—Kacchan, Kacchan espérame.
—Muévete, Deku o te dejaré atrás. ¡Hoy tenemos que conseguir 20 escarabajos!
Un pequeño Izuku de cuatro años apretó la caja de plástico que tenía abrazada. Eso le parecía un objetivo muy ambicioso. Lo máximo que habían obtenido en los días anteriores habían sido once y eso que habían salido muy temprano y habían regresado muy tarde. Sin embargo, algo en su pecho le decía que, mientras se tratara de Kacchan, él lograría todos sus objetivos.
—¡Sí!—le gritó con una sonrisa radiante y corrió hasta alcanzar su lado.
Aquel fue un día exhaustivo. Se alejaron más de lo que hubieran hecho antes y subieron a partes altas y riesgosas, mas, el miedo que Izuku debió sentir nunca apareció porque Kacchan estaba allí y estaba bien.
—Conseguimos veintidós escarabajos—Katsuki palmeó la tapa de la caja con satisfacción.
—Pero ahora ya es de noche—comentó Izuku observando su alrededor que ya no era tan fácil de diferenciar—,es peligroso.
—No te preocupes por eso, Deku—Katsuki le devolvió la caja a Izuku quien la tomó de la agarradera para así poder ser sujetado de la mano libre por el otro niño para comenzar a caminar—. Tú eres un bobo llorón, así que yo te protegeré.
—Yo también quiero protegerte a ti, Kacchan.
—No, tú no me protegerás. Sólo yo a ti ¿Entiendes? Tú te quedarás allí siendo bobo como siempre, y yo haré que todo esté bien.
—Eso no es justo, yo también quiero protegerte. Desde que llegaron aquí he sido muy feliz y quiero que tú también lo seas. Por eso debo asegurarme de que estés bien y a salvo. Eres tan importante como mamá y papá para mí.
Katsuki detuvo su andar y lo miró. Observó sus manos y cambió la manera de sujetarlo a enredar sus dedos.
—Entonces te quieres casar conmigo.
—¿Eh?
—Es como lo que dice mi papá. Dice que un día encontraré una persona para quien yo sea lo más importante y quiera hacerme feliz como yo a ella. Y que entonces nos casaremos.
—Mamá ha mencionado algo así, pero...¿Es algo que se pueda hacer entre hombres?
—Supongo que sí—dijo Katsuki levantando los hombros—. Lo único que hacen es ponerse un anillo ¿O no?
—Creo que sí.
—Bien.—Katsuki volvió a jalarlo de la mano para que caminaran. Izuku se aferró a él muy feliz. Si para casarse solo se necesitaba eso ¡Conseguiría un anillo y se lo daría a Kacchan! Y entonces estarían juntos para siempre. Justo como su padre y su madre. O los padres de Kacchan.
Esa noche los encontraron a mitad del camino de regreso, los regañaron por perderse y no los dejaron salir al día siguiente. Izuku aprovechó que estaban encerrados en casa para contarles a los adultos de sus planes de conseguir un anillo y casarse con Kacchan. Las reacciones de ambos padres fueron algo neutras y sin tomarlos en serio, pensando "estos niños y sus juegos" mientras que lnko se hizo una maraña de nervios tratando de explicarles lo que un matrimonio en realidad era, y Mitsuki riéndose a carcajadas y comenzando a planear cómo serían los preparativos imaginarios arrastrando muy fácilmente a su amiga a las fantasías.
El paso más difícil fue decidir si sería tipo occidental u oriental, pero cuando la votación de ambos padres apoyó a Mitsuki por intentar algo extranjero, prontamente la imaginación se dejó ir.
Los hicieron pararse en medio de la sala de los Midoriya y detallaron vestuario, comida, adornos, ropa, invitados.
—Un anillo, necesitan un anillo.
—Katsuki puede usar uno de oro e Izuku uno de plata o al revés.
—Ambos deben ser de oro—dijo de inmediato Inko.
—Bueno, por ahora solo tenemos este de plástico que salió como regalo en el cereal—dijo Masaru que se había tomado la molestia de ir a buscarlo.
—¿Quién se propondrá?
—Katsuki—señaló Mitsuki de inmediato.
—No, no.Yo quiero entregarle el anillo a Kacchan—Izuku agitó su manita pidiendo el anillo. Nadie le replicó y le entregaron el anillo a él.
—Kacchan—dijo Izuku mirando directamente a su amigo quien parecía algo azorado ante tanto parloteo sobre una vida eterna juntos y amarse por el resto de la eternidad. No lo comprendía con profundidad, pero se daba cuenta de que era algo importante—¿Quieres casarte conmigo y así ser felices para siempre?
—Izukuuuuuuu—Inko abrazó a su pequeño niño con los ojos llenos de lágrimas y lo cargó dándole vueltas.
—Espera ¡No le ha dado una respuesta!
—Hey ¿Alguien grabó eso? ¿Ni siquiera fotos?
—Izuku tiró el anillo—avisó el padre de este al ver que ya no lo tenía en la mano—¿Dónde quedó?
—Sería gracioso que terminara siendo así de verdad—dijo Masaru bebiendo del vaso que había estado llevando con él todo ese tiempo.
—Al menos ya sabrían que tienen la aprobación de todos nosotros.
Mientras los adultos se distrajeron hablando sobre las probabilidades y buscando el ahora anillo perdido, Izuku y Katsuki se hicieron a un lado y fue el de pelo verde quien tomó su mano otra vez.
—Está bien, Kacchan. No tienes que aceptar o eso que dijeron. Aunque no nos casemos yo te haré feliz ¿Sí?
—No seas tonto, Deku. Vamos a buscar el anillo, y cuando me lo des, te daré mi respuesta.
—¡Sí!
Pero mientras los adultos buscaban, empujando sillones por si acaso había rodado, Bakugou Masaru recibió una llamada. Y de emergencia por trabajo, la familia se tuvo que mudar al día siguiente. Mitsuki había regresado después para coordinar la mudanza y disculparse con ellos por ni siquiera haberse despedido como era debido. Izuku había estado muy ocupado llorando como para darse cuenta de nada más.
El anillo fue encontrado cuando movieron el mueble central de la sala donde estaban libros, adornos, la tele y el DVD. Se había deslizado en el pequeño espacio debajo del mismo.
Se llamaron un par de veces, pero era difícil que coincidieran sus horarios así que ni siquiera eso les era muy posible.
Con el paso de los años, ambos olvidaron al otro.
7 días para la siguiente purga
Izuku cambiaba su apoyo de una pierna a otra más de lo debido.
Estaba nervioso, nervioso por todo. Porque vería a su mamá después de bastante tiempo y por última vez antes de la purga, porque Ochako iba a venir con ella y sería la primera vez que la vería desde que se había ido, porque se dirigirían a la feria de ánimo de All Might y porque Kacchan estaba parado justo a su lado a punto de pasar todo el día con él. Y ni siquiera se explicaba cómo eso último había sucedido.
Cuando el tren llegó, el tercero desde que estaban ahí de pie, por fin vio a su madre salir. Un atuendo sencillo como los que siempre usaba y una mano en su rostro abochornada por el viaje encerrado con tantas personas en esa época del año. Izuku corrió a abrazarla y ella le correspondió con la misma efusividad exagerada para dos personas que se habían visto hace apenas dos meses. Pero tan sentimentales como ambos eran, incluso podrían ponerse a llorar ahí.
En cuanto Inko notó a Katsuki, quien se había acercado de manera normal y tranquila, lo soltó y fue hacia él con una sonrisa suave.
—Has crecido mucho, Katsuki-kun. Me alegra que vinieras.
