Según el fic está ubicado en Japón, pero el ambiente es bien americano, lo siento ¡No puedo evitarlo! Espero que a pesar de esas te esté agradando, bella persona que lee:
Deku iba caminando detrás de Ka que ahora mantenía un inusual silencio. Al menos comparado con el poco tiempo que llevaba de conocerlo
–Uhmm, ¿Ex... Explosion? – Izuku tembló un poco la voz por la pena que le generaba llamarlo así – No sé mucho del tema, pero, se supone que las armas de categoría 4 no están permitidas… ¿Por qué puedes usar granadas?
Ka lo volteó a ver con tal enojo que Izuku no pudo evitar agachar la cabeza un momento. Cuando volvió a ver al frente el otro ya iba algo más adelante. Red Riot levantó los hombros acompañándolo en el sentimiento de no entender a Explosion en absoluto. Se ajustó la mochila que le habían encargado. Llevaba municiones y un botiquín. Red Riot también había tomado municiones, Ka solo se había reabastecido de granadas.
Observó la cabeza de Ka moverse constantemente de un lado a otro, vigilando. Su cabello se balanceaba ligeramente dejándolo saber que era más suave de lo que parecía en un inicio. Y entendía que algo estaba haciendo mal al prestarle más atención a la persona frente a él que a su alrededor de donde podría salir alguien para tratar de asesinarlo en cualquier momento. Pero no le era tan fácil apartar la mirada. Sentía como si hubiera algo que debía descubrir de él.
–Lo saben en base a cámaras de seguridad y sensores – empezó a hablar Ka de repente cuando ya iba otra vez a su paso. Izuku tardó un poco en entender de qué estaba hablando y que lo que hacía era contestarle. – lo único que tengo que hacer es que la onda expansiva de mis granadas no alcance el rango de un nivel 4. Está justo por debajo, lo preciso para mandarlos a la mierda sin activar las alarmas.
–BAM – dijo Red Riot moviendo las manos imitando una explosión. Luego se acercó a susurrarle, aunque no demasiado bajo porque las máscaras que ya se habían colocado amortiguaban bastante el sonido por sí mismas. – Él es nuestro científico loco, por si te lo preguntabas.
Izuku volvió a clavar la mirada en el hombre frente a él. Cada nuevo dato que lograba conseguir de él, parecía ser mucho más interesante y atrayente que el mero hecho de que se encontraba en medio de una masacre.
No avanzaron demasiado cuando Ka comenzó a asomarse entre las ranuras de las puertas. Solo una cuadra más enfrente hizo una exclamación de victoria y le indicó a Red Riot que abriera. No muy feliz con su tarea, el pelirrojo se acercó y sacó unos pequeños fierros con formas que Izuku no entendía y forzó la cerradura. Fue Ka quien entró y tardándose un poco, abrió la gran puerta metálica y dejó ver un auto negro. Era algo sencillo, pero aparentemente volvían a tener con qué moverse.
–¿Está bien que solo lo tomemos? – preguntó Izuku preocupado porque cada vez sentía que no eran más que solo participantes de la purga. Matando, aunque en realidad no mataban, robando, aunque era por una buena causa. En realidad, tras analizarlo, se arrepintió un poco de su pregunta. Él qué sabía. Ellos eran quienes habían decidido salir voluntariamente a salvar personas, y los habían salvado a ellos.
–Claro que sí, no te atrevas a creer que soy idiota, ya revisé que no tuviera ninguna jodida trampa.
Él ni siquiera se había planteado que un auto estacionado dentro de un hogar tuviera una trampa. Y, al menos, agradecía que Ka lo hubiera tomado de esa forma. Red Riot se encargó de encenderlo sin llaves y en esa ocasión, debido a que la distribución de los asientos lo hacía imposible, Izuku no subió al frente con ellos sino a la parte trasera.
Observó por la ventana el pasar de los edificios. La obscuridad monótona en la que se sumían. El arrullo del motor que lo invadía. Pensó en Ka y lo confiable que se veía su espalda.
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Izuku estaba caminando por el bosque que quedaba cerca de su casa, llevaba una pequeña jaula en donde metería todos los escarabajos que lograran cazar. Veía frente a él a un niño caminando que era quien llevaba la red y sería el encargado de atraparlos a todos. Izuku insistía: "Espérame, Kacchan" mientras el otro niño con su cabello rubio claro alborotado no dejaba de avanzar. Izuku sentía un deseo poderoso de alcanzarlo. De estar a su lado y quedarse con él a menos el resto de su vida.
