¡Y llegamos a la acción!
Mañana, por el Día de los enamorados, habrá un capítulo más, espérenlo mañana; es una sorpresa. ¿Una pista? (bueno…), ¡Hagan sus apuestas!
¿Qué piensan que sucederá? (A estas alturas deben imaginárselo) El capítulo siguiente dará una vuelta de tuerca. Léanlo mañana. Gracias.
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Infalible Youko
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Shuichi Minamino dejo el mundo mortal cuando Youko tomo el control y se fugó al Makai, entregado a la idea de entrenamiento y perfeccionamiento de sus destrezas en el arte de la Naturaleza.
Reconoció, no sin rencor e indignación, que había perdido la costumbre cuando lo ataco la corrupción de muchas criaturas sin madurar del Makai, lo que las hacia veleidosas. En el mundo de los demonios no existía una autentica vida ecológica. Era un terreno marcado, entre perseguidores para atraparlo y exterminarlo, así que se forzó a sí mismo a la mejora de sus habilidades.
Actuar en el Makai era muy diferente a actuar en el mundo de los humanos, teniendo a tantos perseguidores de ambos mundos. Le daba otro matiz muy diferido al asunto. Tenía que estar preparado. No descartaba que pudieran ser vigilados los lugares cuyos tesoros el ambicionaba, pero la sorpresa del siglo sería que no lo haría en el mundo demoníaco.
Reconociendo que necesitaría apoyo y compañeros en su obra, por más que fuera en un lugar de humanos y las posibilidades de que lo advirtieran en el sitio exacto fueran escasas, se presentó ante un grupo de bandidos de la clase que requería, muy temerosos y desconfiados. Necesitaba solo de fuerza y resistencia.
- ¿Cómo te atreves?- le reclamo en una mueca horrible el líder de la banda- Oímos lo que hiciste, maravillosa obra, de no ser que dejaste a tus compañeros como basura a los detectives.
Shuichi le había dicho que eso sucedería. Youko y el habían pensado en conservar algunos compañeros, los que se hubieran salvado y resistido, pero la inesperada intervención del Detective Espiritual y el maestro del Jagan no les dio tiempo para reparar en la suerte de la compañía. Mucho menos cuando la vida del humano Minamino fue amenazada.
- Los demonios de clase son…Fuertes por algo, ¿no? ¿Y cómo lo son? ¿Venciendo a cientos de su misma especie? ¿Presumiendo dotes mejores que otros?- les dijo en tono persuasivo y encantador, cruzándose de brazos, despreocupado de cómo lo miraban los bandidos. En un chasqueo de dedos podía matarlos a todos si no los necesitase- No. Deben demostrar su valía en una grandiosa escena, en el mejor escenario, para oír su nombre de boca en boca, como sucedió conmigo. Gracias por la presentación (Sonrió cínicamente) ¿No quieren ser conocidos por estar de parte del ladrón jamás atrapado, sin expediente de fracaso en sus hurtos organizados? Piénsenlo, llevando mi nombre aumentaran su valor en este sitio degradado de supuestos triunfadores. ¿O es que acaso son solo simples demonios, incapaces de seguirme y obedecerme? ¿Cobardes que morirán por la "dignidad" de hacerlo por ustedes mismos?
El líder de la banda reacciono con furia ofendida, pero no actuó con violencia, pues se conocía la reputación del zorro. Su pandilla veía a Youko como una aparición religiosa que les ofrecía oportunidades de triunfo, por más que por ellos pudieran morir. El líder sintió la presión de sus compañeros. Si no hacía algo se le vendrían en motín y contra su gusto decidió encarar al ladrón, asqueado de sus métodos de persuasión.
- ¿Qué…Que tienes en mente?
Youko rió. Le generaba gracia el miedo del demonio insignificante, que solo hablaba a favor de que nadie le lastimase. Patético.
- Oh, algo no uno muy grande, pero tiene una recompensa magnifica. Les daré mucho más de lo que consiguieron con sus métodos de ladrones aficionados- Youko los ignoro como si fueran la peste y tomo un cofre que contenía joyas, colmillos, alguna pierna amputada y tatuada con signos abstractos y varias cadenas. Jugo con ellos con sus manos, sin el recato mínimo de respeto.
