La Meta del Ladrón
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- Como no había helado, Hiei se fue a vigilar. Dijo que regresaría con algo que necesitaran- Se sentó frente a Kurama, alejando de una patada una lata vacía del suelo. Si no fuera por la decadencia de fuerzas, el pelirrojo hubiera hecho acto de limpieza- ¿Irán a algún sitio?
- No lo hablamos, pero deberemos ir al Makai, donde nuestro yoki es casi irreconocible entre tantos si lo reducimos a los de clase inferior.
- ¿Abandonaras el mundo humano?
- Quisiera quedarme. Volveré cuando todo se calme.
Yusuke deseo decirle que era imposible pedir un receso a las Fuerzas Especiales, menos cuando hacía un mes se burló de ellos destruyendo el castillo de Koenma. Por primera vez en lo que iba de la charla pensó antes de hablar y supuso que Kurama tenía algún tipo de plan, y que siendo el detective espiritual no podía contárselo libremente.
- ¿Sera seguro viajar con Hiei?
- Sí. Nos reconciliamos. Podemos confiar en el otro, ya sin secretos.
Le sorprendió la pregunta de Yusuke. Sonaba a que dudara de la lealtad de Hiei, habido sido su compañero tantos años.
- Conozco el temperamento de ese tipo, y en estos últimos meses no ha hecho más que sorprenderme… Lo hizo cuando te conoció. El cambio. Creo que caí al suelo al darme cuenta que no bromeaba cuando me dijo que iba a casarse…
- Yo también he cambiado.
Habían vivido bajo máscaras de mentiras pero en el fondo habían detalles sinceros, cambios reales, que hablaban de su verdadero yo secreto.
- No debería hablar de mis planes con el detective espiritual de Koenma…
- Eres inteligente, no me dices nada que yo no pueda deducir por mí mismo, que te iras al Makai con Hiei y esas cosas, aunque las Fuerzas Especiales harán escándalo…
- ¿Podrías contarme como van las cosas en el Makai? Solo fui para robar hace unos meses y no indague más.
Vio en los ojos de Yusuke la curiosidad y la intriga. Le urgía saber que buscaba con los tesoros, que obtendría, porque lo hacía si era Shuichi y no Youko. Agradeció que no mencionara nada.
Le informo de los detalles más relevantes, o al menos de los que recordaba como tales, mientras la noche envolvía el cielo. De haber sido un escenario más…decente y organizado, Kurama habría disfrutado de su primera comida en veintiséis horas. Una sopa de verduras recalentada, hecha por Keiko. Miraba con reprimido desagrado el desastre que el detective había hecho y que, aun frente a él, hacía en aumento.
Antes de sugerirle por quinta vez que alguien debía encargarse de la limpieza de la casa, escucharon que Hiei regresaba por una de las ventanas. Traía un tipo de bolso oscuro por su brazo pero no dijo palabra al respecto.
- Puedes ir arriba, Hiei.
La sugerencia de Yusuke no fue tomada en cuenta, porque el demonio ya subía a las escaleras. Kurama volteo a mirar al moreno con extrañeza.
- Cuando Hiei tiene problemas, también viene aquí.
Días y semanas de ausencia, seguramente pasándolas ayudando a Yusuke o en el Makai, hacían a Hiei más tolerante a los casos extremos. Demasiados secretos que faltaban por conocer. Pidió permiso a Yusuke para tomarse un baño, después buscaría lo que necesitaba del jardín.
Aseado y con nuevas vendas, interrumpió su caminar por el pasillo al sentir el yoki de Hiei disminuir rápidamente. Corrió con apremio a una puerta en especial. Sabía que se encontraba dentro. Con premura, abrió la misma y lo vio.
Hiei estaba sentado sobre el umbral de una ventana abierta. Una pierna alzada con una mano encima, la otra la tenía resguardada de telas que, reconoció Kurama, se trataban de vendas especiales para contener yoki si este era muy poderoso para controlarlo el portador.
Los potentes ojos rojos captaron su repentina aparición y le observaron en silencio.
- ¿Por qué no te vi con esas vendas cuando vivíamos juntos?
