Bien, ya se enteraron de porque Hiei se quedó (y la razón de su frustración en toda la historia), ¿no es tierno? En especial, porque Kurama no sabe cuánto sacrifico, y eso es lo más crucial, ¿quién hizo cuánto por el otro?
Me ausentare una semana, y para el martes o miércoles siguiente tendrán la continuación. Se los juro, por eso este capítulo es un poco más largo. Como dato, todas las escenas ocurren en una sola noche.
Mal, fatal...Peor.
Urameshi abrió torpemente la puerta de su casa. Las distinguidas figuras de sus dos amigos se revelaron como los visitantes.
- Buenas noches, Yusuke- saludo Kurama, sonriendo, y no por cortesía. Yusuke lo noto. Estaba contento por algo. La noche era fría y traía un gran saco azul oscuro, que rimaba con el de su compañero, quien iba con una chaqueta cerrada y las manos en los bolsillos.
- ¡Hiei! Me sorprendes, que bien que viniste…
- Depende. ¿Cuándo van a empezar a repartir? Traigo un "presente".
Sus palabras fueron tomadas de dos formas, por Yusuke con suma incredulidad que lo dejo mudo unos segundos y por Kurama, que temió que fuera en serio con la broma de ayer.
- Hiei, mejor resérvalo para después.
- ¿Y si la gritona lo quiere?
Yusuke sonrió divertido. La manera de hablar de su amigo no llevaba la misma carga de mordacidad de antes y Kurama no dejaba de llevarle la contra, como si se tratara de un niño caprichoso.
- Aun me sorprendo…
Hiei y Kurama abandonaron su desacuerdo al oír a Yusuke. El menor lo miro con sorna y el otro con una sonrisa nerviosa.
- ¿Dónde está Keiko? Voy a saludarla.
- En la cocina.
Hiei alzo y bajo los hombros, negándose a cualquier ofrecimiento de ir a encontrarse con más personas. El de ojos verdes suspiro.
- Muy bien. Ya regreso…Hiei, es de mala educación mostrar el regalo antes del fin de la noche. Guárdalo, ¿sí?- a su consejo, lo escucho farfullar entre dientes.
- ¿Y que es, Hiei?
-También decir que es- intervino Kurama rápidamente, antes de dejarlos solos en el salón. Eran los primeros invitados en llegar. Todo por culpa de Kurama y su manía de puntualidad. ¿Quién va a una fiesta a la hora?
- Oye, ¿y cómo va todo?
- ¿Con que?
- Ya sabes.
- Cuando no me molestas tu o las misiones de Koenma, me entreno en el Makai, cosa que veo que no has hecho ni pensado.
Yusuke soltó un suspiro que sonaba a una queja.
- Hablaba de que Kurama te convenció de venir, ¿verdad? Extraño. Cuando Keiko me arrastra a su laberinto de ropa nueva y cosas de mujeres siempre me reclama por lo que no hice por ella. ¿Sucedió algo así?- trato de preguntárselo con sutileza, pero internamente se reía. Sería divertido ver que lo admitiese, siendo Hiei un tanto ingenuo en las relaciones humanas.
- Me aburría en el Makai- respondió, sabiendo lo que Yusuke le quería oír decir- Cambiar la rutina, supongo.
- Vaya…Así que ahora eres considerado con tu matrimonio.
El demonio de fuego lo miro enojado. No había reconocido que Kurama tenía un carácter persuasivo con él, pero Yusuke encontró otra razón para reírse.
- Calla tu gran boca.
.
.
- Me alegra tanto que vayas venido… ¿Lo has pensado? No quisiera insistir, en serio, pero después de la recepción de hace un año quería que fueras el encargado- le decía Keiko al pelirrojo mientras preparaba la cena. Era perfeccionista y sin duda una futura mujer del hogar con experiencia.
A muchos le sorprendía que estuviera por casarse con el inmaduro, rebelde, mala reputación y a veces un poco inconsciente (extremo y propenso a los problemas) de Urameshi Yusuke.
Pero Kurama, que conocía de relaciones protagonizadas por dos polos de pensamientos distintos, no le veía la novedad a esa unión.
- Sí, estaré disponible. Dime cuando empezar.
- ¿Puede ser pronto? Me iré a la casa de mis tíos esta semana.
