Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y todo lo relacionado a la historia canon que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.
Summary: A veces la realidad y el tiempo pueden ser muy extraños. A veces el futuro es tu pasado y el pasado tu presente, porque la línea que los divide en el fondo se volvió extremadamente difusa. Pero gracias a esto, ahora pueden cambiar las cosas. Pueden elegir algo distinto, algo que no lleve al mundo a su aniquilación total…
Días De Nuestro Futuro Pasado.
Capítulo XII
"Una Vida Feliz – Parte I"
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—DIALOGO NORMAL—
—(PENSAMIENTO)—
—"PARSEL"—
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Todavía estaba oscuro a esas horas, poco antes del amanecer. La niebla se arrastraba por los campos en los valles de la región de Dufftown, envolviendo las ruinas de la alguna vez orgulloso pueblito con una inmensa historia y antigüedad. No se oía ningún sonido, ninguna ave cantaba su canción todavía, ni siquiera las cigarras, que estaba siempre presentes, estaban despiertas. Todo ser dentro y cerca de la única casa habitada aún estaba dormido.
Al menos hasta que un, ya bastante familiar, lloriqueo perturbó la paz matutina.
—Mmm… Harry… —dijo una voz cansada con un murmullo —. ¡Harry!
—¿Qu-qué pasa…? — dijo otra voz no menos cansada en forma de respuesta —. Sólo cinco minutos más. ¿Está bien…?
Dado que su anterior leve golpeteo con el pie no trajo el resultado deseado, Hermione decidió patearlo un poco más fuerte.
—Es tu turno….
Harry suspiró al incorporarse lentamente, sus ojos aún cerrados.
—¿Cómo es que siempre es mi turno…?
—Porque sos el mejor padre y esposo en este mundo y harías lo que fuera por su familia.
Él sonrió cansinamente. Sus palabras probablemente habrían sido más alentadoras si él no fuera el único padre y esposo de este mundo, y si ella no hubiera usado ese cumplido tan a menudo que ya no era más que un susurro somnoliento ahora.
—Lo más seguro es que tenga hambre de todas formas, así que tú tampoco vas a regresar a dormir.
Sólo dando una risa ahogada ante el fuerte gruñido que obtuvo de respuesta, lentamente se paró. No tenía ganas de discutir por algo que realmente no le importaba, no tanto al menos. Claro, a él también le gustaría quedarse un poco más en la cálida y confortable cama y estaba rezando por la noche que pudiera finalmente dormir entera otra vez. Pero Hermione tenía razón en algo: Él haría lo que fuera por su familia.
Antes de que lo supiera, ya estaba enfrente de la puerta con ese familiar signo en forma de luna llena. El día que habían regresado del hospital, lo habían pintado y lo habían decorado para la nueva ocupante de la habitación. Ya habían pasado poco más de dos meses desde entonces.
Aún podía recordar cuán largo había sido el viaje de regreso. Hermione se había rehusado a soltar a su hija todo el día, sin importar qué tan a menudo le dijo que sería mucho más seguro usar el asiento para bebés. Si Hermione hubiera peleado ese día de su forma usual, tal vez hubiera sido capaz de persuadirla. Pero no había tenido oportunidad contra la aún cansada, pero a la vez serena sonrisa que había lucido todo el tiempo, así que eventualmente se había rendido cuando suavemente ella le pidió que sólo manejara con extra-cuidado.
Para satisfacer otra demanda a la que nunca habría sido capaz de negarse, abrió la puerta y entró al dormitorio de Luna.
Rápidamente, se paró enfrente de la cuna donde su pequeña hija lloraba por atención. Gentilmente levantó a la niña en lágrimas, meciéndola levemente. Ya había crecido notablemente en tan poco tiempo, pero aún se veía tan frágil. No obstante, no era tan malo como había sido al principio, cuando temía lastimarla con el más mínimo tacto equivocado.
Sus dedos pasaron de forma tranquilizadora a través de la pequeña mata de cabello rubio mientras inhalaba el dulce aroma de talco para bebé que la rodeaba, la mayor parte del tiempo al menos.
—Shh —dijo Harry de forma susurrante mientras se daba la vuelta para salir de la habitación —. Te vamos a dar algo de comida. ¿Hm?
No supo si fue su calidez y su tono tranquilizador o si ella de hecho entendió que sus demandas estaban a punto de ser cumplidas, pero su llanto se suavizó a un leve gimoteo.
Cuando entraron al dormitorio, Hermione ya se había puesto cómoda en una posición sentada con la almohada a su espalda contra la cabecera de la cama. Sólo intercambiaron una sonrisa de entendimiento cuando cuidadosamente le pasó su bebé a los brazos en espera de su esposa, antes de regresar él mismo a la cama.
Hermione también susurró unas palabras tranquilizadoras mientras acomodaba a Luna en su regazo y se levantaba la parte superior de su pijama. Mientras miraba la boca de Luna expectante a su seno y empezaba a alimentar al infante, cuidadosamente sosteniéndola y acariciando la parte trasera de su pequeña cabeza; Harry no pudo evitar sino mirar fijamente a las dos cosas más importantes en su vida, reflejando la sonrisa contenta de su esposa mientras eventualmente se perdía a sí mismo en esa vista.
—¿Y qué estás viendo? —la pregunta de Hermione no era de un tono muy amenazador, pero finalmente lo sacó de su trance. Ciertamente ella nunca había perdido esa sonrisa —. No estás celoso de tu propia hija. ¿No?
Dio una risa ahogada y sacudió su cabeza.
—No —le dijo Harry —. Pero viéndolas a ustedes dos así siempre me recuerda lo mucho que te amo…
—Tonto —lo regañó ella, antes de plantar sus labios en los de él en un breve beso —. Si no me gustara tanto, te golpearía por ser tan cursi.
De nuevo dio una risa ahogada antes de que su tono se volviera un poco serio.
—Me alegro de que amamantarla de hecho funcione, y tan bien hasta ahora. Pero aún no estoy seguro si será suficiente hasta que ella pueda comer alimentos sólidos.
—¿Entonces qué quieres hacer? ¿Buscar una vaca después de todo?
—Bueno, una cabra sería más fácil de mover…
—¿Leche de cabra? ¿Tratas de envenenar a mi bebé? —dijo ella con una sonrisa burlona. Notando que Luna había dejado de succionar, colocó a la niña sobre su hombro, levemente dándole palmadas en su pequeña espalda —. Además, no te quejaste hasta ahora. ¿No es cierto? —Hermione le preguntó a la bebé, obteniendo como respuesta un eructo de aprobación por parte de su hija.
—Oh, no es justo cuando ustedes dos se ponen en mi contra. —exclamó Harry tratando de quejarse, aunque no pudo evitar dar una risa ahogada.
Había estado consternado por todo el asunto del amamantamiento, no sólo si el cuerpo joven de Hermione era capaz de producir suficiente leche para satisfacer a Luna o si la bebé la aceptaría apropiadamente, sino también porque él había aprendido que podía ser doloroso para la madre.
Por supuesto, Hermione había zanjado eso al instante. Admitió que —se sentía un poco raro —pero rápidamente había añadido cómo la habilidad de realmente sentirse a sí misma alimentar a su hija era mucho más intenso que cualquier posible incomodidad. De esa forma, él realmente se había sentido un poco celoso.
Pero aún si no podía compartir una conexión tan íntima con su hija, haría todo en su poder para mostrarla a Luna lo mucho que le importaba.
—Ahora que ya estamos despiertos —empezó Harry eventualmente, su vista saliendo por la ventana a la oscuridad en retirada ante la llegada del amanecer —¿Nos vamos yendo?
Hermione asintió, sonriendo, sin mirar en otra dirección mientras gentilmente acariciaba el cabello de su hija que ya se había dormido en sus brazos otra vez.
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—Bueno, pasó algo de tiempo…
—Ya que la última vez no fue precisamente la mejor…
—Pero pudimos arreglar las cosas y ahora…
—Queremos presentarles a alguien.
