21 de marzo 2018
Las calles estaban desiertas, la amenaza de lo que la purga significaba ya completamente comprendida por todos.
Solo dos años, solo dos ocasiones y se había dejado ver la naturaleza real de esas personas, de lo que hacían, de lo que querían. De la doble moral que a partir de ese momento cargarían, sonriéndose todo el año, fingiendo ser buenos amigos, buenos amantes, y entonces apuñalarse por la espalda en esa noche.
Katsuki estaba caminando directo al centro de Tokyo, considerada por la policía la zona más peligrosa en ambas purgas, donde todos aquellos con deseos de liberar a la bestia se concentraban.
Con cada maldito segundo que pasaba en esa noche se enojaba más y más. Porque durante un año completo no había podido hacer nada, simplemente imaginar cómo sería encontrarse al bastardo asesino de mierda. Suponía que, si lo hubiera esperado en la casa que había tenido con sus padres hasta el momento, él hubiera regresado tal y como le había dicho. Pero después de un par de meses, Katsuki no había podido seguir llegando a esa casa vacía cada noche, y la había vendido.
Había sido muy escandaloso respecto a su mudanza, incluso, espantando a la familia que ahora vivía en su vieja casa, había pasado a poner un estúpido cartel que decía que vivía en Tokyo ahora. Había estado esperando, pero no llegaba, y luego de tres horas se había levantado y había salido a la calle. Sabía que era estúpido, que no se lo encontraría de frente, que no tendría tanta suerte, pero tampoco había podido sólo quedarse sentado sin hacer nada.
La ira seguía bullendo de él, quemando, alterándolo. Tenía que hacer algo, tenía que encontrarse con ese maldito imbécil, tenía que matarlo.
Fue con esos pensamientos que se encontró de frente con un grupo de purgadores, probablemente en realidad dos grupos porque se estaban enfrentando entre ellos. Todos con máscaras, cubiertos, armados con bates, tubos o cuchillos, asesinando. Uno tenía una máscara de payaso, ni siquiera tan similar a la que había usado el asesino de sus padres, pero fue suficiente para que Katsuki viera rojo y se lanzara contra ellos.
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Shouto aún no sabía qué estaba haciendo en la calle.
No iba a purgar, era obvio, y no tenía autoridad para intervenir. Pero tampoco quería estar en casa. Allí estaban Fuyumi y Natsuo sentados en el salón central de toda la casa. Con Enji y Midnight en la habitación de al lado y grupos rodeando la periferia tanto dentro como fuera de su propiedad. Eso iba un poco contra la ley, pero nadie le diría nada al jefe de la policía del país.
Se había salido sin que nadie se diera cuenta, era una ventaja de haber sido uno de los involucrados en la organización de la distribución y las rondas.
No se sentía con ganas de estar ahí con la familia que no pudo proteger de sí misma, incluso más desde que su padre pareció empezar a preocuparse por estar presente volviendo todos y cada uno de los momentos extraños, pues Natsuo lo culpaba totalmente y Fuyumi, aunque trataba de juntar a la familia que le quedaba, también se veía incómoda.
Por toda su propiedad y su vecindario no había habido nada, nadie, ningún ruido y había sido bastante espectral. Los ricos no salían a la calle durante las purgas. Había escuchado que lo que hacían era llevar a gente pobre o desahuciada a sus casas para asesinarlos allí, a salvo del resto. Y eso lo enfermaba.
Había llegado al centro de la ciudad desde hacía un rato, se había mantenido escondido viendo a los grupos de personas que avanzaban con el único objetivo de hacer daño y seguía pensando que eso estaba mal. Lo estaba. Debía detenerse. No importaba cuanto creyeran que lo que hacían era correcto, o cuanto pensaran que ese tipo de venganza los ayudaría a sentirse en paz. Los seres humanos no podían solo seguir adelante con sus vidas sabiendo que dañaron a alguien, muy en especial alguien por quien en algún punto sintieron amor.
Avanzando llegó a un callejón que, como muchos otros que ya había dejado atrás, tenía grupos de purgadores en ellos. Pero este en especial parecía ser de una sola persona enfrentándose a varios. Con una habilidad que no debería pertenecer a un civil normal, la persona de cabello rubio cenizo venció hasta el último hombre de manera bastante brutal, estrellándole el rostro contra la pared con tanta fuerza que la máscara que llevaba puesta tronó cortándole la cara.
—¡¿Fuiste tú?! ¡¿Eh?! ¿Mierda? —gritó el hombre vencedor apretándolo con fuerza contra la pared, a pesar de que el otro ya no parecía tener la fuerza para resistirse incluso si lo intentaba.
Todos los purgadores parecían tener algo qué gritar mientras llevaban a cabo sus acciones. La mayoría con resentimiento que se olvidaría después de cometer el acto y que se convertiría en un peso en su consciencia después. ¿Cómo no se daban cuenta?
—¿Te gustó hacerlo? —continuó el otro a falta de respuesta de su víctima— Tal vez te mate como tú a mi padre, tal vez te torture como lo hiciste con mi madre. ¡¿Ellos qué mierda te habían hecho?! —gritó con la voz estrangulada, difícil de decir si era por la ira o si acaso esos recuerdos lo conflictuaban.
