Sé que soy una mala ficker porque a veces se me olvida que tienen máscaras y que se llaman por apodos y entonces revisando he tenido que borrar Kirishima y poner Red Rios muchas veces xD

No era mi intención que esto cayera en estas fechas, pero bueno ¡Feliz navidad!

Espero que les guste~

Izuku comenzaba a considerar que había algo cautivador en la sonrisa de Kacchan, como un suceso tan único que era imposible apartar la mirada.

Si tan solo no fuera porque la razón era que se seguía burlando de él.

Su avance era un poco más lento que antes con Kirishima que había recibido un corte que estuvo cerca de rebanarle los dedos de la mano izquierda y cargando las katanas confiscadas, más el profundo corte que Ka ahora tenía de su pecho a su estómago y la grave quemadura que llegaba hasta su codo izquierdo. Izuku solo se había salvado porque la metralleta que no se había quitado en ningún momento de la espalda fue la que recibió el corte y quedó inservible.

Los compañeros con los que iba eran impresionantes. Red Riot había esperado hasta que la chica llegara a su altura y había desviado la katana con la mano, acción que bien pudo dejarlo sin ese miembro, para tener el camino libre y dispararle. Cuando la otra chica lo había atacado a él, Ka la había pateado para alejarla, y eso fue el por qué ella tuvo un buen ángulo para cortarlo, y él, aguantando la respiración, realmente le explotó la granada en la cara quemándose el brazo. Suponía que solo había sido eso porque las granadas no eran del todo reales. Él en cambio...

–¿Qué pasa, Deku inútil? – aunque Ka tenía una clase de sonrisa siniestra cuando debía enfrentarse a otras personas, ver en su rostro calmado los labios que se curvaban hacia arriba dejando ver muy ligeramente sus dientes, era todo un verdadero espectáculo. – ¿Tu cabeza de mierda aún no entiende cómo se quita el seguro del arma?

Izuku se sonrojó y apartó la mirada. Los tres se habían quitado las máscaras para atenderse las heridas y de momento ninguno se la había puesto otra vez. Una verdadera desventaja para tratar de ocultar sentimientos.

Cuando por fin había encontrado el valor para dispararle a alguien lo único que había sucedido al apretar el gatillo fue que su pistola hizo un sonido metálico como si se atorara. La chica llegó a su lado e ignorando a Ka había levantado la katana contra él. Su único reflejo desde el suelo fue agacharse pegando la frente contra el asfalto, haciendo que la metralleta se deslizara y cubriera su cuello de, muy probablemente, ser atravesado.

Creyó que Ka le gritaría por no haber servido de nada, pero no, en realidad desde ese momento seguía y seguía mencionando su nula capacidad para usar un arma como si le hubiera dado verdadera gracia su falta de habilidad.

Izuku había pasado de sentirse avergonzado o sentirse ofendido a sentirse impresionado e incapaz de ver a los ojos a Ka con semejante expresión en el rostro. Deseaba un poco que se pusiera la máscara otra vez, y al mismo tiempo esperaba que no lo hiciera jamás.

Había dejado su mochila y la metralleta atrás. Ya habían acabado tanto con el botiquín como las balas, y Red Riot le aconsejó que no llevara nada de peso muerto.

Aunque era poco perceptible, si les ponía atención, Red Riot mantenía el movimiento de su brazo derecho al mínimo, y cojeaba un poco. Ka tenía el cuerpo un poco inclinado al frente. Por el corte había perdido las dos correas que atravesaban su pecho, así que pasó sus últimas granadas a su cinturón. Su brazo también parecía algo engarrotado.

Los dos tenían bastante daño y aún seguían caminando al frente con la intención de salvar a todas las personas que fueran posibles.

Kacchan se giró hacia él mientras se ponía otra vez su máscara. Izuku tuvo el vago deseo de pedirle que no lo hiciera, pero se contuvo porque realmente no tenía sentido hacerlo. Red Riot hizo lo mismo. Él no, realmente era incómodo tener algo sobre la cara todo el tiempo.

