Saliendo a la luz que este ficno estaba terminado y solo se encontraba en pausa estratégica. O algo así.

Esta segunda etapa del ficserá una trama transitoria, por llamarla de alguna manera, que estará enfocada más que nada en lo que sucede con los personajes a lo largo del año entre purgas y que prepararán el escenario para la siguiente noche.

¡Pero no es para que se lo salten!Este...arco (?) está específico para resolver dudas y establecer todo lo que sucederá, así que, léanlo. También les pido que si tienen una pregunta, la que sea, me la hagan. Todo, o al menos en su gran mayoría, debe quedar resuelto antes de que comience la siguiente noche.

Honestamente no sé qué onda con eso de primer ministro así que todo es manejado como si fueran presidentes ¡Lo siento!

Se integrarán nuevos personajes y otros se irán.

Como estamos en el año en el que la legalidad actúa como normalmente debería hacerlo, no hay advertencias sobre violencia ni nada de eso. Por ahora.

AJAJA ¡Gracias por seguir dándole una oportunidad a este fic!

Espero que les guste lo que viene:

24 de marzo del 2022

Fue una noticia impactante y rápidamente difundida la muerte de Yaoyorozu Momo, una de las jóvenes aristócratas más importantes del país. Famosa por los aparatosos preparativos de su boda que se habría llevado a cabo en un par de meses.

Los informes anuncian que ella y su prometido fueron secuestrados por los rebeldes y usados como carnada para acceder a ciertas personas de alta cuna. El resultado fue que a ella le dispararon y le robaron su anillo de compromiso, única joya que portaba en ese momento. Su familia le llora y su antiguo prometido se niega dar declaraciones al respecto. Pero tras anunciar que dejaría el país, se sospecha que su amor era real y no puede seguir viviendo en el lugar donde la perdió.

Las personas cercanas a ella afirman que murió defendiendo los ideales de la purga y se sintió halagada de ser entregada como sacrificio a la purificación de la sociedad. Su entierro fue transmitido por televisión nacional y estuvo lleno de flores azules como símbolo de su apoyo.

363 días para la siguiente purga.

Izuku despertó completamente despejado. No como las veces en las que está tan adormilado que incluso está algo perdido respecto a su entorno, que son, en realidad, casi todas las veces. No. Se levantó sin ningún rastro de cansancio. Tenía dolor físico, sí, el cuerpo le dolía de diferentes maneras a diferentes niveles. Su brazo derecho seguía enyesado, la mayoría de él estaba envuelto en vendas y lleno de moretones. Le costó varios quejidos solo poder sentarse en su cama.

Mirando sobre su hombro observó a Ochako aún dormida, con el ceño levemente fruncido y los ojos hinchados de tanto llorar.

Después de que su madre y él llegaran a casa, casi al anochecer había regresado ella y al verlos solo había comenzado a disculparse por todo, por cargas que no le correspondían. Y ninguno había podido tranquilizarla lo suficiente o ser el apoyo que requería para que dejara de considerarse a sí misma una carga y una inútil. Le había estrujado el corazón verla de aquella manera.

Se levantó agradeciendo que la purga de ese año hubiera comenzado en la noche del viernes porque así tuvo el sábado que pasó casi completamente inconsciente en el hospital y el domingo para descansar. Porque obvio nada se suspendía solo por ese suceso y él tenía un trabajo que mantener. Fue a la cocina donde su madre ya estaba sentada tomando un té. Al verlo, ella intentó sonreírle, pero su rostro no la apoyo del todo en la idea así que solo tuvo una boca temblorosa. Izuku le sonrió a cambio para agradecerle, para decirle que todo estaba bien. Y tras un suspiro, Inko por fin pudo darle el gesto que, a su consideración, debería estar por siempre en su rostro.

Entonces vio las maletas.

—Puedes quedarte —le dijo— un tiempo más. Hasta que las cosas se calmen.

—Quisiera quedarme toda la vida, Izuku —le respondió ella cerrando los ojos—. Estar a tu lado y cuidarte. Refugiarnos en tu fuerte de almohadas mientras usas tu pijama de All Might y nos proteges de todo mal.

Izuku sintió el sonrojo apoderarse de su rostro ante el recuerdo de su infancia. Realmente no era en sus memorias donde vivía esa experiencia, era más que nada en los relatos que su madre le había dicho y las fotografías que le había enseñado. A pesar de que lo intentaba, parecía que su mente se esforzaba por alejar aquellos momentos de su consciente.

