*** La historia no es más que una adaptación al final, el nombre del autor y el nombre original de la historia ****
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****


Capitulo 26

Jacob

Bella y Edward no dicen nada al principio, y en el silencio juro que puedo escuchar el tic tac de mi reloj. Mi garganta arde de hablar tanto tiempo, y mi voz es ronca.

Bella sale de la habitación y regresa con un vaso de agua fría. Me lo da y bebo la mitad antes de bajar el vaso. Me obligo a seguir hablando porque no les he dicho la peor parte.

—Hay más —digo—. Sabía dónde estaba la isla. Había preguntado un día cuando volábamos de regreso de una de las carreras de suministro. No entendí mucho de lo que me dijo cuando él empezó a hablar sobre radionavegación, despegues y todo ese tipo de cosas con las que no estaba familiarizado, así que saqué mi diario y una pluma de mi bolsa de viaje y le pedí que lo repitiera.

Fácilmente podría haber contratado a otro piloto para que me llevara a la isla.

Pude haber estado de camino a la mañana siguiente. Me senté en una banca la terminal del aeropuerto por casi dos horas, tratando de decidir si debía volver o no. —Vacilo, porque este es el momento que he estado temiendo—. no lo hice porque de repente pareció inútil. ¿Qué bien haría si podía encontrar la isla, pero no podía encontrar a Leah? Así que en lugar de volver a isla, empaqué mis cosas y me fui. Tomé el primer avión que salió. Y es por eso que vine aquí. Para decirles cuánto lamento esa decisión.

Bella luce como si fuera a llorar. O vomitar. O desmayarse. Edward tampoco ve muy bien; todo el color se ha ido de su rostro. Probablemente están recordando su primer día en la isla y cuán desesperadamente querían ver un avión volar en lo alto y aterrizar en la laguna. Edward alcanza la mano de Bella. no está llorando, pero tiene esa misma mirada en su rostro que Leah cuando Seth murió: conmocionada.

Sé que no hay nada que pueda decir que vaya a cambiar cómo se sienten, así que espero a que hablen.

—¿Estás bien, cariño? —le pregunta Edward a Bella.

Ella asiente, toma una respiración profunda y lo deja salir.

—Estoy bien —dice.

Edward comienza a hablar.

—Bella y yo tenemos esta filosofía. Ella me dijo una vez cuando estábamos en la isla, "Lo hecho, hecho está". Habíamos encontrado tu cabaña y el recipiente de plástico que usaste para recoger agua. Si lo hubiéramos encontrado antes, podríamos no haber bebido el agua del estanque, lo que significaba que no nos hubiéramos enfermado y habríamos estado en la playa cuando el avión de rescate sobrevoló por ahí. Hubo un segundo avión que sobrevoló después de que estuvimos en la isla por casi un año. Si nos hubiera visto, hubiésemos sido rescatados antes y Bella hubiera sido capaz de pasar tiempo con sus padres antes de que fallecieran. Pero esas cosas no pasaron. Lo hecho, hecho está. Difícilmente podemos culparte por una decisión de la cual no tenías idea que nos afectaría. Aun así ganamos, Jacob. Sobrevivimos y tenemos esta gran vida. Entiendo por qué viniste aquí y por qué necesitabas contarnos tu historia. Pero puedes dejarlo ir, ¿de acuerdo?

Creo que jamás he estado tan abrumado por una emoción en mi vida. No puedo hablar, porque estoy en peligro de romperme justo en frente de ellos. En su lugar, asiento y miro hacia otro lado, respirando profundamente. Cuando encuentro un poco de control, digo: —Volveré a la isla, para hacer lo que prometí que haría. Sabiendo por lo que han pasado, siento como si fuera la única manera para mí de cerrar el círculo. No me quedaré por mucho, sólo una noche, pero, ¿me preguntaba si podrías considerar venir, Edward?

—¿Aún está ahí? —pregunta Edward—. Pensamos que la isla había sido destruida durante el tsunami.

—Todavía está ahí. Contraté a un piloto que aceptó comprobarlo por mí, usando la información que había escrito sobre dónde está.

No dice nada al principio, pero luego mira a Bella y dice:

—Gracias. Voy a tener que pasar.

—Lo entiendo —digo—. Sólo pensé que tenía que preguntar.

