Y llegue, si tuve tiempo.

Ahora, otro capítulo cargado de…cursilerías.


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Un momento de sinceridad

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Se veía y se sentía surrealista. Sus ojos recorrían la sala y el techo para saber que lo que sucedió fue realmente en serio y que nada lo cambiaría, que no deberían estar en esa posición por mucho tiempo más. Aun así, el ambiente era silente y pacífico, por más devastado que estuviera el escenario a su alrededor.

Miro el techo varios segundos, descubriendo más cicatrices a derrumbarse que verdaderas aberturas con tamaño de pozo, y no sabía si reírse o simplemente ignorarlo. El silencio pareciese ser infinito, especialmente este, un silencio honesto y mutuo.

Había quitado los materiales rotos del suelo y su espalda estaba contra el suelo, mirando hacia arriba. No sabía de dónde venía ese deseo de quedarse, de mantener el supuesto encanto morboso del asunto y preservar ese lapso de paz. Sus piernas descubiertas estaban sobre el regazo de su compañero, quien solía acariciarlas sin miramientos; en su rostro la tranquilidad y falta de discreción.

Movió sus piernas para atraer la atención del demonio sentado en el suelo, a diferencia de él, que estaba recostado.

- Me gusta tu fuerza- confeso, con la voz suave- Cuando te conocí hasta ahora, tu fuerza solo me ha fascinado. Sabes que no hablo de tu fuerza física, sino la de espíritu- Estaba seguro de lo que decía, quizás lo estuviera diciendo mal por la intoxicación del ambiente o de Hiei, porque en muchos sentidos era la primera vez que hablaba con el verdadero Hiei- Esa fuerza es salvaje, abrumadora e indomable. Ni siquiera con el helado te calmabas; siempre estabas a la defensiva.

- ¿A dónde vas con esto?

- ¿Puedo preguntarte, que pensaste de mí en aquel entonces?

- No te gustara la respuesta.

- ¿Serias sincero?

- Quizás- Bajo y subió los hombros con desinterés, dando a entender que lo dejaría intrigado- Te he mentido bastante, no te creas que después de esto vamos a ser francos y contarnos todo; eso no sirve.

- ¿Podrías intentarlo? Yo lo haré- Hiei hizo una mueca que le decía "no me va a gustar y no lo quiero escuchar", ya sea porque Kurama sabia intimidarlo con palabras bonitas o porque lo abochornaría en una frase- Yo pensé que eras tierra, un campo desconocido cubierto de trampas. Infértil, indómita tierra.

- Ya entiendo. Te acercarte a mí porque era difícil, y como a los zorros le gusta lo difícil...

- Déjame acabar- Se disgustó de su comentario, sabía que no iban a vencer el prejuicio en un santiamén, pero que le hablara de esa forma cuando se sinceraba con él no era favorable- …Un campo que, con cuidados y dedicación, podría convertirse en un jardín divino y vivaz, pero fue inútil.

- ¿Y eso por qué?- Bien, ahora si se estaba enojado, según iba entendiendo, era un campo sucio y desagradable. Quiso insultarlo cuando le interrumpió.

- Porque tenía vida por sí mismo para sobrevivir, también belleza propia si buscaba más lejos. Por eso.

Eso sí lo había tomado por sorpresa. Lo miro con los ojos bastante amplios pero luego corto el contacto por el mero hecho que se sentía incómodo y abochornado. Kurama le devolvió la mirada para preguntarle por su caso.

- ¿Que pensabas de mi cuando me conociste, Hiei?

Se dijo a si mismo que no le diría todo, ni siquiera los pequeños secretos que tarde o temprano tendrían que aclararse, pero Kurama lo estaba mirando con intensidad y se sintió forzado a responderle.

- No me gustaste para nada.

- Siempre a lo brusco...

- Me sorprendiste un poco y eso es todo.

De la desilusión paso al desconcierto. Hiei no era de los que sorprendía fácilmente; eso significaba algo, no obstante, prefirió no indagar más. Tanto en su matrimonio de mentiras como en ese nuevo trato Hiei jamás seria lo suficientemente comunicativo con respecto a lo que sentía y no iba a presionarlo, menos ahora que sabía que sus fuerzas estaban tan a la altura que las de él y, que cuando quisiese, podía quemarlo sin necesidad de dar explicaciones.

- ¿Hiei, siempre llevabas una katana?

- Sí.

- No comprendo. Te ibas al Makai la mitad del día, cumplías órdenes junto a Yusuke y volvías con una paga exorbitante...

- Cambiaba las monedas de Koenma por el dinero ningen en el Mercado Negro.

- Eso lo explica.

- ¿Pensabas que robaba?

- No, pero tampoco me explicaste que hacías exactamente.

- ¿Respetabas tanto mi privacidad?

- Confiaba en ti.

La casa se caía a pedazos, lenta y mortalmente, recordándoles que tenían poco tiempo y que por más tensa que se volviera la "sincera charla " tenían que afrontarlo.

- Pensaba que eras humano: no me imaginaba ni por asomo lo que hacías afuera.

- ¿Confiabas en mi al creerme humano y débil?

- No te enfades- Se acomodó mejor sobre el suelo, separo sus piernas del regazo del arisco demonio y se apoyó de sus codos para encararlo- Tu también pensabas así de mí.

- "No más mentiras", ¿verdad? De acuerdo, yo creía que eras un debilucho fastidioso, un dolor de cabeza y el más ridículo ser con el que pude unirme.

- ¡Hiei!

- Dijiste "sin mentiras".

- No seas agresivo.

- Pase años contigo, Kurama, pero no todos fueron a calidad.