Con esas palabras, Hermione presentó el bulto en sus brazos hacia el vasto océano que brillaba con los rayos del sol saliente en un profundo tono rojizo, a aquella gigantesca esfera negra, y quitando un extremo de la cobija de la cara de la niña.
—Esta es nuestra hija. Mundo: Esta es… dijo Hermione, le dio una sonrisa maliciosa a su esposo —. ¡Esta es Luna Potter!
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—¿Todavía te sentís incómoda sin luces artificiales?
Hermione no estaba segura a lo que él se refería al principio. Pero al mirar hacia las oscuras siluetas que alguna vez compusieron Dufftown, la memoria de esa discusión del tiempo en el que eran el trío dorado regresó, aun cuando en ese entonces la ciudad no había estado en ruinas y no había ninguna esfera gigante negra desmembrada en la distancia. De hecho, él había estado justo ahí con ellos.
La colina cubierta de árboles, fuera de los límites de cualquier ciudad, cuando ella se sentía horrible por seguir con él, el tiempo voló mientras simplemente se sentaban ahí, disfrutando la vista y la mutua cercanía en las sombras de los árboles detrás de ellos. Eventualmente, el sol se había puesto y una por una de las incontables estrellas habían aparecido en el cielo que se oscurecía. Luna ya estaba dormida en los brazos de su madre cuando la noche cayó, pero sus padres aún no tenían ganas de regresar a casa, tratando de mantener la atmósfera romántica por el mayor tiempo posible. El calor del día de verano se estaba disipando muy lentamente, así que Hermione aún no tenía que preocuparse de que la temperatura bajara mucho para la pequeña en bastante tiempo.
—Supongo que me acostumbré a ellas hasta cierto punto. Pero ya no hay humanos en ninguna parte ni magia que las produzcan, así que mi punto se mantiene, la luz era la esencia del hombre —respondió Hermione a la pregunta de su esposo secamente, recargando la cabeza contra su hombro. Pero al mirar arriba, una pequeña sonrisa apareció en sus labios —. Aunque también tenías razón aquella vez en el Bosque de Dean. No necesitábamos de él. Era innecesario el Desiluminador. El cielo es mucho más hermoso así. No necesitábamos que nos encontrara… fue lo mejor habérselo quitado.
Era difícil no sentirse así. Aún con la franja roja pasando a través de ellas, las estrellas brillaban fuertemente, intocables por nada que hubiera sucedido en este pequeño planeta. Pero aún contra semejante muestra abrumadora de inmensidad, Hermione no se sentía intimidada o pequeña por la noche como antes. Más bien se sentía bienvenida como parte de ellas.
—Luna tal vez haya sido aún más filósofa que yo, e incluso que sí misma, en ese entonces.
Esta vez fue Harry quien fue tomado por sorpresa.
—¿Huh? —exclamó él.
—¿Te acordas lo que dijo acerca de los humanos que sobrevivieron al dominar el fuego para escapar de la oscuridad cuando tuvimos que volver a Hogwarts? Aparentemente ella sólo quería decir que la ventaja humana de la ciencia, la cual nos permitió evolucionar en lo que nos convertimos, nació del miedo. Pero me pregunto si acaso no se referirá más bien a algo dentro del corazón humano. Que, sin ese fuego, esa luz dentro de nosotros, terminaríamos consumidos por esa solitaria oscuridad.
Un fuerte suspiro le permitió ver el bulto en sus brazos y sonrió al ver y sentir a Luna tratando de apegarse lo más posible contra el cálido pecho de su madre mientras dormía.
—Tengo mi más brillante luz justo acá. Y la voy a proteger de la oscuridad al igual que ella lo hizo por mí luego de lo que me hizo Bellatrix, por nosotros. Estoy segura, de que mientras nos tengamos los unos a los otros, no habrá nada que pueda lastimarnos.
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—¡Ouch!. ¡Luna!. ¡Luna, por favor alto! —exclamó Hermione con una mueca de dolor cuando la punzante molestia regresó otra vez —. ¡Ah!. ¡Luna, estás lastimando a Mamá!
Sin embargo, la divertida bebé en sus brazos no podía entender el significado de su tono suplicante. Cuidadosamente, Hermione trató de desenredar el mechón de cabello suelto del agarre de su hija con una mano, pero el ángulo tan cercano y el miedo de tirar a su hija accidentalmente en el proceso le dejó únicamente las puntas de sus dedos para trabajar. Y para alguien tan pequeña, su hijita era bastante fuerte. Con ojos grandes, Luna miró a su madre mientras trataba de poner el cabello que capturó en su sonriente boca.
Eventualmente, Hermione se rindió.
—¡Harry!
—¿Qué pasa…? —dijo desde el pasillo, pero se interrumpió al entrar a la habitación de Luna y ver el predicamento de su esposa —. ¿Te está tirando el pelo otra vez? —preguntó lo obvio, ya moviéndose para ayudar.
—¿Ah? —Luna lo miró con confusión mientras la sostenía y desenredaba los mechones castaños de su pequeña mano. Antes de que pudiera empezar a llorar ante la pérdida de su juguete, Harry cuidadosamente la tomó de los brazos de Hermione y la sostuvo cerca.
—¿Se puede saber qué se trae siempre con mi pelo? —preguntó Hermione exhausta, aunque su pregunta no estaba dirigida a nadie en particular.
—Bueno, definitivamente le gusta —contestó Harry, colocando a Luna cuidadosamente en su cama —. Huele bien después de todo, y es de un color chocolate, repleto de rulos taaan brillantes —exageró las últimas palabras, haciéndole cosquillas a la bebé, quien respondió pateando salvajemente y con fuertes risas en su cara.
—No la molestes tanto —murmuró Hermione, sin verlo realmente mientras daba vueltas a su cabello entre sus dedos —. Es hora de su siesta, es por eso que quería acostarla en su cama.
—Está bien, está bien —susurró él ahora mientras colocaba las sábanas sobre su hija y le daba un beso en la pequeña frente. —Dulces sueños, mi amor.
La niña gimoteó un poco mientras salía de su vista, pero se forzó a sí mismo a ignorarla. Se dio la vuelta hacia Hermione y se acercó a ella, pero lo detuvo antes de que pudiera rodearla con sus brazos.
—¿Harry? —preguntó en voz alta —. ¿Podrías ir a buscar la tijera?
—¿Huh? Hicimos los cortes de cabello hace sólo unos cuantos días. —preguntó él sin entender.
Hermione suspiró profundamente.
—Ya lo sé. Yo… pienso que sería mejor si pierdo un poco más.
—¿Eh?. ¿Qu queres decir…?
—Bueno, sería más práctico. Quiero decir ¿Qué tan a menudo me olvidé de atarme el pelo, especialmente cuando ella está llorando durante la noche? —se giró hacia él, de alguna manera formando una débil sonrisa —. Y no es como si me amaras sólo por mi largo y alborotado cabello. ¿No?
La miró fijamente, aparentemente preguntándose si estaba seguro sobre esto, pero tras un segundo le regresó la sonrisa y asintió lentamente.
—Está bien, si es eso lo que queres. Prepárate. Regresaré en un momento.
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Hermione se estaba viendo a sí misma, sentada en una pequeña silla enfrente del espejo del baño. No podía negar la nostalgia que sintió ante su propia vista, sabiendo que otro aspecto de su vida estaba a punto de terminar. Se tensó al ver a Harry acercándose detrás de ellas, tomando un par de tijeras de los utensilios para cortar el cabello.
—Así que. ¿Cómo…?
—No-no demasiado —lo interrumpió, más severamente de lo que quería. Inmediatamente, se encogió de hombros otra vez —. Sólo lo suficiente para que ella… bueno, para que ella no sea capaz de alcanzarlo tan fácilmente. N-no sé… ¿Los hombros? —suspiró derrotada —. ¿Quizás un poco más arriba?
Él sólo asintió.