El llanto de un bebé llena la habitación y me sobresalte porque es muy fuerte. Edward cruza la habitación y pone boca abajo el monitor del bebé que está en una mesita.

—Iré a ver cómo está —dice Bella. Se acerca a mí y me da un abrazo—.

Buenas noches, Jacob. Fue muy agradable conocerte.

Es tarde, y Edward me conduce a la puerta.

—¿Cuándo irás? —pregunta.

—Mi vuelo a Malé es en siete días. Mucho tiempo si quieres cambiar de opinión. El vuelo y todos los gastos serían por mi parte.

—Asustaría a Bella.

—Como he dicho, entiendo perfectamente.

—¿Volarás desde O'Hare? —pregunta Edward.

—Sí.

—Entonces, regresa mañana por la noche. Cena con nosotros de nuevo.

Invitaré a mi amigo, Ben. Estoy seguro de que le gustaría conocerte.

—De acuerdo —digo—. Lo haré. Gracias. Por todo.

Él asiente.

—Claro. Te veo mañana.


Edward

Más tarde, cuando Jacob se ha ido de vuelta a su hotel, entro en el cuarto de los niños. Bella está sentada en la silla y está meciendo a Piper, quien se sigue quejando. —¿Son sus dientes? —pregunto.

Bella asiente. —Probablemente. Tiene uno listo para asomarse. Le di un poco de Ibuprofeno.

Cruzo la habitación, me agacho cerca de la mecedora, y acaricio la cabeza del bebé. —¿Estás bien? —pregunto.

Asiente.

—¿Estás segura?

—Sí. —Parece frágil, como si fuera a romperse en un millón de pedazos en cualquier momento. Pero no hará, es más fuerte que eso.

—Eso fue difícil de escuchar —digo.

—Si —dice—. Le tomó mucho valor venir aquí.

Sé que Bella no culpa a Jacob, y que lo que le dije a él era verdad. Hemos pasado por el camino del "si hubiera" y hace mucho tiempo decidimos que no tenía sentido insistir en cosas que no podíamos cambiar. En el gran esquema de las cosas, nos consideramos afortunados. Pero Bella perdió más que yo mientras estuvimos en la isla, y apostaría a que está pensando en sus padres y en lo mucho que los extraña justo ahora.

—Sé que quieres regresar a la isla con Jacob —dice.

Abro mi boca para protestar, pero ella sacude su cabeza.

—Te conozco mejor que cualquier otra persona que haya conocido. Pude verlo en tu rostro, Edward.

Tiene toda la razón.

Sí quiero ir. Y esta vez quiero llegar e irme bajo mi propio poder, no ser hundido en el océano o ser arrancado de la playa. Quiero estar de pie en esa arena y saber que estoy ahí por mi cuenta. Quiero saber que mientras estoy ahí, Bella y los niños están a salvo en casa, esperándome.

—Ni una cosa fue por elección cuando estuvimos allí —digo—. Me gustaría estar en esa playa y saber que soy el que tiene el control esta vez.

—Sabes que nunca te impediría hacer algo que quisieras hacer —dice—. Creo que deberías ir con Jacob.

—Tú odias esa isla —contraataco.

—Sí, lo hago —dice—. Odio ese lugar tan hermoso e imponente que casi nos mató. Pero sin ello, no te tendría a ti. Y si quieres regresar, entonces ve. Tienes mi bendición.

Asiento, pensando cómo a menudo me doy cuenta que ella es la persona más extraordinaria que he conocido.

—Iré a la cama en un minuto —dice—. Arrullaré a Piper.

Piper ha dejado de agitarse y ha vuelto a dormir. Pero sé que es la manera de Bella de decirme que necesita estar a solas con sus recuerdos por un poco más de tiempo, así que las beso a ambas y digo—: Está bien.


Jacob

Estoy sentado en la sala de Bella y Edward la siguiente tarde cuando el timbre de la puerta suena.

—Ese probablemente es Emmet —dice Edward abriendo la puerta y saluda a su amigo, entonces lo invita a entrar.

Me levanto de mi silla y cruzo la habitación en donde están parados.

—Este es Jacob —dice Edward.

Emmet da un paso hacia mí con una mano extendida. —Hola, soy Emmet. Es un gusto conocerte. Edward me contó tu historia. Eso es salvaje, hombre.

—Es un gusto conocerte también —digo.

—Tío Emmy —grita Harry, entrando a toda velocidad en la habitación y lanzándose a Emmet.