—Pero, Izuku, eres un adulto ahora y tienes una vida aquí en la que no debo inmiscuirme —él quiso decir de inmediato que no lo hacía, pero ella siguió hablando sin darle una oportunidad— y tienen que hablar. Ayer Ochako-chan y tú ni siquiera se miraron a los ojos. Estos momentos de desgracia son decisivos en las relaciones, puede unirlos más o puede separarlos ¿Cuál deseas que suceda?

Unirnos más, por supuesto. Habría sido la respuesta que le hubiera encantado decir, pero su boca eligió ese momento para no hallar la capacidad de servir.

Inko terminó su té y se dispuso a arreglar unas últimas cosas antes de irse. Izuku se cambió de ropa y dejó una nota en la cómoda junto a su cama a Ochako para no tener que despertarla. Le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y la observó agotada, pálida e incluso más delgada a pesar de que había sido solo una noche. Salió en silencio de la habitación y cargó las maletas de su madre para salir.

—¿Estás segura de que no quieres que te acompañe? —le preguntó Izuku por treceava vez ya en la estación mientras el tren bala se acercaba.

—Estoy segura —le contestó Inko colocando una mano sobre su pecho y pellizcándole un poco la mejilla—. Cuídate, dile lo mismo a Ochako-chan. Dile también que deje de sentirse culpable, ella no provocó nada de lo que nos sucedió ese día.

—Se lo diré —Afirmó. El tren llegó y abrió sus puertas. Izuku entró para dejar las maletas y volvió a salir, su madre se quedó de pie en el umbral de la puerta mirándolo—. Cuídate.

—Te llamaré cuando llegue —Le aseguró ella—. Salúdame a Katsuki-kun. No puedo creer que vuelvan a tener contacto. Se ha vuelto un verdadero hombre.

—¿A quién? —le preguntó Izuku, sintiendo en todo su cuerpo que debía reconocer ese nombre.

—Katsuki-kun —repitió ella pegando una mano a su pecho— No me digas que no lo-

Las puertas se cerraron ahogando el sonido de su voz. Ella inmediatamente olvidó lo que decía y se despidió con un gesto de la mano. Aunque Izuku quería detenerla y preguntarle más al respecto, sabía que no había forma, así que le respondió y él no dejó de hacerlo hasta que el tren desapareció de su vista.

362 días para la siguiente purga.

Izuku se aseguró de llegar temprano al trabajo aquel lunes por la mañana. Sabía lo estricto que podía ponerse Aizawa el primer día del trabajo después de una purga. La mayoría de sus compañeros pensaban que era demasiado malvado y desconsiderado de su parte no permitirles faltar, pero Izuku comprendía su verdadera razón. El por qué quería verlos a todos. Necesitaba asegurarse de quiénes seguían ahí. Quiénes sobrevivieron a la noche. En cierta forma Izuku también lo necesitaba. Podía respirar al entrar a la oficina y ver a varios de sus compañeros ahí.

Cuando Aizawa llegó, casi unos segundos después de que se sentara, pasó revisando cada cubículo. Frunciendo el ceño ante cada lugar vacío que pasaba. Cuando llegó hasta él se detuvo a mirarlo un poco más. Su brazo enyesado, su cuerpo magullado. Pero al final asintió y siguió viendo a los demás.

Le agradaba su jefe. Era una persona muy seria y responsable. Sumamente entregado y que veía por sus empleados, aunque no quisiera aceptarlo. No faltaba nunca ni aunque estuviera enfermo o herido.

Movió su hombro izquierdo y decidió comenzar a trabajar.

Se sentía extraño. Debería preferir estar en casa descansando, pero la verdad era que ni siquiera le había costado eso de levantarse más temprano e ir hasta ahí. No había tenido una conversación decente con Ochako, ella se la había pasado más tiempo dormida que otra cosa. Esa mañana no la había despertado antes de irse.

En cambio, se preguntaba cómo estarían Ka y Red Riot. Iida, que a pesar de ser su vecino no se lo había encontrado, al parecer no había regresado a casa y eso le generaba un nudo en el estómago ante la probable razón. Todas las demás personas que aquella noche se habían levantado y habían peleado. Todos ellos gracias a quienes en ese momento estaba con vida.