—Me pidió que lo hiciera —le contestó este levantando vagamente un hombro. Y justo eso había pasado. Cuando Inko le había llamado a su hijo para avisarle que iría, él había dejado su celular en casa, Katsuki había contestado sin vergüenza de tomar algo que no le pertenecía y terminó siendo invitado. Al final había ido.
Izuku observó a su madre sonreír con nostalgia mientras le agradecía el haberla salvado el año pasado. Le provocaba un extraño y agradable calor en el pecho ver a su mamá y a Kacchan hablando de una manera relajada. Por alguna razón había estado preocupado de que no se llevaran bien, pero ese temor desaparecía al ver que a ninguno le costaba tener una agradable charla.
—Izuku —el nombrado volteó para ver a quien en algún momento fue su prometida. Ella estaba ahí de pie, sonriéndole de manera nerviosa, igual que él había estado hace solo unos minutos. Su cabello castaño había crecido hasta recargarse suavemente sobre sus hombros y sus mejillas seguían teniendo ese característico tono rosado que siempre la había hecho ver alegre y entusiasmada. Era exactamente igual de hermosa como la recordaba. Usando el vestido que había llevado en su última cita al cine. Lo recordaba perfectamente.
—Hola, Ochako —le dijo, su voz casi como un susurro sin que fuera realmente su intención.
—Es... bueno verte.
—Lo mismo digo.
Ambos se quedaron mirándose sin saber qué más decir o por dónde comenzar una plática. Izuku observó algún punto al azar a su derecha preguntándose si acaso eso sería su relación ahora, después de todo lo bueno que habían pasado juntos y a pesar de que en realidad no habían tenido ninguna pelea o similares, si la incomodidad se interpondría entre ellos y no les permitiría actuar con normalidad.
Entonces Ochako se rió y se acercó más a él colocando con cuidado un dedo entre sus cejas.
—Cuando piensas demasiado en algo frunces el ceño. Lo haces cuando estudias, analizas, o resuelves algún trabajo, cuando te preocupa algo, cuando estás considerando qué decir que sea correcto—la sonrisa de Ochako se suavizó mientras alejaba el dedo—. Era algo que no habías hecho para dirigirte a mí desde antes de que me pidieras salir contigo. Honestamente no creí que volvería a pasar.
—Lo siento—dijo Izuku rascándose la nuca.
—Oh, no tienes por qué disculparte. Sin embargo, no sería genial que esto siga así—ella colocó una mano con delicadeza en su rostro acunando su quijada—, seguimos siendo amigos y nos llevamos tan bien como antes ¿verdad?
La última pregunta fue hecha con un poco de desesperación, demostrando que, aunque trataba de mostrarse relajada, le preocupaba bastante una respuesta negativa por su parte, lo notaba en los dedos suaves contra su rostro que temblaban ligeramente. Lo notaba en los ojos preocupados que hasta entonces sólo habían mostrado seguridad, felicidad y que habían iluminado su vida. Tal vez el amor que sentía hacia ella había cambiado, pero no había desaparecido en absoluto. Colocó una mano sobre la de ella en su propio rostro y le sonrió de vuela.
—Claro que sí.
Sintió como se relajaba. Ambos lo hicieron. Y entonces fueron interrumpidos por un grito.
—¿Qué demonios estás esperando, Deku?
Izuku se sobresaltó alejándose un paso de Ochako, sin estar seguro de por qué esa había sido su reacción, le dirigió una última sonrisa y fue a alcanzar a su madre y a Kacchan. No quería hacerlo enojar, no quería provocar bajo ninguna circunstancia que él se fuera. Casi parecía un sueño el que estuviera ahí con él, con su familia, no lo arruinaría.
La feria de ánimo se encontraba abarcando varias calles al centro de la ciudad, un verdadero caos para las personas, pero nadie parecía quejarse de ello, después de todo, todas las personas que de una u otra manera se verían obligadas a sufrir la purga trataban de disfrutarlo. Ese era su objetivo, al fin y al cabo.
Había muchos puestos de comida y juegos. El lugar era como una combinación de un festival y un parque de diversiones. También había varios escenarios que tenían entretenimiento y era a este último al tipo de cosas por las que Inko se inclinaba a visitar así que los otros tres iban con ella sin contradecirla en absoluto.
Katsuki se había mantenido particularmente silencioso a excepción de algunas veces que sin ninguna razón le había gritado a él para que avanzara más rápido o se acercara a cierto lugar para luego hacer como si no le hubiera hablado en absoluto. Izuku no lo entendía, pero no lo criticaba tampoco. Había estado bastante atento, al menos todo lo que había podido sin ser descarado, sobre lo que Kacchan y su mamá hablaban.
Ella le preguntaba varias cosas. ¿En qué trabajaba? ¿Cómo vivían? Si Izuku no era un problema. Cosa que lo ofendió un poco ¿Por qué sería él un problema? ¿Qué concepto tenía su madre de él? Y lo peor había sido que Kacchan había contestado que sí, que Izuku siempre dejaba su ropa por todos lados, y eso pudo haber sucedido a lo mucho dos veces, o que siempre se olvidaba de pagar el agua, siendo que esa tarea se volvió de Izuku porque el mismo Katsuki nunca lo hacía, pero como un mes no había podido hacerlo a tiempo, les cortaron el agua justo cuando Kacchan se bañaba y se volvió una especie de rencor contra él.
Inko le preguntó sobre su familia, Mitsuki era su amiga después de todo, Kacchan mencionó que habían fallecido, eso era algo que Izuku no sabía y nunca había tenido el valor de preguntar. Con tristeza Inko le dio su pésame y preguntó preocupada si había sido durante una purga. Katsuki sacudió la cabeza y dijo que había sido un accidente de auto. Izuku dejó escapar el aire al mismo tiempo que su madre se relajaba un poco. Qué horrible sociedad donde morir en un accidente de auto era mejor que morir en una purga.
En un momento su madre se acercó a él.
—Izuku —le dijo ella, sosteniendo su manga a la altura de su muñeca, el dedo índice de su otra mano cerca de sus labios como un gesto de preocupación—, regresa conmigo a casa esta purga. Será en sábado, el trabajo no te retiene, no tienes por qué volver a estar aquí durante eso. Después de lo que nos sucedió… no podría volver a estar aquí, y definitivamente no podría saber que tú estás aquí.
Él sonrió ligeramente. Habían tenido charlas similares casi desde el año anterior. Pero Izuku no podía huir, no se veía capaz de hacerlo, ni siquiera imaginarlo. No era esa clase de persona.
—Estaré bien, mamá —le dijo. Probablemente era mentira y ambos lo sabían—. Quiero ayudar, justo como me ayudaron a mí. —Le dirigió una mirada a Kacchan que en ese momento estaba dos puestos atrás mirando a Ochako como si esta hubiera perdido la cabeza mientras ella trataba de lanzar un anillo en una botella. Probablemente sintiendo su mirada, Katsuki se giró a mirarlo y su expresión se tornó seria. Izuku volvió a mirar a su madre— Quiero estar aquí.
Ella sonrió con tristeza y asintió. No quería, era obvio ¿Cómo podría querer dejar a su hijo en un lugar como ese? Pero, más que eso, comprendía lo que su hijo deseaba, y debía esforzarse por apoyarlo, aunque todo lo que su instinto de madre le gritara fuera que lo apartara.