–Ya que parece que tendrás el valor de disparar, parece que te dejaré el arma – le dijo Ka dejando que lo alcanzara y caminara a su lado, Izuku por reacción llevó una mano al arma en su cintura ¿Iba a quitársela? No estaba seguro de qué pensar al respecto – Solo recuerda que, si nos separamos o si crees que estas a punto de morir, asegúrate de acabar con todas las balas. Dispara a la pared, al suelo o al aire, solo no dejes ninguna. Tampoco te preocupes por dispararle varias veces a la misma persona, las balas administran el antídoto necesario para combatirlo y que no se mueran de verdad.

–¿Eh? – Izuku dejó de caminar al escuchar eso. Ka dio un par de pasos más y también se detuvo girándose a verlo.

–¿Qué hay con esa cara estúpida? No me digas que no sabías que la sobredosis de sedantes provoca la muerte. Eso es lógico. – Tronó la lengua y le dio la espalda caminando otra vez – Y creer que te consideré nerd por unos momentos.

–Él te llama nerd – le susurró Red Riot –, pero también es un obsesionado por el conocimiento.

–Parece un genio. – se escuchó Izuku susurrando mientras seguía con la mirada fija en la espalda de la persona que lo había invitado a unirse a esa única noche y le había enseñado una nueva perspectiva de las cosas.

–Dile eso en voz alta – le dijo Red Riot palmeándole un hombro –, seguro le encantará.

Se estaban acercando al centro de la ciudad otra vez. Si observaba el cielo del centro de la ciudad lo notaba bastante iluminado. Tenía la sospecha de que algún incendio se había salido de control. Sacó su celular, un anuncio de batería baja ocupaba casi toda la pantalla diciéndole que se apagaría pronto. Pero alcanzaba a distinguir la hora en la parte superior derecha. Habían pasado 9 horas y 34 minutos desde que la alarma había sonado. Ya casi. Estaban tan cerca.

–¡Cuidado! – gritó Red Riot, Deku levantó la mirada del aparato para ver un auto en llamas ir en su dirección. Se lanzó hacia atrás para esquivarlo y justo en ese mismo espacio comenzaron a disparar. Se movió hasta ponerse a cubierto detrás de una columna de concreto. No logró ubicar de dónde venían los disparos hasta que Ka los atacó de vuelta lanzándoles una granada con su increíble precisión, estaban en el piso tres de los dos edificios que convergían en la esquina. También debía haber alguien abajo que haya provocado al auto comenzar a moverse.

Por la forma en la que seguían atacando el centro, bloqueando el único camino que tenía para acercarse a ellos y dejando libre lo que sería el otro lado, era evidente que planeaban separarlos. Vio que había quedado a unos 20 metros de distancia de sus compañeros más un auto en llamas que se había estrellado contra el muro. No podía arriesgarse a cruzar por ahí por el riesgo que el mismo vehículo presentaba para explotar. Del otro lado de la calle, Red Riot y Ka habían dejado de contraatacar. Izuku notó cómo el rubio colocó su mano más sana sobre el lugar donde se encontraba su herida en su torso y la alejaba con sangre.

–¡Kacchan! – gritó preocupado al notarlo.

–No me llames así, mierda – le dijo con una expresión de furia que incluso hizo a Deku temblar por unos momentos – ¡Ponte tu maldita máscara!

Una granada rebotó a su lado. Izuku la vio en cámara lenta. Esa, claramente, no era una granada como las que Ka llevaba, era una de fragmentación real. Nunca podría explicarle a alguien cómo le hizo para pasarse al otro lado de la columna antes de que explotara. Así lo único que sucedió fue que la onda expansiva lo hizo tropezarse y caer al suelo de cara. Rodó en el suelo y volvió a cubrirse sabiendo que el objetivo había sido sacarlo y dispararle. Estaba aturdido.