¿Por qué lo hacían? Más importante ¿Lo dejarían unirse una vez más?

27 de marzo del 2022

El presidente de la línea de perfumerías Hagakure anunció en su conferencia de prensa su nula participación o apoyo al grupo de rebeldes que se han estado interponiendo en la realización de la depuración anual e hizo pública su encolerización ante la utilización de uno de sus edificios como punto de reunión de estas personas.

Su hija Toru Hagakure no hizo declaraciones a su lado como ha venido haciendo desde que cumplió la mayoría de edad. Hay varias especulaciones al respecto. Unos de los periodistas más aventurados y que han logrado traspasar a los guardias que su padre le ha puesto, han declarado que ella se nota más taciturna de lo normal, algunos incluso la declaran en duelo. Se especula que perdió a alguien importante durante la purga. Otros, más sensatos, declaran que la irrupción a una de sus propiedades por parte de tal clase de personas la han dejado impactada

340 días para la siguiente purga

—¡Iida-kun! —gritó Izuku al ver a su vecino llegar. Corrió hacia él y sin pensar en más lo abrazó— ¡Oh, Iida-kun, estás vivo!

—Midoriya —respondió este con desconcierto—. Sí, lo estoy. Lamento si te preocupé por no aparecer por aquí estos días. También me alegra que estés a salvo.

—¿Dónde habías estado? Realmente pensé lo peor, y no sabía... no...

—Está bien, estoy bien. Estuve quedándome con Todoroki. Sufrió una repentina pérdida para la que no se preparó y sabía que si no estaba a su lado podría terminar desplomándose en su soledad. Pero todo está bien. Al menos mejor que antes. Y es bueno saber que estás bien ¿Uraraka-san lo está también? ¿Tú madre?

—Ellas están bien.

—Me alegra saber que al menos logré salvar a mis conocidos de este piso. No fue todo en vano.

—En realidad —Izuku bajó la mirada y la dirigió al fondo del pasillo—, Asui-san no lo consiguió.

Cuando volvió a mirar a su amigo notó que este había puesto una mueca de impotencia. Cargando una responsabilidad que no le correspondía.

—Hiciste lo mejor que pudiste —le dijo Izuku—, si no fuera por ti y por Ice-Fire, ninguno de nosotros estaría aquí.

—Aun así, más de la mitad del edificio murió.

Izuku bajó la mirada. No sabía qué podría contestarle a eso. Le agradecía, y le gustaría incluso llegar a decir que era un héroe, pero lo único que había sobre sus hombros eran las muertes que no había evitado. Era un poco lo mismo para él. Cuando se unió repentinamente a ese movimiento altruista, y fue a detener y salvar personas, se dio cuenta de que, a pesar de hacer algo, esto era muy poco. No era nada. Todos esos años anteriores que se había quedado cobardemente en su casa mientras afuera gente se asesinaba entre ella.

Ni siquiera podría decir que toda esa gente era mala. Solo se estaban dejando llevar, solo querían probar algo, solo se habían visto atrapados en las circunstancias. Recordaba a las chicas de las katanas que eran tan solo unas niñas. Necesitaban a alguien que les ayudara. Alguien que los guiara o salvara. Alguien que los detuviera y así no se arrepintieran el resto del año y de sus vidas de haber cometido un acto estúpido.

Cuando volvió a dirigir la mirada a su amigo, notó que este se tallaba los ojos debajo de los lentes.

—¿Qué pasa Iida-kun?

—Al parecer rompimos la regla más importante contigo. Te mostramos nuestro rostro, te dijimos nuestro nombre.

—Sí —dijo Izuku pensando que muchos lo habían hecho. Había visto el rostro de Red Riot, aunque no sabía su nombre, también el de Ice-Fire, que sabía se llamaba Todoroki Shouto pues él mismo había mencionado su nombre, y el rostro de Explosion, que sabía era Ka-algo Bakugou.

Salúdame a Katsuki-kun

—Kacchan —susurró.

—¿Cómo dices?

—Ah, no. Uhm ¿Por qué decidieron comenzar a hacer eso? Sali, ayudar personas.

—Desconozco las razones por las que Bakugou y Todoroki comenzaron —dijo Iida moviendo los brazos de forma recta como era su costumbre—, pero yo me uní porque me convencieron sus ideales. Las personas deberían hacer algo al respecto sobre esta noche tan cruel.

