280 días para la siguiente purga
Aizawa dejó un enorme folder sobre el escritorio de Izuku.
—Tú te harás cargo de esto —le dijo y se alejó sin dar más explicaciones. Porque si Izuku no fuera capaz de entender a qué se refería solo con eso, hacía mucho que lo hubiera despedido.
Abrió el folder. Las primeras páginas explicaban el trabajo de una constructora, darían una remodelación a un centro comercial y los habían contratado para asegurar el proceso. Comenzó a revisar los puntos que les solicitaban. Tendría que ir a hablar con el encargado y asistir el trabajo para asegurarse de que todo se llevaba a cabo correctamente y no trataran de engañarlos para cobrar un seguro fantasma. Siempre lo intentaban.
Mientras pasaba las hojas vio de reojo la fotografía de Ochako pegada a la pared con una tachuela. Ella estaba sonriendo, estaban en un parque durante el florecimiento de los cerezos. Era extraño. Esa fotografía, sin importar qué, siempre lo hacía sonreír al recordar aquella tarde, comiendo, disfrutando el ambiente tranquilo con los padres de ambos. Pero ahora, tenía unas inusuales ganas de quitarla y no seguir siendo visto por ella. Era como si viviera engañándola, engañándose. Su relación se había transformado en una mentira en algún punto durante la purga. Lo supo desde que su madre los abrazó a ambos y él no pudo solo dejarse llevar y abrazarla y besarla. Y ella tampoco lo hizo con él.
Se levantó metiendo una copia de todos los documentos en un portafolios y saliendo en dirección a la zona asegurada. Ese día comenzarían y desde ese día debía estar ahí. Llegó a encontrarse con un montón de hombres en uniforme y con casco que ya llevaban a cabo su labor. Las compañías de construcción y remodelación parecían siempre querer acabar en tiempo récord. Buscó a su alrededor y no vio a nadie que pareciera el encargado. Para no interrumpir a los obreros ocupados se acercó a uno que en ese momento tomaba agua de una botella.
—Disculpe —lo llamó—, estoy buscando a la persona a cargo.
El hombre dejó de beber y se giró a mirarlo con una sonrisa amable.
Aunque tenía el cabello caído y de color negro, Izuku identificó de inmediato su expresión y sobre todo esos característicos dientes afilados. Red Riot se detuvo con sorpresa, claramente reconociéndolo también y se quedaron mirándose unos segundos en los que Izuku no sabía si sería correcto hacer alusión al hecho de que se conocían. Hasta que el otro suavizó su sonrisa y estiró una mano en su dirección. Una mano que tenía una gran cicatriz generada por las katanas de unas chicas enloquecidas.
—Soy Kirishima Eijirou. Un gusto.
—Midoriya Izuku —se presentó también, estrechando su mano con alegría naciendo en su pecho.
Ya habían pasado más de dos meses desde que la purga había terminado. Y con cada día que pasaba en su interior aceptaba que de verdad nunca los volvería a ver. A ninguno de los que él consideraba héroes por salir a pelear por la vida de las personas. El único contacto con el que podía pensar que contaba era Iida y no sabía de qué manera podría preguntarle al respecto.
Pero ahora estaba allí, frente a Red Riot/Kirishima. Quien también era amigo de Ka.
—De verdad no creí que esto pasaría —se señaló Kirishima a sí mismo y a Deku alternadamente—. Creo que, si Bakugou se entera, me tirará por las escaleras —se rió un poco de lo que dijo y se rascó detrás de la cabeza—. Es lo que siempre nos advierte. ¿Qué es lo que preguntabas?
Izuku abrió y apretó los puños. Bakugou. ¿Bakugou Katsuki? Kacchan. Quería preguntar, pero al parecer el que se encontraran era algo malo, y no quería meter al otro en problemas.
—La persona a cargo —repitió Izuku levantando su maletín—. Soy de la aseguradora.
—Woah, eres un tipo de traje y oficina. No me lo imaginé. Aunque recuerdo que mencionaste algo, pero eso y verlo son dos cosas diferentes. Sí, el encargado es Shinji Nishiya, por allá —le señaló a un hombre que en esos momentos se encontraba señalando las partes centrales de la construcción a otros hombres.
