Es el cap 6 y no me he visto en la necesidad de disculparme por tardarme en actualizar ¡Hasta se siente raro!

La verdad, espero que se sepan los nombres de héroes de los personajes porque yo ando acá usándolos como si nada. Por si acaso:

Itsuka Kendo, Battle Fist. La presidente de la calse B. Neito Monoma, Phantom Thief. El rubio de la clase B que siempre les anda echando pleito y termina golpeado por Kendo.

Gracias a quienes se han tomado la molestia de comentar algo~

¡La noche comienza a terminarse! Espero que les esté gustando.

Kendo se recargó cansada en la sucia pared de la calle para dejar de cargar su peso con su pierna izquierda.

Estaba agotada, pero no tanto por cuestión física, a pesar de estar herida, ella probablemente podría correr sin descanso el resto de la noche sin problemas. No, el problema no era ese.

Ella había sido la conductora que debía de haber llevado a todos esos civiles a salvo hasta otro lugar seguro. Observó a su izquierda las diez personas que los acompañaban. 10 era un número demasiado grande para moverse en la calle durante la purga. La persona más joven debía tener 40, todos cansados, todos heridos, todos asustados. Al final de esa improvisada fila estaba su compañero. Que Monoma estuviera tan callado siendo que su personalidad era la de un hablador insolente, sólo afirmaba la situación en la que estaban.

Revisó las balas de su MP5, no le quedaba una gran cantidad, pero creía poder distribuirlas correctamente, después de todo, a diferencia de todos los demás integrantes de ese extraño grupo de los cuales ignoraba sus profesiones, ellos sí sabían usar armas por ser policías. Los que parecían tener habilidades más cercanas a las suyas eran los dos que preferían usar granadas ante todo y esos tanques que congelaban y quemaban.

Aún no creía que hubiera terminado en ese lugar.

Solo una queja de su superior sobre cómo un grupo de revoltosos estaba interfiriendo con la purga anual, evitando que las personas pudieran liberar a la bestia, que es como muchos lo llamaban, provocando de esa manera que todas esas personas se quedaran con sus sentimientos negativos y lo descargaran a lo largo del año. Era un daño para la sociedad. Monoma, así inapropiado como era, hizo un comentario innecesario y como castigo fue el encargado de infiltrarse para detenerlos. Ella no lo había podido dejar solo así que se le unió.

No se esperó que, por sus estrictas reglas de ocultar identidades, no pudiera ni hacerse a una idea de quién podía ser cualquiera de ellos. Menos aún que, King Explosion Murder y Ice-Fire, los líderes a pesar de que insistían en que allí no había rangos, la cautivaran con sus ideales y se volviera una más de las personas que dedicaban esa noche a tratar de salvar a personas inocentes durante la purga. Cualquiera lo hubiera hecho después de verlos, después de entenderlos.

Sabía que, en la jerarquía implícita, ella y Monoma estaban muy por debajo. No, por ejemplo, como Red Riot, Ingenium, Chargebolt, Cellophane o Pinky por nombrar algunos de los más cercanos y quienes, sospechaba, sí conocían las identidades reales del par que había iniciado todo eso.

Volvió a recargarse en su pierna. Podía ver la venda que poco a poco se llenaba de sangre otra vez. En ese momento agradecía la insistencia de Monoma por tomar algunas de las inyecciones de anestesia de la enfermería, a pesar de que eso por sí mismo le dificultaba el andar normalmente, si esa parte de su cuerpo no estuviera sedada el dolor no la dejaría avanzar nada.

No era como si les pudieran decir algo, lo habían tomado luego de que la purga iniciara así que fue un robo legal. Sí, así de estúpido como se escuchaba. Lo mismo para sus armas que habían sacado. Otro de los misterios que no había logrado descifrar era cómo conseguían ellos sus armas, o las balas modificadas. No estaban en el mercado negro, Kendo lo investigó luego de la primera noche hace dos años. Y en todo ese tiempo nadie dio indicios de saber sobre ellas. Seguro valían una verdadera fortuna. Y eso sí, definitivamente eran ilegales.

Una de las mujeres comenzó a llorar, trataba de ahogar sus sollozos con las manos, pero era demasiado evidente. Kendo se mordió el labio con algo de impotencia. Lo correcto sería tratar de calmarla, pero no podía volver a distraerse. No después de que el camión cayera y de las 25 personas con las que salieron del estacionamiento luego del ataque, solo quedaran diez.

Apretó las manos en el frío metal de su subfusil. Cada año era más y más difícil salvar a las personas. El año anterior también los habían descubierto en su refugio. De allí habían sido únicamente tres las personas que sobrevivieron. En esta ocasión habían obtenido un mejor lugar. Los estacionamientos de uno de los edificios de Hagakure. No sabía cómo. Tal vez uno de los empleados con acceso, no importaba, había fallado. Tenían un plan B y un plan C, iban en el D y creía que ya no aplicaba para nada.

