En este capítulo hay un flashback para darle más profundidad al problema de nuestros protagonistas que inmediatamente pasa al presente; por eso no hay aviso. También hay una parte (búsquenla con cuidado) involucrada con el capítulo "Introducción". Otro dato: se descubre quien llevaba demonios a pelear contra Hiei.
Eso es todo. Lean a su gusto. Saludos.
Verdades a medias
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- ¿Qué sabe Kurama sobre lo que hiciste?
Miro hacia Hiei, de brazos cruzados, acompañada de su expresión amargada y reacia.
- Él sabe lo que sabe; no importa.
- ¿Se lo dijiste?- insistió Yusuke.
Su compañero dejo de observar el desorden que los soldados del Rekai hacían y miro al detective con fastidio.
- El conoce muchas cosas, o le basta eso o no.
Sus respuestas no eran muy concluyentes. Yusuke se frustro por eso. Por su actitud y por lo que estaba pasando desde hace una hora. Era extraño y se sentía furioso, no sabía porque, no era su casa, pero ni siquiera Hiei se había movido de su lugar cuando las Fuerzas Especiales empezaron a examinar cada centímetro de la casa de Kurama, a la que Yusuke visito pocas veces y ahora sentía desprecio por la destrucción ante sus ojos, era como si quisieran demoler la casa y no tuvieran reparos en romper lo que fuera para "encontrar o conseguir" algo de relevancia.
- El ladrón tiene habilidad con las plantas. Quemen todos los jarrones, todos los floreros y cualquier cosa que tenga un tallo o tierra- decía el jefe de la operación, indicando los lugares a "examinar".
- Esto es exagerado- murmuro Yusuke, aunque sentía más que eso. No entendía como Hiei lo soportaba. Esa también fue su casa, había vivido siete años en ella con Kurama y el ver como la despojaban de su dignidad, sin moverse para defenderla ni para quejarse, le parecía una parodia, una total locura.
- No del todo. Es verdad lo que dice el anciano. El zorro puede volver una indefensa flor en un arma capaz de cortar el acero.
- Están quemando el jardín, Hiei…
- Es necesario- contesto el- Este sitio fue su escenario.
El detective no podía más que asombrarse. Había visto los cambios de Hiei al conocer a Kurama, participado indirectamente de la relación entre ellos y observado a distancia sus tratos hacia el otro. De un amor sacrificado se había convertido en una guerra. Podía ver furia en los ojos de Hiei, pero no odio.
Quería visitar a Kurama para saber qué opinaba al respecto de la situación. No quería que los dos estuvieran dispuestos a odiarse luego de tanto. Fue testigo de su relación, sabía que antes de ese desastre había aprecio real en sus miradas.
- Encontramos plantas sospechosas. Las fotografiaremos y le daremos el informe a un experto para que nos diga que tarea cumplía aquí- informo el anciano a cargo de la destrucción interna de la casa- Ustedes dos, muévanse. Examinaremos la sala.
- Oh, si…- no estaba dispuesto a moverse, menos ser tratado de esa forma por el anciano, pero tuvo que apartarse de la pared con desgana resentida.
- Su trabajo termino, viejo.
Yusuke se giró a su amigo, tan rápido como incrédulo. El viejo igualmente se sorprendió, para después fruncir ofendido el ceño.
- ¿Qué ha dicho?
- Han destruido los jarrones, toda forma de conservar una planta, también han quemado por completo el jardín. No dejaron árboles siquiera. Eso es todo. El poder del kitsune funciona con las plantas, no con las paredes.
- No vamos a demoler nada…
- …Para que no sea sospechoso- termino Hiei por el hombre que lo miraba con fastidio y un poco de temor- ¿Y los árboles y plantas de los alrededores? ¿También harán una "limpieza" en las casas de los ningen?
El detective volvió al lado de Hiei, también dispuesto a enfrentar al hombre, que no encontraba las palabras correctas a tal pregunta.