Shouto avanzó hacia él, impulsado por alguna fuerza desconocida que le hizo saber que tenía que detenerlo. No podía permitir que otra persona, cegada por el odio y el rencor, cometiera un acto que acabaría consigo. Suponía que no era equiparable esta persona desconocida con su madre, pero el mero hecho de estar pensando en ella fue lo que evitó que se detuviera.
Sin avisar de su presencia tomó el brazo del otro con el que estaba sujetando al hombre enmascarado, su intención era someterlo para que pudiera calmarse, pero el rubio, que ahora notaba tenía los ojos de un peculiar color rojo, reaccionó con un instinto y reflejos veloces, y dio una patada hacia su pierna que Shouto esquivó, para retroceder un par de pasos y quedar fuera de su alcance.
—Tienes que detenerte —le dijo Shouto tratando de agarrarlo otra vez.
Sin siquiera dignarse a contestarle con palabras, el rubio volvió a atacarlo con agresividad y la suficiente experiencia como para que Shouto tuviera que concentrarse en defenderse. Eso no funcionaría, tenía que hacer que parara.
Por ello trató de golpearlo en el rostro en un intento más extremo por hacerlo detenerse, pero el rubio enojado lo tomó del brazo y lo jaló usando su propio cuerpo como base para hacerlo rodar sobre él y arrojarlo al suelo, Shouto logró caer de pie y apenas si logró hacerse hacia atrás para evitar que el otro, que no quería darle tiempo de retomar el equilibrio, lo golpeara en la cabeza.
Era fuerte, rápido, ágil, de buen juicio, aprendía de su contrincante con cada movimiento que hacía. No tenía idea de quién era, pero ese rubio era muy bueno. Lamentablemente para él, Todoroki era mejor.
No había sido obligado a entrenar toda su vida para perder contra un purgador enojado.
Así que, usando esa misma rabia impulsiva como debilidad, aprovechó un golpe precipitado para atravesar su defensa y darle con el puño justo en la boca de su estómago, seguido inmediatamente por una patada a la altura de sus rodillas para hacerlo caer.
—Detente —dijo Shouto casi gritando—. No quieres hacer esto.
—¡¿Y tú qué mierda sabes qué es lo que quiero o qué hago aquí?! No trates de venir de héroe conmigo, pedazo de mierda ¡No te necesito! ¡Déjame en paz!
—No sé —respondió Todoroki aplicando más fuerza, si vacilaba un momento el otro se recuperaría de inmediato—. No lo sé, no tengo idea, ni siquiera pude salvar a mi madre —sintió cómo el rubio dejó de pelear por un momento— ¿Cómo podría con un desconocido? Pero si no lo intento, ¿Qué clase de hijo seré? ¿Cómo podría considerarme su hijo si sigo siendo una vergüenza para ella?
Solo hasta ese momento, Shouto entendió por qué había salido. Siguiendo sus instintos, creía que estaba alejándose de su padre, creía que se debía a que no soportaba la presión de estar encerrado con sus hermanos después de que fuera él quien desatara todo lo que habían vivido el año pasado. Pero no era así. No estaba escondiendo la cabeza en un agujero, había ido a lanzarse en medio de la zona cero a descubrir si era capaz de hacer algo al respecto.
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A Katsuki no le gustaba cuando le decían qué hacer. No le gustaba cuando alguien era más fuerte que él. Detestaba la idea de, por un momento, considerar que no podría vencer a alguien. Y el idiota de cara quemada sobre él estaba haciendo justo todo eso. Lo peor era que estaba considerando lo que decía.
¿Por qué había salido a purgar? No había asesinado a nadie, por mucho que gritara muere, te matare, debiste morirte y similares, él no era un asesino. Él nunca le quitaría un familiar a alguien, así que, por mucho que los hubiera golpeado, herido y maltratado, todas las personas que había dejado detrás de él seguían con vida. Aun así, suponía que, si en algún momento se encontraba de frente con el hombre que asesinó a sus padres, la consideración se terminaría. Y después, ¿Cómo podría pensar en su estúpida madre si ella había muerto por salvar a alguien?
Odiaba a ese sujeto, con toda su alma, pero no había forma de que lo pudiera buscar. No sabía quién era, no sabía cómo se veía, ni siquiera recordaba cómo se escuchaba. Y mientras, el maldito, lo seguía afectando a él.
—¿Y qué se supone que haga? —siseó Katsuki aplicando más fuerza para quitárselo de encima en vano— ¿Olvidar que un bastardo asesinó a mis padres?
—No lo sé —repitió sus inútiles palabras.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí?
—Evitar que alguien más pase por lo mismo que mamá.
Katsuki una vez más dejó de pelear. Esa podía ser una respuesta. Podía evitar que más gente sufriera lo que sus padres. Eso tal vez serviría de algo. Eso tal vez lo ayudaría a cerrar los ojos otra vez.
No había podido salvarlos a ellos, y eso quedaría con él para siempre, pero tal vez podría salvar a otras personas. A otros padres, a otros hijos, y así quizás podría enfrentarlos de nuevo.
—Entonces hazlo —le dijo Katsuki, pero de alguna manera se sentía como si lo estuviera diciendo en voz alta para sí mismo—, ve y detenlos.
Sintió un nudo en su garganta y sus ojos arder, pero se aseguró de tragarse todos sus sentimientos. Y una mierda que lloraría enfrente de ese bastardo desconocido idiota.
El otro lo vio un segundo, y luego con convicción asintió y por fin lo soltó. Se puso de pie y le ofreció una mano para ayudarlo que él rechazó. Katsuki se levantó y se sacudió la ropa.
