Juro ser falso y mentirte por siempre
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- Todo estará bien- dijo Kurama, afuera del salón, por suerte estaba solo, hablándole a la pared - Nada cambiara. Seguirá siendo el mismo y yo…Y tú…- vacilo. Debía hacer cambios. Sabía que sería difícil, pero si había progresado tanto como para haber dado ese pasó necesitaba una reinvención- Esta es mi vida, Youko.
- ¿Qué estas murmurando solo?
Se giró y vio a Hiei, muy fastidiado por el deseo de matar que había en sus ojos. Había querido una ceremonia reservada pero Yusuke se había enterado, después Keiko, y Botan no tardo en unirse a la novedad. En concreto, era poca gente. Es más, ni siquiera su madre estaba enterada de cuan seria era su relación. Al volver a Japón, tendría que contarle que se casó sin su conocimiento.
- Nada- se recompuso, abandonando la vista de la pared vacía- Te lo diré ahora. No estas forzado a cambiar nada.
- ¿Y porque debería cambiar?
- Es que, podrían haber cambios…
- No me importa. Me interesa muy poco si cualquier cosa, incluso este mundo, cambia para mí. Ya te lo he dicho. Somos compañeros de cadenas.
- Suena a prisión- sonrió. Sonaba cómica la comparación.
- No, idiota. Significa estamos iguales.
Kurama, como no le sucedía con frecuencia a excepción de con Hiei, no supo que responder.
- "Compañeros de cadena"
- Si, y ahora regresa a ese calvario. No voy a sufrirlo solo.
El pelirrojo contuvo la risa.
- Hiei, ¿Sabes que es "luna de miel"?
Por su rostro desconcertado, no lo sabía.
- ¿Hay una luna de miel? No. ¿Es el nombre de una nueva receta tuya?
Se contuvo un estallido de risa, tomándolo de los hombros, en dirección opuesta al salón.
- Regresemos al hotel. Allí lo sabrás.
Las fracciones que delataban la ingenuidad del más joven, el traje formal que detestaba, junto al contacto de su mano para llevarle lejos antes que los descubrieran, fueron uno de los detalles más memorables que Kurama tenía de esa noche.
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Siete años.
Siete sacrificados y vergonzosos años.
Su rabia no se apaciguo, ni siquiera su ansia de batalla, cuando derroto a más de cientos en el Makai sin real motivo para ellos. Necesitaba esa descarga, pero ni con millones de demonios a cada minuto iba a calmarse. Estaba furioso.
Pensó que conocía a Kurama, que él era vulnerable. Un humano más, aunque distinto. Había creído muchas cosas y sus ideas se desmoronaron como un castillo de arena ante la marea. Odiaba sentirse así.
"Maldito humano y…zorro", murmuraba entre dientes, esperando a su siguiente victima con la espada ya cubierta de negra sangre y no satisfecha todavía.
Yusuke lo fastidio con innumerables preguntas, las mismas que él se hacía en la cabeza, y con rabia lo echo a un lado. Desestimo la misión, que ya estaba perdida porque el ladrón había escapado y logrado su cometido, porque faltaban algunas pertenencias del museo. Algunos de los compañeros del ladrón, que no llegaron a cruzarse por el camino de Hiei, habían logrado escapar también con tesoros humanos. ¿Tesoros humanos? No entendía que pretendía, pero tampoco quería pensar en eso. Solo podía concentrarse en la rabia, la vergüenza y la amargura.
No sabía si Yusuke informaría a Koenma sobre la verdadera identidad del demonio zorro, aunque tampoco le importaba. Era increíble. Años juntos, viviendo y lidiando con el otro, para acabar sin saber quién era realmente la persona con la que estaba. El sentimiento era nauseabundo, tanto como el aroma a sangre fresca de demonios débiles.
Cuando observaba por la ventana, porque no podía usar su Jagan a la vista por la presencia de Kurama, era por la intuición de que había un demonio cerca. Siempre alerta, jamás considero que las energías demoníacas provinieran de la misma casa que afuera. Hiei empezaba a analizar que se debía a que cuando el zorro interno se despertaba eran los momentos en los que advertía amenaza demoníaca. La inteligencia de Kurama, a veces enigmática, sonaba a individuo que había vivido mucho tiempo, porque era el ladrón legendario. Su belleza, su astucia y su sabiduría, todas las características de un demonio de muchas vidas de excelente disfraz. Lo había engañado.
Se había humillado por él, hace siete años se degrado a sí mismo para estar con él, por amor al manipulador zorro, y desde entonces le estaba viendo la cara de idiota. Había sido un juego. Un juego para aquel zorro desgraciado.
Quizás fuera la revelación o la desconfianza de hacia un tiempo atrás, pero no podía creer otra cosa que no fuera un vil ardid maniobrado a manos del zorro Kurama.
En otra parte, lejos, Kurama pensaba lo mismo de él.
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Urameshi había visto desde el comienzo la relación de Kurama y Hiei, contemplado los problemas e inclusive interferido algunas veces, por ejemplo: ante las dudas de Kurama la noche anterior y en otras como hacerle saber a Hiei sobre la vida con otra persona, porque el concepto de matrimonio todavía no lo entendía del todo. No obstante, Yusuke no se involucraba demasiado. Kurama era doblemente de comprensivo e infinitamente más paciente que el con respeto a todo, mas con Hiei, así que si habían problemas visibles solo opinaba. Con el demonio de fuego que tenia de compañero, debía implicarse con suma cautela, primero porque Hiei tenía un trato con Koenma que lo obligaba a ser un detective y el segundo; porque el temperamento de su amigo cambiaba, en su mayoría de casos, a causa del pelirrojo.
