—Eres Iida Tenya ¿No? —preguntó Midnight con una mano en la cintura. Llevaba puesto un traje ceñido de cuero en lugar del uniforme que debería, pero siendo ella la jefa de todos los otros guardias del lugar, no había quién le dijera nada—. De la famosa familia de corredores. Ustedes desaparecieron del mapa hace como cinco años, luego de que el hijo Iida mayor fuera asesinado en una purga ¿No? ¿Qué sucedió?
—Un importante y amado miembro de nuestra familia murió —respondió Tenya todo lo educadamente posible que pudo ante tal mención—, eso sucedió.
—Oh, lo siento —Al menos ella mostraba haberse dado cuenta de su indiscreción.
—Tenya nos apoyará esta noche —intervino Shouto—, debe tener total acceso a los planes.
—¿Disculpa? —Midnight tenía una sorprendente capacidad de pasar de un estado de alegría relajada a total seriedad en un parpadeo. Sin importar su manera de actuar, ella era una mujer peligrosa.
—Es de mi total confianza —dijo Shouto.
—Mía no. No lo conozco. Y no me arriesgaré. La seguridad de tu padre está en mis manos.
—Yo estoy respondiendo por él —insistió Shouto.
—No importa —lo cortó Tenya rápido—. Yo no estoy aquí para cuidar a Enji Todoroki. Sino para resguardar a Shouto Todoroki. Así que no necesito saber nada mientras pueda permanecer a su lado.
—¡Me encanta! —dijo ella señalándolo con un dedo directo a la cara, porque como podía pasar de relajada a seria, en viceversa era exactamente igual— Puedes quedarte a su lado toda la vida.
Shouto sonrió un poco ante la cara que hizo Tenya ante eso.
Se encontraban en su propia casa. La residencia Todoroki era grande y contaba con una muy buena movilidad en caso de que entraran. También tenía varias salidas y un par ocultas. Todas y cada una de las personas que apoyaban a Enji en la policía estaban ahí. Para ser el de mayor rango en el país no eran tantas como uno se esperaría debido a la personalidad de este. Pero no dejaba de ser un héroe ante la mirada de muchos. Estaban bastante cubiertos, pero no cometería algo tan tonto como confiarse.
Sus hermanos se habían ido del país la semana anterior para evitar incidentes. Enji estaba, como había sido planeado, al centro de toda la casa. Pero no estaba de bueno humor. Si bien, generalmente no estaba de buen humor, eso empeoraba debido a que estaba siendo obligado a ser 'protegido' por otros, y eso era algo que odiaba bastante. Pero Midnight había insistido. Lo cazarían, necesitaba más ayuda que sus meras habilidades. Y había cedido cuando Shouto la había secundado.
Enji Todoroki debía vivir. No porque su vida en particular fuera excepcional, Shouto aún tenía sentimientos mezclados al respecto, sino por lo que podía lograr. Él era la persona que podía terminar con todo de raíz. Ya no era sólo un deseo, tenía una obligación para con todas las personas que estaban depositando sus esperanzas en él, con todas las personas que habían muerto inocentemente, con su madre, con su hermano. Y Shouto se encargaría de que lo cumpliera.
Ya que la condición de que Iida estaría junto a Shouto todo el tiempo evitaba que este estuviera en la misma habitación que su padre por las prevenciones que Midnight tomaba, decidió dar una última vuelta al perímetro antes de que la alarma sonara.
Todo parecía en orden y al mismo tiempo parecía insuficiente.
—Tal parece que Enji Todoroki pasara la noche a salvo —dijo uno de los guardias que estaban de pie en la puerta del salón de entrenamiento a otro sin despegar la mirada de donde vigilaban a pesar de que la purga en sí aun no hubiera comenzado.
—Sí —respondió el otro—, con todos nosotros aquí y los dos capitanes protegiéndolo directamente, es una gran defensa.
—¡No deben confiarse así! —salió de inmediato Tenya.
Shouto se detuvo y espero pacientemente a que terminara de darles la reprimenda que creía necesaria. Y, aunque ambos tenían rostros que reflejaban su descontento al ser regañados por alguien que a sus ojos era un desconocido, eran lo suficientemente conscientes como para saber que si venía con Shouto Todoroki era alguien importante, y que, en todo caso, tenía razón.