Inmediatamente pequeñas alarmas comenzaron a sonar y una voz femenina de forma repetitiva.

"Los dispositivos superiores a la clase 4 están prohibidos durante la depuración. Su uso es ilegal."

Izuku se arrastró en el suelo hasta quedar detrás de un buzón que seguramente no serviría de protección. Los disparos cesaron y lo único que irrumpía el silencio seguía siendo la alarma. Izuku se quedó en el suelo, mirando al cielo, o más bien, a la parte inferior por donde el tren bala pasaba, el pitido aún dispersaba el resto del sonido y la espalda le ardía bastante. Estuvo allí lo que le parecieron horas. Luego se sentó hasta que Kacchan entró en su rango de visión.

Se veía muy enojado.

–¡Esos imbéciles pueden vengarse el año que viene, maldita sea! ¿Te importa tu madre? ¿Tu novia? Pueden ir a buscarlas en la siguiente maldita purga si descubren su relación contigo ¡Así que ponte la jodida máscara! Y usa los putos apodos o te dispararé en la cabeza y te tiraré a media calle a ver si alguien te remata. – Lo empujó con fuerza de su hombro herido haciéndolo caer al suelo y se alejó. Izuku desde ahí lo observó apretar los puños, dar pasos con furia. Y de repente tuvo la sensación de que todo aquello se lo decía por experiencia propia. Se colocó rápido la máscara antes de que Red Riot llegara a su lado y viera que sus ojos se habían llenado de lágrimas.

–¿Estás bien? – le preguntó este ofreciéndole una mano, esa que no tenía inutilizable.

–Sí… ¿Por qué se fueron?

–Activaron alarmas. Cometieron el único crimen que existe en esta noche así que van a buscarlos. Probablemente intentarán ocultarse o algo. – giró su rostro hacia él e Izuku solo pudo admirar la máscara de dinosaurio – A veces lo hacen después de ver a Explosion lanzar sus granadas. Como nada lo detiene y parecen granadas reales, se confían y lo hacen también.

Izuku bajó la cabeza y volvió a andar.

No era normal la curiosidad que cada vez más crecía en él, la admiración e interés que lo llenaban para entender a Kacchan, a Explosion, lo que lo había llevado hasta tomar esa decisión, actuar de esa manera.

Quería preguntarle, quería saberlo todo.

Se escuchó un grito, un grito tan fuerte que los sorprendió a los tres y que detuvo el corazón de Izuku unos instantes.

–Ochako – dijo en voz alta y comenzó a correr en la dirección de donde estaba seguro que había provenido, los otros dos lo siguieron.

Estaban a solo unas tres calles, lo que en sí era bastante distancia para haber escuchado el grito de su novia así que algo de verdad malo debió haber pasado. Pero no entendía ni siquiera qué hacía en la calle, debería estar en el estacionamiento con su madre y el resto. Llegó a ver cómo una persona completamente cubierta forcejeaba con un hombre que traía un puñal en la mano de casi el tamaño del antebrazo de la mujer. A sus pies Ochako y Mineta estaban agachados en el suelo.

Otros dos con armas en las manos corrían hacia ellos. Izuku corrió para detener a quienes planeaban atacarlos, escuchó a Ka gritarle que se detuviera y solo por un segundo le hizo caso, segundo en el que un disparo proveniente de un francotirador, muy probablemente, dio contra el suelo en el ángulo exacto en el que habría atravesado su cabeza. Pero no pensó más en eso cuando los hombres ya estaban saltando el contenedor de basura que Ochako y los otros habían usado para cubrirse. Sabe que escuchó disparos de fondo, no sabe de quién eran ni a quién estaban dirigidos, solo tenía la mirada clavada en el cañón que apuntaba a la cabeza de Mineta y que él no alcanzaría a detener.

La mujer de negro realizó un movimiento en el otro hombre en el que, usando el peso de todo su cuerpo, golpeó a uno de los que llevaban armas. Mineta levantó la cabeza como si apenas se diera cuenta de lo que pasaba. Ya que se movió Izuku pudo ver qué había estado cubriendo un cuerpo. Un delgado cuerpo con un cabello de tono similar al suyo.

