Sé que sería todo más fácil si yo no escribiera nada acá, pero me sentiría rara si lo dejara vacío.

Gracias por seguir, y muchas más gracias extras a quienes dejaron un comentario~

Este fic iba a ser un One-shot pero ya llevaba 12mil palabras y no iba ni a la mitad así que lo iba a partir a la mitad, pero al final decidí dividirlo en pequeños caps

¡Espero que sea de su agrado!

No era fácil subir corriendo una curva pronunciada que estaba diseñada para que los autos pudieran girar con libertad.

Un auto ya estaba encendido esperándolo, subió y arrancó antes de que cerrara la puerta. Se escuchó otra explosión. Salieron por la calle contraria ya que el edificio abarcaba de lado a lado. Avanzaron paralelamente e Izuku pudo ver una camioneta negra que tenía un enorme tache rojo a lo largo de todo su costado. No veía al conductor, pero de pie sobre el techo, de una manera muy peligrosa se encontraba un hombre vestido de negro, llevaba unos pantalones flojos, una sudadera con la capucha puesta y unos guantes verdes grandes. Lo vio arrojar algo y entonces otra explosión se escuchó. Como iban a la altura de ese auto no alcanzaba a ver qué es lo que los perseguía.

–¿Sabes saltar de auto a auto en movimiento? – le preguntó el chico de pelo bicolor.

–Todoroki-kun, no va a hacer eso – lo regañó Iida.

–Dime Shouto. – fue su única respuesta.

–En realidad deberías ser Ice-Fire – dijo otro de los que los acompañaban que aún mantenía su capucha puesta –, a veces me pregunto qué pasó con sus alias. Tenían un fin, si no mal recuerdo.

La otra persona que aún mantenía su rostro oculto, pero por su cuerpo supo que era una mujer, se asomó por la ventana y silbó con mucha fuerza de tal forma que no era difícil imaginar que era un código. Un silbido similar respondió. Ella volvió a entrar.

–En tres calles gira a la derecha – le dijo al conductor que era el mismo de antes. Luego lo volteó a ver a él –. Tendrás 5 segundos para bajar de aquí y subir con ellos. No dudes en que si no lo logras te quedarás ahí.

Izuku respingó. Nunca pensó en la posibilidad de quedarse desolado en medio del lugar. Asintió con toda la firmeza que pudo. Se posicionó con las manos en la manija de la puerta y la pierna levantada para bajar de inmediato. Giraron de pronto con fuerza y se encontraron de frente con la camioneta, ambos se detuvieron Izuku bajó y subió, una vez más el vehículo arrancó antes de que estuviera totalmente arriba. No pudo ver, pero escuchó como un auto se estrellaba. Al parecer reflejó su preocupación porque el nuevo conductor le habló tranquilizándolo.

–Estarán bien – le dijo con una sonrisa –, actuarán como distracción y nos encontraremos en el centro. ¿Y bien? ¿Por qué te recogimos?

–¡Ah! Te guiaré a una entrada alternativa al estacionamiento donde están todos.

–Excelente – le sonrió. Levantó la mirada a la ventana detrás de él – ¿Escuchaste eso Explosion? – Izuku se dio la vuelta y vio a una persona que se estaba por meterse por ahí.

–Una mierda – fue su primera frase –, me quitaron a mis presas. Esos bastardos, yo podía con ellos.

Izuku se recorrió lo más que pudo al centro del asiento cuando esta nueva persona solo se metió agresivamente y lo golpeó un poco con los pies vestidos con unas pesadas botas militares.

–Seguro que sí – rio el conductor. Izuku se percató de que todos sus dientes se veían afilados. No sabía que eso era posible. – Pero tenemos que llevar esto al resto.

–¿Tú quién mierda eres? – le preguntó una vez que ya estaba sentado.

–Izuku Midoriya. – respondió algo nervioso, la actitud de ese hombre era imponente. Hubo unos tres eternos segundos se silencio en los que el otro lo miró. Parecía estar buscando algo en su mirada, en su rostro. Unos inusuales ojos rojos que lo escudriñaban lo hacían sentir diminuto.

–¿Qué haces aquí, Deku de mierda? – dijo al fin, apartando la mirada.