Ellos lo sabían. Shouto y Tenya. Ya había enfrentado a la purga en primera fila. Ya habían encarado a personas que iban con todo por el deseo de "Liberar a la bestia". No era lo mismo, ni equiparable a ellos como policías y enfrentarse a un criminal de calle común en cualquier otra época del año. En especial con esos índices de crimen tan bajos que ya manejaban.
No era lo mismo saber que ellos eran 'los buenos' y los otros 'los malos', a saber que esa distinción se desvanecía. Que no había policías porque tenían prohibido actuar bajo ese título, que detenerlos incluso podía hacerlos entrar a ellos en la categoría de quienes actuaban mal.
No era igual ver a los peores criminales que actuaban sabiendo que era malo pero no les importaba, que aquellos que actuaban bajo la idea de hacer lo correcto.
Es más difícil detener a las personas que creen tener derecho y poder. En especial cuando tienen respaldo en esa misma creencia.
Pasando por la parte trasera de su casa observó la casa más cercana a unos 10 metros de donde estaba él de pie. Esa familia siempre había tenido flores azules adornando sus ventanas, anunciando a todos que apoyaban esa noche, que apoyaban la purga. Hasta que Shouto se enteró que el año pasado sus dos hijos murieron atropellados casi al mismo tiempo que la alarma había sonado. Ahora la casa no tenía flores, estaba todo apagado y el hombre, en la tarde, le había dicho a Enji Todoroki que debía ganar.
Regresó al salón continuo a la habitación donde su padre estaba. Midnight de pie en la puerta dio una mirada a todos, asintió y se encerró con él. Dentro monitorearía las cámaras de vigilancia. Shouto también tenía un set de pantallas allí afuera con él y dos policías completamente encargados a vigilarlas.
Su puso de espalda a la puerta, Iida a unos pasos a su izquierda, y apretó los puños. La alarma, y todo el caos que vendría con ella, sonaría en cualquier momento.
MIDORIYA IZUKU—Izuku, por favor no te arriesgues —seguía repitiendo Inko a través del teléfono celular.
—No lo haré —contestó él con un suspiro—. Cuídate mucho. ¿Ya cerraron todo?
—Sí, los padres de Ochako ya se encargaron de todo. Haremos lo que ustedes hacían y nos quedaremos leyendo en la sala.
—Bien.
—No te olvides de llamarme en cuanto la noche acabe. Segundo en que suena la alarma, segundo en que me llamas ¿Entiendes?
—De acuerdo —contestó con una sonrisa—. Ya llegamos, debo colgar.
—Mantente a salvo, Izuku. Te amo.
—Mantente a salvo, mamá. También te amo.
Colgó la llamada y observó la pantalla unos momentos antes de guardar el celular.
—Parece que tu mamá te ama mucho —mencionó Mina con una sonrisa frente a él recargada en la otra pared de la camioneta.
Izuku asintió sonrojado y las puertas se abrieron mostrando a Kirishima sonriéndoles amablemente. Bajaron de la camioneta y lo siguieron. Estaban en la parte trasera de unos laboratorios, específicamente esos donde Katsuki trabajaba, teniendo a este como guía.
Katsuki era el único que no llevaba máscara debido a que la conocía de antemano. Entraron al edificio, dejaron atrás unas oficinas y se dirigieron a la zona de trabajo del rubio. Allí había una chica de rosados bucles y unos grandes lentes dando vueltas, llevando piezas metálicas de un lugar a otro dando la imagen más de una mecánica y por lo mismo pareciendo ajena al lugar.
—Mei —llamó Katsuki en volumen alto y la chica se giró de inmediato. De manera rápida y neutral pasó la mirada por Katsuki, Kirishima y Mina, pero cuando sus ojos se posaron en Izuku, su expresión se iluminó.
—¡Carne fresca! —dijo mientras se acercaba a él con los brazos abiertos. Izuku se hizo un paso hacia atrás, pero ella lo rodeó y observó atentamente desde varios ángulos— ya veo, ya veo. ¡Tengo un arma para ti! —se dio la vuelta y revisó entre las cajas que estaban atrás y sacó una pistola que se veía más larga y delgada que las demás— ¡Este bebé es un… ¡
—¡No! —dijo Katsuki empujando su frente hacia atrás con un dedo— Cada año nos haces perder mucho maldito tiempo escuchando como llamas bebés a todas las cosas que nos das. Sólo entréganos las armas que hayas logrado hacer y nos iremos.
—No tratas a mis bebés con delicadeza —se quejó Mei, pero se dio vuelta hacia las cajas de todos modos—. Sólo son estas dos. Este año no logré cubrir la cuota.
