Nunca sería capaz de darme consejos, y nunca escucharía las voces de mis padres otra vez. Grité, dejando escapar todo. Alice esperó pacientemente, dándome tiempo para la catarsis que desesperadamente necesitaba. Mis lágrimas finalmente cesaron y me levanté.
—Podemos irnos ahora.
Alice pasó su brazo alrededor de mí y regresamos al taxi. Le dijo al conductor otra dirección y fuimos a la casa de los padres de Jasper para recoger a los niños.
Joe y Chloe dejaron de jugar cuando entramos en la habitación. Probablemente yo parecía como un fantasma para ellos. Alice había mantenido mi memoria viva, pero la tía que ellos pensaban que estaba muerta, ahora estaba de pie frente a ellos. Me arrodillé a su lado y dije suavemente—: Chicos, los extrañé.
Joe se acercó primero. Lo abracé fuerte. —Deja que te mire —dije, apartándolo un poco.
—Estoy perdiendo todos mis dientes —dijo. Abrió la boca y me mostró los huecos.
—Debes mantener al hada de los dientes muy ocupada.
Chloe, precavidamente, se aventuró un poco más cerca y susurró—: Yo también perdí algunos. —Abrió su boca ampliamente para que así pudiera ver sus huecos.
—Caray, tu mamá debe poner toda tu comida en la licuadora. ¡Están sin dientes!
—Tía Bella, ¿vas a vivir en nuestra casa ahora? —preguntó Chloe.
—Por un tiempo.
—¿Puedes arroparme esta noche? —preguntó ella.
—No, yo quiero que ella me arrope a mí está noche —discutió Joe.
—¿Por qué no duermo con ambos está noche? —Los abracé contra mi pecho, luchando con las lágrimas.
—¿Están listos para ir a casa? —preguntó Alice.
—¡Sí!
—Entonces, besen a su abuela y vámonos.
Más tarde esa noche, después de llevar a los niños a la cama, Alice nos sirvió un vaso de vino tinto. Su teléfono sonó y me lo entregó.
—Hola, ¿cómo estás? —preguntó Edward.
—Bien. Alice y yo fuimos al cementerio hoy.
—¿Fue duro?
—Sí. Realmente quería ir, sin embargo. Me siento un poco mejor ahora, después de visitar sus tumbas. Voy a regresar otra vez. ¿Qué hiciste tú hoy?
—Tengo un nuevo corte de cabello. Es posible que no me reconozcas.
—Voy a extrañar esa coleta.
Edward rió. —Yo no.
—Acabo de llevar a los niños a la cama. Me tomó dos horas leerles cada libro que tenían. Alice acaba de servirnos algo de vino y Angela va a venir. ¿Qué hay de ti? ¿Algún plan?
—Voy a salir con Emmet si podemos escabullirnos de los periodistas.
—¿Cómo está Emmet?
—Aún es un bocazas.
—¿Has ido a ver al doctor ya?
—Iré mañana.
—Espero que la cita vaya bien.
—Irá bien. ¿Tú no has ido ya?
—Mañana. Luego tengo que ir al dentista en la tarde.
—Yo también. ¿Recuerdas cuando me quité mis brackets?
—Lo había olvidado.
—Te veré en Víspera de Año Nuevo, Bella. Te amo.
—También te amo. Diviértete esta noche.
Edward
Abrí la puerta cuando Emmet llamó. Su ojo se había cerrado por la hinchazón y se volvió púrpura y azul.
—Mierda. Lo siento por eso —dije.
—Eh, no hay problema. Tienes suerte de que sea tan bonachón —dijo.
—Francamente, esa es tu mejor cualidad.
—Un grupo de chicos de la escuela están en casa por las vacaciones de Navidad. ¿Estás para una fiesta?
—Claro. ¿Dónde?
—En lo de Coop. Sus padres se fueron a las Bahamas esta mañana.
Agarré mi abrigo. —Vamos.