—¿Cómo planeas salvar gente? —le preguntó, captando que de alguna manera no lo había mandado solo, que no era un 've y hazlo' si no un 'vamos a hacerlo'.
—Hasta el momento golpearlos hasta la inconsciencia ha funcionado.
—Parece... una alternativa.
—Pero usa una máscara, Todoroki Shouto —le dijo Katsuki mirándolo directo a la cara. Cualquiera con tantito cerebro sabría quién era esa persona. Él en especial porque había estado atento a todo lo relacionado con la policía y fue todo un espectáculo cuando el hijo del jefe de policías cumplió la mayoría de edad y se incorporó debidamente al departamento. Y si ser reconocido había sido el problema que lo había llevado hasta allí, no sería tan estúpido para repetirlo.
El otro entrecerró los ojos un instante y asintió. Se acercó a los hombres que Katsuki había derribado y les quitó máscaras dos. Ambas eran de demonio, una era roja, y la otra era verde, le pasó la primera a Katsuki que la tomó de malas y se la puso. Y el rubio le pasó uno de los bates mientras él se quedaba con un tubo, no le agradaba mucho la idea, pero al menos no haría más daño del estrictamente necesario para defenderse de personas que tratarían de matarlo.
En un acuerdo silencioso decidieron caminar por las calles sin meta aparente. Habían tenido un momento de sinceridad muy extraño allá atrás, pero ninguno de los dos tenía deseos ni interés en profundizar en ello.
Se cruzaron un par de purgadores a los que vencieron. Nada fuera de sus capacidades, hasta que a la distancia escucharon un disparo. Un disparo. Estaban usando armas de fuego. Esa gente enferma había conseguido armas de fuego.
Por eso mismo empezaron a moverse con más precaución. No era lo mismo enfrentarse a delincuentes con cierta clase de artefactos que solo usaban para golpear y cortar, que ataques a distancia de esa manera.
Pasaron el resto de la noche así. Shouto vio personas como Bakugou, quien le había dicho su nombre al considerarlo de confianza, que parecían estar vengándose de alguien que les arrebataron, otros como su madre, que purgaban porque creían que eso les daría paz, pero también había algunos que lo hacían por el mero placer de hacerlo.
Esos eran los criminales a los que estaba más acostumbrado.
El tipo de gente que con el tiempo lo habían vuelto indiferente del resto de personas.
En un momento Katsuki desapareció de su lado, pero pronto escuchó que había ido a atacar a alguien.
Avanzó para ir a su lado, sin embargo, más adelante vio a alguien salir de otra calle que colindaba, avanzaba muy tensamente, con un cuchillo en mano. Se ajustó la máscara y fue en su dirección.
La persona era un hombre joven, probablemente de su edad, alto, con el cabello de un tono azulado y que estaba revuelto como si hubiera pasado sus manos varias veces por ahí, unos lentes cuadrados y marcadas ojeras bajo unos ojos que reflejaban cansancio, odio y tristeza todo junto.
Cuando este se dio cuenta de su presencia, pareció resignarse, estando harto, en su límite, ya no queriendo nada, no queriendo estar ahí, no queriendo seguir en la situación que tenía, sea cual fuera esa.
Y por un instante se preguntó si había salido a purgar o si estaba buscando ser purgado.
Pero cuando dio un paso en su dirección, de pronto pareció reactivarse, como si una descarga de adrenalina generada por la rabia lo hubiera llenado con la energía suficiente para atacar.
A la distancia se escuchó un insulto exclamado por Bakugou. Una muestra de que en ese momento estaba atacando a alguien con violencia, alguien que tal vez lo merecía, pero sabía que esta persona frente a él no era igual.
Como Bakugou, como su madre, él necesitaba ayuda.
Soltó el bate que hasta el momento había llevado empuñado, después de todo, lo único que el otro tenía era un cuchillo, podía con eso. Cuando lo vio dudar, supo que había hecho la elección correcta.
—No necesitas hacer esto —le dijo. Se preguntaba si terminaría haciendo eso mucho más. Detener a purgadores diciéndoles "no sabes lo que haces". En todo caso, supo que no debía ordenarle que se detuviera ni tratar de sujetarlo, eso había salido mal con Bakugou.
—Si necesito hacerlo —soltó el otro levantando el cuchillo con fuerza, pero sin convicción, como si luchara por seguir cometiendo esas acciones—, necesito hacerlo... Yo... Mi hermano...
Shouto levantó las manos para transmitirle calma y dio un paso hacia él. Su hermano. No sabía qué había pasado, pero definitivamente era otra persona que había salido por venganza, por dolor. Y que quizás lo único que conseguiría sería a alguien que quisiera vengarse también. Ese ciclo interminable.
—¿Qué sucedió con tu hermano? —esperaba que estuviera bien preguntarle. Él nunca se hacía cargo de situaciones así, por lo general lo hacía Midnight que era su compañera, y desde que había empezado a trabajar solo no se había topado con una situación similar.
—Él solo —empezó a contestar, relajando a Shouto sobre no haberlo arruinado todo—, él sólo cumplió las reglas. Ellos fueron quienes trataron de sacar productos sin permiso y él los reportó. Eso era lo que estaba bien, eso era lo que debía hacerse, y aun así, ellos vinieron, vinieron y.… en esta calle…
Shouto dio otro paso tentativo hacia él.