Sintió una mano sobre su hombro y se sobresaltó tanto que dio un pequeño brinco en su lugar. Junto a ella una mujer de cabello verde obscuro la miraba disculpándose. También tenía los ojos rojos e hinchados. A ese paso ella terminaría llorando también.

–Lo siento – le dijo –, pero debes estar agotada. Sé que no hay nada que pueda hacer actualmente por ti, solo quiero que sepas lo mucho que te agradezco el esfuerzo que estás haciendo por nosotros.

Kendo asintió. Pero no creía merecerse ese agradecimiento. Ni siquiera había puesto atención en ella hasta ese momento. En ninguno de ellos, a pesar de que era su trabajo protegerlos no les había dado tiempo de descansar ni superar el shock que debió ser volcarse, recibir disparos, escapar por poco del camión incendiándose viendo morir a más de la mitad de ellos.

Decidió volver a avanzar.

Ya no estaban tan lejos del segundo refugio. No sabía si esa alternativa era la única, solo era la que le habían dicho a ella y no preguntó más. Uno entiende que no debe preguntar más cuando King Explosion Murder te insulta constantemente por todo. De verdad que no sabía cómo era que una persona tan agresiva y que parecía disfrutar salir a purgar, era uno de los cabecillas del grupo más altruista con el que se hubiera cruzado. Ella nunca lo hubiera creído si no hubiera presenciado cómo Ice-Fire prestaba atención a cada palabra que decía y hacía caso a varias de sus propuestas. Sabía que era por él por quien todos debían usar máscaras.

Su corazón se detenía un poco cada que escuchaba a una persona cerca. Sabía que ese era su mayor error: distraerse. Preocuparse demasiado por las personas que la acompañaban era una carga muy pesada. No se equilibraba ni siquiera con el hecho de que Monoma iba al otro lado cuidándolos también. Se movían por calles laterales y se escondían todo lo posible. Desde que habían perdido a los que los atacaron no habían vuelto a tener incidentes, pero cada paso era tan peligroso como el anterior.

Ecos de disparos le avisaban que en la siguiente calle estaba ocupada. Ya solo quedaban dos calles más y llegarían, por eso era desesperante que eso los fuera a obligar a rodear. Le dio una mirada a Monoma y él asintió tocando debajo de su ojo izquierdo con un dedo y señalando al frente. Le pidió en voz baja a las personas detrás de ella que la esperaran y se adelantó para ver si podían arriesgarse a cruzar o definitivamente retroceder. En cuclillas se asomó ligeramente y observó que la calle estaba llena de autos desperdigados en varias posiciones creando casi un laberinto, había fuego en varios puntos y, claro, algunos cadáveres. A aproximadamente 23 metros al fondo una persona disparaba contra una pared. No veía a nadie más.

Regresó con los demás y se acercó a Monoma.

–Podemos alejarnos una calle más y cruzar.

Él asintió y comenzaron a moverse. Por retroceder habían intercambiado lugar, ahora ella cerraba el grupo y cubría la retaguardia. Una vez que debían cruzar la calle otra vez, algo más alejados, Monoma fue el primero para indicar de qué manera debían hacerlo, cubriéndose con los autos y lo más rápido posible. Pasó la primera mujer, luego un hombre anciano, luego otro hombre, y otra mujer. En el orden en el que iban formados. Monoma los cuidaba a ellos, Kendo mantenía una vigilancia en la persona del fondo que seguía sin percatarse de su presencia.

La persona dejó de disparar y observó hacia abajo, como si le hubieran hablado. Kendo les ordenó que se detuvieran. Un hombre estaba en medio de la calle cubriéndose con un carro y se había tirado al suelo como reflejo. Kendo prestó atención a las sombras que el fuego generaba en las paredes y mordió su lengua al percatarse de su descuido. Había perros.

Con un movimiento de mano ordenó a Monoma y los que estaban con él que se fueran, el hombre terminó de cruzar y sin pensárselo se marcharon, ella y las personas que se habían quedado comenzaron a alejarse hacia el otro lado. Tuvieron que correr en algunas partes, no demasiado rápido y no por demasiadas distancias, después de todo era muy peligroso. Como todos estaban sangrando su olor sería mucho más fuerte de lo normal para los animales. Se aseguró de pasar por lugares con cuerpos para que su olor se dispersara con el del resto. No es que le fuera difícil.

Les dio un momento para descansar. Ahora iba con dos mujeres y dos hombres. Todos estaban claramente agitados. Se habían alejado casi cuatro cuadras. No podían volver a pasar por ahí. Observó su reloj. Faltaban cuatro horas para que todo terminara. Sería demasiado arriesgado tratar de seguir toda la noche afuera.