- De acuerdo. Acordemos los horarios e iniciemos pronto. ¿Quieres te ayude con la mesa?
- Si, gracias. Yusuke ni siquiera trajo flores falsas para la mesa.
Su receptor sonrió. Unas flores violetas serian buen regalo. Mientras Keiko no veía, llevo sus manos a la espalda e hizo aparecer un ramo de frescas y naturales flores blancas.
.
.
- ¿Has hablado con ella después de aquel día?
- No hay nada de qué hablar. Le di mi respuesta y no se conforma. Eso pasa- bramo, sosteniendo una copa de vino intacta entre manos.
- No creo que se trate de un simple capricho, Hiei- opino Yusuke, sentado junto a él, repentinamente serio- Debe necesitarte para insistir así. Creo que Koenma está pensando en eso también.
- Nadie habla pro mí más que yo mismo- gruño el demonio amargado- Y no cederé.
- Te quedas en el mundo humano por una causa…
- Deja de meterte en mis asuntos.
Yusuke iba a decirle algo más cuando algo vibro en sus pantalones. Saco el objeto responsable de su bolsillo. Era un medidor de yoki, que avisaba la proximidad de un usuario en la zona. Miro a Hiei, quien ya tenía la mirada fija hacia una ventana cerrada. Yusuke bufo.
- Por favor, aquí no…
- Yo me encargo- Hiei se levantó, dejando la copa sobre una mesa- Si tardo, excúsame con Kurama.
Era probable que se tratara tanto de demonios de clase como de demonios inferiores, aun así, la energía que aplicaría contra ellos sería la misma. Con uno que otro podría tardar. Siempre los demonios resentidos iban a la caza del detective espiritual, es decir, a su casa a lincharlo.
- Iría contigo…- la frase quedó a medias. Hiei se fugó por la puerta, sin hacer sonido y negando olímpicamente su ayuda- Cambio un poco- se dijo una vez en solitario, al ver que había puesto la copa sobre un portavasos de esos que Keiko dejaba para ahorrarse la limpieza. Ni que decir de la salida, para la que uso la puerta y no la ventana, como era su costumbre.
Pequeños detalles, que denunciaban grandes cambios.
Cabellos oscuros que le llegaban a los hombros, alto por medir cerca de los dos metros, piel canela con pintura de tatuajes de pájaros monstruosos, rostro parcialmente cubierto por una banda que sellaba su verdadero poder, manos curiosamente delicadas de largas uñas pintadas de negro, rostro siniestro pero atractivo sin sonreír, vestimenta de gótico callejero: aquel era el demonio intruso que Hiei había sentido.
Al reconocerlo, hizo una mueca.
- Maldita molestia. Ni siquiera podré entretenerme contigo en una pelea- le "saludo" despectivamente. Ya había tratado con ese sujeto antes y se conocía sus métodos. Jugaba con las palabras y la amenaza de una fuerza que jamás mostraba, pues no peleaba porque no lo creía "elegante, ni necesario".
"Higurashi" se hacía llamar. Ese demonio, sin embargo, tenía una reputación en el Makai que impedía inclusive que se lo viera al rostro por temor a una muerte inmediata. Hiei le tenía una opinión muy distinta; era más irritante que el aleteo de una mosca.
- Existe otro tipo de entretenimiento. Uno que también relaciona al cuerpo- le dijo ese ser, en voz tranquila- ¿No sería mejor?
Gruño a su provocación.
- Dime qué buscas aquí. Si has venido para que le responda a tu reina, puedes volverte con la misma respuesta.
- Ella esta…- movió sus delicados dedos en un juego entre las sombras- Impaciente. Existen muchos como nosotros, pero sus órdenes son las que importan. Te quiere a ti, Jagan.
- No cederé.
- Realmente no vine hasta aquí por ella. Sus demandas comienzan a ser tan predecibles que aburren- comento, y Hiei sintió que la impaciencia se le subía a la cara.
- Expusiste tu poder para que viniera, ¿Qué tramas?
- Pienso en una alianza- Hiei arqueo las cejas, desconfiado- Después de todo, la situación está desmejorando, tal y como la otra vez. Si no tuviera este empleo, me reiría de lo mediocre que se ha vuelto el sistema.