—Él hizo lo correcto ¿No? Entonces ¿Por qué? No lo entiendo, acaso ¿Seguir las reglas está mal? ¿Es eso? Esta noche, esta purga ¿Eso es lo que está bien?
—No —contestó Shouto avanzando un poco más—, esto está mal y todo lo que esto provoca lo está también.
—Pero tú estás purgando.
—No, yo vine aquí a ayudarte. A que no cometas algo de lo que te arrepentirás.
—¿Por qué crees que me arrepentiría?
—¿Es algo que tu hermano quisiera?
Hubo silencio mientras el otro chico seguía mirándolo con desconfianza y Shouto concluyó que una máscara de demonio no daba la idea que debería, así que se la quitó.
—Está bien ¿Ves? Soy Todoroki Shouto, lo único que quiero hacer es ayudar.
Sin despegar la mirada de él, el muchacho de lentes de repente se rió un poco.
—Creo que el objetivo de usar máscara se pierde si te la quitas frente a un purgador.
—Pero tú no eres un purgador —lo contradijo convencido de lo que decía—, me los he encontrado, tienen la mirada vacía. En tus ojos veo reflejados todos los sentimientos que tienes por tu hermano.
Le recordaba a Fuyumi y su insistencia por hacerlo sentir parte de la familia, de seguir viéndolo como su hermanito menor. Nadie que tuviera esa mirada podía tener malas intenciones.
Él hizo un ruido que pareció ser una combinación de risa y llanto. Dejó caer el cuchillo, se limpió los ojos de las lágrimas que estaban comenzando a llegar y acabando con la distancia que quedaba entre ellos, se agachó para recargar la frente en el hombro de Shouto. Este se paralizó un momento. Si recibir tratos de confianza y afecto por parte de su familia le era extraño e incómodo, recibirlos de un desconocido en la calle lo era todavía más.
Sin embargo, comprendía que lo que el otro necesitaba en ese momento era apoyo así que raramente llevó una mano a su espalda y la colocó allí sin saber si eso era lo correcto.
—¿Para qué mierda crees que tienes una máscara, imbécil? —los sorprendió la voz de Katsuki que había llegado hasta el lugar en donde ellos estaban, haciendo que se separaran de un salto y dando una idea como si hubieran estado haciendo algo malo.
—Bakugou...
-No digas mi nombre, eres un verdadero idiota. ¿Quién es ese? ¿Tu novio?
—¿Qué? No. Es un... Estaba confundido, apunto de purgar.
—¿Detienes a todos los purgadores desconocidos abrazándolos? Que mierda, yo le rompí la nariz a unos sujetos allá atrás.
—¿Eres un purgador? —preguntó el de lentes.
—No —contestó Katsuki al mismo tiempo que la alarma sonaba anunciando el final de la purga anual.
Katsuki giró el tubo que traía sobre su propia mano y lo tomó con fuerza apuntándolo en dirección a Shouto.
—A nadie le interesa y nunca nadie sabrá lo que hiciste hoy —le dijo—. El próximo año de todos modos habrá una purga.
—Entonces —contestó este— ¿El próximo año nos vemos aquí también?
Katsuki sonrió bajo la máscara y colocó el tubo sobre su hombro. El nuevo desconocido los miró a ambos y levantó una mano con firmeza.
—Si ustedes son alguna clase de personas que se dedican a salvar personas como yo, quisiera pedirles que me dejen unirme a ustedes.
—No —dijo Katsuki al mismo tiempo que Shouto soltaba un— Claro.
El rubio bufó y lanzó el tubo que rebotó contra la pared. Les dio la espalda y se alejó caminando.
—Haz lo que quieras —pasó a decir sobre su hombro.
21 de marzo 2019
—Dijiste que hiciera lo que quisiera, así que eso estoy haciendo —dijo Kirishima con brazos cruzados y pies bien plantados en el suelo sin intenciones de moverse.
—No seguirme —literalmente le gruñó Katsuki.
—Mi intención era seguirte a casa. —Katsuki había regresado a su anterior hogar a terminar el último año de universidad y cuando se volvió a mudar a Tokyo, Kirishima se le había pegado como una sanguijuela.
—¿Qué haces afuera? —le reclamó el rubio— La alarma está por sonar.
—Exacto, y tú estás dirigiéndote a no sé dónde. ¿Qué es lo que planeas hacer? ¿Purgar? ¿Es eso? ¿El año anterior no fue suficiente? Realmente parecía que lo habías superado, Bakugou.
—Cállate. Vete. No necesito que también estés en peligro.
—No voy a ir a casa, a menos que vengas conmigo. Eres mi mejor amigo, has perdido la cabeza si crees que te dejaré aquí afuera.
Llegaron a una calle, exactamente la misma donde se habían separado el año anterior, allí estaba Todoroki Shouto y el otro. Katsuki frunció el ceño y caminó hacia ellos.
—Trajiste a alguien —comentó Shouto.
—Uh, soy...
—¡No traje a nadie! —interrumpió Katsuki antes de que Kirishima se presentara— y si vamos a seguir haciendo esta mierda, vamos a usar máscaras y apodos. No es una opción.
Como respuesta Shouto sacó una bolsa con varias máscaras y se colocó una de una ardilla.
—Soy Ice-fire —fue todo lo que dijo.
El otro tomó una máscara de mapache y se la colocó también.