–Es Izuku no…

–No le hagas caso. Solo guíame – le sonrió mostrando esos dientes tan suyos. También su cabello rojo y parado en todas direcciones era algo nuevo. – Puedes llamarme Red Riot. – se señaló – y a ese puedes decirle Explosion.

–Es King Explosion Murder, maldita sea.

–King Explosion Murder Maldita Sea solo es la versión larga.

Izuku sonrió. Red Riot parecía alguien muy amable. Le explicó la disposición de los pasajes entre edificios. Él lo sabía porque había sido el encargado de cubrir el seguro de la constructora. Fue su primer trabajo en cuanto llegó a la agencia.

–Solo cubriste el seguro hace tres años y te aprendiste los planos de los edificios? – lo interrumpió el hombre que tras quitarse la capucha dejó ver un cabello rubio ceniza casi más alborotado que el del pelirrojo – ¿Qué clase de jodido nerd eres?

Cuando llegaron King… Explosion… Ka, Ka lo había llamado el conductor y quedaba mucho mejor, él rompió las cerraduras y bajaron. Encontraron la pared falsa y se internaron por un túnel lo bastante ancho como para que tres autos entraran al mismo tiempo, pero tan bajo que apenas si su camioneta alcanzó a entrar. Cuando llegaron de nuevo al estacionamiento en donde estaba el resto Izuku volvió a ver su celular. Tres horas y media desde que la alarma había sonado. Apretó el aparato con fuerza enojado porque el tiempo no estaba pasando más rápido. Bajó del vehículo y su madre corrió a abrazarlo. Él la abrazó de vuelta. Luego abrazó a Ochako también.

Red Riot fue a abrir las puertas traseras del vehículo y llamó a las personas que participarían para entregarles un arma. Que eran practicamente todos menos las personas de su edificio.

–Creí que las armas eran ilegales en Japón – dijo Ochako que no lo había soltado.

–Lo son. Pero no hoy.

Ka se volvió a subir al techo de la camioneta y habló tan fuerte que cualquiera hubiera dicho que estaba gritando. Anunció que ya habían perdido mucho tiempo, su plan debía de haber comenzado hace 40 minutos así que todos debían salir ya. Dijo que no dejarían a nadie de niñera para los salvados así que podían quedarse alli a llorar o acompañarlos y acabar con los bastardos.

Ochako lo volvió a tomar de la mano mientras observaba al sujeto que hablaba con el ceño fruncido.

–¿Cómo puede decir eso? – le dijo – algunas de estas personas perdieron a su familia allá atrás.

–Precisamente por eso es por lo que deben salir o más personas perderán a más seres amados – le dijo poniendose delante de ella y besándole la cabeza.

–Hey, Deku – volteó a ver quien lo llamaba encontrándose con Ka que le puso un arma desconocida en el pecho con mucha fuerza casi sacándole el aire – mueve tu trasero, no podemos seguir esperando.

Y se fue, dejándolo allí de pie con la primera arma que alguna vez había tocado. La movió hacia arriba y hacia abajo analizando su peso, no sería muy cómoda tomarla con una sola mano. A sus ojos inexpertos parecía una metralleta. El contacto pareció quemarle cuando se preguntó qué debería hacer con eso. Miró a Ochako y ella solo le prestaba atención. Sabía que estaba esperando su decisión para apoyarla. Ella siempre decía que él sabía tomar las decisiones correctas y solo por eso las alentaría sin importar lo que fuera.

–Voy a ir – le dijo.

–Lo sé – le contestó Ochako con la voz ligeramente temblorosa. Carraspeo, limpió los inicios de lágrimas y sacudió la cabeza. Luego levantó la cara con una gran sonrisa y las mejillas sonrojadas. Casi parecía brillar. – Las personas deben hacer todo lo que pueden por ayudar a los demás ¿No es cierto? Si no ¿Que clase de persona serian?