Izuku asintió y supo que debía despedirse. Separarse y seguir con su trabajo y su vida. Pero ese encuentro era una oportunidad que de alguna forma no podía desperdiciar.
—Uhm ¿Ya deberías estar trabajando? —mostró su mano para que entendiera a qué hacía referencia. Kirishima sonrió y levantó su pulgar izquierdo.
—¡Claro! No sería masculino de mi parte si no me esforzara al máximo por mi vida diaria.
—¡Kirishima! —le gritó uno de los tantos trabajadores— ¡Deja de perder el tiempo!
—Oh, creo que debo irme. Nos vemos.
—Nos ¿veremos?
—Vas a seguir estando por aquí ¿no? Las aseguradoras siempre son un dolor en el trasero vigilando tan concienzudamente. O tal vez tú no harás eso.
—¡Sí! Lo haré, sí, nos vemos.
Izuku observó a Kirishima ir hasta donde el resto de sus compañeros estaban y volver a trabajar. Él hizo lo mismo aliviado de que, de alguna manera, aún contaba con un camino para llegar a ellos.
269 días para la siguiente purga
Izuku llegó a su apartamento, recibido por el sonido de su prometida en la cocina, pasó al comedor desde donde la vio preparando la comida.
—Estoy en casa —le anunció dejando su maletín sobre la mesa.
—Bienvenido —respondió ella pasando la verdura que había estado picando a un plato—. Inko-san llamó, pero no dejó un mensaje, prefería que le llamaras cuando llegaras.
La vio tomar de una coladera una zanahoria y prepararse para pelarla. Él sentía que debería ir hacia ella, abrazarla por la espalda, besarle el cuello, decirle que allí está. Justo como tantas veces antes hicieron. Sin embargo, se sentía así, como que debería, como una obligación. Como una rutina que debe de cumplir. Y se preguntó, tristemente, qué pasó con ellos. Así que mejor se comenzó a quitar las partes incómodas del traje. El saco, la corbata. Y decidió iniciar una charla. Al menos eso debería permanecer igual.
—¿Qué tal el trabajo? —le preguntó y de inmediato sintió que hubo algo raro ahí. Una pregunta que nunca antes había hecho porque Ochako nunca había necesitado de ella para contarle sobre su día.
—Estuvo bien —le respondió después de un rato que se extendió hasta la eternidad—, los niños ya se olvidaron del tema de la purga. Después de tantos gritos y preguntas. —Vio cómo bajaba la mirada sombría a la verdura y apretaba el cuchillo entre sus manos— Eri-chan no regresó.
A Izuku se le revolvió el estómago. No conocía a los niños en persona, pero Ochako le había contado tanto de ellos que los ubicaba. Y que alguien no regresara, tal y como en su trabajo, solo significaba una cosa. Una muy mala. Y Ochako, a quien debió afectarle más directamente, había estado cargando con eso sola. Ya habían pasado casi tres meses y él no lo sabía.
—Pudo no ser ella —dijo Izuku lo primero que se le ocurrió para reconfortarla—, puede que hayan sido sus padres y se haya tenido que mudar.
No era mejor, pero era menos agresiva la idea de un niño quedando huérfano, a siendo asesinado. Solo pensarlo lo hacía sentir mal.
—Quizás —susurró Ochako.
En medio del incómodo silencio que se generó después de eso, Izuku tomó el teléfono y se alejó marcando el número de su madre. Caminar por el departamento mientras hablaba era una costumbre que se le había hecho luego de que Ochako lo convenciera de conseguir uno inalámbrico.
El sonido de marcado resonó tan estruendosamente como nunca lo creyó posible en medio de su habitación silenciosa. Por fin su madre contestó.
—¿Diga?
—Mamá, habla Izuku.
—Izuku, ¿Cómo estás? ¿Has comido bien? ¿Te abrigas adecuadamente? No habías llamado desde hace un tiempo, comenzaba a preocuparme. ¿Cómo está Ochako? ¿Han arreglado sus problemas? Aún no puedo creer la manera tan terrible en que le diste el anillo, de saber que así iba a resultar, hubiera alentado tu plan con los ositos de goma.