—Hola, Harryey Mouse. —Emmet lo levanta en sus brazos y le da vueltas—. has estado haciendo, pequeño amigo? —Sigue dándole vueltas, más y más rápido, y Harry está riendo tan fuerte que no puede contestar.

Bella pasa por aquí con el bebé en sus brazos. —Si vomita como la última vez que hiciste eso, tú vas a limpiar —dice.

Lentamente paran de dar vueltas y cuando Ben baja a Harry, el pequeño niño inmediatamente tropieza.

—¡Otra vez! —dice Harry.

—No puedo —dice Emmet—. Si vomitas, tu mamá va a estar cabreada conmigo. No le digas que dije cabreada enfrente de ti, ¿De acuerdo?

—¡Cabreada! —grita Harry.

Nessi camina hacia Emmet y le entrega una taza de plástico. No pierde un latido y pretende que lo bebe hasta el fondo. —Gracias, Ness. ¿Puedes darme otra? —Se aleja yendo a su cocina de juguete, la cual está en el rincón de la sala.

Bella vuelve a entrar a la habitación. —La cena está lista. ¿Quién quiere un taco?

—¡Yo! — gritan los niños, y los seguimos a la cocina.

Luego de la cena, Edward me dice que le gustaría volver a la isla conmigo si la oferta sigue en pie.

—Claro —digo. Estoy sorprendido porque no había esperado oír esas palabras—. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

—Bella —dice Edward La mira y ella le devuelve una sonrisa, y tengo la sensación de que probablemente había más que eso ahí. Edward pone su brazo alrededor de ella y la cabeza de Bella cae en su hombro.

Emmet se inclina hacia mi silla. —Siempre han sido realmente emotivos. Te acostumbrarás —dice.

Edward comienza a reírse. —Mira quién habla. Si Rosalie estuviera aquí, estaría en su regazo justo ahora.

—Malditamente cierto —dice Emmet. Me mira—. Rosalie es mi prometida. Vamos a casarnos en unos meses. Deseaba venir esta noche, pero tenía que hacerse cargo de algunas cosas de la boda. Esa chica se ha vuelto la mayor Noviecilla. Pero no me importa porque la amo.

—Felicidades —digo.

Bella se pone de pie y empuja su silla. —Voy a poner a los niños en la cama y entonces iré a leer al dormitorio. Los dejaré hablar.

Edward también se levanta. —Te ayudaré con ellos. —Se detiene enfrente de la alacena, la abre, y saca una botella de whisky—. ¿Jacob? —pregunta.

—Seguro —digo.

Bella cruza hacia el refrigerador. —Compré algo de cerveza, Emmet.

—Tomaré whisky —dice.

—¿Estás seguro? —pregunta Bella—. Porque conseguí Bud Light. —Está sonriendo y suena como si estuviera provocándolo. Saca una botella de cuello largo y lo levanta—. Pasé por algunas en las tienda el otro día, sólo para ti.

—No, estoy bien —dice.

—Quédate aquí, Edward Puedo controlar a los niños. —En su camino fuera de la cocina, Bella le da un beso prolongado. Emmet señala su mejilla y aclara su garganta, y se ríe y le da un rápido beso.

—Tu esposa acaba de besarme. Probablemente querrás mantener un ojo en ambos.

Edward saca tres vasos y destapa la botella. —No estoy ni remotamente preocupado —dice con un resoplido, sirviendo el whisky en los vasos.

—Eso duele, hombre —dice Emmet, riendo—. Eso de verdad duele.

—Lo que quiero saber —digo dos horas después—, es ¿cómo es que mi casa era una choza, pero tu casa era una casa? —Ésta pregunta me golpea como algo gracioso, pero probablemente es porque el nivel del whisky en la botella está bastante más abajo que antes.

—No me malentiendas —dice Edward —. Tu casa era excelente. Realmente bien hecha. Pero el calor y la humedad no perdonan cuando se trata de madera. —O colegas, podría añadir, pero no quiero bajar el humor de todos—.

Algo de esa madera se encontraba bastante podrida. —Toma otro trago—. No se veía tan bien como recuerdo cuando la encontramos. —Levanta la botella y sirve más whiskey en mi vaso—. ¿Por qué la construíste en el bosque, de cualquier manera? Jesús, las ratas.