- Este es el mundo humano. No hay peligros reales como para usar todo mi poder.
- Pero, aparte del Jagan, tienes otro, ¿no es verdad?
Hiei sonrió, bajando su mano vendada.
- Tengo otra habilidad. Dejare que te sorprendas.
- Me imagino que tipo de poder es- dijo Kurama, a voz calmada- Y que debe ser muy poderoso como para no usarlo aquí.
- Así es.
Yusuke los llamo para informarles de un mapa de portales hacia el Makai que tenía guardado. Kurama reconoció rápido las direcciones, mientras que Hiei no tomo con gracia que le informaran cosas que el mismo podía saber por obra de su Jagan.
- Hiei, ¿Te quedaras aquí hasta mañana?- le pregunto Yusuke, habido discutido con Kurama los términos de su fuga esa misma tarde.
Un asentimiento fue la respuesta del arisco demonio.
- Bueno, no sé dónde Keiko guarda todo y solo encontré un futón…- Yusuke se rasco atrás del cuello, un poco nervioso- Así que…Se los pido, no se pongan cariñosos…
Hiei le dirigió una mirada cargada de intenciones homicidas pero pronto desvió su atención hacia la habitación reservada y sin palabras se metió en ella. Kurama, divertido por dentro, sonrió simpáticamente.
- Trataremos de no hacerlo.
Le dio las buenas noches y entro a la habitación para huéspedes. Hiei estaba de pie observando la ventana con un aura misteriosa. Camino hacia él, sintiendo una repentina tensión en el ambiente. Deseo abrazarle por la espalda y preguntarle en un susurro que le ocurría, mas no le dio tiempo.
- ¿Conoces a Mukuro?
Sus piernas se detuvieron. Se frustro e hizo memoria en cuanto oyó el nombre.
- Si, es una de los gobernantes del Makai.
Un breve silencio se instaló al tiempo que observaba el perfil de Hiei, más atractivo ante la oscuridad natural del cielo por parte de la ventana abierta.
- Me pidió ser su heredero y acepte.
No se esperaba que le dijera algo así. Tardo un poco más en reaccionar, pero la gran pregunta se expulsó al instante en su boca.
- ¿Desde cuándo?
Un demonio, un guerrero. Hiei era el único que dominaba el Jagan en todo el Makai y ahora…El heredero de Mukuro. ¿Qué más no sabía?
- Acepte ayer.
- Pero, volveremos al Makai…
- Yo iré al Makai y me quedare con Mukuro y su gente a cumplir mi parte.
- ¿Decidiste por Mukuro?
- Le di mi palabra, acepte su trato.
Rompió su admiración hacía del cielo nocturno y se giró a ver a Kurama, que lo miraba taciturno y sorprendido.
- Ya rompiste tu palabra antes.
Hiei odio esa alusión. Por Kurama, por el desengaño y el odio que había sentido por su culpa, había tomado la elección que Mukuro quería que tomase.
- Es suficiente con romper una.
Deseo reclamarle. También había quebrantado la promesa de su matrimonio, muchas de sus reglas, cuando le mintió y lo engaño con su doble vida, al lastimarlo e intentado matarlo. Cerró la mano en un fuerte puño.
- ¿No cambiaras de idea?
- No.
Brutal e insensiblemente honesto.
- Hiei, ¿Conoces un elemento mágico llamado "The Chain Viola"?
La reacción de Hiei fue inmediata. Sus ojos rojos se concentraron en la cara del zorro.
- He oído de él. ¿Qué pasa con eso?
- Es uno de los tesoros en la lista de Youko. Muy probable el ultimo, pues podría llevarnos a nuestra gran meta.
Ahora Hiei estaba molesto.
- ¿Vas a robar de nuevo?
- Yo también entregue mi palabra.
Se miraron con la misma expresión en sus ojos. Desafió y provocación.
- Buenas noches, Hiei.
Sabía que no iba a replicarle, no cuando había usado un argumento similar al suyo, y que por ende no hablaría. Prefería terminar la conversación de forma amigable, aunque estuviera muy distante de serlo.
