Chantaje sin cuartel
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Entreabrió los ojos, adolorido y con jaqueca. Se sentó en el duro suelo y vio a su alrededor. No le basto mucho tiempo darse cuenta de donde estaba. Primero que nada, se encontraba en el palacio del príncipe Koenma. Segundo, pero no menos importante, estaba encerrado entre barreras de energía espiritual que no podía traspasar. Youko estaba internado en una prisión con forma de esfera.
Era Youko, pues se miró el cuerpo y supo que el demonio tuvo que ocupar su puesto para apaciguar un poco los daños de su anatomía en decadencia. Siendo Youko o Kurama, las heridas eran las mismas, no obstante, en uno se sentían infernales y en el otro picaduras de insecto. Su brazo estaba vendado pero la sangre comenzaba a humedecer la tela. La mayor parte de su cuerpo se sentía en periodo de recuperación luego de alguna inspección médica especial para demonios como el, pero el sentimiento de amargura y dolor persistía más que ninguno.
- Ese pequeño adonis…Fue un salvaje.
- No me hables de él. Hubiera sido mejor que nos matara. Aquí, nos mantendrán con vida para interrogarnos y luego nos mataran a base de tortura. Estamos en la lista de más buscados por algo.
- Jamás fuiste más pesimista…Yo también estoy lastimado, desengañado. Tú sabes, era parte de mí también.
- Le dije la verdad, que no le mentí en nada más que esto, pero él no me respondió. ¿Crees que él, como yo, nunca haya sospechado nada hasta que ese día?
- No lo sé- suspiro, echo la cabeza contra la barrera, que se sentía a una pared- No me preguntes cosas que ni tu sabes. Somos el mismo.
- Quisiera hablar de nuevo con él.
- Sería un suicidio ir en su búsqueda después de salir de aquí. Tenemos que cuidarnos. Agradece mi consejo de entrenar y mejorar nuestro físico, de haber peleado con tu condición de antes habríamos perecido.
- Detesto cuando tienes razón…Espera, no seas arrogante. ¿Escapar de este lugar?
- Soy el gran ladrón Youko Kurama. Escapar no me será gran problema, por supuesto, primero deberé recuperarme.
- No escaparas de aquí.
Youko miro con sorna a los soldados que se acercaban. Con seguridad serían sus guardias. A unos pasos de distancia, entraba Koenma, que se acercó hasta los límites de la barrera.
- Ladrón Youko.
- Príncipe Koenma, me honra que diga mi nombre con ese tono. No sea modesto, sé que me merezco su respeto y admiración.
Shuichi reprendió a Youko en su mente, como lo hacían los soldados con la mirada.
- Queremos confirmar la información. ¿Eres Minamino Shuichi?
- ¿Quién dijo eso? Soy un youkai de naturaleza animal. Soy un kitsune, demonio zorro. Me especializo en los robos más difíciles y celebres del Makai, recientemente hice una operación exitosa en el mundo humano.
- ¿Por qué robaste en el mundo de los humanos? Que sepamos, no había en ese museo cosas relativamente perversas para atraer tu particular atención. ¿Y porque atacaste ese lugar? Tus compañeros huyeron, al menos tres. Interrogamos a los otros que logramos atrapar, dijeron que tú les ordenaste robar lo que pudieran. ¿Qué significa eso, una estrategia tuya para confundirnos?
- Suenas más inteligente en esa versión adulta de ti mismo- sonrió, dedicándole una carcajada maleducada que molesto a los soldados- Y si hice eso, ¿Importa? Alguno de ellos pueden tener lo que yo intente robar y deben tenerlo guardado hasta mi llamado, porque como habrán inspeccionado yo no poseo nada encima que tenga relación con los robos que he hecho.
- Admites que protagonizaste esos robos.
- No solo eso, los organice y ejecute todos. Bueno, habrá que darles crédito a los sacrificios para mi gran obra, aplausos para ellos, en su honor- aplaudió Youko, sin vergüenza alguna.
Koenma no puedo imaginar tanto cinismo en una sola persona. Hiei y el serian excelentes juntos, pero Yusuke le había dicho que el verdadero Kurama era el opuesto del demonio delante de él.
- Nos estás engañando, tus palabras pueden conducirnos a un laberinto.
