Encuentro con tu "yo" real


¿Habrá sido la falta de cautela y entrenamiento? ¿Era acaso su fase de sedentarismo la responsable? Y… ¿Si fue su "yo" humano? Cerró los ojos. Eso debía ser. Obligo a Youko a permanecer quieto y sin escape para hacer sus travesuras.

Quizás el problema si fuera realmente él.

Kurama lo había limitado porque pensó que era lo correcto y lo más conveniente. Nunca espero equivocarse hasta verse a sí mismo en el suelo, sangrándole a múltiples heridas el brazo izquierdo, por la frente de su rostro correr un pequeño hilo de sangre, con las piernas pesadas y su estado físico mermando energía y fuerza. ¿Tan fácil había sido? Miro a su oponente.

Youko había logrado que su Látigo, que rompía hasta el acero, hiciera trizas la espada. El Maestro del Jagan era un hábil espadachín y, pese a que no tuvo muchos problemas con ese tipo de profesionales antes, este se destacaba magníficamente en velocidad y vigor de ataque. Lo hacía a lo bruto y era impetuoso al momento de hacer cualquier movimiento, buscando inducir una herida tras otra y que en una todo acabase.

Le gustaba ese tipo de gente, que confiaba en sus virtudes asesinas, pero en ese momento de debilidad no le dio mucho crédito. Kurama hablo en su mente, sintiendo el padecimiento de las heridas en el cuerpo de su demonio. Era humillante.

- No tienes toda la culpa- murmuro Youko, oyendo los pensamientos de Kurama- Después de esto…Hazme caso y vuelve a estar en forma.

Asintió con la cabeza. Youko hizo lo mismo en el mundo real.

- ¿Que estas murmurando?- la voz del Maestro del Jagan se le acercó. Estaba observando los alrededores en busca de Yusuke, que se estaba tardando con los bandidos que se habían dado a la fuga. No quiso usar su Ojo de nuevo. El ya aparecería. Se volteo hacia el kitsune, le sentía lastima por tener que mantenerlo en esas condiciones tan deplorables- Habla con tu Dios en la cárcel.

- ¿…Me quieren vivo?

Le avergonzó el propio sonido de su voz. Había sonado lamentable.

- Quieren preguntarte por tus crímenes. Si por mí fuera, ya estarías desmembrado.

- ¿Por qué lo hace…El Maestro del Jagan?

Se suponía que las Fuerzas Especiales eran las cargadas de demonios como el, incluido el detective espiritual, no un demonio de fama.

- No te importa.

Youko sonrió. Que agradable su vigilante. Tenía el mismo temperamento que un hombre que conocía en el mundo humano.

Kurama abrió los ojos, alterado.

- ¡No, no puedo dejarlo!

Sintió el brazo arderle, pero lo movió hacia su cabello. El pelinegro le detuvo todo movimiento con una demostración de llama en su mano, contra el árbol marchito y seco en el que se apoyaba el zorro.

- Eres caprichoso. No posees mucha fuerza,… y de pronto tienes energía- le dijo, ocultando su sorpresa detrás de su natural desprecio al hablar.

- Diablos- Se vio el brazo y las piernas. Las mismas proporciones de Youko. Estaba en su cuerpo, siendo Shuichi totalmente consiente. Eso era novedoso. Youko solía tomar su cuerpo a voluntad, pero Kurama jamás usaba el suyo de la misma forma o se hacía del dominio tan fácil. Un alivio que la fisionomía de Youko no cediera al cambio repentino, pues si se hubiera convertido en Shuichi Minamino habrían muchas preguntas- Duele…

- Ese idiota llegara dentro de poco. No te esfuerces- le informo Hiei con pasivo desdén, desviando su atención hacia un punto de la zona desértica.

Cuando apareciera el detective no tendría oportunidad, debía pensar. Pensó con apremio. Una idea. Al menos una, solo una. Una solución, un escape.

