En este día, yo les digo…

A las parejas, ¡Disfruten su día!

A los solteros, ¡Viva la Fiesta!

Y a quien me acompaño en este fanfic, gracias.


La hora del Caos.


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Comenzó la acción.

Por donde se viera, el museo de Tokio estaba rodeado, tanto de las fuerzas del Rekai como de policías humanos. Se pensó cerrar el perímetro cuando ya fue demasiado tarde. El museo se desmorono terriblemente desde adentro. Su techo fue violentamente atravesado por la cabeza de una flor viva y roja, provocando que pisos y montones de objetos cayeran a los que se encontraban en su interior y alrededores, además de descontracturar las cuatro paredes.

- ¡Serán malditos! Puedo sentir más de cinco usuarios de energía espiritual- exclamo Youko, sorprendido y rabioso- Esto me suena a emboscada.

- ¡¿Qué hacemos, jefe?!

- Lo que vinimos a hacer, idiotas. ¡Tomen lo que puedan!- los dejo, corriendo a un salón en específico.

- Lo sabía, los dejaras.

- Cállate. Esto es más importante que sus patéticas vidas- le dijo a Shuichi mientras corría. Llego a un gran salón atiborrado de la mitad de los tesoros históricos y culturales que atesoraba el edificio desde décadas, todos estaban recubiertos de cristales resistentes, ostentosos de su gran valor- ¡Látigo de Rosa!- de un movimiento serpentino, su látigo destruyo el resguardo de cristal de cada uno de los tesoros.

Las alarmas de seguridad quebrantadas se escucharon por todo el lugar.

Sus aliados aparecieron a la puerta, acercándose a él.

- ¿Es la señal, jefe?

- No- rugió- …Tómenlo todo. Pero, si encuentran un arcón de madera con detalles antiguos, dénmelo a mí- ordeno, mostrando los colmillos.

- ¿Esto, jefe?

Youko dejo en paz los tesoros nacionales de Japón al reconocer el objeto. Un demonio de piel escamosa sostenía lo que ambicionaba. Se lo quito de un empujón, haciendo que cayera al suelo. Utilizo una parte de su látigo para abrir la cerradura del cofre con cuidado. Vio su interior. Sonrió avaricioso.

- Ya, vámonos.

- Perfecto- Una enredadera que creció en su brazo tomo posesión de lo que había en el interior del cofre. Tenía que ser precavido y guardarla al cuidado de sus criaturas monstruosas- Es tiempo- Miro a sus compañeros en el delito- Nos vamos, llévense lo que consiguieron hasta ahora.

- ¿Cómo saldremos de aquí, jefe?

- Desde el techo.

Era un plan ingenioso. Con todos esos demonios robando aquellos tesoros de humanos, ni siquiera los profesionales del Rekai podrían relacionar sus posteriores robos con el actual. Otra ventaja de tener tanta gente. Sin embargo, ¿Cómo pudieron saberlo? A la hora y al momento exactos inclusive. Si había un espía entre sus hombres no se lo perdonaría, pero nadie mostraba los indicios culpables ni la seguridad de salir airosos de allí. ¿El Rekai consiguió a una pitonisa para anticiparse a sus movimientos? No, no lo iba a permitir, ni se los haría fácil.

Le importaba poco la belleza de un edificio histórico, él era un ladrón e iba a hacer lo suyo. No había diferencia, del Makai ni el Ningenkai, cuando se trataba de hacer su voluntad. El ganaría esta contienda.

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- ¡Reigan!

Un disparo de energía hizo a un lado las puertas del museo, dejando sin saberlo a un par de semillas curiosas desintegradas por el poder.

Atrás de Yusuke, lo seguían soldados de la Defensa Espiritual.

- La capitana está afuera. Espera la salida de los ladrones; los tiene rodeados- comento un soldado, entrando al lugar.

En el primer pasillo no había demonio alguno, a excepción de los destrozos causados y una multitud de ningen encerrados en Recepción, gritando de pánico y aterrorizados. De inmediato, fueron a su socorro.

Yusuke bufo.

- No creo. Ese tipo es muy inteligente. Mira que robar en este sitio, en el Ningenkai, o quiere ganarse la reputación de ser el primero en hacer tal locura o en serio tiene un plan.

- Nosotros no lo dejaremos escapar, como tu compañero.

- ¡Óyeme, tu! Ese zorro es legendario por algo, ha estado siglos robando y molestando, ¡y ustedes no lo han atrapado ni una sola vez!- exclamo Yusuke, dispuesto a defender el honor de su amigo. Al ver a aquel parlanchín bajar la mirada, abochornado por la verdad, se calmó- Bien. Tratemos de alcanzarlo antes que Hiei aparezca.