Quiso sentirse ofendido para devolverle la violenta crítica, pero no pudo hablar, tampoco replicar. Fueron años a su lado en los que, en esencia, no se conocieron de nada, incluso antes de casarse Hiei le resultaba un misterio, ahora era peor. También existían detalles de la vida de Youko que tampoco le gustaría desvelar. En cierta manera, la brutalidad de Hiei tenía sus motivos. Ninguno se conocía en realidad y no podían quejarse del producto de sus mentiras acumuladas, de la creación espantosa que la red de engaños habían trazado entre ellos.

- Tienes razón- admitió, después de un rato de silencio, tocando la pared con su espalda- Nunca sospeche de nada.

- Lo hacías de algo.

- No me lo recuerdes- pidió, casi en un ruego, mejor olvidarse de ese vergonzoso episodio- No me imaginaba que fuera esto, lo normal de pensar cuando tu marido empieza a actuar de esa forma...

- Cállate- rugió el demonio, disgustado- ¿Nunca sospechaste, en serio?

- No. ¿Cómo volvías a casa limpio?

- Con la máscara de camuflaje y un baño de dos horas.

- Oh, el olor...Aguarda, ¿y las heridas? Seguro que al menos una vez tuviste un altercado, y no tienes cicatrices

- Ropa holgada y resistencia. Yo nunca me curo las heridas; solo las cubro.

- ¿Y yo nunca vi eso?... ¿Algo más que escondes en mi cara?

- El Jagan.

- Cierto.

- Me hicieron algunos exámenes físicos cuando me contrataron para trabajar con el intento de detective. Querían comprobar mi "calidad". Me encontraron fracturas, unos ligamentos en otro sitio o algo por el estilo. Todos me decían que estaba en perfectas condiciones por fuera pero que por dentro era una bomba de tiempo; no debía esforzarme mucho en las tareas.

- Pero lo hacías.

- Cuando una misión valía la pena.

- Yo toda mi vida me he tratado con mis ungüentos. Siempre tenía de reserva. ¿Recuerdas cuando mi madre estaba enferma y le lleve un paquete de te chino?

- Creo recordarlo.

- Pues, no era "te chino". Eran las hierbas medicinales más suaves para la anatomía humana, que encontré en el Makai.

- Siempre fuiste sincero sobre tu madre.

- No puedo creer que te la presente...- Se sobo la frente con su palma, frunciendo los labios. Hiei lo miro ligeramente extrañado para después sonreír divertido- ¿Te das cuenta? ¿Lo ingenuo que fue el ladrón más temido y astuto?

- Tu también sabias esconderte bien, ladrón escurridizo- le dijo a su vez, provocando que Kurama sonriera- Sabia que los humanos entraban por la puerta, pero no iba a exagerar de esa manera. ¿Esa no fue tu primera pista?

- Los ladrones nunca usamos la puerta principal, Hiei.

Quedaron así un tiempo más, hablando de un año de mentiras, observando la casa a punto de derrumbarse por los ataques anteriormente recibidos y los daños provocados.

- Hiei...- Se sentía libre con él y había dicho cosas que mejor debía analizar antes de decir, después de todo, era Hiei, cualquier palabra errónea u oración malinterpretada podía hacerlo enojar a niveles imposibles- Fui Youko muchos siglos. Lo que sea que haya hecho, le pertenece a él, a quien ves es a Shuichi. No puedo decir que hablo por él, tampoco voy a justificarlo, tú debes entender cómo es alguien de su clase.

- Quiero cortar a alguien en pedazos, lentamente...

- Escucha, Youko podría ser yo pero si tuviera que elegir, hipotéticamente, te elegiría.

- ¿Hipote qué?

- Hiei- Se sentó en el suelo con rapidez, al ver el grado de enojo que había alcanzado con solo cerrar los puños y evitando mirarle con toda su indignación- Tú eres más elogiable que él, te lo aseguro.

- ¿Quién hablo de elogios? Ese maldito cree superarme...

- Hiei.

- Esto no tiene sentido, el también eres tú y te ofendes- Se exaspero el volátil demonio, poniéndose de pie abruptamente, echando un vistazo a las paredes que de a poco caían en pedazos- Vayámonos de aquí. No creo que la casa se vea firme desde afuera.

- No te enfades.

- Mejor levántate y vámonos.

- ¿A dónde?- Hizo lo que le indico, sintiendo a nueva cuenta la dolencia de sus músculos y la tensión de su cuerpo. Se esforzó al levantarse y seguirlo. Hiei fue al frente, directo a la salida- Hiei, hay algo más que deberías saber.

- ¿Y ahora qué?

Kurama suavizo la voz, más de lo que había hecho antes, y miro lo que dejaban atrás, la destrucción y el resentimiento, una telaraña de engaños y mentiras encubiertas, todos los recuerdos amargos y sucesos negativos, para volver la cara al frente, de regreso a Hiei y a una nueva dirección.

- Habían veces...en las que no te acostabas conmigo.

El pelinegro se detuvo en su trayecto, paralizado del estupor. En segundos, su faz se convirtió en un mohín de furia pura.

- ¡Lo sabía!

Deberían hablar mucho de sinceridad en el futuro pero lo que más temía Kurama no era la ira de Hiei, esta vez no, sino el provecho que Youko podría darle.

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Nota de Autora: ¿Les ha gustado? En este capítulo, intentan arreglarse, de verdad que lo intentan, y quería aplicar esos esfuerzos en un solo capitulo.

El dramatismo sentimental siempre estará presente, pero les aviso que vienen las revelaciones que todos esperan y, como no, alguna que otra escena de acción, para evitar empalagarnos.

Nos leemos después, saludos.