Todavía hay nobleza

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Dos, tres días habían pasado. Cada hora en aislamiento le parecía peor a la muerte que Hiei pudo haberle dado, porque en esos momentos de silencio y soledad pensaba en todo y en nada. Pensaba en una forma de escape, en cómo lograr su objetivo luego de escapar, en como escapar de nuevo, en Hiei, en su engaño, en su creciente desprecio hacia él y su instinto de violencia, pensaba en Hiei pero Youko le obligaba a usar el tiempo para razonar.

Habían intentado interrogarlo cada hora y fallado innumerablemente. Youko solo fabricaba mentiras ingeniosas y terribles a los soldados. No le interesaba el trato piadoso. Estaba buscando la manera de reservar su orgullo y no le importaba si Shuichi le reprochaba que aquella fuera su oportunidad para enmendarse del pasado. Youko no deseaba el perdón ni la comprensión: él quería la libertad.

- No creo que tener a millones que te persigan por tu cabeza sea un concepto de libertad sana.

- A diferencia de ti, no me miento a mí mismo y todo lo poseo es mío.

- Eres un ladrón. Nada te pertenece.

- En ese mundo de humanos tampoco nada te pertenecía a ti.

- ¿No podremos estar en paz jamás? ¿Dónde pertenecemos si nada de ningún sitio es nuestro? ¿Hacia dónde vamos haciendo esto?

- Kurama.

No era la voz de Youko, él no lo llamaba así. Levanto la vista hacia adelante y se encontró con un rostro conocido.

- ¿Yusuke?

- Espero que no estés tan mal como para empezar a delirar- le dijo el muchacho con una sonrisa nerviosa. Kurama sonrió. La presencia de alguien que no fuera un soldado lo reconfortaba, por más que fuera otro que lo había engañado junto a Hiei. Aun así, creía que Yusuke era alguien sincero y fiable.

- No soy solo yo. Hablo con Youko.

- Oh, si…- Yusuke se sentó en el suelo, frente a Kurama, a los límites de la barrera- Te traje algo, pero deberás esperarlo. En fin…Kurama, eres sorprendente. Nos engañaste a todos.

- ¿Esto te divierte?

- Es vergonzoso pero gracioso. Todo el tiempo pensando que el otro era humano, pensando que éramos tan débiles y ahora…

- Tú eres el hijo de Raizen, y el detective espiritual.

- Sí.

- ¿Estás aquí para interrogarme sobre el asunto… con tu padre?

Yusuke le miro un rato, desconcertado. Cuando lo recapacito mejor, abrió mucho los ojos.

- ¡Oh, ¿Es cierto?! ¡Tu…! ¿Fuiste tú el que robo el cinturón?

- Youko no deseo acercarse mucho y mando a otro a robar el cinturón. Fue una de las contadas veces en las que dejo hacer la parte importante a otros- explico Kurama, recordando cada detalle por permiso de Youko a ver sus memorias- El organizo el robo y lo ideo.

- Kurama…Seguro te habrán estado atosigando de preguntas pero ya que sacaste el tema, ¿Por qué robaste el cinturón de mi padre?

- Por la misma razón que Youko y yo irrumpimos en el territorio humano y en la zona prohibida entre gárgolas y sirenas- contesto con un tono tan enigmático que Yusuke tuvo que hacerse un tiempo para pensar en esa respuesta cargada de incógnitas.

- ¿Por qué Kurama?

- Lo lamento, Yusuke. No puedo contarte el porqué. Ni a las Fuerzas Especiales, ni a Koenma. Es un secreto.

- ¿Todavía conservan el cinturón? Planean hacer algo con él, ¿verdad?

- Sí.

Yusuke callo unos segundos, quería preguntarle más pero ya le había advertido que no podía responderle.

- No sé cómo tratan a los presos especiales así que,… ¿Te tratan bien?

- Soy un demonio, Yusuke. Me tratan como merezco- Su sarcasmo era nuevo para que Yusuke lo escuchara. El detective no supo discernir si estaba insinuándole un mal trato o no- Bajo tu apariencia ruda, eres una buena persona, ¿no es así?

A ese comentario Yusuke se ruborizo.

- No empieces, Kurama.

Unos pasos se oyeron acercarse a ellos. Se trataba de una muchacha de quince años, cabellos rubios y ojos grises, vestida con el uniforme de las Fuerzas Especiales. Era la misma a la que Koenma le dijo "Stephanie, te lo encargo" antes de su última visita, refiriéndose al célebre ladrón. La joven le tendió a Yusuke una cesta.

- No simpatices, detective- A pesar de su apariencia, la voz de la chica era ruda y su cara de alguien que siempre va con malhumor incluso a la hora del descanso.

- Antes de estar aquí, él fue amigo mío.

- Recuerda cuál es tu lugar, detective- dijo la rubia, tajante. Le dirigió una mueca de desprecio a Kurama, muy notable y sin el mínimo reparo de esconderla. Yusuke la miro con inconforme simpatía cuando se retiró por fin.

- Parece soldado de guerra- opino Yusuke, cuando la sintió lejos. La barrera se abrió en una pequeña abertura, como la entrada para un perro, y le arrojo a Kurama la cesta- Te lo digo. Es del tipo que gusta explotar a otros; un poco loca.

Los soldados observaban a la distancia. Kurama reconoció que la energía espiritual de Yusuke era capaz de contrarrestar las fuerzas de la barrera. Se repuso de esa impresión para llevarse otra sorpresa. La cesta estaba llena de una variedad de cosas. La mayoría víveres, pero más importante era una nota escrita que se encontraba dentro. Reconoció la letra al instante.