Cuando el atardecer se cernía sobre ellos, las acompañaron de vuelta a la estación. Lamentablemente, no tenían en dónde recibirlas, aunque Kirishima hubiera ofrecido su habitación, cinco personas en un apartamento diseñado para dos era demasiado y ellas no querían molestar. Así que regresarían ese mismo día. Para cuando llegaron, Ochako coló su mano en el hueco que el codo de Izuku dejaba al llevar las manos en los bolsillos, se colgó un poco de él para inclinarlo en su dirección y le dijo en voz algo baja:
—Creo que nosotros salimos porque parecía el camino que las cosas debían tomar. Pero en cuanto encontramos a alguien más, nos dimos cuenta de que no éramos el todo el uno del otro, había más para ambos allá afuera.
Izuku la miró un poco confundido y ella le dio una gran sonrisa para luego empezar a articular con la boca, sin hablar realmente, una cuenta regresiva. Cuando llegó al uno se sobresaltó al volver a escuchar un grito de parte de Kacchan como los que había estado dándole durante todo el día.
—Deku, maldita sea, ve a comprar los boletos.
Ochako apretó el agarre más y se levantó de puntillas para hablarle en la oreja.
—Creo que has encontrado algo interesante —le susurró para después darle un beso en la mejilla y caminar alegremente hacia atrás—. ¡Pero qué considerado, Bakugou-kun! Pero ya tenemos nuestros boletos. Te pediría que cuidaras de Izuku, pero parece que ya vas a hacerlo.
—¿Huh? —expresó Katsuki con fastidio.
Inko le dio un par de besos en la frente a Izuku y le repitió que se cuidara, que la llamara en cuanto todo terminara, que se cuidara otra vez, que lo amaba, que se cuidara, que no se arriesgara y que se cuidara una última vez. Se despidió de Katsuki y ambas subieron al tren.
Izuku sacudió la mano hasta que perdió el tren de vista y corrió tras Katsuki que se estaba yendo sin esperarlo.
6 días para la siguiente purga
El clima no estaba del lado de Izuku, eso era definitivo.
Era medio día y el sol estaba brillando sobre el cielo con toda la intensidad de la que era capaz. Izuku ya se había terminado la botella de agua que había llevado con él, y no había cargado ninguna gorra o sombrilla o algo que le proporcionara cómo esconderse de los abrasadores rayos. Desde que había llegado ahí, aproximadamente a las seis de la mañana, y que no lo llamaran exagerado porque ya había una enorme fila cuando llegó, hasta ese momento no había avanzado ni un centímetro. La firma de autógrafos comenzaba a las dos, era bastante horroroso. Y lo peor, se estaba perdiendo la primera charla de All Might. Debía de haber sido el día anterior, pero había habido un problema con los vuelos o algo así y había llegado hasta ese día, pero no podía irse. No porque fuera a quedarse sin autógrafo, ese lo tenía asegurado gracias a su registro, sino porque para ese punto, volver a formarse implicaría estar ahí hasta media noche, probablemente.
Sólo alcanzaba a escuchar su voz sin entender del todo las palabras, seguido de resonantes gritos que por un momento no lo dejaban ni escuchar a las personas de a lado, probablemente ni a sí mismo si tratara de hablar.
Cuando sentía que se desmayaría de insolación, por fin las personas comenzaron a avanzar. Y fue como si su cuerpo olvidara por completo que debía sentirse débil. Cada paso que daba, cada persona que veía salir de la carpa sonriendo y festejando, era un poco más cerca de su mayor héroe de todos los tiempos. Izuku era un adulto, tenía un trabajo estable e incluso había estado cerca de casarse, pero en ese momento se sentía como un niño con una sonrisa tan grande que pasaba por perturbadora, tan ansioso que las manos le sudaban y tan emocionado que no sabía si al entrar se desmayaría o gritaría. Realmente esperaba que ninguna.
All Might, el personaje, era todo lo que Izuku había soñado con ser hasta que comprendió que era ficticio, entonces, Yagi Toshinori, el actor, era todo lo que Izuku deseaba lograr. No tanto la parte de la fama y el éxito, sino la manera en la que había utilizado lo que tenía a su disposición, es decir, el papel que actuaba, para llegar a las personas, para ayudarlas, para darles esperanzas, para decirles que sí se podía. Y es era como si fueran la misma persona, Toshinori era All Might, había nacido para serlo, y no había diferencia entre uno y otro a excepción de los poderes, claro.
Izuku entró a la carpa, alcanzó a ver al chico que había estado delante de él en la fila salir por el lugar indicado, había varios guardias de imponentes posturas, y en el centro, sentado en una mesa, estaba Toshinori con su vestuario, es decir, estaba All Might esperándolo con una sonrisa y una inmensa emoción lo llenó por completo. Llegó hecho una maraña de nervios y palabras incompletas, se inclinó frente a él con fuerza agradeciendo su existencia, lo que probablemente había sido exagerado. All Might rió y le entregó un cartel que firmó con su nombre.
—¿Hay algo que quieras preguntarme, muchacho? —dijo All Might. E Izuku sí que tenía mucho por preguntar, tenía listas y listas de cosas que quería preguntarle. Desde tonterías como ¿Cómo hacía para mantener esos particulares flecos levantados y que se viera tan natural? Hasta ¿De qué manera decidió adoptar al personaje para ir más allá de sólo un papel actuado? Pero entonces abrió la boca y dijo:
—¿Cómo puedes seguir sonriendo cada día si a pesar de que haces todo lo que puedes por ayudar no logras salvar a todos?
El rostro de All Might se puso serio e Izuku abrió grande los ojos al no saber de dónde había venido aquel cuestionamiento. Agitó las manos frente a él frenéticamente tratando de disculparse y decirle que lo olvidara, pero All Might se puso de pie y estirándose sobre la mesa colocó una mano en su hombro.
—Es cierto que no puedo salvar a todos —le dijo, usando su mejor entonación de All Might, dándole la sensación a Izuku de que hablaba con el personaje directamente—, sin embargo, haber salvado a quienes salvé no es un error, no es algo para sentirse triste. Esas personas que se salvaron necesitan fuerza, necesitan sentir seguridad y si se demuestra miedo, tristeza o temor, ellos lo captarán también y lo reflejarán. Salvar a alguien no se acaba cuando su vida deja de peligrar, sino hasta que puede sonreír otra vez. Y sonreír es la mejor manera de demostrar que estás allí para ellos. Tal vez no logre salvar a todos, y eso es una carga pesada, pero a quienes sí, lo haré correctamente.
Izuku miró sus pies y lo miró otra vez.
—¿Está bien incluso si salvo a pocas personas?
All Might apretó el agarre en su hombro y le dio una intensa mirada.
—Si logras salvar a una persona, entonces ya eres un héroe. Su héroe.
Esa noche Izuku pegó el poster autografiado del lado de la habitación donde dormía y durante la cena observó fijamente a Katsuki.
Él ni siquiera había sido quien lo salvara directamente la noche de la purga anterior, pero de entre todas las personas, ciertamente, él era su héroe.
Y quería lograr que fuera un sentimiento recíproco.
5 días para la siguiente purga
Después del trabajo Izuku corrió a la feria a toda prisa. Él era quien salía más tarde así que sería el último en llegar y nunca le había gustado eso de hacer esperar a las personas.
Se mantuvo mandándole mensajes a Kirishima disculpándose por ir tarde, y este estuvo contestándole que no se preocupara, que de acuerdo a su hora de salida iba en buen tiempo. Cuando llegó los encontró de pie cerca de un juego mecánico. Kirishima lo recibió con una gran sonrisa y le presentó a las personas que iban con él, un chico rubio, Kaminari, y otro alto y delgado, Sero. Ambos hicieron expresiones de reconocimiento, e Izuku supuso que habían sido unos de los tantos enmascarados del año anterior.