—Pueden llamarme Ingenium.
Tras revisar y descartar casi todas las máscaras, Katsuki optó por una de leopardo.
—King Explosion Murder —dijo.
Kirishima los miró a todos varias veces antes de centrar su atención en Katsuki.
—¿Qué está sucediendo aquí? ¿Un grupo? ¿Vas a salir a purgar en un grupo?
—Lo único que sucede es que tú te largas a casa —le dijo Katsuki.
—No saldremos a purgar —se aseguró de aclarar Ingenium—. Ellos dos no son purgadores, me salvaron la vida el año pasado —giró su rostro hacia Ice-Fire a su lado, y lo volvió a mirar a él. Aunque no podía ver su rostro, Kirishima notó la convicción con la que hablaba después—. Yo quiero salvar a personas justo como fui salvado.
Permaneció unos segundos en silencio observando a ese par de desconocidos, luego miró a Katsuki quien estaba viendo en otra dirección. Durante todo un año completo Kirishima había creído que Bakugou había salido a purgar, que había logrado su objetivo y que esa era la razón por la que había dejado de tener al asesino de sus padres en sus pensamientos las 24 horas.
Pero aparentemente había encontrado algo mucho mejor que eso, y eso era tan varonil.
Dio un paso hacia las máscaras, todas eran de animales y se veían adorables, algo raro considerando al tipo de noche que se enfrentaban, agarró una de gato roja, solo porque ese color le gustaba y le quedaría.
—A mí díganme Red Riot.
—No —le dijo Katsuki—, no vas a estar aquí, largo.
Kirishima lo miró con esa máscara puesta y Katsuki supo que no tendría caso discutir con él.
Les explicaron a los dos nuevos intrusos cómo había funcionado su dinámica el año pasado. Lo importante era inmovilizar, golpear las piernas, desarmar, dejar inconsciente. Era muy crudo porque la mejor manera era un golpe a la cabeza, pero eso también podría matar a alguien si lo hacían con demasiada fuerza o en lugares incorrectos, y hacer que no pudieran moverse implicaba lastimarlos demasiado. A Katsuki no le importaba eso, y Shouto lo veía como un mal necesario, pero a los otros dos no les agradó mucho.
Pasaron la primera mitad de la noche de esa manera, inconscientemente divididos en parejas, pues, aunque Ice-Fire y King Explosion Murder eran muy hábiles en un combate, Ingenium y Red Riot no estaban a su nivel, así que permanecían cerca para evitar que nada en demasía malo les pasara.
El uso de armas de fuego había aumentado. Se escuchaban muchos más disparos a la distancia y se habían terminado enfrentando a un joven con una pistola, pero este había estado tan nervioso, que Shouto se la había quitado antes de que pudiera si quiera apuntarle.
Cada vez más y más gente participando.
Al rededor de las tres de la mañana, escucharon el ruido de un auto. Hasta el momento no habían oído ninguno, por ello tuvieron precaución extra ante su cercanía.
Se concentraron tanto en él que a todos los sorprendió cuando una voz grave llegó detrás de ellos.
—Tiren sus armas y levanten las manos —les ordenó. Katsuki se giró y sintió su sangre congelarse cuando notó que el sujeto apuntaba un arma a la cabeza de Kirishima.
Tuvieron que hacer lo que les decían. Los hicieron subirse a un auto viejo, ese que habían estado escuchando, les quitaron las máscaras y les colocaron bolsas que les cubrieron la visión.
Shouto trató de hacer un mapa mental de por dónde pasaban, pero en una vuelta la persona que estaba a su lado chocó con su hombro y no volvió a separarse. No sabía quién era, suponía que no era Bakugou, pero también lo hizo ser consciente de que estaba asustado, y por primera vez pensó, realmente analizó el hecho de que no iba con un equipo, eran civiles y que en ese momento estaban llevándolos para ser asesinados. Fue demasiada distracción la preocupación que eso le generó que terminó desubicado para cuando los bajaron del auto y los metieron a algún edificio.
Se adentraron al lugar, los obligaron a arrodillarse y apuntaron a sus cabezas, Shouto no creía que los fueran a matar así, habría sido un desperdicio de tiempo y energía transportarlos.
Un ruido se hizo presente, como si hubieran abierto una puerta y la voz de un hombre resonó con eco, demostrando que estaban en un lugar grande y vacío.
—Hemos conseguido sacrificios —dijo el hombre—, cuatro hombres en buena condición ¿No suena fantástico? Será una maravillosa caza.
A los cuatro les sacaron las bolsas de la cabeza, y notaron que la luz era muy baja. Notaron a los hombres que los habían llevado hasta ahí salir por unas puertas y Katsuki se levantó de inmediato.
—Comiencen —dijo la voz.
La poca luz que había desapareció dejándolos sumidos en la obscuridad.
—¿Qué es esto? —preguntó Ingenium, a quien también le habían quitado sus lentes.
—Van a cazarnos —soltó Katsuki como si fuera muy obvio.
—¿Quién se molestaría en organizar algo así? —susurró Kirishima.
No recibió respuesta porque tanto Katsuki como Shouto los hicieron pegarse a una pared. Entre ellos dos vencieron a una persona que se acercaba. Tenía lentes de visión nocturna y Shouto lo reconoció. Era el segundo hijo de una familia que vendía sistemas de seguridad, había ido a comer a su casa un par de veces.
¿Quién organizaría algo así? Gente con dinero.