- Quiso traerte algunas plantas para tu jardín, no puede decirle que no porque hubiera sospechado. Estos tipos las habrán echado al fuego.

- Esto es…- desdoblo la carta y la leyó con rapidez- ¿Viste a mi madre?

- Si, quería asegurarme que ningún idiota hiciera nada. Ella está bien, por eso vine. No debes preocuparte más por ella. No la culparan de nada.

- ¿Tu…Tú la…?

- No, no. Yo ya la había conocido y sabía que no estaba bajo ningún tipo de control. Le pedí a Koenma verificarlo yo mismo para acabar con las averiguaciones.

- ¿Te dejaron ver a mi madre? ¿No sería un conflicto de interés?

Estaba sorprendido, internamente intrigado, profundamente agradecido.

- Eso poco importa- Hizo un gesto de despreocupación con la mano, típico de el- Debí ir con unos soldados pero, descuida, tu madre nunca supo nada. Estaban escondidos y calculando presencia de yoki que no había ni a kilómetros.

Kurama miro de nuevo la misiva, conmovido.

- ¿Cree que estoy de viaje?

- Mentiras blancas. Debí ir con alguna excusa para hablarle y ya que tú casa está en investigación…

- ¿Mi casa?

Eso era inevitable. Luego de delatarse como humano, lo más seguro era que revisarían su hogar, creyéndolo el lugar donde guardaba los tesoros o que tenía algún dato que les funcionaria.

- Si, es mejor que no vaya. Ya debe estar en ruinas.

- No exageres, Hiei ha…

- No me hables de Hiei- pidió Kurama, cambiando el tono de su paciente voz- Él ha logrado lo que quería. Solo por ti, mi madre está a salvo.

- Kurama, no es lo que piensas. Escucha, empezaran a decir pronto que Hiei planeo todo esto y eso es mentira.

- ¿Qué puedes decirme de verdadero de Hiei? Mírame. Han pasado días y todavía puedo sentir el dolor, sus manos quemándome, su voz burlándose y destruyéndome.

- Fue un estúpido, una completa locura lo que te hizo pero eso no es lo que quiero decir…

- Hiei quiere ver muerto a Youko, también a mí. ¿Por qué hace esto, desea que lo odie para enfrentarnos en una pelea de verdad, es lo que él quiere?

- Bueno..Hay razones para hacer las cosas.

- ¿Qué más puede desear, sino la muerte de los dos, mi muerte y la de Youko? No puedo separarme de él, Yusuke, es imposible. No soy una reencarnación suya cuya alma puede escapar a otro cuerpo, no soy su cuerpo real. Youko y yo somos una fusión de almas.

Aquella revelación dejo atónito a Yusuke.

- Youko es parte de mí. Se ha adherido a mi alma y mi cuerpo le pertenece para transformarse en el suyo propio.

- Esto es increíble. ¿Siempre fue así?- interrogo Yusuke, olvidándose de lo que iba a decirle antes.

- ¿Hiei no te contó? Parece que ha investigado- recordó con amargura las palabras que le dijo a Youko antes de provocarlo con incriminar a su madre en el caso.

- Kurama, tengo que decirte muchas cosas.

Las palabras de Yusuke fueron dichas a voz preocupada y seria. Debía ser importante. Levanto de nuevo la mirada, que había bajado ante la mención de Hiei para que su amigo no viera la expresión de pena en su rostro.

- ¿Qué cosas?

- Te he escuchado y ahora comprendo; no sabes toda la verdad- Yusuke se veía muy seguro y apremiante en lo que decía, llamando poderosamente la atención del kitsune- La verdad de porque sucedió todo.

- ¿De qué hablas? A mí me están interrogando para saber que quiero hacer con los tesoros que robe.

- No hablo de eso. ¡Kurama, debes saberlo!- Se levantó de un abrupto y le miro con decisión- Esto no debió ser así, lo que realmente está pasando...

- ¡Detective!- la voz gruñona de la soldado Stephanie lo interrumpió- ¡Su tiempo termino!

- ¡Todavía no acabe de hablar! Y él va a estar aquí todo el día. ¿Porque no puedo quedarme?- Se volteo a ver a la rubia.

- Son las reglas.

- ¡Al diablo!

- Escuche las órdenes y acate las normas. Retírese de aquí, de inmediato.

A Yusuke no le intimido en absoluto la fría mirada que le dirigió para que le respetara.

- Estoy interrogando al rehén- se excusó, tratando de calmarse.

- Usted vino aquí como "visita informal", y de los interrogatorios se encargan los más expertos.

- Mujer mandona…

- Yusuke- Kurama le hablo desde su "celda espiritual"- Te lo agradezco mucho, pero no te metas en problemas por mí. En serio, gracias.

- Volveré, Kurama- le declaro con énfasis. Kurama asintió, consciente que era un muchacho de palabra- Te contare lo que te falta saber, lo prometo.

- ¡Ya es hora, detective!

- Será…

Las puertas se cerraron detrás de Yusuke, que miraba con desdén y ansias de pelea al soldado que le empujaba hacia la puerta. Una vez fuera el moreno, Kurama perdió su sonrisa y se tornó pensativo. Aquella visita había sido gratificante, su madre estaba a salvo y tenía un amigo en quien confiar, pero los últimos minutos de la charla lo intrigaron. ¿Qué había querido decir Yusuke con "toda la verdad"?