Unos momentos después del juego bajaron Katsuki y a quien le presentaron como Mina, ella agitó su mano vigorosamente diciendo que había escuchado mucho de él y se había estado muriendo por conocerlo. Lo estuvo interrogando un rato mientras avanzaban por el lugar, hasta que vio un puesto de comida más adelante y tomó de la mano a Kirishima entrelazando sus dedos, para arrastrarlo hacia allá. Izuku vio cómo ella se pegaba a él mientras esperaban ser atendidos, y cuando tuvo que soltarlo para recibir su orden, Kirishima pasó una mano por su cintura. Miró a Katsuki para preguntarle, pero tras pensárselo mejor se dirigió a Sero y Kaminari que estaban discutiendo sobre unas máscaras que estaban exhibidas.
—¿Ellos están saliendo? —no sabía si esa era una pregunta indiscreta. Pero la curiosidad le había podido más.
—No. —dijo Sero al mismo tiempo que Kaminari decía— Sí.
—Oh, por favor —se expresó Kaminari extendiendo los brazos hacia el par que seguía en el puesto de comida— ¿Cómo puedes decir que no?
—Porque no están realmente saliendo.
—Son una pareja, sólo que no lo han dicho.
—Y ese es un gran paso —Sero levantó un dedo para hacer énfasis en lo que decía, fingiendo una cara de gran concentración—. Que tengan un algo sin nombre a que tengan una relación donde hayan expresado sus sentimientos. Vamos, he visto suficientes películas como para comprender la diferencia.
Kaminari se rió y volvió a mirar a Izuku —Es complicado —le dijo.
—Es complicado —secundó Sero.
—Es estúpido —dijo Katsuki sin previo aviso, mirando al otro par que ya venía de vuelta.
Con ellos, a diferencia de con su madre, pasaron principalmente por los puestos donde se hacía algo: tiro al blanco, sacar peces, atinar algo y cosas así. Mina y Katsuki eran los únicos que se subían a los juegos mecánicos, y aunque al bajar el rubio no mostraba la misma cara divertida que ella, se notaba en sus ojos un poco más brillantes que sí lo disfrutaba.
Mina también compraba bastante comida y accesorios, ya llevaba las manos llenas y Kirishima le estaba ayudando con la mitad de sus cosas.
—¡Bakugou! —gritó Mina de repente— Quiero que me ganes ese peluche de conejo.
—¿Huh? No quiero.
—No seas así, soy tu adorada amiga ¡Hazlo!
—No —respondió secamente mirando hacia otro lado. Mina lo miró con ojos entrecerrados y luego se giró hacia Kirishima.
—Dile a tu esposo que me gane ese peluche de conejo.
Izuku, que para su mala suerte estaba tomando agua en ese momento, comenzó a ahogarse tras escuchar la manera en la que lo había llamado. Kaminari le dio un par de golpecitos en la espalda y cuando por fin pudo recuperarse notó que todos lo estaban mirando. Mina le sonrió.
—¿No sabías que ellos son un matrimonio? —le preguntó. Izuku sintió que abría los ojos al máximo de su capacidad y negó con la cabeza buscando con la mirada a Katsuki que estaba ocupado rondando los ojos e ignorándolos.
—Lo son —dijo Kaminari—. Bakugou es la esposa malvada y cerrada.
—¡Qué dejes de llamarme así, maldita sea! —le gritó Katsuki levantando el dedo central de su mano izquierda en dirección del rubio.
—Kirishima es el amable esposo que lo conecta con el mundo.
—Desde que los conocemos —agregó Mina—, Kirishima es el único que puede acercarse a Bakugou de una manera tan cercana. Y aunque lo hemos intentado nosotros, ese de ahí no se deja, entonces decidí que eran como un matrimonio. Y bueno, nada ha cambiado eso.
Izuku se mordió el interior del labio. Con las palabras "yo también soy cercano a él" en la punta de la lengua, pero sin atreverse a pronunciarlas porque 1) no estaba seguro de realmente serlo y 2) ¿Qué exactamente intentaría demostrar comparándose con su mejor amigo?
Kirishima no logró convencer a Katsuki de ganar un peluche. Compraron unos helados y se sentaron en unas bancas en lugares alejados de la multitud. Izuku mantuvo la mirada fija en Katsuki y Kirishima que se habían sentado juntos.
—Si sigues frunciendo el ceño así te podrías convertir en Bakugou —dijo Mina a su lado de repente. Izuku brincó un poco casi dejando caer su helado, pero salvándolo hábilmente.
—Lo siento —le dijo por instinto.
—Mm, mm —ella negó con la cabeza y miró al punto donde él había estado mirando, Kirishima estaba recargando un brazo en el hombro de Katsuki mientras le decía algo que no escuchaba y se reía. Katsuki rodó los ojos, pero no lo apartó. Izuku no podía ni acercarse a Kacchan sin que le gritara algo. De repente se sentía muy injusto, saber que no era tan cercano como había supuesto. Saber que, en realidad, de entre todos los presentes, era quien estaba más alejado de él. Se sentía… vacío.
Triste.
—Es sorprendente la facilidad con la que te acercaste a Bakugou —soltó Mina de la nada. Izuku la miró con perplejidad sin saber qué decirle, por suerte ella no parecía esperar respuesta y siguió hablando—. Yo me tardé casi medio año para que él si quiera me mirara cuando me acercaba, aún más para que se aprendiera mi nombre, y mucho más para poder tener una charla con él. Yo me esforzaba mucho, era amigo de Kirishima y Kirishima siempre ha sido mi amigo, incluso antes que ellos lo fueran, por eso pensaba que debía hacerme su amiga también, pero él no se dejaba. Ni siquiera para Kirishima fue fácil. Pero tú, de acuerdo a lo que él me contó, y lo que yo misma he visto este día, fue como si te deslizaras entre todos los muros que lo rodean. ¿Cuál es el secreto?
Izuku abrió la boca, pero al no saber qué decir, volvió a cerrarla y tragó con dificultad. ¿El secreto? ¿Cuál secreto? ¿Ser cercano a él? Se sentía perdido en la conversación.
—¿Sabes que, desde que mencioné que ellos eran un matrimonio, no has dejado de mirarlos con celos?
Izuku apretó el helado entre sus manos destrozando el cono y haciendo que el postre cayera desperdiciado al suelo, de inmediato trató de limpiarse con el papel que le habían dado.
—No los estoy mirando con celos —dijo con pánico y velocidad.
—¿Quieres que diga que tú y Bakugou son un matrimonio? —preguntó Mina viendo como limpiaba su desastre. Izuku sintió que su garganta se cerraba y su corazón palpitaba tratando de escapar de su pecho. Él y Kacchan un matrimonio. "Pudimos serlo —pensó— en algún momento de nuestra infancia íbamos a casarnos", pero eso había sido cosa de niños, no contaba en absoluto y, sin embargo, pensarlo, imaginarlo, le había provocado todo un tumulto de emociones en el estómago. Miró a Kacchan quien ya lo estaba mirando también y sintió su rostro ponerse totalmente caliente.
Mina le estaba sonriendo y decidió que era más seguro no contestar, porque su mente tenía un claro no, pero si abría la boca lo único que podría decir era sí.
Y no era fácil ser consciente de eso.
4 días para la siguiente purga
Desde que salió del trabajo, Izuku sentía sus manos sudar. No iba a estar sólo con Kacchan, pero se sentía extrañamente diferente a las ocasiones anteriores.
Estaba más ansioso por el momento de encontrarse con él. La noche anterior habían llegado directo a dormir y en las mañanas él se iba primero así que no se habían cruzado en persona. Caminando por la feria se preguntaba si podría hacer que su corazón dejara de latir tan escandalosamente.
