Compensando el daño
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Despertó a la mañana siguiente sin haber descansado nada y con algunas sombras bajo los ojos, pero lo que más le afectaba de su mala noche era el dolor de cabeza.
- Debiste aceptar su respuesta. Hubiéramos despertado diferente… Diablos, veo recuerdos que olvidaste.
Farfullo un "cállate" a Youko y sentó en la cama con pereza. Hiei no estaba. Detestaba discutir con él antes de dormir. Se levantó y encamino al baño, viendo su apariencia en el espejo. Youko se quejó al verlo.
- Tengo una idea, conveniente para ambos. Ya que ansias descargarte con algo y yo necesito un cuerpo más resistente, entrena y retuércete de dolor hasta no sentir esto que sientes y menos pensar en eso.
- Pero Hiei no…
- Siempre él. Tus razones, tus excusas.
- De acuerdo…Empezaremos a entrenar- le dijo, rendido, entrando a la bañera- Nos prepararemos para el siguiente robo.
Aseado y vestido, bajo al comedor. Habían tres grandes potes vacíos sobre la mesa. Suspiro. Debía ir a comprar helado de nuevo. Busco a Hiei y lo encontró observando la ventana.
Lo hacía cuando tenía el presentimiento de algún demonio a la cercanía. La aparición de Higurashi lo había dejado con la impresión de que volvería. Su forma de ver a Kurama no le gusto. Durante la noche estuvo despierto y atento, cuidando del humano, comiéndose hasta la última reserva de nieve dulce para variar la noche.
- Buenos días.
Hiei le miro de soslayo, apático. No había nada de "buenos" en ese falso saludo.
- ¿Qué dirías si te dijera que debo ausentarme unos días?
No intentaba provocarlo, quería saber qué opinaba, y por si acaso averiguar si había cambiado su idea con respecto a la noche anterior. Necesitaba esos días para aumentar sus habilidades de la forma que quería.
Kurama se cruzó de brazos, con la expresión indescifrable.
- ¿Vas a acostarte con otro hoy?
- ¡Maldita sea! ¿Acaso no entendiste lo que dije? No te estoy engañando.
- Lo entendí perfectamente- hizo una mueca, como de quien se ofende y suavizo la voz- Pero el concepto "engañar" tiene numerosos significados y la palabra juega con muchas probabilidades. En cambio, la directa de "acostarte con alguien" es más simple, llana y coherente, una de la que no hay escape ni trampas de palabras.
- Esta bien- bufo el menor, reprimiéndose un puño de llama- No te estoy engañando en ningún sentido de la palabra. No voy a jugar al "doctor" con nadie- Señalo con rabia hacia su izquierda- Ni alagar a cualquiera que tuviera una cortina mejor que esa.
Sarcasmo y furia puros. Ese era el real y sincero Hiei.
Kurama cerró los ojos, sonriendo ligeramente.
- Al final que te atreviste a ser directo. Yo hubiera salido en ese momento.
Sabía que Youko no bromeaba. Con lo sucedido anoche y el insuficiente descanso estaba fastidiado. Quizás esa combinación lo habían hecho más temerario en la charla.
- Bien- Volvió a su tono habitual- ¿Cuántos días?
- Bastantes- Eso sonaba a indeterminado.
- ¿Debo saber algo más?
- Estaré solo.
- Es conveniente- expresó, buscando en la alacena lo que pudiera hacer de desayuno para el- También estaré ocupado esta semana.
Debía comenzar su entrenamiento pronto y justamente Hiei no estaría para sospechar de sus ausencias.
- ¿Cuándo te vas?
- Mañana- Sencillamente podía irse ese mismo día, pero no lo creía oportuno. Quería corroborar primero que Kurama estuviese a salvo.
- ¿Te irás hoy también?
- Depende.
- ¿De tu actitud?
- No. De ti- Kurama detuvo todo movimiento de acción, patitieso. Sus ojos de joya verde se ampliaron- No me mires así.
Era imposible no hacerlo. Recordó su escena frente a la casa de Yusuke, y pensó que quería enmendarse antes de irse. A Hiei tampoco debía gustarle lo que sucedió.
- ¿Quieres…?- todavía no podía creerlo. Hiei jamás se lo decía a la directa, se conformaba con seguirlo a donde iba y paseaban juntos.- ¿…Quieres salir conmigo…?
- Tómalo como quieras- replico el menor, con un sonrojo traicionero en su faz- Esta casa me aburre.
- Salgamos juntos- acepto, apremiante, con una sonrisa- Ahora.
- No dije de inmediato…
- Voy a cambiarme- dejo su desayuno a medio hacer y se impulsó entusiasta hacia las escaleras, para su habitación.
- ¿Por qué hago esto…?- se preguntó Hiei a sí mismo, con una mano contra la frente en gesto frustrado. Vio hacia la repisa en el salón principal. En uno de los portarretratos estaba la respuesta. Matrimonio.
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- No había visto tanta vida renacida desde nuestra victoria contra Yomi, el rey. ¡Oye, detente! Esto se está convirtiendo en una ridícula cursilería.