–Asui-san – dijo. Fue como un eco en su cabeza la voz de su amiga diciéndole "Llámame Tsuyu-chan".

Mineta se había puesto de pie para apoyar a la mujer de negro. Desde allí podía escucharlo el llanto que la otra mantenía, no importaba el resto de ruido que debería haberlo cubierto, solo se concentraba en los hombros de Ochako subiendo y bajando con rapidez, sus manos abrazando el cuerpo de Asui, la forma inerte en que yacía esta última y la enorme mancha de sangre que salía de debajo de ella.

–Deku, despierta. – parpadeó y se dio cuenta de que Kacchan se había detenido frente a él. No sabía si lo había golpeado como siempre o simplemente le estaba hablando. Cosa que no creía, pero el cuerpo no le estaba doliendo ni nada.

Lo tomó de la mano y lo llevó hasta el lugar donde estaban las otras personas. Izuku se arrodilló frente a Ochako y analizó el cuerpo de Asui, en su cabeza se evidenciaba qué le había sucedido. Sintió unas nauseas apoderarse de él y lágrimas humedecer su rostro de inmediato. No sabía qué decir, no sabía qué hacer. Ni siquiera sabía si las personas que los estaban atacando cuando llegaron seguían ahí o se había ido o si los habían derrotado. No sabía si tratar de colocar una mano sobre Asui o sobre Ochako.

Entonces, como una horrible revelación fue consciente de quién faltaba. Tomó el rostro de su novia con delicadeza, pero siendo firme la hizo mirarlo. Sus ojos que habían estado en la nada se enfocaron en él.

–Ochako – le dijo con seriedad – ¿Dónde está mi madre?

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Momo estaba cansada.

Acababan de terminar con la segunda base de eventos. La tercera para ellos según le habían comentado.

Ella no había hecho la gran cosa, solo había detenido a un hombre que, al verla, por su apariencia, no se percató de que ella venía con quienes estaban atacando y su tardada reacción le dio tiempo de sobra para acercarse. Detuvo a otros dos cortando sus armas y a una mujer golpeándola en la pierna para que no lograra huir.

Movió su muñeca adolorida, golpear a una persona con la intencionada dejarla inconsciente era mucha más fuerza de la que creía. Estaba sentada en la camioneta mientras terminaban de asegurarse de que todos los participantes estuvieran inconscientes. Igual que los sacrificios. Aoyama, antes de ir a encargarse de eso, le dijo que lo hacían porque si dejaban a esas personas despiertas, muy probablemente tratarían de vengarse y se aprovecharían de todas las personas inconscientes.

Ice-Fire salió del edificio. Venía cojeando, y sangre escurría por su cuello viniendo de algún lugar de su cabeza que su máscara no le permitía ver. Momo se puso de pie de inmediato y fue en su dirección. Ice-fire la dejó ayudarlo hasta sentarse justo donde ella había estado hace unos momentos. Momo, que había presenciado lo mucho que se interesaban por ocultar su identidad, no sabía si sería correcto tratar de quitarle la máscara, pero no podía solo dejarlo así, estaba herido, necesitaba ser atendido ¿Ese lugar estaba bien? ¿Debería decirle que fueran a otro lugar más privado para verlo? ¿Ellos tendrían a alguien más capacitado y ella solo estaría siendo una entrometida? Las opciones y probabilidades se amontonaron en su cabeza hasta el punto de hacerla sentir que se mareaba. Ice-Fire lo notó y giró sus brazos para mostrarle la parte interior donde estaban cerradas las correas que mantenían los disparadores en su lugar y las palmas de sus manos que también tenían sangre.

–¿Puedes ayudarme a quitármelo? – le preguntó con voz queda, tratando de tranquilizarla.