A medio camino se encontró con Shouto. Él era la razón por la que Kacchan estaba ahí, la intención era discutir los últimos detalles, y lugares tumultuosos era la mejor manera. No se está más sólo que cuando se está completamente rodeado. Shouto asintió como saludo y caminaron juntos hasta encontrarse con el rubio que estaba viendo una pequeña obra de teatro con muñecos de papel.
Sin siquiera mirarse, Shouto le explicó el método de acción que tomarían. No se lo dijo a detalle, más por la posibilidad de ser escuchados que por el mero hecho de que no confiaran entre ellos, ese paso había sido superado años atrás. Le dijo sobre lo poco que había logrado conseguir, pues al haber sido descartados de la confianza policiaca les habían ocultado todo, aun así, habían llegado a él rumores sobre que las personas que habían sido vistas con Chisaki participarían activamente en la purga y que probablemente los buscarían a ellos directamente.
—Asegúrate de que cada persona involucrada esté protegida —había sido la advertencia de Shouto.
Katsuki entrecerró los ojos y asintió. Preocupado, tal vez, formulando un plan en su mente, definitivamente. Izuku no sabía cuántas personas eran 'cada persona involucrada' y según las reglas de proteger identidades, ni siquiera ellos mismos lo sabían así que Shouto se refería a alguien en específico y Katsuki lo sabía. Izuku trató de pensar, no tenía la misma información que ellos, pero trataba de darse una idea de quién hablaban. Si necesitaba protección especial era porque no participaría con ellos ¿Cierto? Y entonces llegó a su memoria la creadora de las armas. Una niña, había dicho Kirishima, trabajaba en el laboratorio con Katsuki, no salía a la purga como ellos.
Sintió su estómago apretarse. ¿Por qué debía ponerse en un peligro así? ¿Por qué tenían que pasar por eso? Era horrible, era una noche horrible, era un suceso horrible. Ya no quería tener que vivirlo, no quería que nadie más lo viviera.
—Enji Todoroki ganará —dijo Izuku con el ceño fruncido— ¿Cierto?
—Más le vale que sí —dijo Katsuki.
—Más le vale que sí —repitió Todoroki entrecerrando los ojos.
Cambiaron de escenario en cuanto la obra terminó. Izuku nunca supo de qué trato, pero todos aplaudieron animadamente así que debió ser buena.
En esa ocasión no participaron en nada ni se compraron nada en ningún puesto, fue más como caminar por ahí para aparentar que estaban en la feria y llegar a otro lugar donde la gente se distrajera, que hubiera ruido que los cubriera, pero no tanto para poder escucharse, y así seguir intercambiando datos.
Después de que parecieron decirse todo lo que tenían por mencionar, Izuku se acercó un poco más a Shouto y le preguntó por Iida.
—Se encuentra bien, sano —fue la respuesta que le dio—. Se quedará conmigo durante la purga y me apoyará en mi tarea.
—¿Me harías el favor de decirles que se cuide? —preguntó Izuku.
—Se lo diré —asintió Shouto e Izuku notó cómo su expresión se suavizaba, con cariño, con anhelo. Con amor—. Me aseguraré de que esté a salvo.
Cuando se despidieron también le dijo a él que se cuidara y le deseó suerte. Durante el camino de regreso se quedó mirando sus manos entrelazadas sobre sus piernas. Algo sobre la forma en la que Shouto le había dicho lo último lo hacía sentir que era cierto, que sus meras intenciones de protegerlo harían a Iida inmune a cualquier peligro que pudiera acecharlo.
Le daban la sensación de que Shouto rodearía con sus brazos a Iida y entonces todo estaría bien. Era un sentimiento muy impactante para una persona a quien en realidad no conocía.
—¿Qué te sucede? —le preguntó Katsuki.
Izuku lo miró. Estaba sentado a su lado, en la orilla de la fila de asientos, lo que le daba la oportunidad de recargarse en los tubos que delimitaban esa zona, tenía una ceja arriba y el ceño fruncido al mismo tiempo, era hasta extraña la habilidad con la que podía hacer otras expresiones sin dejar de estar ceñudo.
—Parecía como si Todoroki-kun realmente se preocupara por Iida-kun.
Katsuki desvió la mirada de él.
—Sí. Creo que está enamorado de él o algo así. Realmente no me importa.
Izuku asintió, aunque el que Kacchan ya no lo estuviera mirando no dejaba que notara el gesto. Aun así, no lo expresó en palabras y volvió a mirar sus manos.
La ansiedad se había ido, pero no dejaba de tener muy presente a Kacchan, su cercanía, y todo lo que aparentemente sentía por él. Algo que ya iba más allá de admiración y respeto.
"Sí —dijo para sí respondiendo una pregunta a alguien que ni siquiera estaba presente—, sí quiero que digas que Kacchan y yo somo un matrimonio. Más que eso, quiero ser yo quien lo diga, quiero que sea Kacchan quien lo diga".
—Me aseguraré de que estés a salvo —dijo Izuku tan bajito que casi había sido para sí mismo y con la voz un poco temblorosa. Sus manos sudando otra vez y sus piernas hormigueando.
El silencio se extendió haciéndolo creer que no había sido escuchado, pero entonces, con una voz también baja, Kacchan le respondió.
—No digas estupideces, yo soy quien se asegurará de que estés a salvo.
Algo como una corriente eléctrica le recorrió todo el cuerpo. Su cara ardía y seguro que su corazón se salía de su caja torácica en cualquier momento, pero por más que lo intentó, no fue capaz de mover el cuello y la cabeza para mirar al otro. Así que en silencio llegaron a casa y sin otra palabra se fueron a dormir.
3 días para la siguiente purga
Era sorprendente cómo en medio de tanta gente que brincaba y gritaba, Izuku se sentía apagado y sin ánimos.
"Kacchan no está aquí". Era todo lo que podía pensar. No había razón para que lo estuviera, no estaba su madre que se lo hubiera pedido, Kirishima que lo hubiera convencido o Todoroki con el cual debiera encontrarse. Sólo era él, y con él no saldría sólo por qué sí.
En el escenario Present Mic gritaba 'Yeah' y todo el público gritaba como respuesta la misma palabra haciendo el lugar retumbar.
Izuku tenía amarrada en la frente una cinta que decía Present Mic con letras grandes como si imitaran un grito, lo había comprado hace algunos años en su primer concierto del artista, antes de que fuera mundialmente famoso, por lo que era viejo y pasado en comparación a las actuales. En su trabajo, como la había dejado sobre su escritorio, Aizawa la había visto con horror y lo había señalado —Buscaré la manera de que sea legal despedirte por traer esa basura aquí— Izuku no creía que fuera en serio, pero la había guardado por si acaso y no la había vuelto a sacar hasta que había llegado ahí.
Todo había ido bien, se la había puesto con emoción y había entrado a la zona destinada para ese público, había vitoreado con todos cuando el cantante entró y entonces, súbitamente, se dio cuenta de que Kacchan no estaba ahí. No se sentía precisamente solo, no era eso, no anhelaba cualquier presencia que lo acompañara, deseaba a Kacchan, quería compartir con Kacchan cualquier experiencia que lo emocionara.
Suspiró y decidió salir de entre la multitud, dejando su lugar a fanáticos más merecedores que él de esa cercanía al escenario.
Caminó por la feria, era enorme, así que a pesar de que ya había ido varios días, no había visto todo, además algunas funciones cambiaban así que siempre habría en qué entretenerse. Pero caminando se dio cuenta de que sus pensamientos eran un círculo.
Kacchan se subió a esos juegos, ese es el juego donde Kacchan estaba viendo a Ochako, allá Kacchan se compró su comida, en este Kacchan le había quitado la pistola a Kaminari y había dado el último tiro. O, seguro a Kacchan le gustaría probar esto, probablemente Kacchan sería bueno tratando este, Kacchan se entretendría subiendo a ese juego.