Kurama se detuvo y vio atrás. Hiei iba a su lado. Hacia unos minutos experimento un exalto de energías. Observando el camino recorrido hasta hace poco descubrió que las flores y plantas a su alrededor no lucían como hace unos segundos atrás. Habían florecido y madurado con una rapidez típica de cuento infantil.
Hiei no lo notaba, a excepción de algunos adultos que conocían el lugar y vieron con suma incredulidad lo crecidas que estaba la zona de hierbas naturales. Kurama sonrió nervioso ante eso. Inconscientemente estaba reanimando a la Naturaleza y acelerando su crecimiento. Hasta los árboles se veían más viejos.
Su estado emocional incentivaba a los retoños a crecer.
Tomo a Hiei del brazo y troto rápido, casi corriendo, para impedir que el césped del parque creciera otro centímetro. No le había sucedido eso en años.
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- No quiero comida de esas manos.
Hiei no comía alimentos de nadie más que de Kurama, a excepción del helado. Lo contentaba mucho cuando lo admitía, que no deseaba comer nada de manos de desconocidos, aun con ese tono despectivo.
- Entonces, no lo hagas. Yo no desayune.
Hiei se sentó a su manera, con los brazos contra el pecho y la cara de poca cortesía, frente a él. Se encontraban en una cafetería, en horario de trabajo matutino. Durante unos minutos, fue agradable, hasta el momento en que un quinceañero se acercó a su mesa. Rechazo amablemente sus halagos, le dijo en énfasis que era hombre y que lo dejara desayunar con su marido. A Hiei, cuya intensa mirada posaba sobre algún punto de la mesa, le temblaba de una mano, sin lugar a dudas, de impaciente furia.
Se imagino que el local se convertiría en un escenario de pelea pública cuando el joven miro a Hiei y lo apunto indecorosamente con el pulgar. Veloz como siempre, Hiei atrapo la mano del joven de un parpadeo y temió lo que fuera a hacer.
- Estas molestando- le dijo al estilo de un terrorista sin escrúpulos.
Y se oyó un grito de dolor.
En un apretón que a Kurama le pareció ligero, Hiei le había roto la muñeca al humano, que cayó al suelo, gateando lejos, provocando que todas miradas del local se volvieran a verlos a los dos.
- Hiei…- empezó a decir, en tono de reproche.
- Disculpen…- Apareció una camarera que había visto lo sucedido, sosteniendo una bandeja, temerosa al acercársele a Hiei- Aquí tiene- le dejo sobre la mesa lo que había sobre la bandeja. Una copa de helado de vainilla. De súbito, Hiei sonrió contento. El kitsune lo miro un rato y finalmente suspiro. Por Kami, sus reacciones…
Las causas de ira de Hiei podían ser muchas razones, provocaciones o insultos, el mismo Kurama o la distancia de su postre favorito. El demonio de fuego era capaz de matar por Kurama –declaración mental, jamás oída por nadie- o incluso por un helado.
Era extraña la casualidad. Cuando se enfadaba, de una u otra forma, alguien resultaba lastimado o un objeto envuelto en llamas. Una vez, unos adolescentes que habían insultado a Hiei por su estatura estaban manejando explosivos un momento antes que se les quemaran misteriosamente las manos. Una curiosa coincidencia de la que Kurama no prestaba mucha atención. Porque ese día era especial. En el futuro, lo recordaría como una tarde de pareja honesta, buscando una distracción a los problemas que sin demora los encontrarían.
Hiei también tenía sus sospechas y, como su esposo, las callaba por ser absurdas. Era primavera cuando Kurama se acercaba a las flores o posaba sus manos sobre algún jarrón de tierra que de pronto tenia crecido un pequeño tallo. No le ponía cuidado a esas cosas, así que no veía cuando crecían anormalmente y hasta se movían con vida propia hacia el pelirrojo.
Incorporaron la mañana entera y la mitad de la tarde al "paseo", sabiendo que a partir del día de mañana debían prepararse en mente y cuerpo para su eminente labor personal. Kurama pensaba en olvidarse de Hiei y dejar de preocuparse. Para ello, busco diversas formas de entretenerlo junto a él durante el tiempo que pudiera.
Al regresar a casa sintió reconforte. Viendo la sala en la que habían discutido la noche anterior, bajo un poco la mirada a causa del desagradable recuerdo que no quería repetir. Confiaba en Hiei. Las dudas eran ridículas.
La cama recibió su cuerpo a suave caída y en cuanto vio a Hiei lo tomo del cuello sorpresivamente, provocando que ambos cayeran. Pronto se convirtió un momento tierno, casi pacifico.
- Estamos casados- murmuro de pronto el más joven- ¿Qué crees que significa?
- Una apuesta ganada- Fue la respuesta de Kurama, sonriendo ampliamente, una sonrisa despejada de malestares o pesimismos.
Sus ojos se encontraron con intensidad de nuevo, el rojo de las llamas y el bosque vivo, y se acercaron para besarse al mismo tiempo. Kurama tentó la pequeña y fresca cavidad con sabor a helado con su lengua y se alegró cuando Hiei lo atrajo tomándolo de la espalda sana.
Ese día había mejorado.