Con el simple hecho de haber conseguido esos lentes y esa arma, pudieron con el resto. Atacando a las personas que originalmente los atacarían a ellos, obtuvieron lentes y armas para los cuatro y pudieron salir del lugar. Pasaron a una sala donde había otras personas reunidas que gritaron al verlos. Y, aunque muchas eran mujeres y todos reflejaban ni siquiera tener buenas capacidades físicas, Katsuki no se reprimió en aplicar sus métodos de inmovilización. Tampoco lo hizo Shouto, y quizás el terror de haber estado cerca de la muerte impulsó a los otros dos a atacar también.
En general no fueron muchas las personas que atacaron porque la mayoría se rendija o se había escondido y mientras no los atacaran, ellos tampoco tenían razón para agredir.
Se estaban dirigiendo a la salida. Quedaba como una hora de noche y querían ver si aun podían ayudar a alguien afuera. Todos volvían a tener máscaras que habían robado, porque para Katsuki era muy importante el punto de ocultar su identidad. En el pasillo se cruzaron a un sujeto que dio un grito ahogado al verlos, pero que, a diferencia del resto, no huyó ni los atacó.
—Merci —les dijo—. Primero creí que eran purgadores descontrolados, pero ustedes no asesinaron a nadie a pesar de que todas estas personas estaban preparadas para matarlos y... Yo no tenía el valor de detenerlos. Ojalá personas como ustedes llegaran en todos estos eventos.
—¿Estás diciendo que hay más de estos? —preguntó Kirishima con un tono de horror en su voz.
—Si —contestó el hombre rubio y parecía tener nauseas solo de pensar en ello.
—¿Sabes dónde se dan? —preguntó Katsuki.
—Sí.
Shouto miró a quien debía llamar King Explosion Murder y este asintió a una pregunta no realizada.
—Tú eres Yuga Aoyama ¿Verdad? —preguntó Shouto que lo había reconocido como a la mayoría de las personas ahí. Cosa que lo hacía entender un poco la insistencia de Bakugou por las máscaras y los apodos.
—Sí —respondió este con dudas.
—Creo que mantendremos contacto este año.
21 de marzo 2020
—¡Sorpresa! —gritó la chica de repente, llevaba una máscara de alguna clase de bicho desconocido rosada y la ropa negra que Katsuki recordaba haberle visto puesta cuando fueron a patinar en hielo— Pueden llamarme Pinky.
—¿Qué creen que están haciendo aquí? —preguntó realmente enojado, porque Mina no venía sola, detrás de ella estaban Kaminari y Sero con sus respectivas estúpidas máscaras.
—Venimos a apoyarlos —dijo ella con una mano en la cintura.
Katsuki miró a Kirishima quien vio hacia otro lado. Más le valía al bastardo tener una expresión de culpa debajo de esa máscara, tal vez así lo golpearía menos.
—No te enojes con él —dijo Mina picando un costado de Kirishima—, sabes que, Red Riot no puede ocultar nada de mí.
—Esto no es un maldito paseo en el parque —les dijo, estaba realmente enojado, no necesitaba a más idiotas amontonándose—, pueden ser asesinados.
—Lo sé —contestó Mina con una repentina seriedad—, lo sabemos, y sabemos que también podríamos perder a un preciado amigo. Todos preferimos morir a tu lado que quedarnos sin hacer nada.
Katsuki solo frunció el ceño. No era que no tuviera qué contestar, era más bien que, de entre todos esos idiotas a los que consideraba amigos, ella era la única que podía hacer sonar la estupidez que estaban cometiendo como algo a lo que no podía criticar.
—¿Tienen armas? —preguntó Kaminari señalando hacia las manos de Katsuki y Shouto, quien junto con Ingenium había permanecido en silencio a un lado. Kirishima bufó y Katsuki no quería reavivar la discusión que, literalmente, habían acabado hace cinco minutos sobre el bien o el mal de incentivar a una niña a fabricar armas— ¿Nos darán a todos una?
—No. No son armas reales, fueron hechas especialmente para inyectar sedante y solo tenemos dos así que nos las quedamos los que sabemos usarlas.
Sólo tenían dos pistolas modificadas, 48 balas, 5 granadas que él se quedaría porque todas eran de prueba y tenía que saber cómo funcionaban, 4 chalecos antibalas porque no habían considerado a los repentinos intrusos y Ice-Fire sólo había llevado para ellos. Kirishima le pasó su chaleco a Mina y Katsuki se lo dio a Kirishima con una mirada de advertencia para que no se le ocurriera dárselo a nadie más.
Esa noche su contacto de apodo estúpidamente largo y ridículo que no se molestó en memorizar, les había dado la ubicación de dos centros donde volverían a llevar personas que denominaban como sacrificios para asesinarlos.
Mientras se dirigían hacia el lugar se cruzaron con personas neutras, no estaban allí para purgar y, sin embargo, estaban en la calle durante esa noche. Obviamente huyeron de ellos al principio, pero entre Mina y Kaminari, que debían ser llamados Pinky y Chargebolt respectivamente, se acercaron a ellos y descubrieron que habían sido forzados a quedarse afuera. Autos descomponiéndose de la nada, personas que les bloqueaban los caminos.
