*** La historia no es más que una adaptación al final, el nombre del autor y el nombre original de la historia ****
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****


**La letra cursiva son entradas del diario que Jacob esta relatando a Edward y bella**

Capitulo 23

Jacob

Entrada del Diario

18 de Junio, 1999

He pasado la mayor parte de los últimos dos días haciendo buceo en la laguna, sólo deteniéndome cuando los delfines me acompañaban. Todo luce tan claro cuando lo veo a través de la máscara. Los colores de los peces son más brillantes y puedo ver cosas que antes no podía, como sus tiras de color u otras especies. Me aventuré hacia los arrecifes un par de veces. El color del agua se mantiene mucho más oscuro, y ya cuando no es de ese color azul claro, sé que me encuentro profundo en aguas abiertas. Me pone nervioso, ya que recuerdo la advertencia sobre los tiburones.

Leí los primeros cinco capítulos del libro de armazones que compré en Malé y dibujé algunos bosquejos. Estoy ansioso por comenzar. Mañana iré a escoger un lugar dónde construir.

19 de Junio, 1999

No puedo esperar a tener mis suministros de construcción, ya que encontré un gran lugar en el bosque. No se encuentra demasiado lejos de mi campamento en la playa, y los árboles podrán darme protección extra en caso de tormentas, siempre y cuando ninguno de ellos caiga sobre mi casa. Tendré que despejar la vegetación de alrededor, lo cual será bastante duro, pero ya utilicé la pala para excavar algo de la maleza.

20 de Junio, 1999

Hoy vi un tiburón. Fui a hacer buceo luego del almuerzo y permanecí alrededor de una hora cerca del arrecife. Me encontraba tan hipnotizado por todo lo que veía que no me di cuenta del tiburón hasta que nadó junto a mí. Creo que era un tiburón de arrecife. Me tomó mucho esfuerzo no entrar en pánico.

Salté sobresaltado cuando el teléfono de satélite comenzó a sonar. La única razón de que lo hubiera escuchado era porque había entrado a buscar una camisa en mi bolso cuando llegó la llamada. No estaba acostumbrado a escuchar el sonido de un teléfono —no estaba acostumbrado a escuchar ningún sonido más que el choque de las olas— y me tomó un segundo averiguar lo que estaba sucediendo. Me las arreglé para encontrarlo, enterrado debajo de mi ropa, y lo tomé antes de que colgaran. En la pantalla decía Forrester.

—Hola —dije.

—Oh, bien, funciona —respondió.

—Umm, ¿creíste que no lo haría? —pregunté.

—El tipo que me lo vendió dijo que podía ser un poco temperamental.

—Oh. De acuerdo. Lo tendré en cuenta. —En realidad, no me importaba demasiado que el teléfono pudiera no funcionar todo el tiempo. Los viajes de vuelta a la isla principal eran mi red de seguridad. Incluso si algo llegara a ocurrir —si me enfermaba o me lastimaba— sabía que el hidroavión regresaría, eventualmente. Cambié el pesado teléfono a mi otra oreja—. ¿Qué sucede?

—La presión está bajando. Va a haber una tormenta esta noche. Nada severo, nada que no puedas manejar. Sólo que no quería que te estresaras y pensaras que te había dejado allí para que lo manejaras solo. Va a caer muchísima lluvia. Algo de viento. Aunque nada demasiado terrible.

—Gracias por hacérmelo saber.

—No hay problema. Tu madera y herramientas estarán listas mañana. Las llevaré en la mañana.

—¿La transferencia llegó bien? —Esperaba que mi voz no le sonara tan ansiosa como me sonaba a mí.

—Tus transferencias siempre llegan muy bien —dijo—. No hay necesidad de preocuparse. Te veré mañana. Cuídate esta noche.

—Gracias. Lo haré.

Esa tarde, justo antes de que el sol bajara, el viento aumentó y el agua se agitó en la laguna. Alrededor del cielo veteaban rayos y casi podía sentir la caída de presión en el barómetro. Esperé con nerviosismo, y cuando la tormenta llegó a su punto máximo, vi como los lados de nylon de mi tienda se ondulaban e intentaba abrirse en las costuras, pero por suerte, todo se mantuvo en pie, y luego de varias horas, la tormenta cesó. Fue la peor noche que había tenido desde que llegué a la isla, ya que me sentí vulnerable y completamente a merced de los elementos.