Un tenso silencio envolvía la sala entera.
Koenma se veía tan serio, como si se prestara al luto, que su fiel sirviente, Ogri, comenzó a preocuparse. Había visto a su señor de los nervios las últimas dos semanas, pero no imagino que el estrés le cambiaria la cara bobalicona, ni que su aura cambiara a una de tensa gravedad a su alrededor.
El príncipe estaba tan abstraído en sus pensamientos que era incapaz de sobrellevarlos a todos y fue entonces que, por dos intensos minutos, compartió con el ogro algo de la carga que lo atormentaba.
- Mis detectives son bastantes buenos, ¿verdad, Ogri?- Ogri jamás oyó a su príncipe preguntarle algo tan obvio; eso solo indicaba que su ansiedad estaba al borde porque de ser al revés Koenma le gritaría por decir algo tan trivial- Sé que podrán conseguirlo, pero me temo que esto se está agravando.
- Disculpe que le pregunte pero ¿Hablo con el Rey Enma, mi señor?
- Sí. Me dijo que algo no está bien. La aparición repentina de ese ladrón, los tesoros que ha robado a lo largo del tiempo que no encajan en un orden. "Algo ha pasado y sospecho que estamos ante una confabulación maestra", me dijo.
- ¿"Confabulación"? ¿Qué quiere decir?- Ogri conocía le definición según lo que se aprendió del diccionario, así que le pareció raro el uso de la palabra en esa frase.
- Yo también se lo pregunte. Creo que se refiere a que estuvo esperando el momento para atacar, todos conocemos a ese rufián; es un gran estratega y todos sus movimientos están calculados siempre a un propósito de los suyos. Tengo una idea de que esto es algo mucho mayor de lo que nos hacen creer.
- Mi señor, no dirá…
A Ogri le iba sorprendiendo cada vez más el grado de voz que usaba su jefe para enfatizar la importancia del tema.
- Me temo, Ogri, que si esto continúa sin tener respuesta, si ese ladrón continua evadiendo a la autoridad y el Rekai está pendiendo de un hilo por su culpa…Mi padre me ordeno que, cuando no haya solución y no encontremos otra opción…debemos…
Ogri se tensó en silencio, sintió fría la espalda dorsal y espero con paciencia a que terminara de hablar. Para sus ojos, Koenma no parecía muy dispuesto a revelar esa parte de la información, tal vez porque no le agradase, después de todo, era diferente de su padre, que se tomaba las cosas tan serio que asustaba, sin embargo, por un segundo, del que Koenma no quería que se diera cuenta, Ogri vio un pequeño indicio de miedo en la faz del pequeño príncipe. Tan visible que ni agachando la cabeza podía ocultarlo y tan pequeño que podía pasar como una mueca de disgusto.
-Deberíamos llamar a esa mujer.
Ogri quedo de piedra, estupefacto. ¿Se refiera a ella, la mujer en la que estaba pensando? No, el problema no podía ser tan grave. Solo acudían a ella en cuestiones apocalípticas para los humanos, inclusive para el Rekai, nunca para detener la racha de crimines de un ladrón.
- ¡Señor Koenma! ¡¿Qué está pasando?! ¿Es la situación tan mala para llamarla? Usted sabe…
- Mi padre también lo sabe- murmuro Koenma, con el tono de voz igual de alterado- Pero confió en mis detectives, Hiei o Yusuke capturaran con vida a ese ladrón y así no será necesitaría la intervención de ella. Créeme, yo estoy igual de sorprendido que mi padre lo haya sugerido.
- No lo entiendo, mi señor, siéndole sincero. ¿Por qué ir a ella solo por un delincuente?
- Creo que hay algo que mi padre no me está diciendo. Sin embargo, no debemos preocuparnos- El tono de voz de Koenma cambio a uno optimista y un poco más relajado, solo para disimular que todo estaba controlado- Ellos lo lograran. Son los detectives que yo elegí. Yusuke tiene un espíritu inagotable y Hiei es asombrosamente responsable; ellos lo harán bien.
- Sí, sí, señor, seguro que si- asintió el sirviente, varias veces con la cabeza. El silencio, aunque tenso y nervioso, logro que volviera a abrir la boca- Pero…- Sabía que iba ganarse una reprimenda por decir lo que iba a decir- ¿Y si no lo logran? ¿Qué hacemos?
Koenma suspiro pesadamente, dando a saber que tampoco quería pensar en eso por más que fuera algo muy probable. No por nada el legendario Youko logro evadir a los mejores soldados y se burlo de ellos durante siglos.
- Tendremos que rezar. El asunto es más peligroso de lo que pensaba, lo sé porque el rostro de mi padre fue muy severo cuando hablamos. Deben lograrlo, Ogri…de lo contrario, deberemos llamarla y ella no es alguien fácil- Koenma entrego en un suspiro todo el trabajo de una vida- Tienen que lograrlo.
Ogri no podía creérselo. ¿En serio iban a llamar a esa rara mujer solo por un ladrón? El mundo no tenía sentido. Y pronto no lo tendría más cuando el famoso día de ataque al museo de Tokio se hiciera realidad.