- ¿Será…muy importante como para que hablen de nosotros?
- No lo creo, es decir, seguro que no lo entenderán al principio, pero cuando las piezas se unan… Comprenderán y aplaudieran por el robo más trascendente de la historia.
Los bandidos se sintieron seducidos. Youko reconocía la malicia y la avaricia en cualquier ojo.
- ¿Aceptan seguir mis mandatos?- acaricio el cofre antes de ponerse de pie y enfrentarlos- Los guiare, pero no los cuidare, idiotas. Esfuércense en ser mejores de lo que son ahora, porque quiero gente fuerte. Este será un ataque perfecto. Tengo un plan. Un plan medido a todo detalle, calculado hasta en este mismo momento, solo deberán aceptar ser mis ayudantes en mi nuevo proyecto. No obstante…- Miro con seriedad al ex-líder. Veloz, acerco sus largas uñas al fuerte mentón este, rasgándolo y dejando un pequeño corte en el- Necesitaría que mejorasen no solo en maniobras para pelear. Quiero obediencia.
El líder asintió, con odio y rencor, mientras su gente subía los brazos, entregando un general apoyo.
- Me gusta eso- murmuro Youko, tranquilo- Hay que usar a los suicidas para algo- pensó con crueldad.
Así fue como consiguió gente para su siguiente gran robo. Sabía que necesitaba también la ayuda de los humanos, de esos expertos en tecnología, porque el lugar a asaltar era un museo famoso y tenía muchas medidas de seguridad, que para unos demonios no serían problema pero Youko quería discreción y sigilo, por lo menos hasta la hora indicada.
- ¿A plena luz del día?- le dijo sarcástico Shuichi en su interior- ¿Qué discreción hay en eso?
- Tú lo sabes. La provocación. Robar algo en el mundo humano por el día…Será divertido.
Kurama lo miro con ferviente queja.
- Más te vale no usar a los humanos como tu escudo. ¿Cómo conseguiste a esos hackers?
- Tenemos la misma mente. ¿Es realmente esa tu pregunta? Y a tu comentario sobre protegerme con humanos: eres un estúpido.
Su yo humano reclamo de nuevo. Se aburrió y observo las semillas que había tomado de su cabellera plateada en su mano. Necesitaba varias por si acaso lo descubrían antes.
- Pronto, seré leyenda. El ladrón de más victoria... Nadie puede quitarme esto, ni siquiera tú, Shuichi. Esto es solo mío.
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Durante quince minutos todo se resumió a una aburrida y sofocante calma… lo que sucedió al final de ese tiempo de espera, a modo estruendoso, lo despertó, en alerta.
Tomo su katana. Estuvo a punto de desvainarla cuando se encontró solitario, sin señal alguna de demonios impertinentes a su alrededor. El molesto estrépito que había escuchado provenía del edificio de enfrente. Se puso de pie y camino sobre la azotea.
Sus ojos carmesí observaron impresionados como la estructura gris e imponente del museo de Tokio era devorado desde adentro por lo que parecía una gran planta carnívora. Las paredes y todas las formas de escape estaban bloqueadas o siendo destruidas a causa de las grandes enredaderas y los fuertes tallos verdes de la flor que entreabría sus pétalos y rugía como animal hambriento. Aquella creación del ladrón era mucho grande que el propio museo, cual era más ancho que alto. Se preguntó cómo haría la Defensa del Rekai, escondidos en puntos estratégicos, para impedir que media ciudad viera tal espectáculo. Ese no era su terreno, después de todo.
Desde su posición, en el tejado más alto que encontró, pudo ver a Urameshi, recién llegado, y a los soldados de la protección del Mundo Espiritual, como también a algunos humanos vestidos de uniforme, buscando una entrada al edificio que se había convertido en el jarrón inestable de la furiosa flor. Sonrió ante la comparación.