Hermione cerró sus ojos cuando él empezó su trabajo. No quería verlo. Ya era bastante difícil escuchar el tintineo constante de las tijeras mientras cortaban ese familiar peso de ella. Había tomado años para crecer y cuidarlo, y siempre había estado orgullosa de los saludables mechones enrulado, bueno, no lo había estado pero era suyo. Era una parte suya que estaba por ser removida. Una que la había diferenciado de las demás siempre. Y ahora sólo fue una cuestión de minutos hasta que Harry dio el último toque.
—Está bien, creo que ya terminé. —anunció él.
Ella inspiró profundamente dos veces, insegura sobre si realmente quería ver el resultado, pero entonces, titubeando, abrió sus ojos otra vez.
En realidad, él había hecho un trabajo decente. Su cabello ahora se detenía poco más encima de sus hombros, un poco más corto a los lados y sin lugar a duda no tenía mucho volumen como antes. Pero de alguna forma se sentía raro creer que la persona que la miraba de vuelta desde el espejo realmente era ella misma. Casi ausentemente, pasó su mano a través de los restos de su melena color chocolate.
—Me veo vieja… —declaró Hermione cansinamente.
—No —dijo Harry, sonriendo tranquilizadoramente mientras se inclinaba hacia ella —. Te ves como una madre…
Y por alguna razón, deshacerse de todo ese cabello revoltoso de repente no parecía tan malo después de todo.
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—¡Oh, no otra vez! —exclamó Harry, sosteniendo de lejos a su hija mientras corría con ella al baño. Si su cara de —Uh-Oh— no era suficiente para decirle lo que acababa de hacer, la peste seguramente lo era.
Hermione estaba ocupada cargando el lavarropa por segunda vez ese día, cuando entraron a toda velocidad, yendo directo a la mesa para cambiarla.
—¿De nuevo? —preguntó Hermione instantáneamente, igual de cansada que él —¡Es la tercera vez desde esta mañana!
—Ya lo sé —gruño Harry, ya quitándole a Luna su mameluco —. Si esto sigue así, tendremos que ir a buscar más pañales después de todo.
—¡Yo más bien me pregunto dónde poner todos los usados! No podemos gastar combustible con visitas diarias al basurero.
—¿Tal vez deberíamos usar los de tela?
Hermione señaló el montón de ropa a sus pies.
—¿Y tener que lavar aún más? —cometió el error de caminar encima de ella justo cuando Harry quitó el pañal —. Oh —cerró fuertemente sus ojos, tratando de alejar el hedor, mientras que Luna daba risitas ante las caras graciosas que le daban sus padres —. ¿Podría ser que haya algo malo con su digestión?
—Desgraciadamente, me temo que no —negó Harry sacudiendo su cabeza, mientras limpiaba a su hija tras arrojar el pañal lleno en la unidad de contaminación como tendían a llamarle al cesto de basura ahora. Mientras tanto, Luna sólo agitó sus dedos a sus asqueados padres mientras el talco para bebé era aplicado.
—Pero también está vomitando mucho —señaló Hermione, mirando al montón de ropas en las que la cena de ayer de Luna era fácilmente visible en su playera favorita.
—Quizás sólo le estamos dando demasiado… ¡HEY! —Harry protestó mientras era arrojado a un lado por su esposa.
—Déjame manejar esto. —anunció ella, tomando un pañal fresco de la canasta.
—¡Pero ella siempre está gimiendo cuando vos se los pones! ¡Los colocas muy ajustados!
Y ciertamente, el rostro de Luna frunció ligeramente el ceño cuando su madre jaló los extremos elásticos. Hermione sin embargo se mantuvo firme en su resolución.
—¡No, lo estoy poniendo correctamente! ¡Vos los pones muy flojos! ¡Tal vez le tome un poco más acostumbrase a ellos, pero al menos no se escurrirá después, lo cual sería mucho peor para todos nosotros! —explicó Hermione mientras volvía a vestir a su hija, quien, fiel a las palabras de su madre, ya se estaba olvidando de la apretada incomodidad cuando fue levantada de la mesa. Envuelta en los cálidos brazos de su Mamá, rápidamente regresó a su energética ella misma…
Por unos diez segundos.
—¿OTRA VEZ? —se quejaron al unísono.
Suspirando, Hermione empezó a desabrochar el mameluco de nuevo.
—Haceme acordar ¿Hasta cuándo vamos a poder empezar con el entrenamiento de la bacinica?
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—¡Ya llegué! —exclamó Harry, anunció en la casa mientras se quitaba sus botas y ponía la cubeta con los resultados debajo de las expectativas de su salida a pescar al lago. El fuerte llanto de Luna retumbaba en el aire, así que cuando no obtuvo respuesta, pensó que Hermione simplemente no lo había oído.
Que su interpretación estaba lejos de ser correcta se volvió aparente cuando su esposa entró corriendo al vestíbulo, meciendo a su hija en su hombro. Una mirada en los ojos rojos y llorosos de Hermione sólo aumentó la impresión de que algo estaba terriblemente mal.
—¡Harry! —sollozó Hermione al borde de la histeria —. ¡Ya quería ir a buscarte! ¡C-creo que está enferma! ¡Yo-ella-!
Harry no perdió el tiempo y rápidamente cerró el espacio entre ellos, colocando una mano tranquilizadora sobre su preocupada esposa quien instantáneamente hundió la cara contra su hombro, la otra en la espalda agonizante de su hija. Sintiendo a Hermione calmarse levemente, cuidadosamente tomó a Luna, sintiendo la temperatura de la bebé, pero sin encontrar ningún signo de una fiebre.
—Ella-ella estuvo llorando todo el tiempo —dijo Hermione le dijo sollozando —. Pero no hay nada en su pañal y no tiene sueño y tampoco hambre. Y no importa lo mucho que la cargue, ella no se calma.
—¿Probaste con su chupete? —preguntó Harry tratando de mantenerse racional, limpiando la humedad de las lágrimas y la saliva de la barbilla de Luna.
Hermione sacudió su cabeza.
—Está babeando demasiado. Tenía miedo de que le pudiera causar problemas para respirar. Pero tampoco parece que se haya tragado algo.
Él asintió en entendimiento mientras gentilmente metía un dedo en la boca de su hija, al cual ella instantáneamente se aferró como si tuviera pinzas. Sus mandíbulas no eran lo bastante fuertes como para lastimarlo, pero su reacción sólo era otra indicación para su suposición.
—Probablemente ella sólo quiere algo para masticar.
—¿Masticar?
Harry probó su mejor sonrisa confiada ante su expresión atónita.
—Creo que le están saliendo los dientes —explicó él con un tono tranquilizador —. No parecen haber salido todavía, pero supongo que eso podría ser ya cualquier día. Deberíamos tener algo para que ella muerda en algún lado; eso tal vez alivie… —se interrumpió al notar que Hermione no compartía su entusiasmo, pero se deslizaba al suelo pegada a la pared. Una mano temblorosa subió a su frente.
—¿D-dientes? —respiró antes de que los sollozos sacudieran su cuerpo mientras las lágrimas manchaban su cara.
Preocupado, Harry se acuclilló, con cuidado para mantener a Luna balanceada en sus brazos quien también estaba viendo a su madre con ojos preocupados.
—Hermione… —susurró Harry con un tono tranquilizador.
Pero ella solamente se encogió en sí misma.
—P-pensé… y luego ella sólo… —sacudió su cabeza —. Debí haberlo sabido. Debí haberlo sabido, pero no se me vino a la mente. ¿Qué… qué clase de madre soy?
—Hermione, no digas esas cosas. No sos una mala madre sólo porque no puedes leer instantáneamente cada signo que ella te da.
—P-pero esto no es darle un juguete equivocado o… o tratar de alimentarlo cuando sólo quiere que la abracen. ¡Debí haber sabido esto!
—Shh —trató de calmarla, liberando su dedo y poniendo su mano en su mejilla, secando las lágrimas de la sollozante mujer —¿Cuánto dormiste la pasada noche?
—¿Q-qué? —Hermione gimoteó, obviamente confundida ante la al parecer inapropiada pregunta.