Se sentó a ver un monólogo, aunque no le prestaba del todo atención pues ahora se carcomía la cabeza pensando en el por qué pensaba tanto en Kacchan. Eso no debería pasar. Si bien, ya se había dado cuenta de que tenía sentimientos más fuertes por él, no debería ser así.
Él había amado a Ochako, estaba completamente seguro de eso, pero nunca se había sentido tan anhelante por ella al estar separados, en especial en tan poco tiempo. Había visto a Kacchan la noche anterior, estar así era demasiado exagerado.
—…porque, se había robado mi corazón por completo —dijo el hombre del monólogo, en un tono más fuerte que llamó su atención haciéndolo girar a verlo—, y yo no sabía si se podía llamar a la policía por ello. Comencé a buscar en el directorio a algún especialista que me ayudara a recuperarlo, pero no había quien cumpliera mis necesidades. 'No puedo hacer nada, su mente ya está llena de esa persona' me dijo el psicólogo. 'No puedo hacer nada, su cuerpo ya le pertenece' me dijo el médico. 'No puedo hacer nada, su alma se ha unido a la otra' me dijo el monje. Yo me negué a creerles, así que decidí darle la cara, quería mi corazón de vuelta, no tenía ningún derecho sobre él. Pero cuando me encontré con su mirada, sin siquiera pestañear un poco, me dije 'no puedo hacer nada, si en realidad quiero que lo tenga todo'.
Las personas aplaudieron porque al parecer había sido el cierre de alguna historia más larga. Izuku cerró los ojos y se recargó en sus palmas. Qué coordinación había tenido.
Decidió regresar a casa, era bastante más temprano que las otras veces. Cuando llegó, Kirishima estaba preparando la cena. Él se había ofrecido a cubrirlo pues Izuku de verdad quería asistir a la feria toda la semana. Lo recibió con sorpresa e Izuku decidió acercarse a ayudarle.
—¿Por qué regresaste tan pronto? —le preguntó Kirishima.
—Me sentía un poco cansado.
—¿Y la verdad?
Izuku miró a Kirishima este le estaba sonriendo con simpatía. Parecía tener una gran habilidad al leer personas, si no fuera así, no hubiera llegado a ser amigo de Bakugou, probablemente. Izuku se concentró seriamente en pelar la zanahoria que tenía en las manos, viendo el pelador bajar y la delgada cáscara separarse. Tratando de aplazar su repuesta, decidió que Kirishima era una persona a quien debería decirle.
—Extrañaba a Kacchan —le dijo.
Escuchó una puerta cerrarse y de un brinco, dejando caer el pelador y la zanahoria al suelo, se giró para ver a Katsuki con una botella de refresco que debió sacar de la alacena. Izuku sintió su cara arder, probablemente tan rojo como uno de los tomates que estaban en la mesa. Katsuki lo miró unos eternos segundos con su misma típica expresión de siempre, y se fue de la cocina. Izuku dejó escapar el aire que aparentemente estaba reteniendo y respiró algo agitado.
—¿Sabes? —le dijo Kirishima levantando lo que había tirado— Si sólo le pidieras que te acompañara, él lo haría.
Izuku lo dudaba. Se mordió el labio inferior observando por donde el otro se había ido y se preguntó ¿Qué podía perder?
2 días para la siguiente purga
Las compañías de celulares debían pensar en las personas ansiosas más seguido. Si apretaba su celular un poco más, probablemente le tronaría la pantalla, pero no podía dejar de hacerlo, no podía dejar de ver el simple intercambio de mensajes.
"¿Quisieras acompañarme a la feria hoy? Sólo si no tienes nada más que hacer. Te podría pagar la comida yo. O los juegos, si quieres. Si no, no importa, nos veríamos en la noche. Podría llevarte algún recuerdo. Uhm ¿Quieres?"
"¿Lugar y hora?" —había sido la corta respuesta que casi le da un paro cardiaco en la oficina.
"¿En serio? ¡En la estatua del gato, esa donde Kirishima y Kaminari se tomaron una foto parándose de cabeza, a las 06:00pm!"
"Bien."
—Bien —leyó en voz alta. Bien y ahora tenía una cita con Kacchan.
¡Que no era una cita! Como cita, cita, pero, con un poco de culpa, se dejaba sentir como si fuera así.
Katsuki había demostrado ser una persona puntual, y de todos modos se preparaba por si acaso debiera esperarlo varias horas. Incluso para que al final no se apareciera, no le sorprendería que cambiara de opinión de repente. Eso sería muy triste, pero la ilusión de que por un momento hubiera aceptado lo llenaba bastante.
Se quedó observando a unos niños que sostenían pequeñas bengalas que lanzaban chispas por todos lados, las movían haciendo líneas de luz con las que trataban de hacer figuras o palabras. Corrían en círculos riendo y saltando. Era una escena adorable.
Pasaron por encima de una coladera, e Izuku se dio cuenta de en dónde estaban. Los puestos y adornos de la feria cambiaban todo el escenario, pero prestó atención a la calle, al lugar donde estaban, a los edificios que los rodeaban, aun con todo el color, con todas las luces, de repente se veía lúgubre, de repente estaba obscuro, estaba cubierto de sangre, había cuerpos en todos lados, y al centro de la calle Ochako lloraba sobre el cuerpo sin vida de Asui.
Sintió su estómago apretarse. Los niños reían y jugaban, las personas pasaban un día interesante, todos trataban de distraerse y disfrutar porque en dos días tendrían que volver a rogar que nada les pasara ni a ellos ni a sus familias.
—Deku —le habló Kacchan a un lado. El nombrado lo miró, luego a los niños de nuevo y una vez más al recién llegado.
—Tenemos que salvarlos —le dijo. Katsuki miró a los niños que seguían en lo suyo distraídos. Asintió.
—Lo haremos.
No pasó mucho tiempo antes de que Izuku superara el pequeño bajón que le había dado el pensar en la purga y recuperara el tumulto de emociones que se galopaba en su pecho al pensar en que estaba en una especie de cita con Kacchan en ese momento.
Todavía no le había gritado, así que eso debería ser considerado como una gran victoria. Y simplemente lo estaba siguiendo a donde fuera, no parecía muy emocionado por estar ahí. ¡Pero estaba ahí!
—¿Hay algo que quieras hacer, Kacchan?
—Nah.
Izuku paseó la mirada por todos los puestos y asintió con fuerza. Seguía teniendo una idea de qué cosas le gustarían y cuáles no, y lo pondría a prueba.
Los juegos mecánicos con movimientos bruscos eran de lo que más le agradaba, Izuku por suerte lo disfrutaba igual, esa sensación de vértigo, la adrenalina que llenaba el cuerpo. Cada vez bajaba con una sonrisa enorme y el cuerpo temblando. Cada vez miraba a Katsuki esperando ver su reacción que era similar a la que le había visto cuando subía con Mina. Y Katsuki también lo miraba y el corazón de Izuku ya no podía latir más aprisa, pero seguro que lo intentaba.
La comida picante le gustaba. Ese gusto no lo compartía Izuku y Katsuki se burló de él cuando tuvo que correr a comprarse una bebida para bajar un poco el ardor que le dejó en la boca.
—Eres patético —le dijo sin ningún tacto mientras daba otro gran bocado del pequeño plato de comida que tenía en la mano. Izuku terminó el agua sin que el ardor desapareciera por completo y trató de echarse aire con las manos mientras sorbía aire como si el frío de este sirviera para algo.