—Pensé que los árboles me darían un poco de protección de las tormentas, y lo hacían. Siempre me preocupé de que uno pudiera caerse en la casa, sin embargo.

— Edward me dijo sobre las arañas grandes —dice Emmet.

—Arañas marrones —digo—. Espeluznantes como el infierno.

—Cierto —dice Edward, inclinándose para chocar su vaso con el mío.

—¿Te parece bien dormir en la playa? —pregunto, dirigiendo mi pregunta a Edward

—Seguro. No será la primera vez.

—Voy a viajar ligero. No planeo llevar una tienda de campaña. Sólo una lona y una bolsa de dormir. Suficiente comida y agua como para veinticuatro horas.

—Estoy bien con eso. El chico de ciudad por allá es quien necesitaría materiales de lujo para acampar —dice Edward —. Trabaja en un banco. Usa una corbata todos los días. Toma lattes.

—Amo mi trabajo —y los lattes— así que te puedes joder, Cullen —dice Emmet. Pero le sonríe a Edward, y puedo decir por su tono que bromea. Bien por él.

Trabajo estable, una chica que ama. ¿Qué más podría querer?.

—¿Por qué no vienes con nosotros? —pregunto.

—¿Yo? —dice Emmet.

Seguramente piensa que el whisky es quien habla, pero soy sincero. —Seguro —digo—. ¿Tienes pasaporte?

—Sí —dice Emmet.

—¿Puedes conseguir días libre?

—He conseguido algunos días de vacaciones y no le he mencionado a Rosalie, pero sólo porque me sentía asustado de que me haría usarlos para algo de la rara boda de mierda de la cual no quiero ser parte.

—¿ Edward?

—Sería genial si Emmet viniera con nosotros —dice.

—Bien, entonces. Está decidido —dice Emmet—. Rosalie posiblemente va a explotar, pero va a recapacitar.

—Salud —digo, y levantamos nuestros vasos.

—¿Por qué estamos brindado? —pregunta Emmet.

—Por regresar a casa a salvo —dice Edward, y los tres tomamos nuestras bebidas.


Edward

Le digo a Emmet que se quede en el estudio y le doy a Jacob el sofá de la sala de estar. Nadie realmente insiste, pero ninguno debería manejar, tampoco.

Apago las luces y cierro, luego me dirijo al pasillo. Nessi duerme boca arriba, sosteniendo su manta favorita. Meto sus mantas a su alrededor y voy a la habitación de Harry. Se despierta al poner su osito de peluche nuevamente en sus brazos. Aturdido, me mira y dice: —¿Puedo tener un poco de agua, papá?

Camino a la cocina y lleno un vaso infantil con agua. Al entregárselo toma unos sorbos y cae de vuelta a dormir. Piper está acostado sobre su estómago, su pequeño trasero de pañales sobresaliendo en el aire. La cubro, igualmente, a pesar de que no servirá de nada. Acaba de patear la manta de nuevo.

Después de revisar a los niños, voy a mi habitación, muy feliz de ver que Bella se encuentra despierta. Cierro la puerta tras de mí.

Está acostada en la parte superior de las fundas, sostenida por un par de almohadas, y todo lo que lleva puesto es una camiseta con tirantes finos y un pequeño conjunto de ropa interior negra. Marca su página y luego deposita su libro sobre la mesita de noche, y me sonríe.

Me quito la ropa —del todo— y me uno a ella en la cama.

—Sabes a whisky —dice cuando la pongo en mis brazos y la beso. Pasa sus manos sobre mi pecho, dejando la deriva baja, lo que me hace aún más feliz—. Me gusta tu sabor. Bésame otra vez.

Y lo hago. Además le quito la camiseta y corro mis dedos suavemente en su piel. Deja escapar un suave suspiro. Es siempre hermosa para mí, pero se ve especialmente hermosa en este momento, porque puedo ver, sentir y escuchar lo que mi contacto provoca en ella.

—Te necesito —digo.

—Soy tuya.

Sé que está a menudo cansada, y que perseguir tres niños la desgasta, pero muy rara vez me dice que no. Todavía le preocupa que el cáncer regrese, y me comentó una vez que consideraba un regalo cada vez que hacemos el amor.

Para mí igual. Pero no porque no haya nada de qué preocuparse por mi salud.

Es porque eligió esta vida conmigo, y sé lo afortunado que soy.