—Noté que a menudo te quedas despierta como si esperaras que ella empiece a llorar en cualquier momento —dijo Harry, cambiando su posición para gentilmente mecer a Luna en su rodilla derecha quien parecía estar a punto de empezar a llorar otra vez.
—No… no lo sé —Hermione eventualmente admitió —Yo… yo sigo teniendo miedo de que ella pueda necesitarme en cualquier momento. El más mínimo sonido que hace me mantiene despierta en anticipación de más que vengan —suspiró con una expresión enojada; un signo para Harry de que se estaba regañando a sí misma —. Creo que a menudo sólo estoy imaginando cosas…
—Ahí lo tenes —aclaró —. Sólo estás cansada. Creo que Luna ha estado durmiendo mucho mejor que vos durante las últimas dos semanas.
—¡Ah!
El sonido hizo que ambos miraran a su bebé quien también estaba viendo a Hermione con una mirada consternada en sus brillantes ojos azules.
—¿Ves? —preguntó Harry sonriendo mientras su esposa cerraba la distancia entre las dos manos de la niña —. Ella tampoco quiere ver a su grandiosa madre triste.
Eso finalmente le sacó una pequeña risa a Hermione. Harry le dio un breve beso antes de continuar susurrando.
—Anda a descansar un poco. Me voy a encargar de ella por el resto del día.
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Una última vez, Harry revisó el contenido de las ollas en la hornalla antes de que estuviera lo suficientemente satisfecho y se diera la vuelta para salir de la cocina. Al entrar en la sala, vio a las dos mujeres de su vida mirándose la una a la otra.
Hermione yacía sobre su estómago, la cabeza descansando en su brazo izquierdo, mientras miraba fijamente a los ojos brillantes de su hija. Luna estaba sobre sus pequeñas manos y rodillas, moviéndose animadamente arriba y abajo mientras miraba a su madre desde su campo de entrenamiento. Habían colocado la manta acolchada en el suelo donde pudieran mantener un ojo en su hija donde ella pudiera hacer sus intentos de gatear en una superficie más suave que la alfombra.
Entre madre e hija, sin embargo, no estaban los juguetes usuales que yacían esparcidos en la sábana detrás de la bebé, sino nada más un trozo de papel y una caja de crayones, uno azul en el pequeño puño de Luna, dirigiéndose a su boca.
—¡Oh no no no, eso no es para comer! —intervino Hermione rápidamente, cubriendo la mano de Luna con la suya propia y llevándola abajo al papel, guiándola por la superficie para que la cera formara un círculo —. Así, pones eso en el papel y dibujas lindas líneas de colores.
—¡Ah! —los ojos de Luna se abrieron como platos, su mano libre chocando con el suelo en excitación ante ese nuevo asombroso descubrimiento, sonriendo ampliamente mientras miraba a su talentosa madre quien podía producir semejantes maravillas.
Harry, sin embargo, estaba mirando la escena con un punto de vista mucho más consternado.
—Eh…
—¡Oh hey! —dijo Hermione girando su cabeza al notarlo —. ¿Está lista la cena?
—Sí, pero… Hermione, yo… eh…
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Qué?
Suspiró, el tono llano de su voz advirtiéndole de lo inevitable.
—Ah, nada…
—¿Qué sucede Harry? —preguntó Hermione mientras que Luna, quien seguía examinando curiosamente el crayón en su mano.
—Bueno… ¿No crees que aún es muy pronto para que ella haga dibujos?
Hermione sólo giró sus ojos.
—Por supuesto que ella no puede dibujar una segunda Mona Lisa, pero estoy segura de que le gusta ver que puede crear algo, aún si sólo son un montón de líneas al azar. Además es Luna… seguramente va a crear algo que solo ella pueda realmente entender.
—Sí, pero temo que no sea sólo en papel sino también en las paredes, la alfombra, su ropa… y por supuesto su boca —concluyó él, señalando a su hija quien ya estaba tratando de probar la cera otra vez.
Sobresaltado, Hermione se giró de vuelta, tomando la pequeña mano de nuevo.
—¡Oh, Luna, no! ¡Te dije que eso no es para comer! —repitió suplicando la reciente lección, pero dada la mirada extrañada de la bebé, con el mismo pobre resultado. Hermione suspiró derrotada.
—Bien, si tenes tanta hambre, mejor vamos —murmuró a su hija, levantando a Luna mientras se incorporaba —. Papá ya tiene la cena lista después de todo.
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Ella, al igual que él, había peleado muchas feroces batallas, luchado contra personas que lanzaban luces luminosas de palitos mágicos, peleado al borde de la muerte por el bien de nada menos que la raza humana entera (y su ego). Pero ninguna de esas peleas había requerido tanta fuerza de voluntad, la había llevado tan cerca de admitir la derrota como las veces en que se enfrentó con estas armas definitivas: Los brillantes ojos azules de su hija.
—No me mires así —suplicó Hermione calladamente, meciendo a Luna en sus brazos mientras la llevaba a su cuna en el cuarto ya oscuro —. Ya sabes que es hora de que duermas.
—¿Eh?
Hermione suspiró cansada, pero al mismo tiempo no pudo evitar sonreír cuando Luna ladeó su cabeza, acercándose más en un intento de ganar más simpatía. Instinto materno o lo que fuera, de alguna forma estaba bastante segura de que su pequeña sólo fingía ignorancia, sabiendo realmente bastante bien que ya era hora de terminar el día.
Su pequeña… de hecho ya no era tan pequeña como solía serlo. Hermione siempre había girado sus ojos ante los padres que se lamentaban acerca de que sus hijos crecían muy rápido, pero que ella misma estaba enfrentando los rápidos cambios, había comenzado a entender un poco más semejantes comentarios. Luna ya había excedido la talla de tres vestidos y el rosa que estaba vistiendo ahora también estaba comenzando a quedarle ajustado. La fina mata de cabello rubio se había vuelto más bien gruesa y comparablemente larga, una buena pulgada cayendo libremente de su cuello.
Y no sólo era en términos de tamaño. Ella gateaba alrededor de la casa y el jardín tan rápido que Hermione casi se sentía vieja, teniendo que mantener el ritmo con la energética niña cada vez que Luna tomaba demasiado interés en los demasiado apetecibles, pequeños objetos, puertas abiertas que llevaban al mundo exterior o en las escaleras y otras alturas milagrosas.
Finalmente la habían hecho comer comida sólida hacía un tiempo, tanta como en realidad entraba en su boca claro está. No era que no le gustara, más bien lo contrario. La primera vez que Harry trató de alimentarla, había agitado tanto sus brazos de alegría a la primera degustación que accidentalmente había golpeado el tazón de su silla alta en tal ángulo que había sido catapultado en el aire, desparramando el contenido sobre su camisa antes de aterrizar en su cara.
Hermione aún tenía que dar una risa ahogada ante la memoria de él cubierto en el puré de zanahorias, el por supuesto que no. De todas formas, alimentarla aún era la mejor opción. No es como si ella no pudiera sostener una cuchara y ciertamente tampoco que no fuera capaz de llevarse algo a la boca con sus manos, aunque faltaba bastante coordinación. Pero más importante, ella a menudo olvidaba los contenidos de sus manos o a propósito empezaba a jugar con ellos, así que alimentarlo consumía mucho menos tiempo que tener que limpiar la cocina entera (así como también a la pequeña niña).
Aunque sólo era cuestión de tiempo para que la pequeña en sus brazos aprendiera eso también.
Pero Hermione no sentía la punzada de tristeza que usualmente venía junto con las consternaciones de algunos padres sobre los cambios. No, ella se sentía alegre, orgullosa cada vez que veía a Luna hacer nuevos descubrimientos, aprender nuevas cosas acerca del enorme mundo a su alrededor, obtener nuevas habilidades. Después de todo, era su hija, su pequeña niña. Verla florecer era el mayor logro que Hermione jamás obtuvo.