—No lo soy, eso es demasiado. No es posible que estés comiendo tan tranquilo. Yo siento que mi boca está en llamas en este momento. —también se sentía caliente, a punto de sudar y con los ojos por llenársele de lágrimas.
—Tu boca está bien —le dijo Katsuki mirando sus labios fijamente. Izuku se sintió muy tenso al tener esos ojos fijos en él, en esa parte de su rostro exactamente. Pasó la lengua por su labio con nerviosismo y se arrepintió de inmediato, ardió más, volvió a jalar aire y abanicarse con las manos. Kacchan se rió y siguió comiendo mientras se alejaba de él.
Cualquier juego de competencia iba bien y acorde a la personalidad de Katsuki. Gritando mientras ganaba, insultando y pateando si perdía y volviendo a jugar el mismo juego hasta que lograba conseguirlo. Izuku se sentía tranquilo y feliz sólo de verlo entreteniéndose.
Después de que ganara en un juego de tiro al blanco, para horror del encargado, arrojó el rifle falso al suelo con fuerza mientras gritaba —¡Eso es, mierda! —. Rechazó el premio que había obtenido igual que en todos los demás puestos. Porque en su mayoría eran peluches gigantes que no necesitaba y le parecían estúpidos.
Izuku sonrió mirándolo, y fue con esa expresión de alegría boba con la que Kacchan lo atrapó cuando se giró a mirarlo también.
—Inténtalo —le dijo señalando al puesto. Izuku iba a decir que no, pero Katsuki apretó el arma contra sus brazos con fuerza sin dejarle otra opción que tomarla—. Mi vida va a depender de ti así que quiero saber qué tal lo haces.
Izuku asintió con algo de nerviosismo y se colocó de pie frente a los objetivos que el dueño ya había terminado de acomodar otra vez. Todas eran pequeñas figuras de animales metálicas. Levantó el arma suponiendo que esas dos pequeñas piezas metálicas que brotaban y que vistas desde cierto punto coincidían eran la mirilla para apuntar.
El año anterior había intentado disparar una única vez y no había salido nada porque el arma había tenido el seguro puesto. El arma falsa que tenía entre las manos era diferente a las que había tenido que cargar aquella vez, pero se sentía mucho más ligera. Disparó y la figurilla de pato a la que había intentado darle siguió en el mismo lugar.
—Es definitivo —dijo Katsuki—, no te quiero cerca de mí. Te meteré al equipo de Kaminari.
Izuku lo miró con terror, sintiendo que la vida se le iba del cuerpo.
—¡No! —dijo con una voz mucho más desesperada de la que pretendía— Yo quiero estar contigo. No me separes de ti.
Katsuki lo miró con expresión seria. Sintiendo el peso de sus propias palabras, Izuku se ruborizó y desvió la mirada de vuelta a los animalitos de metal. Levantó el rifle falso y volvió a apuntar, se concentró en un hipopótamo que se veía bastante grande, casi podía sentir sudor bajando por su frente cuando disparó otra vez. Nada pasó. Apretó el arma con fuerzas y trató de ajustar su tino. Debía darle, aunque fuera una vez, demostrar que podía, que merecía quedarse a su lado. Sus manos temblaban y disparó una última vez.
Falló.
Falló en un juego de feria donde tenía todo el tiempo para concentrarse y apuntar, tres veces ante pequeños objetivos inmóviles que nunca le harían nada de vuelta. Claro que Kacchan no lo querría a su lado en una cosa donde su vida dependía de ello.
—Tranquilo, chico —le dijo el dueño del puesto. Izuku no se imaginaba qué clase de expresión tendría para que un desconocido tratara de consolarlo—. Casi todos fallan.
Izuku asintió y pagó. Se dio la vuelta sin levantar la mirada de la punta de sus pies.
—Uhm ¿A dónde quieres ir ahora, Kacchan?
—A casa.
Lo había arruinado. De alguna manera lo había arruinado. No volvió a buscar la mirada de Katsuki hasta que llegaron a casa y antes de meterse a su habitación, el rubio lo miró por encima del hombro.
—Mañana a la misma hora en el mismo lugar —le dijo y cerró la puerta sin esperar respuesta.
Izuku se quedó de pie mirando fijamente la puerta cerrada. ¿Había entendido bien? ¿Kacchan y él volverían a salir al día siguiente?
La puerta de la otra habitación se abrió y Kirishima salió rascando su estómago mientras bostezaba.
—Oh, ya volvieron —dijo con una sonrisa perezosa. Como Izuku no respondió nada, lo rodeó para pararse frente a él. Siguió su mirada a la entrada de la habitación de Katsuki y lo miró de nuevo. Mostró una sonrisa más grande— ¿Parece que algo salió bien?
—¿Eh? —espabiló Izuku— ¿Qué? No, nada. ¿Cómo?
Kirishima rió un poco y colocó una mano sobre su hombro.
—Ve a dormir —le dijo. Izuku no encontró motivos por los cuales no hacerle caso.
1 día para la siguiente purga
Cuando Izuku, y el resto de sus compañeros, comenzaron a tomar sus cosas para retirarse ese día, Aizawa salió de su oficina y llamó la atención de todos con un par de golpes a su propia puerta.
—Manténganse a salvo —les dijo. Las últimas palabras que les daría antes del lunes.
No había tenido tan presente la purga todo el tiempo. La feria del ánimo realmente cumplía su objetivo en cuestión de distraer.
Había viajado un poco taciturno hasta el lugar, pero en cuanto llegó allí, sus sentimientos de preocupación fueron sustituidos por la anticipación. Una vez más iría en compañía de Kacchan, sólo ellos dos. Y esta vez, había llevado el pequeño anillo de juguete que su madre le había dado. Ese que se suponía le daría a Kacchan cuando eran niños. No tenía idea de cuál era su objetivo con él, pero la noche anterior lo había buscado y esa mañana se había asegurado de llevarlo.
Estaba tan nervioso.
Porque si había sido Kacchan mismo quién había insinuado que se vieran otra vez, entonces no lo había arruinado como había supuesto. Cuando llegó al lugar Katsuki ya estaba ahí comiendo una manzana acaramelada.
En cuanto notó su presencia fue hacia él y golpeó la manzana con fuerza contra su boca haciendo que Izuku se mordiera su propio labio, tuvo que atrapar el postre con las manos para que no cayera al suelo, y cubriéndose la boca que ahora le dolía, caminó detrás de Kacchan que ya se había adelantado.
Fueron directo a un puesto de tiro al blanco.
—Esto no sirve para aprender a disparar un arma real —le dijo—, pero algo inútil puede funcionar para un inútil como tú.
Izuku frunció el ceño. Trató de regresarle la manzana de la misma manera brusca en que Katsuki se la había dado a él, pero este la tomó antes de que siquiera se acercara a su cara. Recibió el arma que la mujer le ofrecía. Era un puesto diferente al que habían ido por última vez el día anterior, allí el objetivo eran botellas.
Volvió a fallar los dos primeros tiros, pero al tercero una botella cayó al suelo. Le dieron un pequeño llavero de All Might que decidió recibir. Volvió a intentarlo, y luego otra vez hasta que les dio a las tres botellas. La mujer le dio un peluche de delfín grande que no supo rechazar como Katsuki había hecho.
Pasaron a otro puesto donde debía reventar globos con unas especies de agujas gigantes con plumas. Una vez más tardó varios intentos, pero no se detuvo hasta que reventó los tres en un solo turno. Le iba agarrando el truco a eso de apuntar y medir la fuerza con su brazo. Allí le dieron una pequeña alcancía de All Might como premio. El siguiente puesto fue para encestar un pequeño balón a través de un aro. Repitió la misma acción hasta que le dieron el premio mayor que era una reproducción a escala de la estatua de la libertad. Había varias cosas de américa allí por el interés del héroe por aquel país. Esa sí la rechazó.