Izuku sonrió. Ochako siempre era así de amable y considerada. No se imaginaba con otra persona en su vida, ella era perfecta. Realmente necesitaba dejar de ponerse nervioso cada que planeaba proponerle matrimonio, ya llevaba casi dos meses postergandolo. Hasta su madre, a quien había pedido auxilio, lo regañaba al respecto. La besó tratando de plasmar todo su amor y confianza. Se despidió con un asentimiento de cabeza de Asui y Mineta, la primera sacudió la mano, el segundo lo veía como si hubiera perdido la cabeza. Al girarse su madre estaba de pie entre él y la camioneta a donde ya se estaban subiendo algunas personas.

–No puedo permitir que vayas – le dijo. Izuku vio sus ojos rojos y su rostro cansado. Realmente deseaba que pudiera tranquilizarse y dormir.

–Tengo que hacerlo – vio la expresión de su madre quebrarse y se sintió a punto de llorar también, pero no debía – es lo mínimo que puedo hacer por las personas que las salvaron.

La abrazó para reconfortarla. Al levantar la mirada se percató de Ka que lo observaba directamente con el ceño fruncido y se sorprendió por la consideración que le tuvo al no interrumpir ese momento. Fue difícil hacer que lo soltara, pero al fin lo logró cuando Ochako tomó a Inko por los hombros.

Se acercó al grupo de personas que se estaban preparando. Lo reciboeron como Deku, por culpa de Ka Explosion definitivamente. Como algunos lo habían visto alejarse junto a Iida y el que llamaron Ice-Fire lo recibieron sin problemas, otros le dijeron directamente que no esperaban que alguien se uniera. Subió en la parte trasera de la camioneta donde vio que Ka y Red Riot habían vuelto a subir en la parte frontal. Alcanzó a mirar a Ochako y a su madre un segundo antes de que cerraran las puertas. La camioneta arrancó y comenzaron a moverse.

Le entregaron un chaleco antibalas que se puso sobre su raída sudadera verde obscuro. Agradecía al menos haber elegido sus pantalones más obscuros esa noche. Todos vestidos de negro y él con sus zapatos rojos. Le ayudaron a ponerse unos cinturones que sujetarían un par de pistolas a su costado y otro arnés para la metralleta que Ka le había dado.

El peso de las armas era mucho más que el que físicamente tenían. ¿Qué se suponía que haría con eso? Había una razón de mucho peso por la cual nunca había participado en la purga y era tan sencilla como que matar y cualquiera de los crímenes permitidos estaba mal, sin importar quien fuera o lo que hubiera hecho. Estaba mal. Había una razón por la que existía el sistema legal que tenían y deponer de eso una vez al año simplemente era la idea de alguien cruel.

Pensó en Kai Chisaki, su actual primer ministro que ya era prácticamente un presidente, la persona que había decidido implementar la depuración anual que se llevaba a cabo en Estados Unidos alegando que los buenos resultados que había obtenido, menos desempleo, menos delincuencia, serían beneficiosos para el país. Izuku no creía que el nivel de violencia en Japón fuera equiparable al de américa, y se sorprendió cuando el primer año sí participaron bastantes personas, allí en Tokyo más que nada. Al siguiente aumentaron, y al siguiente fueron más todavía. El cuarto año, cuando él cumplió 21 y comenzó su relación formalmente con Ochako después de casi 6 años de conocerse, fue el día con el índice de muertes más alto de muertes desde que se había iniciado. Extranjeros comenzaron a llegar. Y solo un año después de eso, tres años atrás, él consiguió un empleo en una aseguradora que lo llevó a mudarse y Ochako decidió acompañarlo iniciando también un trabajo como maestra de guardería.

La camioneta aceleró repentinamente y se agitó. Las otras personas que iban ahí con él solo se sostuvieron con fuerza de lo que pudieron. Luego se detuvieron en seco, Izuku pudo escuchar las llantas rechinar. Diferenció a Ka gritando, aunque no alcanzaba a entender sus palabras. Las puertas fueron abiertas dejando ver a Red Riot con una sonrisa avergonzada. Al fondo Izuku podía diferenciar que estaban en un callejón muy obscuro y bastante silencioso si descontaba a la persona escandalosa que iba con ellos.

–Lo siento por eso – les dijo – Explosion metió su pierna para apretar el acelerador en cuanto los vio y no pude controlarlo bien.

