Advertencia: El capítulo siguiente puede afectar a la sensibilidad del público (y un poco peligrar la clasificación que le puesto); les avise.

Ya se habrán dado cuenta que capítulo por capítulo se desvelan algunas preguntas y doy discretas respuestas dependiendo de cómo avancemos pero suelo preguntarme si ustedes van entendiendo. Si hay alguna duda, háganmelo saber en los comentarios, y veré como contestarles sin dar muchos detalles del final. Si es alguna otra cosa, vayan a mi PM.

Muchas gracias.

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Sentimiento incombatible


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- No…- Creyó que ya no podía respirar, que todos sus músculos se habían paralizado pero sentía todo y, maldición, sí que era horrible- No, no, no. ¡Hiei, no!

Verlo sangrar de esa manera nunca le produjo tanto horror, cuando habían estado peleando era distinto y ahora…

- ¡No lo harás, no conmigo en frente!

Tomo la pieza filosa de acero y no le importó que sangrara. Hiei iba desangrarse a sí mismo si continuaba. Forcejearon por el instrumento. Kurama hizo esfuerzos por arrebatárselo hasta que la sangre se sintió tan caliente que el dolor era lo de menos.

- ¡Esto dejo de ser vida por ti, Kurama!

- ¡Eres un guerrero y un hombre, ten dignidad!

Kurama logro coger el puñal y lo tiro lejos. Mentalmente, pidió a sus criaturas que la escondieran o devoraran, si es que aún le escuchaban. Se enfureció de la ocurrencia de tamaña locura y estaba listo para demandar cuando noto a los ojos del Maestro del Jagan fuera de sí, a su respiración atónita e indiferente de la herida autoinducida.

- Podemos vivir, Hiei…Podemos…

- Tú no entiendes.

Hiei era fieramente leal a sus convicciones. Tenía un deber, una palabra que cumplir, una responsabilidad consigo mismo y sus principios. Kurama los hacía violarlos y romperlos todos. Su carácter independiente, su orgullo y su naturaleza no le permitían que hubieran otros que lo dominasen de esa forma. Se sentía un perdedor, patético.

Tenía dignidad. No podría vivir tranquilo sabiendo que Kurama andaba cerca. No se trataba de una batalla, no era un enemigo, jamás fue así, simplemente no podía combatir ese sentimiento, no le quedaba más que repelerlo de la única manera que conocía. No quedaban soluciones ni respuestas. Solo el humillante amor que le profesaba al ladrón.

Las delicadas y suaves manos de Kurama, manchadas de sangre, que se sentían a los mejores golpes cuando se lo proponía, tocaron con sutileza la herida que se había hecho en su cuello. Consentido y estúpido, así solía sentirse con el humano. No quería que la cosa se repitiera.

El kitsune quiso decirle que lo entendía, que Youko había tenido esos mismos pensamientos e ideas. Mejor no apresurar esa pequeña reconciliación. Tampoco sabía si debía calificarla como tal, fue inesperada y brutal, así como el comienzo de su persecución.

Se arrodillo frente a Hiei con la rodilla lastimada. Quería que lo mirara y supiera que no importaban el orgullo o el deshonor, que ambos sabían porque no habían podido dar el ataque definitivo. También buscaba ver en sus ojos rojos la respuesta. El porqué de todo. Le bastaba verlo para descifrar las llamas de sus pequeños y fascinantes ojos. Hiei alzo la mirada a él y fue el momento.

Entreabrió los labios para decir algo que murió en su garganta por las emociones que le asaltaron al verse reflejado en esas gemas hermosas. Se aproximó más de lo que podía verlo y Hiei se sorprendió cuando toco sus labios en un tierno beso.

Las dudas y el temor se esfumaron cuando Hiei no impuso resistencia alguna y le correspondió. Corto el contacto para mirarlo con una amplia sonrisa, que había pensado que no volvería a su faz con sincera alegría, y que le decía a Hiei más que una frase.

A los dos segundos, se estaban besando en un nuevo ataque, inmediato y enérgico. Sus labios sabían a picante, hierba fresca y sangre, lo que les resultaba exquisito y embriagador.

Kurama se contentó con la cercanía por el empuje de la mano húmeda de sangre de Hiei en su espalda. Choco contra su pecho sin detener el beso, sino intensificándolo. No recordaba cuando sintió de esa manera, ni en siete años, para necesitarlo con ese ansioso anhelo.

Las manos de aspereza y brío se introdujeron bajo la ropa para sucesivamente quitarle la prenda sin preámbulos. Le sobrevino una oleada de timidez, excitación y agitación antes que Hiei tocara su pecho al descubierto. Se sostuvo a él tomándolo del cuello, ensuciándose los dedos debido a la hemorragia inconclusa y jadeo a los besos y caricias de su lengua caliente, que se sentían a estimulante quemadura.

Hiei separo las tersas piernas para colocarse encima mientras su mano libre sostenía la espalda del pelirrojo, con las mechas de la cabellera roja entre sus dedos. Era excitante. Se inclinó más por él y, antes que Kurama lo advirtiese en su entrega a las sensaciones, fue a besarle bajo el ombligo y echando hasta las rodillas los pantalones.

Lo siguiente que capto Kurama fue un golpe de calor sofocante. Los labios secos y colmados de susurros acaban en gemidos descompasados, y la sensación de ardor estaba en cada poro, que le hacían olvidar el dolor anteriormente recibido…Hasta que Hiei rasguño sus muslos internos.

- Eres un…

- Lo sé.