La madre pelirroja no se había dado cuenta hasta entonces que estaba tarareando una canción de la cuna para la ahora bostezante niña, quien finalmente cesó de resistirse y aceptó que era su hora de ir a dormir. Luna no peleó del todo cuando su madre cuidadosamente la acostó en su cama y tras cantar otro verso de la canción, sus ojos se cerraron por completo. Sonrió ante la pacífica vista, acariciando los mechones rubios de su hija una vez más.
—Buenas noches, mi amor. — Un último beso en la frente de la bebé, luego se fue para dejarla dormir como siempre. Pero esta vez no llegó lejos.
—¡Pah!
Hermione instantáneamente se dio la vuelta.
—¿Qué? —con sólo dos pasos enormes, regresó a la cama donde una muy despierta Luna estaba dando risitas ante su vista —. ¿Qué acabas de decir…?
—¡Pah!
Con los ojos como platos, levantó a su hija otra vez, una orgullosa sonrisa lentamente se formó en su boca que aún estaba abierta por la sorpresa.
—¡Harry! —gritó —. ¡HARRY!
Sólo le tomó unos cuantos segundos llegar corriendo a la habitación con una mirada de pánico en la cara. Debió haber confundido la urgencia de su llamada como una emergencia, la cual también era evidente en su voz.
—¿Qu-qué pasa? —jadeó él.
Sentirse culpable, sin embargo, era lo último en la mente de Hermione.
—¡Ella dijo su primera palabra! —exclamó radiante, ni siquiera pensando en disculparse por asustarlo.
Harry suspiró de alivio.
—Ah. ¿Eso es todo? Ya pensaba que… —se interrumpió cuando sus palabras finalmente alcanzaron sus más altas funciones cerebrales —. ¡Espera!. ¿Qué?
—Le deseé buenas noches y ella trató de repetirlo —explicó Hermione, sin quitar los ojos de la risueña niña en sus brazos quien obviamente disfrutaba la atención extra que estaba recibiendo esta noche.
Harry sin embargo se rascó la cabeza, luciendo más bien incrédulo.
—Probablemente sólo estás interpretando un poco de más los sonidos que hace. Ella siempre a murmurado un poco ¿No? Aún es muy pronto para que ella empiece a hablar.
—¿Escuchaste eso? —Hermione no se molestó en responderle directamente y sólo se dirigió a Luna. —Tu Papá no cree que aún puedas hablar. Pero le vamos a demostrar que podes. ¿No?
—¿Uh? —la niña gimoteó.
—¿Podes decir 'Mama'?
—Hermione —intervino Harry, suspirando a medias.
Ella aún lo ignoró, sin embargo.
—Vamos, decí 'Mamá' —suplicó.
—¿Ah?
—'Ma-ma'.
—Hermione, no tiene sentido forzar…
—¡Papa!
La habitación quedó instantáneamente en silencio excepto por la inocente risa de la niña de diez meses de edad cuando las sílabas salieron de la boca de Luna.
—¿Ves? —preguntó Hermione triunfante, aunque algo celosa por dentro.
Harry no respondió.
Hermione miró a Harry que parecía completamente shockeado por lo que había sucedido.
—¿Harry? —preguntó Hermione algo preocupada al ver que su esposo no se movía y solo miraba fijamente a su hija —. ¿Estás bien?
—¿Puedo hacer dormir a Luna?
—¿Eh? ¡Oh! Claro…
Harry tomó a Luna en brazos, caminó hasta la ventana y comenzó a mecerla lentamente mientras tarareaba una suave canción. Hermione lo vio todo desde un segundo plano, pero no era tan ciega como para darse cuenta de que algo había cambiado en ambos…
—Debería escribirte una canción —susurró Harry a su hija que lo miraba fijamente —. Mmm, había hecho algo, pero no esta terminada y dice: Si pudiera comenzar a ser… la mitad de lo que crees de mí… cualquier cosa podrí hacer… y podría aprender a amar… como tú… amarme como tú…
~0~0~
—Dos semanas…
Sin entender del todo el significado de las palabras que murmuró para sí mismo mientras se desparramaba sobre él escritorio, la curiosidad de Harry demandó saber más.
—¿Huh?
Hermione se movió levemente, aparentemente no percatándose de él en el marco de la puerta hasta que se dio a notar.
—Oh, hola. ¿Terminaste por hoy?
—Sí, eso espero —bostezó Harry —. Está dormida y siento que muy pronto la voy a seguir.
El sol no se había ocultado totalmente, pero se sentía más cansado que tras una interminable sesión de entrenamiento. ¿Por qué nadie le había dicho que cuidar a un bebé podía ser tan agotador?
—¿Por qué no te vas a la cama entonces? —ofreció Hermione de forma predecible al ver que el exponencial tiempo que él pasaba con Luna le estaba pasando factura —. Estoy con vos tan pronto termine acá.
Sacudió su cabeza.
—Tómate todo el tiempo que necesites, probablemente ya ni me dé cuenta cuando vengas de todos modos —murmuró sintiendo sus párpados volverse más pesados otra vez —. Sólo… ¿Qué quisiste decir con 'dos semanas'?
—Oh eso… —una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Hermione —. En dos semanas va a ser un año.
—¿Un año desde…? —repitió Harry expectante hasta que se dio cuenta. Su cansancio fue instantáneamente hecho a un lado por la excitación, al menos por un momento —¿Queres decir… es el cumpleaños de Luna? ¿Te mantuviste al tanto de él?
—Sí. ¿Nunca lo viste? —preguntó, sosteniendo un calendario casero que, al menos por ahora, parecía consistir únicamente de un único y enorme mes —. Ya pasaron 351 días.
—Siempre fuiste buena con los números. El tiempo pasó tan rápido. Siempre creí que eso sólo era algo que la gente mayor pensaba cuando no tenían nada mejor que hacer excepto envejecer. Pero creo que no se detiene tampoco para nosotros —musitó Harry, sonriendo levemente —. Así que es en dos semanas más. ¿Eh? Veamos. ¿Qué necesitamos para la fiesta? Regalos por supuesto y un pastel, oh, y decoraciones; ¿Aún tenemos globos?
—¿Fiesta? —interrumpió lo interrumpió Hermione —. ¿Crees que todo eso será necesario? De todos modos, aún es demasiado pequeña para tener recuerdos agradables de ella cuando sea mayor.
—¿Y qué? ¡Va a ser divertido! Y como buenos padres, por supuesto es nuestro deber tomar fotos de su primer cumpleaños, vistiendo un lindo sombrero y su cara llena de pastel para torturarla con ellas en unas cuantos años.
Hermione dio una risa ahogada a eso.
—Creo que mejor busco una cámara de vídeo también entonces.
Harry concordó con su risa, alborotando su cabello.
—Oh, me encanta cuando eres mala… —dijo Harry para luego pasar a un tono algo más vergonzoso —… y me alegra poder darle a mi hija lo que nunca tuve…
—¿Nunca te festejaron el cumpleaños?
—No.
~0~0~
—Merlin, de verdad te empezas a ver como un acosador con esa cosa —gruñó Hermione, antes de que tuviera que evitar ser golpeada por la cámara cuando su dicho esposo se dio la vuelta sin quitarla de su ojo.
—¿Qué? No pude grabarla cuando gateó por primera vez porque no lo había pensado y tampoco pude grabar sus primeras palabras porque no creí que yo fuera de hecho su primera palabra. No me voy a perder también sus primeros pasos.
Hermione giró sus ojos mientras sacudía su cabeza y se dejó caer de nuevo en el sofá. A su lado, Harry instantáneamente enfocó los lentes en su hija quien se había alzado a sí misma para mirar por encima de la mesa, moviéndose arriba y abajo levemente mientras miraba fijamente a su pelota favorita en ella, como una leona observando a su presa. Una pequeña y demasiada atolondrada leonesa. Harry consideró sólo darle el juguete de rayas rojas y amarillas, pero había aprendido que eso habría arruinado la mayor parte de la diversión para Luna y se aburriría con él muy pronto tras recibirlo de esa manera. En el peor de los casos, ella incluso empezaría a llorar por haber arruinado su juego.