Quizá para el momento en que la próxima tormenta apareciera, ya estaría bastante avanzado en la construcción de algo mucho mejor equipado para enfrentarme a lo que sea que la Madre Naturaleza tenía preparado para mí.

Me encontraba sentado en la playa desayunando cuando escuché el tronar de los motores. Cuando el hidroavión aterrizó en la laguna, me acerqué hasta él y estuvimos la próxima media hora descargando materiales desde el compartimiento de carga. Una vez que tuvimos todo en la orilla, él preguntó—: ¿Cómo exactamente es que vas a construir esta casa tú solo?

—Lentamente, y con muchos intentos fallidos —dije—. Compré un libro. Espero que eso ayude un poco.

—¿Cuánto tiempo planeas quedarte aquí? Seré honesto, nunca creí que sobrevivirías tanto. Pero pareces a gusto —dijo, riéndose—. Así que ahora tengo curiosidad.

—No lo sé. ¿Hay algún problema si me quedo? Mi visa no tiene expiración. ¿Crees que a alguien le importará que aún me encuentre aquí?

—Bueno, supongo que primero tendrían que encontrarte. La mayoría de los hidroaviones toman una ruta más directa hacia los resorts. Cualquiera que esté volando en estos alrededores tendrá que tener una razón para estar tan lejos del borde norte. Así que si en caso que vengan hacia acá, aún tendrían que decidir si vales tanto la pena como para detenerse. La mayoría de los pilotos ni siquiera darían otro vistazo, para ser honestos. No es inusual que los turistas visiten islas inhabitadas. Sólo que no se quedan tanto tiempo cómo tu lo has hecho. A menos que te encuentres de pie en la playa con una fogata ardiente como señal de humo y un enorme SOS escrito en la arena, un piloto ni se molestaría en venir a investigar.

Asentí. —Está bien.

—No contestaste mi pregunta —dijo.

—Supongo que me quedaré aquí hasta que tenga una razón lo suficientemente buena para irme a algún otro lugar.

No era fácil construir una casa solo. Me detenía con frecuencia para consultar el libro que estaba abierto, a veces literalmente, rascándome la cabeza mientras trataba de averiguar qué hacer a continuación. No tenía a nadie para mantener las tablas firmes, así que tenía que utilizar un sistema de plataforma con troncos de árboles apoyados junto a las secciones enmarcadas para mantenerlos en su lugar. He perdido la cuenta de cuántas heridas leves tuve cuando alguno de ellos me golpeaba en la cabeza o se caía sobre mi pie.

Era tedioso y laborioso, pero realmente no me molestaba.

Mientras trabajaba dejaba que mi mente divagara, y, a veces, cuando me sacaba el reloj del bolsillo, no podía creer como había pasado tanto tiempo. Nunca había hecho nada físico antes, y mis músculos me dolían en lugares nuevos cada día. Un día estuve tan adolorido que apenas pude levantar los brazos por encima de mi cabeza cuando me tomé un descanso para ir a nadar. Pero el dolor muscular pronto se desvaneció, e hice un progreso lento y constante.

A medida que pasaban las semanas, pasé más tiempo en el bosque. Ya no me daba cuenta de los mosquitos, las arañas, y el calor. A menudo trabajaba hasta que estaba totalmente oscuro y las ratas salían, pero incluso eso no me molestaba demasiado.

Recuerdo que me sorprendí la primera vez que me di cuenta que había convertido la pila de madera que había llevado en tablones, en algo que en ese momento se veía como una casa.

A mediados de octubre, cogí el teléfono satelital y apreté el botón que decía Forrester. Cuando él respondió lo primero que dijo fue:—¿Está todo bien?

—Sí —le respondí—. Todo está bien. Genial, en realidad. Sólo quería decirte que no quiero visitar el continente este mes. Tenía la esperanza de que te pudiera dar mi lista por teléfono y me trajeras todo. Puedes quedarte durante una hora más o menos.