—¿La cuota? —preguntó Izuku inclinando la cabeza.
—Es personal. Intento darle al menos tres armas a cada quien y hacer más por si acaso se unen. Siempre se unen más personas. Es interesante. Y debo hacer para que mis bebés se ajusten a varios tipos de personas.
—No todos alcanzarán a tener un arma —mencionó Mina observando el interior de las cajas.
—Siguen siendo más de las que habíamos esperado —agregó Kirishima para luego dirigirse a Mei—. ¿Está bien que hicieras esto? Estás siendo vigilada ¿No?
—Sí, pero ellos no saben qué son la mitad de las cosas que hago así que pude hacerlas en medio de otros proyectos.
Katsuki tomó una de las cajas y se giró a mirar a Mei mientras Kirishima tomaba la otra.
—Vete a casa, mocosa. Y mantente a salvo.
—Claro —dijo Mei con una mano en la cintura y la otra cerrada en un puño—, tengo que pasar la noche y descubrir cómo mis bebes ayudaron a salvar vidas otra vez.
Izuku sacudió una mano en su dirección a modo de despedida y todos regresaron a la camioneta. Como la hora aun no llegaba, técnicamente era ilegal que ellos se transportaran armados, pero Katsuki ya había declarado que esperar a que sonara la alarma para empezar a moverse era una tremenda pérdida de tiempo. A esas horas de todos modos no habría nadie que los detuviera o se pusiera a revisar a detalle si lo que hacían estaba bien o no.
Ya no tenían acceso a los edificios Hagakure así que en esa ocasión su punto de reunión fue un centro comercial al cual le forzaron las entradas. Fueron tan discretos como les era posible, después de todo, necesitaban que fuera un punto seguro para las personas que tratarían de llevar a salvo hasta ahí.
Le habían dicho a Izuku que el contacto que les había proporcionado el camión el año pasado había muerto durante esa misma purga así que para transporte sólo contaban con 5 camionetas, dos autos y 7 motos. Bastante poco para el número de personas que habían llegado. Tendrían que movilizarse principalmente a pie. Lo que era más peligroso y lento.
El número de armas era similar. Katsuki las entrego tratando de hacerlo de manera equitativa entre los grupos que cubrirían diferentes objetivos. Phantom Tief le entregó a Bakugou, Kirishima y Mina un arma con balas reales. Cuando Izuku se sintió aliviado de que a él no le llevara ninguna, la ausencia de Ice-Fire hizo que en realidad sí alcanzara a tener una en sus manos. Ni siquiera con armas falsas había sido capaz de hacer nada, no tendría el valor de utilizar esta. Dio una mirada a su alrededor considerando a quién se la podría pasar, pero no conocía a nadie, y suponía que sería grosero entregar la confianza que le habían tenido a otra persona sin previa autorización.
Observó a Katsuki volver a subir a un techo de camioneta para llamar la atención de todos y dar los últimos detalles del plan. No mencionó a Ice-Fire y nadie preguntó. Era confianza ciega. No sabían quién era, no sabían qué hacía, no sabían cómo se veía, pero sabían por qué luchaba y eso era suficiente para todos.
Izuku apretó los labios en una delgada línea y guardó el arma en el cinturón que ya se había colocado. En esa ocasión llevaba 5 granadas con él y un cuchillo.
Tenía miedo, debía admitirlo, le aterraba la posibilidad de lastimar a alguien incluso más que la probabilidad de salir herido. Pero allí estaba Katsuki, de pie alto, seguro, fuerte, valiente, increíble. Y por sobre todas las cosas en el mundo, Izuku estaba seguro de que su prioridad absoluta sería mantenerlo a salvo. Mantenerse a su lado. Terminar esa noche juntos.
Y la siguiente, y la siguiente a esa, y de esa manera por el resto de sus vidas.
Los grupos de personas se separaron, los que pudieron subieron a sus vehículos correspondientes y los demás se apresuraron a salir. Kirishima, Mina e Izuku se dirigieron al auto que les había tocado mientras Katsuki le decía algo a Phantom Thief y Battle Fist, estos asintieron y salieron por su cuenta.
Otra persona enmascarada, apodo desconocido para Izuku, se acercó a Mina y colocó una mano en su hombro con mucho cuidado.
