No nos quedan opciones
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Yusuke se caracterizaba por muchas cosas y una de ellas era ser muy activo. No importaba la ocasión, la persona, el lugar o el tiempo. Siempre que escuchaba o veía algo, reaccionaba de inmediato. Una mala mirada: te declaraba una pelea como arreglo de cuentas. Una palabra equivocada: sospechaba de las personas. Una amenaza: sabia en que no meterse y aun así lo hacía.
Sin embargo, Yusuke nunca fue muy atento ni era conocido por ser un muchacho discreto o reservado, ni para guardar secretos funcionaba su cerebro que se sabía toda una serie de ataques y defensivas de pelea, pues siempre tenía la lengua más ligera que la reflexión y hasta el juicio correcto.
Pero, por estas razones a Kurama le fue fácil deducir que Yusuke estaba contento de verle.
- ¡Pasa, pasa rápido!- le insistió a la puerta de su casa- Pueden estarme vigilando a mí también, por si aparecías.
El muchacho entro. Yusuke cerró la puerta y le indico el camino al comedor para sentarse. Kurama ya lo conocía pero dada la basura en el escenario tuvo que hacer un esfuerzo en recordar donde quedaba el sitio.
- Botan puede venir y decirle a Koenma que estas aquí y yo…
- ¿Botan también es una detective?
- No, es un espíritu… Kurama, te ves terrible. Como tipo en una jaula con animales salvajes.
- Ciertamente, si fue a causa de un animal salvaje…
Yusuke echo unas envolturas de una silla y tomo asiento. Miro a su amigo con seriedad y preocupación. Su voz sonaba más baja pero tranquila, su ropa era distinta, seguramente la había conseguido por allí, aunque no cubría del todo los rastros de cortes, raspaduras y moretones violáceos. Se veía tal como sufridor acosado y maltratado. No obstante, fuera del daño que muy evidentemente había recibido, se veía más repuesto y determinado. Lo sorprendió la nueva expresión de sus ojos verdes.
- No pensé que hasta a ti podrían estarte vigilando. En realidad, fue a último momento. Las Fuerzas Especiales del Mundo Espiritual están por doquier y reconocen el yoki de Youko. Algunos se aparecieron por el camino.
- ¿Pudiste con ellos?
- Se quedaron entretenidos- sonrió levemente. Yusuke se intimido un poco. No había visto a Kurama ser de esa manera, debería acostumbrarse a la idea de que todos sus amigos tenían algo demoniaco- En fin, vengo a pedirte un favor.
- Dime.
- En serio, me apena que estés en problemas por mi causa. Haz hecho mucho. Te lo compensare algún día.
- No hagas problema por eso- replico Yusuke, desinteresado. Esencialmente era buena persona pero le incomodaba cuando la gente se lo señalaba y agradecía- Pienso que lo que necesitas es quedarte en un sitio donde no te ataquen, tal vez aquí si te parece- Aquellos ojos verdes lo reflejaron con sorpresa- Keiko no está y si estuviera estoy seguro que te dejaría quedarte.
- Yusuke, estas rompiendo muchas reglas…
- Tú tienes dos identidades. Eres Kurama y eres Youko. Yo soy Yusuke, tu amigo, y el Detective Espiritual. Dos cosas totalmente separadas.
Kurama sonrió con gratitud. El moreno tal vez no fuera cauteloso, responsable ni muy serio, pero tenía la virtud de la lealtad y la sinceridad; eso era bastante.
- Me preguntaba si podía tomar las flores de tu jardín. Del jardín de Keiko.
Yusuke tardo en asimilar sus palabras para con la correcta razón.
- ¡Ooh, si! Vaya, lo que paso en el castillo de Koenma sí que dio miedo. Creo que dejaste a la mandona esa con una crisis nerviosa: épico. Todavía temblaba cuando todo pasó y escapaste.
Por su parte, el pellirrojo sonrió.
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En el secreto de su escondite, jugó con el pequeño tesoro entre sus dedos. Una gema mágica. Para cualquiera sería un gran logro, un milagro habérselo encontrado y conocer el paradero de sus otros compañeros brillantes, pero él solo miraba la joya apático, sin el más remoto interés. Con sus estrategias caídas en picada, esa era su última opción, el recurso más seguro para conseguir lo que quería.
Sabía a lo que se exponía. Si hacia lo que tenía planeado, cambiaria todo. Esperaba estar en lo correcto esta vez, por no subestimar los parámetros de ese retorcido y absurdo amor que aquellos demonios se tenían, pues de nuevo le arruinaron los planes. Para colmo, su mayor anhelo no había venido a él cómo hubo pensado, y cuando pensó que su victoria estaba asegurada, que el odio era intolerable y que no había forma alguna de arreglar nada que ya estaba roto, esos dos locos le demostraron lo equivocado que estaba, reflejándose en las cadenas que tenía por su brazo y que, poco a poco, le iban quitando más energía sin necesidad de permisos.
