A la cuenta de tres, seremos libres
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Otro día más en la celda, vigilado por quince soldados y su capitana Stephanie, cuyo rostro siempre iba marcado por esa expresión de asco que llego a odiar. Miro su brazo, recuperado tal y como había dicho el médico, y de nuevo cálculo sus oportunidades.
Hacía tiempo que Shuichi había dejado de emerger y su yo demoníaco estaba todo el tiempo en vigencia, a lo que no pudieron hacerse muchas pesquisas por las constantes molestias que provocaba Youko al contestar con improperios, bromas descaradas y mentiras de lo más censurables.
Youko sonrió ante la ironía. Los soldados no lo querían ver ni dentro de la barrera y les cumpliría el deseo, como también era el suyo, yéndose esa misma tarde.
Hoy era el día.
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Afuera, en su forma animal, corría lo más que podían darle las piernas y el aliento, lejos del palacio en colapso. Por suerte no se había encontrado con ningún soldado cuando salió. Todos estaban lidiando con el caos que había formado y pocos podían escapar de allí sin heridas.
Estaba agotado. En esa prisión solo podía pensar y planificar. Su mente había estado demasiado ocupada para descansar. Tanto así que olvido que después del escape venia la persecución y eso sí que era molesto.
Necesitaba huir lo más rápido posible antes que lo atraparan, o lo vieran al caso. Debía regresar al mundo humano. Allí no podrían encontrarlo fácil debido al olor que supo esconder. No podía volver al mundo de los demonios, demasiado comprometido ya estaba.
Algo crujió en su carne.
Un dolor lacerante en su pata trasera, la izquierda, lo obligo detener su maratón y caer al suelo, sudado y malherido. Busco la razón y descubrió, no sin asombro, una herida. No de una flecha, de un disparo espiritual o de algún tipo arma conocida: no. Era una quemadura.
No pudo sorprenderse lo suficiente. El causante estaba a unos cortos pasos, con una mano levantada hacia su rostro. Casi podía sentirlo, a la llama infernal mortalmente cerca de su mejilla. Si, mortal. Porque se sentía como uno. Más si se trataba de él.
- Eso fue sorprendente- le dijo, sin tono de alabanza- Un último acto de honor a tu nombre. Ahora, regresemos.
Arrodillado, apretándose el pie herido, le devolvió la mirada lentamente.
- ¿Sabes que es lo irónico de esto?- Se llevó una mano a sus labios cortados, comenzaba a sangrar. Había querido reírse pero solo pudo echar una carcajada forzada, sin pizca de risa. Su atacante lo vio fijo y con profundidad, sin mover ni un centímetro la llama peligrosamente cerca de la integridad y rostro hermoso del zorro- Que yo también te quería.
Antes de sentir la debilidad de la fuga cobrarle lo último que contemplo fueron a esos ojos carmines dedicándole un pequeño parpadeo de sincera sorpresa, y se desmayo.
La llama encendida disminuyo su ardor hasta desaparecer. Hiei se arrodillo al cuerpo caído. Descubrió que estaba recuperado de los daños anteriores y, aun así, poderosamente cansado. La barrera que tuvo por celda también tenía la habilidad de disminuir las fuerzas demoníacas si uno se quedaba encerrado en ella por mucho tiempo.
- Kurama- musito. Lo levanto del suelo con una mano contra su espalda. Miro su cara, exhausta e inconsciente. Sangraba por el esfuerzo de sus últimas energías y ya no le quedaba mucho- Ha sido suficiente- Se quitó la venda de la frente. El Jagan se fijó en Kurama y resplandeció de un violáceo brillante.
Estaba seguro, la inspección del Jagan se lo confirmaba, que si lo atacaba ahora definitivamente lo mataría. Tomo la mano del ladrón que lentamente se convertía en el humano que había conocido. Vulnerable, débil, inerte.
Un intenso brillo púrpura cubrió desde el pecho todo el cuerpo de Kurama.
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El aroma, la sensación, el sonido; eran sumamente agradables, sensibles y tranquilos como lo debía ser la paz territorial.
Cuando despertó de un sueño confuso que le dejo secuelas de malestar y dolor de cabeza no había podido concebir lo que veía. No lo creía posible, ni que pudiera ser real. Surrealista seria la palabra.
Sus piernas estaban extendidas sobre un verde césped y sus manos olían a gardenias. Se encontraba en un jardín, extenso hasta el infinito, solo. El sol lo sentía cálido y lejano, el aroma era intoxicante de todas las clases de flores y criaturas de la Naturaleza que conocía, y el reconforte de estar allí, contemplando todo eso y sentirlo en su piel fue alucinante.
No podía ser de verdad, se decía, pero era tan real como que su cuerpo estaba intacto. Sus heridas e imperfecciones se habían curado. Se arregló la cabellera rojiza, descubriendo que tenía flores amarillas y fucsias sobre la cabeza, a su alrededor y encima del cuerpo.
- ¿Qué?- Bajo su mano hasta su pecho y reconoció, totalmente pasmado, algo que no le pertenecía- Esto… ¡Esto es…!
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Al paso de dos semanas, sin tener noticias, Yusuke comenzó a pensar que su compañero ya había renunciado. No había visto o tenido novedades de Hiei durante ese plazo.
Quería creer que Kurama se había salvado, huido con éxito y encontrado refugio, sea donde fuera. También, para dejar de lado las desagradables sospechas, quería pensar que Hiei estuviera buscándole, decidido a quedarse con él. Una pesadilla que tuvo hace unos días, en la que Hiei perseguía a Kurama para matarlo, lo tenía muy exaltado.