- Piensen lo que quieran. Me tendrán en su territorio y atrapado entre sus paredes, pero jamás necesite tanto esfuerzo para satisfacer algún deseo mío. Debo pensar por un tiempo y pronto estarán rojos de vergüenza, todos ustedes, por mi escape triunfal, delante de sus narices- arguyo socarrón.
- No hay caso contigo.
- Solo espere, príncipe, y usted será el primero en responder por las débiles fuerzas que no pudieron contra el ladrón del Makai. Créame.
Las miradas de desprecio de los soldados se multiplicaron. Koenma trato de mantenerse sereno, lo estaban provocando y procuro mantenerse circunspecto. Aclaro su garganta para atraer la atención general.
- Como dije al principio, queremos corroborar un dato. Muéstranos a Minamino Shuichi- A esta alusión, Youko dejo atrás su sonrisa petulante y sus labios formaron una línea característica del enojo.
- ¿Para qué lo quieren? Sé que no valdrá nada a mi sentencia.
- ¿Crees saber lo que haremos?
- ¡Como no saberlo! Van a ejecutarme, y no les importa si soy mitad humano- Se cruzó de brazos, sentado en el suelo- No hará diferencia alguna, tampoco. No contare la historia de vida de mi otro yo, como si fuera interesante, y yo sé tanto que tardaríamos siglos en completar la información que quieren. Les confieso algo, no quiero quedarme aquí a contarles nada.
A Koenma, muy a contra de su carácter, vio en eso una oportunidad.
- Pero, le contaste bastante a un empleado mío.
- ¿De qué hablas?- gruño Youko, con desconfianza.
Koenma dio un paso hacia atrás a la izquierda, indicando la puerta abierta atrás suyo. Todos vieron a esa dirección. Youko palideció al reconocer una sombra que entraba a paso parsimonioso al salón.
Unos soldados levantaron las armas contra el intruso pero Koenma les hizo un gesto con la cabeza para que lo dejaran. Lo sucedido días atrás con Hiei le habían dejado a los soldados una peor impresión que antes, más dado que Hiei estaba en la lista de más buscados y peligrosos antes de unirse a la Defensa del Mundo Espiritual y ayudar a Yusuke, también como detective.
- ¿Cómo que soy tu empleado?- se quejó apenas estuvo a unos centímetros de distancia de Koenma, quien se le alejo, temeroso. Hiei bufo. Después se la cobraría. Fijo su mirada hacia el demonio entre barreras espirituales, procurando que la indiferencia y la cruda frialdad se manifestaran por sus ojos antes que cualquier otro sentimiento- Youko.
-Disfruta del espectáculo- Sonrió ampliamente, fingiendo que la presencia de Hiei le simpatizaba a contra de ponerlo nervioso- Pero, es una pena. Mi cuerpo está en lamentable posición por lo que le hiciste a Shuichi. Como ves.
Hiei mantuvo su seria, dura e indiferente mirada sobre el en todo momento.
- No me importa realmente lo que querían de ti. Tampoco me interesa a quien encomendaste o donde escondiste esos tesoros que robaste. Quiero una cosa y la tendré, contigo de acuerdo o no.
- En persona eres tan intimidante…Me gusta. Cumples tus amenazas. Vamos, inténtalo.
El Maestro del Jagan vio por unos segundos a su derecha, nada realmente importante en esa dirección, y luego soltó un perceptible suspiro antes de empezar a hablar.
- Minamino Shuichi es un humano. Nació por madre humana y tiene las actitudes de uno. Pero, desde el momento de nacer sabía que era un demonio zorro, un ser demoníaco que debía volver al Makai. El humano quería desaparecer del mundo mortal pero acabo uniéndose a los humanos y a ese mundo, tomándolo como su hogar- Se mantenía sin expresión, pese que se mostraba molesto en su interior- Llego a amar a su madre humana y por ella se quedó en el Ningenkai, en espera de que el tiempo olvidase su pasado y tener una vida normal y en paz. Eso era un sueño imposible. El humano tenía a Youko, el demonio que se fusiono a el luego de una persecución riesgosa.
Youko perdió la sonrisa, comenzando a preocuparse en serio.
- ¿Cómo sabes eso?
- Información confidencial.
Lo detestaba. Cuando Koenma le informo de lo que ahora hablaba le aseguro que la historia era real, pues el propio rey Yomi en persona, un viejo "amigo" de Youko que quería su ejecución, se la presto para acelerar el proceso y así su trágico destino.
- ¿Y que con eso? Teorías, suposiciones, versiones, historias variadas. No tienen nada.