-…No, pero…podríamos imponer una barrera y…
- Dudo que ese zorro vuelva aquí. Dejen de perder el tiempo- Se desvendo la tela de su frente. Su Ojo Demoníaco se abrió y parpadeo de un violáceo color- No veo ningún tesoro escondido aquí, tampoco a una planta asesina.
- Nosotros…
- Esos tesoros que buscan no están aquí, han destruido todo y no pueden limitar un espacio en el Ningenkai. ¿Creen que ese sujeto volverá aquí, después de todo?
- ¡Esta encerrado! ¡No volverá!
- Correcto. Mucha molestia por alguien que ya tienen capturado- bramo con sarcasmo, sabiendo que solo enfadaba al anciano- Como sea. Detengan esta estupidez.
- Tenemos órdenes…
- Y están haciendo un trabajo decepcionante. Sean más listos. Aquí ya no hay nada que buscar.
Su burda forma de decir las cosas no fue la principal razón por la que el líder desistió del proyecto, sino lo fue la astucia de sus palabras. En minutos, Yusuke vio a los uniformados retirarse con la cara antipática y una gran cantidad de fotografías. La casa era un escenario consecuente tornado, al menos así lo parecía. Dolía ver un sitio al que se tenía respeto en tal estado.
- Hiei- Yusuke lo vio sostener un portarretratos y colocarlo sobre una repisa que, por fortuna, no se había roto por la bruta inspección, entre otros pequeños cuadros coloridos- Dijiste eso para que no lo hicieran más, ¿verdad?
- Lo que hacían daba pena.
- ¿Es cierto que tu Jagan no vio señales de nada aquí?
- ¿Para qué mentir? A estas alturas…
Yusuke sabía que no lo decía solamente por eso.
- Querías conservar esta casa por Kurama.
Hiei no hablo, simplemente hizo un mohín de falso disgusto.
- Voy a ver a su madre. Koenma acepto que fuera yo por las dudas. Tú y yo sabemos que ella es muy importante para Kurama como para ser manipulada por él.
Esperaba oír un "No conozco a Kurama", pero Hiei jamás dijo esas palabras. Las cosas habían cambiado muy rápido.
- Haz lo que quieras.
- ¿No quieres venir?
Un gruñido fue la respuesta. Salieron de la casa, que por el exterior se veía intacta, y llegaron a la calle. Para su sorpresa Botan estaba allí, con los pies en la tierra y vestida como humana.
- Hola, muchachos. Tengo noticias para ti, Hiei- este la miro con aparente desinterés- Ella, ya sabes, Mukuro, dice que conoce la verdadera versión de los hechos- Yusuke abrió grande los ojos. Imposible saber eso. Hiei, por su parte, apretó sus puños con enfado- Mando a decir que como,…bueno, ya no tienes "razones tontas para quedarte en el Ningenkai", ¡Son sus palabras!, lo más favorable para ti es que vuelvas a su lado.
- Mujer del infierno…
- Ha mandado monstruos y demonios para atacar a los humanos, solo para atraer tu atención y convencerte. Koenma está pensando en que la gravedad del asunto es prioridad. Además, tú ya has incumplido tu parte del trato. Se te podría rebajar y devolver a la lista.
- No me importaría volver a la lista.
- ¡Es serio! Un detective siendo perseguido por uno de los reyes del Makai es de mala reputación. Escucha, lamento lo que ha sucedido, también conocí a Kurama, pero la opción más efectiva ahora será…
- No me digas lo que opinas. Mis decisiones son mías. Por más que me insista con todos los demonios del Makai mi decisión no se inclinara a ella en absoluto- exclamo, sintiendo un estremecimiento al oír el nombre de "Kurama" con tanta naturalidad. El ya no podía llamarlo igual.
- Hiei, lo siento, pero mira el lado positivo- Botan trato de apaciguar la tensión generada. Era la encargada de los muertos y de emitir las malas noticias, pese a que siempre lo hacía con entusiasmo y a su jovial torpeza.