—Pinky —la llamó con una voz levemente temblorosa que hizo a Izuku tragar con dificultad. La alarma ni siquiera había sonado y las malas noticias ya estaban sobre ellos. Se percató de Katsuki uniéndose a ellos, pero no fue capaz de despegar la mirada de la mujer desconocida que hablaba—. Es Invisible Girl, ella, ella va a purgar. Traté de detenerla, pero…. No me escuchó. Lo que sucedió con Tailman la afectó mucho. Pasó todo el año… ella va a purgar, Pinky, tengo miedo de que lo haga.
Mina llevó la mano a la altura de su boca como si su intención hubiera sido cubrirla, pero la máscara se lo hubiera impedido. Miró a Kirishima y de alguna manera parece que se dijeron algo a pesar de que sus rostros estaban completamente cubiertos. Kirishima fue quien se dirigió a Katsuki.
—Vamos a detenerla —dijo, firme.
—Ya lo sé, maldita sea —le contestó Katsuki tronando la lengua.
—Vamos a detenerla —repitió Pinky colocando una mano sobre el hombro de la persona que les había avisado, la otra asintió y les dijo el lugar donde suponía que había ido, para después volver a unirse a su grupo.
Mina dio un ligero golpe en el pecho a Katsuki y abrazó a Izuku diciéndoles a cada uno que se mantuvieran a salvo. Kirishima también abrazó a Izuku y este dio unos pasos hacia atrás alejándose y dándole privacidad a los amigos.
—Mantente a salvo, King Explosion Murder —dijo Kirishima, estirando una mano con una sonrisa.
—Si mueres te mataré, idiota —Katsuki aceptó la mano y la apretó con fuerza. Kirishima se rió por lo ilógico de sus palabras y decidió jalarlo a un abrazo del que Katsuki se quejó, pero no detuvo.
Kirishima y Mina se unieron a otro grupo que los acercaría un poco a su destino. Izuku sentía la punta de sus dedos cosquillear, había demasiada anticipación. La posibilidad de que esa fuera la última vez que se vieran parecía darle el peso de realidad que faltaba a esto a lo que se enfrentarían.
—Estarán bien —dijo Katsuki subiendo al auto que ahora era sólo para ellos dos—. Mina cuidará de él, todo estará bien.
Izuku asintió, pero tenía la sensación de que esas palabras no estaban dirigidas a él. Fueron los últimos en salir a la calle.
JIROU KYOKAJirou había llegado a una conclusión: Odiaba a su jefe.
Limpió el metal del saxofón en sus manos por tercera vez en esa noche mientras golpeteaba con su pie con insistencia. Observó su reloj y los minutos que no pasaban con velocidad.
No, era diferente, su jefe la odiaba a ella.
—Disculpe, señor Kanda ¿Podría irme? Si no tomo el próximo tren, no alcanzaré a llegar a casa antes de que la alarma suene. —trató de pedirle enredando un mechón de cabello en su dedo con nerviosismo, su jefe era demasiado estricto y serio, jamás lo había visto sonreír y nunca le aceptó a nadie ni un pequeño error. A veces incluso consideraba que era alguna clase de robot u hombre muerto andante.
–Tu turno acaba a las 06:30, si no querías quedarte aquí, no debiste faltar a tus horarios normales.
Jirou bajó la cabeza y se mordió un labio.
Si hubiera sabido que sus horas perdidas serían cobradas la noche de la purga, no hubiera ido al concierto de Present Mic. Y se odiaría por habérselo perdido, pero al menos ya estaría en su apartamento encerrada y a salvo. Comenzó a guardar el saxofón, lo acomodó en su lugar y tomó sus cosas. El reloj por fin marcó las 06:30 y se dirigió a la salida de inmediato.
—Jirou —le habló su jefe y ella no quería detenerse, pero lo hizo de todos modos para mirarlo—, mantente a salvo —dijo. Entonces Jirou de repente lo vio como un hombre mayor, viejo y agotado que se estaba quedando en su local en lugar de regresar a su casa. Ella apretó el marco de la puerta de repente sintiéndose preocupada por dejarlo.
—Manténgase a salvo, señor Kanda —le dijo y salió corriendo.
Ya no había casi nada de gente en las calles, quienes quedaban se veían tan presurosos como ella. Aunque trató de correr sin detenerse, no tenía la resistencia para aguantar todo el camino que la separaba de la estación, así que en un punto tuvo que detenerse a recuperar el aliento. Se arrepintió totalmente de ello cuando, después de haber vuelto a correr hasta el lugar, vio a la distancia cómo el tren se iba.