Al menos veinte de mis antiguos compañeros de clase estaban de pie hombro con hombro en la sala de Nate Cooper cuando nos presentamos. La música rock atacó desde el estéreo. Todo el mundo aplaudió cuando entramos por la puerta y un grupo de muchachos estrecharon mi mano y me dieron una palmada en la espalda. A algunos de ellos llevaba sin verlos desde antes de empezar el tratamiento de Hodgkin porque falté mucho a la escuela ese año. Fue raro cuando me di cuenta de que todos se habían graduado menos yo.
Alguien me lanzó una cerveza. Querían oír hablar de la isla, y contesté todas sus preguntas. Ben debía haberles dicho como consiguió su ojo negro, sin embargo, porque nadie preguntó sobre Bella.
Iba por mi segunda cerveza cuando una chica se sentó a mi lado en el sofá. Tenía el pelo largo y rubio y llevaba una tonelada de maquillaje.
—¿Te acuerdas de mí? —preguntó.
—En parte —le dije—. Lo siento. He olvidado tu nombre.
—Alex.
—Estabas en mi clase, ¿verdad?
—Sí. —Tomó un largo trago de su cerveza—. Luces distinto a cuando éramos estudiantes de segundo año.
—Sí, bueno, eso fue hace cuatro años. —Acabé mi cerveza y miré alrededor por Emmett.
—Te ves bien. No puedo creer que vivieras realmente en esa isla.
—En realidad no tuve otra opción. —Me levanté—. Estoy preparándome para irme. Te veo por ahí.
—Eso espero.
Encontré a Emmet en la cocina. —Oye, me voy.
—No puedes irte ya, hombre. Es sólo medianoche.
—Estoy cansado. Me voy a la cama.
—Eso es poco convincente tío, pero vale, lo entiendo. —Emmet me chocó los cinco, y salí por la puerta.
De camino al tren pensé en Bella, y sonreí todo el trayecto hasta casa.
Bella
Desperté a Joe y a Chloe para que pudiéramos tomar el desayuno juntos. Estábamos terminando nuestros waffles y el jugo cuando Alice entró en la cocina.
—Buenos días —dijo—. Gracias por darle de desayunar a los niños.
—La tía Bella hace los mejores waffles —dijo Chloe.
—El novio de la tía Bella va a venir mañana por la noche —anunció Joe.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Alice.
—Escuché a tí y a la tía Bella hablando de ello.
—Sí, el novio de la tía Bella va a venir a celebrar la Víspera de Año Nuevo. Espero que usen sus buenos modales y no actúen como completos vándalos.
—La tía Bella necesita tomar una ducha —le dije a los niños—, tiene un largo día por delante.
—¿Doctor? —preguntó Alice.
—Y dentista. Esta será una visita divertida.
Leía una revista mientras esperaba a que me llamaran en el consultorio médico. Cuando la enfermera me pidió que subiera a la balanza, me sorprendí cuando se registraron cuarenta y seis kilos, sobre todo porque había tenido unos días de sólida alimentación. Con mi metro y sesenta y ocho, debería haber pesado más. Probablemente ni siquiera llegaba a los cuarenta y cinco en la isla.
Me senté en la mesa de examen vestida con una bata de papel.
Cuando mi doctora entró, me abrazó y me dijo—: Bienvenida de regreso. Estoy segura de que has oído mucho de esto, Bella, pero no puedo creer que estés viva.
—Es algo que no me importa oír.
Ojeó mi carpeta médica. —Tienes falta de peso, pero estoy segura de que ya lo sabes. ¿Cómo te estás sintiendo en general? ¿Hay algo específico que te preocupa?
—Ya me siento mejor, ahora estoy comiendo más. Sin embargo, no he tenido mi período en mucho tiempo. Estoy preocupada por eso.
—Bueno, vamos a echar un vistazo —dijo, mientras guiaba mis pies en los estribos—. Teniendo en cuenta tu falta de peso, me sorprendería si pudieras tener periodos. ¿Algún otro problema?
—No.
—Casi listo —dijo—. Te mandaré los laboratorios habituales pero tu ciclo menstrual se reanudará tan pronto consigas un poco de peso. Estas obviamente desnutrida, pero es relativamente fácil de revertir. Asegúrate de tener una dieta equilibrada. Quiero que empieces a tomar un complejo multivitamínico todos los días.