Un golpe en la rodilla fue lo que lo espabiló.
–No te atrevas a quedarte dormido maldito Deku de mierda. – Explosion se había girado para alcanzarlo entre los asientos.
Izuku levantó la cabeza y observó su alrededor. Avanzaban en el nuevo auto que habían conseguido. Conseguido sonaba mejor que robado. Trató de reconocer las calles. No habían avanzado demasiado así que no pudo cerrar los ojos por más de unos cinco minutos.
–Está silencioso por aquí – dijo en voz alta.
–Estamos lejos del centro – le contestó Red Riot que una vez más era el conductor – las personas se reúnen allá así que conforme avanza la noche estas zonas comienzan a despejarse.
–De personas vivas – agregó Explosion. Izuku observó por la ventana en la misma dirección que él lo hacía y diferenció cuerpos que se extendían a lo largo de la calle.
Era un escenario aterrador.
Se movieron de esa forma un poco más. Ya estaban casi a las orillas.
–Red Riot – volvió a hablar Ka con un tono de voz diferente, que parecía más estar amenazando que otra cosa.
–Ya los vi. – le contestó este.
Paseando la mirada logró diferenciar una van blanca. Fueron de inmediato en su dirección. Ka sacó su cuerpo por la ventana, Izuku comenzaba a sospechar que disfrutaba hacer eso, y con una de las pistolas que llevaba en la cintura dio tres disparos, a la furgoneta se le reventó un neumático y empezó a moverse descontrolada serpenteando. Ka esperó con el arma apuntando. Cuando, por el movimiento que no podía dejar de hacer, la van le dio la oportunidad, Ka disparó una vez y el vehículo se estrelló contra la pared. No dudaba que le hubiera dado al conductor. De inmediato bajaron tres hombres de la parte trasera y uno del lado del copiloto. Ka les lanzó una granada que los lanzó a varios lados y ya no los dejó levantarse. En verdad parecía que era una explosión cualquiera. Pero, creyéndole al creador de todas las armas que llevaban, y debido a que no había ninguna alarma que les diera represalias, entonces era bastante increíble el cuidado y detalle que mantenía.
–Bastardos neutralizados – dijo entrando otra vez. Izuku apretó las manos, lleno de admiración. A pesar de su carácter que podía dar la idea de alguien meramente impulsivo, Ka estaba resultando ser alguien sumamente habilidoso. Era demasiado genial.
Se acercaron a la van y se fueron a revisar una vez que el humo se había despejado. Un hombre y una mujer atados estaban ahora inconscientes. Les quitaron las cuerdas y los acomodaron. Izuku creyó que los llevarían con ellos, pero Red Riot y Explosion, el último de una forma más grosera, le dijeron que no podían encargarse de más personas.
–Ya tenemos que cargar contigo – agregó Ka – más inútiles nos retrasarían. Así parecen muertos, y por aquí ya no hay tantas personas, los dejarán solos. Para cuando todos despierten la policía ya estará rondando las calles.
Izuku se preguntó si Ka estaría preocupado por dejarlos allí solos.
Volvieron a subir al auto. Red Riot le dijo que tenían conocimiento de tres eventos, por lo tanto, había al menos tres cazadores.
Se escuchó un grito proveniente de uno de los pisos del edificio junto al que iban pasando.
Luego otro grito. No era solo en las calles donde la purga se llevaba a cabo, dentro de los edificios siempre había personas que llegaban a alguna clase de límite. Las violaciones y robos se daban con más frecuencia en lugares cerrados. Izuku observó las ventanas deseando hacer algo al respecto. Ka abrió repentinamente su puerta obligando a Red Riot a frenar, se bajó y tomando impulso lanzó una granada con la fuerza y precisión suficientes para atravesar la ventana indicada. Luego de la explosión los gritos se detuvieron. En consecuencia, casi todas las luces del edificio comenzaron a encenderse pues, al tratarse de un lugar tan pequeño, el sonido y la vibración había sido mucho más exagerada. Cuando volvió a subir al auto, Red Riot avanzó con una sonrisa. Izuku no pudo evitar sonreír también.
Kacchan de verdad era impresionante.
Sacudió la cabeza al percatarse de que había pensado en él como Kacchan, algo sin motivo que ya le había hecho ver Red Riot. Sin querer profundizar en las razones prestó toda su atención al exterior. Estaban al lado contrario de donde Ochako y él vivían. Si giraba el rostro a la izquierda, por encima de los edificios diferenciaba la torre de Tokyo, apagada como nunca lo estaba. Gran parte de la ciudad desconectaba todo de los servicios eléctricos y de seguridad. Si las personas deseaban meterse, les dejaban el paso libre para que lo hicieran sin destruir la propiedad.