–¿Qué es eso? – preguntó la mujer de cabello verde que le había hablado hace unos momentos atrás.

Kendo siguió el lugar a donde su dedo apuntaba. De las coladeras salía un vapor verdoso.

–Fumigan. – le contestó – Evitan que las personas se puedan esconder en el alcantarillado.

Suspiró. De verdad era demasiado peligroso, de verdad era demasiado horrible que ese suceso se diera cada año. Al dar un paso su pierna se le dobló y trastabilló un poco, le volvió a prestar atención a su miembro y notó que la sangre se estaba extendiendo bastante. No sabía si podría seguir otro año, no sabía que sería de ella si no lograba salvar a estas cuatro personas. No sabía que haría si al terminar la noche no encontraba a Monoma. Un nudo se formó en su garganta y sus ojos comenzaron a arderle.

Solo quería que todo se detuviera.

–¿Cómo te llamas? – le preguntó la misma mujer en un tono delicado.

Kendo la miró y sacudió la cabeza. No le diría su nombre, no le mostraría su rostro. No rompería la única regla que había salvado al equipo de ella misma.

–Battle Fist. Puedes llamarme de esa forma.

–Yo soy Inko. Entiendo lo que están haciendo, entiendo que estás cansada y que esto es difícil. Nosotros dependemos de ti, completamente. – colocó una mano sobre su brazo – Por eso mismo, si hay algo que pueda hacer, lo que sea, no dudes en decirlo. Si necesitas un apoyo, aquí estoy.

Kendo sonrió. Su pasamontaña se humedeció de inmediato por las lágrimas que ya no pudo contener más. No pudo evitar sollozar un poco, pero de inmediato se calmó. Esa mujer le recordaba por qué había decidido comenzar a hacer eso. Respiró profundo y se enderezó.

No tenía tiempo para ponerse a sentir lástima de sí misma. Había personas a quienes proteger. A eso se dedicaba en su vida diaria. Por eso había decidido salir esa noche.

No era imposible. Tal vez podría salvarlos.

No.

Ella los salvaría sin duda.

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Sus piernas dolían, ya había pasado su límite hacía un rato. Estaba tan mareada que creía vomitar en cualquier momento. No estaba segura de si estaba respirando, era como si todo se atorara en su garganta y sus pulmones le quemaban. Su vista se nublaba y el sonido se percibía lejano.

Invisible Girl iba a su lado, más lento de lo que probablemente era su capacidad, pero asegurándose de que no se quedara más atrás. Adelante iba Tsuyu que no dejaba de voltear a ver que estuviera bien. A su lado Mineta también se mantenía cerca. Ochako era la causa de que no fueran tan rápido como deberían.

El fuerte sonido de un motor a la izquierda los hizo detenerse y buscar rápido alguna alternativa. No importaba cuánto corrían, ellos llevaban vehículos, no podrían dejarlos atrás. Estaban jugando con ellos, incluso ella era capaz de percibirlo. Se acercaron a un negocio que estaba cerrado y la mujer encapuchada con ayuda de Tsuyu forzó la cerradura y entraron. Dentro se evidenciaba que vendían artículos de ciclismo.

Después de más de una hora escapando por primera vez se detuvieron. Ochako se desplomó en el suelo. Todo a su alrededor se movía y los deseos de vomitar eran demasiado fuertes.

Esas personas habían salido de la nada.

Se había acercado al camión volcado con miedo, Inko se había ido en él, necesitaba saber si estaba o no. No sabía cuál de las dos probabilidades sería peor. Solo alcanzó a ver algunos cuerpos de personas conocidas, la pareja del piso 3, el hombre que una vez les pidió agua del piso 5, la mujer que vendía flores del primer piso. Entonces Invisible Girl la había jalado con fuerza lastimándola del brazo para ocultarla otra vez. Unas risas estruendosas habían callado cualquier intento de protesta. Y desde entonces no habían dejado de correr.

–Deben ser las personas que atacaron al camión. – susurró Invisible Girl con la voz algo constipada por el esfuerzo. Carraspeó antes de continuar – Las puertas del frente estaban abiertas así que Battle Fist y Phantom Thief deben estar vivos, por lo tanto, definitivamente hay sobrevivientes. Debieron perderlos. Ellos siempre han demostrado tener una habilidad nata en lo que hacen. Confío en que las personas a su cuidado terminarán la noche bien.

Ochako trató de regular su respiración. Sentía el palpitar en su cabeza. Ella rogaba que Inko estuviera con esas personas. Observó a Tsuyu a su lado que la veía preocupada y se abrazó a ella. Tenía mucho miedo, no sabía si sería capaz de volver a escapar de esa manera, así que la próxima vez se aseguraría de decirles que se adelantaran sin ella. No se volvería la razón por la cual los atraparan a todos.

