Se lo que estarán pensando, "Otra vez esta con nuevos capítulos cursis y flashback que me pierden, enreda más la trama que no entiendo para donde va, como si intentara rellenar hasta cien capítulos con pocas escenas de acción y casi nada de lemon"; seguro que eso piensan. Cualquiera que tenga esta opinión, le entiendo, pero si se fijasen con más cuidado notarían que hay muchos detalles, pequeños y de momento sin importancia, que acaban por dar sentido a lo que sucede en la historia.
Si no quieren leer las razones, excluyan esta parte y vayan al fanfic.
En primer lugar (y como me declaro en mi perfil) tengo tendencia a extender lo romántico hasta convertirla en una telenovela de noche, llena de idas y vueltas que acaban en lo mismo. Además, utilizo los flashback como método para profundizar la trama por la que se orientan los personajes, por eso hago hincapié en lo que les sucedió antes de la línea actual, es decir, antes y durante su matrimonio. Si les resulta tedioso culpen a mi verborrea sentimental.
Por otro lado (tal vez alguno se habrá dado cuenta) cada capítulo guarda un secreto, todas las escenas tienen un sentido práctico que acabaran por entender. No intento confundirlos. Es el fic más largo que he hecho y siento que debo usar todos los recursos para hacerlo llevadero, coherente y entretenido. Como no soy apta para escribir escenas de acción y las de lemon me paralizan, trato de manejarlo donde mejor me llevo. En el campo de la psiquis emocional.
En último lugar, repito que el fic está terminado. Todavía quedan capítulos por subir pero cuando nos acerquemos al final lo sabrán. Ya les había advertido que sería complicado. Tengan paciencia.
Eso es todo, de nuevo gracias por seguir hasta aquí y ojala que les siga gustando.
Caminos divididos
Parte dos
Después de ejecutar un plan maestro, lidiar con la inevitable caza que le seguía y esconder lo robado en un lugar seguro, Youko abandono el cuerpo en un parpadeo y Kurama despertó, con el cansancio y los dolores que las travesuras de su otro yo conllevaban, en la cama, en su casa ningen, con Hiei al lado.
Si no fuera por la tensión y un ligero dolor en los músculos, habría creído que ese escándalo de acción había sido un sueño. Youko cumplía su palabra, más si la recompensa valía el esfuerzo. Y Kurama lo pagaba. Se acomodó mejor, con los miembros entumecidos y el cabello oliendo a arena de escombro, descubriendo que su brazo derecho estaba debajo del cuello de Hiei, cuya faz pacifica le acogió de alivio.
Recordó difusamente lo ocurrido en el momento que el peliplateado había pasado un rato, al lado del demonio de fuego, justo como ahora. Sonrió. Su otra mitad había reconocido tenerle el mismo cariño, aunque no le gustase la realidad en la que jamás pudiesen verse las caras sin que uno preguntase quien era el otro y donde estaba el que correspondía. Para su asombro, Youko había cambiado, y no solo su modo de pensar: se había vuelto más sensitivo, leal y honesto. Comenzó a alejarse de la naturaleza perversa que lo identificaba como demonio y ladrón. Y agradecía infinitamente al Ningenkai por eso.
Sin darse cuenta, se durmió de inmediato, el cansancio y la ardua salida de ese fuerte de carnívoros fue bastante ejercicio.
Al despertar por segunda vez, descubrió que era muy tarde para ser de mañana, por los rayos de sol que le atacaban desde la ventana. La ausencia de otro cuerpo a su lado lo alarmo, pero se calmó poco después. Hiei preferiría estar todo un día en su "trabajo" que quedarse con él. Antes se despedían luego de desayunar, pero en las últimas semanas se despertaba solitario, sin notas previas ni un minúsculo comentario que si iba a irse temprano o que a hacer, seguro que era eso lo que traía tan pensativo (y en esta, Kurama acierta, porque antes que Mukuro interceptara a Hiei ocurrieron varios accidentes que debieron ser urgentemente investigados en el Rekai, que acaban con la misma Mukuro como la causante principal)
Hiei no era afectivo. Buscaba excusas, evadía lo importante y omitía el significado de muchos detalles. Su brutal honestidad lastimaba a las personas a su alrededor, como también al tolerante kitsune. No le gustaba que fuera tan capaz de herirlo con pocas palabras, mirándolo mal y huyendo de él.