—¿No tener el período por largo tiempo hace que sea difícil quedar embarazada algún día?
—No. Una vez que tu período regrese, deberías ser capaz de quedar embarazada. —Se quitó los guantes y los botó en la basura—. Puedes vestirte ahora.
Me senté en la mesa. Se detuvo en la puerta y dijo—: Te voy a escribir una receta para las pastillas anticonceptivas.
—Está bien.
Pensé que sería más fácil aceptar la receta que explicar que mi novio de veinte años de edad era estéril.
Visité al dentista y me senté incómodamente en una silla más de una hora, mientras que el higienista tomaba radiografías y raspaba y pulía mis dientes.
Cuando anunció que no tenía caries, me consideré afortunada.
Alice me había prestado algo de dinero. Después de mi visita al dentista tomé un taxi hasta el salón de uñas. Cuando Lucy vio mi cara saltó de su silla y se dirigió rápidamente hacia mí.
—Oh, cariño —dijo envolviéndome en un abrazo. Cuando se alejó tenía lágrimas en sus ojos.
—No llores Lucy. Me harás llorar también.
—Bella, estás en casa —dijo, sonriéndome.
—Sí, estoy en casa.
Me hizo manicura y pedicura y habló con tanta emoción que entendí incluso menos de lo que hacía antes. Mencionó a Riley un par de veces pero pretendí no entender. Cuando terminó me dio otro abrazo.
—Gracias, Lucy. Regresaré pronto —prometí.
Salí del salón de belleza y eché un vistazo a mis manos. Se congelaban, sin guantes, pero no quería dañar la manicura. Mis dientes se sentían limpios y suaves cuando pasé mi lengua por ellos. El olor de los perros calientes de un vendedor ambulante llenaba la calle mientras miraba los escaparates, mirando la última moda. Decidí volver el día siguiente y comprar ropa que me ajustara.
Irreconocible, esperaba, en las gafas de sol y sombrero de lana que tomé de Alice, me acerqué por la acera con una sonrisa en la cara, sintiéndome como si hubiera manantiales en mis zapatos. Hice señales a un taxi en la esquina y le di la dirección de Alice al conductor. Incluso los periodistas que me invadieron cuando llegué al apartamento de Alice no pudieron frenar la alegría que sentía. Me abrí camino a través de ellos, abrí la puerta y la cerré rápidamente detrás de mí.
Edward llamó más tarde esa noche.
—¿Cómo te fue con el oncólogo?
—No van a tener mis escáneres ni mis exámenes de sangre hasta unos días. Dijo que era optimista, aunque no he tenido ningún síntoma. También, fui a mi médico de cabecera.
—¿Cómo fue?
—Tengo que ganar peso, pero por lo demás estoy bien. Le hablé de que enfermé en la isla. Está bastante seguro de lo que tenía. Tenías razón. Era viral.
—¿Qué era?
—Dengue hemorrágico. Trasmitida por mosquitos.
—Siempre estabas cubierto de picaduras. ¿Así que es como la malaria?
—Supongo. Lo llaman fiebre rompehuesos. Tienen razón.
—¿Qué tan grave es?
—Tiene un índice de mortalidad del cincuenta por ciento. El médico dijo que fue una suerte que no haya entrado en shock o sangrado hasta la muerte.
—No puedo creer las cosas que has sobrevivido, Edward.
—Yo tampoco. ¿Cómo estuvo tu cita con el médico?¿Está todo bien?
—Estaré bien tan pronto como gane algo de peso. Mi doctora me dijo que la desnutrición no sería difícil de revertir. Se supone que debo tomar vitaminas todos los días.
—No puedo esperar para verte mañana en la noche, Bella.
—Tampoco puedo esperar para verte.
En la víspera de año nuevo, tomé una ducha, peiné mi cabello y me puse el maquillaje que compré cuando fui de compras. Mi nuevo lápiz labial no se mancharía cuando besara a Edward lo que nos daría un montón de tiempo. Corté las etiquetas de mi nuevo par de pantalones vaqueros y el suéter azul marino de cuello V, luego me los puse sobre el sujetador push-up y el interior de encaje.