Izuku estaba de acuerdo.

Izuku quería volver a hacerlo.

315 días para la siguiente purga

Mineta estaba sentado en la puerta que correspondía al número 6-3. Ochako lo observó desde que salió del elevador hasta que llegó a su propia puerta. Abrió, entró, dejó sus cosas en la barra de la cocina y volvió a salir. Se deslizó por la pared hasta terminar sentada junto a él.

—También la extraño —le dijo. Mineta giró la cara en su dirección.

—Se siente muy extraño. Es como si en cualquier momento fuera a salir a regañarme por tratar de hacer un agujero en la pared que une nuestros apartamentos. —Ochako apretó sus rodillas sin saber qué contestar a eso— A veces, cuando necesitaba algo y Midoriya no estaba, ella me ayudaba. A pesar de que sabía cómo era nunca me miró con desprecio. Era buena, inteligente, fuerte.

—Hablas como si hubieras estado enamorado de ella.

—Lo estaba —soltó de repente y Ochako sintió su pecho oprimirse—. ¿Que no lo estabas tú también?

Pensó en Tsuyu desde la primera vez que la conoció, siempre tan tranquila, sonriéndole cuando era necesario, apoyándola, protegiéndola, estando allí cuando Izuku no podía o no comprendía. Observó la puerta y casi podía distinguirla abriendo y deseándole un buen día.

—Sí... —susurró su respuesta— Lo estaba.

Permanecieron en silencio. Ochako deslizó las manos por sus piernas. Los recuerdos de Tsuyu estarían frescos para siempre en su mente. Como las noches de películas de terror donde tomaba su mano y ella le proporcionaba seguridad. O las noches de chicas a las que una vez arrastraron a Izuku y lo obligaron a vestirse de chica. Siempre reían cuando revivían ese momento.

O aquella noche cuando tuvo una pelea con Izuku, la más fuerte que hubieran tenido y corrió con Tsuyu y ella la reconfortó toda la noche. Ochako abrazó sus piernas cuando comenzó a llorar otra vez.

—Sí, creo que yo también lloraré —comentó Mineta y luego se puso de pie—, pero no puedo hacerlo aquí, con la prometida de mi amigo —le señaló la mano y Ochako observó el anillo. A veces se olvidaba de él—. Felicidades —le dijo Mineta y se fue a su apartamento.

—Felicidades —repitió Ochako en voz baja cuando la puerta se cerró. Volvió a ver el anillo, delgado, de oro con un pequeñito diamante. Era hermoso y estaba segura de que Izuku debió ahorrar mucho para conseguirlo.

Pero se sentía extraño en su mano. Ese compromiso, algo que había fantaseado tanto antes, de repente se sentía incorrecto. Izuku le había entregado el anillo sin ninguna clase de brillo en los ojos. Fue una clase de "es lo que debe hacerse" y fue lo mismo para ella cuando lo aceptó. No hubo una cena especial, no llegó oculto en ningún otro objeto, no llegó a él por ningún camino de rosas, no lloró mientras gritaba que aceptaba. Solo llegaron y de pie en medio de la sala él deslizó el anillo en su dedo. Como quien le pasa un vaso de agua a otro. Y entonces de repente ya estaban comprometidos.

Se levantó y volvió a entrar a su hogar. Preparó la cena en modo automático. Un par de horas después llegó Izuku y le besó la frente como saludo. Ya no habían vuelto a tocarse de manera íntima desde la purga. Algo de ambos se había quedado allá. Cenaron, ambos se dedicaron un poco a sus respectivos trabajos, lo que era necesario, se bañaron y fueron a dormir.

—Buenas noches —le dijo Izuku metiéndose entre las cobijas.

—Buenas noches —le contestó y Uraraka solo pudo pensar en lo mucho que extrañaba a Tsuyu.

1 de abril del 2022

Las elecciones que se llevarán a cabo el próximo año han comenzado a generar controversias. Mientras que una gran parte de la población pide que los gobierne alguien que derroque la purga, el resto lucha porque esta siga y apoyarán la reelección de Kai Chisaki.

Mientras tanto, aquellos que están en contra pierden las esperanzas ante la noticia de que el único competidor que habrá será Todoroki Enji. Las personas declaran que no necesitan a un sargento que solo apoyará la violencia. Todos se preguntan si acaso Japón tendrá algún escape de esta pesadilla.