- Ya. Es hora- se dijo, quitándose la venda de su Jagan. Usaría lo que tenía contra ese zorro; se lo merecía, procuraría que fuera rápido esta vez, para no darle tiempo a escapar de nuevo o pensar y, por sobre todo, para que nadie de las fuerzas del Rekai lo detuviesen.
Estaba incumpliendo el trato, lo sabía. Sin embargo, Hiei no dejaría que ese zorro ladrón tuviera ventaja sobre él, ni que lo creyese por un instante. Solo le permitía a Kurama ser su debilidad.
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Luego de dos semanas de arduo entrenamiento y tres días de planificación calculada, Youko y su nueva banda estaban a la entrada del museo. El escándalo ya se había propagado con su aparición y sus fisonomías sobrenaturales nada amigables frente a los ningen. Uno de la banda amenazo a los empleadores y estos, temerosos y sorprendidos, abrazaron el suelo.
- ¿Nos llevamos a algunos de alimento?- Deseo saber el segundo al mando. El líder de la banda había sido degradado ante un látigo de espinas días atrás.
- Primero, el plan. Luego, hagan lo que quieran.
Youko llevo una mano a su cabellera y de ella saco cinco semillas negras que arrojo a la entrada del museo. Los demonios cerca de él esperaron a que algo sucediese, pero la espera no sirvió porque nada pasó.
- No se acerquen a más de diez pasos. Si alguien desea intervenir, ellas se encargaran.
Estaban adentro. Las paredes y la estructura eran justamente iguales a los planos que esos humanos con fama de hacker le habían dicho que sería por un plano interno del edificio.
- Es…Extraño tanto sigilo, tratándose de humanos,…jefe.
Youko se giró. Quien le hubo hablado era uno de los pocos que estaban de parte del líder anterior. Creyó que su horror era mayor a su deseo de abandonar.
- No me importa quienes sean. Un robo debe hacerse con estilo, ¿no lo piensan así?- miro a su compañía, algunos asintieron y otros callaron. Se acercó a paso lento, casi amenazante, a quien le hizo el comentario- ¿Qué piensas de mi plan? Cuéntame. Me interesa la opinión.
- Es que…Es raro…Son humanos que no pueden hacer nada…Y, y, hace un tiempo lo vi a usted entre los buscados del Makai, lo…
- ¿Lo que prueba mi reputación?
- Su…Su peligro- tembló el sujeto. Youko hizo una mueca, lo que le puso aún más nervioso- Y que…Ha escapado solo, siempre…Solo.
- ¿Estas insinuando que los dejare en el camino?
- ¡No!- exclamo el demonio, solo porque sintió la mirada de Youko sobre él. Dio un paso atrás, aterrorizado. La ruda mirada áurea de su nuevo jefe le hizo retroceder de nuevo.
El Demonio Zorro negó lentamente con la cabeza, sereno.
- Los tiempos cambiaron, eso no significa que debamos perder los principios. Somos rufianes, sí, pero tenemos reglas- rozo con sus uñas la mejilla derecha del novato que temblaba frente a él. La banda observaba con temor y expectación lo que ocurría- Todavía tenemos honor, sentimos respeto, estamos juntos para sobrevivir, ¿no es así?- Cerro la mano a un costado del rostro del hombre y se dio la vuelta.
Un grito desgarrador se dejó escuchar. Una semilla en el suelo se transformó en un cúmulo de cañas color rojo de cortantes extremos. Estos dieron en la espalda del principiante, penetrándolo como lanzas, lanzándolo al suelo. Cumplido su deber, las criaturas regresaron a su inofensiva forma de semillas, cubiertas de sangre.
La banda estupefacta miro a Youko, que ante tal atrocidad tenía los ojos levemente cerrados y estaba cruzado de brazos, como resignado por algo.
- Uno menos- musito con indiferencia- Eso es lo que pasa cuando se acercan a mis hijas.
Suspiro y comenzó a caminar, con parsimonia, en dirección a donde se escondían los tesoros nacionales de Japón. La pandilla de youkai lo siguió, con más docilidad y horror que antes.