El demonio de fuego y Yusuke se le quedaron viendo.
- ¿Cuál es el lado positivo de todo esto?- pregunto el primero, sin entender.
- Si, mi esposo quería matarme.
- Pues es…Todos quieren matarte, Hiei- El la miro con sorna y violencia en un solo instante. Ella tembló de súbito miedo - Es que, siendo tú, alguien como tú, ¿No es eso lo que todos los demonios quieren? ¿Así no se ganan un título?- balbuceo entrecortadamente. Había cometido un terrible error de elección de palabras.
- Chica estúpida.
Paso de Botan, quien dio un respingo de horror al sentirlo cerca, y desapareció a los pocos segundos como una sombra en pleno día.
- Agradece que no te haya quemado ni los zapatos- le consoló Yusuke a la muchacha que temblaba cómicamente- Creo que lo pensara en serio ahora que Kurama está en prisión.
- Detesto dar noticias así en tiempos tan catastróficos. Esto ha sido una gran revelación. ¿Piensas que en serio abandonara a Kurama, y si se va con Mukuro… no lo ayudara a escapar?
- Déjalo. Es decisión suya. Por mi parte, protegeré a Kurama en lo que pueda. Hiei está indeciso. No sé si decidirá para Mukuro o Kurama, pero se ha complicado bastante hace un tiempo. Cual fuera la decisión que tome, deberá enfrentarse a más problemas de los que ya tiene.
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- Me parece injusto.
Hiei desvió su mirada crítica de la mesa de cristal. ¿Cristal? ¿En serio? Los ningen sí que eran melindrosos y delicados con su estética sinsentido, fácilmente rompible. Como siempre, se guardó un insulto. No lo hacía por respeto a las ideas decorativas de Kurama, sino porque si se quejaba tenía que explicarse y eso seguro que no lo entendía un ningen siempre rodeado de cosas bellas y costosas. Y el precio, por Kami... ¿Tanto por un pedazo de vidrio? Negó con la cabeza.
- ¿El qué?
- Tú me conoces- suspiro Kurama, casi recostándose sobre el sillón- Has conocido a mi familia y sabes lo que me propongo. En cambio yo no sé nada.
"No me gusta para donde va esto", pensó Hiei, internamente disgustado por el rumbo de la conversación.
- Solo han sido pasado dos años, en prospectiva no es mucho tiempo, pero me atrevo a decir que te conozco (Hiei lo miro de soslayo) pero tú no pareces interesado en decirme más allá de lo básico.
- ¿Básico?
- Se cuál es tu plato favorito. Compartimos una casa, una cama, una vida. Pero no te conozco para decir que se quién eres.
El silencio fue una desilusionante respuesta. Kurama suspiro para sus adentros, para él también era difícil. Cuando Youko renació en su ser, declaro que no se involucraría emocionalmente con nadie jamás. Mucho menos con un humano. No podría vivir otra farsa de engaños y mentiras de identidad. Justo cuando decidió quedarse solo de por vida, Hiei lo cambio todo y se atrevió a mandar al diablo sus convicciones. Y ahora estaba siendo hipócrita. Buscando saber más de esa persona con la que ni siquiera él era sincero.
Supuso que se enojaría de un momento a otro, que estaba buscando las mejores palabras hirientes para alejarlo y acabar con el tema, así que opto por abandonar el intento y seguir pensando que Hiei estaba muy lejos de cómodo a su lado. No le atemorizaba que se fuera, lo que profundamente temía era no tenerse confianza, pues podría acarrearles problemas en el futuro. (Irónico, ¿no?)
- Es tarde para cocinar. ¿Porque no comes el ultimo pote de helado? Yo tomare un té y mañana podría...
- No tengo familia- Hiei miraba el control remoto del televisor con tanta o más atención que Kurama a el- No existe nadie a quien debas conocer, porque no hay nadie.