Se volvía un mal hábito de masoquista.
- ¿Que importa?- refunfuño, extendiéndose sobre la cama y hundiendo la cabeza en la almohada- Siempre vuelve...ese insensible idiota.
- ¿Dijiste algo?
Hiei casi se burló de lo rápido, ansiosamente rápido, que Kurama dejo el sueño para el olvido y se giró para verlo a la cara.
- ¡Hiei!- Su rostro zorrino parecía asombrado, y sonriendo por quien sabe que- Estas aquí.
- Hn. Hipócrita.
Sus saludos por la mañana eran tan originales.
- Es tarde- suspiro, consultando el reloj, sobándose la cara. Todavía sentía los efectos de lo sucedido, cosa lógica porque había llegado a la casa hacia solo dos horas- Siento no despertarte a tiempo, iré abajo a prepararte el desayuno y podrás irte...
- No lo hagas.
- Hiei...- No quería empezar con el "yo voy a hacer esto, quiero lo otro y no necesito aquello" tan temprano, tenía el cerebro ya demasiado trabajado- Debes comer. Solo me bastara unos minut...
- Deja de molestarte- le dijo, impaciente. Kurama cayó al instante- Hoy no iré.
De nuevo, su cerebro tuvo que procesar la información para llegar a una resolución.
- ¿No iras?
- Ya lo oíste- Hiei evito mirarlo, fingiendo que la luz solar lo molestaba para moverse al otro lado de la habitación- Deja de mirarme así.
- Oh, Hiei, ¿Te suspendieron?
La furia fue cosa de segundos en los ojos del demonio. ¿Porque tenía que recordarle eso? Una o dos veces que perdió la cordura con unos testigos de lo más sucios era cosa aislada, pero Koenma decidió que sí y lo mando a suspender dos semanas. Claro, a Hiei no le importaba el trabajo, por el al diablo, odiaba las órdenes de ese bebe cobarde (que en vez de darle la noticia en la cara, mando a uno de sus feos ogros con un pergamino de notificación), también detestaba que le impusieran límites de lo más sofocantes y que Yusuke se lo recordara cada vez que lo veía a punto de echar llamas a cualquiera.
- Me tome el día libre.
¿Y porque le comentaba de eso al humano? Sencillamente pudo haberse callado. Sin embargo, los ojos verdes lo forzaron a hablar. En especial, porque Kurama había pensado lo mismo que Koenma y el estúpido de Urameshi.
- ¿Y ellos lo saben?
- No.
Nueva sorpresa. Kurama estaba impresionado. ¿Se había tomado el día libre? ¿Justo hoy? Hiei fingía no prestarle atención, encontrando su excusa al hurgar en el armario. Esa revelación tuvo dos reacciones distintas en Kurama. La primera, la ternura; Hiei nunca pedía (o se permitía tener) días libres, a menos que tuviera razones, y por cómo se estaba comportando, Kurama diría, hasta apostaría con Youko, que Hiei lo hizo para quedarse con él. Que el extraño carácter que tuvo la otra mañana se debía a eso. En segundo grado, aunque no menos importante, gritaba mentalmente, "¿Porque hoy? Acabo de liberarme de unos caníbales, solo tuve tiempo de perfumarme al regresar a la casa y mis fuerzas están bajas, si se da cuenta...", y una y docenas más de razones para sentirse acorralado.
Le gustaban los gestos amables de Hiei, pero de tan inesperados eran inconvenientes.
- Ooh...Vaya. ¿Y qué piensas hacer hoy?
Hiei se fastidio. Ni un solo espacio para meter la mano en ese armario, atiborrado de ropa y camisas, todas de Kurama. Por eso prefería tener la suya en el suelo, por más reclamos que el zorro le hiciera después.