Con todo eso, Yusuke jamás pensó siquiera en ser el intermediario entre la pareja. Cuando se supo en esa posición ya era tarde. El teléfono había sonado y desde entonces el caos se desato en su casa.
- ¡Oh!- vocifero Yusuke al llegar al teléfono y reconocer a su emisor- ¡Kurama, justamente…!
Un dolor en su espalda y en la mano donde sostenía el teléfono lo interrumpieron. La vaina de la espada de Hiei era tan duro como el acero que sostenía.
Hiei tomo el teléfono y el detective tuvo que desistir de quejarse y repetirle que estaba en su casa.
- ¡Maldito zorro, habla!- grito, sin perder un segundo- ¡Iré a a quemar las malditas cortinas que tanto has cuidado! ¡Y cada maldito jarrón de flores!
- ¡Hiei, cálmate!- pidió el moreno, inútilmente.
- No- ignorándolo olímpicamente, gruño contra el teléfono- El idiota de Urameshi no tiene relación alguna con esto. Habla, desgraciado, esto es entre tú y yo.
Yusuke no le veía buena salida a todo eso. Se resignó a quedarse cerca, para impedir que la fuerza de Hiei contra el teléfono acabara roto o quemado de la rabia.
- No puedo hablar si continuas gritando así.
- Conmigo no te quejes. Habla fuerte. Esta porquería no sirve.
Kurama sonrió internamente. Hiei seguía siendo el mismo aun cuando se enfadaba, a su estilo feroz y hostil. En realidad, los gritos que había soltado la tarde entera lo dejaron sin voz. Aun sospechando que estaría con Yusuke, imagino que solo se lo encontraría a él.
- ¿De qué quieres hablar? Sabes quién soy realmente y yo quien eres tú, el verdadero tú. ¿Queda algo que aclarar?
- Muchas cosas.
- Si, es verdad.
Hiei noto algo raro. Kurama no solía contradecirse. Sonaba cansado y amargado.
- Tu juego de disfraces fue admirable- opto por decirle, con sarcasmo- Aparentaste como humano lo que jamás fuiste como demonio. Tan diferente al zorro que nadie los relacionaría…
- También tú lo hiciste, ¿no es así?
Hiei no pensó que en esas palabras Kurama le preguntaba si él sabía quién era realmente y, por ende, que había jugado con él.
- Un disfraz horrendo. No valió la pena tanto tiempo- pudo escuchar algún lamento de la boca de Kurama pero lo omitió, creyéndolo su imaginación o alguna anomalía del teléfono- Saben quién eres. Ya no tienes escape. Espero que a la próxima des un ataque mejor que ese.
- ¿Porque? ¿Quieres verme otra vez?
- Quiero encargarme de ti personalmente.
Kurama guardo silencio por unos instantes.
Así que era eso.
- ¿Todavía insistes en matar a Youko?
- Tú eres Youko.
- Soy Kurama.
- Eres increíble, un mentiroso de grandeza. Quiero matarlos a ambos.
Kurama sintió un rastro de humedad caer de sus mejillas hasta su mentón. Terriblemente brutal y sincero. En realidad, Jaganshi lo había dicho en un arrebato porque no confiaba en que dos seres tan distintos pudieran ser el mismo, más que como actor y verdadera personalidad.
- ¿Eso quieres…?
- A diferencia de todos los demás, yo no me motivo por recompensa o justicia; eso ya lo sabes.
- Si…Puede que tú seas el único.
No se permitía a si mismo sentir más que enojo y ácido resentimiento. Por mantenerse firme no escuchaba los pequeños indicios que delataban el padecimiento interno de Kurama.
- ¿Porque has llamado al imbécil?- pregunto para cambiar el tema, refiriéndose a Yusuke.
Kurama suspiro. Lo hizo para rogarle que no involucrara a su madre en el caso. No conocía lo suficiente a Yusuke, especialmente con la revelación de que él era el detective espiritual e hijo de Raizen, pero había visto en el a una buena persona. Pensó que convencerlo a el antes que a nadie sería lo más indicado y lo más seguro para su madre en el mundo.
- Sospechaba que estarías allí.
- ¿Por qué no me mataste?
Volvió a suspirar. Se pasó una mano por la cara.
- Basta. No necesitamos hablar de eso.
- Habla.
Era insoportable. Ser manipulado y engañado para acabar acorralado y humillado por la persona que pensó correcta.
- Adiós, Hiei.
- ¡No te atrevas, Kurama!
Sonrió a que dijera su nombre, no "zorro" o Youko. Lástima que lo hacía en medio de una discusión, que corto de inmediato.
- ¡Kurama!
- Hiei, detente, me llamo a mí, deja que me hable.
- Corto- Yusuke lo miro sorprendido. Reconoció en su grave voz la ira y la intención asesina- Voy a matarlo.
No era bueno, no era propicio en esos momentos. Ver a Hiei así no era nada…
- ¡Hiei, no!
El demonio escapo por la ventana, quitándose la venda que cubría su Ojo Demoníaco, con el que podía encontrar hasta lo más pequeño e insignificante de cualquier sitio. Concentrándose y brillándole el Ojo, busco a Kurama.