Kurama entreabrió los labios, estupefacto. Lo sospechaba, la actitud reservada y distante, el trato con los demás, inclusive con Yusuke, se lo decían desde hace mucho. Sin embargo, escuchar que las sospechas eran confirmadas siempre era una sorpresa.
El Maestro sintió como le quitaban el mando de las manos y la fuerza de los ojos verdes, mandándole que le mirase. Así lo hizo, más para acabar con la estupidez rápido porque jamás, nunca en la vida, le había dicho eso a nadie. No era particularmente un secreto, solo una cuestión de principios.
- No digas eso. Me tienes a mí- No supo que lo descoloco más, las palabras de Kurama o su brazo casi rodeando su cuello. O la confusa sensación de reconforte, de pertenencia a un lugar, a alguien. Quizás era la sonrisa de Kurama al mirarlo a los ojos y decirle:- Yo soy tu familia.
Mirándole de ese modo, hablándole así, le parecía lo más insólito y antinatural del mundo. Lo que sintió en esa ocasión fue indescriptible y tan profundo que era capaz de asustarlo. Solo sabía que el bobo y humillante cariño que le tenía al ningen estaba aumentado y que, por vez primera, no tenía vergüenza ni se sentía herido. Con Kurama sentía todo, menos dolor.
Cuando dejo que la respuesta se expresara en el silencio, permitiendo que le tocase y lo mimara, Hiei se repitió otra vez, idiota, desgraciado idiota. ¿Cuantas mentiras como esa le habrá dicho? Se sobo la cara, rojo de la indignación. Cientos, millones de mentiras así. Sus palabras eran veneno, cual experto sabia cuales decir para desarmarlo, para conmoverlo, para llegar a él. Y había caído en su sádico juego…. Y lo peor, de lo más se arrepentía y se recriminaba...
Le creyó. Por un momento, confió en sus palabras. Como un estúpido, creyó en él.
Al final, Mukuro tuvo razón. Jamás valía la pena.
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Cuando termino la cena, los soldados hicieron oídos sordos a sus quejas y le pusieron las esposas especiales. Él no era Youko, si lo fuera se habría echado sobre los tres, mostrando que no solo se valía de sus poderes sobrenaturales. Kurama no pensó que necesitara tanto hablar con él, que necesitase escucharlo para descargarse lo mucho que tenía en la cabeza. Para su mala suerte, Youko estaba dormido desde hacía horas y su consciencia todavía no despertaba para discutir el penoso asunto. Ya no le importaba si lo tildaban de loco si "hablaba solo".
Nada le preocupaba más.
Sus manos golpearon el suelo, y en consecuencia las esposas sonaron chocadas. Si Youko estuviera despierto, repugnaría ese sonido depresivo.
- Te odio- farfullo, entre dientes. Que más daba la templanza, lo había perdido todo- Te odio, te odio- repitió, harto y cansado de sentirse traicionado.
Sabía lo que estaba pasando, estaba lucido de todo. Su vida como humano ordinario y simple había terminado, Hiei lo delato al Rekai y en cinco minutos sus esfuerzos, el sacrificio y el tiempo invertido se redujeron a nada. Jamás podría volver al Ningenkai, no podría volver a ver a su madre a la cara, con el valor para decirle que no podía verla más porque lo perseguían en todos los mundos. En cierta forma, estaba muerto en el mundo de los humanos, si iba para allá de nuevo le darían caza, y no solo allí, también en el Makai, y mucho más por cómo se difundía la información hoy en día.
Su mundo de seguridad y tranquilidad (en teoría, porque mejor que el Makai) se convirtió en otra zona prohibida. Si volvía, su madre estaría en riesgo, Shiori no se merecía eso. Ya tachado de bandido con cabeza millonaria, todos irían tras él, estando o no en el Rekai, podrían llegar sus enemigos por él, e incluso admiradores que quisieran salvarlo. Solo podía valerse de eso ahora. Su vida como humano, su dignidad y su identidad colapsaron en segundos y se degradaron a lo que todos, incluso Kurama, mas temía. Convertirse en Youko definitivamente.