Era verdad que ella debía de empezar a caminar. De hecho, ella ya había dado unos cuantos pasos tambaleantes cuando se sostenía fuertemente a los muebles o de las manos de sus padres, pero hasta ahora nunca antes lo había hecho libremente por su cuenta. Aunque sólo era cuestión de tiempo.
Así pues, Harry había empezado a seguir las actividades de su hija con la cámara que obtuvo hacía poco durante todo el día. Una parte de Hermione lo encontró más bien lindo, pero incluso esa parte fue lentamente dominada por la otra que lo encontraba increíblemente tonto. Y había una pequeña parte que empezaba a sentirse ignorada…
—Ya rendite. Llevas haciendo esto por casi tres días ya —se quejó ella —. Aparentemente no tiene intención de convertirse en una estrella de cine.
—Lo dudo —murmuró Harry sin siquiera mirarla —Es tu hija después de todo.
—¿QUÉ FUE ESO?
Casi tiró la cámara, tal vez ni siquiera estando al tanto de que había dicho eso en voz alta. Hermione ya estaba encima de él, haciendo su mejor esfuerzo en su expresión más intimidante y no le falló, ya que el miedo y la confusión estaban escritos en la cara de él.
—¡¿Estás diciendo que soy egocéntrica?! —lo acusó mientras él retrocedía cada vez más.
—B-bueno… no… Y-yo… —llegó al borde del sofá y más allá mientras pudo.
Pero ella siguió persiguiéndolo.
—¡¿Qué siempre quiero estar bajo el reflector?!
—C-cariño, yo… —débilmente trató de calmarla, y Hermione tuvo que cuidarse de no dejar escapar una sonrisa. Sólo usaban semejantes tonos dulces si actuaban extremadamente cursis por diversión o si ellos (él) trataban de calmarse el uno al otro.
—¡¿Que quiero ser glorificada por cada ser vivo en el planeta por mí inteligencia?!
Prácticamente lo había puesto de espaldas contra la pared ahora, aun cuando él todavía trataba de retroceder más mientras ella lo miraba directamente a sus ojos.
—N-no, por supuesto que no…
—¿No? —repentinamente se echó para atrás, poniendo más que suficiente decepción en su voz. Ahora ya no podía esconder más su mueca ya que ella no le dejó ninguna ruta para escapar —. Pensé que ya conocerías al menos esa parte de mí en este momento.
Con un suspiro, se derrumbó al finalmente darse cuenta de la broma, y ella no pudo evitar dar una risita.
—Después de todo este tiempo, aún eres… —se interrumpió al darse la vuelta y encontrar su camino bloqueado.
Luna rápidamente se había movido y ahora abrazaba a su padre. Al mismo tiempo miraba a su madre de forma inquisidora.
—¿Mamam?
El anterior asombro fue combinado con una infinita cantidad de vergüenza, levantó a la mirada y vio que el que rostro de Harry había una inmensa sonrisa. El asunto entero no había tomado más que unos pocos segundos; la pequeña niña no podía haber gateado hasta allí, y mucho menos, levantarse sin ayuda en ese tiempo.
Un suspiro vino detrás de ella que a pesar de la sonrisa dijo.
—Y me lo perdí otra vez.
~0~0~
Luna rió fuertemente, obviamente disfrutando la caminata sobre el gracioso suelo, sosteniéndose de las manos de sus padres. Sus ojos estaban fijos en sus pies que se hundían en los granos de arena cada vez que daba un tambaleante paso. O estaba completamente ausente de sus alrededores o, lo que era lo más seguro, no le importaba, no conociendo nada acerca de la horrible vista o la gigantesca esfera en la distancia.
—Que no se moleste siquiera por el olor… —dijo Hermione en voz alta.
—Bueno, es su primera vez en la playa —razonó Harry —. La primera vez en que no es cargada y está durmiendo la mayor parte del tiempo, al menos. Así que sólo es algo nuevo que aún debe descubrir ¿No?
Miró la cara sonriente de Luna en esa última frase, la niña, aun cuando era improbable que hubiera entendido mucho de la discusión, fue capaz de decir por el cambio en su tono que le estaba hablando a ella. Liberó su mano de la de su madre señalando algo ante ella.
—¡Mama wawa! —exclamó alegremente.
—¿Mamá qué? —le preguntó Hermione, pero sólo su respuesta en la niña que también se estaba liberando de la mano de su padre y empezaba a correr.
Entonces, para su horror, Hermione entendió. Con su muy limitado vocabulario, Luna había usado más de una vez la palabra "wawa" como un sinónimo para agua. Su corazón casi se detuvo cuando vio a su hija corriendo dando risas hacia el océano de sangre.
—¡No Luna, esperá!
Instintivamente, salió disparada hacia delante para atrapar a su hija antes de que pudiera entrar en contacto con el fluido, antes de que se volviera… como ellos…
Pero de repente se encontró a sí misma siendo detenida. Mirando fijamente a Harry en shock e incredulidad, trató de liberarse, de salvar…
—Déjala —dijo él, increíblemente calmado, como si nada estuviera mal —. Es lo suficientemente poco profundo por acá.
—Pero… —finalmente escapó de su apretón, pero vio que ya era demasiado tarde, Luna corría chapoteando, obviamente asombrada ante la wawa. Nada había pasado.
Los hombros de Hermione se encogieron en alivio, pero también se sintió increíblemente tonta por su irracional ataque de pánico. Por supuesto que nada había pasado. Habían estado en contacto con el agua del mar que solo había tomado un color rojizo miles de veces sin ser reducidos a él instantáneamente también cuando eran jóvenes. Pero desde que todo eso pasó… Ninguno de ellos lo había tocado desde que escaparon del océano.
Naturalmente, aún la hacía sentir enferma el pensar en lo que su hija realmente estaba corriendo tan despreocupada, pero por supuesto, Luna no podía saberlo.
Nunca había envidiado tanto la ignorancia de su hija.
~0~0~
—¡Luna, no pierdas el tiempo, por favor!"
La niña de un año y medio alzó la vista ante la llamada de su padre, acelerando el ritmo de sus temblorosos pasos para alcanzarlo. Sonrió brillantemente, apretando con firmeza su nueva posición en la forma de un libro para colorear con ambos brazos.
Harry trató de regresar la sonrisa, pero fue más bien forzada. Se sentiría mejor si pudiera cargar a su hija. No sólo eso sería mucho más rápido, sino también mucho más seguro para la pequeña niña que aún estaba un poco incómoda en sus propias piernas, especialmente en estos alrededores. Pero su carga de su carga de su salida de compras ya estaba llevando sus capacidades al máximo.
Podía entender que era excitante para ella ir a ese lugar, pero las ruinas de Aberdeen eran un lugar demasiado peligroso como para andar tonteando para su gusto. Pero si la mantenían únicamente en la casa y el jardín, más aumentaría su curiosidad sobre el mundo exterior y haría sepa para verlo todo.
Un poco de curiosidad difícilmente era un crimen, al menos para una niña de su edad. Pero deseaba que eso no incluyera arrastrarse por cada agujero que estaba en peligro de venirse abajo, espiar por cada esquina y subir sobre cada pila dispersa de concreto, sólo para ver qué nuevas y excitantes cosas tal vez la esperaban allí.
Eso ya era suficiente para que se preocupara con cada uno de sus pasos. Habría manejado la pick-up justo enfrente de la tienda, pero el área era una de las más afectadas, los escombros de los, alguna vez, majestuosos edificios, hacían imposible que nada excepto un compacto o algo lo bastante delgado pudiera pasar a través del pequeño corredor de lo que quedaba de la amplia calle.
Y los edificios inestables no eran el peligro más grande.
—¿Papa? —su curiosa voz hizo que Harry se detuviera otra vez. Lo miró con los ojos azules como platos y señaló algo con su pequeña mano izquierda —. ¿Perrito?