Separo sus labios del miembro palpitante y tempranamente erecto. Deslizo su lengua por las heridas que había hecho por la tersa piel. Sujeto uno de sus brazos y lo obligo a tocar el suelo de espaldas, colmado de vidrios y materiales rotos. Dolió al aterrizar. Las piezas destrozadas del hogar y los fragmentos de destrucción eran más nocivas ante su piel desnuda. Con los ojos ligeramente cerrados por el dolor, vio a su compañero sobre él, con ambos brazos a sus costados, impidiéndole escapar. Estremeció de gozo al ver esa mirada intensa y deseosa de rojo contemplarle… Hiei lo libero, todavía sobre él, y rompió el contacto visual para quitarse su propia ropa. Le fascinaron los detalles hercúleos y fornidos de su torso y sus brazos fuertes. Hacía meses que no los veía y había imaginado que no volvería a admirarlos más que en recuerdos.

Acaricio sus pectorales y cuando Hiei se inclinó a besarle con renovado fervor tomo venganza de su acometida anterior y apretó con fuerza, hasta donde pudieron sus manos, las laceraciones palpitantes del joven demonio. Principalmente, la más reciente y la que se había hecho el mismo. Lo escucho gruñir y sonrío con travesura. Sabía que aunque se lo mereciera, Hiei siempre tenía la última palabra.

El salón había quedado más deplorable que cuando entro, los desastres plegados en el suelo provocaban múltiples sangrados en una desfavorable posición pero se olvidó de eso. Se intoxico por sus caricias atrevidas, el picante extraño de sus labios sangrantes y cualquier movimiento suyo que lo ahogaba a un gemido o una réplica de dolor.

Deslizo y apretó sus uñas sobre las heridas en cuanto sentía las mordidas. Se retaban.

Kurama sintió sangrar en su hombro izquierdo por algún pedazo de vidrio pero en ese momento fue empujado contra una esquina, entre la pared y el suelo. Dolía, y el placer perverso que experimentaba al ser sometido así lo excitaba en demasía. Tal vez fuese la reconciliación más demencial, quizás fuera la urgente necesidad o simple locura mezclada con deseo. Poco importaba el juicio para saberlo. Kurama no tenía intenciones de razonar entonces, no más allá de la pasión apremiante e inusitada, para tomar la boca de Hiei a mordidas y desprenderle el cinturón del pantalón con ambas manos.

De repente, el demonio de fuego estaba en el suelo. Kurama lo había echado debajo con inesperada fuerza. Le dedico un gruñido, que para los oídos del otro sonaron a un ronroneo provocador. Con eso, aprovecho para agarrar unos mechones rojos y atraerlo a su cara.

Kurama cayó encima del demonio de fuego, como quería este. Hiei recibió su caída con una expresión arrogante entre los labios, atrapo su cuello de nuevo y rodó a su izquierda. Otra vez, el kitsune estaba debajo de él. A su dominio.

Una voz estorbó la concentración de Kurama. Era Youko, con sus comentarios subidos de tono. No le prestó interés para saber si estaba reclamándole por el papel del sumiso o disfrutando de él. En todo caso, Kurama sentía lo último y le era indiferente lo que su yo demonio pensase.

No obstante, se distrajo lo suficiente como para no advertir una fuerte invasión en su parte baja y unos pequeños dedos sobre la comisura de sus labios, los cuales separo para que entraran en su boca, acariciándolos con su lengua un momento antes de morderlos y saborear la calidez de su sangre.

Las sensaciones abrasadoras y dolorosamente placenteras le embriagaron los sentidos antes que Hiei tomara posesión de su interior en una dura estocada.

Su grito se encubrió por los dedos de su amante. Creyó entrar en éxtasis a resultado de las primeras embestidas, rápidas y profundas, y gimió cada vez más alto en evidencia. Fue máximo cuando sintió una mano cerrarse sobre su miembro y moverlo a voluntad ajena.

Completo y entero, así sentía cuando estaba con Hiei. Por más que presentase heridas agudas, que en su mayoría él era el autor, y se viera más que atemorizante con la sangre deslizándose con el sudor le gustaba, le fascinaba la manera que tenía de hacerle sentir suficiente y hasta más. Sus ojos, levemente cerrados por la aproximación del orgasmo, se fijaron solo en el maestro y esbozo una sonrisa. Hiei lo miro del mismo modo y como nunca supo lo que sus ojos le decían.

Era…Era…

Su pasión exploto en la mano de Hiei, que lo embistió dos veces más y ocupo lugar en la estrecha intimidad de Kurama con su esencia.

La reconciliación oficial termino y se apartaron, con la piel sensible y jadeando.

El pelirrojo se separó el cabello húmedo de su cuello, estirando cuidadosamente las piernas. Sabía que Hiei estaba a su lado, contemplando el techo, recuperando el aliento. La sensación de suciedad y provecho le devolvieron la conciencia de sus actos, mirándose los brazos tatuados con huellas de sus dedos y deslices de espada, con la infaltable sangre seca. El pudor, el estar recostados desnudos en un suelo de mugre y ensangrentados, era lo de menos.

- ¿Aun…- La voz recuperaba lentamente el tono -…piensas que te estoy engañando?

Si no fuera porque sus labios estaban lastimados, partidos a mordidas y secos por la fruición, habría reído. No contesto, tampoco tenía sentido responder.

En silencio, la pregunta real era otra.

¿Qué harían a partir de ahora?

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Nota de autora: ¿Paso una semana entera sin actualizar, verdad? ¡Y con que capitulo!

Estoy en temporada de exámenes (como todos), así que disculpen la falta. Pienso publicar el jueves, si me da el tiempo, espérenlo entonces o el sábado que viene. Gracias por los comentarios y el ánimo; me motiva mucho.

Nos leemos el jueves. Saludos, Lugarth3.