- Quemar este armario rosa e inútil.
Kurama rio al verlo luchar por conseguir espacio. Para su sorpresa el terco demonio dejo la batalla, no sin un mohín de ira y una mirada de odio dirigida al armario.
- No es para tanto- agrego, divertido. Algunas de las frustraciones de Hiei, que ponían a cualquiera o que cosa en peligro solían ser cómicas. - ¿Y si vamos a la tienda a comprar uno más grande?
- Alucinas.
- Uno armario solo y exclusivo para ti, si es lo que quieres...
La frase quedo en el aire. Kurama callo, o lo callaron, para ser claros. Estaba enterado de la increíble velocidad que su marido poseía, aunque no se acostumbraba a que se le apareciese a obra de un parpadeo. En este caso, Hiei se había sentado en la cama, inclinado por su cara y fundido un tierno beso en sus labios en un segundo.
Anonado, no pudo corresponderle de inmediato. Pensó que estaba en esas fantasías que Youko le hacía pasar para fastidiarlo. Cuando estaba por ceder, Hiei cortó el beso y lo miro.
- Quita el horrible espejo gigante de la sala y prepara selva negra con miel.
Parpadeo, perdido.
- Eso... ¿Es un chantaje?
No necesariamente. Cada vez que pasaba por la sala de estar quería ver el espejo destrozado a pedazos, y si pudiera lo haría el mismo con muchísimo gusto. Odiaba el espejo de cuerpo entero que compro el kitsune, en otro de sus caprichos de estética. Que para empeorar lo hacía ver doble, borroso y desorientado, porque debajo de la máscara todavía estaba el Jagan y lo afectaba terriblemente.
- Y los floreros en el cuarto. Quítalos- ordeno, a voz firme. Hubiera visto el asombro en los ojos de Kurama de no ser porque lo volvió a besar y, esta vez, por más tiempo.
Sus hijas...sus flores mágicas, no podía deshacerse de ellas. De acuerdo, habían de más en la habitación solo porque cuando salía, como la noche pasada, le preocupaba el bienestar de Hiei, sabiéndolo solo e intoxicado. No podía quitarlas...eran..., le envolvió el cuello y lo rodeo con sus brazos, cerrando los ojos y abriendo la boca, sintiendo en el simple toque de su lengua un choque de fuerzas eléctricas...No, no iba a ceder, necesitaba a las flo...por Hiei...seguir besándolo no significaba que iba a rendirse y ceder..."Deja tus niñeras y tómale"...las fuerzas agotadas se recuperaron de pronto y el vigor del hurto nocturno tomo nueva forma. Profundizo el beso, pensando que sería mejor dejarlo custodiado solo por dos planteros...
Hiei termino el beso, empujando su pecho para imponer distancia.
- Bien- musito Kurama, muy por debajo de su tono normal. Con la cara encendida, procuro sonar determinante- Puedes repetir el postre tres veces.
El juego se convirtió en un intercambio de desafíos.
- ¿En qué estás pensando?
Para su sorpresa, había sonado como Youko, con la voz altamente insinuante. Sonrió con ingenio, viendo que Hiei le prestaba su completa atención.
Si hubiese habido un solo día que Kurama usase un lenguaje sucio y vulgar...
- Usa la camisa azul que te compre.
...ese día no era.
- No tientes tu suerte.
- Un mes.
- Kurama.
- Dos semanas- Hiei lo miro con un labio temblando de ira contenida- Bien. Ya. Tres días.
- Idiota- bufo, con el perfil de quien se rinde. Por una copa de helado, no, por tres copas de helado seguidas, usaba la horrible prenda de botones tontos y cuello irritable por una semana, por suerte Kurama cambio el lapso de tiempo.
- Es tu ropa. Úsala.
- Es mi ropa. La quemo.
Se miraron en oposición. A punto de discutir a viva voz lo de siempre.
"Te doy cosas y no lo aprecias"/"¡Nunca te pedí nada!"