Le saco la ropa interior, deslizándola lentamente, y empiezo a tocarla.

Ella gime y me dice que se siente bien, que no me detenga. Me encanta la forma de entregarse a mí por completo, nunca frena.

—Ahora —dice, tirando de mí para poder deslizarme dentro de ella. Se siente tan bueno como siempre es, y no pasa mucho tiempo antes de susurrar en su oído, gimiendo, diciéndole que la quiero.

Estoy cerca, pero espero hasta que se aprieta a mi alrededor y no me detiene. Se aferra con fuerza y dice mi nombre reiteradamente mientras nuestras respiraciones y movimientos se ralentizan.

Podía escucharla decirlo para siempre y eso no sería suficiente.

El día que estamos saliendo para las Maldivas, Rosalie y Bella van con nosotros a O'Hare. Dejamos a los niños en casa de mis padres y después de asegurarle a mi mamá otra vez que nada saldrá mal, y que voy a estar en casa antes de que se den cuenta, regresamos al auto.

Rosalie está inusualmente callada, lo que Emmet susurra es una mala señal.

—En realidad, significa que está a punto de trastornarse —dice, por lo que está haciendo todo lo posible por calmarla—. Está bien, Rose —le oigo decir—.Estará bien. No te preocupes. Quiero decir, en serio, ¿cuáles son las probabilidades?

Bella se sienta en el asiento del pasajero y está un poco callada, también.

—¿No estás preocupada, verdad? —le pregunto.

—Tal vez un poco.

—Sabes que hemos tomado todas las precauciones.

—Sé que sí.

Antes de que pasemos a través de la seguridad la beso en despedida. —Te amo. Te extrañaré a ti y a los niños. Estaré de regreso pronto.

Ella me besa en respuesta con todo lo que tiene. —Cualquier otra cosa no es una opción, Edward.

Emmet y Rosalie están ceñidos en un abrazo, como si tuvieran miedo de que nunca se volvieran a ver otra vez. Jacob y yo esperamos pacientemente hasta que le recuerdo a Emmet que si no termina pronto, nos hará llegar tarde a todos.

Bella despega a Rosalie de él, sugiriéndole que vayan a tomar un café, y nosotros tres, finalmente, nos dirigimos a la seguridad.

Es la misma ruta que Bella y yo volamos cuando tenía dieciséis años de edad: de Chicago a Alemania y de Alemania a Sri Lanka y, finalmente, a Malé.

Ya han pasado más de diez años, pero de alguna forma se siente como si fuera ayer. El viaje va sin complicaciones esta vez, sin embargo, y me digo que es una buena señal.

Cuando aterrizamos en las Maldivas y salimos a tomar el transporte a la terminal de hidroplanos, el calor trae recuerdos fuertes de nuevo. La presión de aire caliente húmedo baja sobre mí, y se siente un poco asfixiante.

—Jesús, hace calor. Creo que hasta mi pelo está sudando —dice Emmet.

—Probablemente lo hace —le digo.

El piloto del hidroavión parece el polo opuesto de Harry Forrester. El capitán Harrison Bradley es joven y está en forma y nos cuenta que es de Canadá. Bajo la mirada. Además, usa zapatos.

Abordamos el hidroavión y nos abrochamos el cinturón. No es que tenga problemas para volar, y Bella y yo hemos estado en aviones juntos en varias ocasiones desde que volamos en ese Learjet alquilado que nos llevó a casa después de haber sido rescatados, pero hay una ligera sensación de malestar que no puedo sacarme cuando volamos sobre el mar abierto.

Cuando el piloto nos avisa que nos estamos acercando a la isla veo por mi ventana. La vista aérea de la isla me fascina porque es raro verla desde arriba. Es raro estar viéndola en absoluto.

El aterrizaje se siente surrealista para mí, y probablemente para Ben, también, pero por razones completamente diferentes. Ninguno de nosotros ha estado nunca en un avión que aterrizó en una laguna, es muy diferente de estrellarse en el océano. No hay muelle, así que saltamos del avión en el agua poco profunda, nuestros bolsos colgados sobre nuestros hombros.

Además de nuestros sacos de dormir y bolsos marineros, traemos cada uno varias botellas grandes de agua, algo de comida no perecedera, y nuestros teléfonos celulares. El capitán Bradley nos dijo que, debido a los avances en la tecnología, más notablemente de las torres celulares, nuestros celulares probablemente seguirán funcionando. Enciendo el mío y exhalo cuando veo que la señal es buena y fuerte.