Podía transformarse en zorro. Todavía tenía la energía para hacerlo, regresar al Mundo Humano sería más complicado pero lo primero era escapar de su guardia. Debía huir; no podía pelear.

Su mente era un caos. Recuerdos, ideas, planes. Su madre, Hiei, su vida. Youko. Demasiada presión y poco tiempo, su cerebro buscaba una solución en medio de un centenar de pensamientos desordenados que se convertían en pequeños estallidos…Un momento.

- Todavía no pueden juzgarme- dijo, golpeando su cabeza contra el árbol repetidamente. El brazo le dolía y con el otro descubrió su palma. Seguramente el Jaganshi lo estaba escuchando, creyendo que estaba volviéndose loco- Yo no soy el que desea la libertad- Continuo hasta que vio unas semillas negras caérsele del cabello. Los recogió con su mano sana y apretó fuerte. Hizo lo mismo con la mano del brazo herido, obligándose a recolectar rápidamente las que cayeron por ese lado. Una vez obtenidas, las contó por sentido. Tres. Eran tres en su mano derecha y una en la izquierda- A mí me espera alguien, debo volver…

Hiei bufo. Palabras de un perdedor a un loco. Si no fueran órdenes, lo habría matado al instante, antes de contemplar tan patética escena, que prefirió no ver ni escuchar. El problema fue que no pudo no escuchar una explosión a sus espaldas.

Giro de regreso a su rehén. No era posible. Una capa de humo blanco envolvía al ladrón hasta no dejar rastro de él. Rápidamente hizo uso de su Jagan, buscando en el humo y a la redonda. Con un cuerpo tan malherido no iría lejos. Aquello había sido una distracción. Gruño furioso por eso. Lo había engañado.

Encontró pequeños fragmentos de una negra materia a sus pies. Granos con yoki. Su Jagan no le dio una respuesta positiva. No lo encontró. Más que la suya, no había energía demoníaca por ningún lado. Había desaparecido.

El ladrón del Makai había huido, y en su turno.

Eso…Significaba una desobediencia y su espada en el cuello del zorro.

..

.


- ¿Te das cuenta? Tiene sus ventajas ser humano.

Kurama intento ignorar la euforia de Youko para no contagiarse, estaba muy lastimado como para enorgullecerse por su ingenio y sonreír por su libertad. Tenía que llegar al fin de aquel sendero, donde allí pudiera convertirse en animal. El temor de que hubieran más Fuerzas del Mundo Espiritual en vigilancia lo hizo dudar unos pasos. Se determinó. Debía ir. Debía salvarse a él y a Youko. Necesitaba regresar al Mundo Humano y recuperarse de sus heridas, tan lacerantes que pensaba que ni con sus medios para curarse, sus hierbas y sus plantas, podría apaciguar el dolor hasta pasados algunos días.

- Fui inútil- dijo mientras corría todo lo que podía por el desierto- No lo resistimos. Te obligue a quedarte quieto y esto paso.

- Ahora ves… ¿Por qué nunca me haces caso?

- Pensé que bastaba con tu poder. El cuerpo es tuyo, y el mío no…

- ¡Eres un estúpido! ¡Por supuesto que necesitamos mejorar el cuerpo! Mi mente me funciona a la perfección, mi poder también, pero el cuerpo debe resistir ataques y estar firme. ¡Lo que paso fue una vergüenza!

- Ya, ya, entendí.

No quería discutir. Era suficiente con lo que había pasado.

Por fortuna, llego al final del camino y no se encontró ni con rastro de algún demonio curioso o de aquellos agentes de las Fuerzas Especiales. Cerró los ojos, respiro hondo y sintió que disminuía de tamaño y que su brazo apoyado contra el suelo dolía peor. Se lamió la herida para más tarde cubrirla con una enredadera que detuvo la futura hemorragia.

- Vayámonos de aquí.

Con su forma de zorro, fue al encuentro de uno de los portales que lo regresarían al Mundo Humano.