Invisible Girl dio un último respiro profundo y se dispuso a analizar el lugar.

Mineta se acercó a ellas sin despegar la mirada de la otra mujer. También se le notaba en el rostro lo asustado que estaba. Si fueran solo ellos dos, probablemente no hubieran logrado hacer nada. Solo con invisible Girl, se habrían convertido en una verdadera carga. Hundió la cabeza en el cuello de Tsuyu que acariciaba su cabeza y espalda para reconfortarla.

Ese era un lugar seguro, entre los brazos de su amiga, escuchando su corazón palpitar y rodeada de su calidez. Así era como debería pasar esa noche, esa y todas las noches. No huyendo de una muerte seguro que la perseguía, literalmente.

Invisible Girl les habló, la puerta unía a una casa y esta tenía otra salida a una especie de patio que se creaba entre los edificios, había una escalera de incendios que podrían usar para llegar al techo y moverse por ahí para alejarse. Los tres asintieron y fueron tras de ella. Ochako no quiso soltar la mano de Tsuyu y vio a Mineta que había tomado el final de su playera entre sus manos.

Al final, Tsuyu era el soporte más valioso para ambos.

Salieron e hicieron exactamente lo que ella les había propuesto. A pesar de todo se mantenían ocultándose entre las sombras y los objetos. Invisible Girl les había dicho que no debían olvidar la probabilidad de francotiradores. De esa manera llegaron al final de la cuadra y tuvieron que buscar alternativas para descender. Al parecer utilizar los bordes y salientes del lugar era la única manera. Su cuidadora, por llamarla de alguna manera, tenía muy buenas habilidades físicas, Tsuyu no se quedaba atrás, pero ella y Mineta no eran muy capaces de saltar a la ventana que estaba a tanta distancia de ellos.

Invisible Girl sacó una delgada cuerda de una de las bolsas que llevaba amarradas a la cintura y les lanzó un extremo diciéndoles que, uno por uno, se amarraran a ella por si acaso caían. Mientras Ochako pasaba la cuerda alrededor de su estómago temía que eso no sirviera de nada, era tan delgada que sin duda se rompería con su peso. Observó el frente, sabía de antemano que no llegaría, Invisible Girl y Tsuyu habían atorado la cuerda en unos tubos para usarlos como polea.

Saltó y sintió horror al ver que ni siquiera se acercaba al lugar a donde debía de haber llegado. Cuando comenzó a caer su instinto fue sostenerse de la cuerda, esta le quemó las manos y el nudo que había hecho se corrió apretándola con fuerza en cuanto cayó. El dolor se volvió punzante y aumentaba con cada movimiento que las otras hacían para subirla. Una vez arriba se quitó la cuerda que le había sacado el aire y sobándose esa parte de su cuerpo observó cómo le pasaba algo similar a Mineta.

Tuvieron que hacer eso tres veces más.

Cuando llegaron al suelo de inmediato se cubrieron tras un auto. Tsuyu le vendó las manos con un trozo de su propia camisa. Mineta no se había quemado como ella.

–Un poco más de dos horas – dijo Invisible Girl. – Esto terminará en poco más de dos horas.

Debían moverse, seguir alejándose. Perderlos y llegar al otro refugio que les había mencionado.

Pero no fue demasiado lo que avanzaron cuando los motores se volvieron a escucharon.

–Nos encontraron – soltó Mineta horrorizado. Ochako se mordió el labio inferior con los deseos de llorar más fuertes que nunca.

–Aún no saben en donde estamos. – trató de calmarlo Invisible Girl – pero están cerca.

Ingresaron por otra calle que no los acercaba a su destino. Trataban de que esas personas no los encontraran.

–Ellos no son los cazadores que el hombre de cabello bicolor mencionó ¿verdad? – preguntó Tsuyu.

–No, no lo son. Ellos nos habrían subido a alguna camioneta y nos habrían llevado a algún evento de ricos. Pero como tampoco nos están asesinando no son simples depuradores como todos los demás. Están haciendo algo nuevo.

Invisible Girl ya trataba a Tsuyu como si fuera una compañera suya. Eso era algo que ella siempre generaba. Esa confianza. Se detuvieron junto a un contenedor para revisar si podían seguir avanzando.

Ochako estaba agachada junto al bote de basura apretando los puños con fuerza. Sentía que se desmayaría en cualquier momento.

Entonces el disparo sonó y algo salpicó su rostro, algo caliente. Giro la cabeza lentamente, por la periferia de su mirada vio a Mineta girando con la misma lentitud al mismo lugar.

Con la cabeza echada hacia atrás, el cuerpo de Asui azotó contra el suelo antes de que entendieran lo que pasaba.

El grito agudo de Ochako solo confirmó su posición.

Gracias por leer.