—Regresaré en la mañana —dice el capitán Bradley—. No puedo volar en la oscuridad, pero ustedes estarán bien durante la noche. Sé exactamente dónde se encuentran.

Le damos las gracias y camina de nuevo en el agua, dirigiéndose hacia el hidroavión.

Recuerdo lo que le dije a Bella cuando le dije por qué quería volver aquí.

Cómo quería estar en la playa y sentir como si estuviera en control.

Pero no me siento como que estoy en control en lo absoluto.

Siento que la única razón por la que estoy vivo de pie en esta playa de nuevo es debido a la suerte, o el destino, o como quieras llamarlo. No me siento invencible. Me siento vulnerable, impotente. Mis latidos golpean mi pecho y trago duro. Nunca he tenido un ataque de pánico en mi vida, pero me preocupa que pueda estar a punto de experimentar el primero.

—¿Estás bien, amigo? —pregunta Emmet.

No quiero que Jacob y Emmet piensen que no puedo manejar esto, aunque no estoy seguro de que realmente pueda. Así que tomo unas cuántas respiraciones profundas y me calmo. Pienso en Bella, saludable y feliz. Los niños. Nuestra casa. Todo lo nuestro.

—Si. Estoy bien —le digo—. Vamos a hacer esto.

Jacob se vuelve y le da una señal al piloto, y mis latidos oscilan una vez más cuando veo el hidroavión despegar y volar.

Caminamos por la playa primero. Se ve tan familiar. Misma costa. Misma agua azul clara. Mismo peligro, si no tienes cuidado. Me quedo ahí, arena blanca bajo mis pies, y siento la brisa del océano. Jacob señala el arrecife. —La salida de allí es donde vi el tiburón ballena. Eso es lo que Seth estaba tratando de hacer el día que murió. Ver si él podía localizar uno, también.

Después de la playa nos dirigimos hacia el interior. Es tan escarpado y húmedo como lo recuerdo. No hay rastro de ninguna de nuestras casas, pero Emmet nos muestran la ubicación general donde Jacob construyó la suya. Es difícil ser exacto porque la vegetación de la isla parece ser más densa que nunca.

Nos toma una media hora encontrar la cueva. No debería ser tan difícil de encontrar, pero la apertura está realmente bloqueada esta vez y requiere un poco de excavación el limpiar los restos de plantas. —¿Eso es todo? —pregunta Emmet.

Jacob asiente. —Sí.

—¿Él todavía está ahí? —pregunto.

En el vuelo, Jacob mencionó que estaba preocupado por el tsunami desplazando el cuerpo. Tal vez el agua había llenado la cueva y cuando retrocedió tomó los huesos del mismo.

—Solo hay una manera de averiguarlo —dice.

Jacob ha traído una pequeña linterna, la saca de su bolsillo y se acuesta en el suelo, avanzando poco a poco. Sigue adelante hasta que la única cosa sobresaliendo de la cueva son sus zapatos.

—¿Y bien? —grito.

Tengo mi respuesta cuando se retuerce y coloca el cráneo en el suelo a mis pies. Me agacho, recordando el día cuando lo encontré por primera vez.

Cómo me pregunté a quién pertenecería. Lo que le habría pasado a él o ella.

Jacob se levanta, quitándose la suciedad de las manos, y se limpia la cara con el antebrazo. —Parece que todos los huesos están allí todavía. Voy por mi bolsa.

Emmet y yo ayudamos a Jacob a recuperar los huesos de la cueva. En algún punto, los tres estamos metidos en la entrada de la cueva lado a lado. Emmet sostiene la linterna mientras Jacob y yo palpamos alrededor, asegurándonos de que no estemos dejando ninguna parte del esqueleto detrás.

Colocamos los huesos en una bolsa extra-grande de lona que trajo Jacob.

—¿Ahora, qué? —pregunto—. No puedes llevar un esqueleto en un vuelo comercial, ¿o sí?

Jacob sacude la cabeza. —Los restos serán enviados por la funeraria

Local en Malé, ya me he puesto en contacto con ellos para arreglarlo. El capitán Bradley ha acordado transportar los huesos a tierra firme por mí.

Palmeo a Jacob en la espalda. —Se terminó. Hiciste lo que venías a hacer.