Sus sentidos entrenados para el combate instantáneamente se activaron. Siguiendo la dirección con sus ojos, su puso defensivamente enfrente de su hija, lentamente bajando las tres bolsas de compras llenas al piso. No estaba bastante seguro de qué yacía detrás de una pila de escombros con sólo el pelaje naranja-café mostrándose, pero los acechaba en su camino y no iba a arriesgarse a un ataque sorpresa de su parte.
—Quédate aquí —le susurró Harry a Luna —. Enseguida vuelvo.
Tomando un tubo de acero oxidado que una vez había sido parte de la estructura de un edificio, cuidadosamente se movió hacia delante, rezando porque fuera algo inofensivo que se echaría a correr ante la mera vista de él. Hacer un fuerte sonido tal vez tuviera el mismo efecto y terminaría el asunto, pero también podría poner algo menos peligroso al tanto de ellos en primer lugar y él prefería tener el momento sorpresa de su lado en ese caso.
Mientras escalaba la pila, el arma alzada sobre su cabeza con brazos para golpear con todas sus fuerzas en cualquier momento, maldijo al accidentalmente patear una roca que retumbó varias veces en su cuesta abajo. Por fortuna, fuera lo fuera debía de estar o sordo o dormido o…
… muerto.
Al llegar a la cima de la pila, listo para golpear, notó que ya no había necesidad de eso. Lo que debió de haber sido un gato callejero yacía hecho pedazos en un charco de sangre.
Sangre fresca.
No era tanto la vista brutal que le mandó escalofríos a los juegos, sino el hecho de que esto debió de haber sucedido muy recientemente. Fuera lo que hubiera hecho esto probablemente hacía sido perturbador, y casi seguramente por ellos dos. Lo cual quería decir que aún estaba cerca.
Instantáneamente se dio la vuelta para buscar a Luna. Hubo un momento de pánico y shock, cuando sólo vio su libro nuevo en el lugar donde la dejó, pero rápidamente se sintió aliviado cuando reconoció su forma tratando de escalar un gran trozo de concreto destruido. Estuvo detrás de ella en cuestión de segundos, sacándole un grito sobresaltado mientras la levantaba del concreto hasta que se dio cuenta de que era él.
—¿No te dije que te quedaras ahí? —Harry hizo su mejor esfuerzo para convertir su consternación en firmeza, pero bajo su mirada inocente no le tomó mucho para derretir su máscara. Con un suspiro, la trajo cerca de sí, una sonrisa cansada en su cara —. De verdad sos una pequeña chimpancé. ¿No?
—¡Chimpangce! —acordó Luna alegremente, dando risitas contra él.
—Vamos. Va a ser mejor que volvamos a casa. —la acomodó para que pudiera sostenerla con un brazo, se agachó para recoger su libro y se lo dio, luego tomó las bolsas con su mano libre. No estaba seguro cómo, pero aparentemente al máximo, sus capacidades aún podían manejar un pequeño peso extra siempre y cuando viniera en la forma de una pequeña niña de cabello rubio.
~0~0~
—¡Ya llegamos!
—¡Gamos! —dijo Luna acompañando su aviso mientras entraban, el rápido zapateo indicando que iba corriendo delante de su padre.
—¡Bienvenidos a casa! —gritó Hermione desde el baño, donde rápidamente se secó las manos y salió. El cansancio que las últimas horas de trabajo le habían causado fue rápidamente olvidado al ser inmediatamente saludada por un cohete de 90cm de altura que iba directo hacia ella.
—¡Mamá!
Radiante, Hermione no titubeó en agacharse y dejarle a su hija ir justo a sus brazos abiertos.
—Hey, hola cariño —le dio la bienvenida a Luna mientras levantaba a la vivaz niña —. ¿Te divertiste?
Luna asintió enérgicamente, luego presentó el libro que estaba sosteniendo.
—¡Miga!
—Ooh. ¿Qué tenes ahí? —preguntó Hermione con extrema curiosidad.
—¡Libo paga cologear!
—¿Un libro para colorear? —preguntó de nuevo fingiendo fascinación extrema, continuando con su rol de madre ignorante —. ¿'Convenciste' a Papá otra vez para que te consiguiera algo?
Miró con una mueca a su esposo quien estaba ocupado desempacando las bolsas de compras. Él rápidamente apartó su mirada, juguetonamente poniendo mala cara ante el regaño oculto.
—No es mi culpa que ella sea tan irresistible cuando quiere. Sacó eso de su madre.
Que ella nunca hubiera sido alguien que se sonrojara fácilmente con los cumplidos no quería decir que Hermione no supiera apreciarlos, aún si en ese entonces eran muy casuales. Sonriendo ampliamente, regresó su atención a la niña en sus brazos.
—¿Por qué no salimos al porche a colorear unas cuantas páginas?
—¡Yah! gimoteó Luna alegremente, pero cuando su madre dio unos pocos pasos hacia la puerta que llevaba al jardín, comenzó a tensarse —. ¡Espega!
—¿Huh? ¿Qué pasa? —preguntó Hermione, sabiendo muy bien qué era lo que faltaba.
—¡No cayones!
—¡Oh sí, necesitamos crayones para eso! ¡Lo olvidé por completo! ¡Qué bueno que eres una niña tan inteligente! —elogió a su hija, alborotando su cabello para sacarle una risita —¿Sabes qué? Vos anda y escoge los dibujos que quieres colorear ahora y yo voy a ir a buscar los crayones luego de una pequeña charla con Papá. ¿Sí?
—Cuerdo —asintió Luna y tan pronto como fue puesta en el piso sobre sus pies se dirigió afuera tras forcejear con la puerta pesada, pero siendo la niña grande que era, logró abrirla. Aun vistiendo la sonrisa orgullosa, Hermione pudo zafarse de esa demostración y se dirigió hacia Harry quien aún estaba ocupado acomodando las cosas.
—Entonces. ¿Cómo estuvo el viaje?
Harry suspiró, sin apartar la vista de su tarea.
—Sabes cómo me siento cuando la llevamos a la ciudad.
—¿Así que prefieres malcriarla para compensarlo?
—No la estoy malcriando…
—Claro, es por eso que ella siempre obtiene algo cada vez que ustedes dos salen —se burló ella. Pero su sonrisa cayó cuando sus intentos lo golpearon como una brisa de aire al chocar contra una roca —. Oh, vamos, fuiste vos quien dijo que ella necesitaba salir más a menudo y no ha habido ningún incidente hasta ahora.
—Todavía… —repitió Harry calladamente.
Hermione gruñó.
—Está bien ¿Qué te está molestando de verdad?
—¿Hm?
—Cuando estás tan distraído que ni siquiera me miras cuando hablo con vos, usualmente significa que algo grande te está molestando.
Ahora la miró, parpadeando de sorpresa.
—¿Qué? ¿No debería una buena esposa conocer los hábitos de su marido? —cuestionó indignada, aunque realmente sólo había sido una buena suposición, pues hasta un ciego habría visto que algo estaba mal con él —. Apuesto a que estarías haciendo eso de abrir y cerrar las manos, si no las tuvieras ocupadas ahora mismo.
—Eso es algo que hago cuando estoy nervioso acerca de una decisión. — respondió él llanamente.
—Eh… ¿Entonces en qué estás pensando? —rápidamente cambió el tema.
—Estaba pensando que… —hizo una pausa por un segundo para tomar un respiro —. Tal vez deberíamos reforzar la cerca.
—¿Por qué? Se ve en buena forma.
—Vi otro. Aún fresco.
Ahora se encogió de hombros tanto como él, inmediatamente entendiendo sus palabras. La atmósfera de repente se volvió tensa.
—¿Luna lo vio…?
Rápidamente sacudió su cabeza.
—No lo creo; bloqueé su vista con mi cuerpo cuando pasamos a su lado.
Hermione suspiró enojada, sosteniéndose a sí misma cuando un escalofrío involuntario le recorrió la espalda.
