Nuestra primera aventura (parte dos)

(Hiei)

.


.

Contemplo las grandes y frías montañas, molesto consigo mismo al pensar que allí faltaba "vida". Era el condenado hogar de los demonios, por supuesto que no había nada de eso, al menos no perdurable. Se frustro. Kurama de nuevo. El insistente y charlatán humano que, con paciencia y perseverancia, le había hecho cambiar en demasiadas cosas, tan profundas que la vergüenza se sentía a cada que pensaba en como lo había transformado.

En primera instancia, le repugno la orden de Koenma de buscar a un demonio revoltoso entre los estudiantes de una escuela de élite. Sabía que sería un fastidio. Yusuke aparecía a veces, pero de alguna forma Hiei fue el principal investigador. Lo habían elegido porque con un sentido como el suyo no tardaría ni medio segundo en reconocer a cualquier youkai a la redonda. La falla en la misión (y la razón por la que quiso renunciar en seguida) fue que en ningún momento le avisaron que debía actuar como estudiante humano hasta que se lo empujo dentro de un salón de clases.

Reconoció una curiosa melena de color rojo en el lugar, aun con todos esos ningen de ojos curiosos puestos en su persona. Lo había visto antes, también a esos ojos de esmeralda limpio. Frunció el ceño. Aparto esos pensamientos absurdos; no tenía interés alguno en los humanos. Aquel muchacho, Shuichi decía llamarse, era como el resto, desprendía esencia humana y actuaba como ellos, aunque su elegancia y gracia lo distinguieran.

En cuanto vio a Yusuke, corriendo lejos como quien conoce su mala suerte, le quemo un zapato.

No deseaba estar allí, no había sido parte del plan.

- Jaganshi Hiei y Minamino Shuichi.

Estremeció al oír esos dos nombres juntos. Sintió la sonrisa enigmática del último aludido a su costado. Lo sintió acercarse y se alejó antes que pudiera hablarle. Su táctica no funciono. Minutos después, y en otro lugar del condenado edificio, allí estaba de nuevo.

- Aléjate.

Capto una mínima sorpresa en esos misteriosos ojos verdes. Poco después, una sonrisa fácil y simpática. Dio un paso atrás. Aquella sonrisa le había provocado algo extraño.

- ¿Te gustaría almorzar?

Cuando iba a darle un rotundo no con varios insultos que muy diestramente se sabía, aquel humano lo tomo desprevenidamente del brazo y lo llevo afuera. De súbito, se detuvo con una expresión nada gentil para un grupo de ningen, que tonteaban con unas flores que crecían a un lado del instituto.

- Déjenlas- Su voz se hizo áspera y demandante. Hiei se sorprendió. Los universitarios lo escucharon y lo miraron con temor y asombro, tampoco esperándose esa reacción del perfecto estudiante, quien inclino un poco la cabeza hacia la derecha y les digirió una hermosa sonrisa, como para hacerles creer que su rudeza fue producto de su imaginación- Por favor.

Ellos obedecieron con cautela, alejándose del lugar y del humano de sonrisa falsa. Eso había sido un engaño, una actuación. Hiei sabía que los humanos eran excelentes actores de la mentira, pero tenía el presentimiento que su asignado compañero les ganaba en ese arte. Poco después, decidió jugar con el humano. A él no lo descifraría un mortal como aquel. Jamás sabría nada.

No exageraban cuando decían que Kurama, nombre con el que Shuichi quería que le llamase, era un ser de dotada inteligencia tanto como de belleza. En un día sintió el examen de sus ojos y aquel interés que, se determinó, iba a mantener. Eso era mejor que rendirse a sus juegos psicológicos, donde siempre sentía la tensión de dejarse ser conocido más que en sus muecas de enfado.

Una tarde, Yusuke le llamo y al oír que había estado en las pesquisas del fugitivo durante una semana, se enteró del tiempo. Él también había pasado muchos días buscando al demonio travieso por los alrededores, pero tendía a olvidarlo. Cosa insólita en su personalidad.