Un gemido doloroso se alzó junto a un grito. Yusuke salto por instinto y miro a todos lados.

Las semillas de cañas sobrevivientes reaccionaron a la entrada al vestíbulo, justo frente a los soldados.

- ¡Están vivas!

- ¿Cuántas como estas habrá en el camino?


Desde el primer momento, descubrió que la forma de vencer a la gran flor de carácter intratable era perforando su ojo interior. Fácilmente pudo haber saltado encima de ella, cuidándose de sus intentos por devorarlo y aplicarle el ataque de gracia con su espada en cuestión de un segundo. Menos que un segundo. Pero no tuvo tiempo…

En la terraza se aparecieron demonios de clase inferior; los compañeros de Youko que se habían adelantado. Con su Jagan, pudo ver que se traían consigo los tesoros de la nación.

- Vengan a mí- les dijo, con su espada en amenazante posición- Son basura que no quiero en mi pelea.


- ¿No piensas que pueden hacer inspección de los alrededores? No tendremos escape si descubren nuestro truco.

- ¡No lo creo!- El ruido exasperante de las alarmas aumento, tanto así como las criaturas que atrapaban a los inadvertidos que pasaban cerca de la gran flor (la Madre) en su camino de destrucción. Sus tallos se habían extendido- Estarán muy ocupados con nuestra hija gigante.

- ¿Por qué les has dicho que vayan al techo? Se expondrán. Imagínate lo que sucederá si no consigue resistir.

- No se ha rendido aun. No siento que este lastimada- verifico, corriendo por los pasillos destrozados. Se detuvo para tocar uno de los tallos vivos de la Madre- Todavía no la tocaron.

- ¿Estás pensando en subir al techo?... ¡Lo estás pensando!

- Recuerda que esta era la primera opción de escape. Si no podía resistir, usaríamos el recurso de afuera.

- No seas precipitado, te lo he dicho, ¡no pienses como si pudieras hacerlo todo!

- Este se ha convertido…- Soldados del Rekai lo encontraron y elevaron armas al reconocerlo- En…- Youko sonrió, despreocupado- ¡En mi territorio!

Quince segundos después, estaba subiendo al tercer piso con menos de quince soldados fuera de su lista de preocupaciones.


- No pienses que por eso te dolerá menos- le dijo, sin rastro de misericordia. Miro asqueado al demonio en estado de horror y bramidos de súplica- Aléjate de mí- De un veloz movimiento de su espada, el cobarde aliado del zorro cayó al suelo, cortado en pedazos- No merecen mi tiempo.

Conservo su espada, volviendo su atención al monstruo de boca carnívora que empezó a gemir hambrienta. Sus rugidos eran tan estridentes como para romperle los tímpanos a cualquiera. Hasta ahora, había cortado innumerables tallos pero continuaban creciendo. Sabía que debía ir a la cabeza pero la sospecha de que esa flor se regeneraba por obra de la energía demoníaca de su dueño lo detuvo.

Dentro del museo las cosas seguro debían de ser un caos. Odiaba hacer el trabajo de desechar a la basura yokai, así que se propuso a bajar al principal escenario.

Un tallo se le acerco amenazante, lo corto con su espada y miro de nuevo de frente. Sus ojos se ampliaron.

El ladrón del Makai estaba en la puerta.

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- Abandonas a todos y te quedas con lo quieres. No tienes remedio.

- Soy un demonio- le recordó a su otro yo, viendo la leve luz de la puerta entreabierta que daba a la terraza. Lo tenía todo planeado. Si todavía no derrotaban a la Madre flor, la usaría. Golpeo la puerta y se encontró con el cielo azul, los tallos gigantes de la Madre creando sombra…y un tejado convertido en laguna de sangre, con los cadáveres de sus aliados por el suelo.

Entre todo esa inmundicia estaba el Maestro del Jagan. No llevaba el uniforme de antes ni se escondía la cara porque quería enfrentar al zorro con su vestimenta oscura habitual, cara a cara, para hacerle saber que estaba allí por propia voluntad y no como obediente de las órdenes por las que antes se encontraron.

El Tercer Ojo en su frente desnuda lo descubría como el Maestro del Jagan y no solo eso porque Youko vio en el a alguien familiar.

Kurama reconoció a Hiei, imponente y brutal, con la katana en mano, y a sus ojos rojos mirándole con desdén violento.

- ¡Hiei!

Youko estaba tan pasmado como él.

- Esto debe ser una pesadilla…