Sin ningún motivo en especial dio una mirada hacia atrás y descubrió otra van que se acercaba a ellos sin luces y en un silencio que debería ser imposible, pero a una velocidad considerable. Los siguientes pensamientos y acciones de Izuku se dieron sucesivamente en menos de un segundo: Los golpearían, esa camioneta iba a estrellarse en la parte trasera del auto en donde viajaban y por la rapidez a la que se agrandaba sabía que llevaba la fuerza suficiente como para que, contemplando también la resistencia de los materiales de ambos vehículos, destrozara toda la parte trasera y los empujara unos 30 metros antes de que se desviara. El asiento trasero quedaría destrozado junto con él.
En esa ocasión no llevaba el cinturón puesto. Pasó entre los asientos sorprendiendo a sus acompañantes, el golpe se dio antes de que cualquiera de los dos pudiera decirle algo. Izuku se estrelló contra el vidrio, aunque logró recibir el golpe con el brazo derecho manteniendo su cabeza a salvo. Se volvió a hacer hacia atrás sin diferenciar la ubicación de las cosas, temía que los hubieran vuelto a volcar. Red Riot giró el volante provocando que el mismo empuje los hiciera salir del frente antes de lo que había contemplado. La van se siguió derecho sin girarse a asegurarse de nada. Izuku sintió el movimiento debajo de él cayendo en cuenta que había terminado sentado sobre las piernas de Ka, quien rompió el vidrio con su codo desnudo y sacó el brazo por el espacio para tratar de dispararles, le reventó el vidrió de las luces traseras, pero la camioneta se fue girando en la siguiente calle.
–Mierda – dijo deslizando el brazo al interior otra vez.
Izuku giró a ver la parte trasera del auto, el vidrio y el metal se habían doblado hasta alcanzar los asientos delanteros. Definitivamente no había ningún espacio para mantenerse a salvo de haberse quedado ahí.
–Eso estuvo cerca, Deku – le dijo Red Riot que se había girado a ver lo mismo que él – tuviste una buena reacción.
Izuku asintió. El brazo le dolía horrores, pero como solo se había estrellado, no le había pasado más que golpes y raspones que era incapaz de ver por su ropa. Recordó entonces, todo de golpe, que estaba sentado sobre Ka y que este era tan violento que lo creía capaz de matarlo y decir que fue su culpa, y que él también había quebrado el vidrio, a parte del accidente que acababan de pasar, por lo que seguramente estaba herido.
Enredado en tratar de hacer algo respecto a todo, solo se removió ridículamente sobre sus piernas balbuceando disculpas que jamás lograron ser palabras y notando en la expresión de Explosion que se estaba enojando.
Eso hasta que notó la sangre.
–Estás herido – dijo firmemente. De soslayo se percató de que la mueca de burla que Red Riot tenía por su comportamiento había mutado a una de preocupación de inmediato.
–No es nada – le dijo echando el brazo hacia atrás – quítate de encima.
–No puedes decir que no es nada – lo regañó Izuku tratando de ver su brazo, suponía que era específicamente en su codo, pero la sangre se había extendido rápidamente dando el aspecto de algo mucho más grave.
–Dije que no es nada, maldito Deku así que muévete, esa camioneta que acaba de irse-
–Sí es algo, Kacchan – le dijo sosteniendo su brazo con un poco más de fuerza y mirándolo directamente a los ojos, tanto como las máscaras se los permitían – estas herido y vamos a curarte.
Obtuvo silencio como respuesta. Red Riot bajó y rodeó el auto para abrir la puerta junto a ellos. Sin dejar de mirarse Izuku descendió dejando que el pelirrojo tuviera una mejor vista. Al final se terminó poniendo nervioso y apartando la mirada primero, analizó el que acababa de llamarlo Kacchan en voz alta. Ninguno estaba mencionando nada sobre eso y en verdad esperaba que así fuera hasta que todo acabara y no se volvieran a ver nunca, jamás.
Los miró a ambos otra vez debido a ese pensamiento. No lo había considerado, pero a esas alturas ya no tenía ganas de no volver a verlos nunca, jamás.
Ka salió del auto inservible con el brazo vendado, le dio una mirada a las gasas llenas de sangre que se quedaban y dirigió la vista al lugar por donde se había ido la otra camioneta.
–Necesitamos detener a esos bastardos que nos dieron. Ya desperdiciamos mucho tiempo jugando a las enfermeras, hay gente que podría estar herida.