Cuando se recostó en el futon y pasaron los minutos se sorprendió de la debilidad de su cuerpo. Estaba agotado. La tensión y la persecución anterior lo habían mantenido muy activo como para sentir el peso de las heridas, del cansancio y su baja de energías. Habían sido demasiadas emociones y mucho movimiento.
Al despertar, con el cuerpo más pesado y fatigado, las imágenes de lo sucedido le hicieron saber porque estaba sobre un futon cualquiera y rodeado de impurezas. Todavía era de noche. La ventana sin cortinas así se lo informaba. Vio una figura más oscura contra la pared. Reconoció a Hiei, sus ojos cerrados y su respiración acompasada. También estaba agotado.
Silenciosamente, escapo del futon sucio y se acercó hasta quedar a poca distancia. Contemplo su rostro y busco el detalle en su frente. Era un ladrón, se suponía que sabía encontrar lo que estaba oculto pero el Jaganshi había logrado esconder excepcionalmente su marca demoniaca.
Levanto con cautela su mano hacia el rostro del durmiente cuando su muñeca fue apresada por una mano caliente.
- No seas atrevido.
Con eso, disminuyo la fuerza con la que sostenía a Kurama.
Siempre activo el demonio. Sin embargo, el pelirrojo recordó que hubieron veces en las que Hiei realmente descansaba sin reservas ni preocupaciones. Lo sabía, lo había visto regularmente durante años.
- Es tan extraño…- Alzo su mano libre a la que Hiei sostenía, encima de la suya. Sonrió para extrañeza del otro- Pudimos habernos matado con estas manos.
En las sombras de la noche, reconoció la seria mirada rojiza de Hiei. Pronuncio una pequeña disculpa que se perdió al momento que Hiei tomo posesión de su boca en un beso impetuoso.
Atacado por sorpresa no pudo responder los primeros segundos pero, al empezar a hacerlo, sus labios se separaron al tiempo que se recostó en el suelo por un bruto empuje. La calidad del futon era ligera y apenas perceptible, como el suelo mismo, pero no interesaba sobre que estaba, sino quien estaba sobre él, contemplándole a nueva cuenta con decisión y deseo antes de besarle. De repente, ya no sentía cansancio o fatiga. Sentir a Hiei cerca era lo que necesitaba para recuperarse de cualquier mal pasar.
Al demonio de fuego le molesto el comentario de Kurama y lo primero que se le ocurrió para callarlo y hacerle sentir seguro fue besarle. Fue un impulso el que lo hubiera echado al suelo, no lejos del suave futon, y acomodarse sobre él. La piel, tersa y suave, de Kurama incentivo a sus bajos instintos.
El muchacho murmuro algo al sentir que le tocaban bajo la ropa.
- No…Recuerda que Yusuke dijo…
- Y todo lo que dice Urameshi es ley sagrada para mí- bufo a sus palabras, con notable sarcasmo ante el uso de tan patética excusa.
- Hiei- El aludido lo miro con el ceño fruncido cuando le mimo las mejillas con sus manos- Quiero el divorcio- Su pícara sonrisa se amplió cuando Hiei comprendió sus palabras y, en vez de responderle, lo beso con fiereza.
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Froto su frente ligeramente sudada con el dorso de su mano, pensando en lo siguiente que debía hacer, mientras sus ojos exploraban el techo. Hasta el techo estaba sucio de telarañas. Hizo una mueca y volteo a su izquierda.
El cuerpo de espaldas de Hiei se resaltaba con las tenues luces de la mañana temprana, provenientes de la ventana despojada de cortinas. Se veía distante y misterioso, al igual que atractivo y encantador.
- ¿Es idea mía…- Se quitó la mano de la frente. Ya tenía suficiente calor- O somos mejores compañeros inmorales que una pareja de humanos tontos?
Hiei se apartó de la ventana y le dirigió una mirada extrañada.
- Haces preguntas raras.
- Te diré porque estoy robando, Hiei, pero ven conmigo a terminar el trabajo.
- ¿Qué has dicho?
- Ambos iremos al Makai por razones distintas pero podemos equilibrarnos. Buscare el tesoro que falta, y tu iras con Mukuro pero, con la propuesta que te ha dado, tendrás más acceso a lugares prohibidos si llego a necesitarlos…
- ¿Pretendes utilizarme?