- No tienes caso- le espetó, harto de perder el tiempo- A menos que tengas algo de valor para decir no me interesa lidiar más contigo.
- Tu temperamento es fácil de provocar- Mostró una sonrisa a mitad, a consecuencia de las vendas, en su siniestro rostro- No me mires así. Te he dicho antes que me gusta cuando te comportas de esa forma, tan apasionado…
Hiei vio a unos pájaros negros que se aparecieron repentinamente en el aire y los alrededores. Antes que el demonio frente a el acabara de hablar, pudo oír su voz multiplicada en volumen, como si los pájaros lo imitasen, pues tenían su misma voz, autentificando las palabras.
Se hartó de ese canalla.
Se sabía más rápido que él y salto hacia atrás. Los pájaros no lo persiguieron, solo se movieron a todas direcciones para impedirle ver a su invocador.
Se concentró en buscarlo cuando uno de los pájaros negros cayó en picada hacia su dirección. Antes de quitarse de su alcance este lo envolvió en la oscuridad de sus alas… convirtiéndose en su dueño.
Antes de caer en la cuenta de lo sucedido, Higurashi poso tentativamente sus pálidos labios sobre la boca del Maestro.
- ¿Y es muy exigente?
- Si, ya lo conoces. Si quiere; lo hace, si lo obligan; se conforma, pero siempre logra una pequeña venganza- Yusuke rió divertido.
El pelirrojo sonrió un poco, si, ya imaginaba que hacia eso.
- ¿Lo acompañas a menudo?
- Prefiere el trabajo en solitario. Con su carácter también…
- ¿Hay alguien más, además de ti?
Yusuke tomo rápido su vaso. El sake sabía realmente bien esa noche. Confiaba en que Hiei se encargaría de los pormenores de afuera en pocos minutos. Mientras tanto, entretendría a Kurama. Para su sorpresa, el pelirrojo no se comportaba con los mismos ánimos de siempre, ni siquiera de cómo había llegado. El detective no se caracterizaba por ser muy intuitivo pero aquella conversación que tendía a interrogatorio lo hizo recordar unas escenas de su vida con Keiko.
Una idea le asalto con fuerza, tanta que creyó atragantarse.
- Kurama…- empezó inseguro, no sabía si debía decirlo, quizás confundía los escenarios. Era ridículo, por no decir imposible. Kurama no podía pensar así- No, Kurama. En absoluto- hizo un gesto de despreocupación para quitarle importancia al tema- No es lo que estás pensando.
- Y, según tú- por su parte, Kurama puso una sonrisa de tranquilidad, totalmente falsa- ¿En qué estoy pensando?
- Pues… -Tal vez se equivocó y Kurama si podía pensar para esa corriente, lo que logro ponerlo nervioso y un poco incómodo-… En lo que hablo con Keiko.
- ¿Cómo es eso?
- Me importa, ¿entiendes? No lo parecerá, pero me importa. Los demás podrán ver que no hay mucho, ni una señal, no estaré cerca o lo demostrare, pero cuando regreso ella sabe que sí me importa. También lo hago por ella, no solo por mí.
Kurama asimilo las palabras en unos segundos y de nuevo le provino una oleada de culpabilidad y vergüenza. Hasta Yusuke se había dado cuenta y lo sabía mejor que él.
- ¿Dónde está Hiei?- se puso de pie, apremiante, buscándolo con los ojos.
- Esta...Lo mande a comprar unas bebidas.
Kurama aparto unas cortinas y miro hacia afuera. Iba a creerle a Yusuke, ya que Hiei era capaz de usar cualquier excusa para marcharse, pero entonces reconoció un pequeño punto blanco a unas calles. La bufanda blanca de Hiei, y otra silueta desconocida a su lado.
No volvió la cara a Yusuke, sino que salió veloz de la casa, a la intemperie nevada, antes que pudiera detenerlo o preguntarle algo. Corrió hasta llegar a estar a unos metros de distancia de lo que veía.
Hiei aparto el rostro, con los ojos entrecerrados de seriedad y un gesto de hastió. Había alguien con él, tan cerca que era insólito, se trataba de un hombre, tan misterioso y oscuro como el Jaganshi, que daba la impresión de que lo empujaba contra el tronco de un árbol para quedar encima de el por la distinguible altura.