Katsuki lo siguió llevando por puestos similares. Atinar la pelota en el espacio, una vez más disparar a pequeños objetivos, volvieron a pasar por el de los animales metálicos, canicas en agujeros, aros en botellas. Incluso para ganarse un pez dorado. Ese último también lo rechazó, pero algunos peluches y pequeños accesorios los recibía, y le gustaba porque cada vez que debía participar en un juego, Katsuki los cargaba. No los arrojaba al suelo como había supuesto que haría, no, se quedaba con todo en sus brazos y le daba la sensación a Izuku de que lo estaba ganando para él y que eso de verdad podía ser una cita.
Cuando en otro puesto de disparo atinó a los tres objetivos a la primera, miró a Kacchan emocionado y notó que este tenía una ligera sonrisa en su rostro. Eran pequeños gestos como ese los que hacían que cada juego ganado se sintiera mil veces mejor. Izuku coló la mano en su bolsillo y sintió la caja donde el pequeño anillo de plástico residía. Llevaba todo el día tanteándola, preguntándose si sería correcto dársela. No había nada de malo, sólo sería un viejo recuerdo compartido.
"¿Recuerdas que nos conocimos cuando éramos niños y dijimos que nos casaríamos? Aquí tengo el anillo que iba a darte ¿No crees que es gracioso?" No sería algo difícil de decir. Pero no podía decirlo. Cada vez que la tomaba con su mano, su corazón palpitaba demasiado aprisa, su garganta se secaba y cerraba, se olvidaba por completo de cómo hablar y respirar, y temía que terminara ahogándose de pura anticipación. Luego Kacchan lo miraba de vuelta e Izuku soltaba la caja temiendo que Kacchan averiguara qué estaba agarrando, qué planeaba y que le dijera que era patético, que sólo era un recuerdo sin sentido. O que ni siquiera supiera de qué le estaba hablando.
—Aquí está su premio, joven —llamó su atención el dueño del puesto. Izuku recibió el gigante conejo rosa. Era el peluche que Mina le había pedido a Katsuki. Mina, la misma que le había dicho que ellos eran cercanos de una manera que Izuku no comprendía.
—Ashido se pondrá loca cuando lo vea —dijo Katsuki con una sonrisa burlona cuando llegó a su lado.
Izuku colocó el conejo con cuidado en el suelo y volvió a mirarlo. Volvió a meter la mano en su bolsillo y tomó la cajita con fuerza.
—Kacchan —le dijo para reafirmar una atención que ya tenía— Yo….
No, claro que no podía salir con que sólo era un juguete de recuerdo. Izuku quería pedírselo, quería que estuviera con él de todas las maneras posibles. Se había enamorado, irremediablemente había caído ante él y esa había sido la manera en que se le había ocurrido decírselo.
—Yo —repitió con la voz temblorosa. Su rostro ardía por el sonrojo que debía estar cambiando la tonalidad de su piel por completo. Abrió la boca y la cerró un par de veces sin que palabras salieran de su garganta.
No sabía si Kacchan un poco más inclinado hacia el frente, un poco más cerca de él, era real o una ilusión creada por su nerviosismo.
Entonces tronó el cielo y luces de colores inundaron todos los rincones de la feria. Ambos, al igual que el resto de las personas, miraron hacia arriba para ver los fuegos artificiales. Era el anuncio del final de la feria.
Izuku aprovechó el ya no estar bajo el escrutinio de Katsuki para respirar otra vez. Su corazón palpitaba con velocidad y se sentía tan agotado como si hubiera estado corriendo. Cuando Kacchan lo miró otra vez, sacó la mano de su bolsillo con un gesto exagerado, sin ninguna caja en su mano, y se rascó la nuca.
—Yo, eh, creo que, ¿Deberíamos volver ya?
Katsuki entrecerró los ojos con el ceño fruncido, parecía molesto, pero no dijo nada y sólo inclinó la cabeza en dirección a la salida arrojándole a Izuku todas las cosas que había estado cargando. Izuku logró llevarlas todas más el nuevo conejo y lo siguió.
Era casi media noche cuando llegaron a casa. Izuku colocó sus cosas en el suelo y se dispuso a dormir en el sofá para no perturbar a Kirishima. Cuando Katsuki estaba por irse a su habitación, Izuku lo llamó.
—Kacchan, gracias por haber ido conmigo. Fue… muy divertido estar contigo.
—Sí —dijo Katsuki mirándolo a los ojos y luego dándose la vuelta—, lo que sea.
Izuku sonrió viéndolo. Se alegraba mucho de tenerlo a su lado.
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Katsuki salió de su habitación por un vaso de agua. Las desagradables ansias que lo poseían al saber a lo que se enfrentarían, a lo que mandaría a varias personas, no lo dejaban dormir. Cuando regresaba de la cocina vio a Izuku removerse en el sofá. Desde hacía un tiempo que compartía habitación con Kirishima, pero cuando llegaba muy tarde, como en esa ocasión, se quedaba allí por vieja costumbre.
Katsuki preferiría que estuviera acostando en una cama normal, debía descansar adecuadamente pues al día siguiente debían estar con todas sus energías y con la disposición correcta.
Se agachó a su lado con el ceño fruncido y quitó un mechón de cabello que estaba casi sobre sus ojos, que de solo verlo ya le molestaba. El rostro de Izuku durmiendo era plácido y tranquilo. Le agradaba tanto como cualquier otra expresión que tuviera el pequeño bastardo.
Observó la chamarra que había vestido ese día. No había pasado por alto que había estado todo el tiempo con una mano dentro de su bolsillo y que parecía dispuesto a sacar algo, pero cuando él le hablaba, su mano vacía era lo único que salía igual que si lo que hubiera estado tocando fuera un pedazo de carbón.
En especial en el último momento, antes de que los estúpidos fuegos artificiales interrumpieran. No sólo parecía dispuesto a por fin sacar lo que fuera que trajera allí, si no que tenía una cara sumamente seria y ruborizada. Katsuki había querido escuchar lo que tenía por decir.
Se estiró para tomar la prenda y esculcarla sin permiso del dueño. Sacó de ella una pequeña caja de plástico que no parecía tener nada de especial. La observó y abrió con curiosidad. Dentro había un pequeño anillo de plástico para niños, de los que solían salir en las cajas de cereal cuando era pequeño. Este era rojo, y parecía bien cuidado, algo que no se esperaría de un juguete de hace aproximadamente 20 años.
Con una ceja levantada, estaba a punto de devolver lo que a su consideración era una basura, cuando de repente un viejo recuerdo llegó a él. Tan antiguo que era brumoso en su memoria, pero se clarificaba tan bien como la sonrisa de ese tonto ahora que ya lo tenía de vuelta.
Sonrió viendo el anillo. Dejó la caja vacía donde la había encontrado y apretó el pequeño juguete entre sus dedos, colocando una mano en la mejilla de Izuku, lo guardó en su bolsillo y susurró:
—Acepto.
Con el reloj electrónico de la mesilla cambiando y marcando el inicio de un nuevo día.
A las 12:00am del 21 de marzo del 2023 quedaban...
0 días para la siguiente purga.
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Chan chan chan CHAN... Notas:
¡Se viene la segunda noche de la purgaaaa! Ahhhh
Ya no volveré a poner "espero no tardarme en actualizar" porque parece una maldición que me retrasa más. (Mejor utilicemos psicología inversa) ¡Oh, espero tardarme en actualizar!
Nos leemos cuando se dé *guiño* *Huye*