–Necesitamos otro auto – dijo Izuku volviendo a ver la parte donde él pudo haber sido aplastado.
–Eso es, acabemos con los autos de la ciudad. – Red Riot levantó un brazo como si celebrara algo y luego se rascó la cabeza – No había ningún auto en la calle. Por estas zonas las personas no tienen esos lujos.
–Lo más certero que tendremos es la van que dejamos – dijo Izuku más para sí mismo, pero en volumen suficiente para que los otros lo escucharan –, pero Kacchan le reventó los neumáticos y no sabemos cómo la habrá afectado el estrellarse. Podemos tratar de avanzar, pero a pie no hay muchas posibilidades de que los alcancemos y aparte nos veremos obligados a enfrentar a las personas que estén purgando que, aunque no son tantas por esta zona, sí son las suficientes como para retrasarnos y obligarnos a gastar la munición que comienza a disminuir y no podemos reabastecer debido a lo especial que es-
–Cállate – dijo Ka dándole la espalda – solo camina. Y llámame King Explosion Murder.
Red Riot le sonrió y con la cabeza lo incitó a seguirlos.
Conforme caminaban y el mismo movimiento de su cuerpo balanceaba la metralleta que aun llevaba en la espalda y no había tocado ni un momento, iba siendo más y más consciente del dolor que se apoderaba lentamente de su brazo derecho. Casi todo el daño se estaba acumulando en esa parte de su cuerpo.
Izuku vio a Red Riot que llevaba una muslera que parecía menos cargada que antes. Ya no debía llevar mucha munición. Observó a Ka que no llevaba nada más que las balas, comenzaba a sospechar que agotadas, en las armas que tenía y solo le quedaban, por lo que alcanzaba a ver, 10 granadas. Él tenía la mochila que le habían pasado aún con los 10 cartuchos de metralleta y los 5 de pistola, así como 2 granadas. Aparte del pequeño botiquín que no servirá de mucho si no lograban neutralizar a los otros antes de que los asesinaran.
Ka subió la metralleta sobre su hombro para estirar el brazo herido unos momentos. Izuku sintió esa escena familiar. Si esa metralleta fuera una red, si la mochila que él llevaba fuera una jaula. Si estuvieran en un bosque y fueran a cazar escarabajos.
Entrecerró los ojos tratando de pensar y encontrando extraño lo familiar que se le hacía el apodo de Kacchan.
–¡Deku! – escuchó que lo llamaban. Desvió la mirada del cuerpo de Ka hacia Red Riot que estaba a un lado. Fue como un borrón verlo levantar su arma. La reacción inmediata de Izuku fue lanzarse al suelo, y al parecer algo hizo bien cuando dejó el camino libre para que las balas de su compañero dieran a lo que sea que estaba detrás de él. Ya en el piso se arrastró en dirección a los otros y solo hasta que llegó a la altura de sus piernas se dio la vuelta para ver quién o qué era lo que todavía no derribaban.
Era una niña. Poniéndose estrictos era más como una adolescente. Tenía un uniforme escolar. Izuku estaba seguro de haber visto ese uniforme varias veces, pero en ese momento su mente no lograba conectar de qué escuela se trataba. Era delgada, pequeña, tenía el cabello negro tranzado cayendo sobre sus hombros y una máscara roja de ogro de esas que se consiguen en los festivales. Lo más impactante, claro, eran las dos katanas que estaba sosteniendo y la velocidad y fuerza con las que las movía. No lo creía posible, pero de alguna manera estaba desviando las balas ya que ninguna le estaba dando y no había otra cosa que le sirviera de protección.
Desde allí abajo percibió el movimiento de Ka para apuntar en otra dirección y siguiendo su movimiento vio a otra chica acercarse. Casi parecían la misma persona.
–Esto es un desperdicio de balas – dijo Ka luego de que su arma, esa que al parecer era otra de las que hace solo un momento llevaba Red Riot, hiciera un sonido hueco y dejara de disparar.
Como ya no era detenida por nada, la chica inclinó la katana y comenzó a correr en su dirección. Ka tomó otra de sus granadas en mano e inclinó su cuerpo como si su plan fuera golpearla con la granada directo en la cara. Eso claramente no funcionaría. Ella tenía un arma larga y filosa. Él tenía un brazo herido.
Izuku de pronto tenía la pistola en sus manos y con el claro pensamiento de no querer que le pasara nada al hombre que ya tantas veces lo había salvado, jaló el gatillo por primera vez en esa noche.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