Kurama le dijo algo sobre exámenes que cortaban su tiempo y dejo de ir a su casa, cual sitio fue el primer hogar al que entro en el mundo de los humanos. Cuando iba a tomar su siesta habitual, una especie de frustración unida a melancolía lo atacaba, y se enojaba de tremenda tontería. No lo necesitaba. Estúpido. Tal vez podía tenerle curiosidad a los temas que le explicaba, los conocimientos que podía darle y hasta a veces su compañía, pero eso era todo. No era nada más profundo que solo una misión para pasar el rato.

El grito triunfal de Yusuke al atrapar al demonio, que no merecía ni su mirada porque de la rabia lo quería quemar vivo, le recordó que no tenía tiempo para esas cosas. Eran ridículas.


- ¿Es definitivo?

La pregunta cargada de amargura de Kurama lo tomó por sorpresa y, secretamente, lo alegró un poco. Aparto la idea de la mente. No. No era posible que le preocupara o que le interesase su suerte, por más que hubiera dicho que eran "amigos" en una conversación pasada. Jamás había tenido amigos pero sabía que no se los trataba como Hiei al correcto estudiante de biología, quien parecía tomar todos sus insultos y cambiados estados de ánimo con paciencia y hasta diversión.

- Si. Este no es mi sitio.

- Ven a mi casa mañana- le pidió el pelirrojo, con un tono tan delicado como si estuviera dudando. Se resistió a insultarle por oírlo hablar tan patético porque, de repente, los ojos de Kurama lo veían diferente.

Asintió, aunque no muy seguro. Se censuró a sí mismo. Sí que tenía un problema grave. Los ojos de Kurama lograban persuadirle poderosamente.

Francamente, no espero a que sucediera lo que paso, pero paso y era innegable. Un humano lo había besado y él no lo había incendiado en llamas o suministrado una permanente marca de sus puños en la piel. No. Porque Kurama era diferente.

.


.

- Quiero hacer un trato- le anuncio más tarde al príncipe Koenma, apareciéndose en su despacho tan de repente como había sido su decisión.

- ¿Puedes controlar tu yoki?

- Sí.

- Respóndeme con la verdad- insistió Koenma- Cuando seres como tú experimentan una emoción fuerte pueden revelar mucho. Nos expondrías a todos. Si deseas quedarte en el mundo humano, en especial por un tiempo indeterminado, necesito saberlo.

- Si- respondió, de nuevo, a secas- ¿No me crees? Dame una de esas cosas que esconden el yoki. Pienso que deberé usarlo seguido.

- ¿Porque?

¡Ya basta con esa pregunta! Ni siquiera su mente lo había razonado del todo y la insistencia de otros le cabreaba.

- ¿Me lo darás o no?

- No puedo hacerte favores, siendo…tú- le dijo Koenma, con cierta ligereza- ¿Es verdad que aceptaras ser un detective del Rekai?

- Tú me obligaste a ayudar a aquel novato para desestimar los cargos- gruño Hiei, indispuesto a la conversación, que iba por caminos del pasado- Voy a limpiar ese documento que me tienes sellado.

- No dudo que cumplirás, pero… ¿Cómo sé que debería confiártelo?

La misma interrogante. Porque le quería. Ese humano era propenso a los peligros y vulnerable por naturaleza. Necesitaba estar cerca de el para protegerlo. Quería ser esa seguridad y esa compañía que todos decían que era esencial para dejar un sentimiento en claro, más cuando estos no se podían explicar, decir o manifestar.

Quería permanecer al lado de Kurama.

- Porque tengo un motivo. Tu solo necesitas cambiar los papeles. Cumpliré mi palabra.

No hacía falta que jurara aquello, porque el mismo lo sabía de sobra y quizás Koenma no le crearía porque, al fin y al cabo, él fue y todavía era, un demonio mercenario y delincuente.

Para aumentar su desconcierto con respecto a sus ideas sobre las personas, Koenma si le había creído y de pronto era un detective en busca y lucha del equilibrio entre los humanos y demonios. Koenma le concedió el truco que "maquillaba" su esencia natural, mostrándose como un humano más, tal y como se había aparecido en la escuela de Kurama, y aprendió más del mundo con el muchacho, quien sucesivamente le pidió vivir juntos.


De nuevo, en la realidad del Makai.

Dejo la espada nueva en su sitio y se puso de pie, enojado consigo mismo por lo que iba a hacer.

Realmente hacia sacrificios por ese tipo…