- Jamás. Quiero terminar con esto.
- ¿Por qué es tan importante? Robaste a Raizen, en un lugar repleto de monstruos, después en el mundo de los humanos. ¿Qué estás tramando?
- Estoy buscando la Clave. Quiero, y Youko igual, encontrar la Fuente uniendo los tesoros…
- ¿"La Fuente"?
- Si- murmuro bajamente. Escuchaba los reclamos de Youko en su mente, quejándose por involucrarlo- ¿Conoces esa leyenda?
- Nunca me intereso porque es demasiado… surrealista.
- Yo la sigo, he estado buscándola desde antes de nacer. Youko la considera su mejor logro y seria su triunfo celebre, si la consigue.
- ¿Esa cosa es cierta, en serio?
- Lo es. La gema Nogard es parte de los Cuatro Elementos, junto a los demás que he robado. Youko ha robado otras cosas en el camino para confundir a nuestros perseguidores si buscaban relación.
- ¿Persigues esa historia tonta?
- No es tonta. Es real.
- Bien- Se cruzó de brazos, recostándose contra la pared. Kurama reconoció sus ojos suspicaces- ¿Robaste a Raizen como parte de tu juego "de distracción"? Pudiste haber muerto, Youko es tú, ¿no?
- No…- El tono cuidadoso con el que había hecho la pregunta le reconforto. Se preocupaba por el- Necesitaba alguna pertenencia de un gran demonio. En ese tiempo Youko no era lo suficientemente poderoso. Pensó en robarle a Yomi, el rey de ese entonces, pero ya bastante lo había humillado con lo que le hicimos…- Hiei no supo discernir si estaba sonriendo con burla o por algún recuerdo divertido- Y Mukuro no estaba cuando todo empezó… Así que, era Raizen o esperar al próximo rey.
Hiei no sabía si creer en eso. Por un lado, Kurama era demasiado inteligente como para caer en la trampa de una leyenda. O Kurama estaba equivocado y persiguiendo ingenuamente una utopía o esa historia era posible.
- Pensaba que, aun siendo un zorro demonio, eras humanitario- Kurama le dirigió una extrañada mirada- Eres realmente ambicioso. Si recuerdo bien, cuando obtengas todas esas cosas que necesitas…Te volverás…
- Muy ambicioso, sí, pero…No es lo que crees.
Hiei gruño, fastidiado. Primero le decían cosas y luego le rebatían que no entendía.
- Vale lo mismo lo que yo crea.
- Te estoy pidiendo…Que me ayudes a encontrar lo que falta. No te lo pido por provecho pero me ayudaría mucho si usaras tu Jagan para encontrar la "Chain Viola".
- ¿Ganaría algo más que beneficiar a un demonio a ser más fuerte que yo?
Kurama parpadeo. No se esperaba ese tipo de réplica.
- Hiei, comprenderás todo cuando complete los Cuatro Elementos y descifre la Clave.
Hiei no estaba seguro de eso. Él no era de pensar demasiado pero necesito un poco de tiempo para asimilar la información. Kurama lo entendió y se reincorporo, buscando su ropa para vestirse, pero en eso escucho un chillido de dolor, atrás de él. Vio con sorpresa la mano extendida de Hiei, quien había lanzado una bola de fuego a un pájaro cerca de la ventana. La pobre criatura chillo hasta convertirse en cenizas.
- ¡Hiei! ¿Qué hiciste?
- Vayámonos ahora.
- ¡Hiei!- Quiso que se explicara pero justo vio a dos pájaros negros aproximarse a la ventana, revoloteando con fuerza. Tenían las mismas características que el incinerado y su apariencia le sacudió una retrospectiva. Los había visto antes- ¿Esos son…?
- Muévete.
Abandono sus ideas y lo siguió, afuera de la habitación. Si el Maestro del Jagan decidía huir en vez de enfrentar una crisis era porque el caso debía ser grave.
- ¿Los conoces?
- Siguen a un chiflado.
Kurama suspiro. Nunca entendía cuando Hiei le contestaba con sarcasmos.