—Ese sería el sexto en las últimas semanas: Dos conejos, un gato, el bebé chimpancé, incluso un perro, y ahora…
—Otro gato —terminó Harry —. Al menos eso creo, a juzgar por los restos. Tal vez sea esa manada de perros salvajes pasando otra vez por la zona. No se quedaron mucho tiempo el año pasado, pero…
—Pero tenes razón. Tal vez debamos mejorar nuestras defensas.
Harry de repente sacudió su cabeza.
—Aun así, no tiene sentido. Matar, pero dejar atrás a la presa… ¿No es esa una conducta inusual para un animal?
Hermione sonrió débilmente.
—¿Por qué sólo los deberían de ser los únicos con una enfermedad mental? —inspiró profundamente entonces, tratando de forzar el peligro potencial fuera de su cabeza, no queriéndolo rondando en su mente cuando jugaba con su hija —. Bueno, podemos continuar esto después. Será mejor que no deje sola Luna mucho tiempo.
Como si lo hubiera invocado, un fuerte chillido hizo erupción afuera.
El shock congeló a ambos padres en su lugar por un segundo antes de que salieran disparados hacia la puerta que daba al salón. El libro para colorear yacía abierto en la mesa, pero Luna no estaba sentada en la banca enfrente de ella. No estaba por ningún lado.
—¿Luna?
El pánico que se estaba formando dentro de Hermione crecía con cada segundo que frenéticamente examinaba el área por una señal de su pequeña niña, sin resultado. Su corazón le dio un vuelco cuando oyó la risa clara de Luna, extrañamente pareciendo venir desde algún lugar arriba de ellos.
—¡Ahí! ¡Las ramas del árbol cerca de su valla se estaban moviendo a pesar de la falta de viento! —gritó Harry.
Hermione corrió la corta distancia a una velocidad que excedía sus mejores tiempos, alimentada por el medio por su hija que le permitió olvidarse acerca de Harry o preguntas sobre cómo Luna pudo haber subido allá arriba por sí sola.
La respuesta a eso era más bien sencilla: Ella no lo había hecho por sí misma.
—¡Mamá! —la niña la saludó alegremente —. ¡Chimpangces!
Luna estaba riendo alegremente, sin estar al tanto de lo que realmente le estaba pasando mientras dos de sus ruidosos nuevos compañeros de juegos trataban de levantarla, sosteniendo a la niña suspendida en el aire por sus antebrazos en su intento por escalar. De alguna forma debieron de usar unas de las ramas que se posaban encima de la cerca para meterse. Un tercer mono le gritó ferozmente a Hermione, pero ella ni le prestó atención, ni siquiera cuando rompió una rama y se la arrojó. Apenas y la notó golpear su frente.
—¡LUNA! —saltó, tratando de atrapar a su bebé, pero sus dedos sólo rozaron sus pequeños pies. Instantáneamente, lo intentó una vez más, pero no sólo falló otra vez, tampoco logró aterrizar y tambaleándose, cayó al suelo.
Un frío acero pareció aplastar su corazón mientras trataba de ponerse de pie, mirando a los animales gritar y burlarse de él mientras estaban a punto de continuar su huida, junto con su hija.
Hermione nunca se había sentido tan impotente en toda su vida.
No podía ser. No podía ser que no pudiera hacer nada.
Pero justo cuando contemplaba sus oportunidades de trepar por el liso árbol tras ellos, una pala apareció en su vista.
Harry había usado la diversión que su esposa había creado en los primates para acercarse sin ser notado, logrando ejecutar un golpe perfecto a uno de los monos que estaba sosteniendo a Luna, causando que perdiera su agarre. El peso la niña fue demasiado para el segundo, y se deslizó fuera de apretón. Moviéndose puramente por reflejos Hermione se lanzó hacia delante y de alguna forma logró atrapar a su aún risueña niña, instantáneamente abrazándola con fuerza, lágrimas de alivio brotando libremente.
—Luna —sollozó, acariciando su cabello rubio. Algo que casi temió por unos cuantos agonizantes segundos no sería capaz de hacer otra vez —Oh por merlín… Luna.
Nunca se había sentido tan impotente. Nunca, ni siquiera al mirar directo a los ojos a la Muerte, había sentido tal miedo.
Por el rabillo del ojo, vio a Harry golpear a uno de los primates con la pala. Uno de ellos cayó al suelo y Harry rápidamente lo interceptó apretando las patas del animal con sus piernas. Una mirada fría fue dirigida al chimpancé…
Pero su ego no tenía nada que decir en este día para ella. No cuando él había salvado a su bebé.
La niña risueña había dejado de hacerlo en los brazos de su madre, finalmente dándose cuenta de que no sólo había sido un juego divertido.
—Mamá no lloges —dijo Luna tristemente, retrocediendo un poco del abrazo de Hermione y pasando su pequeña mano por la mejilla de su madre en in intento por imitar los patrones tranquilizadores que ella misma había recibido antes a menudo.
—Está bien. Está bien, cariño —aseguró Hermione a su hija, su voz aún tan agitado como su ritmo cardiaco mientras su respiración lentamente se calmaba otra vez. Alzó la vista para buscar a su esposo —. ¿Harry?
Él no la miró solo estaba ahí viendo como el filo de la pala se posaba sobre el cuello del animal.
Ella en otros tiempos hubiera protestado.
Pero nunca se había sentido tan impotente. Nunca había sentido tanto miedo. Y sin importar lo que costara, se aseguraría de nunca sentirse de esta manera otra vez. Solo atinó a cubrir el rostro de Luna con su pecho cuando la cabeza del animal rodó unos centímetros lejos del cuerpo…
Harry miró con desprecio el cadáver.
Nadie tocaba a su hija y salía vivo.
El próximo capítulo esta titulado: "Una Vida Feliz – Parte II"
Bueno, más tarde que temprano, les dejo un nuevo capítulo del fic, como siempre cualquier error, problema o simple comentario pueden dejar un review, enviarme un PM o en mi perfil hay otros medios para comunicarse conmigo. Como siempre, leo todo y respondo todo.
Nota 1: Bueno es un capitulo mucho más mmm, suave, esta enteramente hecho para mostrar pequeños momento de como son ambos como padres y como es Luna.
Nota 2: El comentario de las luces hace referencia a cuando tuvieron que volver a Hogwarts que lo hicieron a oscuras, es algo que se va a explayar más adelante, pero es algo que recuerda Hermione como molesto. Y a un comentario que le hizo Luna en ese momento.
Nota 3: El corte de pelo de Hermione representa el cambio y la transición de la chica que estaba antes, a la Hermione madre que conocemos ahora.
Nota 4: Al comienzo del capitulo y durante la primera mitad si se podría decir, Hermione se ve más apegada a Luna que Harry, sin embargo esto cambia cuando ella dice sus primeras palabras.
Nota 5: Bueno, supongo que ven como es Harry jajajajaja, me hace acordar a Maes Hughes de Full Metal Alchemist.
Nota 6: El agua del mar, es agua, pero esta es de color rojo, no es sangre, a pesar de que se lo llama océano de sangre, simplemente es una analogía que se usa para decir que cambió de color.
Nota 7: Si no había un momento de tensión en todo el capitulo, iba a ser todo demasiado perfecto :/
Agradecimiento por los reviews.
Zer0-sama: Gracias por dejar un review. Me alegro que te haya gustado, oh este supongo que no te sacará una lagrima.
Kira Potter Jackson: Gracias por dejar un review. No le devolvió la vida, lo esta matando por dentro ese hecho, solo se reconforta con un pensamiento.
Shadow Jocker: Gracias por dejar un review. Oh, es que ese es el chiste de este fic, felicidad, tristeza, tristeza, felicidad, tristeza, tristeza… es como que hace que la tristeza sea aun mayor :D. Es Luna Potter, no Granger eso es solo un chiste entre ellos. Es para ellos esa realidad no significa nada, pero se va a explicar más adelante en los últimos capítulos de esta línea temporal. La pregunta te la respondí por Messenger.