Comenzaba a exasperarse. Demasiados años planeando con recelo y detalladamente una gran estrategia para acabar así. Debía terminar el asunto por el mismo. Estaba harto de seguir fracasando, de ver al demonio de sus fantasías con otro, cansado de perder y de esperar. Si no venía, entonces él lo haría.
Miro las perlas y no le costó encontrar a los tesoros que le faltaban. Ya tenía uno en su poder, el último que Youko buscaba, y que pronto se uniría a sus hermanos. Y él conocía la Clave, seria sencillo, sería perfecto. Sin fallas esta vez.
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Kurama miro atónito la aparición de Yusuke, cargando una computadora portátil, tomando asiento junto a él y mirándole con advertencia.
Todavía sin creérselo, afirmo con la cabeza y el abrió la máquina, visualizándose en su pantalla la distinguida oficina de uno de los seres más importantes en el Rekai.
-¿Qué sucede? Deja de temblar y habla de una vez- exigió la voz de un infante, muy lejos de donde la pantalla captaba.
Kurama se reprimió una risita. Por Kami, con todas las reglamentaciones y exigencias, ¿El hijo de Enma usaba tecnología ningen para comunicarse? Es más, ¿Desde cuándo Yusuke sabía de máquinas más que para golpearlas cuando fallaban?
-¡Oh, ¿Por qué no me avisaste antes, tonto?!- grito de nuevo la voz de un niño, dirigiéndose a su empleado, al que aparto de un empujón para subirse a una gran silla roja, justo frente al computador. Primero que nada reconoció a Yusuke y se acomodó mejor, sin notar que al otro lado de la pantalla se encontraba Kurama- ¡Yusuke, al fin! ¿Hay noticias?
-Pues, algo así…
-Disculpe que tengamos que vernos así de nuevo.
Koenma casi escupe su chupete. Se sobo los ojos con fuerza, imaginándose que debía ser una espantosa mentira. Youko Kurama…con su Detective Espiritual…
-¡Yusuke! ¡¿Qué significa esto?!
-Es Kurama ahora, Koenma. No tienes jurisdicción sobre él.
-¿De dónde sacaste eso?- rugió el bebe, indignado y asombrado-¿Está en tu casa? ¿Tienes idea de lo que estás haciendo?
-Sí, romper algunas reglas y violar mis códigos como detective y bla, bla. Pero esto es serio, Koenma. No te llamamos por nada.
-Esto no puede estar pasando.
Yusuke era un inconsciente y un inmaduro, no pensaba en los demás. Él no podía imaginarse siquiera el castigo que le daría su padre si se enteraba que su mejor detective resguardaba a un demonio de elite. ¡Lo iban a nalgar ochocientas veces!
-No voy a arriesgarme, Yusuke.
-Escucha, Koenma, seré claro contigo- Empezó el moreno, con un gesto de manos despreocupado. En un santiamén, cambio su cara a una de temer- ¡Esta película de batidas y acoso de tus soldados me tiene harto! Aparecen en todos lados diciendo "es asunto confidencial" y me opacan de en medio cuando yo, más que nadie e incluso que tú, tengo el derecho de interferir. ¡Hiei es mi compañero! El trabajo para ti durante años y no permitiré que le des la espalda, ni cuando su esposo resultara esto que es.
-Yusuke…
-No me importa qué diablos estés planeando hacer, Kurama, y tampoco lo que el Mundo Espiritual haga…lo que si sé es que esto es injusto, y me repugna.
Desde la pantalla, pudieron ver las manos temblorosas de Koenma, un evidente signo de nerviosismo por la demanda.
-¿Qué quieres, Yusuke? No sé dónde está Hiei, lo perdimos de vista, y viendo que Youko está junto a ti…
-No es Youko. Es Kurama. Y voy a decir algo mas- le señalo con descaro- Sabes perfectamente que Hiei ha hecho mucho por ti y por ese ejército que ahora lo persigue, no vayas a decirme que fue por otra causa porque de todas formas acepto tu oferta y tú, si tuvieras vergüenza, harías algo por él.
-¡No puedo dejarlo libre!
-No hablo de eso- Yusuke sabía que eso era imposible- Te pido algunas respuestas, para mí y Kurama.
-Yusuke…No puedes pedirme algo así. Sabes que no puedo.
Kurama apoyo su mano en el hombro del detective, interrumpiéndolo antes de otra exaltada declaración.
-Gracias, pero quisiera hablar yo.
-¿Estás seguro?
-No puedo ser indulgente, con ninguno de ustedes- hablo Koenma, con la seriedad justa para el asunto- Yusuke, sabes que estás propasando la línea. Es imposible para mí revocar los cargos que tienen Youko Kurama y Hiei, tú también debes saber que ya no tiene oportunidad. Violo el contrato que hicimos y se dejó perseguir. Ha vuelto a ser un criminal prófugo y las Fuerzas Especiales están más que dispuestas a ir por él.