Sus ojos cambiaron de color y expresión, de verdes a dorado brillante y de intriga ansiosa a furia homicida.
El Maestro del Jagan sintió una energía demoníaca a la cercanía, diferente al que le murmuraba insinuaciones a su oído. Miro a un costado y reconoció la melena roja de Kurama. De un abrupto aparto al demonio ave, usando una llama de fuego que, en unos segundos, Higurashi hizo desaparecer moviendo su ropa, luego fijo sus ojos grises a la misma dirección que los de Hiei. Al ver a Kurama, frunció los labios.
- Estoy molesto- siseo, con una voz que cargaba desprecios- Te prometo que más tarde, me encargare de liberarte.
- ¿Que dices?
Higurashi volvió a verlo y le sonrió con ligereza, a lo que Hiei lo miro de tal forma que mejor no acercarse más.
- No me olvides al regresar al reino.
Youko deseo reanimar el árbol y hacer que atacara al individuo. Sentía tanta rabia que no noto la energía demoníaca que emanaba. Vio unas aves negras reanudar vuelo al cielo, después descubrió a su adonis solo, contemplando el ascenso de los pájaros en la noche.
Allí había algo extraño.
Kurama emergió a su conciencia y sus ojos esmeraldas regresaron por completo.
- ¡Hiei! ¿Qué haces afuera?
El aludido tuvo que guardar la apariencia y disimular demencia, otra vez, como lo odiaba.
- Caminando.
Kurama detestaba sus respuestas simples. Nunca acababa nada en claro.
- Hiei…- camino hacia él, inseguro de lo que había pasado. Fuera idea suya o no, repugno lo que había visto. Había tenido que reprimir los instintos asesinos de Youko, lo que en si fue difícil, casi incontenible. Todavía podía oírlo. "Allí estaba, lo vi, estaba encima de nuestro tesoro"- ¿Sucede algo que yo deba saber?
- No. Nada.
- A veces te veo más frustrado que antes- confeso y Youko finalmente callo. Le dijo en pensamientos que continuara, que finalmente dijera lo que debía- Te comportabas peor. Ya no…No te sentía cerca de mí. Y…Aun lo siento.
En la nevada de la noche, se impuso un tenso silencio que por poco pesaba de vergonzoso. No era el mejor lugar ni el tema más oportuno. Seguro que Hiei le diría "idiota" y pasaría de sus palabras, o solo lo miraría para no contestarle y eso era lo menos que quería. Antes de decidir qué hacer, volvió a hablar, en un intento casi desesperado de que él no escapara.
- ¿Por qué lo siento? Te veo a las primeras horas de la mañana, te despido, te recibo en casa, dormimos juntos y eres lo último que veo, pero no te siento… real- se llevó una mano al rostro, sintiendo que le desalmaran en una mirada- Suelo preguntarme si es suficiente. Tú vuelves a mí y pienso que sí, pero te veo disgustado. ¿Qué debería cambiar para que esta sensación acabe, que debería hacer yo? ¿Cómo te sientes? Contéstame, que te disgusta. Explícame que está fallando.
- El problema…- hablo Hiei, sin verle directo a los ojos aunque sabía perfectamente donde quedaban los ojos del zorro. Eso lo había tomado desprevenido, Kurama había descubierto su amargura y no podía contradecirle el descubrimiento. Era injusto mentir a ese extremo- Lo que no me gusta no es a causa tuya.
Youko y Kurama se tragaron un bufido.
- Ya, bien. No entiendo. Te alejas, desapareces horas, cambias tu actitud, y si antes hablabas conmigo ahora nuestra charla se ha convertido en una entrevista entre extraños. ¿Quién es mi reemplazo cuando te vas de casa?
Primero, lo sorprendió grandemente su tono molesto y angustiante. Segundo, lo abrumo su reclamo en todo lo que había fallado u omitido en su deber conyugal. Y, sin embargo, lo que más le asombro fue la última referencia.
Cuando Kurama se dio cuenta ya era tarde.
- Kurama, ¿Qué estas insinuando?
- Lo que supones.
- ¿En serio? ¿Por eso te has vuelto tan irritante y actúas extraño?
- ¿No pensaste que había causa?