Izuku rió con un poco de nostalgia. Recordaba sus planes. Todos estaban anotados en libretas y ocultos detrás de sus zapatos. Y ninguno de ellos había visto la luz. Ni siquiera un poco.
—Estamos bien —mintió. Sabía que no lo estaban, que aún había algo, un elefante al que ambos seguían ignorando—. ¿Había alguna razón en especial por la que llamaras?
—No necesito una razón para llamar a mi hijo y a mi nuera —Izuku sonrió ante su respuesta y esperó un poco. Después de todo, Ochako había mencionado que no había dejado un mensaje y por lo tanto significaba que tenía algo por decir—. Pero me gustaría que vinieran a visitarme. Invitaremos a los padres de Ochako y celebraremos adecuadamente su compromiso. Estuvimos esperando que ustedes nos lo anunciaran correctamente, pero nos hartamos y decidimos hacerlo nosotros.
Se mordió la lengua cuando se dio cuenta de que estaba a punto de decir que no. Eso no era normal, ellos mismos debieron ser quienes dieran la noticia e hicieran un gran alboroto al respecto.
—Sí —se aseguró de contestar—, le diré a Ochako.
—Bien, lo haremos en cuanto termines tu trabajo con el supermercado ese ¿En cuánto tiempo crees que se termine?
—Como un mes. Ha habido algunos problemas con la fidelidad de algunos materiales y el encargado ha estado discutiendo con Aizawa así que se ha retrasado. Y mientras tanto me han estado poniendo trabajos simultáneos.
—Espero que no sea demasiada presión sobre ti.
—No, no demasiado. Puedo con ello.
—De acuerdo. Asegúrate de llamarme más seguido, por mucho que la delincuencia haya bajado y todo eso, una madre se preocupa. Hablamos luego.
—¡Mamá! Espera, también quería preguntarte, bueno, quería preguntarte desde hace un tiempo, pero ahora con esta persona que me encontré en el trabajo y las pláticas que hemos tenido, mi curiosidad ha aumentado y, bueno, ¿Quién es... Katsuki?
Hubo silencio en la línea que lo hizo pensar por un momento que no lo había escuchado y le había colgado, pero luego la escuchó suspirar y probablemente acomodarse en el sillón donde generalmente se sentaba cuando hablaba por teléfono.
—En verdad lo olvidaste. Por mucho tiempo no creí que eso fuera posible.
—¿Por qué? —¿Quién es él? ¿Quién fue él para mí? Izuku tenía presente la manera en la que lo había visto por primera vez en la camioneta, como si el otro lo reconociera.
—Katsuki Bakugou y sus padres fueron nuestros vecinos cuando tenías como cuatro años. Ellos se mudaban mucho así que no estuvieron ahí por más de seis meses. Aun así, en ese corto tiempo ustedes se volvieron amigos muy cercanos. Después de que se fueron lloraste durante mucho tiempo. Si quieres, te puedo contar todo cuando vengan.
—Sí, eso, eso estaría bien. Gracias.
Después de que se despidieron, Izuku regresó el teléfono a su lugar, pero no volvió a encontrar a Ochako en la cocina. La comida estaba servida para él, no para ella. Caminó alrededor de la casa buscándola, y salió al pasillo con el celular en la mano, dispuesto a llamarle con toda la preocupación del mundo, pues lo último que había hecho había sido hacerla recordar que una niña de guardería bajo su cuidado había desaparecido durante una purga. Pero la vio allí, sentada con las piernas dobladas y los brazos cruzados sobre sus rodillas en donde tenía escondido el rostro, frente a la puerta de Asui. Tsuyu-chan. Apretó la manija de su puerta tratando de salir a su lado. Pero terminó entrando y cerrando la puerta de nuevo.
258 días para la siguiente purga
—¿Desalojo? —leyó Mineta en voz alta lo que ninguno se había atrevido a articular, llenando el pasillo con la realidad que ahora los inquilinos afrontaban.
