Jaque doble

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Youko cerró los ojos, casi en un gesto de resignación.

Atónito, el demonio de fuego vio los cambios en las fracciones del kitsune. Reconoció el exquisito color verde de sus ojos antes dorados, las distinciones varoniles en su fisonomía hacerse más delicadas, el cabello cambiando lentamente de plateado lacio a rojo en abundancia.

Era imposible.

- Hiei…

Era su voz. Su rostro y su forma de hablar distanciaban del que conocía porque Kurama le contemplaba con tanto asombro y confusión como él.

No podía decir su nombre. Hacia unos instantes había estado con el ladrón del Makai, pero también sabía que ese ladrón se había convertido en Kurama.

Con su temblorosa voz, el muchacho deseo preguntarle si se trataba de una pesadilla pero no tuvo oportunidad. Hiei fue lanzado brutalmente de el hasta acabar contra una pared en la que dejo su marca.

Kurama vio atrás, desconcertado. Reconoció a uno de los aliados de Youko con la mano extendida en la dirección de donde Hiei había impactado. Había pensado que lo tenía acorralado y actuó en defensa suya.

-¿Por dónde saldremos, jefe?

No le atendió ni deseo escucharle. No pudo siquiera levantarse.

- ¡Están aquí!

Las Fuerzas Especiales llegaron, al mando Yusuke, quien se detuvo al ver la escena. Un demonio de mirada rabiosa pero notoriamente hostigada con las palmas extendidas. Hiei contra una pared. Kurama en el suelo con una herida en el… ¡¿Kurama?!

- ¿Kurama?

- ¿Yu…Yusuke?

Era oficial. Ese día era una serie de revelaciones de las más perversas.

- ¿Qué haces…?- Dio un paso hacia él, pero de repente sintió una energía demoníaca surgir del pelirrojo. Vio como en un espejismo al demonio zorro, Youko, al lado de su amigo, mientras este se levantaba con indispuesta voluntad y la mirada vacía. Abrió grandemente los ojos, estupefacto- ¿Tu eres…? ¿Youko?

- ¡Atrápenlo!

Los gritos de los soldados lo abrumaron.

Como si por acto de inercia o de marioneta se tratara, Kurama llevo una mano a su cabello y arrojo unas semillas. Enredaderas y rosas de tipo carnívoras se revelaron en el aire y atacaron al mismo tiempo que los soldados.

Yusuke quedo inmóvil. Levanto su brazo en posición de disparar su Reigan únicamente por que la ocasión lo obligo. En circunstancias así, actuaba por instinto. No disparo. Unas trepadoras a tropel cubrieron a Kurama un poco antes que saltara y lograra salir por el mismo sitio que había elegido minutos antes.

Ya afuera, activo su energía y sus criaturas se alzaron de la tierra, cogiendo a los soldados vigilantes de las piernas para dejarlos inmóviles. Con las manos libres, lanzaron ataques pero Kurama logro omitirlos todos con una destreza de flexibilidad y elegancia no acordes a la causa, en especial cuando corría y saltaba, usando su látigo de impulso para elevarse.

Llego hasta un árbol común y corriente. Se colocó frente a él. Toco el tronco con su mano y, antes que los soldados pudieran advertir algo, el ladrón se había desvanecido por completo.

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Durante horas, ni siquiera Youko dijo uno de sus habituales comentarios. Deseo pedirle que hablara, que maldijera su plan arruinado, para olvidarse de lo ocurrido, pero era imposible. Youko también lo sabía y por eso dejaba a Shuichi tranquilo por el momento.

- Se siente tan…horrible, que sé que no es una pesadilla- murmuro mientras caminaba con la mirada baja e inexpresiva. Se había cerrado la herida de su pecho hacia un rato, pero todavía le ardía, así como el sentimiento que le asalto cuando Hiei lo ataco de esa violenta manera- ¿Por qué pasa esto?

Youko no le respondía. No es que necesitara su opinión al respecto, la conocía y hasta podía imaginarse que diría. Habían estado caminando sin rumbo durante bastante tiempo con la ropa cortada en el cuerpo de Minamino Shuichi. Si habían miradas curiosas o aterradas dirigidas su aspecto no le importaba, como tampoco hacia donde se dirigía o a donde acabaría. No podía regresar a casa. No tenía las fuerzas, cero emocionales para hacerlo.