"Jamás te fijas en los detalles, en lo que hago"/"Discúlpame por no tener tu capricho de quisquilloso maniático, tu obsesión por el control y compartir tu condenado ideal de estética".
"¿Piensas en mi al volver a casa con esas laceraciones?"/"No, pienso en la cena"
"Dime una sola cosa amable"/"¿Para tu lapida?"
Hiei rugió bajo, tal como el toro cuando es provocado. El cabello rojo de Kurama no ayudaba.
Kurama tenía la boca repleta de reclamos, y si no dejaba salir uno iba a hacer escándalo.
Así dieron lugar a un momento tenso de silencio. Estaban por gritarse unas cuentas verdades con toda la frustración contenida de la semana. Al cabo de un minuto, estaban en la cama, jalándose de los cabellos con fuerza y empujando al otro para el lado contrario, besándose repetida y profundamente, con afán de ladrón y fiereza de criminal. No dejaron espacio libre de batalla, ni cuando Hiei logro inmovilizarlo. Cuando lo creyó sumiso lo libero y Kurama le abrazo por la espalda, solo para aprovechar en atraparlo. Hiei refunfuño una maldición cuando lo hizo rodar al otro lado, con los brazos bajo sus codos, y con la cara zorruna encima.
- Tú no me chantajeas- le dijo, con una mesura que se perdió al sonreír animadamente- El Matrimonio es un Contrato. Ya hemos dado la palabra y no puedes modificarlo- agrego, con curiosa picardía. Quería saber que excusa le diría ahora.
- Sí. Es un Contrato- Kurama no entendió porque le sonreía, como si la cosa fuera al revés y le hubiera ganado- Un Contrato de Propiedad. Eso significa que me perteneces, ¿correcto?
-...Correcto- contesto, luego de un rato- Y tú también.
Pero no hablaban de eso. Solo era una forma más ordinaria y vulgar de decir lo que de verdad significaba lo que habían tratado, lo que entregaron y seguían sacrificando.
Como era de mucho pensar, el raciocinio de Kurama volvió a distraerlo en la realidad. Sin darse cuenta (a una rapidez muy idéntica a la velocidad del rayo) los puestos repentinamente cambiaron. Quien estaba debajo era él, desconcertado y sorprendido. Hiei era más difícil de descifrar que doscientos demonios en plena pelea.
- Supongo que también estipula...- Hiei no le dejo escape esta vez, sentado en sus caderas- Que puedo hacer lo que se me antoje contigo.
- ¿Y qué piensas hacer?
Tal vez Youko estaba consiente también y por eso usaba su vocabulario.
- Tu eres el de los planes- respondió Hiei, llevando una mano debajo de la camiseta del kitsune, cuyos ojos le parecieron destellar un dorado atractivo. Creyó ver eso antes...
- Lle...llévame a...- Youko sonaba cada más demandante y no pudo reprimir la mueca de disgusto; siempre involucrándose cuando no era su turno. Tardo en concentrarse en su realidad- ¿Hiei?
- No tengo que llevarte a ningún lado. Estas atrapado.
Y no lo decía por la postura. Desde el principio, sospecho que ese joven perfecto con la mirada llena de secretos lo haría cambiar, lo que no imaginaba era que lo hiciera en aspectos tan gigantescos. Cuando admitió para sí mismo sus sentimientos, juro protegerle. Sin importar que decisión futura tomase, por más que Kurama lo dejase algún día, lo acompañaría a la distancia y en silencio. Se quedaría presente por siempre. Porque estaba atrapado en esa cadena llamada amor.
- Si- contesto Kurama a su vez, sabiendo de lo que hablaba. Estar atrapado de cualquier manera era humillante para un criminal, en especial para el liberal dentro de su subconsciente. Pero le gustaba su vida en el Ningenkai y la vida con Hiei, no pensaba cambiarla- Estoy atrapado contigo.
Cuando sus brazos fueron liberados, los llevo detrás del cuello de Hiei, sin intención de provocarlo más o jugar a los desafíos. Como declarando una promesa impronunciable, Hiei se inclinó por él y le beso.