—Claro —dijo—. Dime lo que necesitas.

—Necesito más madera, por supuesto. También estoy escaso de clavos y tornillos. Ah, y pegamento de madera. Debería haberlo usado desde el principio. Por lo demás, solo tráeme las mismas cosas que has estado trayendo. Tal vez un poco más de comida. He tenido mucha hambre últimamente.

—Está bien —dijo—. Madera y comida. Puedo hacer eso.

—Gracias. Nos vemos pronto.

Cuando el hidroavión aterrizó en la laguna unos pocos días después, casi no podía contener mi emoción. No era porque tuviera un visitante —no realmente —porque para entonces la soledad se sentía natural. Claro, sentía alivio al saber que estar en la isla durante cinco meses no me había convertido en un raro recluso ni nada. Todavía tenía el deseo de compañía y conversación. Pero quería mostrarle a alguien lo que había construido con mis propias manos. Me sentía orgulloso de lo que había logrado hasta ahora, aunque de todas maneras la estructura de madera no era tan impresionante. Pero era la primera vez que había creado algo que era tangible. Que podía verse en todas sus dimensiones. Caminar por su perímetro. Entrar y estar rodeado de cuatro paredes reales.

Me metí al avión. Me estrechó la mano y me dio una palmada en la espalda.

—Deberías haberme dicho que trajera unas tijeras, hijo —dijo entre risas—. Te vendría bien un corte de cabello.

Me salté el corte de cabello la última vez que pasé la noche en el continente. Tenía toda la intención de visitar al barbero, pero luego decidí que prefería pasar la tarde bebiendo en el bar del hotel con algunos turistas de Alemania. Mi intento de mantenerme al día con ellos dio lugar a mi desmayo en mi habitación de hotel y dormir hasta principios de la mañana siguiente. Cuando me desperté con la cabeza palpitante juré nunca volver a beber.

Me pasé las manos por el cabello enmarañado. Había tomado un pequeño espejo de la tienda de regalos del hotel, y estaba haciendo el mayor esfuerzo para afeitarme, pero tenía por lo menos barba de una semana. —Sí,

no estoy del todo bien arreglado en estos días.

—Eh, ¿a quién le importa? —dijo.

—Obviamente, a mí no —le dije, riendo—. ¿La transferencia…?

—¿… Llegó bien? Sí. Llegó muy bien —dijo—. Vamos. Descarguemos el material. Quiero ver lo que has estado haciendo desde que estuve aquí la última vez.

Cuando todo estuvo apilado una vez más en la playa, lo llevé por el camino hacia el centro de la isla. Me di la vuelta y vi su cara cuando llegamos a la casa. Sus ojos se abrieron como platos, y me di cuenta que lo que había hecho había superado sus expectativas. Caminó en círculo alrededor de toda la casa. —No puedo creer que hayas hecho todo esto tú solo —dijo—. Estoy muy impresionado.

—Fue bastante lento al principio, pero estoy yendo cada vez más rápido. Enmarcar fue la parte más difícil. Los juntaba en secciones sobre la tierra, pero no tenía a nadie que me ayudara a levantar al lugar correcto. Me las arregle, sin embargo.

—Has hecho un gran trabajo —dijo, usando su antebrazo para limpiar el sudor de la cara—. Construiste tu propia fortaleza en el bosque.

—Pues, es un fuerte, de todos modos —le dije, riendo.

—No creo que los hombres nunca sean lo bastante viejos para cumplir sus deseos.

—No. Supongo que no.

Decidí pescar para la cena. No tardé mucho tiempo en atraparlos, limpié tres peces de tamaño decente, luego los dejé en el sartén. —¿Te puedo ayudar en algo? —preguntó, bajando su enorme cuerpo al suelo cerca de la estufa de campamento.

—No, gracias. Ya lo tengo. Al darme cuenta de que él no parecía tan cómodo, le dije—: Tal vez debería haberte pedido que trajeras algunas sillas de jardín. Lamento eso.

—Está bien —dijo—. Sólo que tengo unos treinta años más que tú. Mis articulaciones no son tan tolerantes como solían ser.