Llego hasta lo que parecía un callejón de mala sociedad. Se recostó contra una pared y dejó caer hasta sentarse en el suelo, sucio y oscuro. Se llevó las manos a las rodillas y su mirada quedo en la nada.

- Hiei…- dijo en un lamento. Era todo lo que podía decir.

Tenía sentido, en realidad. La faceta activamente agresiva de Hiei, sus gestos de tomar algo en su cintura y no encontrarlo cuando sucedía algo inesperado, sus secretos del pasado y su vida, las historias que les había contado a sus compañeros de universidad, el aviso de energía demoníaca por las noches en las que Hiei salía o volvía, su permanente apariencia de niño cuando en conocimientos y mirada tenía más, sus ausencias, sus evasivas y su misterio…

- Soy un estúpido. ¡Todo el tiempo estaba a mi lado, los detalles, la evidencia!- golpeo fuertemente el suelo con su puño cerrado- ¿"Inteligente, astuto"? Ingenuo y estúpido…

- No exageres. Yo tampoco pensé esto posible. ¿Acaso había algún indicio de que era un demonio? ¡Somos kitsune! ¿Cómo no advertimos su yoki, su olor, su aura demoníaca?

- No lo sé…Oh, qué respuesta tan patética- Se llevó una mano a su frente, desarreglándose el cabello, con su expresión hundiéndose más en la amargura.

- Te atosigas mucho. Debemos pensar en la causa de todo esto.

- ¿Causa? ¿Qué causa de que?- Quiso saber, sarcástico- ¡Mi marido es el Maestro del Jagan!

- Por ello mismo. El Maestro del Jagan, vaya…

-…Es real, era Hiei y yo…- No puedo continuar, demasiadas emociones para definirlas en palabras- Siempre estuvo junto a mí y nunca…

Recordó la mirada de Hiei en las dos oportunidades de pelea. Ni sabiendo que era a Youko a quien veía, y no a él, Kurama no sentía alivio. Nunca le había visto así. Y ese Hiei era el real.

- Quería matarme. Quería matarnos…

- Oye, Shuichi. Nosotros también mentimos. Nos ocultamos, pero tú lo hiciste por él, ¿no es así?-Kurama lo miro, curioso del tono del zorro- ¿También lo habrá…?

Su interrogante lo dejo sin palabras.

¿Podía, podía ser posible…?

Los deseos de asesino en los ojos de Hiei lo perturbaron. ¿Y si…?

- No sería la primera vez. Como yo, podemos engañar durante siglos. Por eso nunca consolé mis secretos ni mis debilidades con un amante. Shuichi, puedes imaginar lo que sucede cuando revelas ese tipo de cosas. Es un suicidio.

Los recuerdos de Youko se aparecieron en su mente. Unas palabras, pocas pero reveladoras, escuchadas por un hermoso demonio de tierra. Un minuto después y el amante yacía en el suelo, ensangrentado. No se podía confiar en demonios, ni siendo uno.

- ¿Crees que…?

- Solo es mi pensar, mi experiencia. Todos mis amigos y mis amantes eran espías.

No, no podía concebirlo. Era demasiado cruel. Hiei no pudo haberle mentido durante años para terminar matándolo. Pero…tampoco conocía al Hiei que había visto. ¿Era capaz de manipular de esa forma, a esa magnitud? Kurama echo la cabeza hacia atrás. Si, era probable, para su desgracia, para aumentar su infortunio. Si Youko lo había hecho, si el humano Minamino lo había logrado con éxito en el Ningenkai, también…También Hiei podía…

- ¿Mi vida entera fue una mentira…?

- No quisiera recordártelo pero te lo dije, esta no era tu vida, Shuichi. Todo lo que crees que te pertenece es transitorio, ya no podrás regresar a la casa humana, pronto deberás esconderte porque ya te vieron como humano, y…Lo lamento, pero yo tenía razón. Tu marido no te pertenecía ni desde el comienzo.

Kurama sintió la tristeza en forma de húmedas sales. No quería creerlo, no deseaba esa realidad tan dolorosa.

Youko llego a preguntarse si la salud mental de su otro yo estaba en peligro. Se sorprendió en demasía al oírlo gritar.