Cuando Edward tocó, corrí a la puerta y abrí.
—¡Tu pelo! —dije. Recortó su pelo castaño enmarcando su cara y pasé los dedos por él. Bien afeitado, llevaba pantalones vaqueros y un suéter gris. Inhalé su aroma—. Hueles bien.
—Te ves hermosa —dijo, inclinándose para besar mis labios.
Se había reunido con Alice y Jasper en el aeropuerto, pero lo presenté de nuevo. Los niños robaban miradas de Edward escondidos detrás de Alice.
—Deben ser Joe y Chloe. He oído mucho de ustedes —dijo Edward
—Hola —respondió Joe.
—Hola —hizo eco Chloe. Se escondió detrás de Alice otra vez, echando a escondidas otro vistazo de Edward segundos más tarde.
—Es mejor apurarnos, Jasper, si queremos las reservaciones —dijo Alice.
—¿Se van? —pregunté.
—Por un par de horas. Pensamos que sería mejor sacar a los niños de la casa por un rato. —Tomó su abrigo y me sonrió. Le devolví la sonrisa.
—Está bien. Nos vemos más tarde.
Salté a los brazos de Edward tan pronto como se cerró la puerta, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura. Me llevó por el pasillo mientras yo besaba su cuello.
—¿Dónde? —preguntó.
Agarré la puerta cuando llegamos a la habitación de invitados.
—Aquí.
Edward pateó la puerta con el pie para cerrarla y me depositó en la cama.
—Dios, te he echado de menos. —Me besó, metió las manos debajo de mi suéter y susurró—: Vamos a ver lo que tienes aquí abajo.
Apenas regresamos al sofá cuando Alice, Jasper y los niños volvieron a casa dos horas después.
—¿Te estás divirtiendo con tu novio, tía Bella? —preguntó Chloe.
Alice y yo nos miramos la una a la otra y arqueó la ceja hacia mí antes de desaparecer en la cocina.
—Sí, estoy teniendo un montón de diversión con él. ¿Tuviste una buena cena?
—Uh huh. ¡Tuve nuggets de pollo y papas fritas y mami me dejó beber jugo de naranja!
Joe se acercó y se sentó junto a Edward.
—¿Qué hay de ti? —preguntó Edward—. ¿Qué tuviste?
—Tuve un bistec —respondió—. No ordeno del menú de bebé.
—¡Guau, un bistec! —dijo Edward—. Estoy impresionado.
—Sí.
Alice volvió a entrar en la habitación con un vaso de vino para mí y una cerveza para Edward —Les hemos traído la cena. Está en el mesón.
Le dimos las gracias y nos dirigimos a la cocina para calentar la comida. Bistec, patatas al horno, y brócoli con salsa de queso.
Edward se comió un trozo de carne. —Tu hermana es increíble.
Alice puso a los niños en la cama a las ocho y treinta y los cuatro nos sentamos a hablar, la música baja.
—¿Así que estás diciendo que tenían una gallina de mascota llamada Pollo? —preguntó Jasper.
—La que solía sentarse en el regazo de Bella —dijo Edward
—Increíble —dijo Jasper.
Más tarde, cuando fui a la cocina para volver a llenar nuestras bebidas, Alice me siguió.
—¿ Edward se va a quedar?
—No sé. ¿Puede?
—No me importa. Pero tendrá que responder a las preguntas de la señorita Chloe en la mañana porque te aseguro, van a haber algunas.
—Está bien. Gracias, Alice.
Volvimos a la sala, y Edward me atrajo a su regazo. Jasper encendió el televisor. La pelota estaba a punto de caer en Times Square, contamos hacia atrás desde diez y gritamos ¡Feliz año nuevo!
Edward me besó, y pensé que nunca podría ser más feliz de lo que era en ese momento.
hola a todas que les parecio el renencuentro con las familias de ellos buenos nos vemos el viernes con ya un solo capitulo el prximo ya es como poco a poco regresan a la normalidad y se acomplan y como les ira a ellos comopareja bueno muhcas gracias todas por sus comentarios y estar pendiente de la adaptacion.