Sintió su sangre helarse al entender que tendría que esperar otros veinte minutos para el siguiente, que la alarma sonaría a mitad del camino. Llegó hasta la plataforma de espera. No era la única, había una que otra persona parada a lo largo de la estación. Se abrazó a si misma aterrada, no quería estar afuera durante la purga. Nunca lo había estado, pero había leído mucho sobre ella en internet.
Había mucho por decir sobre ella en internet. Algunos purgadores contando sus experiencias, cómo habían terminado participando y cómo se había sentido. Lo leía por puro morbo, por una extraña sensación de saber al respecto, pero sin el valor de vivirlo en persona.
Fueron los 20 minutos más eternos de toda su vida. Conforme el sol bajaba y otras personas llegaban. No quería más gente, cada persona implicaba un nuevo peligro para cuando la alarma sonara. Y de alguna forma también la tranquilizaba ver a algunas personas igual de asustadas y nerviosas porque significaba que no eran purgadores, que no estaba sola.
El tren llegó y ella subió. Los asientos eran hileras de espacios individuales pegados en las paredes laterales. Evitando al resto de personas se sentó sola en la parte central. Sólo había otras siete personas. Una pareja en la parte más de enfrente, una mujer con un niño sentado en sus piernas casi enfrente de ella, un hombre con gorra que le daba una mala espina cerca de la puerta de atrás y dos chicas colegialas de pie paradas cerca de la otra puerta. Todos se veían tan tensos como ella.
El tren avanzó y Jirou sacó su celular para ver la hora. Se mantuvo con la mirada pegada a la hora viendo con ansias cada minuto que pasaba y el tren que no avanzaba a la velocidad que ella necesitaba para llegar a casa. De la estación aún debería caminar.
En la siguiente estación bajó una de las chicas. En la siguiente nadie subió ni bajó. En camino a la siguiente, el tren se detuvo en medio de las vías sin razón aparente, y Jirou sintió que su cuerpo completo se acalambraba del puro temor. Marcando el reloj las 07:00pm, una voz femenina inundó la ciudad a través de las bocinas destinadas a ello.
"Esto no es una prueba, este es su Sistema de Transmisiones de Emergencia anunciando el inicio de la depuración anual autorizado por el gobierno de Japón.
Se autoriza el uso de armas de clase 4 e inferiores durante la depuración, se restringe las armas de otra clase.
Durante este año se ha revocado la inmunidad de los funcionarios gubernamentales de rango nivel 10. Después de sonar la sirena cualquier delito, incluyendo el asesinato, será legal durante 12 horas continuas.
Los servicios policiales, de bomberos y médicos de emergencia no estarán disponibles hasta mañana a las 7 de la mañana al concluir la depuración.
Benditos sean los nuevos padres de la patria y nuestro país. Una nación renacida.
Que Dios esté con ustedes."
El sonido de la alarma se coló hasta sus huesos. El tren volvió a avanzar. Apretó los puños con fuerza y observó a todos los demás. La mujer estaba abrazando a su niño con más fuerza y parecía a punto de tener un ataque de pánico. El hombre de la gorra también los estaba mirando. Todos representaban el mismo peligro para todos los demás. Nadie se movió y de esa manera observó la estación acercarse. Una más, y estaría casi en casa.
En la plataforma parecía haber gente. Parecía gente con unas cosas que no identificaba, pero que siniestramente parecían armas ancladas al suelo. No, no sólo parecían, eran armas ¡Eran armas! ¡Era gente armada!
Jirou se arrojó al suelo y escuchó los disparos que atacaron desde el inicio del tren conforme iba pasando hasta que se detuvo frente a ellos. Los cristales explotaron y regaron el lugar, hubo gritos y alaridos que se callaron súbitamente seguidos de golpes de cuerpos cayendo. Cuando el escándalo se hubo silenciado, levantó la cabeza del suelo y observó el vagón, todos los demás pasajeros ahora estaban en el suelo sangrando e inmóviles. Se cubrió la boca para aguantar las náuseas y volvió a bajar la cabeza. Se abrazó a sí misma. No le había dado ninguna bala ¡No le había dado ninguna! Estaba viva, estaba a salvo.