Su avance fue lento, con esas nuevas personas que se les habían pegado buscando protección y a los purgadores a los que seguían deteniendo. Eran un grupo demasiado grande y llamativo. Así que, aunque ninguno estaba muy conforme con la idea, se separaron en dos grupos. Katsuki, Kirishima y Mina se quedarían protegiendo a esas personas mientras Ice-Fire, Ingenium, Chargebolt y Cellophane se adelantarían al primer punto.
Conforme la noche avanzó y se siguieron encontrando con más purgadores a los cuales detener y más personas que habían quedado atrapadas en esa situación, también llegó un punto en el que se cruzaron personas que iban vestidas como purgadores, pero que estaban deteniendo a otros. Uno de ellos se le acercó y se presentó a sí mismo como Tailman.
—Tú nos salvaste, así que queríamos hacer lo mismo.
Y de repente el grupo volvió a crecer.
Alcanzaron a Ice-Fire que se había colado efectivamente en el primer punto porque su contacto les había encontrado una ruta. Liberaron a un grupo de personas a las que tuvieron que detener porque habían intentado asesinar a quienes los habían capturado, y aunque todos entendían el sentimiento, cambiar a las victimas no era su objetivo.
El problema llegó cuando fueron al siguiente punto. Ese era un evento más grande, habían hecho mucho ruido al entrar y, quizás tras haber escuchado lo que habían hecho el año anterior, los organizadores se habían preparado con muchos guardias. Recibir disparos de vuelta fue aterrador por un momento. El único que tenía experiencia real en ello era Ice-Fire.
Bakugou se mantuvo en sí hasta que vio a Kirishima recibir dos disparos en el pecho y no fue capaz de concentrarse por mucho que se repitiera que tenía un chaleco antibalas puesto.
Varias de esas personas que habían salido con buenas intenciones, que tenían planes para el día siguiente, que no debieron haberse involucrado ahí si no fuera por ellos, murieron en ese momento.
Lograron tomar control del centro antes de que sonara la alarma, pero demasiadas personas habían muerto. Después de todo, no tenían equipo, no tenían armas, no tenían preparación. Sólo un montón de buenas intenciones que se convertían en nada.
Cuando se anunció el final de esa noche, Shouto les pidió que se reunieran en un punto, quería ver cuantas personas que lo habían apoyado seguían con vida. Quizás era el que más responsable se sentía al ser una figura de autoridad en sus vidas diarias. Todos fueron, y para sorpresa de los dos que habían iniciado todo, les preguntaron en dónde se verían el próximo año.
No queriendo minimizar el esfuerzo de todas esas personas, decidieron responder adecuadamente.
21 de marzo 2021
—¿Alguna vez podremos saber sus nombres? ¿Ver sus rostros? ¿Cómo podemos saber que confiamos en ustedes? —seguía preguntando una mujer con una máscara blanca y vestida de negro, una ropa que se repetía en la mayoría, y que se había presentado como Battle Fist.
—¿De dónde sacaron esas armas? —preguntó Phantom Thief quien aparentemente era un compañero de ella.
Katsuki bajó del auto, no sabía a quién pertenecía, pero alguien lo había llevado y se los había prestado para ir por las armas al punto donde Mei las había dejado. Cuando Katsuki le había preguntado si podía construir más, ella se lo había tomado como alguna clase de reto personal y había hecho muchísimas. Todos podían tener al menos una. Y él se había tenido que apresurar para hacer balas que alcanzaran para todas.
—¿Aquí nos reuniremos todos los años?
—¡Cierren la boca! —les gritó harto de escucharlos. Eran policías, se les notaba por todos lados, la forma en la que se paraban, en que hablaban, en que sostenían las armas que les habían entregado. Y claramente no tenían experiencia en infiltraciones— No pueden confiar en nosotros ¡Estamos en medio de la maldita purga! Y si no les gusta, lárguense. Vamos a salvar a gente, no a hacer amiguitos o descubrir de qué color tiene quién los ojos. Soy King Explosion Murder, y no te voy a contestar ninguna maldita pregunta. Si no vienen aquí a ayudarnos a salvar gente, pueden irse mucho a la mierda.
Se alejó no queriendo saber qué más tenían por decir.
Tenían conocimiento de un centro, porque se habían vuelto más mezquinos con la información y I can't… lo que fuera, no había conseguido más, este tendría una camioneta que saldría a cazar. Shouto había descubierto que los ataques a edificios eran organizados por el gobierno utilizando a la misma policía, así que mandarían personas para tratar de advertir o detener o ayudar a huir. Los escondites que habían seleccionado para esas personas y todas aquellas que hubieran sido obligadas a quedar afuera, eran algo sacado de la manga, pero no tenían ningún lugar especial para ello.
Gracias a que ya eran muchas más personas se pudieron dividir para cubrir todas las tareas. Katsuki, Kirishima, Mina y Sero eran quienes debían detener a la camioneta que cazara y purgadores en la calle.
La purga ya era algo completamente violento y brutal. La cantidad de personas que salía era demasiado grande, las armas de fuego ya eran de lo más normal, había de todas las edades y la mayoría ya salía por el mero placer de hacerlo. Las personas que lo hacían por impulso eran considerablemente menos. Ya había cacerías en calles, ya usaban perros para rastrear a quienes trataran de esconderse, ya fumigaban las coladeras para que no pudieran huir por ahí. Ya había personas que se quedaban a media calle disparando sin razón, estar en casa ya no era seguro, estar en los negocios tampoco.
Era una pesadilla.