- La madre de Minamino podría haber estado expuesta a tu yoki, ser una compañera tuya- le dijo sin piedad, viendo la reacción inmediata de Youko- Es más, es muy probable que ella sea la que guarda los tesoros que robaste.
- No. No es verdad.
- Eres un mentiroso innato. En vez de escucharte yo sugiero que interroguemos a tu madre, o a la madre de Minamino.
Youko comprendió instantáneamente lo que estaba sucediendo y Shuichi también, pero el horror de ver envuelta a su madre en el caso lo alarmo y no pudo pensar con coherencia. Los pensamientos de él se mezclaron con los suyos.
- No, eso no. ¡Ella no sabe nada! No la tengo bajo ningún control, ella no tiene idea… ¡Tú lo sabes!
- Sueles ir tu solo a verla como Shuichi. Además, meses antes de los robos fuiste a su encuentro.
Amplio grandemente los ojos y rugió con los dientes expuestos. ¿Era capaz de involucrar a su madre en semejante tormento?
- ¡No fue así! Ella estaba enferma, ¡no insistas en que tiene relación!- podía sentir a Shuichi temblar en su interior, su preocupación y sus emociones provocándole un estremecimiento de descontrol.
- Dinos donde están los tesoros- intervino Koenma, sorprendido del cambio de expresión del demonio zorro. Había hecho bien, pese al cruel método, habiendo llamado a Hiei. La calma arrogante y todo gesto burlón o malicioso en los labios del zorro habían desaparecido por completo.
Youko vio al príncipe con rencoroso odio.
- No hablare.
- Pero esa mujer puede que sí. Deberá pasar por pruebas para asegurarnos que esta liberada de todo control tuyo…
- ¡No te atrevas a decir eso de Shiori, Hiei!
La voz de Youko se perdió, se fusiono con la de Shuichi por la tensión y la ansiedad. Todos en el salón, excepto Hiei, se asombraron del exabrupto. En cambio, continúo hablando.
- ¿No es verdad? Ella es tu adorada madre, supongo que es la persona en la que más confías. Puede que no esté relacionada con este "tu" pero podría guardarte los tesoros que robaste sin saber que son.
- Calla. Esto es una provocación. ¡Shuichi, cálmate!- Se llevó ambas manos a su cabeza, aprisionándola- Sabes que es un engaño, lo sabes. Contrólate, no puedo resistir tus emociones.
- ¿Están hablando?- murmuro Hiei, inmisericorde- Pregúntale que le parecería si trajéramos aquí a su madre. Podrían compartir celda.
- Basta- farfullo, perdiendo el control- ¡Detente!
De un segundo al otro, el cabello plateado de Youko, sus ojos dorados y su ropa cambiaron a mechas de rojo intenso, ojos esmeraldas y ropa de humano, cortada y en pésima condición, con la adicional de una expresión máxima de desesperación y coraje.
Los soldados y Koenma vieron con asombro la transformación. Por su parte, Hiei permanecía lo más impasible que podía.
- ¡No me hagas esto, Hiei! ¡No involucres a mi madre!- Su reciente voz aterciopelada estaba corrompida por la ansiedad y el miedo de esa posibilidad- Déjenla fuera de esto.
En la garganta de Kurama murió un gemido, y el Maestro de Jagan decidió que era suficiente. Se dio la vuelta, dándole la espalda al hijo angustiado.
- Ya hice mi parte- le dijo a Koenma, sin tacto alguno, antes de retirarse por la puerta, de la misma forma que había entrado.
El silencio que quedo después de su partida fue tenso.
- Por favor, no le hagan nada.
- Youko deberá decidir eso. O tú, Shuichi- le dijo Koenma, muy serio.
- ¿Qué quieren saber?
- Empezaremos el interrogatorio después. Ahora, es momento de tu curación- El muchacho no necesito verse el brazo para saber que estaba sangrando de nuevo- Y, Shuichi…- El príncipe bajo la voz, esperando que nadie más lo escuchara- Lamento eso.
Quiso responderle con uno de los violentos comentarios de Youko pero no se atrevió. Ni en la desesperación podía ser indecoroso. Se resignó a bajar la cabeza al suelo y apoyar su frente en ella. Oyó que la barrera se desprendía y luego los pasos de un médico especializado aproximándose, mas no hizo nada. No tenía las fuerzas. Estaba muy agotado para resistirse a lo que le depararía desde ahora.