Kurama suspiro internamente, conmovido. Por quedarse a su lado Hiei se había degradado y convertido en un detective a mala gana, y ahora, descubierta la verdadera identidad de ambos, regreso a su reputación criminal cuando trato de abandonarlo y matarlo.
Hiei había entregado su orgullo por él y tenía mucho que perder. Se sintió identificado más que nunca con él.
-No puedo ayudarlos, chicos.
-Koenma- murmuró Kurama, mirándolo fijo desde la pantalla- Solo una pregunta.
-Dime.
Trataría de ayudarlos, en lo que pudiera. Con lo poco que trato con el Youko humano sabía que no era como el Youko demoniaco. Además, si Yusuke había hablado por el merecía su atención, también todo lo que pudiera aportar. Si Yusuke respetaba tanto a alguien debía ser importante.
-Hiei y yo. ¿Qué opciones tenemos?
Koenma lo miro sorprendido, junto ambas manos sobre su escritorio y entrecerró los ojos con gravedad.
-Creo que sabes esa respuesta- dijo, bajando la cabeza y luego levantando el mentón, en un movimiento clásico del suspense- Sus caras están por todo el Makai y el Rekai se siente amenazado. Esta es mi idea. Si huyen, si se esconden por separado, podrán sobrevivir a las Fuerzas Espirituales, a sus acosos y persecuciones. Sin embargo, si permanecen juntos no tendrán paz. Los atraparan y ambos tendrán la misma suerte, esta vez, sin escapes monstruosos ni incendios que valgan.
Kurama parpadeo y asintió poco después. Lo entendía.
-No es mi asunto pero…- Yusuke miro al pelirrojo con algo parecido a la simpatía- Nunca se sabe lo que hará Hiei. Ni siquiera yo puedo confiarme mucho de él cuándo vamos a una misión de muerte. Deberías… buscarte otro sitio, sin él y olvidarte de esto.
Jamás le sorprendió tanto algo que Yusuke dijera, y menos con esa seriedad de conocedor. Había cambiado mucho con el papel de detective. Sabía lo que convenía, lo políticamente correcto que había que hacer, que intentar.
Pero…no podía imaginar otra vida distinta a la que tuvo con Hiei y menos construir una nueva. Había mentido hasta el hartazgo pero jamás falto a su palabra y aceptar la oferta seria serle más que desleal a Hiei, era como traicionarlo.
Yusuke no conocía a Hiei. Como lo trato los últimos siete años y lo que tuvo que soportar. Solo Kurama pudo ver la derrota del Jaganshi, humillado por sus sentimientos. Lo justo no era quedarse con él y confiar en que podían salir adelante, nada de reglas u opciones importaba ya, lo que realmente importaba era lo que quería hacer.
-Tú no entiendes, Yusuke- acabo por decir, sorprendiéndolo tanto como a Koenma- Hasta hace un tiempo, no conocía a Hiei de nada. Pero…- esbozo una sonrisa de ternura, bajando un poco la voz- Hoy, Hiei es parte de mí, más que nunca.
El joven sonrió con los ojos cerrados e iba a decirle algo más cuando escucharon a la pequeña ventana de la cocina abrirse. Habían tantas cosas que urgentemente debían estar en la basura que pudo escucharse a la ventana correrse por completo. De repente, Koenma corto la comunicación.
Yusuke estaba a un segundo de levantarse y enfrentar al intruso pero entonces reconoció un yoki a la velocidad de la luz, que había pasado por encima de la basura del suelo.
- Este lugar cada vez es peor.
Su tono era fácilmente reconocible. Grave, áspero y siempre provocando.
- ¡Hiei!- Iba a sonreír cuando recordó algo que lo dejo inmóvil. Miro hacia el pelirrojo, sentado tranquilamente ante la aparición- Kurama…- Y otra vez, Yusuke era directo y no pensaba antes de hablar- ¿Podemos confiar en él?
Hiei deseo patearle en el estómago pero se contuvo.
- Si, Yusuke. Hiei, ¿y la situación afuera?
- No me ha seguido nadie.
Kurama asintió, regresando su atención al rostro confundido de Yusuke.
- Estamos juntos en esto.
- ¿Es…de verdad?- Kurama afirmo con cabeza, paciente. Yusuke se sentó de nuevo, completamente fuera de contexto- Hace solo unos días ambos querían matarse sin reserva alguna y ahora están en paz. Perdóname si no le sigo el ritmo a la trama…
- Es comprensible- le sonrió el pelirrojo, con ligera incomodidad.
- ¿Están bien, en serio? Kurama, dime que pasa porque no entiendo.
- Todo se ha resuelto.
- No creo que "todo" sea "todo".
Kurama suspiro. Tenía razón.