Momo se puso a hacerlo de inmediato lo más delicadamente posible que pudo, después de todo no sabía si esa sangre era suya y si provenía de esa parte de su cuerpo. Se mordió el labio inferior con algo de impotencia porque sus capacidades de hacer algo seguían sin ser útiles.

Aunque él no se lo pidió procedió a desabrochar también el arnés que sostenía a los tanques, no la detuvo tampoco así que terminó de quitárselo. Solo que no hizo ningún movimiento para facilitárselo así que Momo se vio en la necesidad de pasar los brazos sobre sus hombros para alcanzar los tanques y que no fueran a azotar por caer de golpe, eso la dejó con el pecho lo más cerca que nunca jamás había estado del rostro de alguien. Cuando terminó Ice-Fire dejó salir un sonido entre quejido y gruñido bajo por deshacerse del peso que había estado llevando.

Momo entonces debió dar tres pasos hacia atrás para mantener una distancia prudente. Pero la lucha interna entre tratar de retirar su máscara o no, al final no la dejó moverse y se quedó allí, con su pierna casi tocando la rodilla del otro.

–¿Estas preocupada por mis heridas? – habló él. Momo dio un pequeño respingo al ser sacada de golpe de sus pensamientos. Bajó la mirada antes de contestar.

–Yo realmente lo estoy – confesó. –Si sigues perdiendo sangre, te marearas, te cansaras. La cabeza es un lugar muy delicado, necesitas atenderte. Debe ser muy doloroso, tal vez te deje marca.

–Está bien – accedió él -, pero hasta que la noche termine. Queda menos de una hora y cada segundo cuenta. Además, no importa aún si queda sobre mí algo que me recuerde esta noche.

–Lo dices como si ya tuvieras sobre ti una marca, Ice-Fire-san.

–La tengo. Es lo que cada día me recuerda que debo luchar porque esta noche no cumpla su cometido.

Momo lo observó girar la cabeza hacia donde estaban las demás personas que ya se preparaban para partir. Ella no sabía qué lo había impulsado a comenzar esa clase de acción en la que se ponía en la línea de fuego. Pasó el pulgar acariciando la punta de sus propios dedos, le cosquilleaban con el deseo de pedirle que la dejara ver y tocar la marca que lo hubiera iniciado todo. Que le contara sus motivaciones y le permitiera seguir siendo parte de su vida.

–La mejor manera de combatir esto, sería erradicarlo por completo – dijo para desviar su propia atención a otra cosa –, alguien que lograra llegar al poder y anular la noche de purga para siempre.

Él asintió sin mirarla. Observó su mano izquierda llena de sangre y Momo casi saltó a limpiarle con su propio kimono. Estaba cometiendo una barbaridad, incluso Ice-Fire se movió con intención de detenerla, pero no importaba. Esa ropa y todo lo que había sido antes de esa noche carecía completamente de importancia en ese momento en el que había dejado de ser la hija de los Yaoyorozu que debía actuar de tal manera, que debía responder y ser como se necesitaba. Ahora era Creati, una de las que se habían levantado y habían dicho 'Hasta aquí', y arruinar su lujoso kimono en las manos de quien la ayudó a dar ese paso no era nada que le costara.

Aún tenía sostenida la mano del otro cuando un alboroto se escuchó dentro del lugar. Ice-Fire se levantó, tomó un arma sencilla y se internó de inmediato sin decir nada más. Momo lo perdió de vista y sintió su corazón apretarse. Se escuchaban disparos, pronto Aoyama y otros salieron asustados por donde Ice-Fire acababa de entrar.

–Son repartidores – le dijo Aoyama cuando llegó a su lado –, llegaron a dejar sacrificios. Ingenium y los otros fueron tomados por sorpresa. Los desordenaron, asesinaron a varios. Obtuvieron una peligrosa ventaja.

El corazón de Momo palpitaba como nunca antes. Tomó su katana e ingresó al edificio.