Las otras personas hicieron comentarios como "típico" o similares diciendo que no se sorprendían. Comenzaron a bajar del vehículo, él se estaba poniendo de pie para descender también cuando Iida se acercó y lo vio.

–Mido- ah... uhmm ¿Qué estás haciendo aquí?

–Ka me ofreció unirme así que vine.

–¿Ka?

–King Explosion – dijo con la voz un poco temblorosa porque era un poco vergonzoso decir ese apodo en voz alta. En ese momento se acercó Ice-Fire y se quedó a un lado de Iida mirándolo también.

–En nuestro plan no contemplamos más personas. – le comentó mientras tomaba algo de equipo de una de las cajas que habían, evidenciando que los había escuchado. Se giró a ver a Explosion que se acercaba dando grandes pasos con fuerza mientras insultaba entre dientes que le hubieran quitado una presa. – Ya que tú lo invitaste, tú deberás cuidarlo.

–¡¿Hah?! – fue la respuesta que dio. Lo miró a él, miró a Iida y volvió a ver a Ice-Fire para asegurarse de que no le estaban jugando una broma – ¿Qué no este Deku bastardo venía con ustedes?

–Fue un civil rescatado del edificio B – dijo Iida colocándose una máscara blanca muy recta que daba insinuaciones a un robot.

–¡¿Y yo cómo mierda iba a saberlo?! ¡No voy a cuidar a ningún maldito estorbo! Si no viene con ustedes que por ahí se quede, no me importa.

–Está bien – Red Riot, que había estado hurgando entre las cajas le puso una mano en el hombro – tú nos ayudaste a llegar con el resto así que ahora nosotros te ayudaremos a ti.

Explosion bufó al fondo y Todoroki se ajustó unos tanques que parecían de oxigeno en la espalda uniéndolos con unas mangueras metálicas a unos disparadores que amarró en sus antebrazos. Tomó una máscara de oso que estaba pintada la mitad roja y la mitad blanca, similar a su cabello y se la colocó. Giró para ver al resto del grupo y solo dio una orden en un tono de voz muy elevado.

–Salven a todos los que puedan.

–Exploten sin compasión los traseros de todos esos bastardos – secundó Explosion levantando un cinturón de granadas que después se amarró a la cintura.

Entonces se dispersaron.

Red Riot le dijo a Izuku que volviera a subir en la parte delantera para explicarle el plan. Llevaba en la frente, lista para colocarse en cualquier momento, una máscara de un dinosaurio rojo que combinaba muy bien con su apariencia. Una vez más a su otro lado estaba Ka que se había sacado la sudadera y solo quedó con una musculosa negra muy pegada a lo que evidenciaba como un cuerpo bastante trabajado, se había cruzado aparte otras dos correas que cargaban granadas cada una, llevaba una pistola en cada pierna. Y también llevaba sobre la cabeza una máscara para colocársela bien en cualquier momento, era blanca con un tache rojo sobre ella y dos pequeños orificios para los ojos. A él le habían dado una máscara que parecía una clase de conejo verde. Le habían dicho que era importante que mantuviera su identidad oculta y todos parecían compartir el sentimiento, pero nadie se había detenido a decirle por qué. Aunque quizás no era tan difícil de suponer. Se removió sintiendo las armas moverse contra su cuerpo. Estaba seguro de que jamás se atrevería a jalar ningún gatillo.

Le dijeron que se habían dividido en tres encargos, el grupo de Ice-Fire que iría a las casas de subasta, el de Tailman que se había quedado cuidando a los civiles y el suyo que detendría a los cazadores de sacrificios.

–12 horas podría parecer poco en algunos casos – le dijo el pelirrojo apretando el volante del auto – pero este día el tiempo siempre pasa más lento de lo que debería. Las vidas de demasiadas personas son arrebatadas injustamente solo porque algunas personas creen que pueden hacer esto "legal".

Izuku miró a Ka que, observando el exterior por la ventana, parecía ignorarlos completamente. El penetrante sonido de una metralleta se escuchó al fondo y los tres dirigieron la mirada al frente, Red Riot aceleró y Ka hizo un sonido bastante similar a un gruñido.

Observó su celular.

5 horas desde que la purga había dado inicio.

Solo habían pasado 5 horas.

¡Gracias por leer!