- ¡Eso no!
Otra vez, culpabilidad. Hiei lo miraba furioso. Sus sospechas y la reciente escena que Youko le motivaron otra osadía.
- Niégame que estas distinto. Dime que no me ocultas nada.
Imposible. Apretó sus manos en un puño.
- No contestare eso. Me lo reservo.
- Dame una excusa.
- No.
Kurama sintió amargor en medio de la garganta y un dolor en algún sitio que lo molestaba.
- ¿"No"?- repitió, incrédulo- ¿Por qué no respondes?
- ¡Porque esa pregunta no merece una respuesta!
Se exaspero, y lo demostró mascullando con los dientes apretados. De tan poca paciente que tenía, se hartó. Dio la vuelta, dejando a Kurama ver su espalda para dar el primer paso a la retirada, hasta perderse entre las sombras de la noche fría, antes que fuera localizado por la mirada zorruna.
- ¡Hiei!- no lo pensó capaz de irse, no así, como tampoco que esa discusión resultara peor de lo imaginado- ¡Te has pasado, Youko!
- ¡Eres un reverendo idiota, fue tu culpa! Tú fuiste el que hablo, tú fuiste el que lo molesto. Lo admito, esa respuesta fue mejor de lo esperaba. Pero eso no le quita el misterio…
- ¡Basta!- se presionó la cabeza entre manos, fastidiado- Ya fue suficiente.
- Kurama- la voz de Yusuke lo tomándolo desprevenido- ¿Ha sucedido algo?
- Perdóname, Yusuke. Me vuelvo a casa.
La mirada del castaño le decía que comprendía, ambos conocían a Hiei y todas las miradas intercambiadas siempre eran por su causa.
Esperaba que Hiei estuviese allí.
Para su sorpresa, si estaba. Con la ropa humedecida de roció y las botas a un lado del sofá, en el salón principal. Se miraron unos segundos pero fue el menor quien aparto la mirada, notoriamente disgustado.
- ¿Vas a irte en la noche, otra vez?
- Probablemente- le contesto con apatía- Piensa lo que quieras.
- No quiero pensar en eso- bufo, cerró la puerta y dejo su abrigo- Quiero saberlo.
- ¿Ah, sí?- le dijo de mala manera, jugando con el control del televisor apagado- ¿Qué quieres saber? ¿El "donde" o el "con quien"?- pregunto con sarcasmo puro.
- No te sientas así, es una respuesta simple.
- Tanto que no la quiero responder. Tú eres el genio, piénsalo.
- Hiei…
Lo había empeorado. Kurama se resignó, con remordimiento contenido, y camino a por las escaleras. Antes de tocar el apoyamanos, unas manos atraparon y jalaron sus cabellos rojos. Un instante después, Hiei le besaba con furia. Tan rudo como comenzó se terminó cuando Hiei lo empujo con una mano en el pecho.
- ¿Ya respondí?
Inesperado, ardiente y rudo. Justo como Hiei era.
- No…No es esa la respuesta correcta.
- ¿Debo responderte en la cama?
- No se trata de eso- replico al oírlo. Ciertamente, hacía tiempo que no lo sentía, a duras penas podía sentir sus labios luego de un tiempo en convivencia. No lo creía posible, era absurdo que Hiei se cansase. Lo necesitaba, su cuerpo ardiente y el sexo, pero las circunstancias en una hora habían cambiado. Buscaba saber que era lo que Hiei quería, que pensaba, que necesitaba de el para no desaparecer y dejar de tratarlo indiferentemente.
- No te entiendo.
- Yo quiero…
- Eres imposible- suspiro, molesto- No vale la pena hablar de eso.
Quiso detenerlo. La peculiaridad de Hiei era que se movía con rapidez y cuando se decidió él ya estaba sentando en el sofá. Quiso preguntarle si se quedaría, pero aquello hubiera sido tentar las cosas de nuevo y callo, así que fue a las escaleras, más impotente que rendido.
- Buenas noches.
Hiei murmuro algo en respuesta, no le sorprendería si era un insulto.
Esa noche resulto desagradable.
.
Tal y como el titulo anuncia, ¿no?
No se desesperen, el gran momento llegara, ¡y todo se saldrá de control!
Tengan paciencia y gracias por leer.