—Lo siento —fue la respuesta sin sentimiento que dio Yu, luego de terminar de pegar los carteles—. Con la cantidad de inquilinos que disminuyó por, uhm... Bueno, ya no puedo mantener el edificio solo con ustedes. Son muy pocas personas, son muy pocos pagos. Y la única opción para salvarlo sería aumentarles la renta, pero en ese caso sería mejor que consiguieran otro lugar. De todos modos, el edificio ya está vendido.
—Eso es muy cruel de su parte —agregó Iida bajando el papel que tenía entre sus manos y la dueña del edificio le había dado a cada uno—, debió hablar con nosotros antes de decidir qué sucedería con nuestro hogar.
—Lo siento —volvió a decir ella levantando un hombro y entrando al elevador—. Tienen una semana para irse.
Ochako se colgó del brazo de Izuku con desesperación.
—¿Qué vamos a hacer? —le preguntó.
Nunca habían tenido carencias, pero tampoco contaba con el dinero suficiente como para tratar de conseguirse un mejor lugar en la ciudad. Porque todos los lugares similares o peores ya habían sido desalojados de personas y demolidos. Justo como con ellos. No podían mudarse, Izuku no conseguiría nunca un trabajo tan estable como en el que estaba. Y egoístamente no quería dejar a Aizawa y sus compañeros de trabajo.
—Midoriya —le habló Mineta—, ¿Qué va a pasar con las cosas de Tsuyu?
Los otros tres en el piso miraron la puerta como reflejo. Después de aquella noche, Ochako había tratado de llamar a uno de los hermanos de Asui de quien tenía el número, pero no habían contestado. Habían sido ellos quienes cremaron su cuerpo. Como no habían tenido contacto con su familia, sus pertenencias seguían exactamente igual que como se quedaron cuando tuvieron que salir repentinamente.
—No es como si pudiéramos hacer algo al respecto —dijo Iida acomodándose sus lentes—, no podemos reclamar sus cosas ni nada similar. Eso sería robo.
—Pero, si las dejamos ahí, alguien de todos modos las tomará.
—Lamentablemente, no es algo que resida en nuestras manos —Iida le dio una última mirada al aviso y entró a su departamento.
Mineta lo observó sin palabras, luego a la pareja y entró a su departamento también. Ochako entró primero jalando un poco su cabello y dando círculos por la sala mientras repetía que no podían costearse otro lugar. Izuku cerró la puerta despacio y la observó.
De verdad ¿Qué es lo que harían?
257 días para la siguiente purga
Cuando Izuku llegó del trabajo, vio un enorme camión de mudanzas y hombres que sacaban cajas y muebles de su edificio, se topó con ellos hasta llegar a su piso y descubrir que todas eran cosas de Iida.
—¿Conseguiste a dónde mudarte? —le preguntó cuando lo vio salir guiando a unas personas para que tuvieran cuidado con unos cuadros.
—Midoriya. Sí, algo así —suspiró dejando caer un poco los hombros—. Cuando Todoroki se enteró de lo que nos sucedió, honestamente no sé cómo si nunca se lo dije, me invitó a quedarme en su casa. Le insistí que no era necesario, pero al final me convenció.
—Parece que es un amigo que te aprecia bastante —le dijo Izuku observando como los trabajadores seguían con lo suyo—, yo creo que deberé despedirme de la mayoría de mis cosas. Al menos conseguiste un camión, y es más grande de lo que hubiera imaginado que era posible.
—Le dije que era demasiado —dijo por lo bajo y por primera vez Izuku observó a Iida algo perturbado y fuera de su constante rectitud seguidora de reglas. Parecía sonrojado—, aunque fue mucho mejor a que me comprara todo de nuevo como era su plan.
Izuku tuvo un ligero temblor ¿Comprarle todo de nuevo a una persona solo porque sí? Eso era un mundo desconocido para él. Los ricos eran increíbles. Porque claro que sabía quién era Todoroki Shouto. Incluso si no hubieran dicho su nombre, él, que había visto su rostro, lo reconocería en las noticias. En especial ahora que su padre, Todoroki Enji, era un candidato para las próximas elecciones y estaba por todos lados.