Se mantuvo quieta y en silencio, sólo alcanzaba a diferenciar unas voces masculinas a lo lejos, pero que se iban acercando. Habían entrado al tren, lo estaban recorriendo. Iban a entrar a su vagón. Se corrió hacia atrás como instinto metiéndose casi debajo de los asientos en donde había ido sentada. ¿Qué debía hacer? Fingir que estaba muerta. Si tenía suerte, quienes entraban no tendrían ningún interés en ella. Si no, tal vez serían enfermos que violarían su cuerpo.
Eso también lo había leído en internet. Los informes que la policía filtraba. Recargó la cabeza contra el suelo y trató de no moverse, no respirar, no dar indicios de vida.
Pero estaba temblando.
Su cuerpo temblaba descontroladamente por el miedo. Porque si la descubrían la matarían, la violarían, la torturarían. Y la perspectiva de las posibilidades le aterraba tanto que había comenzado a llorar. Apretó los ojos con fuerza, trató de controlar su cuerpo. Pero toda ella seguía temblando, una sacudida interminable que la revelaría.
Escuchó cómo lograron abrir la puerta por fin y se mordió el labio para no sollozar. Seguía temblando, seguía llorando y estaba a la vista de todos. Aguantó la respiración cuando los pasos estuvieron a su lado y no sabía si su corazón se detendría o explotaría de lo fuerte que latía. Seguro ellos lo escuchaban. Seguro ya se habían dado cuenta. Le apuntarían, le dispararían, le pisarían la cabeza, la levantarían del cabello y la apuñalarían, le darían la vuelta y la violarían.
—Por fin aquí hay uno vivo, maldición. Llévate al niño y vámonos.
Jirou abrió los ojos en cuanto escuchó eso. Justo frente a ella dos piernas le cubrían la mayoría de la vista, pero alcanzaba a diferenciar al fondo como un hombre se agachaba y tomaba de entre el cuerpo de la mujer al niño que había llevado en brazos. Él, un pequeño como de cuatro años a lo mucho, se sujetó a la ropa de su madre con fuerza, pero el hombre lo jaló sin tacto y en cuanto estuvo lejos de ella, solo hasta entonces, el niño comenzó a gritar llamándola.
Estaban secuestrando a un niño frente a ella. En la noche de la purga. No era ilegal, no era ilegal. Si hacía algo al respecto solo la matarían a ella. Su madre ya estaba muerta. Los gritos resonaban con eco dentro del tren y su cuerpo no dejaba de temblar.
—Ah, ya cállate, maldito niño —gritó uno de los hombres, seguido de un sonido seco y la voz del infante apagándose.
Jirou se levantó con las manos directo al arma que el hombre tenía sin sostener correctamente, disparó al azar en la cabina esperando no darle al niño y un grito masculino le confirmó que le había dado al otro. El dueño del arma que tenía en la mano la jaló del cabello mientras gritaba insultos y groserías sobre no haberse asegurado de que todos estuvieran muertos.
Sintió un golpe en su cabeza, pero no fue tan fuerte, ni siquiera como para quejarse. Colocó firmemente ambos pies en el suelo y usando la misma arma le dio un golpe en la quijada que lo hizo trastabillar hacia atrás. Ella aprovechó su desequilibrio y le arrebató el arma para tomar impulso y golpearlo en la nariz. Se dio la vuelta y se dirigió al otro hombre que estaba en el suelo para hacer lo mismo. Sintió un escalofrío ante el sonido que provocó, pero no podía dejar espacio a duda. Tenía que dañarlo para detenerlo o la matarían.
Eran ellos o ella.
Rápidamente se dirigió al niño que estaba tirado en el suelo, no tenía heridas. Por suerte no le había dado, y tampoco estaba inconsciente, pero parecía aturdido. Lo cargó sin soltar el arma y corrió a la salida. Allí dudó un momento, hasta ese punto se le ocurrió pensar en la posibilidad de que hubiera más. Pero si no habían entrado por los disparos, quizás era un no. Se asomó con precaución y vio la estación vacía.
Abrazó al niño con fuerza y corrió detrás de un pilar, luego a otro y a otro, de esa forma, poco a poco y con precauciones, pero a velocidad constante pues ambos hombres que había dejado atrás seguían con vida, salió de la estación. La recibió el sonido de disparos a la lejanía, gritos, explosiones.
Muerte.
Esa era la purga, y ella acababa de meterse de lleno a ella.
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Nt.A:
Bienvenidos a la segunda y última noche de la purga.
Es extraño que esto comience, y al mismo tiempo significa que el fic mismo se acerca a su fin.
Igual, espero que les agrade.