Llené una pequeña olla con agua y cuando estuvo hirviendo abrí una pequeña bolsa de plástico y puse algunas patatas deshidratadas. Cuando los peces terminaron de cocinarse, los quité de la sartén, retiré la tapa de una lata de judías verdes, y las arrojé, añadiendo un poco de agua. Para cuando las patatas terminaran de cocinarse, los granos estarían calientes.

—Seguro que es tranquilo aquí —dijo—. Estoy acostumbrado a las estaciones, y toda la gente bulliciosa. Al ruido.

—Me he acostumbrado —dije—. Me gusta no escuchar otro sonido más que el de las olas.

Agité las papas, las retiré del fuego y coloqué la tapa. Los frijoles estaban a punto de hervir así que apagué la estufa, preparé nuestros platos y le di uno.

—Gracias —contestó.

Me senté a su lado y comimos. —¿Has hablado con tu familia últimamente? —preguntó.

Sacudí la cabeza. —No he hablado con ellos desde que me marché de casa.

—Esa debió haber sido tremenda discusión.

—No fue una discusión. A ellos realmente no les importa. —Soné como un adolescente consentido cuando dije eso, y él lo recogió de ahí.

—Estoy seguro que sí les importa.

Dejé mi plato sobre la mesa y me limpié la boca con el dorso de la mano, las servilletas nunca habían entrado en mi lista de suministros.

—En marzo de 1999 mi compañía donó dinero para comprar computadoras restauradas para una escuela pública en el distrito de ingresos bajos. Recibíamos solicitudes de donaciones todo el tiempo, pero nadie quería otorgárselos a ellos. Mis compañeros de negocios decían que su alto perfil no era suficiente. Sin embargo, presioné muy fuerte por ellos y finalmente aceptaron, probablemente porque se cansaron de oírme hablar del tema.

Él dejó su plato vacío.

—¿Quieres servirte más? —pregunté—. Todavía queda algo.

—No, gracias —contestó—. Continua.

—El director y los profesores de la escuela estuvieron más que agradecidos y querían que la presentación de la entrega del cheque fuera parte de una asamblea con toda la escuela presente. Organicé que asistiera un reportero y un fotógrafo para cuando presentáramos el cheque. Me imaginé que los chicos podrían sacar partido de una foto en el periódico y me quitaría a mis compañeros de la espalda porque generaría algo de publicidad.

—Como mi mamá fue quien me compró mi primera computadora, creí que ella y mi padrastro tal vez querrían asistir. Estaba orgulloso de lo que nuestra compañía había hecho. Esperaba que tal vez la donación inspirara a otro niño a interesarse en las computadoras como yo lo había hecho cuando tenía esa edad. Le dejé un mensaje en la contestadora a mi mamá, dándole los detalles sobre cuándo y dónde tendría lugar la asamblea, pero no recibí una respuesta. Ella y mi padrastro viajan un montón, así que no estaba seguro de que hubiese siquiera recibido el mensaje. Había estado trabajado muchas horas y había pasado un tiempo desde que la vi por última vez. —Dudé por un momento, porque no estaba seguro si quería que él escuchara el resto, pero por alguna razón encontraba muy sencillo hablar con él—. No me importa mi padrastro. Se casó con mi mamá unos tres años después de que mi papá muriera, y realmente nunca nos hemos llevado bien.

—De cualquier forma, no recibí respuesta de mi mamá, pero el día de la asamblea los encontré en una de las gradas. Me sentí muy bien, ¿sabes?

Él asintió.

—Cuando la multitud se disipó y los estudiantes comenzaron a marcharse hacia sus salones de clases, me dirigí hacia ellos.

Finalmente sentía que había hecho algo que valía la pena y verlos allí lo hizo aún mejor. Sin embargo, tendría que haber sabido que algo andaba mal. Mi padrastro no sonreía y mi mamá lucía preocupada. Resultó que estaban camino al aeropuerto para tomar su avión a Hawaii. Pero hubo un problema con el dinero que les enviaba todos los meses. El problema era que no lo habían recibido.

—¿Les enviabas dinero todos los meses?

