Nadie es libre de sospecha

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Por la alarma de sus criaturas -flores en un jarrón- se despertó sin cuidado, salió de la cama y corrió a la salida trasera de la casa.

- ¿Estoy tan cansado que no puede sentirlo?- Se pasó una mano por el rostro mientras corría, en estado de confusión y sobresalto- ¿Tu tampoco?

- No- respondió su demonio interno, tan sorprendido como el- Ellas reaccionan a alta energía demoníaca, así que es grave. No es un simulacro.

- Maldición.

Se detuvo ante la puerta. La abrió. Antes que la brisa del roció nocturno le tocase activo sus instintos de demonio zorro. Lo más conveniente era transformarse, de haber verdaderamente un demonio de gran poder al acecho lo mejor era darle razones para no atacar su territorio, demostrándose como el ladrón legendario que todos en el Mundo Espiritual tenían en la mira.

- ¿Lo sientes?

A su alrededor, jarrones y floreros, incluso las pequeñas e inmaduras criaturas debajo de la tierra fértil se alzaron ante su amo, dispuestas a defenderlo y serle de ayuda.

- Definitivamente. Ha pasado un demonio por aquí.

Kurama suspiro. Con las Fuerzas del Rekai persiguiéndole desde aquel robo celebre su otro yo le había complicado a Minamino Shuichi la existencia. No sucedía con regularidad, pero tenía el presentimiento que demonios y fuertes energías espirituales pasaban por su casa. Por instinto de supervivencia, planto a las mismas criaturas que uso en el Makai de antaño para saber cuándo se aproximaban estos seres. Gracias a ellas, se salvó de muchos atentados y emboscadas en el pasado. En el mundo de los humanos, menos necesarias, eran un capricho suyo por la seguridad que se volvió una necesidad.

Habían demonios en todos lados. Tal vez el yoki que sentía ahora se trataba de uno que le reconoció en un momento de descuido. No iba a permitirlo. Ese era su hogar ahora.

- Ellas no se equivocaron. Se acerca a nuestro nivel o nos iguala. Su aroma se ha ido.

- Solo espero que no nos esté buscando. Aunque, también es improbable que nos encuentren.

- No te confíes con tu yo humano, Shuichi. Estarán más al pendiente.

- Cuando dejes de tomar mi cuerpo dejaran de interesarse- le dijo.

- Otra vez tus reproches… ¿Quieres abandonar nuestro proyecto?

- No- negó seriamente. Las criaturas a sus pies cedieron a su falsa forma inofensiva con un gesto de su mano- Estoy atado a él. No puedo- sonaba a un lamento más que a una queja, a pesar de la recompensa del final- Habrá sido algún demonio de paso. Lástima que no puedan nivelar las energías adecuadamente para saber si es un intruso concurrente- miro a las plantas a su izquierda, que permanecieron en su peligrosa forma para recibir una caricia de su amo.

- Me imagino que cuando aparezca uno me obligaras a acabar rápido para no arruinar la pintura de tu casa.

Kurama sonrió al burlón comentario.

- A mí no me importaría, pero si sucediera Hiei haría…- Callo de súbito. Youko noto como de la calma se estaba preocupando, todo en menos de dos segundos- ¿Hiei… estaba cuando despertamos?

Youko hizo un gesto pensativo. Compartían memorias.

- No. De haber estado, habrías lidiado con otro demonio.

Kurama se escandalizo. Youko se carcajeo por su astucia.

- Pero, entonces, ¿Dónde está?

Finalmente, su otro yo alzó y bajo de hombros, indicando su desconocimiento.

- ¿Dónde…?

- Tu y yo…Ya nos imaginamos donde está.

Repudio sus palabras de doble sentido. Más en ese momento, cuando empezaba a creer que no eran del todo imposibles.

- Hiei…

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Detestaba el sentimiento de insuficiencia cuando debía cambiar de sitio. Del Makai al Ningenkai. Un lugar, su entretenimiento; el otro, su compromiso. No bastaba su ejercicio con los yokai débiles o con los delincuentes que debía capturar con Yusuke, porque siempre que volvía al mundo humano lo hacía desanimado. Kurama y algunos placeres del Ningenkai eran motivadores, pero no suficientes. Quería más.

Su estilo de llevar dos vidas completamente distintas lo irritaba.

Para colmo, luego de la llamada de Yusuke, había oído lo que no se esperó escuchar, y el tono desconfiado del zorro no le había gustado. No le sugería afable charla.

Se mantuvo a la soledad de la noche, procurando no distraerse por sus emociones. Una decisión. Esa mujer no lo dejaba tranquilo. Hace tiempo le dio su respuesta pero ella insistía, inclusive había mandado a un demonio de peligro para los mortales solo para atraer la atención del detective espiritual y, consecuentemente, la de Hiei también.

Se puso de pie.

Habían pasado varios minutos y Kurama no estaba cerca. El solía acercársele de improvisto y lo reconfortaba con su silencio, a veces hacia comentarios filosóficos o le hablaba para impedirle pensar en sus problemas. Esta vez, no apareció.

Segundos después, lo encontró dormido. Desde su posición, sobre la copa del árbol cercano a la ventana de la habitación, Hiei podía sentir su energía esencial de humanos y lo vulnerable de su estado.

Suspiro. Desapareció de allí y en instantes estaba al lado de Yusuke, impidiendo que este recibiera el golpe directo del perverso demonio que uno de los reyes del Makai había enviado. En cuestión de una hora, ya que el ser era tan fuerte como debían ser los soldados de los reyes infernales, lo derroto… pero el problema no acabo.

Ella estaba allí. Se había aparecido en medio de la pelea y no tuvo reparos en mirarlo como si aún tuvieran asuntos pendientes.

- Respóndeme, Hiei- le dijo, tan tranquila como si creyese que iba a aceptarla.

- Si deseas oír que acepte, continua soñando.

- Continuare esperándote- le objeto, sonriendo levemente y sin indicio de rendirse, antes de desaparecer.

Indignado por ese trato, se encamino a casa, ignorando lo que fuera que le decía Yusuke para calmarlo. Con la energía demoníaca como aura por la necesidad de asesinar que sentía, decidió que iría al Makai, allí podría descargarse la rabia con libertad. Paso sobre la casa a la que se había planteado volver y uso su Jagan. Vio a Kurama en la misma posición que antes y se calmó un poco. Bajo a tierra y cruzo por el jardín de atrás, contemplando a las plantas, curiosamente parecidas a algunas del Makai, y se dirigió al susodicho en la mitad de la noche.

Al volver, aseado de la masacre y camuflado de humano, fue acertado suponer que las cosas no estaban siendo como antes.

- ¿Dónde estuviste anoche?