Cuando el sol baja le digo a Emmet que mire el cielo. —¿Por qué? — pregunta.

—Ya verás. —No pasa mucho tiempo para que Emmet lo vea, porque los murciélagos llenan el cielo, bloqueando la luz de la luna.

—Santa mierda —dice—. Tiene que haber cientos, tal vez miles. ¿A dónde van durante el día?

—No lo sé —digo—. No creo querer saberlo.

Construimos una fogata en la playa y comemos los alimentos que llevamos con nosotros: patatas fritas y carne seca y galletas y sándwiches de mantequilla de maní.

—¿Por qué no habías venido por los huesos antes? —le pregunta Emmet.

—Tenía que estar en paz con el hecho de que este sería el lugar de descanso final de Seth. Algo así como aquellos escaladores que mueren en el monte Everest. Sería mejor bajar los cuerpos, pero no son de fácil acceso y la gente los trata con respeto, así que se quedan. No tengo acceso regular a Internet… he estado fuera de línea durante años y realmente no lo extraño… pero hace unos meses tuve la oportunidad de usar un ordenador. Busqué en Google las Maldivas por capricho, de verdad. Había pasado bastante tiempo aquí que sólo estaba curioso. Pensé que vería lo que estaba pasando. Nunca esperé descubrir las cosas que hice. Leí sobre Edward y Bella, y lo que les había sucedido. He leído todas las historias de la noticia, que se remonta a través de páginas y páginas de cobertura sobre el accidente y el rescate. Uno de los enlaces que me llevó a una noticia que menciona el esqueleto que habían encontrado, y cómo le habían contado a la policía sobre él después de su rescate. Sabía que el lugar de descanso de Seth ya no estaba tan seguro como pensé que estaría. Si Bella y Edward podían haberlo encontrado, existía la posibilidad de que alguien más pudiese hacerlo, también, algún día. Así que aquí estamos.

Ninguno de nosotros dijo nada durante un rato. Miramos fijamente el fuego, y escucho el choque de las olas. —¿Qué pasó con tus socios de negocios, Jacob? —le pregunto.

—Los busqué, también. Tenían una de las salidas en la bolsa más grandes del país. Pero nunca invirtieron en su producto o ganado suficientes ingresos para compensar sus gastos. Cuando la burbuja estalló, el precio de sus acciones se derrumbó y solo valían unos centavos de dólar. Fueron a la bancarrota a principios de 2001.

—Vaya —le digo—. Supongo que fue algo grande.

—Supongo que sí —dice.

Más tarde, cuando Jacob se ha quedado dormido, Emmet se vuelve hacia mí y dice—: ¿Es difícil para ti? ¿Estar aquí?

He estado acostado sin poder dormir, contando mentalmente los minutos en que el hidroavión volverá, tratando de darle sentido a todo. —Tengo todos estos recuerdos, Emmet. Todas estas imágenes y sonidos y olores inundando mi sistema, y ninguno de ellos se siente bien. Pensé que me iba a sentir invencible si volvía aquí, pero no. Todavía me siento impotente. Quiero ir a casa, de vuelta con Bella y los niños.

—Lo entiendo —dice—. Pero estés o no de acuerdo conmigo, le pateaste el culo a esta isla, Edward No hay muchas personas en el mundo que puedan pasar a través de algo como esto.

—Te sorprenderías de lo que la gente puede hacer cuando no tiene otra opción, Emmet.

—Tal vez sea así. Pero yo no soy el mejor amigo de alguno de ellos.

—Gracias por venir conmigo —le digo.

—Cuando quieras.

Por la mañana, uso mi teléfono para tomar fotos para poder mostrarle a

Bella y a mis padres lo que he visto, cómo luce la isla ahora. Las imágenes mostrarán un lugar que es impresionante y hermoso, pero muy engañoso.

Y cuando el hidroavión aterriza en la laguna, soy el primero en subirme.


Hola a todas como pasaron este fin de año todas, bueno como ven un nuevo capitulo ya el viernes terminamos con la adaptacion como habia comentado en el grupo de facebook estoy preparando la siguiente dapatacion para el blog y para la pagina de fanfiction asi que mañana en martes de adelantos del grupo de facebook Elite Fanfiction se subiran las sinopsis asi que esten pendientes gracias todas por sus comentaros nos vemos el miercoles.