Todos los grupos tuvieron problemas. Fueron muy pocas las personas que lograron salvar de los edificios marginados que fueron atacados, el centro asesinó a sus sacrificios antes de que pudieran llegar a ellos, su escondite fue descubierto por un grupo de purgadores que bien podrían tratarse del ejército, los que recogían sacrificios huyeron de ellos, Sero recibió una herida grave en la pierna.
Y cuando se reunieron al final de la noche, eran casi la mitad de quienes habían comenzado. Pero había gente nueva. Mucha más gente de la que había muerto, que había sido salvada, gente que les pidió que los dejaran unirse a ese movimiento suyo.
Battle Fist se acercó con la cabeza baja y le susurró un gracias a Katsuki.
Sintiendo una tremenda responsabilidad sobre todas esas vidas, Ice-Fire y King Explosion Murder agradecieron que estuvieran ahí, y les permitieron seguir a su lado a todos y cada uno de ellos.
21 de marzo 2022
—Debe ser una empleada —dijo Kirishima apretando el volante de la camioneta que llevaban con las armas que habían ido a recoger otra vez, una vez más no sabiendo a quién pertenecía. La cantidad de autos a los que tenían acceso aumentaron de golpe, incluso tenían motos y un camión— ¿Una guardia de seguridad? ¡¿Te imaginas que sea la hija del jefe?!
—Deja de tratar de adivinar las identidades del resto, pelos de mierda.
—Hey, me hice este estilo para imponer más respeto —agregó Kirishima pasando una mano por su cabello que era rojo y estaba puntiagudo hacia todos lados—, es bastante varonil. Además, no me digas que no tienes curiosidad, ¿De qué otra manera conseguimos acceso al edificio Hagakure?
Su incógnita quedó al aire cuando un auto les llegó de pronto por detrás y comenzó a disparar. Katsuki se asomó por la ventana y decidió lanzarles un par de granadas. El auto las esquivó por poco y volvieron a atacarlos.
—No puedo entrar así al edificio —dijo Kirishima—, no revelaré nuestra ubicación segura.
—Ve a la calle principal —ordenó Katsuki—, tenemos que perderlos. Traemos todas las armas, tenemos que poder llegar.
Sin embargo, para cuando llegaron a ese punto sólo descubrieron que todas las calles que colindaban habían sido bloqueadas con láminas metálicas. Se vieron obligados a girar para ir en dirección contraria. Katsuki decidió que era una buena idea salirse por la ventana para subir al techo del vehículo y tener un mejor tino con sus granadas. Desde ahí escuchó un chiflido dar uno de esos tantos códigos que Mina, apoyada por Ice-Fire, les había obligado a memorizar para poder comunicarse.
Persona, entrega. Tendrían que recoger a alguien. ¿Para qué? Lanzó una última granada antes de sentir el repentino frenar de la camioneta seguida de la inmediata aceleración. Observó al auto que había salido chocar de frente al otro que los había estado siguiendo, solo lo necesario para desviarlo. Ya no teniendo sentido el estar ahí, volvió a introducirse al interior mientras escuchaba una voz desconocida hablar.
—Te guiaré a una entrada alternativa al estacionamiento donde están todos.
—Excelente —contestó Kirishima, todo amable como siempre era— ¿Escuchaste eso Explosion?
—Una mierda —dijo mientras terminaba de entrar por la ventana— me quitaron a mis presas. Esos bastardos, yo podía con ellos.
—Seguro que sí. Pero tenemos que llevar esto al resto.
—¿Tú quién mierda eres? —le preguntó con agresividad al desconocido sin máscara, lo que al mismo tiempo lo hizo ser consciente de que ni Kirishima ni él llevaban las suyas puestas. Hubo algo en su cara que se le hizo familiar. Enormes ojos verdes que lo miraban nervioso, cabello revuelto como un verdadero caos, un montón de pecas en su cara. Le daba una sensación de nostalgia, como algún buen recuerdo que de inmediato creaba calidez en su pecho.
–Izuku Midoriya —le contestó.
El nombre también se le hacía conocido, algo que estaba en él, pero que no traía a su memoria fácilmente. Como esos datos fundamentales que sabes que conoces, pero no usas y ha quedado bajo una capa de polvo en tu cabeza. Y, sin embargo, sabes que jamás olvidarás. Porque es importante, porque es especial…
Y entonces lo recordó. Oh, Izuku Midoriya, ese Izuku Midoriya.
–¿Qué haces aquí, Deku de mierda?
Nota entre las notas:
Bueno, yo quería actualizar esto casi al día siguiente de la actualización del cap anterior, pero vino la vida, me pateó y me dijo "¡JA! No" y bueno, aquí estamos.
Pero está bien ¿no? Nadie lo notó. -se hace la loca-
A cambio es el cap más largo que he hecho, y eso que hice todo lo posible por cortar y resumir jaja por eso cada vez como que todo iba más rápido. Espero que no haya sido aburrido o pareciera relleno o algo. Consideré mucho el no ponerlo ¿A quién le importa qué pasó en ese tiempo? Pero no quise omitirlo así que lo dejé.
El prox cap de verdad que espero tenerlo mucho más pronto. También espero que no haya muchas dudas sobre la historia en general.
Quiero aprovechar que ya estoy poniendo cosas para agradecer mucho el que sigan leyendo esta pequeña cosa y mucho amor en especial a quienes comentan, me hacen sonreír como no tienen idea.