Se quedó junto a Iida hasta que sacaron la última de sus pertenencias. Revisó su departamento junto con él, el lugar se veía enorme vacío, y lo acompañó hasta la entrada.
—Parece que esta es la despedida —dijo Izuku luego de que Iida confirmara que todo estaba en orden. Su amigo y vecino por tanto tiempo, lo miró con una sonrisa nostálgica.
—Así parece. Espero que nuestros caminos se vuelvan a encontrar, Midoriya. Eres una persona increíble.
Izuku sonrió y se quedó observando cómo se alejaba.
Dos días después Mineta también dejó el edificio despidiéndose de él.
252 días para la siguiente purga
Era la última noche que tenían para pasar ahí. Ellos y la señora del piso dos eran los únicos residentes que quedaban.
—Mis padres me invitan a que regrese con ellos —dijo Ochako de repente mientras cenaban. Estaban rodeados de cajas, casi enterrados en ellas, era difícil moverse por el apartamento. Al día siguiente tenían que sacarlo todo—, yo podría conseguir otro trabajo fácilmente allá así que estaría bien.
Izuku no contestó, no sabía que debería decirle. Apoyarla sería incitarla a que se fuera y no quería eso, contradecirla sería pedirle que se quede, y tampoco tenía el valor para ello. Él aún no sabía qué haría, todo el tiempo había seguido pensando en ellos juntos. Pero no quería solo regresar a casa y perder todo lo que había logrado. Tomó el vaso con agua que iba a la mitad y lo movió viendo el líquido balancearse.
—Yo me quedaré —fue lo que logró decir después de un rato.
—Lo sé —le dijo Ochako con voz temblorosa.
No pudo verla muy bien, las lágrimas llegaron a sus ojos demasiado rápido. A pesar de que esas dos palabras siempre lo habían hecho sonreír, ahora escucharlas dolía.
Terminaron de cenar limpiándose las lágrimas discretamente y con leves sollozos que se perdían con el sonido de los cubiertos.
Al día siguiente Izuku despidió la diminuta mudanza de pie a la puerta de la entrada de los apartamentos con un anillo de compromiso en el bolsillo.
Ninguno lo había dicho en voz alta, pero era claro que eso se había terminado, él y Ochako, y la primera vez que la vio en la escuela, y su sonrisa radiante y su amabilidad desmedida, y los sonrojos que se apoderaban de él y pronto también de ella. Las veces que se rozaban accidentalmente, las veces que fueron a pasear, el apoyo mutuo que se daban. El mundo que descubría en sus ojos cuando se perdía en ellos. La primera vez que se tomaron de la mano y ambos estaban tan nerviosos que se les enredaron los pies y cayeron al suelo.
Cuando iban al templo en año nuevo y la vio por primera vez en yukata, en los festivales donde parecía una maravillosa alucinación con las luces que la iluminaban, cuando fueron a la playa y la vio en traje de baño. Las escenas que se apoderaron de su mente desde entonces. Cuando recibió chocolates en san valentin. Cuando se atrevió a besarla por primera vez y entendió que ese era el lugar al que pertenecía. Cuando ella aceptó salir con él y todo fue lágrimas, sonrojos y besos. Cuando hicieron el amor por primera vez. Cuando se mudaron juntos y la veía cada mañana al despertar. Verla cocinando algo, ser recibido al llegar del trabajo. Comprar el anillo que los uniría para siempre.
Todo se alejaba junto con ella.
30 de julio de 2022
Todos los edificios residenciales de la zona este fueron deshabitados. Actualmente han comenzado las demoliciones. La gente festeja el avance que representa sustituir unos viejos departamentos por un nuevo centro cultural, todos afirman que esto se debe agradecer completamente a la purga y los beneficios que ha traído consigo.
Se especula que dentro de poco tiempo Japón alcanzará los índices adecuados para postularse como uno de los países más pacíficos, avanzados y justos del mundo.
Benditos sean los nuevos padres de la patria y nuestro país. Una nación renacida.