Asentí. —Mi padrastro no ha trabajado en dos años. Él decía que no podía encontrar el trabajo apropiado. Yo estaba pagando su hipoteca, pero él me hizo a un lado y dijo que era mejor si simplemente transfería cierta cantidad de dinero en su cuenta conjunta todos los meses y ellos se encargarían de la hipoteca y las demás cuentas. "Mejor para ti", le dije. No quería hacerlo, pero me preocupaba mi mamá. Ella era gerente de atención al cliente y trabajaba duro. Me enteré por mi hermana que había estado tomando horas extras. Si aún tenían problemas con el dinero, a pesar de que no pagaban la hipoteca, me pregunté en qué había estado gastando el dinero mi padrastro. Odiaba el hecho de que tomara horas extras y aún así no pudiera salir adelante, así que dije que lo haría, aunque la cantidad mensual que él sugirió era ridícula.

—Era el primer día del mes y no sabía lo que había sucedido, pero la transferencia automática que programé no fue aceptada. Siempre había funcionado, así que mi mamá y mi padrastro se quedaron allí de pie en el gimnasio vacío mientras esperaban que llamara al banco. Aparentemente hubo un problema técnico que pudieron resolver por teléfono.

—Ah —dijo—. Ahora entiendo por qué siempre preguntas.

—Mi padrastro se alejó pero mi mamá quedó atrás. Me agradeció por el dinero y me dijo que estaba orgullosa de lo que mi compañía había hecho por la escuela, y de mí. Me abrazó y cuando se alejó tenía lágrimas en los ojos. Luego se despidió, y se apresuró a alcanzar a mi padrastro.

—Lo siento.

—No habían asistido a la asamblea por mí. Lo hicieron por ellos mismos y el dinero. Eso es lo que realmente he sido para ellos, una fuente de ingresos. Las personas seguirán tomando mientras tú continúes dando. Era lo mismo con mi hermana. Al principio todos estaban agradecidos por los regalos. Luego comenzaron a esperarlos. Luego, parecían enojarse porque ya no se los entregaba. Como si los merecieran y se sintieran ofendidos conmigo por siquiera preguntar. Unos días antes de dejar California cancelé la transferencia automática de dinero. Pagué la hipoteca así mi mamá siempre tendría un techo sobre su cabeza.

—¿Sabe ella que estás aquí? —preguntó.

—Sí. Pero ella es la única. Preocuparla me hubiese hecho sentir como una mierda. Nos encontramos unos minutos luego del trabajo antes de venir aquí y le conté mis planes. Le dije que dejaría mi diario y que si alguien quería, podrían encontrarme en las Maldivas. Luego de eso, sabía que probablemente no iban a ser capaces de encontrarme. Le dije que el dinero que solía mandarle todos los meses ahora iría a una cuenta sólo con su nombre y el mío, y que estaría allí si alguna vez quería dejar a su esposo. Se necesitan dos firmas para un retiro, la suya y la de un hombre llamado Brian Donahue, uno de mis profesores de la universidad. Él era la única persona en la que podía confiar. Llamé el banco desde mi habitación de hotel en nuestra última corrida de suministros. Hasta el momento no hubo retiros, así que ella aún sigue eligiéndolo a él, lo cual está bien. Amor sobre dinero, ¿cierto?

—Así debería ser —dijo.

—Pero si alguna vez quiere marcharse, puede hacerlo. —Mi hermana, que nunca dejó de pedir dinero, recibió una última suma global, y no me sentí ni un poco culpable por hacerlo. Era una suma tan grande que si la malgastaba no tendría nadie más que culpar que a ella misma. Se casaría tan bien como mi mamá, y me hubiera gustado poder ver la expresión en el rostro de su marido cuando se diera cuenta de que no habría más dinero.

—Lo que has hecho es admirable —dijo—. ¿Pero no sientes que eres tú el que pierde? Fuiste tú el que tuvo que alejarse de todo.

Me encogí de hombros. —Tal vez. Sin embargo, siento que esto es suficiente. Al menos por ahora.


Hola a todas FELIZ NAVIDAD a todas espero la pasen bien en compañía de su familia bueno como le ven hoy subí tres capítulos bueno nos vemos el miercoles con nuevo capitulo pero mañana habrá un adelanto del siguiente capitulo en el grupo de facebook Elite Fanfiction.