Estaba obscuro así que tuvo que detenerse para que su vista se acostumbrara. Los disparos habían disminuido, ya solo se daban cada intervalo de tiempo. El espacio cerrado generaba eco, así que era algo difícil ubicar exactamente de dónde provenían. Ella siguió avanzando hasta que el sonido desapareció. Para cuando llegó a la parte contraria, el equipo ya estaba revisando por seguridad. El hombre con la máscara de oso bicolor estaba más alejado que el resto de pie y con el arma en mano.

Momo sonrió. De solo verlo, su pecho se llenó de una inmensa felicidad. Descubrió entonces que ya no quería volver a estar lejos de él, que fuera lo que viniera y año tras año, deseaba permanecer a su lado. No quería regresar a su casa, no quería regresar con su familia, no quería consumar su matrimonio con Aoyama. Ice-Fire debió escucharla o notar su presencia, porque se giró a mirarla. Empezó a caminar a paso rápido hacia él, prácticamente corría, solo deseaba abrazarlo, quitarle su máscara, descubrir su rostro.

Fue entonces que vio al hombre con un arma apuntándole salir de la puerta que ahora estaba detrás de él.

–¡Ice-Fire-san! – gritó con todas sus fuerzas mientras daba los pasos necesarios para alcanzarlo. Todo se movió mientras el sonido del arma resonaba al fondo. El eco de Ingenium-san gritando se quedó en su mente como si hubiera sido un accidente.

El dolor no fue inmediato como creyó en un principio, sintió la humedad de su sangre antes, pero cuando por fin la atacó fue intenso.

Cayó al suelo, no podía respirar. La sangre brotaba a nivel de su estómago, eso sí podía diferenciarlo, y se sentía tan raro, era más como si alguien estuviera dejando caer agua caliente sobre su estómago. Dolía. Sus músculos se contraían y aumentaba el dolor. El sonido pronto comenzó a parecer lejano. ¿Se podría analizar a si misma? Ya comenzaba a tener síntomas de anemia, no sentía los pies ni las manos, lo que sus ojos diferenciaban se movía y se ponía negro.

Logró enfocar a un hombre desconocido que tenía el cabello mitad rojo y mitad blanco, como la máscara. Se concentró en sus ojos, uno era azul y el otro era obscuro, bastante atractivo, la ayudó a controlar su consciencia un poco más. Él tenía una quemadura en la parte izquierda de su rostro, intentó levantar la mano, pero ya no la sentía.

–Tu ojo… – logró articular – ¿te duele?

–No hables – le dijo él – tenemos que, detener, la sangre.

El hombre con el casco de robot llegó a su lado y por cómo se movía le estaba haciendo algo, pero ella no lo sentía. Ya no. El dolor seguía, pero era como si ya no le perteneciera a su cuerpo. Quedaría inconsciente en cualquier momento. Debieron darle en una arteria importante.

–¿Te duele? – repitió.

–No – le respondió él tomando su mano. Ella vio entonces que su mano sí se había levantado como lo había planeado.

–¿Pueuo toca'da? – fue algo vergonzoso que las palabras que pronunció salieran de esa manera, pero su lengua estaba reacia a moverse como ella lo quería, a pesar de todo él la entendió y llevó su mano hasta su propio ojo. Era una lástima que ya no pudiera sentir la textura bajo la yema de sus dedos, le habría encantado. El otro sonrió como si fuera un reflejo y Momo se preguntó si ella misma habría sonreído, ya tampoco sentía las facciones de su cara. Era como si se alejara de su cuerpo, cada vez más.

–Me llamo Todoroki Shouto. – le dijo él.

–Todoroki Shouto – repitió ella, aunque sospecha que las palabras nunca fueron pronunciadas por su boca – gracias por esta experiencia tan maravillosa. En definitiva, hacer algo por un par de horas fue mucho mejor que la vida completa que he tenido.

Observando el rostro de la persona que la salvó de sí misma, Momo Yaoyorozu se sumió en la eterna obscuridad.

Gracias por leer.