Koenma le había ordenado buscar al demonio zorro, cuyo escape se conoció por todo recóndito espacio de los mundos a tiempo record y del que el padre del príncipe, el gran Enma, estaba furioso de la vergüenza y el pundonor que un solo ladrón hizo pasarles a todos. Hasta los soldados de las Fuerzas Especiales estaban heridos en su orgullo, furiosos y ansiosos de salir a encontrar al responsable de tal deshonra.
A Yusuke, sin embargo, a diferencia de todos, le generaba gracia. Consideraba a su amigo realmente ingenioso, inteligente y peligroso. Solía sentir inquietud por saber lo que el demonio zorro era capaz de hacer si decidiese ir en contra los humanos, en vez de buscar tesoros, además de la incógnita de lo que hacía con tesoros tanto demoníacos como humanos, pero se atrevía a decir que conocía a Kurama, a su amor a los humanos y su mundo, logrando calmar sus temores. No sería capaz. Bajo su perspectiva, su amigo no sería realmente un problema si no tuviese semejante poder.
- Urameshi.
El muchacho dejo caer la cuchara con la que tomaba su desayuno al suelo, levantándose abruptamente hacia la ventana al ver una figura.
- ¡Hiei, que al fin apareces!
El demonio de fuego le miro sin interés y entro a la cocina por la ventana. El suelo del salón se destacaba cada vez más en la categoría de suciedad y desorden.
- ¿Qué es este caos?
No había visto tantas cosas fuera de lugar y carentes de limpieza desde hacía tiempo. Se había acostumbrado a ver las cosas siempre organizadas y limpias, todo por la gran manía de Kurama con su propia casa. La de Yusuke lo hizo arrugar el entrecejo con repulsión y desagrado.
- Keiko está de viaje, con sus padres. Estoy hace una semana sin ella.
A Yusuke no le sorprendió que Hiei no supiera que la anterior fiesta que hicieron no fue solo a causa del cumpleaños de su novia.
- ¿Dónde has estado?
- Buscando respuestas. Para mi mala suerte, me las dio un chiflado.
Yusuke no sabía si estaba siendo sarcástico o no.
- Oh…- contesto dubitativo, solo por decir algo- ¿Has hablado con Mukuro?
- No es asunto tuyo.
- ... ¿Buscaste a Kurama? Se ha vuelto muy popular. Creo que todos los youkai lo quieren como su líder y ni que decir de cómo el Rekai está humillado.
- Esos idiotas no lo encontraran en el Makai.
- ¿Hiei?... ¿Dices que Kurama está…aquí?
- Adora este estúpido mundo.
Yusuke espero paciente a que continuara, a que agregara algo más. No lo hizo. Su compañero no era de muchas palabras precisamente. Tenía que hacerlo hablar, aunque las probabilidades que le respondiera fueran muy reducidas.
- ¿Y tú…?
- El llama.
- ¿Q…?
El resonante ruido de un aparato se escuchó por la cocina. Yusuke apenas reacciono cuando Hiei ya tenía el teléfono en su poder.
- ¡Es mi casa!- reclamo Yusuke molesto.
Hiei se alzó y bajo de hombros, le arrojo el teléfono al castaño desprevenido que lo atrapo a tiempo, extrañado por la quietud de su compañero, llevándoselo a su oreja.
- Eh, ¿Hola…?
- Yusuke, buenos días.
La voz era tenue, suave y característica. Sonrió aliviado.
- ¡Kurama! Me imaginaba que…No importa- Miro temeroso hacia Hiei, cuya expresión no había cambiado como la otra vez. Extrañamente, seguía tranquilo- ¿Cómo estas, te recuperaste? Oh, una pregunta. Las flores que le diste a Keiko en su cumpleaños no tienen nada de raro, ¿o sí?
- No, en absoluto.
- Porque a veces pienso que tienen algo de espías, porque… Es curioso, llamas aquí cuando Hiei esta…- dijo en un descuido pero Kurama, en vez de imponer un incómodo silencio o un sonido que indicase su estado de ánimo, pareció contener una risa detrás de la línea. Al menos, así lo creyó Yusuke, confundido- Eeh, Kurama…
- Te agradezco mucho lo que hiciste, Yusuke. Vi a mi madre y está bien. Confiaba en tus palabras pero tenía que verlo yo mismo.
- Entonces, estas en el Ningenkai.
- No debería saberlo el detective espiritual- Comento, dando un suspiro- Las Fuerzas Especiales no podrán encontrarme, no por ahora.
Yusuke se sorprendió. El tono de voz de Kurama era seguro y tranquilo, no como el que había tratado un mes atrás.
- Yo no quisiera capturarte, Kurama, entiendes esto…
- Si, comprendo. Dijiste que Hiei estaba contigo, ¿Aun está?
- Pues, si- Con una mirada de dudas pidió la atención del aludido. El demonio de fuego finalmente abrió los ojos que tenía cerrados y tomo el teléfono.
- ¿Y bien, zorro?
Yusuke no dudo en acercarse para escuchar. Pudo oír un dejo de duda en la voz del pelirrojo desde la otra línea antes de hablar.
- Hiei, tenemos que hablar.
Yusuke pudo ver como el demonio hacia un gesto entre dientes.
- Eres molesto, ladrón- echo el aparato a un lado y se subió a la mesada para llegar a la ventana por la que se disponía a salir. Se desprendió las vendas de su frente, apenas un poco, y utilizo su Ojo Diabólico.
- ¡Hiei, no! No voy a permitir que esto ocurra otra vez.
- No habrá sangre hoy, Urameshi. No se repetirá.
- Te conviene que así sea. En este problema, estoy con Kurama.
Luego de una breve contemplación, desapareció por la ventana, dejando a un Yusuke de lo más preocupado.