Podía predecir lo que pasaría a continuación, pero en la cárcel y encadenado, solo podía concentrarse en medir el odio que le tenía a Hiei por hacerle eso. Él era el culpable.
- La misión... ¿Era volverme vulnerable, accesible? Si, lo soy- murmuro, lleno de amargura y rencor- Comprendo. Hiei es muy capaz de aguantar años con alguien como yo- En su mente, todo había sido un vil plan, un proyecto donde el sujeto en investigación era él - ¿Tenía que hacerlo así?
Más allá de la rabia y la traición, sentía un dolor tan desolador que le dolía la garganta.
- ¿Era para quebrarme?- musito, dejando que sus mechones rojos ocultaran su mirada al agacharla hacia las esposas, el recordatorio que eso no era una pesadilla, ni algo irreal. Era muy real porque le dolía- Pues lo logro...Insensible demonio odioso.
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En otro lugar…
Parpadeo desanimado. Como ya tenía de costumbre, enrollo la cadena por su brazo derecho, distrayéndose con la hermosura del objeto, indiferente al cuerpo inerte en el suelo. Nada menos que el cadáver del cómplice de Youko, su informante, de nombre Atsi. Ciertamente fue un contrincante fuerte, pero no lo suficiente. El verdadero problema fue que Youko lo había elegido por su insólita lealtad y tuvo que matarlo al ver que perdía el tiempo con preguntas sin respuesta.
Por fortuna, tenía la cadena de perlas, su cadena de la verdad, que le resolvería todas las incógnitas y le facilitaría el camino a su mayor objetivo. Por más que le costara, lo haría, no le importaban las consecuencias ni los pormenores en el problemático trayecto; así lo había decidido y continuaría.
Cuando salió de la cueva, escondiendo el cadáver para que no se lo encontrara tan pronto, observo su larga cadena y le ofreció yoki. Al poco rato, la misma volvió a enrollarse en su brazo fuertemente, al igual que lo haría una serpiente, absorbiendo la energía recibida.
Frunció el ceño al darse cuenta que la inanimada cadena no solo estaba haciendo lo suyo, sino que empezó a ponerse hambrienta. Corto el intercambio y en una de las perlas de la cadena se formó una imagen, luego otra en la perla a la izquierda, brillando con viveza. Le estaban mostrándole las caras que más quería ver.
Uh…Así que estaban separados. Uno en la cárcel del Rekai y el otro libre. Que gran espectáculo.
Las imágenes comenzaron a difundirse y desaparecer, mientras nuestro misterioso personaje reflexionaba acerca de la nueva situación de sus adversos.
"Esto aún puede complicarse, ya me han causado bastantes problemas… Mi plan va en marcha. Solo tengo que esperar y el vendrá a mí. Ese es el futuro que será, y la vida que me corresponde", se encontró pensando, observando el cielo gris y tormentoso del Makai, con una media sonrisa de satisfacción. Lo lograría, y así su mayor anhelo se haría realidad. Solo debía esperar. No tenía dudas, y si se equivocaba tampoco importaba: no tendría más opción que quedarse con él.
"Da igual si me equivoco en mis cálculos… Regresara, tanto si me acepta como que no. Tanto si me dice que sí o que no. Incluso si llega a amarme o lo contrario, el me pertenecerá", se decía en sus pensamientos, absolutamente convencido.
Las imágenes de Kurama tras las rejas y un solitario Hiei se esfumaban lentamente de las perlas brillantes.
- Ven a mí y borrare lo que te hicieron. Te estoy esperando, así que vuelve para reponerlo todo y empezar de nuevo- susurro al viento, con la cadena apretándole hasta sangrar.
